PASADO, PRESENTE Y FUTURO
DE LA CIENCIA EN EL MUNDO ÁRABE [1]

Wasim Maziak [2]


 De todos los logros alcanzados por los occidentales, quizá el que les hace sentirse más orgullosos es su revolución científica, la cual se ha venido desarrollando a lo largo de los últimos quinientos años. Sólo los estudiantes de historia son realmente conscientes del papel fundamental que el mundo árabe jugó como catalizador en las primeras fases de esta revolución. [3] Hoy en día todos nosotros deberíamos mostrar un gran interés en que la ciencia y la tecnología avancen dentro de la comunidad árabe. La ciencia y la tecnología ofrecen medios para alimentar a las personas, mejorar su salud y crear riqueza. Pueden ayudar a reducir las tensiones sociales y construir puentes que fomenten el muy necesario diálogo y la comprensión entre las distintas naciones. Sin embargo, para asentar más a fondo la ciencia y la tecnología en la cultura árabe, Occidente debe reconocer las contribuciones del mundo árabe a lo largo de la historia, y el mundo árabe debe dejar de permanecer anclado en su glorioso pasado y aprovechar también las lecciones científicas y tecnológicas que Occidente aprendió hace mucho tiempo.

En la Europa medieval, donde prevaleció el dogma cristiano de que el mundo se desarrolló de acuerdo a un plan divino predeterminado, había pocas oportunidades para quienes tenían la voluntad y el deseo de comprender la naturaleza con el fin de usarla en su propio beneficio. Desde principios del siglo XI, las debilitadas provincias árabes de España (al-Andalus) fueron cayendo ante los ejércitos europeos, y con ellas llegó un precioso botín que cambió el mundo: los excepcionales logros intelectuales alcanzados por los eruditos árabo-islámicos desde el siglo VIII. [4] Las boyantes bibliotecas de ciudades como Toledo y Córdoba contenían miles de libros dedicados a todos los campos del conocimiento. A diferencia de los mongoles, quienes destruyeron Bagdad y sus bibliotecas en el siglo XIII, acabando así abruptamente con la época dorada de la civilización árabo-islámica, los europeos pronto comprendieron el valor de esta oportunidad para adquirir conocimiento.

Durante el califato abbasí (750-1258), los musulmanes estimulaban el estudio en todos los campos del conocimiento, y eruditos de todas las razas y credos viajaban a Damasco y Bagdad para aprender y trabajar. En esta época de tolerancia, los lideres islámicos animaban a estudiar y emplear la razón para comprender la naturaleza. Los primeros califas abbasíes –sobre todo Al-Mansur, Harun Al-Rachid y Al-Ma'mun, quienes reinaron entre el año 754 y el 833– adoptaron la ciencia como una política habitual del Estado, dando inicio a una era dorada de la civilización árabo-islámica. Se produjo un entusiasta movimiento de traducción y estudio de libros antiguos y se alcanzaron nuevos conocimientos a una escala sin precedentes. Los eruditos árabes y musulmanes obtuvieron grandes avances en todos los campos de la ciencia: matemáticas, astronomía, medicina, óptica, etc. [5] Las abundantes obras de Al-Razi (Rhazes) y Al-Jwarizmi a lo largo de los siglos IX y X sentaron las bases de la medicina moderna y las matemáticas (la palabra “algoritmo” proviene del nombre Al-Jwarizmi). Esta sed de conocimiento se transmitió rápidamente a otros lugares del mundo islámico, y Al-Andalus pronto compitió con Bagdad como centro cultural para árabes y musulmanes.

Igual de importante que la influencia de los descubrimientos científicos árabo-islámicos en el Renacimiento europeo fue la reintroducción de la filosofía natural de la antigua Grecia en la Europa medieval mediante las traducciones realizadas por los eruditos musulmanes. El historiador James Burke identifica varios hitos del conocimiento que impulsaron el Renacimiento. Uno de ellos está representado por Ibn Sina [6] ( Avicena , 980-1037), cuyo Kitab al-shifa (“El libro de la curación”) introdujo en la Europa medieval los principios de la lógica y su uso para adquirir conocimientos, y elevo la ciencia y la religión al mismo rango, considerando a ambas como fuentes de conocimiento y como vías válidas para comprender el universo. Otro gran hito fue Ibn-Rushd [7] ( Averroes , 1126-1198), cuyos escritos y comentarios reintrodujeron en la Europa medieval el enfoque aristotélico para estudiar la naturaleza mediante la observación y el razonamiento.

