EL OTRO 1492 [1]

Greg Noakes [2]


“Alabado sea Dios, que ordenó que quien hable con orgullo de Al-Andalus pueda hacerlo
sin temor y tan audazmente como le plaza, sin tener que enfrentarse a nadie que pueda contradecirlo...”
Al-Shaqundi, Sobre la excelencia de Al-Andalus.

El año 1492 ha sido durante mucho tiempo una referencia histórica. Europeos y americanos celebraron el quinto centenario del “descubrimiento” del Nuevo Mundo por parte de Cristóbal Colón, no sin protestas de quienes consideraron que los beneficios para el mundo de este acontecimiento fueron ampliamente superados por las pérdidas. España fue el centro de atención durante ese quinto centenario, en parte por ser el punto de partida de Colón, y en parte por la EXPO 92 en Sevilla y los Juegos Olímpicos de verano en Barcelona.

Sin embargo, hubo otro quinto centenario en 1992 que también afectó a España. Si bien este acontecimiento también ha tenido importantes repercusiones en la historia del mundo y sigue generando un persistente sentimiento de pérdida entre algunos colectivos, ha atraído mucha menos atención. El acontecimiento en cuestión es la caída de la ciudad musulmana de Granada (Garnatah, en árabe) el segundo día de 1492, frente al ejército de los Reyes Católicos, poniendo así fin a ocho siglos de gobierno musulmán en la Península Ibérica y cerrando uno de los capítulos más turbulentos y gloriosos de la historia islámica.

Tal y como explican algunos relatos históricos, los ejércitos musulmanes llegaron a la Península Ibérica en el año 711 d.C., a petición de uno de los bandos que se enfrentaban en una terrible guerra civil en la España visigoda. El dominio musulmán fue aceptado voluntariamente por muchos habitantes de la península, y bastantes de ellos abrazaron el Islam. En el año 732, justo cien años después de la muerte del Profeta, las tropas musulmanas cruzaron los Pirineos, logrando así su avance más profundo en la Europa Occidental; [3] fueron detenidos en Poitiers, en una batalla que ha pervivido durante siglos en la imaginación de los occidentales, pero que los cronistas musulmanes registraron, a lo sumo, como una simple escaramuza sin demasiada importancia. Los musulmanes pronto se retiraron y comenzaron a afianzar el Islam en la península, en los territorios que ellos llamaron Al-Andalus. La sociedad que desarrollaron fue quizás única en cuanto a su tolerancia y diversidad, con inmigrantes árabes y amazigh (bereberes) viviendo codo con codo junto a “españoles” musulmanes, cristianos y judíos. Los matrimonios mixtos fueron bastante comunes.

El territorio de Al-Andalus fue gobernado por los califas omeyas de Damasco hasta el año 750, momento en el que la dinastía abbasí alcanzó el poder en el Oriente islámico. Un único príncipe omeya, Abd al-Rahman ibn Mu'awiyah, huyó y se dirigió a la Península Ibérica, donde fundó un estado omeya independiente en 756. Los gobernantes andalusíes, aunque políticamente independientes, siguieron considerando a los califas abbasíes como la máxima autoridad religiosa durante casi doscientos años, pero el octavo gobernante de la dinastía, 'Abd al-Rahman III al-Nasir, adoptó el título de califa para sí mismo y sus descendientes en el año 929. El califato omeya fue la época dorada de Al-Andalus desde un punto de vista político. Las dos terceras partes de la Península Ibérica (excepto el tercio norte) permanecieron unidas bajo el califa que residía en Córdoba (Qurtubah, en árabe), el cual también desempeñó un papel importante en los asuntos del norte de África. Fueron los omeyas quienes, mediante su habilidad, inteligencia y ocasional crueldad, sentaron las bases del esplendor de Al-Andalus.

 No obstante, entre 1009 y 1031, una serie de levantamientos y una sucesión de gobernantes débiles provocaron la disolución del Estado omeya. Para llenar ese vacío surgió más de una veintena de pequeñas monarquías independientes, conocidas como “reinos de taifas” (mulukal-tawa'if ), palabra esta última que en árabe significa partido o facción. Aunque estos reinos rivales –algunos simples ciudades-estado– eran mucho más débiles que el califato único de los Omeyas, el periodo de taifas fue testigo de un florecimiento de las artes y el conocimiento, pues cada gobernante intentaba superar a los demás en el prestigio de su corte. Tal y como señala David Wasserstein en The Rise and Fall of the Party Kings (“Auge y caída de los reinos de taifas”), la abundancia de gobernantes también supuso una abundancia de mecenas, de modo que artistas, eruditos y científicos podían encontrar patrocinadores, o incluso competir por ellos, con relativa facilidad.

