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LA CAIDA DE GADDAFI (II):
Una lección para Libia, una advertencia de Occidente [1] Andrew N. Flood [2] Miedo al islamismo
El miedo al islamismo se basa en parte en un estudio sobre la resistencia en Irak titulado “Combatiendo al terrorismo” y realizado por la Academia Militar de West Point [3] , en el cual se afirma que “Libia contribuyó con más combatientes per cápita que cualquier otro país [...] incluyendo Arabia Saudita ”. Más tarde añade que “la gran mayoría de los combatientes libios [...] procedía del noreste del país, sobre todo de las ciudades costeras de Derna [...] y Bengasi.” Estas ciudades han sido el centro de la rebelión contra Gaddafi. Andrew Exum, un especialista estadounidense en contrainsurgencia y antiguo oficial del ejército, señaló en un blog que “esto podría explicar por qué los rebeldes de las provincias orientales de Libia no están demasiado entusiasmados con la intervención militar de EE.UU. También podría frenar un poco el ímpetu de quienes en EE.UU. se muestran tan deseosos de armar a los rebeldes de Libia.”
Por su parte, los rebeldes no recibieron precisamente con los brazos abiertos a las potencias imperialistas. El 6 de marzo, una misión británica compuesta por ocho hombres (dos del SAS y uno del MI6) fue detenida en Bengasi por unidades del ejército libio que se habían unido a la rebelión. The Guardian informó que “la misión fracasó cuando los líderes rebeldes en Bengasi rechazaron la ingerencia extranjera de unos gobiernos que todavía no los habían reconocido formalmente como los gobernantes legítimos de Libia.” Así pues, lejos de ser una fuerza controlada por alguna potencia imperialista de la cual recibiera órdenes, los rebeldes parecían más un grupo que tratara de influir sobre la política imperialista. Los rebeldes están agrupados en una organización conocida como Consejo Nacional de Transición. El comité para asuntos políticos e internacionales del Consejo Nacional de Transición dio a conocer su programa [5] coincidiendo con la cumbre de Londres a finales de marzo. Dicho programa fue publicado en inglés, pero cuando se señaló que esto resultaba extraño, pues pocos libios hablan inglés, el Consejo aseguró que el original se había debatido en árabe. En cualquier caso, resulta evidente que su publicación pretendía tranquilizar a quienes en EE.UU. se mostraban nerviosos por cuáles podrían ser las verdaderas intenciones de los rebeldes. El programa declaraba el objetivo de “construir una sociedad libre y democrática y garantizar la preeminencia del derecho internacional humanitario y la declaración de derechos humanos.” Además, en el apartado económico incluye “el desarrollo de una genuina relación económica entre un sector público poderoso y productivo, un sector privado libre y una sociedad civil solidaria y eficaz, que supere la corrupción y el despilfarro”, lo cual no parece representar un motivo de preocupación para las empresas petroleras. No obstante, para evitar que pudiera surgir alguna duda, también declara que “se protegerán los intereses y los derechos de los individuos y las empresas extranjeros.”
Un artículo aparecido en Economist
considera el elemento islamista de la rebelión como una oportunidad
de oro para Occidente. El autor del texto explica que, sobre el terreno,
en Derna, “los yihadistas respaldan con entusiasmo la campaña de bombardeos
de la OTAN. ‘Una bendición’, dice Sufian bin Qumu, encarcelado durante
seis años en la prisión de la Bahía de
Guantánamo
y conductor de camiones para la empresa de transportes de
Osama bin Laden
en
Sudán
, antes de viajar a los campos de entrenamiento en
Afganistán
. ‘Excelente’, añade Abdel Hakim al-Hisadi, un comandante rebelde
que fue instructor en el campo de Khost, la base de bin Laden en Afganistán.
‘Ha cambiado la manera en que vemos a Occidente. Han salvado a nuestra
gente y debemos agradecérselo.’”
