CONCILIANDO EL LAICISMO CON LA LEY ISLÁMICA [1]

Imad-ad-Dean Ahmad [2]


Podemos abordar de dos maneras la compatibilidad entre el laicismo y la ley islámica. Por un lado, podemos plantearnos de qué modo o hasta qué punto es el laicismo una condición previa para un desarrollo político en democracia, y si los valores y las prácticas religiosas pueden tener cabida. Por el otro, podemos invertir la pregunta, como harían muchos musulmanes, y plantearnos de qué modo o hasta qué punto es la religión una condición previa para un desarrollo político en democracia, y si los valores y las prácticas laicas pueden tener cabida.

No pretendo parecer frívolo ni impertinente. Si el laicismo significa la ausencia de religión en la sociedad, las sociedades menos democráticas del siglo XX –la Alemania nazi, la Rusia soviética y la China comunista– responden a esta definición mucho mejor que la muy religiosa sociedad estadounidense. Para examinar la relación entre el laicismo y la religión, antes debemos definir qué entendemos por laicismo y debemos procurar distinguir entre el concepto de “sociedad” y el concepto de “Estado”.

El laicismo es compatible con la ley islámica solo si se concibe como una separación de poder entre las autoridades políticas (el gobierno) y las autoridades religiosas (la “Iglesia”), pero es incompatible con la ley islámica cuando se interpreta como una prohibición de la ética, la identidad y el sentimiento religiosos en la esfera pública.

Comparar el modelo de laicismo francés con el estadounidense ayudará a comprender este hecho. El laicismo francés implica una ausencia completa de la religión en la vida pública. Esto supone no solo la separación entre política y religión, sino la prohibición de los símbolos religiosos en el ámbito público, en cualquier situación o contexto donde pudieran ser considerados, con razón o no, como un atentado contra la primacía de la ley civil francesa, una religión laicista de ciudadanía que intenta reemplazar el papel que la religión jugaba en las sociedades premodernas, facilitando la solidaridad social. Dado que los franceses han convertido en sinónimos la nacionalidad y la ciudadanía, procuran eliminar de la esfera pública cualquier elemento –incluida la religión– que parezca competir con la idea de nacionalidad. Esa noción de laicismo ha influido en muchos lugares del mundo, entre los que se cuentan países islámicos como Turquía .

Por el contrario, en Estados Unidos existe una larga historia de participación religiosa en la política, desde la oposición a la esclavitud de algunos grupos protestantes, pasando por los colectivos religiosos que participaron en el movimiento pro derechos civiles [3] o se opusieron a la guerra de Vietnam –incluyendo al padre Robert Drinan, un sacerdote católico que fue congresista durante diez años–, hasta la “derecha religiosa” de nuestro tiempo. Solo algunos elementos marginales de entre los fundamentalistas laicos consideran esta participación como algo antipatriótico. En Estados Unidos, el laicismo equivale a la separación entre religión y Estado y al derecho a la libertad de culto. Así pues, el famoso “muro de separación entre la Iglesia y el Estado” tiene la doble función de proteger la actividad política estadounidense del dominio de cualquier institución eclesiástica, y de proteger la vida religiosa, la opinión y las creencias del poder corruptor del Estado. 

Por su parte, la concepción francesa del laicismo resulta claramente incompatible con la ley islámica, pues impide que los musulmanes se organicen de acuerdo a lo que Allah ha revelado. Además, rasgos distintivos de algunos musulmanes como el hiyab ( velo femenino ), la galabiya o la chilaba (camisas largas masculinas) son vistos a menudo como una amenaza contra la cultura francesa. [4] Por contra, en Estados Unidos, como parte de la “ensalada variada” que constituye la cultura norteamericana, se presta menos atención al modo de vestir de los musulmanes, e incluso –y esto es lo más importante– éstos pueden ajustarse en gran medida a la legislación islámica en sus propios asuntos privados y comunitarios. En Canadá, con un modelo similar al estadounidense, una provincia ha llegado a permitir que los musulmanes dispongan de sus propios tribunales para resolver los asuntos relacionados con el derecho de familia. De acuerdo a la legislación estadounidense, los contratos siempre pueden introducir cláusulas privadas que permitan a los musulmanes resolver sus diferencias dentro de su propio marco legal. Por otro lado, todos los grupos religiosos están protegidos de las decisiones gubernamentales que violen sus leyes religiosas, a menos que tales decisiones respondan a una “necesidad apremiante” para el Estado. [5]  

