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LA CAIDA DE GADDAFI (I):
Una lección para Libia, una advertencia de Occidente [1] Andrew N. Flood [2]
La difusión de la revolución
democrática árabe en Libia y la posterior intervención
imperialista contra Gaddafi han provocado un enorme y acalorado debate
entre la izquierda sobre la cuestión del imperialismo. La gran complejidad
de la situación en Libia y las características de esta guerra
y revolución ofrecen un buen punto de partida para replantearse
el antiimperialismo tradicional, pues el debate suele polarizarse de un
modo dogmático entre los liberales favorables a la intervención
que piensan que las bombas se lanzan para proteger a los libios, y los
nacionalistas y el núcleo duro leninista que piensan que el pasado
de Gaddafi lo convertía hoy por hoy en enemigo del imperialismo.
Ninguna de las partes tiene nada importante que decir a quienes al inicio
de la revuelta se encontraban a las afueras de Bengasi con poco más
que unos AK-47 para detener el avance de los tanques de Gaddafi. Sin embargo,
analistas con una sólida trayectoria como
Gilbert Achcar
, favorable a la intervención, y
Noam Chomsky
, contrario a la misma, han emitido juicios mucho más razonados. Me gustaría empezar hablando de las características específicas de la situación libia y lo que ésta puede enseñarnos sobre el actual antiimperialismo en general. Hablar sobre la situación libia significa en primer lugar revisar lo que sabemos sobre la verdadera relación de Gaddafi con las potencias imperialistas. También es necesario preguntarse quiénes son los rebeldes, cuál es su programa y cómo los ha transformado su dependencia del poder militar imperialista. Entre otras fuentes, he usado los mensajes de la embajada de EE.UU. en Trípoli revelados por wikileaks, los cuales resultan útiles para tener una idea de cuál era la verdadera relación del imperialismo estadounidense con el régimen de Gaddafi y qué pensaba realmente el gobierno de EE.UU., más allá de las declaraciones oficiales de la Casa Blanca. Mis otras fuentes son escritos anarquistas (algunos de ellos procedentes de Libia) y los análisis que he considerado más acertados de entre los medios de comunicación de masas. Quienes han proclamado abiertamente su apoyo a Gaddafi lo han hecho empleando una retórica antiimperialista. Sin embargo, por muy antiimperialista que pudiera haber sido en el pasado, Gaddafi era actualmente un dictador acusado de haber disparado armas antiaéreas contra manifestantes por la democracia, asesinando a cientos de ellos en los primeros días de revuelta contra su gobierno. Las imágenes de esos primeros días difundidas por ciudadanos libios y la terrible visión de cuerpos que habían sido literalmente destrozados por balas de elevado calibre parecían no dejar lugar a dudas sobre la cuestión, al igual que los cuerpos carbonizados de soldados que se habían negado a seguir las órdenes y por eso habían sido ejecutados con las manos atadas a la espalda. La BBC publicó una entrevista con un celador del depósito de cadáveres de un hospital libio, quien afirmó que solo en Trípoli habían sido asesinadas entre 600 y 700 personas. [5] En cambio, un artículo del 24 de junio firmado por Patrick Cockburn en The Independent citaba un informe de Amnistía Internacional que situaba el número de víctimas mortales de la represión inicial en torno a las 200 y decía que no habían sido empleados cañones antiaéreos, pues todos los cartuchos recuperados donde los manifestantes habían sido asesinados eran de AK-47 o armas similares. [6] Es muy posible que nunca llegue a aclararse qué ocurrió exactamente durante la represión de las primeras protestas, pero a pesar de las armas utilizadas o del número exacto de muertes, lo que sí es cierto es que las fuerzas de Gaddafi dispararon contra los manifestantes. El hecho de que sectores de la izquierda hayan estado dispuestos a apoyar a Gaddafi a pesar de esto (e incluso cuando un número de víctimas más elevado parecía estar fuera de dudas) no es ninguna novedad. Sectores de la izquierda han apoyado en el pasado a dictadores más brutales en nombre del antiimperialismo. ¿Resultaban, por tanto, serias
