Cabecera_Revista
ISSN 1695-1751                                                               Número 91 - Marzo.2011 Rabi Al-AKhar 1432 
Publicidad

@  Suscríbete a ALIF NÛN
Boton_Editorial

Estimados lectores:

      Los acontecimientos en el mundo árabe se suceden más rápidamente de lo que ningún analista político hubiera llegado a imaginar. Si el inicio de las revueltas tomó por sorpresa a la mayor parte de los politólogos y especialistas en el mundo árabe, la velocidad a la que se están produciendo los procesos de cambio y la extensión e importancia de los mismos también han ido más allá de cualquier predicción. El norte de África y Oriente Medio se están viendo sacudidos por una serie de movimientos populares que buscan la implantación de la democracia y la desaparición de la corrupción. No obstante, los agoreros de uno y otro bando no pierden la ocasión de desprestigiar y restar importancia a estos procesos democratizadores. Por un lado, las fuerzas más reaccionarias del mundo árabe acusan a los manifestantes de estar manipulados por Occidente, o incluso de estar al servicio de las potencias occidentales para derrocar a los gobiernos árabes. Curiosa acusación ésta, cuando la mayoría de estos regímenes autocráticos y corruptos ha mantenido estrechas y cordiales relaciones con las principales potencias de Occidente, incluyendo el ahora bombardeado régimen libio, que durante la última década abrió sus puestas a la inversión de capital occidental. Por otro lado, las fuerzas más retrógradas del orbe occidental afirman que estas revueltas tienen mucho más que ver con exigencias de carácter socioeconómico –en alguna tertulia de presuntos “expertos” se ha llegado a afirmar que las masas árabes “solo exigen comida”– que con un verdadero anhelo democrático. Se trata de seguir insistiendo en una especie de “incapacidad genética” de los árabes y musulmanes para emprender cualquier proceso democratizador digno de tal nombre (podríamos imaginar la reacción de esos mismos analistas si dijéramos que la Revolución Francesa se limitó a ser la protesta de unos desarrapados que solo querían alimentar a sus familias). Si bien el elemento socioeconómico tiene su importancia en todos estos alzamientos populares, ignorar la dimensión democrática de las mismas supone, en el mejor de los casos, un completo desconocimiento de la realidad árabe, y en el peor, una mala intención imperdonable.

      Así pues, el presente número de Alif Nûn continúa el análisis iniciado el mes pasado sobre las revueltas en el mundo árabe. Dos de los artículos de este mes abordan la cuestión desde un punto de vista más general, mientras los dos restantes se centran en dos países árabes en concreto: Argelia y Libia. En el primer artículo se analiza la situación política, social y económica del mundo árabe en general, para luego plantear las alternativas a dicha situación, analizando a su vez los planteamientos erróneos de Occidente con respecto al mundo árabe y los cambios de enfoque que es necesario adoptar. El segundo artículo, que se publicará en dos partes, es un duro alegato contra el nacionalismo árabe y los perjuicios que, según el autor, ha provocado esta ideología en la política, la sociedad y la economía árabes. El tercer artículo se centra en la realidad de Argelia, un país que está pasando casi desapercibido en todo este proceso democratizador en el mundo árabe, pero que oculta en su sociedad una revolución larvada que podría estallar en cualquier momento. Por último, el cuarto artículo estudia la situación del régimen libio. El texto fue escrito con ocasión del cuarenta aniversario del golpe de Estado del coronel Gadafi, celebrado en 2009. El autor denuncia la corrupción del gobierno libio, pero también la connivencia de las potencias occidentales que durante los últimos años han mirado para otro lado con respecto a lo que ocurría en aquel país, o incluso han sido cómplices del dictador libio.

La Dirección.

