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MULTICULTURALISMO E ISLAM EN EUROPA
[1]
Shireen M. Mazari [2]
En el primer nivel, el multiculturalismo se ha convertido de hecho en una parte de la vida diaria en la mayoría de los estados europeos, y ciertamente no puede revertirse esta situación. Sin embargo, esta vida diaria se ha vuelto más difícil para los diversos grupos etno-culturales que intentan desarrollar sus vidas dentro de sus respectivas tradiciones culturales, a causa de los problemas que surgen en el segundo nivel, el de la opinión pública y los organismos que adoptan decisiones de carácter institucional. Europa, en especial desde el 11-S , está enfocando su diversidad cultural desde un punto de vista unidimensional: el de la religión, y en particular el Islam. Ha comenzado a considerarse inaceptable el crecimiento de la identidad islámica, siendo reavivado el fantasma histórico del las Cruzadas . El enfoque reduccionista de la diversidad de culturas en Europa está ocultando la diversidad dentro de las propias comunidades de inmigrantes musulmanes , que van desde los africanos hasta los asiáticos, existiendo también grandes diferencias dentro de ambos grupos, por ejemplo, entre musulmanes del subcontiente indio, árabes y del sudeste de Asia. Además, incluso dentro de una misma comunidad islámica existen divisiones sectarias y diversos ritos que surgen de distintas influencias culturales. Por desgracia, este enfoque reduccionista tiene consecuencias para las comunidades musulmanas de Europa, que reaccionan aislándose de manera voluntaria en los guetos, no solo en términos físicos, donde los grupos se refugian en pequeñas comunidades cerradas que tienden a ser mucho más fundamentalistas de lo que lo habrían sido en otras circunstancias, sino también en términos psicológicos, imponiéndose su identidad musulmana sobre el conjunto de su rica herencia cultural. Ciertos asuntos que deberían haber permanecido en el ámbito privado se han infiltrado en el dominio público y por ello se han convertido en símbolos de intolerancia o de una diversidad inaceptable, con unos estados europeos que se desplazan hacia políticas de asimilación y rechazan símbolos de la diversidad religiosa, tales como el velo o hiyab. [3] Como reacción, los musulmanes han llegado a ver estos símbolos como una forma de rebeldía y de reafirmación de su identidad. Resulta irónico que en la mayoría de las sociedades europeas donde las mujeres han llevado velo en la cabeza, no solo para ir a la iglesia sino a menudo como un simple complemento de su vestuario, dicho velo sea ahora rechazado por la “ciudadanía” si son las musulmanas quienes lo usan. Los franceses, quienes antes solían mostrarse orgullosos de la diversidad ciudadana en su país, han reducido ahora la identidad francesa al rechazo del velo. [4] En la actualidad, existe una fuerte resistencia al burqa en Francia. El Parlamento de este país ha aprobado una prohibición del burqa [desde abril de 2011], mientras que el presidente ha dejado claro que éste no es bienvenido en territorio francés. [5] A consecuencia de estas intervenciones públicas en el ámbito privado se ha puesto en marcha un círculo vicioso donde, cuantas más restricciones en el espacio público y legislativo contra la identidad de ciertos grupos musulmanes minoritarios, más cierran filas dichos grupos para vivir en comunidades encerradas en sí mismas que practican un Islam más reaccionario y fundamentalista. Lo que hace tan difícil la reconciliación entre los distintos grupos culturales y religiosos en Europa es la insistencia europea en la identidad laica de sus estados, creando una sensación cada vez más acusada de que, en cierto modo, los musulmanes que viven en el continente son incapaces de aceptar la identidad laica de Europa y que, en el peor de los casos, buscan en realidad destruir el ideal laico y las “libertades” asociadas a dicho ideal. Los argumentos europeos se basan en parte en un grave error de interpretación según el cual Europa es en esencia laica. Con la excusa del “laicismo”, se