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EL CONFLICTO ISRAELÍ-PALESTINO
Y LA “PRIMAVERA ÁRABE” [1] Joel Beinin [2] El Movimiento Juvenil del 15 de Marzo, cuyo nombre proviene de las manifestaciones que tuvieron lugar ese día en Cisjordania y la Franja de Gaza para exigir unidad entre Fatah y Hamás , es la expresión palestina más directa de la “ primavera árabe ” de 2010-2011. Al día siguiente, 16 de marzo, Mahmud ‘Abbas, líder de Fatah y presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), anunció su disposición a viajar a Gaza para iniciar las conversaciones de unidad con Hamás. El 4 de mayo se firmó un acuerdo de reconciliación en El Cairo . La puesta en marcha del acuerdo entre Hamás y Fatah se ha estancado por la insistencia de ‘Abbas en mantener a Salam Fayyad como primer ministro de la ANP. Hamás considera que Fayyad es demasiado servil con Israel y Occidente . En particular, denuncia la cooperación de Fayyad con EE.UU. en la creación de las nuevas Fuerzas de Seguridad Nacional, conocidas popularmente como “Brigadas de Dayton”, por haber sido formadas por Keith Dayton, teniente general del ejército de EE.UU. Una de las principales tareas de estas unidades ha sido la de eliminar a Hamás en Cisjordania, lo cual han hecho con la consiguiente satisfacción de Israel.
El Estado de Palestina que pretende formar parte de la ONU no ejerce su soberanía sobre el territorio que reclama – Jerusalén Este, Cisjordania y la Franja de Gaza– ni controla las fronteras de este territorio, es decir, las líneas de armisticio (la llamada “Línea Verde”) en vigor desde 1949 hasta el 4 de junio de 1967. [3] Sin embargo, cumple muchos de los requisitos para ser un Estado, según lo establecido en la Convención de Montevideo de 1933: posee una población estable, un territorio definido dentro de la Línea Verde y un gobierno que ejerce sus funciones a través de la ANP, aunque ésta permanezca sometida a Israel en las cuestiones más importantes. Al pretender que Palestina forme parte de la ONU, ‘Abbas está mostrando su descontento con el “ proceso de paz ” patrocinado por EE.UU. Si EE.UU. no hubiera perdido toda su credibilidad como mediador en el conflicto ni hubiera desacreditado el concepto mismo de “proceso de paz”, ‘Abbas no sentiría ninguna necesidad de buscar el ingreso de Palestina en la ONU. Los documentos palestinos publicados
por el canal por satélite panárabe
Al-Jazeera
a principios de enero de 2011 confirman que, presionados por EE.UU.,
los negociadores de la ANP ofrecieron concesiones al gobierno del ex-primer
ministro israelí Ehud Olmert que iban mucho más allá
del consenso nacional de los palestinos. Sin embargo, estas ofertas no fueron
suficientes para alcanzar un acuerdo. Por lo tanto, además de sentir
la presión de los palestinos y del resto de árabes de la región,
‘Abbas buscó la reconciliación con Hamás porque no pudo
alcanzar una paz negociada con Israel en unos términos aceptables
para los palestinos. La “primavera árabe” no ha marcado ningún cambio en lo que respecta al apoyo incondicional de EE.UU. a Israel, incluso cuando la postura israelí no ha sido la misma a la declarada públicamente por EE.UU. El presidente Barack Obama ha demostrado una desconcertante incapacidad para persuadir al primer ministro israelí Benjamín Netanyahu de que cumpla con las pretensiones estadounidenses, expresadas de un modo inequívoco, según las cuales Israel debería congelar la construcción de asentamientos en Cisjordania y Jerusalén Este. En febrero de 2011, EE.UU. vetó una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU condenando los asentamientos israelíes en los territorios palestinos ocupados, la cual estaba redactada precisamente para reflejar la postura estadounidense. Ésta fue la cuadragésima ocasión desde la guerra de junio de 1967 en que EE.UU. es el único país que vota en contra de una resolución del Consejo de Seguridad crítica con Israel, protegiendo así a su aliado de la censura internacional. Al vetar una resolución con cuyo contenido afirmó estar de acuerdo, el gobierno de Obama demostró que, como sus predecesores, está mucho más interesado en imponer su hegemonía en el litigio entre israelíes y palestinos que en alcanzar la paz, una estrategia ideada por el antiguo secretario de Estado Henry Kissinger tras la guerra de 1973 entre árabes e israelíes. Sea cual sea el resultado de una votación
