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ISSN 1695-1751                                                                 Número 90 - Febrero.2011 Rabi Al-Awwal 1432 
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Estimados lectores:

     En varias ocasiones hemos recalcado que esta publicación no desea ser un rehén de la actualidad, y que los juicios precipitados no suelen ser las mejores herramientas para analizar los procesos políticos y sociales. No obstante, hay momentos en los cuales no podemos ignorar la marea de acontecimientos que se suceden y es necesario prestarles la atención que se merecen, con la citada precaución de saber que solo una cierta perspectiva histórica nos permitirá comprenderlos en su justa medida.
     Este es el caso de los últimos sucesos que se han venido produciendo a lo largo y ancho del mundo árabe, los cuales intuimos que tendrán una gran trascendencia, aunque hoy por hoy no alcancemos a conocer todas sus consecuencias. Sin embargo, en una primera aproximación, sí podemos afirmar algo sin demasiado temor a equivocarnos: los pueblos árabes y musulmanes no parecen sufrir ninguna tara congénita que les impida comprender y practicar la democracia, como suelen proclamar los defensores del “excepcionalismo islámico” y los valedores del choque de civilizaciones, sino más bien todo lo contrario. Estas últimas semanas hemos podido presenciar cómo las masas árabes y musulmanas, desde el Atlántico hasta el Golfo, se muestran ansiosas por alcanzar una verdadera democracia y justicia social en sus respectivos países, y cómo están dispuestas incluso a dar su vida en esta empresa, si lo consideran necesario. Sin duda, las sociedades árabes y musulmanas sufren muchos problemas estructurales de carácter político y económico, pero la falta de conciencia democrática no es uno de ellos. Mucho se ha hablado sobre la incompatibilidad del Islam con la democracia y otras tantas falsedades por el estilo. Sin embargo, durante los últimos días hemos presenciado cómo los mismos manifestantes que enarbolaban la bandera de la libertad son los que a continuación rezaban en comunidad en medio de las plazas y las calles de las principales ciudades árabes. Y no nos estamos refiriendo a los representantes del llamado “Islam político”, quienes tal vez podrían querer capitalizar el descontento social en un momento dado, sino a hombres y mujeres anónimos que sencillamente están cansados de tanto nepotismo, autocracia y corrupción, y que al mismo tiempo se sienten orgullosos de su religión y su cultura.
     El primer artículo de Alif Nûn de este mes, avanzado hace algunos días, se centra en la revuelta popular en Egipto, el país más poblado del mundo árabe y una referencia cultural para el resto de los países árabes. El texto analiza el equilibrio de poder dentro de la política egipcia y las dificultades para emprender una verdadera reforma democrática en ese país. En nuestro segundo artículo intentamos ofrecer una perspectiva histórica y social más amplia para poder entender la dinámica de los países de Oriente Medio, en lugar de centrarnos en los acontecimientos más inmediatos. Existen numerosos factores internos que influyen en la actual situación en esa zona del globo, pero si deseamos alcanzar una visión completa del escenario político y social en la región es necesario considerar también los distintos actores externos que intervienen en la zona, y, sin duda alguna, la ingerencia de los Estados Unidos es el elemento más significativo en este entramado geopolítico de intereses. Así pues, nuestro tercer artículo del mes hace un repaso a las relaciones de la primera potencia mundial con los países de Oriente Medio y cómo dichas relaciones han influido en el devenir político, social y económico de estas naciones. El tercer artículo no abandona los Estados Unidos, pero en esta ocasión se centra en la comunidad islámica dentro de las fronteras estadounidenses. Se trata de la segunda parte del texto publicado el mes pasado, el cual analiza la influencia social de los musulmanes en los Estados Unidos y ofrece una panorámica de las distintas organizaciones islámicas presentes en el país. Para terminar, el cuarto y último artículo (segunda parte del publicado el mes anterior) no abandona las relaciones entre Occidente y el mundo islámico, y en este caso estudia la imagen de árabes y musulmanes en España y cómo el periodo histórico andalusí ha marcado las relaciones entre ambas orillas del Mediterráneo.

 

La Dirección.

      En medio del colosal levantamiento popular de 2011 en Egipto, el plan A para el régimen egipcio y la administración Obama era mantener indefinidamente en el poder a Hosni Mubarak, el presidente de Egipto. Ahora, no les queda más remedio que adoptar un plan B.
     Resulta evidente que Mubarak ya no llevaba la voz cantante cuando emitió una declaración el 1 de febrero, prometiendo dimitir en septiembre. La tarde anterior, no fue él sino su recién nombrado presidente, ‘Umar Sulayman, quien apareció en la televisión estatal para anunciar las últimas medidas del gobierno, sobre todo una oferta para negociar las líneas maestras de la transición política con las figuras de la oposición. Los líderes opositores –es decir, los dirigentes de los diversos partidos moribundos a los que el régimen ha permitido existir, aunque no organizarse, durante las tres últimas décadas– rechazaron la oferta con buen criterio. Dijeron que negociarían, pero solo después de que Mubarak haya renunciado a la presidencia y abandonado el país. En esta maniobra, confían en la capacidad de resistencia de las multitudes agolpadas en la gran Plaza Tahrir de El Cairo y en las ciudades y pueblos de todo el país, las cuales, aunque con altibajos en el número de participantes, llevan planteando las mismas exigencias desde hace más de una semana. La “marcha del millón” del 1 de febrero parece haber sellado la suerte del octogenario dictador.