Desde ese momento, el paradigma científico avanzó sin cesar en toda Europa. Al mismo tiempo, la civilización árabo-islámica y sus contribuciones a la ciencia y el conocimiento comenzaron su largo declive a partir de Ibn Jaldún [8] (1332-1395), quien estableció en su Muqaddamah los principios básicos de la sociología moderna, siendo el último gran pensador árabe de la época. Por otra parte, esta decadencia estuvo acompañada por un cambio importante en los paradigmas del pensamiento dominante dentro del contexto árabo-islámico, pasando del racionalismo y la tolerancia a una escuela de pensamiento más conservadora que criticaba la filosofía y el racionalismo. [9] Este punto de vista conservador y dogmático sigue siendo influyente hoy en día y nadie lo ha cuestionado realmente, salvo reformistas del siglo XIX y XX como Yamaleddin Al-Afghani y Muhammed Abduh. [10] Ambos eruditos se opusieron de manera clara al colonialismo, pero también apoyaron el racionalismo y buscaron reconciliar los principios islámicos con los de la modernidad.

La decadencia de la ciencia en el mundo árabe

En la actualidad, la producción científica de los árabes es proporcionalmente muy inferior a sus recursos humanos y económicos. Si nos referimos, por ejemplo, a la investigación biomédica, los países árabes desarrollan menos del 1% de esta investigación a nivel mundial y contribuyen con menos del 0,5% de los artículos que aparecen en las 200 revistas médicas más importantes. [11] Se estima que el gasto anual en investigación y desarrollo en los países árabes es del 0,15% de su producto interior bruto (PIB), frente a un promedio mundial del 1,4%. [12] La falta de financiación, el reducido apoyo institucional y la escasa integración en la comunidad científica internacional son algunas de las muchas razones que los analistas han citado para explicar la situación actual de la ciencia en los países árabes. También han influido factores más generales como las guerras, los conflictos y las sanciones internacionales de carácter político y económico.

Estos, sin duda, son factores importantes, pero no explican las razones fundamentales por las que la ciencia en el mundo árabe atraviesa en la actualidad por una situación semejante. Por ejemplo, a países que gozan de periodos de estabilidad y prosperidad relativamente largos (la mayoría de los estados del Golfo) no les va mejor en términos de investigación biomédica, sobre todo teniendo en cuenta el gran número de científicos extranjeros que trabajan allí. Por su parte, a países como Líbano y Jordania, que durante mucho tiempo han experimentado conflictos internos y pobreza, les va mejor que a otros estados árabes cuando valoramos su producción científica en relación a su PIB. [13] Esto sugiere que los factores menos obvios están desempeñando un papel decisivo en la manera que las sociedades árabes valoran la ciencia.

Mientras que la mayoría de los estados árabes pobres considera la ciencia como un lujo que no se pueden permitir, los estados árabes ricos han adoptado de manera ilusoria la ciencia y la tecnología. Los árabes ricos creen que el dinero del petróleo unido a la tecnología occidental es una manera sencilla de industrializarse y modernizarse. Por lo tanto, piensan que adquiriendo los productos tecnológicos más novedosos o comprando acciones de las industrias de alta tecnología pueden convertirse en parte de la revolución tecnológica del mundo moderno. Después de todo, la mayoría de los árabes considera la ciencia como un producto que puede separarse del modo de pensar y de las características socioculturales de sus productores. Este punto de vista hace difícil apreciar las diferencias culturales y de valores entre las sociedades que producen tecnología y las que la consumen.

Al mismo tiempo, “Occidente” también ha jugado su papel a la hora de consolidar este cisma, tratando a los árabes como un simple nicho de mercado repleto de consumidores insaciables a los que se debe apaciguar, pero sin comprometerse en absoluto en el desarrollo de las capacidades científicas y tecnológicas de dicho mercado. Este enfoque ha dado lugar a una alianza de negocios basada en contratos comerciales, pero no se ha producido un verdadero diálogo más allá de eso. Durante un tiempo, este estado de cosas parecía convenir a ambas partes, pero el rápido avance de la tecnología de la información y la comunicación perturbó esta quietud. Sin embargo, ¿quién de nosotros podría haber previsto hace una década o dos el profundo impacto de este desarrollo tecnológico en casi todos los aspectos de la vida de casi todas las sociedades?

Quizá han sido las sociedades islámicas tradicionales las que han sentido este impacto con más fuerza. La proliferación y expansión de las tecnologías de la información han supuesto una invasión arrolladora de la cultura occidental en prácticamente todas las esferas de la vida. El estilo de vida, la moda, los valores y la conducta occidentales se han infiltrado en los hogares árabes a través de la televisión vía satélite, Internet y la comunicación electrónica, y no hay modo de mantener esta influencia bajo control. Sospecho que esta invasión no deseada de los valores y la cultura occidentales se ha dejado sentir de manera más directa sobre los árabes de hoy en día que sobre sus abuelos de los siglos XIX y XX, quienes se enfrentaron a los ejércitos europeos que ocupaban su patria.