Sin embargo, debilitados por las constantes luchas intestinas, el peligroso doble juego político y la decadencia interna, los reyes de taifas cedieron bastantes territorios a los reinos cristianos que comenzaban a hacerse fuertes en el norte de la península. En 1085, los castellanos tomaron la importante ciudad de Toledo, [4] y los reyezuelos musulmanes pidieron la intervención del nuevo gobernante almorávide de Marruecos, Yusuf ibn Tashufin. Los almorávides (en árabe, al-morabitun, “los del fortín”) [5] , una dinastía de ideología puritana que surgió de entre los amazighs (bereberes) del lejano sur de Marruecos, durante un tiempo se conformaron con ayudar militarmente a los reyes de taifas, pero en 1090, Yusuf decidió que sus antiguos anfitriones debían irse, y los reyezuelos fueron destronados sin miramientos. En un principio, los almorávides impusieron su visión religiosa puritana y estricta, visible incluso en su arte, pero al final, aunque seguían conservando sus mismas creencias, también sucumbieron al lujo y las comodidades de Al-Andalus.

La pérdida de ímpetu de los almorávides ofreció a los reinos cristianos la oportunidad de reconquistar nuevos territorios, de modo que, en 1145, la España almorávide se tambaleaba. La población musulmana se alzó en armas y un nuevo grupo de reyes de taifas pidió ayuda a los almohades (en árabe, al-muwahhidun, “los que profesan la unidad [de Dios]”), otro movimiento puritano procedente del sur de Marruecos que había sustituido a los almorávides en el norte de África. Los almohades acudieron de buena gana, y durante un tiempo los nuevos gobernantes del norte de África gozaron de cierto éxito en la Península Ibérica. Pero la situación cambió a favor de los cristianos en 1212, tras la batalla de al-'Iqab, conocida en español como Las Nabas de Tolosa, y en unas décadas los almohades se habían retirado al otro lado del Estrecho de Gibraltar. Las ciudades musulmanas fueron cayendo una tras otra hasta 1260, cuando ya solo permanecía el reino nazarí de Granada .

Granada mantuvo un precario equilibrio entre las potencias cristianas hostiles del norte y los gobernantes marroquíes del sur, rivales de los nazaríes, y consiguió sobrevivir dos siglos más. Aunque poco a poco fueron cediendo territorios a las fuerzas cristianas, los gobernantes nazaríes de Granada , temerosos de ser absorbidos por sus salvadores, se negaron a acudir a los marroquíes en busca de ayuda. Aislados políticamente, los granadinos se alimentaban de un pasado prestado.

Sin embargo, el historiador del arte John Brooks señala que “a pesar de la decadencia general de la organización política y militar durante el último periodo de dominio musulmán en España, esta cultura extraordinariamente rica y original siguió evolucionando”. De hecho, muchos de los ejemplos más famosos y espléndidos del arte y la arquitectura andalusíes se remontan a este periodo. Así pues, el enclave musulmán de Granada , aunque disminuía de manera paulatina, siguió floreciendo magníficamente desde un punto de vista artístico y cultural hasta finales del siglo XV, cuando los católicos superaron sus divisiones políticas y los efectos de la peste negra, dando inicio a la etapa final y definitiva de la Reconquista.

A finales de 1491, los ejércitos de Fernando e Isabel estaban a las puertas mismas de Granada . Solo restaba un acto final, un toque a difuntos cuyo lamento iba a resonar en todo el mundo islámico, convirtiéndose en leyenda. El gobernante de Granada , Muhammad XII Abu 'Abd Allah, conocido en Occidente como Boabdil, acordó en secreto la entrega de la ciudad a los cristianos, a cambio de un salvoconducto que le permitiera salir de la península. Cuando abandonaba la ciudad, Boabdid se detuvo para mirar el palacio de la Alambra, los jardines del Generalife y el resto de Granada . En su clásico de 1887, The Muslims in Spain , Stanley Lane-Poole describe la reacción de Boabdil:

“‘¡Dios es el más grande!’, dijo [Boabdil], antes de echarse a llorar. Su madre, Ayesha, estaba junto a él. ‘Llora como una mujer lo que no has sabido defender como un hombre’, le dijo. El lugar desde donde Boabdil lanzó su triste mirada de despedida a la ciudad de la que fue desterrado para siempre lleva desde entonces el nombre de ‘el último suspiro del moro’”.

