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Estimados lectores:
Se dice que la actividad más noble de la
razón es la de reconocer sus propios límites. No parece
ser éste el caso del mundo moderno, pues a partir del Renacimiento
europeo, el ser humano ha otorgado a la razón discursiva un valor
absoluto y ha desterrado de su horizonte vital cualquier otro medio de
adquirir conocimiento. En el pensamiento dominante de hoy en día,
la revelación y la intuición intelectual han desaparecido
de los tratados filosóficos y metafísicos (si es que en la
actualidad se puede hablar de una disciplina como la metafísica)
y han pasado a ser consideradas como simple magia y superstición o,
en el mejor de los casos, como un puro sentimentalismo que nada tiene que
ver con el auténtico conocimiento.
Sin embargo, hubo un tiempo en el que las grandes
civilizaciones tradicionales, entre ellas la islámica, si bien consideraron
la razón discursiva como una parte integrante de la gran jerarquía
del conocimiento, no la situaron en la cúspide de dicha jerarquía.
Tenían la certeza de que la razón solo tiene acceso a un determinado
aspecto de la realidad y que las grandes cuestiones de la existencia humana
no pueden ser abordadas únicamente con el uso de la razón,
pues ésta no dispone de las herramientas adecuadas para llevar a
cabo tal labor por sí misma.
En el presente número de Alif Nûn
analizaremos desde diversos enfoques el papel de la razón discursiva
en el entorno islámico tradicional y veremos cómo dicha razón
se integra en la jerarquía del conocimiento, desde la mera experiencia
de los sentidos hasta la más elevada intuición espiritual.
En el primero de los artículos de este mes se plantea hasta qué
punto podemos hablar de racionalismo en el pensamiento islámico y
cuáles son los límites de éste a la hora de conocer
a Dios. El segundo artículo del mes estudia la relación entre
el intelecto y la intuición desde la perspectiva islámica tradicional,
y compara las diversas posturas sobre este tema adoptadas por distintas
escuelas de pensamiento islámico. El tercer artículo se centra
en dos de estas escuelas, la filosofía y el sufismo, y en los métodos
para adquirir conocimiento desarrollados por ambas. Sin abandonar el sufismo,
el cuarto artículo del mes nos introduce en la dimensión
no racional (que no irracional) de la poesía en general y de la
poesía sufí en particular, y el papel de elementos como el
ritmo y la metáfora para transmitir de forma directa el significado
del poema.
Para terminar, quisiéramos felicitar por
adelantado a todos los musulmanes que, Dios mediante, celebrarán
durante el próximo mes de agosto el ayuno de ramadán. A todos
ellos les deseamos un mes de ramadán repleto de bendiciones. Por nuestra
parte, solo nos queda despedirnos hasta el mes de septiembre.
La Dirección.
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Las personas religiosas aprecian
sus creencias y es natural que les guste pensar que su fe es perfectamente
razonable; los musulmanes no son una excepción. De ahí que
las religiones tiendan a idear dogmas racionalizados y a desarrollar sus
propias tradiciones filosóficas. Para los musulmanes, las áreas
de la interpretación coránica y de la ley islámica también
incorporan argumentos lógicos como base de su metodología.
Así pues, parece natural que los creyentes asuman que su enfoque religioso
es completamente racional. Sin embargo, un marco estrictamente lógico
crea problemas en el contexto de una religión monoteísta como
el Islam. Un ejemplo claro de esa dimensión no racional del
monoteísmo es conocido por los filósofos occidentales como
“el problema del mal”; examinar esta cuestión puede ayudarnos a ver
cuál es el verdadero lugar que debe ocupar la razón en el
Islam. El hecho es que la creencia religiosa es algo más que un dogma
racionalista. Para los creyentes constituye una afirmación existencial
que los ayuda a vivir bien. Pero “vivir bien” es una experiencia subjetiva,
no una experiencia lógica; de ahí que la fe adquiera una dimensión
no racional. Naturalmente, los resultados de esta investigación tendrán
repercusiones importantes en las áreas de la filosofía y la
ley islámicas.
