YIHADISTAS EN EL BARRIO (I):
RACISMO, ISLAM URBANO Y
“GUERRA CONTRA EL TERROR” [1]
 

Hisham Aidi [2]
Middle East Institute. Columbia University (EE.UU.)


En su novela clásica, Mumbo Jumbo, Ismael Reed se burla del miedo secular de la América blanca hacia la “contagiosa” cultura negra que de un modo inexplicable e irresistible se propaga como un virus, contaminando a su paso a todo del mundo, desde Nueva Orleáns hasta Nueva York. En un giro de los acontecimientos que recuerda al argumento de Reed, los críticos de hoy en día están proponiendo teorías alarmistas sobre una peligrosa epidemia que se propaga por los barrios pobres de nuestras ciudades, infectando a una minoría de jóvenes descarriados y descontentos, y convirtiéndolos en terroristas antiamericanos. Esta vez, sin embargo, el germen patógeno es el Islam o, más en concreto, una insidiosa mezcla de Islam radical y militancia negra.

 Desde la captura de John Walker Lindh, el “nacionalista negro” del Condado de Marin (California) que se unió a los talibanes, [3]   y la detención de José Padilla, el antiguo pandillero puertorriqueño nacido en Brooklyn que abrazó el Islam durante su estancia en prisión, expertos en terrorismo y articulistas han estado advirtiendo de la “amenaza islámica” entre las clases bajas de los Estados Unidos, y alertando a la opinión pública de que los guetos y el sistema penitenciario podrían estar ofreciendo una “quinta columna” a Osama bin Laden y sus secuaces. En un artículo del Daily News, el crítico social afroamericano Stanley Crouch nos recordaba que, en 1986, la poderosa banda callejera de Chicago conocida como al-Rukn (llamada en los setenta los Blackstone Rangers ) fue arrestada al completo por recibir 2,5 millones de dólares del hombre fuerte de Libia, Muammar el-Gaddafi, para cometer actos terroristas en los Estados Unidos. “Debemos darnos cuenta de que existe otro escenario en esta guerra sin precedentes, el cual se asienta en nuestras cárceles y prisiones”, advirtió Crouch.

Chuck Colson, de la evangélica American Christian Mission, que atiende a los reclusos de todo el país, escribió en el Wall Street Journal un artículo de amplia difusión, alegando que “los manuales de entrenamiento de al-Qaeda identifican en concreto a los presos de los Estados Unidos como candidatos a conversos, pues pueden estar ‘desencantados con las políticas de su país’...como ciudadanos estadounidenses, combinan un deseo de ‘revancha’ con la capacidad para integrarse fácilmente en la cultura americana.” Más adelante, escribe: “el dinero saudí ha sido canalizado a través de la American Muslim Foundation , la cual financia los programas de atención en las prisiones”, reiterando que “los [estadounidenses] marginados y privados de sus derechos son los principales objetivos de los islamistas radicales que predican una religión de violencia y de dominio mediante la opresión del yihad”.  [4]

De hecho, tras el 11 de septiembre de 2001, más de un yihadista estadounidense negro y latino ha sido descubierto tras las líneas enemigas. Antes de Padilla (Abdallah al-Muhajir) estuvo Aqil, el joven de San Diego de origen mexicano encontrado en un campo de entrenamiento afgano confraternizando con uno de los hombres acusados de asesinar al periodista Daniel Pearl. Aqil, ahora detenido, está escribiendo una autobiografía titulada My Jihad. En febrero de 2002, el New York Times publicó una historia acerca de Hiram Torres, un puertorriqueño cuyo nombre fue encontrado en una casa bombardeada en Kabul,  en una lista de reclutas del grupo pakistaní Harkat al-Muyahidin, el cual tiene vínculos con al-Qaeda . Torres, también conocido como Mohamed Salman, se graduó en un instituto de Nueva Jersey y luego asistió por un tiempo a Yale, antes de abandonar los estudios y dirigirse a Pakistán en 1998. No se supo nada de él desde entonces. La edición de junio del US News and World Report menciona a un grupo de afroamericanos, actualmente en paradero desconocido, que estudiaba en una escuela muy vinculada con la milicia de Cachemira Lashkar-e Taiba. L'Houssaine Kerchtou, un argelino informador del gobierno, afirma haber visto a “algunos estadounidenses negros” entrenando en las bases de al-Qaeda en Sudán y Pakistán.