      Los primeros contactos de EE.UU. con el mundo musulmán se remontan a finales del siglo XVIII, cuando, recién obtenida la independencia, el gobierno estadounidense trató de negociar acuerdos de paz con los países norteafricanos, con el objetivo de garantizar un tránsito seguro de los buques de EE.UU. por el Mediterráneo. Fue en este contexto en el que se firmó el tratado entre EE.UU. y Marruecos en 1786, el primer acuerdo firmado por EE.UU con una nación no occidental. Sin embargo, los estadounidenses nunca centraron su interés en el norte de África, y a lo largo del siglo XIX fue más bien Oriente Medio el que atrajo la atención de los misioneros norteamericanos. Además de difundir el Cristianismo, los misioneros se dedicaron a la creación de instituciones educativas, sobre todo en el Líbano, Siria y Palestina. Una de las más importantes fue el Colegio Protestante Sirio, fundado en 1866 y conocido posteriormente como la Universidad Americana de Beirut. Esfuerzos similares en Turquía condujeron a la fundación del Robert College en 1863. Ambas instituciones tuvieron un gran impacto en Oriente Medio, pues en ellas se educaron a los miembros de las élites locales.
 

        En las miserables condiciones sociales y económicas de los barrios pobres de los EE.UU., y ante la apatía del gobierno, las organizaciones musulmanas que operan en los guetos y las prisiones se implican socialmente. Como en la mayor parte del mundo islámico, donde el Estado ha fracasado a la hora de ofrecer servicios básicos y seguridad, las organizaciones musulmanas dan la cara, financian centros comunitarios, patrullan las calles y organizan a los ciudadanos.
        A medida que el Estado y el capital se retiraron de las ciudades durante la era Reagan-Bush, las instituciones y los servicios de asistencia social desaparecieron, dejando un desierto urbano. Las iglesias han sido durante mucho tiempo las únicas instituciones en el gueto, pero las instituciones islámicas han estado creciendo en los barrios afroamericanos durante las últimas dos décadas. En Central Harlem, Brownsville y East New York, áreas sin demasiadas oportunidades de empleo, han surgido docenas de mezquitas (sunníes, Nation of Islam, Five Percenter y Nuwaubian ) justo al lado de docenas de iglesias que tratan de ofrecer un poco de orden y orientación en estos barrios. En los guetos de Brooklyn (Nueva York) y Southside (Chicago), y en los barrios de East Harlem y East Los Angeles, donde hay mucha presencia policial y poca implicación de gobierno, los grupos musulmanes ofrecen servicios básicos. La Alianza Islámica de Nueva York, con sede en South Bronx, ofrece tutorías después del horario escolar, educación para quienes abandonaron la enseñanza secundaria, asesoramiento matrimonial, asesoramiento para evitar el consumo de drogas, campañas de concienciación sobre el SIDA y charlas de información sobre el Islam al cuerpo de policía de Nueva York. Dada la poca confianza en los policías de gatillo fácil, la Alianza se ha enfrentado a los pandilleros y los traficantes de drogas, enseñando artes marciales a los jóvenes para que éstos ayuden a proteger las calles del barrio



     Para España, 1992 fue un año de añoranza, inquietud y ausencia de memoria histórica. El quinto centenario de 1492 ofreció al país una oportunidad para demostrar que se había integrado en el escenario mundial y que formaba parte de Occidente. La primera conferencia de paz entre árabes e israelíes celebrada en Madrid a finales de 1991 dio inicio a las conmemoraciones, recordando al mundo la especial relación de España con judíos y árabes, y fue seguida por la Exposición Universal (EXPO) de Sevilla y los Juegos Olímpicos de Barcelona. El tratado de Maastricht de 1992 selló la integración de España en Europa, reforzando la imagen occidental de la nación, pero, el mismo año, los españoles también tuvieron que recordar la Inquisición y los descubrimientos de 1492, mediante los cuales su país lideró el ascenso de Occidente. Se recordó la figura de Cristóbal Colón, pero poco se dijo a nivel oficial sobre la expulsión de musulmanes y judíos (conocida como “la partida”), o sobre el subsiguiente genocidio en el Nuevo Mundo; la conquista de las Américas ha sido conocida eufemísticamente como “el encuentro”. En cambio, el Estado español celebró una serie de actos para reconciliarse con judíos y musulmanes. La conferencia de paz entre árabes e israelíes, una gran exposición en la Alhambra y la apertura de una mezquita en Madrid, donde el rey Juan Carlos declaró que la cultura árabe “ocupa un lugar especial en nuestro corazón”, supusieron una demostración de las nuevas relaciones con el mundo árabe. En 1992, el monarca español también se reconcilió con la comunidad judía en la sinagoga de Madrid y en Toledo, en una ceremonia llamada “Sefarad 1992”.



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Nosotros somos los infieles del amor,
ser musulmán es otra cosa.
Somos los débiles,
ser Salomón es otra cosa.
Busca entre nosotros rostros pálidos y viejos vestidos,
el bazar de los vestidos de brocado es otra cosa.



                                                                                     " Rubayats "
                                                                                   _  [Rumi]
                                                   
 

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