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ISSN 1695-1751                                                                           Número 95 - Julio.2011 Shaban 1432 
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Estimados lectores:

    Se dice que la actividad más noble de la razón es la de reconocer sus propios límites. No parece ser éste el caso del mundo moderno, pues a partir del Renacimiento europeo, el ser humano ha otorgado a la razón discursiva un valor absoluto y ha desterrado de su horizonte vital cualquier otro medio de adquirir conocimiento. En el pensamiento dominante de hoy en día, la revelación y la intuición intelectual han desaparecido de los tratados filosóficos y metafísicos (si es que en la actualidad se puede hablar de una disciplina como la metafísica) y han pasado a ser consideradas como simple magia y superstición o, en el mejor de los casos, como un puro sentimentalismo que nada tiene que ver con el auténtico conocimiento.
     Sin embargo, hubo un tiempo en el que las grandes civilizaciones tradicionales, entre ellas la islámica, si bien consideraron la razón discursiva como una parte integrante de la gran jerarquía del conocimiento, no la situaron en la cúspide de dicha jerarquía. Tenían la certeza de que la razón solo tiene acceso a un determinado aspecto de la realidad y que las grandes cuestiones de la existencia humana no pueden ser abordadas únicamente con el uso de la razón, pues ésta no dispone de las herramientas adecuadas para llevar a cabo tal labor por sí misma.
     En el presente número de Alif Nûn analizaremos desde diversos enfoques el papel de la razón discursiva en el entorno islámico tradicional y veremos cómo dicha razón se integra en la jerarquía del conocimiento, desde la mera experiencia de los sentidos hasta la más elevada intuición espiritual. En el primero de los artículos de este mes se plantea hasta qué punto podemos hablar de racionalismo en el pensamiento islámico y cuáles son los límites de éste a la hora de conocer a Dios. El segundo artículo del mes estudia la relación entre el intelecto y la intuición desde la perspectiva islámica tradicional, y compara las diversas posturas sobre este tema adoptadas por distintas escuelas de pensamiento islámico. El tercer artículo se centra en dos de estas escuelas, la filosofía y el sufismo, y en los métodos para adquirir conocimiento desarrollados por ambas. Sin abandonar el sufismo, el cuarto artículo del mes nos introduce en la dimensión no racional (que no irracional) de la poesía en general y de la poesía sufí en particular, y el papel de elementos como el ritmo y la metáfora para transmitir de forma directa el significado del poema.
     Para terminar, quisiéramos felicitar por adelantado a todos los musulmanes que, Dios mediante, celebrarán durante el próximo mes de agosto el ayuno de ramadán. A todos ellos les deseamos un mes de ramadán repleto de bendiciones. Por nuestra parte, solo nos queda despedirnos hasta el mes de septiembre.

La Dirección.


        Las personas religiosas aprecian sus creencias y es natural que les guste pensar que su fe es perfectamente razonable; los musulmanes no son una excepción. De ahí que las religiones tiendan a idear dogmas racionalizados y a desarrollar sus propias tradiciones filosóficas. Para los musulmanes, las áreas de la interpretación coránica y de la ley islámica también incorporan argumentos lógicos como base de su metodología. Así pues, parece natural que los creyentes asuman que su enfoque religioso es completamente racional. Sin embargo, un marco estrictamente lógico crea problemas en el contexto de una religión monoteísta como el Islam.  Un ejemplo claro de esa dimensión no racional del monoteísmo es conocido por los filósofos occidentales como “el problema del mal”; examinar esta cuestión puede ayudarnos a ver cuál es el verdadero lugar que debe ocupar la razón en el Islam. El hecho es que la creencia religiosa es algo más que un dogma racionalista. Para los creyentes constituye una afirmación existencial que los ayuda a vivir bien. Pero “vivir bien” es una experiencia subjetiva, no una experiencia lógica; de ahí que la fe adquiera una dimensión no racional. Naturalmente, los resultados de esta investigación tendrán repercusiones importantes en las áreas de la filosofía y la ley islámicas.
        Que existe un cierto grado de racionalidad en el Islam está fuera de toda duda. En esencia, cualquier religión basada en unos textos requiere de cierta lógica. Por definición, los musulmanes deben deducir el Islam a partir del Corán, su fuente revelada. Esta proceso de deducción, ya sea para definir la teología islámica o la ley, debe estar basado en la lógica. La lógica es el único método que garantiza que las leyes y la teología resultantes “tengan sentido” y no contradigan sus raíces coránicas ni se contradigan entre sí. Por lo tanto, es difícil imaginar que los musulmanes estén dispuestos a renunciar por completo a la lógica en su práctica religiosa. Basta decir, entonces, que gran parte del Islam tal y como lo conocemos depende del uso de la razón.



