|
TRAS LOS PASOS DE AVERROES:
El pensamiento reformista de Muhammad Shahrur [1] Loay Mudhoon
Shahrur también se considera como
parte de una vanguardia de “reformistas” musulmanes. Para él, la clave
reside en reconocer que sólo hay un Dios, pero muchos caminos para
llegar al Él. Desde el comienzo mismo de su obra reformista hace casi
20 años, Shahrur ha pedido con vehemencia a los musulmanes que acudan
al texto revelado como verdadero criterio de la verdad divina, en lugar de
“someterse a la autoridad de la ley islámica”. En el contexto macropolítico,
Shahrur va un paso más allá y pide llevar a cabo una crítica
profunda de la cultura y la religión islámicas, basándose
en un diagnóstico de las circunstancias actuales. De acuerdo con
Shahrur, no puede haber una verdadera reforma política en los países
musulmanes sin afrontar primero reformas religiosas de gran alcance:
“La herencia religiosa debe ser leída y reinterpretada de manera
crítica. Las reformas culturales y religiosas son más importantes
que las políticas, pues son el requisito previo para cualquier
reforma de carácter secular.” Muhammad Shahrur nació el 11 de abril de 1938 en Damasco. Tras acabar sus estudios de secundaria, en 1964 inició sus estudios de ingeniería civil en Moscú, los cuales finalizó con éxito en 1964. La Guerra de los Seis Días, en junio de 1967, la cual ha afectado a las estructuras de Oriente Medio hasta nuestros días, impidió a Shahrur cursar sus estudios de doctorado en Londres, como tenía previsto, y en su lugar se trasladó a Dublín, pues la guerra provocó la ruptura de relaciones diplomáticas entre Siria y Gran Bretaña. Para Shahrur, la conmoción de
la conciencia colectiva del mundo árabe tras la devastadora derrota
en la Guerra de los Seis Días fue la catástrofe decisiva
que lo condujo a reflexionar sobre la situación de la cultura árabe
y a buscar una salida a la evidente crisis económica y, sobre todo,
moral e intelectual que afectaba a la región. En la introducción de su obra de referencia publicada en 1990, “El libro y el Corán: una interpretación contemporánea”, la cual, según Shahrur, le llevó más de 20 años acabar, cita de manera explícita los principales problemas del discurso islámico tradicional –desde la ausencia de un enfoque científico del texto divino a la tendencia de los juristas a la apología y la incapacidad para explicar o desarrollar un sistema epistemológico islámico. La obra de Shahrur es un esfuerzo exhaustivo para reconciliar la religión islámica con la filosofía moderna y la cosmovisión racionalista de las ciencias naturales. En cualquier caso, desde un principio quedó claro para él que la interpretación dominante del Islam está en flagrante contradicción con el verdadero espíritu de la revelación divina. Aunque Shahrur ha subrayado de manera
explícita que su obra de reforma consiste básicamente en
“una lectura contemporánea del texto revelado”, con el objetivo manifiesto
de “formular una teoría islámica de la divinidad que sea
a un tiempo humana y universal”, la comunidad de musulmanes “ortodoxos” ha
reaccionado con una campaña masiva de difamación frente a sus
posturas reformistas. Además, como era de esperar, no pocos comentaristas
de los medios de comunicación árabes han pedido que sea llevado
ante los tribunales por menospreciar a la persona del Profeta. Al menos
19 libros han sido publicados refutando los provocadores puntos de vista
de Shahrur, por no mencionar los innumerables artículos y noticias
de la prensa. La habilidad de Shahrur para pensar en términos matemáticos y científicos demostró ser de gran ayuda en su objetivo de leer el texto sagrado en un contexto contemporáneo. A ello se sumó su uso de los métodos más modernos de investigación lingüística. Shahrur comenzó a aplicar estos métodos a las azoras [capítulos] del Corán y llegó a la conclusión de que, al menos en parte, estaría justificado replantearse la ley islámica desde sus cimientos. Con su metodología, Shahrur consiguió desvelar un significado específico para conceptos islámicos fundamentales como al-kitab (la escritura) y al-quran (el Corán), que en el contexto de la revelación habían sido considerados hasta entonces como sinónimos. Estas conclusiones y la premisa de que el Corán abarca todos los campos condujo a Shahrur a adoptar una decisión fundamental en su lectura contemporánea del Corán: debe establecerse una distinción básica entre “profecía” (nubuwa ) y “mensaje” (risala). La profecía se refiere a lo divino y, por lo tanto, a unas leyes de la naturaleza objetivas y absolutamente válidas, mientras que el mensaje contiene disposiciones normativas que poseen una validez puramente subjetiva y que, por consiguiente, podemos elegir seguir o no. Otro aspecto decisivo en la investigación
del Corán llevada a cabo por Shahrur reside en el hecho de que este
enfoque moderno ha permitido comprender de un modo distinto uno de los