De este modo, el 2 de enero de 1492, el poder político musulmán en la Península Ibérica llegó a su fin.

Los musulmanes habían vivido relativamente tranquilos en territorio cristiano antes de la caída de Granada, y siguieron haciéndolo inmediatamente después; los habitantes de la ciudad consiguieron unas generosas condiciones para su rendición y un alto grado de libertad religiosa. En 1499, sin embargo, las garantías ofrecidas por los Reyes Católicos fueron incumplidas, y se dio inicio a la conversión forzosa de los musulmanes. La población musulmana se reveló, pero la revuelta fue rápidamente sofocada. A partir de 1500, los musulmanes españoles se enfrentaron a una difícil decisión: convertirse al Catolicismo o ser expulsados de España. [6] Mientras algunos musulmanes se convirtieron, otros siguieron practicando su fe en secreto, y el resto optó por el exilio, sobre todo a lo largo del Mediterráneo y del norte de África. 

Aunque el dominio musulmán en España había terminado, la rica herencia cultural e intelectual de Al-Andalus sobrevivió, tanto en la Península Ibérica como en el resto del mundo. Pueden encontrarse elementos del patrimonio islámico en toda la península, y en los últimos años, la España moderna ha comenzado a tomar más conciencia y a sentirse más orgullosa de las glorias de este periodo de su historia. Muchos topónimos, como el de la ciudad portuaria de Algeciras (de al-yazirah al-jadra' , “la isla verde”), el río Guadalquivir (de al-wadi al-kabir , “el río grande”) y el nombre mismo de Andalucía provienen de palabras árabes empleadas en Al-Andalus. El propio idioma español se ha visto muy influido por el árabe, sobre todo en su vocabulario, y muchos términos de origen árabe pasaron desde el español al inglés en el Nuevo Mundo.

Algunos de los monumentos más famosos de España, entre ellos la gran Mezquita de Córdoba , la Giralda de Sevilla [7] o la Alhambra de Granada [8] , se remontan al periodo islámico; la arquitectura del sur de España y de Latinoamérica ha adoptado muchos elementos de las construcciones islámicas, tanto en lo referente a los materiales empleados (mosaico, estuco) como en el diseño y la decoración (patios centrales, ornamentación geométrica y una manera original de usar el agua y las fuentes). [9] Además, tras la Reconquista, los artesanos de España siguieron siendo en gran medida musulmanes, y a menudo recibían encargos de los nobles españoles, de modo que su trabajo todavía puede verse en la actualidad en toda Andalucía.

Los instrumentos musicales, los patrones rítmicos, los recursos vocales y toda la estructura y la organización de la música andaluza tienen su origen directo en la música árabe, la cual también ha ejercido influencia sobre el resto de la música española y, por extensión, en la latinoamericana. En algunos casos, las melodías andalusíes incluso se han transmitido de manera intacta. [10]   

Las obras de muchos de los más destacados pensadores y hombres de ciencia de Al-Andalus, junto a los escritos procedentes del mundo islámico oriental, fueron traducidos del árabe al latín por españoles. Mediante estas traducciones, el pensamiento filosófico y científico del mundo griego y romano, preservado y ampliado por los eruditos musulmanes, se introdujo en la conciencia de los europeos, impulsando tanto el Renacimiento como el Siglo de las Luces. [11] Muchas contribuciones importantes de la historia intelectual islámica provienen de la España islámica. Ningún estudio del desarrollo de la filosofía islámica estaría completo sin la figura de Ibn Tufayl , muerto en 1185, y la de su pupilo Ibn Rushd ( Averroes ) [12] , quien nació en Córdoba, llegó a ser el juez principal (qadi) de Sevilla , y murió en 1198. Sus principales aportaciones intelectuales son su comentario de Aristóteles, su refutación de la crítica a la filosofía de Al-Ghazali [13] y su estudio sobre la relación entre razón y religión. Gran parte del pensamiento de Ibn Rushd es un anticipo de la obra de Tomás de Aquino.

