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VALORES MORALES ISLÁMICOS
Mohammed Chakor [1]
La ética islámica se basa en la moral coránica y en la sunna (zuna). El Corán es la palabra increada, el Libro Sagrado, cuya enseñanza es obligatoria para todos los musulmanes. Tiene un carácter doctrinal, moral, legal, civil, penal, constitucional y económico, de modo que no se puede tildar a la moral coránica de simple moral religiosa, puesto que no tiene por finalidad solamente la relación del hombre con Dios, sino que abarca, asimismo, los más variados aspectos de la actividad humana: bondad, malicia, deberes y obligaciones, derechos, castigos, responsabilidad, etc. La ética no es un castigo. Obrar
con moralidad es respetar la dignidad humana. La moral combate y pone
en fuga las tentaciones, las debilidades y la injusticia. Esclarece también
la mente para que ésta juzgue y actúe con equidad y discernimiento.
La justicia debe ser aplicada sin discriminación, tanto a uno mismo
como al prójimo, tanto a propios como a extraños, tanto
a los poderosos como a los débiles, tanto a la comunidad musulmana
como a la que no lo es. Estas palabras pertenecientes al jurisconsulto Ibn
Hanbal son elocuentes y esperanzadoras: “Cada vez que la justicia progrese, la injusticia retrocederá otro tanto, hasta el extremo de que la justicia sólo forjará en adelante hombres justos". Muhammad , el mensajero de Dios, preceptúa normas morales para ahorrar sufrimiento al hombre:
En los tratados de moral general escritos por autores occidentales, predomina la moral grecorromana y judeocristiana, pero a partir del siglo XIX algunos sabios occidentales inician una aproximación a los preceptos morales del Corán. Por ejemplo, ya en 1826, en París, Garcin de Tassy publica un opúsculo temático titulado Doctrine Et Devoirs De La Religion Musulmane (“Doctrina y deberes de la religión musulmana”). Por su parte, Lefèvre recopila algunos textos coránicos de la traducción del Corán hecha por Savary en 1751, y los publica en 1850 con el título de Mahomet: Lois Morales, Civiles y Religieuses (“Mahoma: leyes morales, civiles y religiosas”). En el siglo XX se han llevado a cabo en Occidente serios estudios sobre la moral del Corán y los valores islámicos. Los frutos de esta obra prometedora contribuirán, sin duda, al establecimiento de un puente ético entre el Islam y el mundo judeocristiano. La comunidad islámica crece
demográfica y geográficamente con rapidez. Está integrada
por numerosas naciones, pueblos, tribus y etnias, y en su seno se enfrentan
corrientes ideológicas y culturales que plantean problemas de toda
índole: religiosos, éticos, políticos y económicos.
Esta situación no es ajena al fracaso de las experiencias emprendidas
por regímenes de distinto signo en el mundo musulmán: liberalismo
occidentalizante, laicismo, nacionalismo, fascismo, socialismo, comunismo,
etc. Sin embargo, según el profesor Abdelhadi Boutaleb, ex director
general de la ISESCO (UNESCO islámica): “Gracias a los diferentes mecanismos de los que dispone, el Islam está perfectamente capacitado para responder a las exigencias de las nuevas situaciones y de los múltiples desafíos que se le planteen. Adaptándose permanentemente y con vigilancia a la evolución de las sociedades, el Islam vela por la protección del interés supremo del hombre y por la preservación de lo que hay en él de esencial y fundamental.” El despertar islámico (asahua al-islamía) no es un simple eslogan de los fundamentalistas , sino una realidad viva y activa. Se está registrando un retorno masivo a las fuentes primigenias y una reislamización imparable. De la dinámica soterrada que hoy sacude el mundo islámico dependerá, en muchos aspectos, el porvenir internacional. La aceleración de la historia
ha convertido el mundo en un volcán y un polvorín. La justicia
y la ética no deben permitir el triunfo de la ley de la selva frente
a los retos de cada día: guerras, genocidios,
terrorismo
,
violencia
, nacionalismos excluyentes, fanatismo, utilización no pacífica
de la energía
nuclear
, avance vertiginoso de la
ciencia
y de la técnica con resultados no siempre positivos, generalización
del consumo de drogas y alcohol, proliferación de sectas y organizaciones
violentas, desavenencias norte-sur, usura, y un interminable etcétera.
“Dios ha autorizado el comercio y prohibido la usura.” (2:275).
La sociedad está hipotecada por la banca. Según cifras del Fondo Monetario Internacional de septiembre del 2006, el monto de la deuda externa de los países subdesarrollados se ha mantenido en torno a los 2 billones cien mil millones (2.100.000.000.000) de dólares, lo que supone que cada ciudadano tercermundista debe aproximadamente 400 dólares. Los intereses representan más de la mitad de esta suma. Si añadimos a esta explotación financiera el incesante deterioro del comercio norte-sur, entonces descubrimos que los pueblos del Tercer Mundo, casi cinco mil millones de personas, no solo no pueden abonar sus deudas, sino que cada día son más pobres. La tan nombrada refinanciación de la deuda del Tercer Mundo se hallaría en idéntica situación. Lo que verdaderamente se necesita es un sistema monetario no basado en la usura, ya que especular es enriquecerse deshonestamente a costa de los necesitados. Hay que moralizar el comercio y las finanzas. En la sociedad industrializada
y excesivamente mercantilizada, la suerte del ciudadano “de pleno derecho”
no es mucho mejor que la del tercermundista. La deuda externa de la nación
más rica de la Tierra, los Estados Unidos de América, que
participa con un 21,4% en la producción mundial, se elevaba nada
menos que a casi 8 billones novecientos mil millones (8.837.000.000.000)
de dólares en 2006 (fuente: CIA World Factbook); es decir, cada norteamericano
debe unos 29.000 dólares.