está negando dar cabida al “otro”. Se trata de una excusa sin fundamento, pues Europa siempre ha tenido una identidad cristiana subyacente, y como la religión ha pasado a tener cada vez más protagonismo en la corriente dominante de la política internacional durante los últimos años, este espíritu cristiano de muchos estados europeos resulta cada vez más evidente. El laicismo se refiere a la creencia “de que el Estado, la moral, la educación, etc., deben ser independientes de la religión” (Diccionario de inglés Chambers). Sin embargo, en casi todos los países occidentales no es éste el caso, pues los valores cristianos impregnan sus sistemas legales y morales de creencias, incluso a nivel estatal. A un nivel muy básico, todos los estados occidentales que proclaman ser laicos, ya sean del norte de Europa o de Norteamérica, creen en esta proclama, aunque, por ejemplo, solo declaran las fiestas cristianas como fiestas nacionales. Aunque las personas de otras creencias pueden reclamar sus fiestas religiosas, ello es considerado como una concesión especial, mientras que las fiestas cristianas son para toda la nación. Más allá de esto, el grado de “laicismo” varía en realidad de un Estado a otro, y los prejuicios religiosos a nivel estatal salen a la luz cada vez que la legislación al respecto es cuestionada. Muchos países del norte de Europa muestran de manera sistemática sus credenciales cristianas en el modo en que se aplica la ley a otras religiones, y en especial a los musulmanes. Por ejemplo, en Noruega, todos los adultos pagan un impuesto a la iglesia que el Estado deduce de sus ingresos, a menos que el contribuyente declare expresamente que él no pertenece a dicha iglesia; en Alemania pueden deducirse en la declaración de impuestos los pagos hechos a la iglesia a la que pertenezca el contribuyente, pero no puede hacerse lo propio con la mezquita. Tomemos ahora el caso de Gran Bretaña. Su reina es la cabeza de la Iglesia de Inglaterra y, para el heredero al trono, casarse con un miembro de otra iglesia cristiana es un camino plagado de dificultades, por no hablar de casarse con alguien de otra fe. Más preocupante es que las leyes británicas contra la blasfemia, que todavía existen, [6] solo se apliquen en el caso del Cristianismo. En otras palabras, por mucho que se blasfeme contra el Islam, la ley no se aplicará. Teniendo en cuenta que la población musulmana británica va en aumento, deberíamos suponer que el sistema legal británico tendría que tratar a todos sus ciudadanos por igual. En cuanto a Francia, toda la controversia que rodea al asunto del pañuelo islámico en las escuelas revela el sesgo religioso del Estado francés. Por alguna razón, el “laicismo” francés no se siente amenazado por las colegialas cristianas que portan crucifijos colgados del cuello, pero cuando son las escolares musulmanas las que cubren su cabeza con un pañuelo, entonces el sistema educativo estatal se siente en peligro. En cuanto a la Europa Oriental, la persecución contra los musulmanes alcanzó en Serbia nuevas cotas de barbarie. [7] Aunque el acoso a los grupos étnicos musulmanes ha adquirido nuevos tintes tras la desaparición de la Unión Soviética y el final de los regímenes comunistas de la Europa Oriental, los musulmanes de algunos lugares de Europa han tenido que hacer frente a una persecución sistemática a manos de ciertos gobiernos europeos desde hace ya un tiempo. [8] Parece que la psique europea y occidental, la cual continúa soportando la pesada carga del espíritu de las Cruzadas, ha encontrado ahora en el Islam un fácil sustituto a la amenaza del comunismo, una vez caído éste. La imagen más reciente de este prejuicio contra los musulmanes y el Islam ha quedado reflejada en la política de EE.UU. hacia los musulmanes tomados como prisioneros en Afganistán durante la guerra contra el terrorismo y confinados en la bahía de Guantánamo , Cuba. Mientras que las leyes internacionales relativas al tratamiento a los prisioneros de guerra se aplicaron de manera estricta incluso a los nazis juzgados en Nuremberg , y en