A principios de 2002, la película Kandahar causó un gran alboroto en el servicio de inteligencia de los Estados Unidos, pues el actor afroamericano que interpreta a un médico es el fugitivo estadounidense David Belfield. Belfield, quien se convirtió al Islam en la Universidad de Howard en 1970, es buscado por el asesinato del disidente iraní Ali Akbar Tabatabai en 1980, en Washington. Belfield ha vivido en Teherán desde entonces y lleva el nombre de Hassan Tantai. [5] Los dos acusados de terrorismo más famosos en los Estados Unidos son europeos negros, y ambos están en prisión. Uno es el francés de origen marroquí Zacarías Moussaoui, y el otro es el inglés de origen jamaicano Richard Reid, conocido como shoe bomber, [6] quienes se radicalizaron en la misma mezquita del gueto londinense de Brixton. El aspecto de Moussaoui en las omnipresentes fichas policiales, vistiendo el atuendo naranja de los reclusos y con la cabeza afeitada y perilla, como cualquier joven de los barrios pobres de las ciudades estadounidenses, ha intrigado a muchos y desconcertado a algunos. “Lo primero que me vino a la cabeza cuando vi su fotografía fue mi deseo de que se pareciera más a un árabe que a un negro”, escribió Sheryl McCarthy en Newsday. “Lo que menos necesitamos los afroamericanos es que la primera persona en ser juzgada por cargos de terrorismo derivados de esta tragedia se parezca a uno de los nuestros.”

Pero las apreciaciones sobre una “amenaza islámica” en los guetos estadounidenses son sensacionalistas y carecen de fundamentos históricos. Dado que las campañas se lanzan para detener la “marea islámica”, se han investigado poco las razones por las cuales jóvenes negros y latinos marginados podrían estar acercándose al islamismo. No han existido análisis comparables al que llevó a cabo el inglés especialista en asuntos raciales Paul Gilroy sobre Richard Reid y el grupo de británicos detenidos en Guantánamo: “La historia de la participación de negros europeos en estas corrientes geopolíticas se relaciona de manera inquietante con una historia más profunda de inmigración y políticas raciales”. Reid en particular “pone de manifiesto la incómoda verdad del fracaso del multiculturalismo británico.” [7]

Durante más de un siglo, pensadores afroamericanos, ya fueran musulmanes o no, han tratado de aprovechar la lucha de los negros en favor del Islam global, mientras que los líderes del mundo islámico han intentado vincular sus causas políticas con la liberación de los afroamericanos. El islamismo, en el contexto de los Estados Unidos, ha llegado a referirse a las distintas ideologías adoptadas por los grupos musulmanes para impulsar movimientos sociales que favorezcan los objetivos políticos “islámicos”, como las campañas para “comprar productos negros” y los boicots electorales de la Nación del Islam, o las presiones por parte de la mezquita de los Hermanos Musulmanes en Harlem para obtener del Estado ayudas y derechos culturales y políticos. Con mucha menos frecuencia ha incluido a la variedad yihadista representada por grupos como al-Rukn, asentados en o financiados desde el extranjero, los cuales intentan obtener reclutas estadounidenses para la lucha armada contra los gobiernos “infieles” dentro y fuera del país. El ascenso del Islam y el islamismo en los barrios pobres de las ciudades de los Estados Unidos puede explicarse como un producto de la inmigración y las políticas raciales, la desindustrialización, el abandono por parte del Estado y la mezcla de fuerzas culturales como el nacionalismo negro, el Islam político y el hip-hop que atrae poderosamente a jóvenes negros, latinos, árabes y del sudeste asiático carentes de derechos.

El Islam norteamericano

Edward Blyden, misionero cristiano nacido en las Antillas, fue el primer estudioso afroamericano que defendió una alianza entre el Islam global y el panafricanismo, el sistema de pensamiento considerado como su herencia intelectual. Tras estudiar árabe en Siria y residir en África Occidental, Blyden se convenció de que el Islam se adapta mejor que el Cristianismo a las personas de ascendencia africana, gracias a que, en su opinión, carece de prejuicios raciales, posee una poderosa doctrina de hermandad y otorga gran valor al conocimiento. Su obra más importante, Christianity, Islam and the Negro Race (1888), sentó las bases de un panafricanismo con un poderoso refuerzo cultural y religioso del Islam. 