La legislación estadounidense es compatible con la islámica cuando aquella se concibe tal y como lo hizo Alexis de Tocqueville. Como francés que estudió la democracia en Estados Unidos, Tocqueville sería sensible a las diferencias entre el laicismo estadounidense y el francés. Observó la compleja interacción entre las poderosas fuerzas religiosas en Estados Unidos y sus prácticas democráticas. [6] La religión ejerce una influencia que aplaca los impulsos naturales del hombre hacia el interés propio, no negándolo, pero sí ejerciéndolo de manera honesta y hacia fines benévolos. [7] Según Tocqueville, “las personas religiosas son fuertes por naturaleza, justo donde las personas demócratas son débiles. Y esto demuestra lo importante que es para los demócratas conservar su religión...” [8] Por el contrario, la libertad de las sociedades democráticas modera la peligrosa tendencia hacia el fanatismo de algunas personas religiosas. De nuevo, en palabras de Tocqueville: “una religión que se vuelve cada más puntillosa, más inflexible y más insistente en una observancia de las prácticas religiosas más nimias, al mismo tiempo que las personas se vuelven más igualitarias, se verá reducida a una banda de fanáticos en medio de una multitud de escépticos. [9]  

Dado que Tocqueville no tenía un conocimiento profundo del Islam, lo identificó erróneamente con una religión caracterizada por los defectos arriba mencionados, y por eso declaró que no podría mantenerse en el mundo moderno. Su error debe ser una advertencia no solo para los occidentales que subestiman la flexibilidad y la resistencia del Islam, sino también para aquellos extremistas musulmanes que desvirtúan la religión islámica con tradiciones anacrónicas y teorías políticas marginales, ninguna de las cuales puede encontrarse en las páginas del Corán .

Por lo que aquí nos concierne, baste decir que la sociedad islámica clásica estableció un pluralismo de base religiosa, en lugar de laica. El Corán especifica las garantías para el libre ejercicio de la religión de “la gente del Libro”, obligada únicamente a pagar impuestos y a aceptar la autoridad del gobierno de los musulmanes. Esta libertad se extendió también a otros grupos religiosos incluidos de manera implícita en el Corán y de manera explicita en el ejemplo del Profeta, cuando decretó una amnistía general para los habitantes de La Meca , o en la posterior práctica habitual de los gobernantes musulmanes.

Sin embargo, no hubo separación entre religión y Estado en las sociedades islámicas del periodo clásico. Podría argumentarse que la preeminencia de la religión está implícita en la afirmación coránica de que Allah ayuda “a quienes, si les diésemos poder en la tierra, establecerían la oración (salat), [10] darían limosna ( zakat ), ordenarían el bien y prohibirían el mal” (22:41). Si aceptamos esta interpretación, la laicidad de la sociedad islámica se asemejaría a la de la sociedad británica, en la cual el gobernante es el defensor de la fe, aunque permita a sus súbditos ejercer con libertad su propia religión.  No obstante, debo decir que esa separación entre religión y Estado, aunque no es tradicional ni la exige la ley islámica, está de hecho permitida por ésta y en la práctica es más beneficiosa tanto para la política como para la religión. El establecimiento de una religión de Estado abre la puerta a la politización de la religión. [11]

El arte de la política es coercitivo por definición. El sello distintivo de su práctica exitosa es el compromiso. La religión, por su parte, es espiritual, y su sello distintivo es su capacidad para adherirse a los principios. La amenaza que las diferentes opiniones religiosas supone para el Estado puede combatirse garantizando la libertad de culto, pero la amenaza que el poder del Estado representa para la comprensión de la religión no puede ser combatida. La civilización islámica fue capaz de prosperar porque los eruditos religiosos fueron independientes del Estado durante siglos. Una vez que se convirtieron en empleados del Estado, su valor y sus méritos se marchitaron con rapidez y el declive de la civilización islámica solo fue cuestión de tiempo.

Los estadounidenses suelen ser más religiosos que los británicos. Esto debería ser prueba suficiente de que la religión oficial no es ninguna garantía de una mayor religiosidad entre el pueblo. En Arabia Saudí , el establecimiento de una religión de Estado ha dado como resultado el triunfo de una sola interpretación del Islam, incluso sobre las cuatro escuelas de jurisprudencia tradicionales, [12]   una comprensión estrecha de miras de la ley religiosa que se ha convertido en una vergüenza para los musulmanes de todo el mundo y que ha inspirado imitaciones grotescas como el difunto y no llorado régimen talibán en Afganistán .

Conciliar la ley islámica con un gobierno laico es fácil para nosotros, los musulmanes que vivimos en Estados Unidos. El gobierno estadounidense es laico y nosotros solo debemos proponernos vivir nuestras vidas conforme a la ley islámica, creando nuestras propias instituciones (escuelas, centros islámicos, servicios sociales y organismos de arbitraje), de acuerdo a nuestra comprensión de esta ley. Más difícil es saber cómo una sociedad de mayoría musulmana puede establecer un gobierno compatible tanto con la shari‘ah como con la idea estadounidense de laicismo.