la actualidad se están aplicando en los juicios a los dirigentes serbios, dichas leyes no están siendo respetadas por el gobierno de EE.UU. en el caso de los prisioneros de la Bahía de Guantánamo. Incluso a un nivel más ordinario, cuando en Occidente resulta que un delincuente es musulmán, esto se convierte en el punto central a destacar, como si el Islam fuese el responsable de su inclinación criminal. Sin embargo, si un cristiano comete un delito, el factor religioso queda al margen. [9] Sin embargo, parte de las dificultades también surge como consecuencia de los problemas socioeconómicos de las comunidades de inmigrantes, los cuales se ven agravados por la fuerte identidad religiosa islámica que muchas de ellas poseen. A medida que la identidad religiosa se ha ido convirtiendo en un factor cada vez más importante en la dinámica social de los estados occidentales, se ha hecho más evidente una creciente falta de adaptación por parte de otras comunidades religiosas. Mientras los europeos musulmanes están buscando un identidad religiosa más acusada, las mayorías no musulmanas en Europa tienden a negar a los ciudadanos musulmanes incluso los fundamentos de su identidad. Además, tras el 11-S, todo el
tema del
terrorismo
se ha visto inmerso en una falsa polémica religiosa sobre el
“
fundamentalismo
islámico” o el “extremismo islámico”, aunque este discurso
ya había sido elaborado mucho antes. Tal y como escribió
Sandra Mackey en 1996: “El propio término ‘fundamentalismo islámico’ se convirtió en moneda común durante el apogeo de la revolución iraní . [...] Al margen de las diversas reivindicaciones y de la geografía de los grupos islámicos militantes, la mentalidad estadounidense considera a la República Islámica de Irán como el origen del extremismo islámico.” [10]
Todos estos factores han llevado a la creación de una extraña dialéctica de “el Islam contra el resto” en la que, ciertamente, existen áreas donde se producen falsas interpretaciones y conflictos, tanto a nivel intelectual como político. Aunque el mundo no se dirige necesariamente hacia una colisión entre “los musulmanes y el resto”, el espacio para albergar a los moderados de ambos lados de la línea divisoria entre musulmanes y no musulmanes está disminuyendo. El caso de las caricaturas “blasfemas” [11] ha sido el ejemplo más claro de la dialéctica entre la así llamada “libertad” y el espacio concedido a “los otros” (así llamada libertad porque, en realidad, la publicación de las caricaturas vulneró las leyes de los estados donde fueron publicadas). Se puede señalar una serie de leyes existentes en varios estados europeos que deberían haber sido aplicadas a los editores de dichas caricaturas. De hecho, existen dos aspectos principales en torno al asunto de las caricaturas: uno, si su publicación puede ser impugnada a nivel legal, y dos, si dicha publicación no es sino un reflejo de la falta de conocimiento en Occidente respecto al Islam. La postura de la UE fue quitar importancia al primer aspecto y centrarse en el segundo, invitando al diálogo con el mundo islámico. Aunque no hay nada de malo en el diálogo en sí mismo, el caso es que dicho diálogo se usó para desviar la atención del hecho de que las caricaturas vulneraban las leyes de los estados europeos donde se publicaron. Así pues, la prensa de todos
los estados europeos que han ratificado el Convenio Europeo para la Protección
de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales es culpable
de vulnerar dicho Convenio. Al tiempo que garantiza la libertad de expresión,
el artículo 10.2 del Convenio declara: “El ejercicio de estas libertades, que entrañan deberes y responsabilidades, podrá ser sometido a ciertas formalidades, condiciones, restricciones o sanciones previstas por la ley, que constituyan medidas necesarias, en una sociedad democrática, para la seguridad nacional, la integridad territorial o la seguridad pública, la defensa del orden y la prevención del delito, la protección de la salud o de la moral, la protección de la reputación o de los derechos ajenos [...]”