para admitir a Palestina como país miembro de la ONU, no se detendrá
la construcción de asentamientos israelíes en Jerusalén
Este, sobre todo en los barrios de Sheij Yarrah y Silwan, y en otros lugares
de Cisjordania. Tampoco se detendrá la destrucción del cementerio
musulmán de Jerusalén Este, donde el llamado “Centro para
la Dignidad Humana / Museo de la Tolerancia” se está construyendo
sobre las tumbas, algunas de las cuales datan del siglo XI. No se protegerá
a los palestinos residentes en las colinas del sur de Hebrón de
las continuas y violentas provocaciones de los colonos. No se devolverán
las tierras de Cisjordania confiscadas para construir la barrera de separación
(
apartheid
) mediante un muro o valla “de seguridad”, ni el resto de tierras confiscadas
por Israel a los palestinos de Cisjordania para construir asentamientos
ilegales o bases militares. Y no se dará a los palestinos el control
de sus recursos acuíferos para que puedan disfrutar de un suministro
diario de agua mínimamente adecuado. En definitiva, el resultado
de dicha votación tendrá poco o ningún impacto en las
vidas de los palestinos de a pie o en las constantes violaciones masivas
de sus derechos humanos y nacionales a manos de Israel. A pesar de que su puesta en marcha se encuentra en punto muerto, la negociación de un acuerdo de reconciliación satisfactorio (al menos en teoría) entre Fatah y Hamás es uno de los varios signos, modestos pero significativos, de la nueva orientación de la política exterior egipcia desde el derrocamiento del antiguo presidente, Husni Mubarak. El régimen de Mubarak fue el mayor defensor árabe de ‘Abbas y del partido de éste, Fatah. Tal y como revelaron los documentos palestinos, el antiguo responsable de la inteligencia militar egipcia y torturador en jefe, ‘Umar Sulayman, no fue, como él afirmaba, un intermediario honesto en las conversaciones entre Fatah y Hamás, pues colaboró con Israel para tratar de debilitar y aislar a Hamás. Bajo el régimen de Mubarak, Egipto también ayudó a Israel y a Occidente en la aplicación de un estricto embargo económico y diplomático sobre la Franja de Gaza controlada por Hamás, bloqueando desde 2007 el paso de Rafah, entre Gaza y Egipto. Tras la caída de Mubarak, Egipto ha abierto Rafah, aunque de manera irregular e imponiendo restricciones que confinarán indefinidamente a muchos habitantes de Gaza en una cárcel al aire libre . En febrero de 2011, dos buques de guerra iraníes navegaron por el Canal de Suez por primera vez desde 1979. La airada reacción de Israel estuvo en consonancia con su campaña para incitar al histerismo colectivo contra Irán. [4] En abril, Egipto anunció su intención de reanudar sus relaciones diplomáticas con Irán. Estas medidas simbólicas han alterado sutilmente el equilibrio de fuerzas en la región, inquietando profundamente al gobierno israelí de extrema derecha. El papel de Al-Jazeera en la publicación
de los documentos palestinos pone de relieve que la dimensión panárabe
de la política en Oriente Medio se está viendo reforzada.
El nuevo panarabismo está enraizado en realidades culturales históricas
y contemporáneas, la más importante de las cuales que el
idioma estándar común a todos los árabes (fusha
) se ha difundido de manera más amplia. El vocabulario compartido
permite a Al-Jazeera y a sus homólogos panárabes de las emisoras
de televisión por satélite transmitir noticias sobre las muy
odiadas políticas de Israel y EE.UU. en Palestina,
Irak
y
Afganistán
a decenas de millones de hogares árabes. La televisión
vía satélite también transmite el mensaje de los “nuevos
predicadores” del Islam sunní (el más popular de los cuales
es el egipcio ‘Amr Jalid, en gran medida apolítico) y ofrece una
plataforma regional para el carismático líder libanés
de Hizbullah, Hasan Nasrallah.
[5]
Así pues, el nuevo panarabismo no está unificado
desde el punto de vista político, ni pretende estarlo, y además
ha renuncido a la pomposa retórica de los años cincuenta y
sesenta.
