VALORES MORALES ISLÁMICOS

Mohammed Chakor [1]

                                                         

La ética islámica se basa en la moral coránica y en la sunna (zuna). El Corán es la palabra increada, el Libro Sagrado, cuya enseñanza es obligatoria para todos los musulmanes. Tiene un carácter doctrinal, moral, legal, civil, penal, constitucional y económico, de modo que no se puede tildar a la moral coránica de simple moral religiosa, puesto que no tiene por finalidad solamente la relación del hombre con Dios, sino que abarca, asimismo, los más variados aspectos de la actividad humana: bondad, malicia, deberes y obligaciones, derechos, castigos, responsabilidad, etc.

La ética no es un castigo. Obrar con moralidad es respetar la dignidad humana. La moral combate y pone en fuga las tentaciones, las debilidades y la injusticia. Esclarece también la mente para que ésta juzgue y actúe con equidad y discernimiento. La justicia debe ser aplicada sin discriminación, tanto a uno mismo como al prójimo, tanto a propios como a extraños, tanto a los poderosos como a los débiles, tanto a la comunidad musulmana como a la que no lo es. Estas palabras pertenecientes al jurisconsulto Ibn Hanbal son elocuentes y esperanzadoras:

    “Cada vez que la justicia progrese, la injusticia retrocederá otro tanto, hasta el extremo de que la justicia sólo forjará en adelante hombres justos".
    Muhammad , el mensajero de Dios, preceptúa normas morales para ahorrar sufrimiento al hombre:

    “Dios ha establecido límites que no hay que rebasar; ha prescrito deberes que no hay que descuidar; ha instituido prohibiciones que no hay que violar; pero también ha omitido ciertas cosas, no por olvido, sino por piedad hacia vosotros. Así pues, respecto a tales cosas, no indaguéis demasiado” (hadiz narrado por el exegeta Tabari, Tafsir , tomo VII, pág. 55).

    No hay que interpretar este dicho del Profeta como una restricción de la libertad humana, ni tampoco como un rechazo a la investigación científica que tiene que estar al servicio del ser humano.

    El Dr. Muhammad Abdellah Draz, profesor de la prestigiosa universidad islámica de Al-Azhar, en El Cairo , escribe en la introducción de su obra La morale du Corán , aparecida en 1951 en París:

    “Bajo el vocablo genérico de ley moral, distinguimos como todo el mundo dos ramas diferentes: teoría y práctica. [...] Nuestro estudio del texto coránico nos ha revelado, no solamente la presencia en el Corán de estas dos ramas de la ciencia ética, sino, más aún, la fórmula que alcanza tal grado de perfección, que no deja nada que desear. [...] Para describir la moral coránica no basta con decir que ha conservado o consolidado el patrimonio de los antiguos y que ha conciliado los diferentes puntos de vista que habían dividido a sus sucesores. Hay que añadir que ha ampliado y embellecido este edificio sagrado, agregándole capítulos nuevos y altamente progresivos, por medio de los cuales ha completado para siempre la obra moral. [...] La legislación coránica ha logrado alcanzar una doble perfección que difícilmente conciliable: suavidad en la firmeza, progreso en la estabilidad, matiz en la unidad. De esta forma, ha permitido al alma humana ganarse una doble felicidad, igualmente antinómica: sumisión en la libertad, holgura en la lucha, iniciativa en la continuidad.”

En los tratados de moral general escritos por autores occidentales, predomina la moral grecorromana y judeocristiana, pero a partir del siglo XIX algunos sabios occidentales inician una aproximación a los preceptos morales del Corán. Por ejemplo, ya en 1826, en París, Garcin de Tassy publica un opúsculo temático titulado Doctrine Et Devoirs De La Religion Musulmane (“Doctrina y deberes de la religión musulmana”). Por su parte, Lefèvre recopila algunos textos coránicos de la traducción del Corán hecha por Savary en 1751, y los publica en 1850 con el título de Mahomet: Lois Morales, Civiles y Religieuses (“Mahoma: leyes morales, civiles y religiosas”). En el siglo XX se han llevado a cabo en Occidente serios estudios sobre la moral del Corán y los valores islámicos. Los frutos de esta obra prometedora contribuirán, sin duda, al establecimiento de un puente ético entre el Islam y el mundo judeocristiano.