Además, países como Dinamarca, donde se publicaron por primera vez las caricaturas, han hecho de este Convenio una parte fundamental de su legislación. Por lo tanto, el primer ministro de Dinamarca mintió claramente cuando declaró que no podía hacer nada al respecto de la publicación de las caricaturas en el diario Jyllands-Posten que dio inicio a la controversia, pues el ya citado Convenio Europeo fue ratificado por Dinamarca en 1953 y es una parte esencial de su Constitución. De hecho, antes de su ratificación, el gobierno danés introdujo ciertos cambios en la legislación del país para que ésta se ajustase al Convenio. Así pues, el gobierno debería haber demandado al periódico por quebrantar las leyes del país. Al margen de las caricaturas, se han incrementado de forma alarmante en los últimos años los ataques verbales y físicos contra los musulmanes, su creencia y su estilo de vida. Algunos de los lamentables hechos del pasado más reciente sugieren que las mujeres musulmanas y su código de vestimenta se han convertido en uno de los principales objetivos. Mientras que los musulmanes de algunas naciones de Europa se enfrentan a dificultades a la hora de construir mezquitas, el reciente referéndum en Suiza, que concluyó con un 57% de los votantes opuestos a la construcción de minaretes en su territorio, es un ejemplo preocupante. [12] El país helvético suele ser conocido por su neutralidad cuando se trata de problemas y conflictos a nivel mundial. Sin embargo, la manera en que se llevó a cabo toda la campaña, buscando las firmas de un millón de ciudadanos, y cómo algunos de los políticos y grupos de derechas dedicaron su tiempo a ello, no solo demuestra con claridad que las libertades religiosas se ven peligrosamente amenazadas, sino que también ilustra la creciente intolerancia hacia el Islam y el estilo de vida de los musulmanes. No existe semejante prohibición con respecto a las torres de las iglesias en el país o, para el caso, en cualquier otro Estado de Europa. Surge la pregunta de por qué no se aplica la legislación europea existente, destinada a salvaguardar la libertad religiosa y la diversidad de estilos de vida. Después de todo, Austria cumplió estrictamente su legislación relativa a la negación del Holocausto, condenando al historiador británico David Irving. [13] Y nadie en Europa planteó la cuestión de la libertad de expresión para protestar contra la encarcelación de Irving por sus opiniones sobre el Holocausto. [14] No sería erróneo decir que los medios de comunicación occidentales juegan con los prejuicios de la corriente de opinión mayoritaria, aunque son los estados los que suelen comportarse de una manera irresponsable. Debido a una noción limitada de la libertad, definida ante todo como una mayor o menor restricción de las conductas externas, es evidente que existe una relación dialéctica entre lo que suele entenderse como “libertad” y los derechos de “los otros”. Más que centrarse en los aspectos externos, lo que se necesita es dominar los impulsos internos, superando nuestros temores y nuestra ira hacia “los otros”. Solo esto puede ofrecer un mayor espacio para dar cabida a quienes percibimos como distintos, lo que, de acuerdo al psicólogo suizo Jean Piaget, significa modificar las actitudes internas con el fin de dar cabida a un cambio en la percepción de la realidad. Esto no requiere tanto de un cambio de los puntos de vista como de un compromiso voluntario con el otro. Para los más poderosos, esto es lo más difícil, pero a la vez lo más esencial. Que el Islam es la religión de una gran minoría en casi todos los estados europeos es una realidad que no va a desaparecer y que debe asumirse. Si se desea evitar la amenaza del extremismo, las comunidades musulmanas marginales deberían incorporarse a la corriente mayoritaria, en especial los jóvenes. Países como Gran Bretaña pueden querer eludir su parte de responsabilidad por los atentados de Londres, destacando los vínculos que los jóvenes tenían con Pakistán , pero el hecho es que se trataba de ciudadanos británicos frustrados y marginados. No sería erróneo decir que los acontecimientos a nivel global posteriores al 11-S y la llamada “ guerra contra el terror ” han aumentado aún más las dificultades de los musulmanes que viven en Occidente o que viajan hacia esta parte del mundo. Así, por ejemplo, apelando al intento fallido de un presunto activista nigeriano de al-Qaeda de hacer estallar un avión estadounidense, los ciudadanos de ciertos países (12 de ellos de mayoría musulmana) son obligados a pasar a través de humillantes escáneres corporales que muestran desnudos a los viajeros. Estos acontecimientos no deben considerarse de manera aislada, pero muestran un fenómeno de criminalización. Sin duda, dichos sucesos están ampliando la brecha que ya existe entre los musulmanes y Occidente, y la desconfianza va en aumento, lo cual no es en absoluto un buen augurio para la paz y la armonía global ni para la imagen del papel de Europa y Occidente en todo este asunto. El problema para Europa es que,