El ejército israelí se vio sorprendido por los palestinos que se manifestaron el Día de la Nakba y que intentaban cruzar la frontera para “regresar” desde la Franja de Gaza, Siria y el Líbano . Su respuesta fue, por lo tanto, desorganizada y brutal. Al menos 15 personas murieron a causa de los disparos. El Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas que gobierna en Egipto impidió que los manifestantes llegaran al paso de Rafah, lo cual indica que la nueva orientación de la política exterior egipcia no llegará al punto de una confrontación directa con Israel. Las manifestaciones pacíficas de los palestinos organizadas por comités populares con base en los pueblos y en las que participaron cientos de israelíes, casi todos ellos jóvenes, no son resultado de la “primavera árabe”, aunque ésta les ha servido de estímulo. Al contrario que la lucha armada, el levantamiento popular en el que han participado hombres y mujeres palestinos de todas las edades ha sido la principal estrategia de la campaña contra el muro de separación que Israel lleva construyendo desde junio de 2002, el 85% del cual está dentro de la Línea Verde. El Tribunal Internacional de Justicia estableció en 2004 que “la construcción del muro y las prácticas asociadas a ésta [asentamientos y confiscación de tierras] son contrarias a la legislación internacional.” Israel ha devuelto parte de las tierras confiscadas en Budrus, Bil‘in y varios pueblos al oeste de Jerusalén, pero el muro, aunque aún está sin terminar, sigue en pie. El 15 de julio, 2.500 israelíes y palestinos se manifestaron en Jerusalén para apoyar la campaña a favor del ingreso de Palestina en la ONU. La impetuosa manifestación fue la mayor en Jerusalén desde hace tiempo. Participantes y organizadores la consideraron un éxito. Toda la marcha se desarrolló en Jerusalén Este, desde la Puerta de Jaffa, en la Ciudad Vieja, hasta el barrio de Sheij Yarrah. La ruta elegida y la prohibición de portar banderas israelíes (las cuales suelen mostrar los sionistas en sus “campamentos por la paz” para enfatizar sus credenciales patrióticas) dio a la manifestación un sabor árabe. Sin embargo, entre el 85 y el 90% de los participantes eran judíos israelíes o extranjeros, mientras que solo el 10-15% eran palestinos residentes en los barrios de Silwan ‘Isawiyya y Sheij Yarrah, en Jerusalén Este, o bien ciudadanos palestinos de Israel procedentes de Jaffa, Ramla, Tayba y otros lugares. La marcha fue organizada por comités populares palestinos y asociaciones de vecinos de Jerusalén, junto a Solidaridad, una organización relativamente nueva que surgió de la lucha de palestinos, israelíes y extranjeros para evitar que colonos judíos desalojaran a familias palestinas de Sheij Yarrah en 2009. Después de que Israel ocupara Jerusalén Este en 1967, los tribunales israelíes admitieron las demandas de grupos de judíos que reclamaban que sus escrituras del periodo otomano (siglo XIX), de una autenticidad cuestionable, demostraban que ellos eran los propietarios de las viviendas. En cambio, la legislación israelí prohíbe a los palestinos reclamar sus antiguas propiedades en Israel, aunque posean escrituras válidas. Solidaridad ha crecido más allá de su foco inicial en Sheij Yarrah, en Jerusalén Este, y ha desarrollado estrechos vínculos con los comités de barrio de Silwan, Abu Dis e ‘Isawiyya. Además de inspirar el nacimiento del movimiento palestino del 15 de marzo, la “primavera árabe” ha impulsado la ampliación del trabajo de Solidaridad entre los ciudadanos palestinos de Israel. En junio, miembros de Solidaridad pasaron 23 días en una vigilia de 24 horas para proteger el hogar de Yihan y Mahmoud al-‘Ayu en Ramla. El tribunal de distrito revocó su decisión anterior y ordenó que se suspendiera la orden de desalojo, pues de ser aplicada podría causar daños irreversibles a la familia. Los miembros de Solidaridad tienen la
esperanza de poder continuar la acción popular conjunta entre palestinos
e israelíes, en paralelo a la petición de la ANP para el
ingreso de Palestina en la ONU. No obstante, el camino a recorrer está
repleto de dificultades. El 20 de julio, Marwan Barghouti, el líder
palestino más popular y con mayor legitimidad, hizo un llamamiento
desde la cárcel israelí para organizar manifestaciones pacíficas
en apoyo de la candidatura de Palestina a la ONU. Un día después,
las autoridades penitenciarias lo condenaron a un régimen de aislamiento.