El homólogo de Blyden en el mundo árabe fue el intelectual egipcio de origen sudanés Duse Muhammad Ali. En 1911, tras el primer Universal Races Congress (Congreso Mundial de las Razas) celebrado en la Universidad de Londres, Duse Muhammad fundó The African Times and Orient Review, un diario que apoyaba las luchas nacionalistas de liberación y el abolicionismo “en los cuatro puntos cardinales de la Tierra”, y promovía en todo el mundo la solidaridad entre los “no blancos”. Publicado en inglés y en árabe, el diario se distribuía en todo el mundo musulmán y entre los miembros de la diáspora africana, incluyendo artículos de intelectuales de Oriente Medio y de las Indias Occidentales. Más tarde, Duse se convirtió en el mentor de Marcus Garvey cuando el nacionalista negro de origen jamaicano trabajó durante 1913 en la sede de Review en Londres. Duse dejó su huella indeleble en la Universal Negro Improvement Association (Asociación Universal para la Mejora del Hombre Negro) de Garvey, cuya misión de “recuperar a las razas caídas, gobernar y ayudar a los necesitados” se convertiría en el principio que ha animado las actividades de asistencia social de innumerables movimientos urbanos islámicos y afroamericanos. [8] En 1926, Duse creó en Detroit la Universal Islamic Society, la cual influyó, por no decir que inspiró, el Moorish Science Temple de Drew Ali y el Temple of Islam de Fard Muhammad, considerados ambos como los precursores de la actual Nation of Islam (NOI).

 Las ideas de Blyden y Duse, subrayando la hermandad universal, los derechos humanos y la “alfabetización” (es decir, el estudio del árabe), tuvieron un profundo impacto en los posteriores movimientos panafricanistas e islámicos de los EE.UU., influyendo en líderes como Garvey, Elijah Muhammad y Malcolm X. Estos dos últimos heredaron una interpretación “arabocéntrica” del Islam, considerando a los árabes como “el pueblo elegido” por Dios y el árabe como el idioma del yihad intelectual, ideas todavía muy importantes en la actual Nation of Islam. Se cree que Fard Muhammad, el misterioso fundador de la NOI, de quien Elijah Muhammad dijo que era  “Dios mismo”, era de origen árabe. [9] “Fard fue un árabe que nos amó tanto como para conducirnos al Islam”, ha dicho el predicador Louis Farrakhan [actual líder de la NOI] en repetidas ocasiones. Durante los últimos 35 años, el principal asesor de Farrakhan ha sido el estadounidense de origen palestino Ali Baghdadi, aunque en 2002 discutieron entre ellos cuando el predicador condenó los atentados suicidas. [10] En la “tipología teológica” de la NOI, los árabes son considerados como el pueblo elegido por Dios para recibir el Corán. Sin embargo, los árabes se han desviado y por eso Dios, para difundir el Islam en Occidente, ha elegido al pueblo negro de los EE.UU., el cual, como el pueblo árabe, ha sido “despreciado y rechazado” a lo largo de una “historia de ignorancia y salvajismo”. [11]  

Malcolm X fue probablemente el líder musulmán más destacado a la hora de situar el movimiento pro derechos civiles en el marco de la lucha global para la independencia del Tercer Mundo, y no solo en el contexto panislámico y panafricano. Además de su histórica visita a La Meca, donde sería testigo del “universalismo islámico” y renunciaría finalmente a la teología racial de la NOI, Malcolm X se entrevistó con el presidente egipcio Gamal Abd al-Nasser y con el argelino Ahmed ben Bella, líderes de la Liga Árabe y de la Organización para la Unidad Africana , respectivamente, y se planteó hablar de los problemas de los afroamericanos en la sede de la Asamblea General de la ONU.

Cuando Warith Deen Muhammad, educado en al-Azhar, se hizo cargo de la Nation of Islam tras la muerte de su padre Elijah en 1975, renunció a la teología racial de éste y cambió el nombre de su organización por el de World Community of al-Islam in the West (Comunidad Mundial del Islam en Occidente ), para destacar los vínculos internacionalistas de los musulmanes por encima de los lazos nacionalistas de los afroamericanos, lo cual produjo la ruptura con Farrakhan, quien procedió a reconstruir la NOI con su antigua imagen. Los estados árabes e islámicos trataron de atraer a W. D. Muhammad, deseosos, según parece, de ganar influencia sobre la política exterior de los EE.UU. “Sin embargo –se lamentaba un especialista– [W. D. Muhammad] ha rechazado adoptar para sí mismo ningún papel mediador, perdiendo una oportunidad sin precedentes para usar la presión internacional de los estados árabes en la mejora de las condiciones sociales de los negros estadounidenses”. [12]

