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Estimados
lectores:
La colonización del mundo islámico
por parte de las potencias europeas inauguró una nueva era en las relaciones
entre los pueblos y marcó con una huella indeleble a todo el orbe
musulmán. Por primera vez en la historia, una única civilización,
la occidental, se erigía como árbitro supremo del destino del
resto del mundo. La colonización europea marcó un antes y un
después en la historia humana, porque, desde entonces, la política,
la sociedad, la cultura y la economía de las naciones no occidentales
ha seguido el paso marcado por Occidente. Desde su etnocentrismo, las potencias
europeas colonizadoras trataron a los indígenas colonizados como “menores
de edad”, en el mejor de los casos, o como “infrahumanos”, en el peor. Cuando
se mostraron condescendientes, los poderes coloniales pretendieron imponer,
mediante la persuasión o la fuerza, sus modelos de pensamiento y de
conducta a los pueblos sometidos; cuando manifestaron toda su crueldad, simplemente
los exterminaron físicamente.
Quienes defienden, o al menos justifican, la colonización,
afirman que las potencias europeas llevaron a las colonias los avances técnicos
de la época y que inyectaron en las sociedades colonizadas valores
como la democracia (no obstante, muchos pueblos habían practicado desde
antiguo formas de “protodemocracia” asamblearia que fueron ninguneadas por
los ocupantes). Este argumento ignora el hecho de que todos estos pueblos
sometidos tenían una rica y larga historia antes de la llegada de los
europeos, la cual, en la mayoría de los casos, fue ignorada o despreciada
por las potencias ocupantes. Por otro lado, el razonamiento pasa por alto
el hecho de que cada pueblo y cultura posee su propio ritmo de cambio y adaptación.
Algunas civilizaciones se transforman rápidamente, otras lo hacen
más despacio y otras no cambian en absoluto (véase por ejemplo,
los “pueblos primitivos” de Oceanía, el Amazonas u otros lugares).
Eso no las convierte en mejores ni peores; simplemente son distintas. El
desarrollo material no puede ser el único factor significativo que
determine el valor de una civilización.
En cuanto a los valores democráticos,
resulta paradójico, o quizás no lo sea tanto, que casi todas
las naciones “independientes” surgidas tras la descolonización reprodujeran
una explotación política muy similar a la impuesta por los
colonos sobre los indígenas, en vez de los supuestos sistemas democráticos
que prevalecían en la metrópoli. Esto no resulta extraño
cuando entendemos que los nuevos gobernantes “independientes” solo eran, en
la mayoría de los casos, títeres de los antiguos poderes coloniales.
¿Dónde está, entonces, el beneficio de la colonización?
En cualquier caso, si en el número
de Alif Nûn de este mes tratamos el tema de la colonización
no es para alimentar una polémica estéril sobre un pasado lejano,
sino para comprender cómo estos mecanismos coloniales están
plenamente presentes en las actuales relaciones internacionales, y para entender
que el pueblo que ignora su historia está condenado a repetirla.
La Dirección.
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Desde la ocupación de Irak por
las tropas de EE.UU., los dirigentes norteamericanos se han debido enfrentar
a preguntas difíciles que afectan a las posibles consecuencias de
su decisión: ¿Cómo debe ejercer la autoridad una potencia
ocupante extranjera y cómo debe dicha potencia transferir luego el
poder a los exiliados que regresan o a las élites locales? ¿Cuáles
son las condiciones bajo las cuales deben compartir el poder los grupos étnicos
y religiosos rivales? ¿Qué ocurrirá si Irak se convierte
en una democracia y elige a dirigentes antioccidentales?
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“Ya es hora de que Europa, que ha proclamado
en el siglo XX su voluntad de defender la civilización y elevar a
la humanidad, haga pasar estos nobles principios de la teoría a la
práctica; de que se alce a defender a los humillados contra los agresores
y de que sostenga, frente a los poderosos, el derecho de los débiles.”
__Muhammad ben Abdelkrim
al-Jattabi, “Carta abierta a las naciones civilizadas”.
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El miedo al islamismo se basa en parte
en un estudio sobre la resistencia en Irak titulado “Combatiendo al terrorismo”
y realizado por la Academia Militar de West Point, en el cual se afirma
que “Libia contribuyó con más combatientes per cápita
que cualquier otro país [...] incluyendo Arabia Saudita”. Más
tarde añade que “la gran mayoría de los combatientes libios
[...] procedía del noreste del país, sobre todo de las ciudades
costeras de Derna [...] y Bengasi.” Estas ciudades han sido el centro de
la rebelión contra Gaddafi. Andrew Exum, un especialista estadounidense
en contrainsurgencia y antiguo oficial del ejército, señaló
en un blog que “esto podría explicar por qué los rebeldes de
las provincias orientales de Libia no están demasiado entusiasmados
con la intervención militar de EE.UU. También podría
frenar un poco el ímpetu de quienes en EE.UU. se muestran tan deseosos
de armar a los rebeldes de Libia.”
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Al-Ustaz (maestro, en árabe)
Mahmud Muhammad Taha nació en 1909 en Rufa'a, una pequeña localidad
situada en la orilla oriental del Nilo Azul, en el centro de Sudán.
Cuando su madre, Fatima bit Mahmud, falleció hacia 1915, su padre,
Muhammad Taha, se trasladó junto a sus hijos a la aldea vecina de
Al-Higailieg, donde toda la familia trabajó en la agricultura. Muhammad
Taha murió alrededor de 1920, dejando a sus cuatro hijos en Rufa'a,
a cargo de la tía de éstos. Al-Ustaz Mahmud pudo completar
sus estudios dentro del competitivo sistema educativo de su tiempo, terminando
la carrera de ingeniería en 1936, en el Gordon Memorial College, la
actual Universidad de Jartum. Tras un corto periodo de tiempo trabajando
para la compañía ferroviaria sudanesa, renunció a su
puesto y en 1941 comenzó a trabajar en la empresa privada. Mahmud
Muhammad Taha participó activamente en la lucha nacionalista por la
independencia desde que el movimiento se iniciara a finales de los años
treinta, pero se mostraba contrariado con el comportamiento de las élites
educadas, a las que criticaba por someterse a los sectarios líderes
religiosos tradicionales. La conducta de los partidos políticos convencionales
también le parecía inadmisible, pues parecían dispuestos
a aceptar el patrocinio de las potencias coloniales, poniendo así
en peligro su compromiso con la plena independencia y la creación
de una república sudanesa
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Sus labios
rojos, por mi vida, son un ascua encendida
que, en su rostro, refresca y está húmeda.
Me preguntan en broma: ¿Cuál es tu religión?
Ay, por su amor mi fe está dividida:
mi corazón es musulmán, pero mis ojos
siguen la religión de Zoroastro
y adoran el fuego de su mejilla.
"
Poemas
"
_ Ben Sahl de Sevilla
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