Los Comités Populares contra el Muro y los Asentamientos en Palestina,
entre los cuales el comité popular de Bil‘in es el más activo,
también han apoyado el ingreso de Palestina en la ONU. Sin embargo,
una organización rival de los comités populares que celebró
su primera conferencia en Bayt ‘Umar, Nil‘in y Budrus entre el 15 y el
17 de julio no ha hecho hasta el momento ninguna declaración sobre
este asunto. Muchos palestinos en los Territorios Ocupados y en la diáspora
rechazan el plan para solicitar el ingreso en la ONU porque éste
limita las aspiraciones palestinas en Cisjordania y la Franja de Gaza, no
se ocupa de la cuestión de los refugiados palestinos y excluye a
las voces de la diáspora de la toma de decisiones políticas.
Este debate legítimo entre palestinos acerca de la estrategia a adoptar
convertirá la colaboración entre Solidaridad y las fuerzas
palestinas en una cuestión muy delicada. La “primavera árabe” de 2011 ha ejercido un impacto sorprendente, aunque indirecto, sobre la política israelí. El 14 de julio, decenas de jóvenes israelíes levantaron tiendas de campaña a lo largo del Bulevar Rothschild, la calle más moderna del centro de Tel Aviv, para protestar por el alto costo de la vivienda. Los precios han subido más del 20% con respecto a los del verano de 2010, e incluso un pequeño apartamento está lejos del alcance de la mayoría de los jóvenes. Los precios de la vivienda se han disparado en los últimos años, junto a los de la gasolina y algunos alimentos como la leche o el queso desde principios de año. El coste de la vida es exorbitante en casi toda la ciudad de Tel Aviv. El transporte público es insuficiente, caro e impuntual, por lo que la solución de vivir en barrios alejados del centro de la ciudad, como sucede en Europa, es inviable. La acampada en el Bulevar Rothschild encendió la imaginación de los jóvenes israelíes. A los pocos días se produjeron acciones similares en más de media docena de ciudades, desde Kiryat Shimona en el norte a Beersheva en el sur. El 23 de julio, decenas de miles de personas participaron en Tel Aviv en una gran marcha reivindicativa con antorchas. Unas 150.000 personas se manifestaron en todo Israel el 30 de julio. Este movimiento en pro de una vivienda digna es la mayor movilización de protesta social en Israel desde hace muchos años. Sus consignas principales han sido “una vivienda digna, precios razonables”, “poder para el ciudadano”, “esta generación exige viviendas” y “justicia social”, consigna esta última que figuraba también entre las más aclamadas en la Plaza Tahrir de El Cairo. Muchos manifestantes han reclamado la dimisión del primer ministro Netanyahu; una exigencia que, una vez más, es similar a la planteada por los manifestantes árabes a lo largo de 2011. Durante la primera semana de la protesta, un manifestante del Bulevar Rothschild que fue entrevistado por el Canal 2 de la radio israelí dijo a un reportero: “Debemos hacer lo mismo que han hecho en Egipto. Yalla, tahrir, yihad .” El hecho de que un israelí de clase media sugiriera, aunque solo fuera un exceso retórico, que este movimiento israelí tenía algo que aprender de un fenómeno político árabe, es algo asombroso y sin precedentes, por no hablar del uso de la palabra yihad, de lo más provocadora. La gran mayoría de los manifestantes ha evitado vincular la falta de inversión en viviendas asequibles con las enormes sumas invertidas en la construcción de viviendas financiadas por el gobierno en los asentamientos judíos de Jerusalén Este y Cisjordania, la creación de infraestructuras de apoyo a los asentamientos y el mantenimiento del aparato militar para defenderlos. Sin embargo, un provocador artículo publicado el 28 de julio en el periódico Yediot Aharonot y escrito por su corresponsal económico Gidion Eshet sugería que los apartamentos subvencionados que solicitan los manifestantes están en Cisjordania y que el final de la política israelí de asentamientos liberaría capital para la construcción de viviendas asequibles en Israel. La Plaza Tahrir fue ocupada desde el 8 de julio y el Bulevar Rothschild desde el 14. Los manifestantes de ambas ciudades tienen algo en