Objetivo: los descontentos

¿Hay alguna verdad en la afirmación de que los estados musulmanes o los grupos islamistas tienen como objetivo específico a los afroamericanos para presionar al gobierno de los EE.UU. o para reclutarlos en guerras en el extranjero? US News and World Report señala que, solo en la década de 1990, entre 1.000 y 2.000 estadounidenses, de los cuales “un buen número son afroamericanos”, se ofrecieron como voluntarios para combatir con los ejércitos musulmanes en Bosnia, Chechenia, Líbano y Afganistán. Muchos fueron reclutados por imames radicales en los EE.UU. Según varios informes, a finales de los setenta, el imam pakistaní Sheikh Syed Gilani, ahora en busca y captura por su presunta participación en el asesinato de Daniel Pearl, fundó un movimiento llamado al-Fuqara ( los Pobres), con ramificaciones en Brooklyn y Nueva Jersey, donde predicaba a una audiencia mayoritariamente afroamericana. Usando su video “Soldados de Allah”, Gilani reclutó a combatientes para el yihad contra los soviéticos en Afganistán. Asimismo, según el FBI, desde su “oficina para el yihad” en Brooklyn, el clérigo ciego Sheik Omar Abd al-Rahman recaudó millones de dólares para la resistencia afgana y envió a 200 voluntarios para unirse a los muyahidines.

Según un estudio de 2002, Arabia Saudita ha sido el país que tradicionalmente ha ejercido mayor influencia sobre la comunidad musulmana estadounidense, en particular desde el auge de la OPEP en 1973. [13] A través de la Islamic Society of North America (ISNA), la Muslim Student Associations, el Islamic Circle of North America y la World Muslim League , los saudíes han financiado campamentos de verano para niños, institutos para formar a imames , ciclos de conferencias, la distribución de literatura islámica, la construcción de mezquitas y el proselitismo. Además, a través de su embajada deciden los miembros de la comunidad islámica estadounidense que pueden peregrinar a La Meca. No obstante, y en contra de lo que han afirmado varios medios de comunicación, no existe absolutamente ninguna evidencia que sugiera una conexión entre esta influencia y el terrorismo contra los EE.UU. [14]  

Al inicio de la década de 1980, Irán intentó contrarrestar la influencia saudita sobre la comunidad musulmana estadounidense y ganar conversos afroamericanos al shiísmo. El 17 de noviembre de 1979, el ayatollah Jomeini había ordenado la liberación de 13 rehenes afroamericanos, afirmando que eran “hermanos oprimidos” que también fueron víctimas de la injusticia estadounidense. En 1982, un estudio encargado por el gobierno iraní para evaluar las posibilidades de conseguir conversos al shiísmo en la América negra acusaba a la Nation of Islam y a los musulmanes sunníes de “falta de sinceridad” y argumentaba que los proselitistas saudíes estaban en connivencia con la CIA. El informe decía: “Además de estar desanimados, los musulmanes afroamericanos sienten que nadie se preocupa por ellos. Lo único que desea [todo el mundo] es usarlos en su propio beneficio hasta que dejen de ser útiles...La mayoría de los afroamericanos desea realmente el Islam puro. Sin embargo, a menos que alguien esté dispuesto y tenga la capacidad para oponerse eficaz y activamente al dinero saudita del petróleo...el movimiento islámico en los EE.UU. seguirá estancado en un estado de absoluta ineptitud e ineficacia”. [15] Sin embargo, la revolución iraní no ejerce demasiada influencia sobre los musulmanes afroamericanos, con la notable excepción del ya mencionado Belfield.

Casi ninguno de los afroamericanos y latinos que abraza el Islam termina llevando pertrechos militares en las montañas de Asia Central. Para la mayor parte de ellos, el Islam ofrece orden, sentido y propósito a unas vidas nihilistas y caóticas. Pero incluso si la mayoría no se inclina hacia el islamismo radical, ¿por qué esa atracción hacia el Islam como primera opción?