Los árabes comienzan a concienciarse del hecho de que la llegada de innovaciones trae consigo, directa o indirectamente, el estilo de vida y los valores socioculturales de los innovadores. La riqueza, al parecer, se muestra impotente frente a la cultura de quienes crean y poseen la tecnología. Para la mayoría de las sociedades árabes actuales, la ola de acontecimientos procedente de todas direcciones –de su presente plagado de conflictos, de la injusta distribución de la riqueza y de sus regímenes políticos controlados por tiranos que no toleran la disidencia– ha sido confusa, cruel y agotadora. La frustración resultante se ha canalizado hacia fuera (hacia Occidente), en forma de desprecio y hostilidad, y hacia dentro, en forma de una visión antagónica del mundo.

En este conflictivo contexto sociológico y emocional, ha habido poco espacio en el pensamiento árabe para distinguir entre la dinámica del mercado, la política y las naciones, para percibir el valioso discurso y la diversidad de las sociedades occidentales, o para apreciar los valores morales y la ética del trabajo de la cultura occidental. En cambio, Occidente en su conjunto ha sido paulatinamente  demonizado, y muchos creadores de opinión árabes, vinculando la moderna cultura occidental con el periodo de las Cruzadas, han inventado una base histórica para justificar esta demonización, como si los males del pasado tuvieran su continuidad en el presente (sin duda, muchos occidentales, en especial tras el 11 de septiembre, han adoptado una actitud similar hacia los árabes y musulmanes). [14] Desde un punto de vista psicológico, esta actitud es comprensible. Como pueblo orgulloso que son, los árabes buscaron refugio en su glorioso pasado, y como cultura amenazada, acudieron a su propio sistema de pensamiento (el Islam) en busca de respuestas. Sin embargo, esta reacción ha llegado a un punto en el que el pasado se ha idealizado y se ha filtrado de manera interesada, y las enseñanzas islámicas se han usado de manera selectiva para defender e instigar el sentimiento antioccidental emergente. 

Con pocos motivos para el orgullo o la celebración, los árabes se han inclinado por trivializar la vida efímera y terrenal, y en su lugar han elegido reorientar el principal propósito de la existencia para asegurarse la salvación de su alma. Una consecuencia lógica de este replanteamiento existencial ha sido considerar el interés occidental por la ciencia como una atracción ilícita por las frivolidades materiales. Durante décadas, estos cambios han ido proliferando y creciendo bajo la superficie, creando una atmósfera hostil hacia la ciencia y negando de hecho la posibilidad de aprender de la experiencia occidental.

La ciencia se ha visto atrapada en un fuego cruzado. Subconscientemente, para muchos árabes, los vínculos de la ciencia moderna con Occidente, el racionalismo y el materialismo naturalista le han conferido a ésta un aire amenazante. Y dado que la ciencia no puede practicarse hoy en día sin una estrecha colaboración con las instituciones académicas occidentales, la investigación científica se ha convertido, en opinión de muchos árabes, en una actividad sospechosa e incluso en otra posible vía de acceso para la invasión occidental. 

Como resultado, el camino hacia el futuro ya no pasa por implicarse en el desarrollo científico, sino por regresar al verdadero Islam. Al tomar esta decisión, quedan sin responder cuáles serán las consecuencias de rechazar la ciencia y cómo se afrontarán los desafíos del inevitable desfase tecnológico que esta decisión traerá consigo. En el otro lado de la ecuación, el paradigma liberal-democrático, el principal punto de vista que compite con el islámico en los países árabes de hoy en día, se centra sobre todo en la estructura política y se muestra igualmente ambiguo con respecto a la importancia de la ciencia como fuerza impulsora del desarrollo. Con una comunidad científica silenciada casi por completo, la ciencia en el mundo árabe no tiene en la actualidad a nadie que hable en su nombre, y ocupa un lugar insignificante. Además, su manera de entender e investigar la naturaleza, así como su propia historia, apenas atrae ningún interés.