a menos que los europeos no sean capaces de reconocer su herencia cristiana
–cuestión que no ha dejado de plantear multitud de contradicciones–,
no podrán mantener un diálogo a varios niveles con sus
minorías, a fin de poder incorporarlas a la corriente principal
a todos los niveles: político, económico y religioso. Sin
embargo, el futuro de Europa como una harmoniosa sociedad multicultural
o bien como una sociedad desigual donde la asimilación es impuesta
dependerá de hasta qué punto la opinión pública
y las instituciones de los estados europeos acepten la realidad de sus
actuales sociedades multiculturales. BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
NOTAS.- [1] Fuente: http://www.ips.org.pk/islam-and-the-west/1311-multiculturalism-and-islam-in-europe.html Publicado en Policy Perspectives, vol. 7, nº 1, especial 2010. Traducción y adaptación al castellano elaboradas por el equipo de traductores de Alif Nûn . Si no se indica lo contrario, todas las notas son de la Redacción de Alif Nûn . [2] Shireen M. Mazari es una experta en ciencias políticas nacida en Pakistán . Es responsable de asuntos exteriores del partido político Pakistan Movement of Justice y editora del diario The Nation , y ha sido directora del The Institute of Strategic Studies de Islamabad (Pakistán). [3] Para más información sobre la problemática del velo islámico o hiyab , véase Katjia Torres / Juan Antonio Pacheco, Disquisiciones sobre el velo islámico , Arcibel, Sevilla, 2008; Allegra Stratton, Muhayababes: Chicas con velo , 451 Editores, Zaragoza, 2009; Angeles Ramírez, La trampa del velo , La Catarata, Madrid, 2011; VV.AA., El velo elegido , El Roure, Barcelona, 2008. [4] Para más información sobre la situación de la comunidad musulmana en Francia, véase Abdel Iskandar y Hakem Rustom, “ Desde París hasta El Cairo: resistencia frente a la aculturación ”, revista Alif Nûn nº 87, noviembre de 2010. [5] Michelle Goldberg, Burqa Politics in France, 2009. (Nota de la autora). [6] Dichas leyes fueron abolidas en 2008 en Inglaterra y Gales, pero todavía están vigentes en Escocia e Irlanda del Norte. [7] Sobre la situación de los musulmanes en la antigua Yugoslavia, véase M. Ali Kettani, “ El Islam en los Balcanes y el Estado yugoslavo ”, revista Alif Nûn nº 54, noviembre de 2007. [8] Este es el caso, por ejemplo, de Albania. Para más información, véase Olsi Jazexhi, “ Albaneses e Islam: entre la existencia y la extinción ”, revista Alif Nûn nº 54, noviembre de 2007. [9] Para más información, véase Shireen Mazari, Terrorism: A Consequence of Globalization? , 2002. (Nota de la autora). [10] Mackey, The Iranians: Persia, Islam and the Soul of a Nation , p. 384. (Nota de la autora). [11] Desde finales de 2005, las llamadas “caricaturas de Mahoma” se han convertido en el centro de una importante controversia social y política, luego de que el 30 de septiembre del mismo año se publicaran doce caricaturas satíricas en torno a la figura del profeta Muhammad. En una de ellas se dibuja al Profeta con una bomba escondida dentro de su turbante. Los dibujos fueron impresos por el periódico danés de derechas Jyllands-Posten . [12] Para más información sobre dicha cuestión, véase Patrick Haenni, Los minaretes de la discordia , Icaria, Barcelona, 2011. [13] BBC, “Holocaust Denier Irving is Jailed,” 20 de febrero de 2006. (Nota de la autora). [14] Este también es el caso de la legislación francesa, la cual, a través de leyes como la Fabius-Gayssot del 13 de julio de 1990, prohíbe la difusión pública de cualquier versión sobre el Holocausto que no concuerde exactamente con la oficial. En virtud de dicha ley se procesó y condenó al filósofo francés Roger Garaudy al pago de una multa y a pena de prisión, por la publicación de su libro titulado Los mitos fundacionales del estado de Israel . En España fue famosa en julio de 2007 la prohibición por orden judicial de uno de los números de la revista satírica El Jueves, acusada de atentar contra la imagen de la monarquía española. A Portada |
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