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ISSN 1695-1751                                                          Número 92 - Abril.2011 Jumada Al-Awwal 1432 
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Estimados lectores:

         Los acontecimientos se suceden y apenas somos capaces de asimilar y analizar toda la avalancha de datos (que no de información) que nos llega desde el mundo árabe. Revueltas populares, enfrentamientos armados y represión estatal monopolizan la sección de noticias internacionales en los  canales de televisión de todo el planeta. Sin embargo, da la sensación de que la situación se está “normalizando”, por decirlo de algún modo. Si en un principio se elogiaron desde muchas instancias los alzamientos árabes, describiéndolos como brotes de libertad en una zona del globo dominada por el despotismo, de un tiempo a esta parte, con el enquistamiento de la situación en muchos frentes (Libia, Siria, etc.), parece que resurgen con fuerzas renovadas las voces que, o se resignan a aceptar un status quo en el que el mal menor es la presencia de unos gobernantes corruptos e incapaces, o bien asumen plenamente que el mundo árabe es una región lastrada por una cultura y una religión incapaces de asumir y poner en práctica los valores democráticos. Así pues, en ambos casos parece aceptarse que lo mejor es que las cosas sigan como están, lo cual casi siempre significa continuar con unas relaciones de desigualdad en las que los países del mal llamado Primer Mundo puedan seguir saqueando las economías del peor llamado Tercero, mientras éste continúa “entretenido” en unos procesos de democratización que nunca terminan de cristalizar. Y es que la realpolitik parece imponerse en todos los frentes. Mientras que, por ejemplo,  un detestable dictador como Gadafi, el cual ha estado explotando a su pueblo durante más de cuarenta años, era recibido durante los últimos años con honores de gran jefe de Estado por muchos de los gobiernos europeos (a pesar de su pasado terrorista, no debemos olvidar que Gadafi había abierto el mercado libio a las grandes multinacionales occidentales y compraba armas fabricadas en Occidente por valor de muchos millones de euros), ahora es tratado como un paria por esos mismos gobiernos que le abrieron las puertas y contribuyeron a armarlo hasta los dientes. Todo lo cual demuestra que la política hace extraños compañeros de cama...y los deshace con la misma facilidad.
    En el presente numero de la revista Alif Nûn tratamos de seguir profundizando en la actual situación política y social del mundo árabe. El primero de los artículos analiza las razones por las que el autoritarismo continúa siendo una constante en los países árabes, y las posibles vías para abrir auténticos procesos democratizadores en estas naciones. El segundo artículo del mes es un breve pero apasionado alegato a favor de los actuales movimientos populares en el mundo árabe y en contra de los tiranos que pretenden acabar con ellos. El tercer artículo, segunda y última entrega del publicado el mes anterior, continúa con su denuncia de la ideología nacionalista árabe y pretende subrayar las contradicciones teóricas y prácticas de dicha ideología. Para terminar, el cuarto y último artículo nos traslada a las revueltas populares que están asolando Siria en las últimas semanas, y estudia las posibilidades de un triunfo democrático en un país donde el partido BAAZ ha monopolizado el poder durante los últimos cincuenta años.

La Dirección.
  

        Al menos desde la caída del muro de Berlín y la guerra del Golfo de 1991, los analistas han dado por cierto que Oriente Medio se encaminaba hacia la democratización. En general se han visto decepcionados por la realidad, pero no por ninguna clase de oposición de Oriente Medio a la democratización sino por factores que podemos convenir en calificar de estructurales. Una razón del fracaso de la democratización no resulta achacable simplemente a que los estados autoritarios autóctonos sean de origen monstruoso o a que sus caminos difieran abismalmente respecto de los de sus vecinos. Cuando se crearon tales estados, las condiciones estructurales necesarias para la democratización no eran favorables y las fuerzas sociales susceptibles de esforzarse por ella eran frágiles. Por otra parte, los recursos y técnicas para alumbrar regímenes de corte autoritario se hallaban al alcance de la mano.


       La “revolución del jazmín” (Túnez) y la “revolución blanca” (Egipto)  han tenido amplio eco en el mundo. Este movimiento popular de liberación va desde Mauritania a Bahrain, Yemen u Omán. Tiene un objetivo claro: derribar a los regímenes totalitarios que restringen las libertades públicas y empobrecen a los pueblos sometidos.
    Compartimos esta reflexión del gran escritor Juan Goytisolo, barcelonés de nacimiento y marraksi de adopción: “Brindemos pues con los manifestantes de El Cairo [palabra clave: cairo], Alejandría y demás ciudades egipcias que han dejado de ser súbditos de un poder opresor y corrupto y celebran hoy su victoria como recién estrenados ciudadanos”.

 

    En esta segunda parte me propongo analizar algunas de las incoherencias del nacionalismo árabe, estudiando primero tres de las posturas adoptadas por los nacionalistas árabes y refutando después tres de sus argumentos más recurrentes.


        El 31 de enero de 2011, el Wall Street Journal publicó unas palabras de Bashar al-Asad de las cuales el presidente sirio se debe de estar arrepintiendo. En una entrevista concedida a este diario, dijo que los gobernantes árabes deberían avanzar más rápido para complacer las crecientes aspiraciones políticas y económicas de los pueblos árabes. “Si no vieron la necesidad de reforma antes de lo sucedido en Egipto y Túnez, quizás sea demasiado tarde para emprender cualquier reforma”, dijo en tono de crítica  refiriéndose a sus homólogos árabes. Sin embargo, Asad llegó a asegurar que “Siria es estable. ¿Por qué? Porque estamos muy vinculados al sentir del pueblo. Esta es la cuestión principal. Cuando existe divergencia...se produce ese vacío que genera disturbios”.


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Puesto que el mundo es tal como tú lo consideres,
pon de tu parte lo que puedas y alegra tus horas.
Haz de todos los días,
haz de todas sus noches incesante verbena.
Aprovéchate de ellos antes que llegue la muerte y te sorprenda.
¿No te parece ya calamidad bastante
que el mundo siga en vida y que uno se muera?



                                                                                     "Ben Quzman"
            _  [ La Corporación de los poetas en la España musulmana ]
                                                   
 

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