El despertar de la ciencia árabe

La ciencia se nutre de la libertad para investigar y del flujo sin trabas de la información. La mayoría de las sociedades árabes está sometida a dictaduras que practican diversos niveles de censura sobre sus ciudadanos, lo que trae consigo un debilitamiento de las instituciones democráticas. Estas instituciones son vitales para el desarrollo de la ciencia, fomentando la diversidad dentro de la sociedad, haciéndola menos propensa a adoptar dogmas y doctrinas rígidas, defendiendo la importancia de la ciencia y la libertad de investigación, y protegiendo a los científicos de las presiones sociales y políticas que les impidan investigar sobre cuestiones conflictivas, como por ejemplo la influencia de la poligamia sobre la salud física y mental de las mujeres. [15] Si las instituciones democráticas cumplieran con su función, también dificultarían que los gobernantes gastaran en armamento la mayor parte de los ingresos nacionales, mientras que otras áreas, incluyendo la ciencia, sufren en gran medida la falta de financiación.

Las principales instituciones científicas de los países árabes están a cargo de los gobiernos, lo cual, en sistemas no democráticos, significa que sus objetivos son en realidad más políticos que científicos. Esta manera de gobernar se refleja desfavorablemente en muchos aspectos de la vida académica, otorgando poca importancia a los méritos científicos y a la investigación como criterios para la promoción profesional, e impidiendo una verdadera evaluación del rendimiento científico de estas instituciones. A su vez, la ausencia de investigaciones de alto nivel por parte del profesorado universitario  limita las oportunidades de formación para los estudiantes y obstaculiza la mejora de las propias estructuras organizativas que ayudarían a desarrollar la capacidad de investigación. Todo ello ha convertido a la mayor parte de las universidades árabes en simples centros para difundir información, no para cuestionar, criticar y buscar realmente nuevos conocimientos. 

Para que la investigación y la ciencia despunten de nuevo en los países árabes, es necesario que las universidades y las instituciones académicas se conviertan en centros para difundir y generar conocimiento, y que los fondos para la investigación se asignen de acuerdo a unos criterios adecuados de evaluación.

Así pues, ¿qué porvenir les espera a los árabes dentro del panorama científico actual? La misma revolución de la información que muchos árabes consideran como una amenaza también representa una oportunidad sin precedentes para todas las naciones del mundo de superar el desfase científico y tecnológico. Toda sociedad tiene ahora los medios para desarrollar sus propias capacidades científicas y tecnológicas, sin necesidad de seguir la senda marcada por la revolución científica de Occidente. Esta posibilidad debería facilitar a las culturas orientales la creación de su propia base científica y, de hecho, eso es exactamente lo que están haciendo muchas naciones de Asia, sin preocuparse demasiado por la pérdida de su identidad cultural o sus valores morales.

Sin embargo, los árabes sienten que deben pagar un precio considerable si desean poder conocer al instante el pronóstico del tiempo en alguna zona remota o reunir 100 opiniones sobre cualquier asunto con sólo pulsar unas pocas teclas. Después de todo, esta tecnología está forjando su propia cultura global, con influencias en su mayoría occidentales. Por lo tanto, apoyarla como un no occidental significa aceptar a nivel personal un papel secundario en el escenario cultural transnacional. No obstante, esto no quiere decir que exista un poder oculto occidental que controle los centros de información y comunicación global. El escenario global está abierto para todo el mundo, y cuanto más avance tecnológicamente una nación y se abra a nuevas ideas, más podrá contribuir a esta cultura global emergente e influir sobre la misma. El dilema para los árabes de hoy en día se reduce a elegir entre el auto-exilio de la comunidad global en aras de preservar su identidad cultural, o contribuir a la cultura global con su propia identidad personal, al margen de la raza, la religión o la ideología. Si los árabes deciden asumir este nuevo contexto global, no sería descabellado pensar que el centro de influencia de esta cultura pudiera comenzar a desplazarse hacia Oriente dentro de unas pocas décadas.

Se nos presenta una gran oportunidad. El mundo árabe necesita abrir de nuevo su memoria colectiva a Occidente, reconociendo la contribución de éste a la ciencia moderna en todo el mundo. A su vez, Occidente debe reconocer la aportación de los árabes a la revolución científica, sin menospreciar el papel que ha jugado el Islam. Si nos sentimos realmente orgullosos del glorioso pasado de los árabes, debemos extraer las lecciones correctas al respecto: adoptar la ciencia como política de Estado, fomentar la libre investigación científica, divulgar la ciencia entre la población y, lo más importante, aceptar sin temores ni prejuicios los logros científicos de otras culturas. Sin duda, el grado más alto de piedad debe ser una vez más la contribución individual al bienestar de la sociedad, y el mayor de los pecados, la aceptación de un retraso y una dependencia permanentes, pero evitables.



NOTAS.-


[1] Traducción, extracto y adaptación del artículo aparecido en Science Magazine , 3 de junio de 2005, vol. 308, nº 5727, pp. 1416-1418. Disponible online en: http://www.sciencemag.org/cgi/content/full/sci%3B308/5727/1416 Versión en castellano elaborada por el equipo de traductores de Alif Nûn . (Nota de la Redacción).