[6] The New York Times publicó un informe sobre la situación en Derna tras la rebelión, desde donde informó que “las figuras laicas mostraron su firmeza a la hora de respaldar el derecho de los islamistas a formar partidos. En la mezquita de Sahaba, las consignas carecían casi por completo de matices religiosos. En una pancarta podía leerse ‘Libertad, dignidad y unidad nacional’, y un folleto que circulaba por allí planteaba demandas casi idénticas a las expresadas en Egipto : un gobierno de transición, una constitución aprobada en referéndum, elecciones parlamentarias y presidenciales, y un Estado democrático basado en el pluralismo, la transferencia pacífica del poder, el imperio de la ley, los derechos humanos y la protección de las libertades.” Una crónica publicada en el Wall Steet Journal a principios de abril centró su atención en una serie de islamistas, entre los que destaca de nuevo “Abdel Hakim al-Hisadi, un influyente predicador islamista y profesor de instituto que ha pasado cinco años en un campo de entrenamiento en el este de Afganistán y que supervisa el reclutamiento, entrenamiento y despliegue de unos 300 combatientes rebeldes procedentes de Derna.” En esta ocasión, al-Hisadi afirma: “Si antes el 100% de nosotros odiaba a los americanos, hoy es menos del 50%. Han comenzado a expiar sus errores pasados, pues nos están ayudando a proteger la vida de nuestros hijos.” The New York Times también entrevistó a Shukri Aldel-Hamid [7] , al cual describió como un clérigo que pasó diez años en prisión durante la época de Gaddafi. El entrevistado declaró que “nosotros deseamos un Estado social, pluralismo y libertad garantizados por ley”, para luego hacerse eco de un sentimiento expresado a menudo en Egipto y Túnez : “El extremismo fue una reacción contra la opresión y la violencia del Estado. Dennos libertad y verán lo que ocurre.” Un cínico podría sugerir que Abdel-Hamid mostró gran sentido común al decir aquello que puede tranquilizar a los periodistas occidentales, pero si Abdel-Hamid representa a algún elemento islamista, éste parece ser una pequeña minoría, confinada en gran medida en el este del país. Más peligrosos, sin embargo, son muchos altos cargos desertores del régimen de Gaddafi que abandonaron el barco cuando la rebelión ya estaba en marcha. La primera reunión de lo que luego se ha convertido en el Consejo Nacional de Transición fue presidida por el antiguo ministro de justicia Mustafa Abdul Jalil. El 5 de marzo, Mustafa fue declarado presidente del Consejo. El grueso de dicho Consejo parece estar formado por profesores, ingenieros, abogados y doctores que tienden a conformar el liderazgo de la insurrección republicana gracias a su nivel de educación y a su extensa red de contactos sociales previos al alzamiento. El Consejo Nacional de Transición está completamente dominado por desertores de la vieja clase dirigente y de la clase media. Todos ellos parecen ser de sexo masculino, aunque desde el propio Consejo se ha declarado que hay un pequeño número de mujeres. En el viejo régimen estaban prohibidos los sindicatos independientes, era casi imposible que el Estado autorizase una huelga y solo los trabajadores de nacionalidad libia podían afiliarse a los sindicatos oficiales. Sin embargo, aunque la clase trabajadora de Libia haya combatido por la libertad en las calles, sigue sin tener ninguna voz. Además, aproximadamente una tercera parte de los trabajadores de Libia eran inmigrantes, algunos de los cuales fueron empleados por Gaddafi como mercenarios, lo que hará que la solidaridad entre trabajadores libios e inmigrantes sea cada vez más difícil. Aparte de esto, es evidente que los rebeldes
no son una organización homogénea sino más bien una
coalición un tanto incómoda.
El Consejo parece tener más apoyos
en Bengasi y alrededores, mientras que las fuerzas rebeldes en el sur y
el este lo critican abiertamente. Incluso cuando los rebeldes llegaron a
Trípoli, Independent informó que “los combatientes rebeldes
en Misrata, quienes lucharon tanto tiempo para defender su ciudad, afirman
en privado que no tienen intención de obedecer las órdenes del
Consejo.”