En mi opinión, esto se logra a través del pluralismo islámico . Hablar de democracia islámica no es una contradicción. Democracia significa gobierno del pueblo y un gobierno islámico es aquél que cumple con la ley islámica. Un gobierno sensible a los deseos de su pueblo, si éste desea que su gobierno cumpla con la ley islámica, será una democracia islámica. Una sociedad verdaderamente libre no es una sociedad de individuos atomizados gobernada por un Estado todopoderoso; es una sociedad con estructuras intermedias como la familia, las asociaciones vecinales y profesionales, las instituciones religiosas, los sindicatos, etc., capaces de proteger al individuo frente al Estado. [13] Desde mi perspectiva, el Estado nacional es una institución muy limitada, con funciones muy específicas como la defensa nacional, servir como tribunal de última instancia, supervisar la emisión de moneda y evitar que cualquiera de las instituciones intermedias usurpe el derecho a la libertad y la dignidad de los ciudadanos y la responsabilidad directa de éstos ante su Creador. Una sociedad islámica es aquélla en la que no hay intermediarios entre el creyente y su Señor. Nadie, y menos el Estado, puede asumir la responsabilidad por nuestros actos individuales.

Para que una democracia islámica satisfaga las necesidades de un gobierno laico sería apropiado seguir el modelo islámico del pacto de Medina, el cual permitió a las minorías no musulmanas gobernarse por sus propias leyes religiosas, y extender este modelo para incluir entre los dhimmi [protegidos] a grupos no especificados por la tradición, e incluso a grupos no religiosos, los cuales tan solo debían pagar la yizyah [impuesto especial] a cambio de no realizar el servicio militar, [14] y someterse a la autoridad del Estado en sus disputas con otros colectivos distintos al suyo, mientras mantenían el control de sus asuntos internos, de acuerdo a sus propias costumbres. [15] Es necesario que esta garantía de autonomía para los grupos dhimmi sea parte constitutiva de la sociedad, con el fin de evitar que la mayoría pueda volverse hostil hacia las minorías y arrebatarles dicha autonomía cuando, por ejemplo, un miembro de una minoría participa en algún atentado contra la mayoría o la ofende de cualquier otra forma. Esto resultó ser un problema cuando Egipto , por ejemplo, despojó a los judíos egipcios de su nacionalidad en represalia por la persecución israelí contra los palestinos . [16]  

Sostenemos que las amenazas contra el estatus de los dhimmi a lo largo de la historia islámica surgen de decisiones humanas en un contexto político y cultural determinado, y no de una exigencia coránica. Afirmamos que el pluralismo islámico, basado en la creencia de que la tolerancia es un mandato divino de carácter absoluto, ofrece una base más sólida a partir de la cual las minoría pueden apelar a la mayoría para defender sus derechos que las concepciones relativistas de la tolerancia laica, las cuales son, por definición, dependientes de los caprichos de la mayoría.





NOTAS.-


[1] Traducción, extracto y adaptación del texto publicado en: http://www.minaret.org/Secular%20Government.pdf Versión en castellano elaborada por el equipo de traductores de Alif Nûn . Este artículo fue presentado en durante la Sexta Conferencia Anual del Center for the Study of Islam and Democracy, celebrada el 22 y 23 de abril de 2005 en Washington, D.C. Salvo que se indique lo contrario, todas las notas son del equipo de Redacción de Alif Nûn .

[2] Imad-ad-Dean Ahmad nació en 1948 y es un académico estadounidense de origen palestino. Imparte clases de religión y ciencias en la Universidad de Maryland y también ha impartido cursos en la Universidad de Georgetown y la Universidad Johns Hopkins. Es presidente del Minaret of Freedom Institute, organización dedicada al análisis de asuntos políticos, sociales y económicos, y de la Islamic-American Zakat Foundation, institución dedicada a atender las necesidades materiales de los pobres y necesitados en EE.UU. Otros artículos del autor traducidos al castellano: “ Islam, sharia y economía de mercado ”, revista Alif Nûn nº 93, mayo de 2011.

[3] Algunos de los colectivos más activos en la lucha por la defensa de los derechos civiles en Estados Unidos fueron las asociaciones de musulmanes negros, y su figura más carismática fue Malcolm X. Para más información, véase Megan Stine, The Story of Malcolm X, Civil Rights Leader , Dell Publishing, Nueva York, 1993.

[4] Para más información sobre la situación de los inmigrantes musulmanes en Francia, véase Abdel Isskandar y Hakim Rustom, “ Desde París hasta El Cairo: resistencia frente a la aculturación ”, revista Alif Nûn nº 87, noviembre de 2010.

