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Estimados
lectores:
Con el paso de los meses desde el inicio de la llamada
“primavera árabe”, en muchos de los frentes abiertos parece que la
consigna es “que todo cambie para que todo siga igual”, y en algunos casos,
ni siquiera eso. El norte de África se ha visto salpicado por las revoluciones
de Egipto, Túnez y Libia, pero los regímenes de Argelia y Marruecos
apenas han visto unos tímidos intentos de reforma que no pasarán
de lo cosmético. Y ni siquiera en procesos como el de Egipto parece
verse la luz al final del túnel, pues la Junta Militar que rige en
estos momentos el destino de la nación no parece muy dispuesta a ceder
el paso a un proceso político liderado por una sociedad civil que
anhela una verdadera reforma democrática. En cuanto a Túnez,
parece que las elecciones celebradas recientemente han otorgado el poder
a los llamados “islamistas moderados”. Por el momento, debemos esperar a
ver cuánto dura esa “moderación” o si, por el contrario, por
muy moderados que se muestren, los grandes poderes mundiales estarán
dispuestos a tolerar que cunda el ejemplo turco. Por otra parte, resulta toda
una incógnita cuál será el rumbo que tome el llamado
Consejo Nacional de Transición en Libia. No obstante, habida cuenta
de la ayuda militar prestada por las potencias occidentales para el derrocamiento
de Gaddafi, no sería de extrañar que el nuevo régimen
libio se vea obligado a pagar un alto peaje a Occidente, en forma de prebendas
económicas y concesiones políticas. En cuanto a Oriente Medio,
la situación parece aún más estancada. Las revueltas
generalizadas contra el régimen sirio no parecen intimidar lo más
mínimo a Basahr al-Asad y su camarilla, que continúan masacrando
a la población, ante la tibia reacción de la comunidad internacional
(¿acaso el actual régimen sirio es más respetuoso con
los derechos humanos y la legalidad internacional que el derrocado régimen
libio?). Otro tanto se podría decir de los regímenes del Yemen
y Bahrein, aliados clave de Estados Unidos en la región, que ni siquiera
han sufrido sanciones económicas por las matanzas cometidas contra
sus respectivas poblaciones, como sí ha sucedido en el caso de Siria.
Por último, el resto de países árabes de Oriente Medio
y la Península Arábiga parecen haberse mantenido al margen de
la tormenta. ¿Cuánto tiempo más podrá prolongarse
esta situación de relativa calma?
En el número de Alif Nûn de este
mes profundizamos en el análisis de los procesos de cambio político
en el mundo árabe, enfocando dicho análisis desde diversas perspectivas.
El primer artículo del mes adopta un punto de vista histórico,
revisando la evolución política del mundo árabe desde
el siglo XIX, con el fin de buscar las claves para poder explicar los acontecimientos
actuales. El segundo artículo subraya que los actuales movimientos
democráticos en el mundo árabe están empezando a alejarse
de las ideologías tradicionales en las últimas décadas
(nacionalismo e islamismo, principalmente), buscando una regeneración
política que permita dar cabida a todas las opciones ideológicas
sin excepción. El tercer artículo se centra en Palestina: su
relación con la primavera árabe y cómo están
afectando estos procesos democráticos a la lucha por la creación
de un Estado palestino. El cuarto y último artículo que, Dios
mediante, publicaremos en varias entregas, analiza la insurrección
libia y las complejas relaciones que tanto los rebeldes libios como el régimen
de Gaddafi han mantenido con las potencias occidentales.
Para terminar, nos gustaría desearles, en especial
a todos los musulmanes, un feliz año 1433, repleto de amor, esperanza
y felicidad.
La Dirección.
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Los acontecimientos de la “primavera
árabe” han suscitado una serie de comentarios y explicaciones en la
opinión pública que sirven para ilustrar bien el enfoque teórico
e ideológico de los medios de comunicación y el mundo académico
occidentales con respecto a la política en Oriente Medio. Tras décadas
de dominio de la religión y de los nacionalismos etno-religiosos en
la región, las “revoluciones” de Túnez y Egipto parecían
haber renunciado a la religión y el nacionalismo en favor de las clásicas
exigencias políticas de libertad, democracia y justicia económica.