conceptos fundamentales del Islam: el de ser musulmán. Shahrur deduce
del Corán que un musulmán es alguien que cree en Dios y en
el Juicio Final, y también realiza buenas obras. Shahrur ha desarrollado una filosofía basada en el texto del Corán. Reconoce dos categorías fundamentales: “ser” (kaynuna) y “devenir” (sayrura). La primera es divina y absoluta, mientras que la segunda es humana y relativa. El ser está representado por la palabra de Dios, revelada a Muhammad y puesta por escrito en el Corán. La palabra de Dios constituye “el ser en sí mismo”, mientras que todo lo demás es “devenir”. La comprensión de la palabra divina también es, por lo tanto, un devenir constante. Cuando describe la dialéctica entre texto y contenido, Shahrur habla de “el carácter inamovible del texto y la flexibilidad del contenido”. Considera el texto del Corán como autónomo y autosuficiente. Además, sostiene que todo lo dicho o escrito sobre el texto coránico, incluidos los comentarios del Profeta Muhammad, está limitado históricamente. [2] Sin embargo, el texto del Corán
no es histórico. No obstante, debe reconocerse una diferencia entre
los versículos coránicos que hablan de preceptos y los que
hablan de leyes: siempre que el texto del Corán contiene preceptos
y no leyes es apropiado hablar de la historicidad del texto. La descripción que hace Shahrur de la función del Corán no difiere del punto de vista predominante entre los eruditos islámicos. De acuerdo a ésta, el Corán es “el sello de los libros” y contiene la palabra final y definitiva de las tres religiones reveladas. El Corán transmite la verdad absoluta de Dios, y los humanos sólo pueden comprender esta verdad a un nivel relativo. Por lo tanto, cualquier interpretación del Corán sólo puede ser válida por un periodo de tiempo específico y sólo para ese periodo. De acuerdo con esta interpretación coránica dependiente de la historia, Shahrur no considera que la Sunna del Profeta sea una fuente sagrada de la ley moral islámica. Muhammad, efectivamente, gozaba de una especial cercanía a Dios, pero era, no obstante, un ser humano normal, moldeado por la cultura árabe del siglo VII y el nivel de conocimiento de ésta. Al margen de esto, Shahrur afirma que Muhammad estableció el orden del texto coránico, pero no el de la Sunna. Este enfoque ha conducido inevitablemente a Shahrur a un feroz conflicto con los doctores de la ley musulmanes, quienes consideran la Sunna y los hadices del Profeta como la segunda fuente de autoridad dentro de la ley islámica. De acuerdo con la teoría de Shahrur, aquí es donde las fronteras entre el “ser” y el “devenir” se confunden, cuando los fundadores de la jurisprudencia islámica (fiqh ) convirtieron los hadices –los cuales transmiten la Sunna del Profeta y se remontan al periodo de la dinastía abbasí en el siglo VII– en la base de la ley islámica. En lugar de cuestionar los hadices, idealizaron
la época del Profeta y de los cuatro califas “bien guiados”, reconociendo
así estos textos como una fuente sagrada de la ley moral islámica.
Esto, por desgracia, puso fin a la libertad en la toma de decisiones, pues
las dudas acerca de cómo actuar o comportarse podían ahora
resolverse a través de un proceso de razonamiento analógico
(qiyas) basado en la vida de Muhammad.
[3]
La sharia también se ha visto sometida a la crítica de Shahrur, partiendo de lo que él considera la principal fuente de jurisprudencia, es decir, el Corán. A este respecto, Shahrur mantiene con firmeza la tesis de que todos los principios normativos tradicionalmente aceptados en el Corán deben considerarse como condicionados por las circunstancias históricas. Basándose en esta premisa, formuló la “teoría de los límites” como una solución válida para abordar las normas de conducta prescritas por Dios. Shahrur no entiende el concepto de límite (hudud) como “mandamiento” de Dios, de acuerdo a la interpretación islámica tradicional, sino más bien como una “frontera” establecida por Dios. Según este planteamiento, el Islam no establece leyes sino que se limita a marcar límites dentro de los cuales el hombre debe disfrutar del mayor grado posible de libertad. La rigidez de la jurisprudencia islámica aceptada actualmente se opone a la flexibilidad del Corán. Así pues, Dios ha establecido un límite superior y otro inferior para todas las acciones humanas mencionadas en el Corán, con un límite inferior y otro superior que representan respectivamente el mínimo y el máximo estipulados por la ley islámica en cada caso específico. Estableciendo incrementos graduales en los castigos por crímenes, la sharia sería mucho más flexible y, en última instancia, podrían dictarse sentencias realistas y acordes con las necesidades humanas. Como ejemplo de su “teoría de
los límites”, Shahrur expone el caso de castigo por robo. Según
su manera de entender el versículo 5:38 del Corán, cortar
la mano es el castigo más severo, pero no el único posible.