La comunidad islámica crece demográfica y geográficamente con rapidez. Está integrada por numerosas naciones, pueblos, tribus y etnias, y en su seno se enfrentan corrientes ideológicas y culturales que plantean problemas de toda índole: religiosos, éticos, políticos y económicos. Esta situación no es ajena al fracaso de las experiencias emprendidas por regímenes de distinto signo en el mundo musulmán: liberalismo occidentalizante, laicismo, nacionalismo, fascismo, socialismo, comunismo, etc. Sin embargo, según el profesor Abdelhadi Boutaleb, ex director general de la ISESCO (UNESCO islámica):

    “Gracias a los diferentes mecanismos de los que dispone, el Islam está perfectamente capacitado para responder a las exigencias de las nuevas situaciones y de los múltiples desafíos que se le planteen. Adaptándose permanentemente y con vigilancia a la evolución de las sociedades, el Islam vela por la protección del interés supremo del hombre y por la preservación de lo que hay en él de esencial y fundamental.”   

El despertar islámico (asahua al-islamía) no es un simple eslogan de los fundamentalistas , sino una realidad viva y activa. Se está registrando un retorno masivo a las fuentes primigenias y una reislamización imparable. De la dinámica soterrada que hoy sacude el mundo islámico dependerá, en muchos aspectos, el porvenir internacional. 

La aceleración de la historia ha convertido el mundo en un volcán y un polvorín. La justicia y la ética no deben permitir el triunfo de la ley de la selva frente a los retos de cada día: guerras, genocidios, terrorismo , violencia , nacionalismos excluyentes, fanatismo, utilización no pacífica de la energía nuclear , avance vertiginoso de la ciencia y de la técnica con resultados no siempre positivos, generalización del consumo de drogas y alcohol, proliferación de sectas y organizaciones violentas, desavenencias norte-sur, usura, y un interminable etcétera.
La monetarización de las relaciones humanas ha desvirtuado los valores morales. El crédito como tentación y la publicidad en tanto que impulsora de necesidades superfluas son los cómplices declarados del consumo y de la usura. A este respecto, el sagrado Corán declara sin asomo de duda:

    “Dios ha autorizado el comercio y prohibido la usura.” (2:275).

La sociedad está hipotecada por la banca. Según cifras del Fondo Monetario Internacional de septiembre del 2006, el monto de la deuda externa de los países subdesarrollados se ha mantenido en torno a los 2 billones cien mil millones (2.100.000.000.000) de dólares, lo que supone que cada ciudadano tercermundista debe aproximadamente 400 dólares. Los intereses representan más de la mitad de esta suma. Si añadimos a esta explotación financiera el incesante deterioro del comercio norte-sur, entonces descubrimos que los pueblos del Tercer Mundo, casi cinco mil millones de personas, no solo no pueden abonar sus deudas, sino que cada día son más pobres. La tan nombrada refinanciación de la deuda del Tercer Mundo se hallaría en idéntica situación. Lo que verdaderamente se necesita es un sistema monetario no basado en la usura, ya que especular es enriquecerse deshonestamente a costa de los necesitados. Hay que moralizar el comercio y las finanzas.

En la sociedad industrializada y excesivamente mercantilizada, la suerte del ciudadano “de pleno derecho” no es mucho mejor que la del tercermundista. La deuda externa de la nación más rica de la Tierra, los Estados Unidos de América, que participa con un 21,4% en la producción mundial, se elevaba nada menos que a casi 8 billones novecientos mil millones (8.837.000.000.000) de dólares en 2006 (fuente: CIA World Factbook); es decir, cada norteamericano debe unos 29.000 dólares. [2] Si toda la humanidad está endeudada e hipotecada, tanto los países industrializados como lo que no, la pregunta que se impone es: ¿quién está detrás de todo esto? ¿quiénes son los amos de la cúpula financiera mundial? La respuesta es bien sencilla: es el sistema riba, o sea, la usura y los usureros. A este respecto, afirma con contundencia el sagrado Corán:

    “Lo que prestáis como usura para que os produzca a costa de la hacienda ajena, no os produce nada ante Dios. En cambio, lo que dais de azaque por deseo de agradar a Dios...Ésos son los que recibirán el doble.” (30:39).

El Islam, que condena la usura, la codicia y la avaricia, respeta la propiedad privada, pero recomienda la donación del azaque ( zakat ), que es el cuarto fundamento de la fe musulmana. Un sistema bancario exento de ganancias escandalosas y guiado por la moral y la ética nos ahorraría esas espectaculares conmociones financieras que arruinan a los más pobres. La experiencia llevada a cabo por la banca islámica es moralmente satisfactoria y está contribuyendo a la humanización del capital y a la creación de una sociedad solidaria y justa.