¿Pueden, entonces, estas manifestaciones contradecir
a las corrientes que defienden el excepcionalismo islámico en Oriente
Medio, según el cual el Islam y el “tribalismo” están en la
base de la política de la región? ¿Muestran una convergencia,
y no un “choque de civilizaciones”, hacia unas aspiraciones y un discurso
político compartidos? En cualquier caso, la política religiosa
y tribal nunca ha permanecido alejada del todo de estos acontecimientos, y
pronto iban a salir a la luz. Así pues, ¿demuestra esto que
es válida la idea del excepcionalismo de Oriente Medio y que el universalismo
es puramente superficial?
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La “primavera árabe” es un
fenómeno revolucionario que ha afectado a toda la región. Sin
embargo, todavía no ha llegado a su fin y sus objetivos serán
más difíciles de alcanzar que en el caso de la caída
de los regímenes de Europa del Este, pues será más sangriento
y necesitará más tiempo.
Hasta el momento, los levantamientos realmente solo han
derrocado a tres autócratas, aunque ningún Estado árabe
ha sido capaz de evitar del todo la presión de este movimiento político.
El movimiento comenzó en Túnez y Egipto, y son estos dos estados
los que disponen de las mejores oportunidades para convertirse en democracias
firmemente establecidas.
El proceso no tendrá los mismos efectos
en toda la región, y las diferencias entre los distintos países
árabes podrían llegar a ser aún mayores de lo que son
ahora, al menos al principio (a pesar de que, seguramente, los ciudadanos
de los distintos países se hayan acercado como resultado del proceso).
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El Movimiento Juvenil del 15 de Marzo, cuyo nombre proviene
de las manifestaciones que tuvieron lugar ese día en Cisjordania y
la Franja de Gaza para exigir unidad entre Fatah y Hamás, es la expresión
palestina más directa de la “primavera árabe” de 2010-2011.
Al día siguiente, 16 de marzo, Mahmud ‘Abbas, líder de Fatah
y presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), anunció su disposición
a viajar a Gaza para iniciar las conversaciones de unidad con Hamás.
El 4 de mayo se firmó un acuerdo de reconciliación en El Cairo.
La puesta en marcha del acuerdo entre Hamás y
Fatah se ha estancado por la insistencia de ‘Abbas en mantener a Salam Fayyad
como primer ministro de la ANP. Hamás considera que Fayyad es demasiado
servil con Israel y Occidente. En particular, denuncia la cooperación
de Fayyad con EE.UU. en la creación de las nuevas Fuerzas de Seguridad
Nacional, conocidas popularmente como “Brigadas de Dayton”, por haber sido
formadas por Keith Dayton, teniente general del ejército de EE.UU.
Una de las principales tareas de estas unidades ha sido la de eliminar a Hamás
en Cisjordania, lo cual han hecho con la consiguiente satisfacción
de Israel.
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El repentino final del régimen
de Gaddafi unos 6 meses después del inicio de la revuelta libia deja
sin responder algunas preguntas difíciles para la izquierda. La determinación
de Gaddafi para aplastar físicamente la revuelta de manera rápida
convirtió a ésta en una guerra civil que ha sido testigo de
una considerable intervención imperialista del lado rebelde, esencial
para su victoria final. Este hecho y los antecedentes de Gaddafi han hecho
que alguna gente de izquierdas se pusiera del lado de éste en la guerra
civil, mientras que otras organizaciones han tratado de compensar el apoyo
a la “primavera árabe” de Libia con la oposición al imperialismo.
Saber encontrar el equilibrio entre la solidaridad internacional, los movimientos
prodemocráticos y la oposición al imperialismo bien podría
volver a ser prioritario si el régimen sirio continúa su represión
militar contra el movimiento democrático en el país.
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EL VIAJERO
He dejado, viajero, mi rostro
en el cristal de mi lámpara.
Mi mapa es una tierra sin creador.
Renegar de todo, mi evangelio.
"
Árbol de Oriente
"
_ [Adonis]
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