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Estimados
lectores:
Hablar sobre
el Islam hoy en día no resulta nada fácil, pues, en la mayoría
de los casos, las posturas están completamente polarizadas. O es presentado
como la solución a todos los problemas de la humanidad, o como la
encarnación de todos los males. No parece haber término medio.
Así pues, a menudo se echa en falta un poco de mesura cuando se trata
de abordar un tema tan amplio y complejo como el de la religión islámica.
Y es que, apelando al Corán y las demás fuentes islámicas,
los musulmanes (y también los que no lo son) han sido capaces de
justificar una determinada cosa y su contraria. En base al Islam se condena
o se aprueba, según los casos, la música, el misticismo, la
violencia, la mutilación genital femenina, la donación de
órganos y un sinfín de costumbres, actitudes e ideologías.
Cabría preguntarse entonces, ¿existe un “Islam verdadero” a
partir del cual podamos juzgar quiénes son los “verdaderos musulmanes”?
Desde un punto de vista estrictamente religioso, tal vez (y solo tal vez)
pueda tener sentido plantear esta pregunta (aunque tampoco estamos seguros
de que tenga una respuesta fácil), pero desde cualquier otro punto
de vista, no. Lo cierto es que, parafraseando al intelectual marroquí
Abdallah Laroui “a largo plazo, la ideología es menos poderosa que
la sociología”. Es decir, que multitud de fuerzas sociales, políticas
y económicas van modelando sobre el terreno y con el paso del tiempo
las actitudes y el modo de pensar de las personas. Y estas fuerzas también
afectan a la religión y a los fieles que la siguen. Esto es lo que
ha llevado a afirmar al intelectual iraní Hamid Dabashi, de manera
un tanto provocadora, que “el Islam es una abstracción”. Así
pues, en último término, el Islam es lo que quieren (o pueden)
hacer de él todos aquellos que se reconocen a sí mismos como
musulmanes.
En el número de
Alif Nûn de este mes tratamos de aproximarnos a esta tensión
entre ideología religiosa y realidad social. El primero de los artículos
es una interesante entrevista con el intelectual iraní Hamid Dabashi,
en la cual explica cómo los propios musulmanes europeos transformarán
la realidad del Islam en el viejo continente. El segundo artículo
redunda en la misma idea, destacando hasta qué punto es falsa la polémica
entre el Islam y valores como la democracia o el liberalismo. El siguiente
artículo reflexiona sobre la idea de yihad y cómo dicha
idea ha ido tomando nuevos derroteros en los tiempos modernos. Por último,
para finalizar nuestro número de este mes, publicamos la segunda y
última parte del artículo dedicado a la imagen de árabes
y musulmanes en el cine, la literatura y los medios de comunicación
estadounidenses.
La Dirección.
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El intelectual estadounidense de origen iraní
Hamid Dabashi es uno de los expertos en Islam más respetados en Estados
Unidos. En esta entrevista con Lewis Gropp explica de qué manera
cambiará el Islam en Europa como resultado de la influencia de los
musulmanes y la cultura europeos.
En Europa, muchos musulmanes viven en “sociedades
paralelas”, pero en Estados Unidos no existe tal problema. ¿Por qué
están mucho mejor integrados los musulmanes estadounidenses?
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La terrible experiencia de Muhammad 'Abduh
En un libro que escribí hace 30 años elegí
a Muhammad 'Abduh como prototipo del sheij [maestro], en oposición
a Lufty Sayyid, el político liberal, y Salama Musa, el elocuente
defensor del cientificismo y el tecnicismo. Al mismo tiempo, subrayé
que cada uno de los tres tipos ideales atraviesa necesariamente por muchos
cambios, a medida que el Estado local pasa de la tutela colonial a la independencia
y las instituciones parlamentarias, y en una etapa posterior entra en la
senda del nacionalismo. Bajo el dominio colonial, los tres fueron influenciados
por el clima general de la época, siendo imbuidos de valores liberales.