La revolución médica, particularmente la biología y las múltiples declaraciones internacionales (código de Nuremberg, declaración de Helsinki y la declaración de Manila, de la Organización Mundial de la Salud), así como los planteamientos de los numerosos comités de ética, invitan a una reflexión seria y serena. En el campo de la transmisión de la vida, como la inseminación artificial, la fecundación in vitro, la posibilidad de intervención y manipulación genética durante el desarrollo del embrión, la elección del sexo del feto, el aborto, la eutanasia, la clonación, la compraventa de órganos humanos y de plasma, etc., se ha creado una situación inédita. Las nuevas técnicas pueden transformar artificialmente el acto fundamental de la vida. Esta transformación afecta a las relaciones de matrimonio y las relaciones sociales, e interesa tanto a la religión como a la política, al derecho y a la propia conciencia humana. Las vacilaciones, las contradicciones y los interrogantes inquietan tanto al hombre de ciencia como al de la calle, y por vez primera contrastan con la seriedad de antaño, cuando todo estaba codificado en las leyes religiosas y el juramento de Hipócrates. [3] La deontología de la ciencia islámica es servir a la humanidad sin incurrir en la soberbia, la prepotencia y el autoendiosamiento.

Los excesos, los extremismos y los fanatismos de cualquier laya no son compatibles con el espíritu islámico:

    “Hemos hecho de vosotros [los creyentes] una comunidad moderada [alejada de los extremos], para que seáis testigos de los hombres...” (2:143).

    El mensaje islámico insiste mucho en la moderación, la tolerancia y el tawassut (el justo medio). el profesor Uzman Amin afirma que el Islam es la religión de la buena naturaleza ( dín al-fitrah al-saliha), y añade:

    “El Islam es la religión, por así decirlo, de la mesura y del justo medio; no recomienda ni relajamiento ni exceso en las prácticas religiosas; no se inclina hacia un materialismo grosero ni hacia un espiritualismo puro. Es una religión humanista en el pleno sentido de la palabra.” (Uzman Amin, citado en el boletín Encuentro nº 24, Centro de Información, Documentación y Sociología, Madrid, 1974).

    Para afrontar los desafíos de la vida moderna, el Islam recurre al iytihad (esfuerzo de razonamiento). El muytahid , persona que ejerce el iytihad, legisla según la enseñanza divina. A este respecto, el Dr. M. A. Draz escribe en su obra antes citada:

    “La distinción entre el bien y el mal, antes de ser una legislación celestial, es una revelación interior, inscrita en el alma humana. En definitiva, la virtud extrae su esencia de su propia naturaleza y de su valor intrínseco, y de este modo razón y revelación no son más que una doble luz reveladora de un mismo objeto, una doble traducción de una sola y misma realidad original, enraizada en el fondo de las cosas.”

En suma, la ética es indispensable para regir esta humanidad en plena mutación, que cuenta con valiosas fuentes de enseñanza y de sabiduría, a fin de alcanzar la deseada convivencia fraterna, a pesar de que el individualismo salvaje siempre se opondrá a ello. El gran yihad   es la moralización de la vida pública y privada. ¿Para cuándo el triunfo de la ética y de la moral?

 


NOTAS.-


[1] Periodista, escritor, hispanista y conferenciante nacido en Tetuán (Marruecos) en 1937. Desde febrero de 1985 es director del programa Tiempo de creer – Islam ( Primer programa / Segundo programa ), que emite TVE los domingos por la mañana. Es autor de numerosos artículos sobre el Islam y el mundo árabe, así como de una veintena de libros. Otros artículos del autor publicados en Alif Nûn : “ España y el Islam. Del medioevo a nuestros días ”, revista Alif Nûn nº 44, diciembre de 2006; “ La revolución del jazmín ”, revista Alif Nûn nº 92, abril de 2011. Todas las citas coránicas que aparecen en el artículo están extraídas de El Corán , (traducción  de Julio Cortés ), Herder, Barcelona, 2005. Todas las notas son del equipo de Redacción de Alif Nûn .

[2] Según la misma fuente, a fecha de 2011, dicha deuda asciende ya a casi catorce billones de dólares (13.980.000.000.000), de modo que cada estadounidense debería en la actualidad algo más de 40.000 dólares. Como puede comprobarse, la deuda de los EE.UU. es muy superior a la de todos los países tercermundistas juntos.

[3] Para más información sobre la ética médica en la época islámica clásica, véase Redacción Alif Nûn, “ El bimaristán en el mundo islámico: un precedente de los hospitales modernos ”, revista Alif Nûn nº 70, abril de 2009.


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