En medicina, Al-Andalus produjo expertos como al-Zahrawi (m. Aprox. 1013) quien escribió mucho sobre cirugía, farmacología, los principios éticos de la medicina y la relación entre médico y paciente. Ibn Zuhr, conocido en Occidente como Avenzoar, defendió un siglo antes la investigación clínica y la práctica de la experimentación.

En literatura, Ibn Hazm (m. 1064) reverdeció la poesía romántica tradicional con su Tawq al-Hamamah (“ Collar de la paloma ”), donde explica las diversas formas de amor cortés y las alegrías y dolores que producen. [14] La forma de poesía cortesana conocida como muwashshah (moaxaja) pasó de Al-Andalus al norte de África e influyó tanto en la literatura como el la música del Magreb. [15] La música clásica del norte de África, que aún sigue siendo muy popular, todavía se conoce por el nombre de “música andalusí”. [16]  

 Los efectos más directos de los sucesos acontecidos entre 1492 y 1500 se hicieron sentir en las grandes ciudades del norte de África, hacia donde huyó la mayoría de los refugiados andalusíes tras su expulsión. En función de la ciudad española de procedencia, los andalusíes tendían a emigrar a una u otra ciudad magrebí en particular; así, muchos exiliados de Valencia terminaron recalando en Túnez, los de Córdoba en Tremecén, los de Sevilla en Fez, etc. [17] Eruditos, comerciantes y artesanos andalusíes revitalizaron de muchas maneras las sociedades del norte de África, enriqueciendo la cultura magrebí y añadiendo una saludable influencia a las tradiciones árabo-bereberes que ya existían. Este influjo continuó durante unos doscientos años, hasta que el legado andalusí fue completamente integrado en la vida del norte de África. No obstante, muchos marroquíes, argelinos y tunecinos actuales todavía pueden rastrear su linaje hasta alguna ciudad de Al-Andalus en concreto.

Sin embargo, además de sus aportaciones intelectuales, culturales y estéticas, Al-Andalus también dejó una herencia emocional agridulce a los mundos árabe y musulmán. Aunque el sentimiento de pérdida es más pronunciado entre los descendientes de los exiliados andalusíes, el recuerdo de Al-Andalus sigue emocionando a todo el mundo islámico.

Por ejemplo, el escritor iraquí del siglo XX, Daisy al-Amir, sitúa en la Inglaterra contemporánea el escenario de su relato alegórico titulado Un cuento andalusí , sobre un estudiante árabe que conoce a “un español que admite su ascendencia árabe” y se siente orgulloso de su herencia andalusí. Por su parte, el director de cine tunecino Nacer Khemir tomó prestado de Ibn Hazm el título y el argumento melancólico de su película de 1990, Le colier perdu du colombe (“El collar perdido de la paloma”). Los trajes de fantasía, la arquitectura de ensueño, los colores brillantes y la imponente puesta en escena dan vida al ideal estético de Al-Andalus en esta película de Khemir .

En el mundo islámico actual se recurre a la España islámica a dos niveles. En primer lugar está el recuerdo de la propia tierra: los verdes campos y el fluir de los ríos del sur de España, las magníficas mezquitas y palacios, la floreciente cultura...esta es la tierra a la que los exiliados andalusíes se refirieron como al-firdaws al-mafiyud (“paraíso perdido”) y cuya desaparición lloraba el exiliado valenciano Ibn Amira, en una carta a un amigo:

“Un océano de tristeza nos inunda por dentro,
Nuestros corazones, desesperados, arderán  eternamente...
¡la ciudad era tan hermosa, con sus jardines y ríos!
Y la noche estaba empapada con la suave fragancia del narciso.”