[5] Estas decisiones casi siempre han sido sentencias donde el Tribunal Supremo se ha negado a proteger los lugares ceremoniales de los pueblos indígenas, para así poder implementar allí los llamados “proyectos de desarrollo”. En el asunto Sequoyah contra Tennessee Valley Authority (1980) se trataba de la inundación de la antigua capital de la nación cherokee, debido a la construcción de un proyecto de energía hidroeléctrica. En el asunto Badoni contra Higginson (1980), los ancianos navajos trataron de evitar que Rainbow Bridge, un arco natural único utilizado desde hacía mucho como lugar ceremonial, se abriera al turismo. En Wilson contra Block (1983), los ancianos hopis trataron sin éxito de impedir que se construyera una estación de esquí en una montaña sagrada y, por último, en Lyng contra Northwest Indian Cemetery Protective Associacion (1988), el Tribunal Supremo permitió que se profanaran lugares ceremoniales hoopas en California, debido a la construcción de carreteras para el transporte de troncos. El Tribunal Supremo decidió que el gobierno estadounidense tenía derecho a hacer lo que quisiera en nombre de la “necesidad apremiante del Estado”, incluso cuando eso no pareciera concordar con la garantía del “libre ejercicio de la religión”, reflejada en la Constitución de Estados Unidos.

[6] Alexis de Tocqueville, Democracy in America, (trad: George Lawrence; ed: J.P.Mayer), Harper-Collins, Nueva York, 2000, pp. 442 y sigs., 528 y sigs. (Nota del autor).

[7] Este enfoque puede apreciarse muy claramente en la ética protestante del trabajo, donde se busca “el bien colectivo a través del bien propio”.

[8] Tocqueville, op. cit ., p. 445.

[9] Ibid., p. 447.

[10] Para más información sobre la oración ritual musulmana, véase Sheij Abdul Aziz b. Abdullah b. Baaz, Cómo rezar de acuerdo a la Sunnah del Profeta , Darussalam, Arabia Saudí; Muhammad S. Adly, Hacer wudu y salaah como el Profeta , Al-Adly, USA, 2008; Dr. Abdul Jabír Muhammad, La oración en el Islam , Darussalam, Arabia Saudí, 2003.

[11] Debemos recordar que en la Europa cristiana hay en la actualidad algunas iglesias o confesiones religiosas dependientes del Estado, como la Iglesia de Noruega, la Iglesia de Inglaterra, la Iglesia de Groenlandia, la Iglesia de Suecia, la Iglesia del Pueblo Danés o la Iglesia Ortodoxa de Grecia. En el caso británico, el monarca ostenta también el título de “Gobernador Supremo de la Iglesia de Inglaterra”. Además, existen algunas leyes relativas a la religión del monarca británico: la Ley de Instauración (Act of Settlement) y la Ley de Matrimonios Reales que, entre otras cosas, prohíben que el soberano se case con una persona católica; o el Juramento de Coronación, que obliga al monarca a comprometerse en la protección de la religión anglicana.

[12] Para más información, véase Yusuf Fernández, “ El Islam y las escuelas jurídicas ”, revista Alif Nûn nº 43, noviembre de 2006.

[13] Un interesante estudio del papel de las instituciones intermedias es Grace Goodell, The Elementary Structures of Political Life: Rural Development in Pehlave Iran, Oxford, Nueva York, 1986. (Nota del autor).

[14] Es importante comprender que la yizyah es un pago por los servicios de defensa y no un recargo impuesto a los no musulmanes por su afiliación religiosa. La yizyah también es diferente a los sistemas fiscales que exigen a los ciudadanos pagar por actividades que puedan atentar contra su sensibilidad religiosa, como cuando los católicos deben pagar impuestos destinados a financiar la interrupción voluntaria del embarazo. (Nota del autor).

[15] Puede comprobarse que este modelo es muy similar al descrito anteriormente por el autor en el caso de una provincia canadiense, con la diferencia de que esta práctica ha sido la habitual durante siglos en países como Egipto o Irán, donde tribunales judíos cristianos o zoroastrianos (estos últimos, en el caso de Irán) aplican las leyes específicas de sus distintas comunidades religiosas en asuntos de familia, tal y como el matrimonio, el divorcio o la herencia, mientras que el caso canadiense es de muy reciente aplicación. Este también fue el modelo adoptado por el Imperio Otomano, a través del llamado sistema de millets .

[16] Este también fue el caso, por ejemplo, de los ciudadanos estadounidenses de origen japonés a los que el gobierno de Estados Unidos internó en campos de concentración, en represalia por la conducta del gobierno japonés durante la Segunda Guerra Mundial. Para más información, véase Gary Mukai, Teaching about Japanese-American Internment , Bloomington: ERIC Clearinghouse for Social Studies, 2000.

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