Salir de Occidente

 Muchos negros y latinos de las metrópolis estadounidenses viven en la pobreza y se sienten ajenos a las tradiciones políticas y culturales del país. Refractarios a la cultura permisiva y consumista de los Estados Unidos, muchos buscan una fe y una cultura que ofrezcan normas y directrices para sus vidas. A menudo se sienten atraídos por aspectos del Cristianismo que avalan el patriarcado, los “valores familiares” y la abstinencia. Sin embargo, muchos jóvenes afroamericanos y cada vez más latinos rechazan el Cristianismo, al que ven como la fe de una clase dirigente culpable e indiferente. La América cristiana los ha fallado y los ha despojado de su “orgullo racial”. Separados de los EE.UU. y, en el caso de los latinos, de la tierra natal de sus padres, muchos jóvenes pertenecientes a estas minorías buscan un sentido de comunidad y de identidad, en un proceso que los ha llevado cada vez más al otro lado del Atlántico, al mundo islámico. El Islam sunní, la heterodoxa Nation of Islam y movimientos seudomusulmanes como Five Percenters y Nuwaubians permiten escapar del orden social estadounidense, lo cual a menudo implica un rechazo total de la cultura y la civilización occidentales.

La desintegración de la familia y sus valores surge a menudo en las conversaciones y los sermones de las mezquitas de los barrios pobres como explicación del desencanto de las generaciones más jóvenes con la sociedad y el liberalismo estadounidenses. El aumento de los hogares monoparentales ocupa los debates sobre valores familiares, pero tiene raíces económicas y políticas. Durante los años setenta y ochenta, las clases medias abandonaron los suburbios, los inversores se fueron y el desempleo en las zonas urbanas aumentó con rapidez. Tal y como observó un analista: “Las condiciones del mercado laboral que permitían la existencia del ‘varón como sostén de la familia’ se han desvanecido por completo”, y en su lugar han surgido hogares “matriarcales”. La nueva economía política urbana de los años ochenta (abandono estatal y fuga de capitales) condujo al “nacimiento de un nuevo enfoque que otorga menos valor al matrimonio y rechaza el dominio de los hombres como norma general para el éxito de las familias biparentales”. [16] Sin embargo, en opinión de muchos líderes musulmanes de los barrios pobres, la desintegración de la familia y el trastorno económico son el resultado del racismo, la decadencia occidental y la inmoralidad; son la consecuencia de abandonar la senda de Dios. Raheem Ocasio, imam [dirigente] de la Alianza Islámica de Nueva York, afirma: “Debido a las presiones de la cultura occidental moderna, los latinos...están librando una batalla perdida para conservar su estructura familiar tradicional...Curiosamente, los efectos de un estilo de vida islámico parecen mitigar las dañinas consecuencias del estilo de vida occidental y han ayudado a restaurar y reforzar los valores familiares tradicionales. La cultura latina tiene raíces patriarcales, por lo que fueron asimilados los papeles claramente definidos por el Islam, según los cuales el hombre es el cabeza de familia y el responsable de mantenerla, y la mujer es igualmente esencial y complementaria. Como resultado, el divorcio entre las parejas de musulmanes latinos es relativamente escaso”. [17]  

Al abrazar el Islam, individuos descontentos que antes no eran capaces de hacerse ver ni oír han adquirido un sentido de identidad y de pertenencia a lo que ellos perciben como una civilización organizada, militante y gloriosa, a la cual Occidente toma muy en serio. Un ex-convicto chicano intentaba explicar el atractivo del Islam para los presos latinos y el por qué los reclusos estadounidenses de origen mexicano simpatizan con los palestinos: “Los antiguos revolucionarios latinoamericanos se convirtieron al ateísmo, pero los nuevos, injustamente encarcelados, pueden convertirse fácilmente al Islam...En la conciencia de los latinos conviven al  menos tres rivales históricos: el musulmán árabe, el católico español y el indígena indio. [Para los presidiarios mexicanos] los palestinos han sido despojados de su patria  y oprimidos de manera muy similar a los mexicanos.” [18]  

BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
-    Akbar Muhammad, “ Musulmanes de los Estados Unidos: historia, religión, política y etnicidad ”, revista Alif Nûn nº 29, junio de 2005.
-    Ali A. Mazrui, “ El factor africano en los Estados Unidos ”, revista Alif Nûn nº 45, enero de 2007.
-    Hisham Aidi, “¡Seamos moros!: Islam y conciencia racial en Occidente”, revista Alif Nûn nos 78 (enero de 2010) y 79 (febrero de 2010) .




