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ISSN 1695-1751                                                                 Número 87 - Noviembre.2010 Dhul-Hijjah  1431 
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Estimados lectores:

      Con el nacimiento de conceptos como el multiculturalismo o la globalización hemos ido tomando cada vez mayor conciencia de la existencia del “otro”. Las sociedades europeas, poco acostumbradas en el pasado a convivir con culturas y religiones distintas, comenzaron a recibir tras la Segunda Guerra Mundial un aluvión de inmigrantes procedente del mundo islámico. Estos inmigrantes han generado sentimientos contradictorios entre la población nativa. Por un lado, turcos, argelinos y pakistaníes han ayudado con su trabajo a levantar las economías de países como Alemania, Francia y el Reino Unido, y, en este sentido, han resultado ser muy necesarios para sus sociedades de acogida. Por el otro, sin embargo, representan un importante desafío para la vieja y tradicional identidad europea y, en ese sentido, se han convertido en elementos extraños que necesitan ser “integrados”, lo cual, en la mayoría de los casos, significa acabar con sus particularidades culturales, en nombre de una mal entendida unidad. Europa se ha vuelto mestiza y los ciudadanos europeos deben aprender a convivir con esta nueva realidad, mucho más diversa y heterogénea, y a apreciar las oportunidades que ofrece la nueva situación. Por su parte, los inmigrantes también deben aceptar que ya no se encuentran en sus sociedades de origen y, por lo tanto, deben estar dispuestos a abrirse ante la sociedad de acogida y a asumir las influencias culturales de ésta. La llamada “pureza cultural” es una falacia tan evidente como la “pureza racial” y, sin embargo, mientras que la segunda está en franco retroceso, la primera sigue esgrimiéndose para justificar la indiferencia mutua y la supuesta incompatibilidad de ciertas culturas y sociedades con los valores democráticos.
       Entretanto, las sociedades y los estados del Oriente Medio actual también deben hacer frente a los desafíos de una nueva identidad nacional más proclive a la integración de distintas sensibilidades, en un momento en el que los derechos políticos y civiles de los ciudadanos de esta zona del globo no pueden seguir siendo ignorados por más tiempo. El problema que deben afrontar estos países es de una naturaleza diferente al de Europa. En la mayor parte de ellos ha sido habitual la presencia y la convivencia de diversas comunidades étnicas y religiosas a lo largo de la historia. Paradójicamente (o no tanto), fue a raíz de la creación de las modernas naciones-estado cuando comenzaron a exacerbarse las identidades nacionalistas, étnicas y religiosas en Oriente Medio. En este caso no se trata de aceptar la presencia de colectivos recién llegados, pues casi todas estas sociedades han sido heterogéneas desde hace muchos siglos, sino de que los Estados surgidos tras la descolonización sean capaces de asumir una realidad plural, aunque eso los obligue a renunciar a ejercer el poder de manera despótica y arbitraria.
        En el número de Alif Nûn de este mes nos adentramos en ese mundo de identidades diversas que representan las sociedades del Viejo Mundo (tanto europeo como de Oriente Medio) y en las dificultades y tensiones que esta situación está provocando. El primero de los artículos es un extracto de la correspondencia mantenida entre Zafer Senocak, uno de los más destacados y versátiles escritores alemanes de origen turco, y Abdelkader Benali, renombrado novelista y autor holandés de origen marroquí. En dicha correspondencia dialogan sobre sus respectivas experiencias en dos culturas diferentes y los problemas de integración a los que se enfrentan los inmigrantes musulmanes en las sociedades europeas de hoy en día. El segundo artículo analiza la crisis de identidad por la que atraviesan las sociedades y los estados de Oriente Medio y el recurso de estos últimos a ideas-fuerza como la religión para legitimar el ejercicio del poder. Para terminar, el tercer artículo del mes es un viaje de ida y vuelta entre Francia y Egipto, en el que se analiza la problemática de dos colectivos minoritarios: los inmigrantes musulmanes (sobre todo argelinos) en Francia y la comunidad de cristianos coptos en Egipto. Dos realidades aparentemente muy diferentes que, sin embargo, no carecen de puntos en común.


