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a ALIF NÛN
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Estimados lectores:
En varias ocasiones hemos recalcado que esta
publicación no desea ser un rehén de la actualidad, y que
los juicios precipitados no suelen ser las mejores herramientas para analizar
los procesos políticos y sociales. No obstante, hay momentos en los
cuales no podemos ignorar la marea de acontecimientos que se suceden y
es necesario prestarles la atención que se merecen, con la citada
precaución de saber que solo una cierta perspectiva histórica
nos permitirá comprenderlos en su justa medida.
Este es el caso de los últimos sucesos
que se han venido produciendo a lo largo y ancho del mundo árabe,
los cuales intuimos que tendrán una gran trascendencia, aunque hoy
por hoy no alcancemos a conocer todas sus consecuencias. Sin embargo, en
una primera aproximación, sí podemos afirmar algo sin demasiado
temor a equivocarnos: los pueblos árabes y musulmanes no parecen
sufrir ninguna tara congénita que les impida comprender y practicar
la democracia, como suelen proclamar los defensores del “excepcionalismo
islámico” y los valedores del choque de civilizaciones, sino más
bien todo lo contrario. Estas últimas semanas hemos podido presenciar
cómo las masas árabes y musulmanas, desde el Atlántico
hasta el Golfo, se muestran ansiosas por alcanzar una verdadera democracia
y justicia social en sus respectivos países, y cómo están
dispuestas incluso a dar su vida en esta empresa, si lo consideran necesario.
Sin duda, las sociedades árabes y musulmanas sufren muchos problemas
estructurales de carácter político y económico, pero
la falta de conciencia democrática no es uno de ellos. Mucho se ha
hablado sobre la incompatibilidad del Islam con la democracia y otras tantas
falsedades por el estilo. Sin embargo, durante los últimos días
hemos presenciado cómo los mismos manifestantes que enarbolaban la
bandera de la libertad son los que a continuación rezaban en comunidad
en medio de las plazas y las calles de las principales ciudades árabes.
Y no nos estamos refiriendo a los representantes del llamado “Islam político”,
quienes tal vez podrían querer capitalizar el descontento social
en un momento dado, sino a hombres y mujeres anónimos que sencillamente
están cansados de tanto nepotismo, autocracia y corrupción,
y que al mismo tiempo se sienten orgullosos de su religión y su cultura.
El primer artículo de Alif Nûn
de este mes, avanzado hace algunos días, se centra en la revuelta
popular en Egipto, el país más poblado del mundo árabe
y una referencia cultural para el resto de los países árabes.
El texto analiza el equilibrio de poder dentro de la política egipcia
y las dificultades para emprender una verdadera reforma democrática
en ese país. En nuestro segundo artículo intentamos ofrecer
una perspectiva histórica y social más amplia para poder
entender la dinámica de los países de Oriente Medio, en lugar
de centrarnos en los acontecimientos más inmediatos. Existen numerosos
factores internos que influyen en la actual situación en esa zona
del globo, pero si deseamos alcanzar una visión completa del escenario
político y social en la región es necesario considerar también
los distintos actores externos que intervienen en la zona, y, sin duda alguna,
la ingerencia de los Estados Unidos es el elemento más significativo
en este entramado geopolítico de intereses. Así pues, nuestro
tercer artículo del mes hace un repaso a las relaciones de la primera
potencia mundial con los países de Oriente Medio y cómo dichas
relaciones han influido en el devenir político, social y económico
de estas naciones. El tercer artículo no abandona los Estados Unidos,
pero en esta ocasión se centra en la comunidad islámica dentro
de las fronteras estadounidenses. Se trata de la segunda parte del texto
publicado el mes pasado, el cual analiza la influencia social de los musulmanes
en los Estados Unidos y ofrece una panorámica de las distintas organizaciones
islámicas presentes en el país. Para terminar, el cuarto
y último artículo (segunda parte del publicado el mes anterior)
no abandona las relaciones entre Occidente y el mundo islámico, y
en este caso estudia la imagen de árabes y musulmanes en España
y cómo el periodo histórico andalusí ha marcado las
relaciones entre ambas orillas del Mediterráneo.
La Dirección.
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En medio
del colosal levantamiento popular de 2011 en Egipto, el plan A para el régimen
egipcio y la administración Obama era mantener indefinidamente en
el poder a Hosni Mubarak, el presidente de Egipto. Ahora, no les queda más
remedio que adoptar un plan B.
Resulta evidente que Mubarak ya no llevaba
la voz cantante cuando emitió una declaración el 1 de febrero,
prometiendo dimitir en septiembre. La tarde anterior, no fue él sino
su recién nombrado presidente, ‘Umar Sulayman, quien apareció
en la televisión estatal para anunciar las últimas medidas
del gobierno, sobre todo una oferta para negociar las líneas maestras
de la transición política con las figuras de la oposición.
Los líderes opositores –es decir, los dirigentes de los diversos
partidos moribundos a los que el régimen ha permitido existir, aunque
no organizarse, durante las tres últimas décadas– rechazaron
la oferta con buen criterio. Dijeron que negociarían, pero solo después
de que Mubarak haya renunciado a la presidencia y abandonado el país.
En esta maniobra, confían en la capacidad de resistencia de las multitudes
agolpadas en la gran Plaza Tahrir de El Cairo y en las ciudades y pueblos
de todo el país, las cuales, aunque con altibajos en el número
de participantes, llevan planteando las mismas exigencias desde hace más
de una semana. La “marcha del millón” del 1 de febrero parece haber
sellado la suerte del octogenario dictador.