NOTAS.-


[1] Traducción, extracto y adaptación del articulo aparecido en: http://www.merip.org/mer/mer224/224_aidi.html Versión en castellano elaborada por el equipo de traductores de Alif Nûn . (Nota de la Redacción).

[2] Otros artículos en castellano del autor: “¡Seamos moros!: Islam y conciencia racial en Occidente”, revista Alif Nûn nos 78 (enero de 2010) y 79 (febrero de 2010) ; “ La interferencia de al-Andalus: España, el Islam y Occidente ”, revista Alif Nûn nº 89, enero de 2011. (Nota de la Redacción).

[3] Muchos dicen que Lindh se corrompió al leer la autobiografía de Malcolm X y por su afición al hip-hop. Véase Shelby Steele, “Radical Sheik”, Wall Street Journal, 18 de diciembre de 2001. Lindh a menudo se hacía pasar por negro en Internet, empleando seudónimos como “Doodoo” y “Prof. J”. Atacaba al sionismo, y en una ocasión escribió: “Nuestra negritud no hace que la gente blanca nos odie; es su racismo el que provoca el odio...[la palabra nigger ] ha sido una etiqueta que nos han puesto los caucásicos durante cientos de años...y dada la carga negativa que lleva consigo, nunca la empleo cuando hablo de mí.” Véase Clarence Page, “The ‘White Negro’ Taliban?”, Chicago Tribune , 14 de diciembre de 2001.

[4] Chuck Colson, “Evangelizing for Evil in Our Prisons”, Wall Street Journal , 24 de junio de 2002. Véase también Mark Almond, “Why Terrorists Love Criminals (And Vice Versa): Many a Jihadi Began as a Hood”, Wall Street Journal, 19 de junio de 2002; Earl Ofari Hutchinson, “Hispanic or African-American Jihad?”, Black World Today , 12 de junio 2002; y Christian Science Monitor , 14 de junio de 2002.

[5] Guardian, 10 de enero de 2002.

[6] Llamado así por ser acusado de intentar hacer estallar unos explosivos escondidos en sus zapatos durante un vuelo entre París y Miami en 2001. (Nota de la Redacción).

[7] Paul Gilroy, “Dividing into the Tunnel: The Politics of Race Between the Old and New Worlds”, Open Democracy , 31 de enero de 2002. http://www.opendemocracy.net

[8] Robert A. Hill (ed.), Marcus Garvey and the Universal Negro Improvement Association Papers , vol. 3, University of California Press, Berkeley, 1989, p. 302.

[9] A pesar de que Farrakhan afirma haber renunciado a la teología racial, The Final Call [periódico oficial de la Nation of Islam ] afirma en su contraportada que “Dios apareció en la persona de W. Fard Muhammad”.

[10] Ali Baghdadi, “Farrakhan Plans to Meet Sharon”, Media Monitors Network , 14 de abril de 2002. http://www.mediamonitors.net

[11] Véase Theophus Harold Smith, Conjuring Culture: Biblical Formations in Black America , Oxford University Press, Nueva York, 1994.

[12] Ernest Allen, Jr., “Minister Louis Farrakhan and the Continuing Evolution of the Nation of Islam”, en Amy Alexander (ed.), The Farrakhan Factor , Grove Press, Nueva York, 1998, p. 73.

[13] Robert Dannin, Black Pilgrimage to Islam,  Oxford University Press, Nueva York, 2002.

[14] Gregory Gause, “Be Careful What You Wish For: The Future of US-Saudi Relations”, World Policy Journal 19/1, primavera de 2002.

[15] Muhammad Said, Questions and Answers About Indigenous US Muslims , Teherán, 1982. Obra no publicada.

[16] “En 1993, el 27% de los hijos menores de 18 años vivía en una familia monoparental. Esta cifra incluye al 57% de los niños negros, el 32% de los niños hispanos y el 21% de los niños blancos”. William Julius Wilson, When Work Disappears: The World of the New Urban Poor, Alfred A. Knopf, Nueva York, 1996, p. 85. En otro lugar, Wilson sostiene que el fuerte aumento del desempleo entre los varones negros desde 1970 ha provocado en gran medida el aumento del número de familias monoparentales. Dado que la tasa de desempleo es mayor en los barrios pobres, el índice de madres y padres sin pareja también es más alto allí.

[17] Rahim Ocasio, “Latinos, The Invisible: Islam's Forgotten Multitude”, The Message, agosto de 1997.

[18] Los Angeles Times , 23 de junio de 2002.


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