[8]
En los primeros días de la rebelión, los portavoces rebeldes insistieron en que, si bien necesitaban la zona de exclusión aérea para impedir los ataques de Gaddafi con aviones y helicópteros, no deseaban ver tropas imperialistas en suelo libio. También apoyaron los bombardeos contra los tanques y la artillería de Gaddafi. Las propias fuerzas rebeldes eran una mezcolanza de voluntarios sin apenas entrenamiento y pobremente equipados con armamento incautado, a las que se unieron a unas pocas unidades del ejército que habían desertado. Debido sobre todo a las enormes distancias y al terreno desértico de gran parte de Libia, estas fuerzas no estaban en disposición de avanzar frente a un ejército moderno equipado con vehículos blindados y artillería que podían eliminar a sus objetivos desde una distancia considerable. Al-Jazeera ofreció una excelente cobertura [9] desde el frente de batalla, donde los rebeldes, de manera muy descoordinada y sin el apoyo aéreo de los imperialistas, retrocedían ante las fuerzas de Gaddafi. Sin embargo, un día después del inicio de los ataques aéreos, los rebeldes dejaron de replegarse y comenzaron la reconquista de las ciudades de donde habían sido expulsados. Las fuerzas de Gaddafi incluso se vieron obligadas a cambiar sus pesadas divisiones acorazadas por vehículos al estilo civil que eran difíciles de detectar como objetivos por las fuerzas aéreas imperialistas. A pesar de todo, The Guardian explicó que “se ha hecho cada vez más evidente que el verdadero problema de los rebeldes es su falta de disciplina, experiencia y táctica. Incluso cuando han tenido ventaja han sido superados tácticamente, en gran medida porque carecían de planes de defensa o de ataque. Así pues, los jóvenes rebeldes, henchidos de orgullo, cargan hacia delante y enseguida deben dar media vuelta y huir bajo el fuego enemigo, a menudo cediendo terreno.” [10] Seguramente, no es una casualidad que el mismo martes 29 de marzo en que el Consejo dio a conocer su programa destinado a tranquilizar a EE.UU., helicópteros de combate AC-130 y aviones de guerra A-10, procedentes ambos de EE.UU., fueran desplegados por primera vez. Dos días después de iniciarse dicho despliegue, un artículo de The New York Times [11] informaba de que funcionarios estadounidenses habían admitido que “pequeños grupos de agentes de la C.I.A. han estado trabajando en Libia durante varias semanas como parte de una fuerza en la sombra de occidentales que la administración Obama espera que pueda ayudar a desangrar al ejército de Gaddafi”. También decía que “antiguos oficiales del Reino Unido afirman que docenas de fuerzas especiales británicas y oficiales de inteligencia del MI6 están trabajando en Libia. Los agentes británicos han estado dirigiendo los bombardeos de los aviones del Reino Unido y recogiendo información sobre la ubicación de las columnas de tanques del gobierno libio, las piezas de artillería y las instalaciones de misiles.” Según el mismo artículo, esta actividad también se usó para “reunirse con los rebeldes e intentar así saber quiénes eran sus líderes y a quién debían lealtad los grupos que se oponen al coronel Gaddafi.” De todos modos, según The Economist, “el almirante James G. Stravridis, comandante supremo aliado de la OTAN para Europa, dijo recientemente a los senadores estadounidenses que cierta información indica la presencia de al-Qaeda y Hezbola , el grupo guerrillero chií del Líbano , entre la oposición libia. Sin embargo, también dijo que los líderes de dicha oposición parecen ser “hombres y mujeres responsables.” La retirada de las fuerzas militares
estadounidenses que se inició el 3 de abril parecía demostrar
que EE.UU. seguía desconfiando de los rebeldes y de las consecuencias
a largo plazo de una victoria de éstos. No obstante, un reportaje
de al-Jazeera informó en esa época que “algunas fuentes hablan
de una presencia creciente de EE.UU. sobre el terreno. En el este, liberado
en gran medida del control del régimen, informes de prensa han dicho
que oficiales de inteligencia estadounidenses y británicos se han
reunido en secreto con combatientes rebeldes y los están entrenando.”
Los bombardeos no ofrecieron a EE.UU. demasiadas oportunidades de estudiar
a los rebeldes e influir sobre ellos, mientras que los programas de entrenamiento
permitieron ambas cosas. Los periodistas que informaban sobre el avance
hacia Trípoli hablaron no solo de la presencia de fuerzas especiales
británicas, sino también de otros grupos: “Los ‘otros’ en cuestión
son los pequeños grupos de antiguos agentes de las fuerzas especiales,
muchos de ellos con acento británico, que trabajan para empresas privadas
de seguridad y a quienes los reporteros han visto de manera habitual en
la vanguardia de las desordenadas fuerzas rebeldes que avanzaban de Bengasi
a Trípoli. A estos pequeños destacamentos de hombres de raza
blanca equipados con gafas de sol, vehículos 4x4 y armas adquiridas
en la zona no les gustaban las miradas indiscretas, entre otras cosas porque
su presencia amenazaba con dar crédito a las afirmaciones del régimen
de Gaddafi, según las cuales el asalto rebelde fue dirigido por quintacolumnistas
occidentales.”