Al-Andalus también es recordado a otro nivel como el único territorio que una vez fue parte del mundo islámico y luego dejó de serlo. Excepto en España, los musulmanes han resistido frente a mongoles, cruzados y todo tipo de imperialistas y colonizadores, consiguiendo mantener intacta su identidad islámica. Ni siquiera los regímenes comunistas de la actual China y la antigua Unión Soviética han conseguido acabar con el Islam, fracasando a la hora de extirpar dicha religión de entre sus poblaciones musulmanas, a pesar de la enorme cantidad de tiempo, dinero y sangre empleados para intentar crear “el nuevo hombre socialista”. [18] El hecho de que el resto del mundo islámico haya conservado su identidad religiosa durante catorce siglos plagados de cambios políticos, sociales, culturales y tecnológicos hace que la excepción de España sea mucho más dolorosa para los musulmanes.

No obstante, se trata de un dolor que está lejos de aflorar a la superficie. Los musulmanes actuales son menos propensos a pensar en España como un enemigo histórico, y menos aún como un territorio que deba ser reclamado, y se inclinan más a considerar este país como un importante socio comercial, un miembro aliado de la familia de naciones y, en especial para los norteafricanos, una fuente de empleo para los emigrantes. Los países musulmanes mantienen cordiales relaciones con Madrid y varios de ellos abrieron pabellones en la EXPO 92 de Sevilla y enviaron equipos a los Juegos Olímpicos de Barcelona.

Y aunque la pérdida de la España islámica ha sido muy idealizada a lo largo de los años en el mundo musulmán, jamás se han perdido de vista las causas que provocaron su caída. Algunas fueron externas, como la unidad y la expansión de los reinos cristianos peninsulares o el aislamiento político de Al-Andalus con respecto al resto del mundo islámico. También influyeron factores externos que contribuyeron a la decadencia de Al-Andalus, sobre todo las rivalidades que debilitaron y dividieron la España islámica, la codicia y los excesos que se apoderaron de sus élites y la pérdida de una visión religiosa unificadora.

Por otra parte, la España islámica fue un territorio de conocimiento inmensamente fértil, el cual produjo una gran cantidad de avances intelectuales, estéticos y científicos atribuibles a los pensadores musulmanes, cristianos y judíos y a la atmósfera que ellos crearon. Este florecimiento se debió en parte al espíritu de tolerancia que prevaleció durante buena parte de la historia de Al-Andalus, aunque no toda. Esta tolerancia no solo se extendió hacia otros grupos religiosos, sino que también tuvo efecto dentro de los propia sociedad musulmana.

A pesar de los más de quinientos años transcurridos, Al-Andalus continúa ejerciendo su hechizo. Como lugar de nacimiento de algunos de los artistas y eruditos mas destacados del mundo, hogar de deslumbrantes obras maestras de la arquitectura y escenario de una brillante sociedad que destacó tanto por la altura de sus logros como por lo profundo de su decadencia, Al-Andalus conserva su impacto emocional y sigue ocupando un lugar privilegiado en la memoria histórica de los musulmanes.


NOTAS.-


[1] Traducción, extracto y adaptación del artículo publicado en la Saudi Aramco World , enero / febrero de 1993, pp. 2-9. Disponible online en: http://www.islamicspain.tv/Islamic-Spain/the_other_1492.htm Versión en castellano a cargo del equipo de traductores de Alif Nûn . Para más información sobre al-Andalus y el final de la España islámica, consultar nuestras secciones de “ Historia: al-Andalus ” e “ Historia: moriscos ”. (Nota de la Redacción).

[2] Greg Noakes es un musulmán estadounidense, jefe de redacción de The Washington Report on Middle East Affairs y autor de numerosos artículos sobre cuestiones islámicas y del norte de África.

[3] Siglos más tarde, el Imperio Otomano llegaría en dos ocasiones (1529 y 1683) a las puertas de Viena, en el corazón de la Europa Central. (Nota de la Redacción).

[4] Para más información, véase María Crego Gómez, Toledo en época omeya (ss.VIII-X) , Diputación de Toledo, Madrid, 2007. (Nota de la Redacción).

[5] En castellano a dado lugar a la palabra “morabito”, es decir, una persona considerada especialmente pía a la que popularmente se atribuye cierta santidad. La misma palabra designa, por extensión, bien el lugar donde vive el morabito, una especie de ermita situada en algún lugar por lo general despoblado, o a la tumba de un personaje de estas características, que es objeto de veneración popular. En castellano, el culto a los morabitos suele denominarse “morabitismo” o “marabutismo”, término éste último tomado del francés maraboutisme . Para más información, véase El Hassane Arabi , Magia y superstición: santos y santuarios de Marruecos , Clan, Madrid, 2006. (Nota de la Redacción).