En vez de eso, un juez también podría condenar al culpable
a realizar trabajos voluntarios. Con su “teoría de los límites”, Shahrur hace compatible la sharia con los conceptos universales de democracia y derechos humanos. La legislación penal que se encuentra entre los dos límites pertenece al ámbito de poder de un parlamento elegido democráticamente. Esta manera de entender los mandamientos de Dios a modo de límites permite a Shahrur ver “cientos de millones de posibilidades” abiertas a la legislación. Además, reclama la completa despolitización del Islam, en la medida en que insiste en la necesidad de separar la religión del Estado. Así pues, el pensador reformista
Shahrur representa una posición diametralmente opuesta a la del
islamismo. Su opinión es que la jurisprudencia en el nombre de Dios
es una farsa que sólo beneficia a los que desean conservar el poder
político. Lo importante de su argumentación, la cual sólo hemos esbozado aquí, es que justifica la necesidad del relativismo histórico para interpretar las fuentes legales del Islam, no por consideraciones de orden práctico sino basándose en la propia teología islámica. Con su profunda crítica basada
en el Islam, este polémico interprete de la religión es el
mejor ejemplo de que la crítica más severa (aunque provechosa)
casi siempre es inherente al propio sistema. Aunque las tesis de Shahrur y sus esfuerzos por ofrecer una nueva base para interpretar el marco teórico de esta religión puedan parecer demasiado ambiciosos y hasta el momento sólo hayan alcanzado a una escasa audiencia de intelectuales, contribuyen en gran medida a recuperar el discurso islámico reformista a nivel interno, aunque sólo sea por sus llamativos planteamientos. Si bien Shahrur rechaza por completo cualquier estructura jerárquica dentro del Islam, por juzgarlas una simple invención humana, no deberíamos deducir que sea un racionalista plenamente convencido, al estilo de quienes consideran un desastre los “desvaríos metafísicos”. Cuando el sheij Yusuf Al-Qaradawi, influyente muftí a nivel mundial e invitado habitual de la acreditada cadena de TV por satélite Al-Jazeera, fue preguntado por el trabajo de Shahrur y la importancia de éste para el mundo islámico, el influyente tele-predicador afirmó de manera sucinta y contundente: “¡es una nueva religión!” Sin embargo, no cabe duda de que Shahrur
no desea reinventar el Islam, sino más bien revivir el mensaje imperecedero
de Ibn Rushd (Averroes), es decir, que la revelación y la razón
no son contradictorias, sino complementarias.
[4]
NOTAS.- [1] Traducción, extracto y adaptación del artículo publicado en: http://de.qantara.de/webcom/show_article.php/_c-469/_nr-1011/i.html Versión en castellano elaborada por el equipo de traductores de Alif Nûn . (Nota de la Redacción). [2] Para más información, véase Sachiko Murata y William C. Chittick, “ El Corán y sus traducciones ”, revista Alif Nûn nº 72, junio de 2009; Elsayed M. H. Omran, “El Islam, el Corán y la literatura árabe”, revista Alif Nûn nos 62 (julio de 2008) y 63 (septiembre de 2008) . (Nota de la Redacción). [3] Para más información sobre el qiyas y el lugar que ocupa dentro de la jurisprudencia islámica, véase Felipe Maíllo Salgado, Diccionario de derecho islámico , Trea, Asturias, 2006; Noel J. Coulson, Historia del derecho islámico , Bellaterra, Barcelona, 1998; Bruno Aguilera Barchet, Iniciación histórica al derecho musulmán , Dykinson, Madrid, 2007; Yusuf Fernández, “ El Islam y las escuelas jurídicas ”, revista Alif Nûn nº 43, noviembre de 2006 . (Nota de Redacción). [4] Para más información sobre la figura de Averroes, véase Miguel Cruz Hernández, Abu-l-Walid Muhammad Ibn Rushd (Averroes). Vida, Obra, Pensamiento, Influencia , Caja Sur, Córdoba, 1997; Ernest Renan, Averroes y el averroísmo , Hiperión, Madrid, 1992; Andrés Martínez Lorca, Averroes: El sabio cordobés que iluminó Europa , El Páramo, Córdoba, 2010. (Nota de la Redacción). A Portada |
|
©
2010 KÁLAMO LIBROS,
S.L., Madrid (España)
|