Lo que caracteriza al sheij es su esfuerzo constante por encontrar
una base tradicional para sus ideales recién adquiridos. Es este
giro ideológico permanente lo que les parecía inaceptable
a Gibb y sus estudiantes.
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La
yihad en el Islam
Todo perfil de la yihad exige una delimitación
de la misma en el propio contexto islámico. El Islam, como toda gran
Tradición –y el Islam lo es–, configura un panorama heterogéneo
y complejo del que no caben deducirse simplificaciones precipitadas o generalizaciones
toscas. La yihad expresa, originariamente, el esfuerzo del creyente
por adentrarse en la senda de la vida religiosa y la realización
espiritual. Esta sería la gran Yihad. La pequeña
yihad, en tanto acepción secundaria, sería la guerra santa.
Su declaración dependería de determinados criterios tasados
desde los tiempos más tempranos del Islam y sobre la base de la interpretación
fijada por las escuelas de jurisprudencia. La guerra santa se justificaría
en el mantenimiento y establecimiento de una politicidad que permita la
práctica del Islam y ampare el modo de vida islámico. De todo
lo dicho se deduce un cierto grado de discrecionalidad a la hora de declarar
la yihad que primará la perspectiva del intérprete.
Con todo y con eso, las diversas escuelas jurídicas islámicas
aseguraban ciertas condiciones y delimitaban un claro marco en el que ciertas
prácticas quedaban nítidamente excluidas de la yihad
en virtud del propio ejemplo del fundador del Islam. Una de estas
prácticas será la costumbre árabe de la mutilación
y despiece de los cadáveres del enemigo y otra la matanza indiscriminada
de inocentes y población civil.
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“Estados Unidos no es perfecto
Si la película The Siege [Estado de
sitio en español] proyecta la idea de que un afroamericano salvará
a la nación, The Kingdom [La sombra del reino
en español] emplea este recurso aún mejor. En este caso, el
imperio estadounidense también cuenta con su “gran esperanza negra”.
En The Kingdom, los terroristas atacan un complejo estadounidense
en Riad. El FBI está deseando investigar la matanza, pues dos de los
suyos son asesinados en ella. Sin embargo, los políticos de Washington
se lo impiden en un principio. (Este escenario está inspirado con
casi total seguridad en la investigación del FBI sobre el atentado
de 2000 contra el destructor USS Cole, cuando el investigador jefe, John
O’Neill, pugnó en vano con la embajadora estadounidense en Yemen,
Barbara Bodine, para que ésta le permitiera interrogar a funcionarios
del gobierno yemení, de quienes O’Neill sospechaba que podían
tener vínculos con al-Qaeda. Más adelante, O’Neill se convirtió
en jefe de seguridad del World Trade Center y fue asesinado el 11-S. Al fiscal
general le preocupa que la presencia estadounidense en territorio saudí
pueda enojar a los musulmanes, pero, como en The Siege, el FBI está
al margen de las sucias maquinaciones del mundo político y representa
la honestidad estadounidense. “Si ustedes dirigieran el FBI –dice el fiscal
general al agente especial Ronald Fleury, interpretado por Jamie Foxx– lo
convertirían en el Tercer Ejército de Patton”. Fleury toma
la iniciativa amenazando a la familia real saudí y el FBI recibe la
aprobación inmediata para trasladarse a Riad. Fleury lidera un equipo
de cuatro personas para llevar a cabo la investigación: él
mismo; una mujer blanca, la agente Mayes; y dos hombres, el agente Leavitt,
judío, y el agente Sykes, una especie de “niño grande”.
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SUEÑOS
"No importa el pasado, ni el futuro,
ni todas las rabias del mundo.
Importan los pájaros, sí los pájaros,
y los sueños.
Importas tú, y tú, y tú..
Y yo. Importo yo.
Es muy difícil acordarse de la felicidad.
La felicidad no tiene memoria.
La felicidad pasa...."
"
Balbuceos
"
_ [Aziz Tazi]
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