Que existe un cierto grado de racionalidad
en el Islam está fuera de toda duda. En esencia, cualquier religión
basada en unos textos requiere de cierta lógica. Por definición,
los musulmanes deben deducir el Islam a partir del Corán, su fuente
revelada. Esta proceso de deducción, ya sea para definir la teología
islámica o la ley, debe estar basado en la lógica. La lógica
es el único método que garantiza que las leyes y la teología
resultantes “tengan sentido” y no contradigan sus raíces coránicas
ni se contradigan entre sí. Por lo tanto, es difícil imaginar
que los musulmanes estén dispuestos a renunciar por completo a la
lógica en su práctica religiosa. Basta decir, entonces, que
gran parte del Islam tal y como lo conocemos depende del uso de la razón.
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En un mundo donde el intelecto se
ha convertido en sinónimo de razón y la intuición equivale
a un sexto sentido de carácter “biológico” dedicado a predecir
acontecimientos futuros, resulta difícil comprender qué pueden
significar el intelecto y la intuición –estas dos facultades clave
en las que se basa en conocimiento– en el contexto del pensamiento islámico.
Para entender el significado de estos términos en el universo islámico
tradicional, donde la luz del Uno domina toda multiplicidad y la multiplicidad
siempre se ve a la luz de la Unidad, es necesario examinar la terminología
exacta empleada en los idiomas islámicos, sobre todo el árabe
y el persa, para referirse a conceptos como el intelecto y la intuición.
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La revelación islámica
contiene un mensaje para la humanidad dividido en tres niveles que se manifiestan
como al-islam (sumisión), al-iman (fe) y al-ihsan
(virtud o perfección espiritual). Estos niveles se basan en un hadiz
en el que el arcángel Gabriel se le apareció al Profeta (la
paz y las bendiciones sean con él) con el aspecto de un hombre joven
y le preguntó sobre el significado de estos tres aspectos o dimensiones
del mensaje islámico. Estas tres dimensiones que forman la jerarquía
inherente de la religión islámica también son conocidas
como shari‘ah (la ley), tariqah (la senda) y haqiqah
(la verdad). Es la presencia de esta jerarquía básica en
el mensaje islámico la que ha conducido a lo largo de la historia
a diversas interpretaciones de un mismo mensaje divino. El proceso de formación
de las distintas interpretaciones y de los múltiples enfoques intelectuales
de la revelación islámica finalmente trajo consigo el nacimiento
de varias escuelas de pensamiento en el Islam.
En este artículo examinaremos
la relación entre dos escuelas de pensamiento que se consideran vecinas:
el sufismo y la filosofía. Nuestro análisis se centrará
en sus interacciones y en las consecuencias de dicha interacción a
lo largo de la historia intelectual islámica.
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No es de extrañar que la
música, y sobre todo la poesía, ocupen un lugar tan importante
en las enseñanzas de los sufíes y en su manera de entender
la salvación o el encuentro con lo Divino. La percepción general
de los sufíes acerca de la realidad es intrínsicamente poética;
no es solo que parezca ser análoga al cosmos concebido por una imaginación
poética en el sentido más general del término, sino que
parece plasmar verdaderamente esa versión de la realidad.
Permítanme hacer
algunas observaciones sobre lo que realmente es la poesía, y luego
podremos ver cómo ésta se alinea y entrecruza con la visión
sufí “Revista sufí”] del mundo. Gran parte de lo que sigue
puede parecer tremendamente obvio o evidente, pero mi experiencia es que,
cuando se trabaja con problemas más complejos, siempre resulta de vital
importancia mantener claramente a la vista los fundamentos y los hechos básicos,
así como nuestro modo de interpretar la cuestión; de lo contrario,
el asunto empieza a complicarse y a alejarse de su origen, lo cual, según
los místicos, es el principal problema al que debemos enfrentarnos.
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LA MENTE ENLOQUECIDA
A través del amor llegué a un lugar
donde no queda rastro del amor,
donde toda riqueza de "yo" y "tú" y toda imagen de existencia
fueron aniquiladas del recuerdo por una única pasión.
Nada se sabe sobre mí aquí donde yo estoy,
porque no hay aquí ciencia ni voluntad alguna.
Porque en esa morada, perplejo está el amor
y la mente es aquí una extraña diciendo cosas vanas.
También yo soy un pobre que no ha dejado huellas,
soy un menesteroso que se perdió a sí mismo.
Libre de la fidelidad y la infidelidad,
extraño para sí y para el conocido.
Sólo esto me reprocho;
que todavía algún eco llegue desde mí.
Afligido por el recuerdo de Nurbakhsh, repito:
"Te fuiste un día y no sé dónde estás".
"
Diwan de poesía sufí
"
_ [
Javad Nurbakhsh
]
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