y fiables las descripciones de comienzos del 2011 que retrataban a Gaddafi
como un luchador contra el imperialismo? Yo me inclino a pensar que no,
que el llamado antiimperialismo era una fachada para consumo público
dentro y fuera del país, y no un reflejo de las verdaderas relaciones
de Libia con las potencias imperialistas. Antes de la rebelión, Gaddafi había logrado convertirse en un respetable protector de las corporaciones petroleras en la zona, aunque todavía tuviera un pasado turbio en opinión de las potencias imperialistas. Es casi seguro que Gaddafi estuvo detrás del atentado del 21 de diciembre de 1988 contra un Boeing 747 en la localidad escocesa de Lockerbie, donde fueron asesinados los 243 pasajeros y 11 personas más. El atentado fue considerado una represalia por el bombardeo en abril de 1986 contra el complejo de Gaddafi, durante el cual fue asesinada su hija adoptiva. Durante los primeros días de la insurrección se filmaron un par de discursos de Gaddafi en las ruinas de dicho complejo, probablemente con la intención de recordar a la audiencia internacional que ya antes había resistido y sobrevivido a los ataques imperialistas. Poco después del comienzo de la insurrección, en una entrevista concedida al diario sueco Expressen el 24 de febrero de 2011, el ministro de justicia Mustafa Abdel-Jalil, quien acababa de dimitir, afirmó que fue Gaddafi quien ordenó personalmente el atentado de Lockerbie. A pesar de las consecuencias del atentado
de Lockerbie, las relaciones con Gaddafi se habían restablecido
hasta tal punto que el gobierno británico ya había decidido
en 2009 la liberación de Abdel Baset, quien había sido condenado
por el atentado. Aunque el gobierno de EE.UU. mostró públicamente
su repulsa por la liberación, la realidad es que en octubre de
2008, el presidente
Bush
ya había firmado una “orden ejecutiva para devolver la inmunidad
al gobierno libio con respecto a las denuncias relacionadas con el terrorismo
y desestimar en EE.UU. todas las peticiones de compensación” Los
documentos de wikileaks dejan claro que la embajada estadounidense en
Trípoli fue consciente con mucha antelación del acuerdo que
se estaba fraguando entre Gran Bretaña y Libia para liberar a Abdel
Baset, de quien en uno de los documentos se dice que “era considerado como
una especie de héroe popular a los ojos del régimen y de
muchos libios de a pie.”
[7]
El afán de llegar a un acuerdo con Gaddafi se debía a que Libia tiene las mayores reservas de petróleo de toda África, ocupando ya el puesto número 12 entre los mayores exportadores de petróleo a nivel mundial. El petróleo y el gas representan el 25% de su economía, el 97% de sus exportaciones y el 90% de los ingresos del Estado. Mientras la autoridad de Gaddafi no se vio cuestionada, fue necesario tratar con él. Tanto Gran Bretaña como EE.UU. estaban dispuestos a pasar por alto el asesinato de sus propios ciudadanos para que sus emporios energéticos pudieran obtener una parte de las ganancias, por delante de Rusia y China. Las empresas italianas y francesas son los otros actores importantes en Libia. Según la página web de la Compañía Nacional del Petróleo de Libia, “más de 50 compañías petroleras internacionales están presentes en el mercado”. En mayo de 2007, durante la visita de Gaddafi al entonces primer ministro británico Tony Blair, la British Petroleum (BP) firmó con la Compañía Nacional del Petróleo de Libia un acuerdo de prospección y producción por valor de 900 millones de dólares. La importancia de las reservas de petróleo libias ha motivado que varios escritores antiimperialistas sugieran que la intervención se debe únicamente al deseo de las potencias imperialistas de tener acceso al petróleo. Sin embargo, los hechos antes descritos indican que la realidad es mucho más compleja. Después de todo, Gaddafi ya había permitido el acceso de las grandes empresas petroleras a los campos de petróleo libios, por lo que no había necesidad de una guerra para obtener dicho acceso. En ciertos aspectos, para las