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ISSN 1695-1751                                                                       Número 96 - Septiembre.2011 Shawwal 1432 
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Estimados lectores:

    Cuando la canciller alemana Angela Merkel afirmó en octubre de 2010 que el intento de crear una sociedad multicultural en Alemania “ha fracasado por completo”, estaba sacando a la luz pública, al más alto nivel político, una poderosa corriente de opinión que ha atravesado Europa en particular, y Occidente en general, desde hace muchos siglos. Partiendo de la idea del “bárbaro”, tan popular en la cultura grecolatina, y pasando luego por la idea del “gentil” o del “pagano”, tomada de la cultura judeocristiana, Occidente ha tenido un verdadero problema para relacionarse con aquellos a los que ha considerado diferentes. Lo cierto es que las sociedades occidentales, y sobre todo las europeas, poseen una escasa tradición en lo que se refiere a la convivencia entre diversos colectivos étnicos y/o religiosos. A diferencia, por ejemplo, de numerosas sociedades islámicas y de otras muchas sociedades orientales, las cuales, desde su mismo inicio, fueron un crisol de culturas, idiomas y religiones, la tradición europea hasta después de la Segunda Guerra Mundial fue la de la uniformidad cultural y religiosa. Se ha de recordar que las llamadas “herejías” cristianas, perseguidas con saña en Europa, buscaron refugio en territorio islámico y, de hecho, grupos cristianos como monofisitas o nestorianos, en su momento numerosos en Occidente, solo sobreviven hoy en día en países musulmanes de Oriente Medio como Siria o Irán. Por otra parte, las persecuciones contra judíos y musulmanes han asolado Europa desde la Edad Media y las guerras de religión entre los propios cristianos europeos durante el Renacimiento crearon estados nacionales que buscaban imponer una única versión de la religión cristiana, ya fuese católica o protestante. Solo después de la Segunda Guerra  Mundial, las sociedades europeas comenzaron a recibir contingentes significativos de poblaciones con diversas culturas y religiones –la razón de esto es obvia, y está más relacionada con la necesidad de mano de obra para reconstruir económicamente los países asolados por el conflicto que con la filantropía o los derechos humanos. En cuanto a las sociedades occidentales del Nuevo Mundo, si bien convivieron con esa diversidad cultural y religiosa desde mucho antes que las europeas –lo cual resulta lógico, pues eran sociedades en pleno proceso de construcción, formadas en su gran mayoría por inmigrantes de diversos lugares del mundo–, no tuvieron ningún reparo en acabar con la cultura, la religión e incluso la vida de los aborígenes americanos, protagonizando uno de los mayores genocidios de la historia de la humanidad.
         En el número de Alif Nûn de este mes abordamos el tema del multiculturalismo en las sociedades occidentales, y más en concreto, las dificultades y problemas de integración y adaptación de los musulmanes europeos y estadounidenses. El primer artículo se centra en definir el estatus de las comunidades musulmanas europeas y en las crecientes dificultades a las que se han enfrentado éstas desde los atentados del 11-S. El segundo artículo del mes es una entrevista con el profesor suizo de origen egipcio Tariq Ramadan, en la cual habla sobre diversos temas como su modo de entender la ciudadanía europea, su concepto de la sharia y los defectos de una interpretación literal del Corán. El tercer artículo nos acerca a la percepción que tiene la opinión pública estadounidense acerca de árabes y musulmanes, y cómo ésta se refleja en la literatura, el cine y los medios de comunicación de aquel país. Para terminar, el cuarto y último artículo de este mes profundiza en las dificultades de comprensión mutua y los posibles puentes de entendimiento entre dos ideologías como son el orientalismo occidental y el Islam liberal.



La Dirección.