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Los primeros
contactos de EE.UU. con el mundo musulmán se remontan a finales del
siglo XVIII, cuando, recién obtenida la independencia, el gobierno
estadounidense trató de negociar acuerdos de paz con los países
norteafricanos, con el objetivo de garantizar un tránsito seguro
de los buques de EE.UU. por el Mediterráneo. Fue en este contexto
en el que se firmó el tratado entre EE.UU. y Marruecos en 1786, el
primer acuerdo firmado por EE.UU con una nación no occidental. Sin
embargo, los estadounidenses nunca centraron su interés en el norte
de África, y a lo largo del siglo XIX fue más bien Oriente
Medio el que atrajo la atención de los misioneros norteamericanos.
Además de difundir el Cristianismo, los misioneros se dedicaron a
la creación de instituciones educativas, sobre todo en el Líbano,
Siria y Palestina. Una de las más importantes fue el Colegio Protestante
Sirio, fundado en 1866 y conocido posteriormente como la Universidad Americana
de Beirut. Esfuerzos similares en Turquía condujeron a la fundación
del Robert College en 1863. Ambas instituciones tuvieron un gran impacto
en Oriente Medio, pues en ellas se educaron a los miembros de las élites
locales.
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En las miserables condiciones sociales
y económicas de los barrios pobres de los EE.UU., y ante la apatía
del gobierno, las organizaciones musulmanas que operan en los guetos y las
prisiones se implican socialmente. Como en la mayor parte del mundo islámico,
donde el Estado ha fracasado a la hora de ofrecer servicios básicos
y seguridad, las organizaciones musulmanas dan la cara, financian centros
comunitarios, patrullan las calles y organizan a los ciudadanos.
A medida que el Estado y el capital
se retiraron de las ciudades durante la era Reagan-Bush, las instituciones
y los servicios de asistencia social desaparecieron, dejando un desierto
urbano. Las iglesias han sido durante mucho tiempo las únicas instituciones
en el gueto, pero las instituciones islámicas han estado creciendo
en los barrios afroamericanos durante las últimas dos décadas.
En Central Harlem, Brownsville y East New York, áreas sin demasiadas
oportunidades de empleo, han surgido docenas de mezquitas (sunníes,
Nation of Islam, Five Percenter y Nuwaubian
) justo al lado de docenas de iglesias que tratan de ofrecer un poco
de orden y orientación en estos barrios. En los guetos de Brooklyn
(Nueva York) y Southside (Chicago), y en los barrios de East Harlem y East
Los Angeles, donde hay mucha presencia policial y poca implicación
de gobierno, los grupos musulmanes ofrecen servicios básicos. La
Alianza Islámica de Nueva York, con sede
en South Bronx, ofrece tutorías después del horario escolar,
educación para quienes abandonaron la enseñanza secundaria,
asesoramiento matrimonial, asesoramiento para evitar el consumo de drogas,
campañas de concienciación sobre el SIDA y charlas de información
sobre el Islam al cuerpo de policía de Nueva York. Dada la poca confianza
en los policías de gatillo fácil, la Alianza se ha enfrentado
a los pandilleros y los traficantes de drogas, enseñando artes marciales
a los jóvenes para que éstos ayuden a proteger las calles
del barrio
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Para España, 1992
fue un año de añoranza, inquietud y ausencia de memoria histórica.
El quinto centenario de 1492 ofreció al país una oportunidad
para demostrar que se había integrado en el escenario mundial y que
formaba parte de Occidente. La primera conferencia de paz entre árabes
e israelíes celebrada en Madrid a finales de 1991 dio inicio a las
conmemoraciones, recordando al mundo la especial relación de España
con judíos y árabes, y fue seguida por la Exposición
Universal (EXPO) de Sevilla y los Juegos Olímpicos de Barcelona.
El tratado de Maastricht de 1992 selló la integración de España
en Europa, reforzando la imagen occidental de la nación, pero, el
mismo año, los españoles también tuvieron que recordar
la Inquisición y los descubrimientos de 1492, mediante los cuales
su país lideró el ascenso de Occidente. Se recordó la
figura de Cristóbal Colón, pero poco se dijo a nivel oficial
sobre la expulsión de musulmanes y judíos (conocida como “la
partida”), o sobre el subsiguiente genocidio en el Nuevo Mundo; la conquista
de las Américas ha sido conocida eufemísticamente como “el encuentro”.
En cambio, el Estado español celebró una serie de actos para
reconciliarse con judíos y musulmanes. La conferencia de paz entre
árabes e israelíes, una gran exposición en la Alhambra
y la apertura de una mezquita en Madrid, donde el rey Juan Carlos declaró
que la cultura árabe “ocupa un lugar especial en nuestro corazón”,
supusieron una demostración de las nuevas relaciones con el mundo
árabe. En 1992, el monarca español también se reconcilió
con la comunidad judía en la sinagoga de Madrid y en Toledo, en una
ceremonia llamada “Sefarad 1992”.
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Nosotros somos los infieles del amor,
ser musulmán es otra cosa.
Somos los débiles,
ser Salomón es otra cosa.
Busca entre nosotros rostros pálidos
y viejos vestidos,
el bazar de los vestidos de brocado es otra
cosa.
"
Rubayats
"
_ [Rumi]
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