empresas petroleras era más fácil hacer negocios en la Libia de Gaddafi que en algunos de los otros estados ricos en petróleo. Sin embargo, otro documento pone de manifiesto que la embajada de EE.UU. consideraba a Gaddafi como bastante menos corrupto que la mayoría de los restantes dirigentes de la región, e informaba de que “dado el saqueo atroz de las arcas del Estado en otros lugares de África, o el derroche de los árabes del Golfo, los libios no parecen quejarse demasiado por el estilo de vida de su líder, siempre y cuando éste permita que otras personas obtengan un pedazo del pastel. Y cuando los libios se quejan, se les impide acceder a las ayudas económicas.” [8] Por otra parte, al comienzo de la rebelión, cuando la identidad de los rebeldes no estaba clara y se desconocía su programa, existía el peligro de que las compañías petroleras no tuvieran un acceso pleno al petróleo libio bajo un nuevo gobierno democrático, el cual podría estar deseoso de que una parte mayor de las ganancias se emplearan en el desarrollo del país. Además, la propia guerra perturbó gravemente el flujo de petróleo y provocó daños importantes en la infraestructura necesaria para exportarlo. No obstante, aunque parece evidente que no había necesidad de una intervención imperialista para garantizar el acceso al petróleo, resulta de lo más burdo el argumento prointervencionista que pretende rechazar todo interés imperialista motivado por el petróleo basándose en que el acceso a éste estaba garantizado. Así pues, la situación era mucho más compleja. Lo cierto es que los antecedentes históricos de Gaddafi sugerían que una Libia bajo su gobierno siempre iba a ser considerada potencialmente inestable. El propio Gaddafi había expresado su preocupación con respecto a la industria del petróleo en fecha tan reciente como enero de 2009, cuando dijo a los estudiantes de la Universidad de Georgetown que Libia “podría nacionalizar la producción de petróleo en vista de la brusca caída de los precios”. Sin embargo, tal y como reveló wikileaks, la embajada de EE.UU. en Trípoli estimaba que aunque “los expertos [...] no han descartado por completo la posibilidad de que [Libia] pueda nacionalizar su sector del petróleo y del gas [...] en este momento no juzgan que represente una amenaza grave [...] no creemos que la nacionalización se esté considerando seriamente.” [9] La mayoría de las reservas conocidas de petróleo y gas libios se encuentran en la mitad oriental del país. De modo que, si las potencias imperialistas debían tratar con Gaddafi antes de la rebelión porque tenía acceso al petróleo, una vez iniciada dicha rebelión tenían que tratar cada vez más con los rebeldes por la misma razón. Y como veremos después, EE.UU. en particular estaba bastante preocupado con el movimiento de oposición en el este de Libia. Así pues, podemos hacer dos observaciones
de carácter general con respecto a la importancia del petróleo
en la intervención: 1.- No había necesidad de una intervención para conseguir el acceso al petróleo, pues unas 50 compañías petroleras internacionales ya estaban presentes en Libia. Sin embargo, la intervención bien podría influir en las condiciones bajo las cuales tenga lugar un futuro acceso. El apoyo inicial de Francia a la rebelión podría deberse en parte a la esperanza de que así conseguiría defender mejor los intereses de las empresas francesas frente a las de otros países de la OTAN, en particular Italia. De hecho, en marzo, cuando en la OTAN se discutía sobre qué países de la organización iban a intervenir militarmente, el primer ministro de Turquía casi acusó directamente a Francia cuando afirmó: “Me gustaría que quienes solo ven petróleo, minas de oro y tesoros bajo tierra cuando miran hacia Libia, viesen desde ahora la región con una mirada más consciente.” [10] Asimismo, la ruptura de última
hora de Italia con Gaddafi probablemente refleja el hecho de que la petrolera
italiana Eni S.p.A. es la empresa petrolera extranjera más grande
de Libia en la actualidad, y por eso es la que más tenía que
perder en caso de un nuevo reparto del acceso al petróleo si ganaban