común, pero suele quedar oculto por el conflicto árabe-israelí. En Egipto, al igual que en Marruecos , Túnez y Jordania , la “primavera árabe” es en parte una rebelión contra el modelo de desarrollo neoliberal , aunque rara vez sea mencionado. La crisis inmobiliaria en Israel es igualmente un síntoma de la política neoliberal, en particular de la reducción de la tasa de interés del 4% en agosto de 2008 al 0,5% en abril de 2009, como respuesta a la recesión económica provocada por la crisis financiera global de 2008. La ausencia de regulación y el recorte de las tasas de interés (típicas políticas neoliberales) han provocado una burbuja especulativa. Todos los gobiernos israelíes desde 1985, el régimen de Mubarak desde 1991 y la Autoridad Nacional Palestina desde 2007 han adoptado políticas económicas neoliberales promovidas por el gobierno de EE.UU., el FMI y el Banco Mundial. Los ejemplos de Egipto e Israel se consideran un éxito de acuerdo a los criterios neoliberales. Sus economías, al igual que la de Cisjordania, han crecido de un modo considerable desde mediados de la década del 2000. Sin embargo, el crecimiento no ha disminuido de manera sustancial unos índices de pobreza que alcanzan el 20% en Egipto y el 25% en Palestina (18,3% en Cisjordania y 38% en la Franja de Gaza) ni han moderado la creciente brecha entre ricos y pobres. La pobreza en Egipto y Palestina no es algo nuevo. Sin embargo, es menos conocido que más de un tercio de los trabajadores de Israel gana el salario mínimo de 4.100 shekels (unos 1.100 dólares / 815 euros) al mes y que cerca de una cuarta parte de la población (en su mayoría ciudadanos árabes y judíos ultraortodoxos) vive por debajo del umbral de la pobreza. El 40% de los pobres tiene un empleo. Como en Estados Unidos, capital del neoloberalismo, la riqueza en Egipto, Israel y los Territorios Ocupados está muy concentrada en unas pocas manos. Una manera de conocer el grado de distribución de la riqueza es el coeficiente de Gini, que utiliza una escala de 0 a 100, donde 0 representa la máxima igualdad y 100 la máxima desigualdad. Según las estadísticas más recientes de la CIA, el coeficiente de Gini es de 45,2 para EE.UU., 39,2 para Israel y 34,4 para Egipto. (Como referencia, podemos decir que la Suecia socialdemócrata ha conseguido situar dicho coeficiente en 23). En el caso de EE.UU., los ingresos medios del 10% de la población más rica son 15,9 veces superiores a los del 10% de la población más pobre; en el caso de Israel son 13,4 veces superiores, y en el de Egipto, 8. No se dispone de estadísticas para Palestina desde que Fayyad, primer ministro de la ANP, adoptara una estrategia neoliberal. Sin embargo, Ramallah muestra una clara concentración de inversiones de capital de lujo, sin parangón en Cisjordania o la Franja de Gaza. En Egipto existe menos desigualdad que en otras “estrellas” árabes del FMI como Jordania, Túnez o Marruecos, mientras que EE.UU. e Israel se encuentran entre las economías capitalistas desarrolladas con mayor desigualdad. Por desgracia, el hecho de que su grave
situación económica tenga un mismo origen no servirá
para unir a los pueblos de Israel, Egipto y Palestina. Casi todos los
egipcios opinan que ellos no tienen nada en común con los israelíes.
La gran mayoría de los israelíes exige viviendas a un precio
asequible, pero aunque pueden entender la conexión, se muestran
reacios a admitir que sus dificultades económicas se ven agravadas
por el coste de la ocupación de Cisjordania y Jerusalén Este
y por el gasto militar de Israel, por miedo a que esta postura los desacredite
políticamente. Por lo tanto, puede transcurrir mucho tiempo antes
de que un número significativo de israelíes estén convencidos
de o se sientan obligados a abandonar su proyecto de asentamiento colonial,
compartiendo la tierra entre en río Jordán y el mar
Mediterráneo
con los palestinos, en condiciones de igualdad. Los palestinos, en especial
los ciudadanos árabes que representan el 20% de la población
de Israel, se muestran más proclives a pensar que su futuro está
ligado al de los judíos israelíes, cualquiera que sea la
forma política que éste pueda adoptar.