        ¿Qué es el multiculturalismo? Es evidente que se trata de lo contrario a la asimilación y que se refiere a la existencia de varios grupos culturales o étnicos en la sociedad, todos ellos funcionando dentro de su diversidad y reflejando una sociedad heterogénea. En Europa, el multiculturalismo debe estudiarse a dos niveles: primero, el de la existencia privada y cotidiana de los ciudadanos, y segundo, el de la opinión pública y los organismos responsables de tomar decisiones de carácter institucional, tales como parlamentos, ayuntamientos, administraciones públicas, etc.
         En el primer nivel, el multiculturalismo se ha convertido de hecho en una parte de la vida diaria en la mayoría de los estados europeos, y ciertamente no puede revertirse esta situación. Sin embargo, esta vida diaria se ha vuelto más difícil para los diversos grupos etno-culturales que intentan desarrollar sus vidas dentro de sus respectivas tradiciones culturales, a causa de los problemas que surgen en el segundo nivel, el de la opinión pública y los organismos que adoptan decisiones de carácter institucional.

       

    Tariq Ramadan es considerado por muchos como uno de los intelectuales más influyentes de Europa. En esta entrevista con Claudia Mende, el académico musulmán suizo habla sobre su modo de entender la ciudadanía europea, su concepto de la sharia y los defectos de una interpretación literal del Corán.
    Usted argumenta que las mujeres deberían participar más activamente en las mezquitas y en los debates teológicos. ¿Diría, entonces, que una mujer tiene derecho a dirigir la oración del viernes?
  
 

        El cómico estadounidense de origen árabe Dean Obeidallah dice en uno de sus espectáculos: “Hoy por hoy, estamos tan encasillados como grupo racial que no hace mucho tiempo oí decir a un corresponsal de la CNN que ‘los árabes son los nuevos negros’”. Obeidallah continúa:

“Cuando me enteré –debo ser honesto– me sentí emocionado. Me dije, ‘¡Dios mío, estamos de moda!’ Antes de que nos demos cuenta, las mujeres asiáticas marchosas dejarán de salir con tipos negros y empezarán a salir con árabes. Los chicos blancos de los suburbios, en lugar de actuar y de vestir como los negros para ser enrollados, ahora se harán pasar por árabes....tunearán su coche para que parezca un taxi,  se vestirán como árabes y algunos cubrirán su cabeza al estilo árabe tradicional...inclinados un poco hacia un lado, se acercarán unos a otros diciendo ‘¿qué pasa, Mustafa? ¿qué es lo que mola? ¡lo árabe, claro!’”       


        Empezaré esta charla narrándoles la historia de un español que vivía en la ciudad marroquí de Tánger. Un día fue a ver al presidente del consejo local de ulemas [sabios, sg. 'alim]  y le dijo: “me siento atraído por su religión y la habría adoptado ya de no ser por una cuestión que me preocupa.”

“¿Cuál es?”, pregunto el 'alim.
“Soy músico de profesión –respondió el español– y el Islam prohíbe la música”.
“¿Quién te dijo eso?”, replicó el 'alim, enojado. El aspirante a converso no respondió, simplemente sacó del bolsillo una hoja de papel y se la dio al religioso, quien la leyó y lo comprendió todo. Era el anuncio de un libro publicado recientemente por un profesor local. El 'alim comenzó a explicar con paciencia que el libro tenía cinco siglos de antigüedad y que trataba sobre una controversia teológica conocida como  “la disputa del sama’”, en la cual se discutía la manera en que el Corán debía ser leído en público. Lo que estaba prohibido, al menos a los ojos de algunos clérigos, era cantar los versículos del mensaje divino, pues el oyente podría sentirse más atraído por la música que por el significado de las palabras. Sin embargo, para el 'alim pronto quedó claro que estaba hablando en vano. Su visitante había descubierto en el artículo exactamente lo que estaba esperando encontrar: un Islam más riguroso, severo y duro que su propia religión. De lo contrario, su conversión no tendría sentido. El tipo de Islam que el 'alim le estaba ofreciendo –sencillo, moderado, conciliador, ingenioso y sutil– no era el verdadero.

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ADIVINANZA DE GACELA

En dos cosas -adivina-
eres una caracola:
en resonancia marina
y en tu revuelo de ola.

En dos cositas, mi cielo,
eres una mariposa:
en el iris de tu vuelo
y en el beso que se posa.


                                                                                     " El Diván de las Gacelas "
                                                                                       _ [Omar Ben Yúsuf]
                                                   
 

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