los rebeldes o Libia era dividida. Es evidente que el petróleo solo es una de las razones de la mejora de las relaciones de Gaddafi con las potencias imperialistas antes de la rebelión. Las sanciones contra Libia fueron levantadas y se permitió de nuevo la venta de armas a este país. Tanto Gran Bretaña como Francia suministraron armas al régimen de Gaddafi. Un informe de la UE publicado justo antes de la rebelión dice que Gran Bretaña había vendido a Libia 33 millones de dólares en armas ligeras, munición, piezas de aviones, blindados, equipos de protección y electrónica militar. En 2009, la UE en su conjunto extendió licencias para la venta de armas y sistemas de armamento a Libia por valor de 462 millones de libras. En 2007, la empresa francesa Dassault Aviation fue la adjudicataria de un contrato para reparar 12 aviones Mirage F1 de Libia, los cuales serían más tarde utilizados por el régimen en los ataques contra los rebeldes, aunque dos de estos aviones fueron desviados a Malta por sus pilotos cuando éstos recibieron la orden de bombardear. Helicópteros Huey y Chinnok de EE.UU. también fueron entregados a Libia a través de Italia. De hecho, los primeros ataques con misiles Tomahawk parecen haber incluido como objetivos las costosas instalaciones y el equipamiento militar vendidos por EE.UU. a Gaddafi y destinados a sus brigadas de élite durante el último par de años antes de la rebelión. No cabe duda de que EE.UU. estará ahora dispuesto a vender los mismos sistemas al nuevo régimen. A finales de 2008, la embajada estadounidense en Trípoli informó que el régimen de Gaddafi estaba deseoso de comprar nuevo equipamiento militar a EE.UU. El documento también confirma la opinión de la embajada según la cual la postura antiimperialista de Gaddafi es muy superficial: “A mediados de noviembre, Muhammar al-Gaddafi expresó sus reservas a Muatassim [uno de los hijos de Gaddafi] en torno a la cooperación militar de EE.UU. con Libia, la cual podría permitir la presencia de un gran número de asesores y entrenadores estadounidenses en Libia. [Gaddafi] estaba preocupado por el hecho de que el personal militar estadounidense pudiera pasearse en uniforme por Libia, dado que la ‘evacuación’ de las bases militares de EE.UU. y Gran Bretaña (las bases aéreas de Wheelus y al-Adem, respectivamente) en 1970 fue considerada como un logro fundamental de la revolución.” [11] Otro documento de mayo de 2009 donde se describe una reunión entre el Comando General Estadounidense para África (AFRICOM) [12] y el régimen, explica que “Gaddafi expresó su deseo de cooperar con AFRICOM en la lucha contra el terrorismo y la piratería.” [13] La embajada estadounidense también vio claramente que los vínculos de Gaddafi con Daniel Ortega y Chávez eran simples bravatas, y no una amenaza real. Tras la visita de Ortega a Libia en 2009, la embajada escribió que aunque “Libia está dispuesta a buscar alianzas simbólicas con líderes antiestadounidenses para compensar la idea de que se ha aliado con Occidente al poner fin al litigio con EE.UU. por el acuerdo de compensación”, [14] estos gestos simbólicos no tienen ninguna profundidad. [15] De hecho, en otro documento de 2009, la embajada explicaba que, durante varios meses, Gaddafi había “estado presionando para llegar a un acuerdo general en materia de seguridad, incluyendo el compromiso de acudir en ayuda de Libia si ésta era atacada” [16] . En el mismo informe, la embajada aconsejaba cómo evitar este asunto si EE.UU. no deseaba ese nivel de compromiso. Aunque representa una parte pequeña de la ayuda total, The Telegraph reveló el 11 de septiembre de 2009 que miembros del SAS [17] habían entrenado a sus homólogos libios, y que esto hará que “sigan aumentando las sospechas sobre cuál ha sido exactamente el acuerdo entre bastidores al que han llegado Trípoli y Gran Bretaña.” [18] El hecho de que el SAS emplease el modelo de “tirar a matar” en las operaciones contra los republicanos irlandeses debería ser motivo de reflexión para quienes han estado dispuestos a apoyar a Gaddafi en su actuación contra los rebeldes.