[2] Wasim Maziak es director del Centro Sirio para Estudios sobre el Tabaco, institución que estudia las adicciones y los efectos nocivos de dicha sustancia. Estudió medicina en la Universidad de Alepo (Siria) y se especializó en alergología en la Universidad de Kiev (Ucrania). Ha trabajado en su especialidad de epidemiólogo en el Instituto de Epidemiología y Medicina Social en Muenster, Alemania, y el National Heart and Lung Institute de Londres, Reino Unido. Actualmente es profesor adjunto en la Universidad de Menphis (Tennessee, EE.UU) y ha desarrollado un proyecto destinado a ayudar a los investigadores de los países en desarrollo para obtener asistencia especializada en sus proyectos de investigación.

[3] Para más información, véase Juan Vernet, Lo que Europa debe al Islam de España , El Acantilado, Barcelona, 2001; John Hobson, Los orígenes orientales de la civilización de Occidente , Crítica, Barcelona, 2006; Tim Wallace-Murphy, La herencia cultural del Islam en Occidente , Blume, Barcelona, 2007. (Nota de la Redacción).

[4] Para más información, véase Sa’id al-Andalusi, Historia de la filosofía y de las ciencias , Trotta, Madrid, 2000. (Nota de la Redacción).

[5] Para más información, véase Abdelmalik Hamza, “ El legado científico del mundo islámico ”, revista Alif Nûn nº 70, abril de 2009. (Nota de la Redacción).

[6] Para más información sobre la figura de Ibn Sina, véase Miguel Cruz Hernández, Historia del pensamiento en el mundo islámico: desde los orígenes hasta el siglo XII en Oriente, Alianza, Madrid, 2000; Henry Corbin, Avicena y el relato visionario , Paidós, Barcelona, 1995. (Nota de la Redacción).

[7] Durante el Renacimiento, Ibn Rushd a menudo era conocido como “El Comentador”, en contraste con Aristóteles “El Filósofo”, lo cual indica su importancia y estatus. (Nota del autor).
Para más información sobre la figura de Averroes, véase Miguel Cruz Hernández, Historia del pensamiento en el mundo islámico: desde los orígenes hasta el siglo XII en Oriente, ob. cit; Ernest Renan, Averroes y el averroísmo , Hiperión, Madrid, 1992; Miguel Cruz Hernández, Abu-l-Walid Muhammad ibn Rushd (Averroes). Vida, Obra, Pensamiento, Influencia , Caja Sur, Córdoba, 1997; Idoia Maiza Ozcoidi, La concepción de la filosofía de Averroes , Trotta, Madrid, 2001. (Nota de la Redacción).

[8] Para más información sobre la figura de Ibn Jaldún, véase Miguel Cruz Hernández, Historia del pensamiento en el mundo islámico 3: el pensamiento islámico desde Ibn Jaldún hasta nuestros días , Alianza, Madrid, 2002; VV.AA, Miradas españolas sobre Ibn Jaldún , Ibersaf, Madrid, 2008; Marianela Nieto, Yo, Ibn Jaldún , El Almendro, Córdoba, 2009; Elías Trabulse, “Vida, obra y pensamiento de Ibn Jaldún”, revista Alif Nûn nos 39 (junio de 2006) y 40 (julio de 2006) .

[9] Para más información, véase Mohammed A. Al-Yabri, Crítica de la razón árabe , Icaria, Barcelona, 2001. (Nota de la Redacción).

[10] Cuando regresó de un viaje por Europa, Sheij Muhammad Abduh, dando a entender la prioridad de los actos sobre los ritos en el contexto islámico, dijo: “En Europa he visto Islam pero no musulmanes. Aquí, en Oriente, veo musulmanes pero no Islam”.

[11] A. Al-Khader, Saudi Med. J . nº 25, p. 1323 (2004).

[12] E. Massod, Nature nº 416, p. 120 (2002).

[13] G. O. Tadmouri, N. Bissar-Tadmouri, Lancet nº 362, p. 1766 (2003).

[14] Para más información sobre esta actitud de los occidentales hacia el Islam tras los atentados del 11-S, véase Rodney Blackhirst y Kenneth Oldmeadow, “ Sombras y conflictos: reflexiones sobre la confrontación entre el Islam y Occidente ”, revista Alif Nûn nº 82, mayo de 2010. (Nota de la Redacción).

[15] W. Maziak, T. Asfar, Health Care Women Int. nº 24, p. 313 (2003).

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