[6] Para más información, véase Robert Boase, “ La expulsión de los musulmanes de España: un antiguo ejemplo de limpieza étnica y religiosa ”, revista Alif Nûn nº 68, febrero de 2009. (Nota de la Redacción).

[7] Para más información, véase “ La Giralda de Sevilla ”, revista Alif Nûn nº 60, mayo de 2008. (Nota de la Redacción).

[8] Para más información, véase El Mensaje del Islam, “ La Alhambra de Granada ”, revista Alif Nûn nº 50, junio de 2007. (Nota de la Redacción).

[9] Para más información, véase Tomas Irving, “ El arte mudéjar: origen, características e influencias transatlánticas ”, revista Alif Nûn nº 52, septiembre de 2007. (Nota de la Redacción).

[10] Para más información, véase Cristina Cruces Roldán, El flamenco y la música andalusí , Carena, Sevilla, 2003. (Nota de la Redacción).

[11] Para más información, véase Juan Vernet , Lo que Europa debe al Islam de España , El Acantilado, Barcelona, 2001. (Nota de la Redacción).

[12] Para más información sobre la figura de Averroes , véase Miguel Cruz Hernández, Abu-l-Walid Muhammad Ibn Rushd (Averroes). Vida, Obra, Pensamiento, Influencia , Caja Sur, Córdoba, 1997; Andrés Martínez Lorca , Averroes: El sabio cordobés que iluminó Europa , El Páramo, Córdoba, 2010; Idoia Maiza Ozcoidi, La concepción de la filosofía de Averroes , Trotta, Madrid, 2001. (Nota de la Redacción).

[13] Para más información sobre la figura de Al-Ghazali , véase Kenneth Avery, “Conocimiento de Dios y del Ser en la Alquimia de la felicidad de Qazâli”, revista Sufí nº 11 , Nur, Madrid, primavera-verano 2006; Amrei Rahman, “ Muhammad al-Gazali: análisis de su pensamiento y su trayectoria vital ”, revista Alif Nûn

[14] Para más información sobre la figura de Ibn Hazm, véase Ramón Mújica Pinilla, El collar de la paloma del alma: amor sagrado y amor profano en la enseñanza de Ibn Hazm e Ibn Arabi , Hiperión, Madrid, 1990; Juan Félix Bellido , Ibn Hazm, el andalusí , El Almendro, Córdoba, 2007. (Nota de la Redacción).

[15] Para más información, véase Teresa Garulo, La literatura árabe de al-Andalus , Hiperión, Madrid, 1998. (Nota de la Redacción).

[16] Para más información, véase Cristina Cruces Roldán, El flamenco y la música andalusí , op. cit.; Christian Poché, La música arábigo-andaluza (con CD) , Akal, Madrid, 2006; VV.AA., Música y poesía al sur de Al-Andalus , Sierra Nevada, Granada, 1995; VV.AA., Música y poesía del sur de al-Andalus , Legado Andalusí, Granda, 1995; Roger Garaudy , “ La música arábigo-andaluza ”, revista Alif Nûn nº 50, junio de 2007. (Nota de la Redacción).

[17] Para más información, véase Mercedes García-Arenal, La diáspora de los andalusíes , Icaria, Barcelona, 2003; Luis F. Bernabé Pons , Los moriscos: conflicto, expulsión y diáspora , La Catarata, Madrid, 2009; G. Gonzalbes Busto, Los moriscos en Marruecos , Ed. Personal, Granada, 1992. (Nota de la Redacción).

[18] Para más información sobre la situación de los musulmanes en China, véase Élisabeth Halles, Musulmanes de China , Bellaterra, Barcelona, 2008; Haroon Moghul, “ La frontera invisible del Islam: los musulmanes del Turquestán Oriental ”, revista Alif Nûn nº 73, julio de 2009. Para más información sobre la situación de los musulmanes en la antigua Unión Soviética, véase Rafis Avazov, “Islam político en Asia Central”, revista Alif Nûn nos 55 (diciembre de 2007) y 56 (enero de 2008) . (Nota de la Redacción).


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