[2]
Si toda la humanidad está endeudada e hipotecada,
tanto los países industrializados como lo que no, la pregunta que
se impone es: ¿quién está detrás de todo esto?
¿quiénes son los amos de la cúpula financiera mundial?
La respuesta es bien sencilla: es el sistema riba, o sea, la usura
y los usureros. A este respecto, afirma con contundencia el sagrado Corán: “Lo que prestáis como usura para que os produzca a costa de la hacienda ajena, no os produce nada ante Dios. En cambio, lo que dais de azaque por deseo de agradar a Dios...Ésos son los que recibirán el doble.” (30:39).
El Islam, que condena la usura, la codicia y la avaricia, respeta la propiedad privada, pero recomienda la donación del azaque ( zakat ), que es el cuarto fundamento de la fe musulmana. Un sistema bancario exento de ganancias escandalosas y guiado por la moral y la ética nos ahorraría esas espectaculares conmociones financieras que arruinan a los más pobres. La experiencia llevada a cabo por la banca islámica es moralmente satisfactoria y está contribuyendo a la humanización del capital y a la creación de una sociedad solidaria y justa. La revolución médica, particularmente la biología y las múltiples declaraciones internacionales (código de Nuremberg, declaración de Helsinki y la declaración de Manila, de la Organización Mundial de la Salud), así como los planteamientos de los numerosos comités de ética, invitan a una reflexión seria y serena. En el campo de la transmisión de la vida, como la inseminación artificial, la fecundación in vitro, la posibilidad de intervención y manipulación genética durante el desarrollo del embrión, la elección del sexo del feto, el aborto, la eutanasia, la clonación, la compraventa de órganos humanos y de plasma, etc., se ha creado una situación inédita. Las nuevas técnicas pueden transformar artificialmente el acto fundamental de la vida. Esta transformación afecta a las relaciones de matrimonio y las relaciones sociales, e interesa tanto a la religión como a la política, al derecho y a la propia conciencia humana. Las vacilaciones, las contradicciones y los interrogantes inquietan tanto al hombre de ciencia como al de la calle, y por vez primera contrastan con la seriedad de antaño, cuando todo estaba codificado en las leyes religiosas y el juramento de Hipócrates. [3] La deontología de la ciencia islámica es servir a la humanidad sin incurrir en la soberbia, la prepotencia y el autoendiosamiento. Los excesos, los extremismos
y los fanatismos de cualquier laya no son compatibles con el espíritu
islámico: “Hemos hecho de vosotros [los creyentes] una comunidad moderada [alejada de los extremos], para que seáis testigos de los hombres...” (2:143).
En suma, la ética
es indispensable para regir esta humanidad en plena mutación, que
cuenta con valiosas fuentes de enseñanza y de sabiduría, a
fin de alcanzar la deseada convivencia fraterna, a pesar de que el individualismo
salvaje siempre se opondrá a ello. El gran
yihad
es la moralización de la vida pública y privada. ¿Para
cuándo el triunfo de la ética y de la moral? NOTAS.- [1] Periodista, escritor, hispanista y conferenciante nacido en Tetuán (Marruecos) en 1937. Desde febrero de 1985 es director del programa Tiempo de creer – Islam ( Primer programa / Segundo programa ), que emite TVE los domingos por la mañana. Es autor de numerosos artículos sobre el Islam y el mundo árabe, así como de una veintena de libros. Otros artículos del autor publicados en Alif Nûn : “ España y el Islam. Del medioevo a nuestros días ”, revista Alif Nûn nº 44, diciembre de 2006; “ La revolución del jazmín ”, revista Alif Nûn nº 92, abril de 2011. Todas las citas coránicas que aparecen en el artículo están extraídas de El Corán , (traducción de Julio Cortés ), Herder, Barcelona, 2005. Todas las notas son del equipo de Redacción de Alif Nûn . [2] Según la misma fuente, a fecha de 2011, dicha deuda asciende ya a casi catorce billones de dólares (13.980.000.000.000), de modo que cada estadounidense debería en la actualidad algo más de 40.000 dólares. Como puede comprobarse, la deuda de los EE.UU. es muy superior a la de todos los países tercermundistas juntos. [3] Para más información sobre la ética médica en la época islámica clásica, véase Redacción Alif Nûn, “ El bimaristán en el mundo islámico: un precedente de los hospitales modernos ”, revista Alif Nûn nº 70, abril de 2009. A Portada |
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