    La “revolución de los jazmines” en Túnez, las fuertes y constantes protestas populares en Egipto  y Libia,  así como las manifestaciones más reducidas en Argelia,  Jordania, Yemen y Sudán son la expresión de décadas de frustración entre amplios sectores de la sociedad debidas al estancamiento o el empeoramiento de las condiciones de vida, la erosión de lo que se supone una vez fueron estados del bienestar, el aumento de la desigualdad económica, la falta de respeto hacia los derechos humanos y la ausencia de cualquier forma coherente de participación política.
     Aunque menos severa que en otras partes del mundo, la pobreza está muy extendida, las clases medias están cada vez más amenazadas por el empobrecimiento, la población –sobre todo las generaciones más jóvenes – tiende a descender en la escala social en lugar de ascender, la disidencia política se enfrenta a un abanico de situaciones que va desde la asimilación a la represión y las elecciones son ridículos ejercicios para mantener en el poder a los de siempre. Aunque estos países difieren entre sí en aspectos importantes, pueden identificarse similitudes fundamentales tanto a nivel económico como político.



      La propaganda nacionalista árabe se viene manifestando cada vez más a través de diversas instituciones de muchos países árabes, sobre todo Egipto. Es bastante evidente para los observadores del movimiento islámico que una revitalización de esa idea resulta ser algo lógico, a la vista del histerismo actual en torno al famoso peligro del “fundamentalismo” islámico en el mundo árabe.  Es razonable que una idea originada entre los escritores cristianos de Oriente Medio y empleada como arma para desintegrar el Estado otomano sea ahora desenterrada para hacer frente una vez más a un Islam en alza.
    En la actualidad, el nacionalismo árabe se está usando de una manera diferente a la de Nasir o los baazistas (es decir, como un medio de enmascarar las ambiciones personales o de partido). Ahora es presentado como un credo político secular, inspirado en ciertos conceptos occidentales que sirven de marco de referencia. Estos conceptos (a saber, la modernidad, el progreso o el socialismo, además de otros menos importantes) representan tanto sus consignas para atraer a las masas como sus categorías intelectuales para analizar la realidad árabe.

 

    A mediados de febrero de 2011, depuestos ya los gobernantes autocráticos de Túnez y Egipto  y tambaleándose el de Libia,  la Coordinadora Nacional para el Cambio y la Democracia tomó las calles de la capital de Argelia. La organización, creada el 21 de enero tras una serie de disturbios en varias ciudades de todo el país, está encabezada por la Coalición para la Democracia y la Cultura, un partido de la oposición cuyos escasos seguidores son sobre todo hablantes de berebere procedentes de Argel y de la cercana región de la Cabilia. La Coordinadora también está formada por otros pequeños partidos políticos, así como la Liga Nacional para la Defensa de los Derechos Humanos, la Asociación Nacional de Familias de Personas Desaparecidas (aquellos que “desaparecieron” durante la guerra civil de los años noventa), una asociación de desempleados y muchos otros grupos. La organización exigió “el cambio y la democracia, el levantamiento del estado de excepción, la libertad política y de prensa, y la liberación de los encarcelados por haber participado en las protestas o por sus opiniones”.


    El cuarenta aniversario de la “revolución” libia de 1969 –o más exactamente, del golpe de Estado del coronel Muammar Gadafi y algunos de sus colegas y familiares– me hace recordar una conversación que tuve justo después de ese acontecimiento con un amigo que era (y sigue siendo) un alto diplomático argelino. El gobierno argelino había quedado tan sorprendido y desconcertado como el que más con la aparición de este régimen extraño, radical y excéntrico en un país hermano de África del norte. El entonces presidente argelino, Houari Boumedienne, había pedido a mi amigo que visitara Trípoli para hacer una valoración de los nuevos dirigentes.


Boton_Poema


Cuando el ruiseñor, ebrio de amor, pudo llegar al jardín
y encontró que sonreían la rosa y la copa de vino,
vino a decirme al oído, en su propia lengua:
"Aprovecha el presente. La vida que ha pasado, ya no se recupera".



                                                                                     " Rubâiyât "
                                                                                   _  [Omar Khayyâm]
                                                   
 

BOLETÍN DE NOVEDADES EDITORIALES   @ manténgase informado !


Las opiniones expresadas en los artículos representan el punto de vista de su autor y no necesariamente el del Editor.

Servicio gratuíto de la Revista Alif Nûn enviado a suscriptores de libreria-mundoarabe.com
Para suscribirse, modificar datos, darse de baja o insertar publicidad, escríba a:
AlifnunAltas@**libreria-mundoarabe.com
AlifnunBajas@**libreria-mundoarabe.com


© 2001-2011 KÁLAMO LIBROS, S.L. - MADRID  (España)