[12]
Estas y otras informaciones motivaron que algunos grupos de izquierda respaldaran públicamente las declaraciones en apoyo a Gaddafi del presidente nicaragüense Daniel Ortega, el dirigente político cubano Fidel Castro y el presidente venezolano Hugo Chávez. Fidel ha llegado a escribir que la intervención imperialista en Libia ha sido peor incluso que la intervención fascista en la guerra civil española: “Ni siquiera los líderes fascistas de Alemania e Italia fueron tan sumamente descarados a raíz de la guerra civil española desatada en 1936, un episodio que muchos tal vez hayan recordado en estos días. Tal situación jamás la conoció nuestra especie y no existía nada parecido hace 75 años, cuando los bombarderos nazis atacaron objetivos en España.” [13] Por supuesto, la posibilidad de que una revuelta democrática pueda ser usada como excusa para una intervención militar estadounidense resulta aterradora en sí misma para Fidel, al margen de los lazos históricos del líder cubano con Gaddafi. Mi intención es poder entender la razón por la cual algunos nacionalistas de izquierda han adoptado esta postura. Cuando comenzó la insurrección libia contra el régimen de Gaddafi, muchas organizaciones de izquierda guardaron silencio sobre el asunto, al igual que sus miembros en Facebook y otras redes sociales similares. Solo comenzaron las declaraciones cuando las fuerzas imperialistas iniciaron sus operaciones de bombardeo contra el régimen de Gaddafi. Dichas declaraciones solían destacar la hipocresía de las potencias imperialistas, ignorando el propio alzamiento democrático contra Gaddafi. Sin embargo, algunos no se han limitado a esto y han tomado partido a favor de Gaddafi y en contra de la revolución. Una serie de organizaciones y de líderes de alto perfil como Chávez y Castro han respaldado a Gaddafi en sus intentos de aplastar la rebelión. La intervención de la OTAN ha permitido que Gaddafi pudiera hacerse pasar de nuevo por antiimperialista, como cuando en la década de 1980 se convirtió en un gran amigo de los republicanos irlandeses, al enviar al menos cuatro cargamentos de armamento moderno al IRA Provisional, incluyendo importantes suministros de explosivos militares Semtex que permitieron una campaña de atentados mucho más extensa en Gran Bretaña. Algunos consideraron que esta campaña fue clave para obligar al Estado británico a participar en el “proceso de paz” irlandés. Ya en los años noventa, Gaddafi también financió a grupos de izquierda británicos e irlandeses. El “Gaddafi antiimperialista” de los años ochenta, con acceso a grandes recursos y numeroso armamento, era por obvias razones un atractivo aliado potencial. No es de extrañar, por tanto, que siguiera contando en la actualidad con algunos apoyos. ¿Por qué tomar partido
en esta lucha? Esta pregunta tendría sentido si lo que hemos estado
presenciando en Libia fuera una simple guerra civil entre dos facciones
gobernantes igualmente opresoras. Sin embargo, aunque la situación
es compleja, es evidente que lo que estamos viendo es una revolución
democrática que se inició con protestas masivas en las calles
y que solo después vio como cambiaban de bando importantes sectores
de la élite gobernante. El proceso se inspiró en las revoluciones
democráticas de Egipto y Túnez pero siguió un patrón
diferente, pues Gaddafi, al enfrentarse a las protestas masivas, estuvo dispuesto
a hacer lo que Mubarak y Ben Ali no quisieron o no pudieron.