Así pues, las armas y el entrenamiento ofrecidos por las potencias imperialistas a Gaddafi [19] no eran tan solo equipamientos para librar batallas contra sus vecinos, sino también el equipo y la formación necesarios para aplastar a la disidencia interna. De hecho, no sería la primera vez que Gaddafi hace esto, pues en 1996 más de 1200 prisioneros fueron masacrados en un motín en Abu Salim, donde estaban encarcelados muchos de los prisioneros políticos libios. El día después al motín, los prisioneros fueron obligados a salir al patio, donde los acribillaron a tiros. Solo después de dos años de protestas de las familias en Bengasi que culminaron en una marcha para recordar el decimotercer aniversario de la matanza, el gobierno reconoció que los miembros de más de 900 familias habían sido asesinados y ofreció una indemnización. Dado que Occidente consideraba al
régimen libio como un amigo al que no solo podía ofrecer armas
sino también los medios para aplastar revueltas internas, la afirmación
de que Gaddafi era un enemigo del imperialismo queda seriamente en entredicho.
Tampoco todas las potencias imperialistas desearon intervenir a favor de
los rebeldes desde un principio. El levantamiento comenzó el 15 de
febrero, pero fue un mes después, el 17 de marzo, cuando la ONU autorizó
a los estados miembros a imponer una zona de exclusión aérea
sobre Libia, y dos días antes se produjeron los primeros ataques aéreos.
Esta sucesión temporal de los acontecimientos no tendría
sentido en caso de que los rebeldes fueran un ejército a las órdenes
de los imperialistas de Washington, París u otros lugares. Como en el caso de otros lugares del norte de África, los imperialistas no se ponen de acuerdo en el modo de actuar. La rivalidad entre el imperialismo francés y el estadounidense es habitual en toda la región, lo cual se expresa en el tipo de apoyo que cada uno de ellos ha ofrecido a la insurrección libia. El 10 de marzo, solo cinco días después de que el Consejo Nacional de Transición afirmara ser el gobierno legítimo de Libia, Francia lo reconoció como tal. Sin embargo, tuvieron que pasar más de cuatro meses para que EE.UU. siguiera el ejemplo francés, demorando su decisión hasta el 15 de julio, momento en el cual ya estaba claro que la victoria de Gaddafi era muy poco probable. Francia se opuso a la idea de que la intervención fuera liderada por la OTAN. Fueron los aviones de guerra franceses los que impidieron la caída de Bengasi al bombardear las divisiones acorazadas de Gaddafi cuando éstas llegaban a las afueras de la ciudad, logrando con esta acción rápida que el debate sobre la intervención terminara antes de empezar. Gaddafi intentó aprovechar
esta rivalidad y la de Rusia y China. Solo 48 horas antes de la votación
en la ONU, dijo que si era atacado anularía los contratos energéticos
de Libia y firmaría otros con empresas rusas, indias y chinas. Paolo
Scaroni, director de la empresa Eni S.p.A., que tiene en Libia más
inversiones y mejores contactos que cualquier otra petrolera occidental,
declaró al Wall Street Journal que quien ocupe el poder necesita
producir petróleo para conseguir ingresos para su pueblo, y que,
mientras que algunas empresas están preocupadas debido al apoyo de
sus gobiernos a la oposición, pudiendo perder por ello el acceso
al petróleo libio, al menos públicamente han expresado su