        En un mundo donde el intelecto se ha convertido en sinónimo de razón y la intuición equivale a un sexto sentido de carácter “biológico” dedicado a predecir acontecimientos futuros, resulta difícil comprender qué pueden significar el intelecto y la intuición –estas dos facultades clave en las que se basa en conocimiento– en el contexto del pensamiento islámico. Para entender el significado de estos términos en el universo islámico tradicional, donde la luz del Uno domina toda multiplicidad y la multiplicidad siempre se ve a la luz de la Unidad, es necesario examinar la terminología exacta empleada en los idiomas islámicos, sobre todo el árabe y el persa, para referirse a conceptos como el intelecto y la intuición.
 

        La revelación islámica contiene un mensaje para la humanidad dividido en tres niveles que se manifiestan como al-islam (sumisión), al-iman (fe) y al-ihsan (virtud o perfección espiritual). Estos niveles se basan en un hadiz en el que el arcángel Gabriel se le apareció al Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) con el aspecto de un hombre joven y le preguntó sobre el significado de estos tres aspectos o dimensiones del mensaje islámico. Estas tres dimensiones que forman la jerarquía inherente de la religión islámica también son conocidas como shari‘ah  (la ley), tariqah (la senda) y haqiqah (la verdad). Es la presencia de esta jerarquía básica en el mensaje islámico la que ha conducido a lo largo de la historia a diversas interpretaciones de un mismo mensaje divino. El proceso de formación de las distintas interpretaciones y de los múltiples enfoques intelectuales de la revelación islámica finalmente trajo consigo el nacimiento de varias escuelas de pensamiento en el Islam.
        En este artículo examinaremos la relación entre dos escuelas de pensamiento que se consideran vecinas: el sufismo y la filosofía. Nuestro análisis se centrará en sus interacciones y en las consecuencias de dicha interacción a lo largo de la historia intelectual islámica.


        No es de extrañar que la música, y sobre todo la poesía, ocupen un lugar tan importante en las enseñanzas de los sufíes y en su manera de entender la salvación o el encuentro con lo Divino. La percepción general de los sufíes acerca de la realidad es intrínsicamente poética; no es solo que parezca ser análoga al cosmos concebido por una imaginación poética en el sentido más general del término, sino que parece plasmar verdaderamente esa versión de la realidad.
           Permítanme hacer algunas observaciones sobre lo que realmente es la poesía, y luego podremos ver cómo ésta se alinea y entrecruza con la visión sufí “Revista sufí”] del mundo. Gran parte de lo que sigue puede parecer tremendamente obvio o evidente, pero mi experiencia es que, cuando se trabaja con problemas más complejos, siempre resulta de vital importancia mantener claramente a la vista los fundamentos y los hechos básicos, así como nuestro modo de interpretar la cuestión; de lo contrario, el asunto empieza a complicarse y a alejarse de su origen, lo cual, según los místicos, es el principal problema al que debemos enfrentarnos.


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LA MENTE ENLOQUECIDA

A través del amor llegué a un lugar
donde no queda rastro del amor,

donde toda riqueza de "yo" y "tú" y toda imagen de existencia
fueron aniquiladas del recuerdo por una única pasión.

Nada se sabe sobre mí aquí donde yo estoy,
porque no hay aquí ciencia ni voluntad alguna.

Porque en esa morada, perplejo está el amor
y la mente es aquí una extraña diciendo cosas vanas.

También yo soy un pobre que no ha dejado huellas,
soy un menesteroso que se perdió a sí mismo.

Libre de la fidelidad y la infidelidad,
extraño para sí y para el conocido.

Sólo esto me reprocho;
que todavía algún eco llegue desde mí.

Afligido por el recuerdo de Nurbakhsh, repito:
"Te fuiste un día y no sé dónde estás".



                                                                                     " Diwan de poesía sufí "
                                                                                       _  [ Javad Nurbakhsh ]
                                                   
 

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