Desde una perspectiva militar, era casi inevitable que los rebeldes dieran la bienvenida a los bombardeos destinados a evitar que las fuerzas de Gaddafi usaran la tremenda superioridad militar de su poder aéreo y sus armas pesadas. Esta no es la década de 1930, cuando todavía existía alguna esperanza de que un ejército mal equipado y sin apoyo aéreo pudiera enfrentarse y derrotar a un ejército moderno. E incluso en los años treinta, el equipamiento, la formación y los suministros jugaron un papel muy importante a la hora de asegurar la victoria de Franco sobre los republicanos españoles. Desde esta perspectiva, habría sido suicida para los rebeldes (y los civiles que los apoyan) no pedir estos ataques aéreos. Al-Jazeera informó que “los residentes de Bengasi dicen estar seguros de que los bombardeos de la coalición los salvaron de una masacre. ‘La gente tenía los nervios de punta durante todo el día (antes de los bombardeos); ni siquiera eran capaces de sonreír y tenían el estómago revuelto’”, dijo Kadura, un estadounidense que regresó a Bengasi, donde reside su gran familia de tíos, tías y primos. “‘No creo que hubiéramos tenido ninguna oportunidad’. Semanas antes de la ofensiva diplomática en el Consejo de Seguridad, muchos libios ya habían estado pidiendo ayuda internacional. Su petición de ataques aéreos extranjeros fue muy fuerte y rotunda, y procedía de una amplia franja de la sociedad. Profesores de inglés, banqueros e islamistas que había apoyado a la insurgencia en Irak dijeron que darían la bienvenida a los ataques estadounidenses contra las fuerzas de Gaddafi.” [14] Esta postura no proviene de ignorar el papel del imperialismo, sino más bien todo lo contrario. En el mismo artículo, se cita a Kadura diciendo: “No pretendo ondear ni besar la bandera francesa, pues sé que estos países actúan en su propio interés. Sin embargo, ¿cuál es la alternativa?” Incluso las posturas más meditadas de entre quienes mantienen una línea leninista clásica no parecen tener ninguna respuesta a cuál podría haber sido la alternativa. La falta de realismo de muchas organizaciones de izquierda que afirman que el pueblo libio puede defenderse por sí mismo llega al límite de lo absurdo. La naturaleza de las armas modernas es tal que incluso un pequeño grupo de fuerzas militares leales puede masacrar a miles de personas en cuestión de minutos. La revolución en la época de los helicópteros de combate ya no se reduce a que un número enorme de personas pueda enfrentarse a las unidades militares. Con Gaddafi pidiendo a sus seguidores en televisión que limpiaran “casa por casa de cucarachas y ratas mugrientas”, no parece muy razonable que los rebeldes rechazasen el apoyo militar para comprobar antes si estas amenazas eran ciertas o no. El problema es que mucha gente de izquierdas parece incapaz de reconocer que los rebeldes necesitaban ayuda militar, y al mismo tiempo aceptar que la intervención imperialista no es de carácter humanitario. Es difícil de entender la razón por la cual mantienen esta postura. Como ya hemos visto, un número considerable de rebeldes entrevistados no comparten dicha actitud, y en vez de eso insisten en imponer ciertos límites a la intervención imperialista, precisamente porque saben que los ejércitos imperialistas tienen la mala costumbre de quedarse durante mucho tiempo después de que su presencia deja de ser necesaria.
NOTAS.- [1] Traducción, extracto y adaptación del artículo publicado en: http://anarchism.pageabode.com/print/1160 Segunda parte del artículo publicado en la revista Alif Nûn nº 98 , noviembre de 2011. Versión en castellano elaborada por el equipo de traductores de Alif Nûn . (Nota de la Redacción). [2] Andrew N. Flood nació en Dublín (Irlanda) y ha pasado algunas temporadas en Inglaterra y Canadá. Es miembro desde 1990 de la organización anarquista Workers Solidarity Movement. [3] http://www.asiantribune.com/news/2011/03/17/libyan-rebellion-has-radical-islamist-fervor-benghazi-link-islamic-militancyus-milit [4] http://213.251.145.96/cable/2008/06/08TRIPOLI430.html [5] http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2011/mar/29/vision-democratic-libya-interim-national-council [6] http://www.economist.com/node/18486089 [7] http://www.nytimes.com/2011/03/08/world/middleeast/08darnah.html?_r=3 [8] http://www.independent.co.uk/news/world/africa/despite-the-euphoria-the-rebels-are-divided-2341792.html [9] http://www.youtube.com/watch?v=LJj1AKa11r8 [10] http://www.guardian.co.uk/world/2011/apr/02/libyan-conflict-descending-into-stalemate [11] http://www.nytimes.com/2011/03/31/world/africa/31intel.html?_r=1&hp [12] http://www.independent.co.uk/news/world/africa/rebels-claim-the-victory-ndash-but-did-the-brits-win-it-2342152.html [13] http://www.escambray.cu/Eng/Special/fidel110329143 (Versión en inglés). http://www.estrellaconce.cl/noticias/site/artic/20110329/pags/20110329181058.php (Original en español). [14] http://english.aljazeera.net/indepth/features/2011/03/2011328132420804774.html A Portada |
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