confianza en que se les permitirá regresar a Libia. Cerca de 36.000 ciudadanos chinos que vivían en Libia antes de la rebelión fueron repatriados por su gobierno, el cual envió a la zona cuatro aviones militares de transporte y una fragata con misiles teledirigidos para proceder a la evacuación, aprovechando así la oportunidad para ampliar su ámbito de operaciones militares. Después de Lockerbie, China nunca impuso sanciones al régimen de Gaddafi y docenas de empresas petroleras chinas han operado en Libia, aunque también existen muchos otros negocios. El montante total de comercio bilateral asciende a 6.600 millones de dólares, incluyendo varios contratos firmados entre empresas ferroviarias chinas y Libia, como el de la línea de ferrocarril entre Trípoli y Sirte, por valor de 1.700 millones de dólares. El antiguo embajador ruso en Libia describió la indiferencia del Kremlin ante los ataques aéreos como “una traición a los intereses de Rusia”, pues las empresas rusas habían firmado contratos en Libia por valor de miles de millones de dólares. Después de todo, sería un gran error imaginar que todas las potencias imperialistas ven el futuro de Libia del mismo modo o tienen un plan común al respecto. Muy al contrario, existen tensiones muy importantes entre ellas. En lugar de buscar desde el principio
el derrocamiento de Gaddafi, parece que a algunas potencias imperialistas
les preocupaba que las fuerzas rebeldes pudieran escapar más a
su control que Gaddafi. Gaddafi había estado cooperando a un nivel
tal que estas potencias imperialistas se sentían satisfechas de
poder haber estado suministrándole armas durante casi siete años
hasta el momento de la insurrección. Por otro lado, los rebeldes
eran en gran parte una fuerza desconocida y levantaban grandes sospechas
con respecto a sus verdaderas intenciones, sobre todo en EE.UU. NOTAS.- [1] Traducción, extracto y adaptación del artículo publicado en: http://anarchism.pageabode.com/print/1160 Versión en castellano elaborada por el equipo de traductores de Alif Nûn . (Nota de la Redacción). [2] Andrew N. Flood nació en Dublín (Irlanda) y ha pasado algunas temporadas en Inglaterra y Canadá. Es miembro desde 1990 de la organización anarquista Workers Solidarity Movement. [3] Para más información, véase Samir Amin , “ El imperialismo de EE.UU. en Oriente Medio ”, revista Alif Nûn nº 80, marzo de 2010. (Nota de la Redacción). [4] Para más información sobre la situación actual en Siria, véase Carsten Wieland, “ La última oportunidad para el régimen sirio ”, revista Alif Nûn nº 92, abril de 2011. (Nota de la Redacción). [5] http://www.bbc.co.uk/news/world-africa-13785053 [6] http://www.independent.co.uk/news/world/africa/amnesty-questions-claim-that-gaddafi-ordered-rape-as-weapon-of-war-2302037.html [7] http://213.251.145.96/cable/2009/01/09TRIPOLI65.html [8] http://213.251.145.96/cable/2006/05/06TRIPOLI198.html [9] http://www.telegraph.co.uk/news/wikileaks-files/libya-wikileaks/8294923/AL-QADHAFIS-FEINT-LIBYAN-OIL-NATIONALIZATION-UNLIKELY .html [10] http://www.guardian.co.uk/world/2011/mar/24/france-turkey-nato-libya [11] http://213.251.145.96/cable/2008/12/08TRIPOLI992.html [12] AFRICOM es un Mando Combatiente Unificado del Departamento de Defensa de Estados Unidos, responsable de las operaciones militares de Estados Unidos en las 53 naciones africanas, excepto Egipto. (Nota de la Redacción). [13] http://213.251.145.96/cable/2009/05/09TRIPOLI417.html [14] Se refiere al asunto de Lockerbie que ya se ha tratado antes. (Nota de la Redacción). [15] http://213.251.145.96/cable/2009/01/09TRIPOLI2.html [16] http://213.251.145.96/cable/2009/02/09TRIPOLI117.html [17] El Servicio Aéreo Especial (en inglés: Special Air Service ) o SAS, es un regimiento de fuerzas especiales del ejército británico cuyas funciones en tiempo de guerra son las operaciones especiales, y en tiempo de paz, principalmente el contraterrorismo. (Nota de la Redacción). [18] http://www.telegraph.co.uk/news/newstopics/onthefrontline/6176808/SAS-trains-Libyan-troops.html [19] http://www.calgaryherald.com/news/countries+source+weapons+used+Libya/4357421/story.html#ixzz1HKQFeP4i A Portada |
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