La Dirección.

      En su correspondencia, Zafer Senocak, uno de los más destacados y versátiles escritores alemanes de origen turco, y Abdelkader Benali, renombrado novelista y autor holandés de origen marroquí, dialogan sobre sus respectivas experiencias en dos culturas diferentes y los problemas de integración a los que se enfrentan los musulmanes de hoy en día.


        En mi opinión, y al contrario de lo que habitualmente suele afirmarse, el problema básico que afecta a la mayoría de los estados de Oriente Medio no es su déficit democrático (que también existe) sino la dificultad para definir su identidad nacional. Una vez resuelto el asunto de la identidad, el camino hacia la plena democracia y un verdadero régimen de libertades quedaría en gran medida expedito.
Casi ochenta años después de la caída del Imperio Otomano, del cual surgieron la mayoría de estos estados, todos ellos han sido incapaces de precisar, concretar y conservar una identidad nacional con la cual pueda identificarse la totalidad de sus ciudadanos. Ningún país de Oriente Medio es homogéneo, sino que está formado por numerosas comunidades étnicas, religiosas, culturales y lingüísticas. Sin embargo, ninguno ha logrado desarrollar una identidad nacional que refleje ese carácter heterogéneo. Al margen de los distintos regímenes políticos (dictaduras o seudo-democracias, monarquías o repúblicas), los estados de Oriente Medio se han mostrado incapaces de reconocer, integrar y reflejar la diversidad étnica y cultural de las sociedades a las que, en principio, deberían representar. Todos ellos, sin excepción, han tratado de imponer una determinada identidad sobre las demás. Ya sean de carácter laico o religioso, estos intentos han fracasado y han provocado división y tensiones sociales, en el mejor de los casos, y guerras civiles o genocidios, en el peor.

 

        Nociones contradictorias coexisten en una mezcla única, aunque de un modo incómodo. El siglo XX se caracterizó tanto por el aumento de los conflictos étnicos y la disgregación social como por la creación de alianzas y de un pensamiento unitario. Inestables enfrentamientos étnicos en Australia, Líbano, México, Países Bajos, Indonesia, Chechenia y otros lugares han situado con gran urgencia la noción de identidad política en el centro de atención de la conciencia global. Desde París hasta El Cairo, la situación de las minorías, la identidad nacional y la asimilación aparecen en la vanguardia de estas luchas culturales.
      En la tierra de la “Liberté, Egalité, Fraternité”, en el corazón del modelo de integración francés, existe una contradicción inherente. La política oficial del Estado afirma que la “integración” de los inmigrantes y sus descendientes es un asunto vital. A nivel institucional y político, todos las dificultades relacionadas con temas migratorios y raciales son calificadas como “problemas de integración”. En consecuencia, el Estado no tiene ningún lenguaje o mecanismo para describir u ocuparse de abstracciones como la marginación o el multiculturalismo. El Haut Conseil à l’Intégration (Alto Consejo para la Integración), comité francés de “integración” dependiente del gobierno y formado por un grupo de expertos, fue creado hace no demasiado tiempo (1989) para ocuparse de estos problemas. Con un violento incidente en un suburbio de Lyón en octubre de 1990, viendo la tormenta que se avecinaba, el gobierno se apresuró a crear un nuevo Ministerio de Asuntos Urbanos apenas dos meses después.


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Así que háblame de las bombas que cayeron mientras yo dormía
y de las mejillas que humedeció el rocío mientras yo dormía
y de los patos que volaron sobre los mares.

En estas horas tumultuosas donde las orugas de los blindados
cruzaban los sueños de los niños,
díme al pie de qué refugio
anudó el canario el hilo amarillo de su canto.


                                                                                     _" Todo nada, todo mirada "
                                                                                   [Sohrab Sepehri]
                                                   
 

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