[7]
Al menos para Mahmud ‘Abbas, el intento palestino de ingresar en la ONU se basa en gran medida en lo bien que ha gestionado el primer ministro Fayyad el resurgir de una economía liberal muy constreñida y territorialmente limitada. Este proyecto cuenta con cierto apoyo popular, sobre todo en el norte de Cisjordania, pues ha mejorado la seguridad y las infraestructuras y ha proporcionado empleo, aunque un porcentaje muy alto de éste sea en las fuerzas de seguridad. Según un sondeo de opinión realizado por teléfono entre abril y mayo de 2010, el 82% de los palestinos de Cisjordania, Jerusalén Este y la Franja de Gaza cree que la política de Fayyad “está al servicio de los intereses palestinos”, y el 72% opina que Fayyad “podría ser el próximo presidente”. No obstante, el 54% no cree que su plan para crear un Estado mediante el desarrollo económico vaya a tener éxito. La incesante expansión de los asentamientos israelíes ha sido y sigue siendo el principal obstáculo para la creación de un Estado palestino. Hoy en día, dichos asentamientos han destruido la posibilidad de una solución para el conflicto basada en la creación de dos estados, y no hay perspectivas de que surja a corto plazo un gobierno israelí más conciliador. Al-Nabi Salih, un pueblo a unos 18 km. al noroeste de Ramallah, es un buen ejemplo de la situación en la que se encuentra actualmente el proyecto de asentamientos. Todos los viernes desde diciembre de 2009, el comité popular de al-Nabi Salih organiza manifestaciones en contra de la expansión del asentamiento de Halamish, prohibida incluso por las autoridades israelíes. Las manifestaciones comenzaron después de que los colonos expropiaran un manantial natural situado en las tierras de al-Nabi Salih. Varias semanas más tarde, los colonos de Halamish quemaron 150 olivos de al-Nabi Salih cercanos al manantial. El muro de separación no pasa cerca de al-Nabi Salih, por lo que no representa un problema urgente. En consecuencia, las manifestaciones del comité popular se oponen principalmente a la ocupación y al proyecto de asentamientos. Según un antiguo agente de seguridad palestino que reside en el pueblo y que solía trabajar junto a sus homólogos israelíes, las autoridades militares de Israel consideran estas manifestaciones como un serio problema que deben eliminar. Todos los viernes, el ejército israelí asedia el pueblo y lo convierte en una zona militar sin restricciones para el uso de gases lacrimógenos, granadas aturdidoras, bombas fétidas y balas metálicas recubiertas de goma. Más de 120 vecinos del pueblo han sido hospitalizados con heridas graves desde que comenzaron las manifestaciones. Estudiantes de la Universidad Birzeit
y jóvenes de Ramallah, incluyendo a seguidores del Movimiento del
15 de Marzo, asisten a menudo a las manifestaciones de al-Nabi Salih. En
la del 22 de julio, algunos de ellos afirmaron que el intento de la ANP
de formar parte de la ONU tiene poca importancia, tanto si prospera como
si no. Una estudiante palestina de una excelente universidad estadounidense
que estaba pasando en casa las vacaciones de verano recalcó de manera
rotunda: “Son los últimos coletazos de la ilegítima ANP”. Aunque
reconoce que el Movimiento del 15 de marzo no dispone de una estrategia alternativa,
cree que los palestinos se han visto reforzados con la “primavera árabe”.
“Sentimos que ahora contamos con un apoyo”, afirmó. NOTAS.- [1] Traducción, extracto y adaptación del artículo publicado en Middle East Report , el 1 de agosto de 2011. Fuente: http://www.merip.org/mero/mero080111 Versión en castellano elaborada por el equipo de traductores de Alif Nûn . Todas las notas que aparecen a lo largo del artículo son del equipo de Redacción de Alif Nûn . [2] Joel Beinin es profesor en el Departamento de Historia de la Universidad de Stanford, y entre 2006 y 2008 fue director del Departamento de Estudios de Oriente Medio y profesor de Historia de la Universidad Americana en El Cairo. [3] La Línea Verde es la demarcación que se estableció en el armisticio de 1949 acordado entre Israel y sus oponentes (Siria, Jordania, y Egipto), al finalizar la guerra de 1948. La Línea Verde separa a Israel de los territorios de Cisjordania y la Franja de Gaza, los cuales serían conquistados por Israel en 1967, durante la Guerra de los Seis Días. El nombre de “línea verde” se deriva del lápiz verde usado para dibujar la línea en el mapa durante las negociaciones. [4] Para más información sobre las relaciones entre Israel e Irán, véase Trita Parsi, “ Bajo el velo de la ideología: la rivalidad estratégica entre Israel e Irán ”, revista Alif Nûn nº 79, febrero de 2010. [5] Para más información sobre esta organización, véase Neil MacFarquhar, Hezbolá le desea feliz cumpleaños , Turner, Madrid, 2010; Javier Martín, Hizbulah: el brazo armado de Dios , La Catarata, Madrid, 2006. [6] Para más información, véase David Solar, “El nacimiento de Israel”, revista Alif Nûn nos 59 (abril de 2008) y 60 (mayo de 2008) . [7] Para más información, véase Edward W. Said , “ Israel, Palestina y la solución del Estado único ”, revista Alif Nûn nº 84, julio de 2010. A Portada |
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