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ISSN 1695-1751                                                                                   Número 84 - Julio.2010 / Shaban 1431  
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Estimados lectores:

       Los últimos sesenta años han sido testigos de uno de los conflictos más terribles de la era moderna. Nos referimos al enfrentamiento entre israelíes y palestinos. Durante estas más de seis décadas se han elaborado multitud de teorías para explicar los acontecimientos, apelando en muchos casos a supuestas enemistades históricas entre hebreos y árabes o a una incompatibilidad esencial entre el Judaísmo y el Islam. Sin embargo, cuando nos adentramos en la historia nos damos cuenta de que, muy a menudo, los contactos entre judíos y musulmanes han sido fructíferos y enriquecedores para ambas partes, y que durante largos periodos de tiempo ambas comunidades han convivido de manera más o menos amistosa. No es nuestra intención idealizar la historia, y sabemos que los conflictos también han estado presentes. Sin embargo, cuando nos detenemos en ellos, descubrimos que las consideraciones religiosas casi siempre han servido para justificar o camuflar otro tipo de cuestiones de fondo, de carácter económico o político, que eran las verdaderas razones del enfrentamiento. Al igual que en estos casos de tiempos pasados, el actual conflicto entre Israel y Palestina no es una excepción. Árabes y palestinos destacan la “perfidia de los judíos”, llegando en ocasiones a acusarlos de ser los “asesinos de Cristo” o de combatir y conspirar contra el Profeta Muhammad, razón que supuestamente explicaría su odio hacia los musulmanes a lo largo de la historia. Entretanto, judíos e israelíes apelan a supuestos “derechos históricos del pueblo judío”, basados en pasajes bíblicos, para justificar la existencia del moderno Estado de Israel y la colonización de los Territorios Ocupados, y denuncian la “barbarie fundamentalista de los musulmanes” como el principal obstáculo para poder solucionar el conflicto. Sin embargo, lo que está en juego aquí es algo mucho más simple: la lucha política por un territorio que ambas comunidades consideran suyo. Y para alcanzar sus objetivos políticos, ninguna de las partes duda en desacreditar a la otra recurriendo a argumentos de carácter religioso.
      En el número de Alif Nûn de este mes nos centramos en las relaciones históricas entre Judaísmo e Islam y en las lecciones que podemos extraer de éstas para comprender la situación actual. El primer artículo de este mes estudia las sorprendentes influencias religiosas y culturales entre Judaísmo e Islam que a lo largo de la Edad Media fueron marcando la convivencia entre ambas comunidades. El segundo artículo, segunda y última parte del publicado el mes pasado, se centra en las relaciones entre judíos y musulmanes bajo dominio cristiano en la España medieval, y destaca cómo las circunstancias políticas y económicas moldearon las posturas religiosas de ambas comunidades, al igual que ocurre en la actualidad. Los dos artículos siguientes se ocupan del actual conflicto entre Palestina e Israel. El primero de ellos analiza de manera crítica la génesis del sionismo y la relación de éste con el antisemitismo europeo y el nacimiento del Estado de Israel.  El cuarto y último artículo de este mes plantea una solución al conflicto que hasta el momento apenas ha contado con el apoyo de la clase política, pero que debería tomarse en consideración como una alternativa viable a medio o largo plazo: la creación de un Estado único y democrático, compartido por israelíes y palestinos, al estilo de la Sudáfrica post-apartheid.
     Para terminar, no quisiéramos despedirnos sin desearles unas muy felices vacaciones estivales. Nosotros regresaremos, Dios mediante, en el mes de septiembre. Hasta entonces, reciban nuestros mejores deseos de paz y bienestar.


La Dirección.
 

        En este ensayo intentaré esbozar el perfil de un marco metodológico general de estudio e investigación en el que la especial cultura judeo-árabe disponga de un lugar propio o, en otras palabras, en el que se libere de la tutela exclusiva de la intelectualidad judía y pueda ocupar el lugar que le corresponde en el estudio comparado de las religiones y de las influencias religiosas, sobre todo con respecto al Islam.
     Con la expresión “cultura judeo-árabe en la Edad Media” me refiero en particular a esa parte de la literatura religiosa judía de todo tipo, escrita a la sombra del Islam, normalmente en árabe pero con caracteres hebreos, durante el periodo comprendido desde antes de Saadiah Gaon hasta la época de Maimónides y su hijo Abraham, es decir, desde aproximadamente el siglo VIII hasta finales del siglo XIII. En mi opinión, esta cultura no es tan solo una cultura judía que se expresa en lengua árabe, sino más bien una cultura judeo-islámica. En consecuencia, no es suficiente con señalar que los escritores judíos que escribieron en árabe durante este periodo estaban influenciados por las ideas vigentes en ese momento en el Islam, sino que su trabajo debe ser visto como el fruto de siglos de una cultura creativa y fértil, compartida por ambas religiones. De igual modo, la lengua árabe utilizada por los judíos en este periodo no debe ser considerada como un mero instrumento empleado por dichos judíos, sino como una parte integral de la cultura religiosa que habían absorbido.



        En la España cristiana, las posturas que adoptaron los judíos con respecto a los musulmanes, y viceversa, no pueden entenderse simplemente como un producto de la actitud cultural “judía” o “musulmana” hacia la otra comunidad. Por supuesto, estas actitudes culturales tuvieron su importancia, pero la relación entre estas dos comunidades religiosas también se vio muy influida por lo que judíos y musulmanes pensaban que eran las prioridades y la ideología de los cristianos. A veces, los argumentos eran puramente económicos o pragmáticos. Ningún musulmán o judío del medioevo se habría sorprendido, por ejemplo, por el consejo que la reina Leonor de Aragón dio a su hijo, el príncipe Martín, cuando en 1374 le dijo que ignorara las reclamaciones de varias comunidades musulmanas en relación a la deuda que tenían contraída con el judío valenciano Jafuda Alatzar. Después de todo, Jafuda pagaba más impuestos a la Corona que prácticamente todas las comunidades musulmanas del Reino de Valencia juntas [3] . Sin embargo, en otras ocasiones la cuestión era mucho más compleja, con judíos y musulmanes argumentando de forma explícita sobre los méritos relativos de sus respectivas religiones, y en especial sobre la naturaleza de su relación con el Cristianismo de sus señores. Es en esos argumentos de carácter más ideológico donde podemos empezar a ver cómo judíos y musulmanes adoptaron los prejuicios de sus gobernantes cristianos y los adaptaron en un intento de obtener ventaja sobre la fe minoritaria rival.

 

        1) El antisemitismo es una ideología racista dirigida contra los judíos. Su origen es muy antiguo.

        En su obra clásica La cuestión judía. Una interpretación marxista, la cual se publicó de manera póstuma en 1946 en Francia, el marxista belga Abram Leon (activista de la resistencia durante la Segunda Guerra Mundial capturado y ejecutado por la GESTAPO en 1944) ideó la categoría de “pueblo-clase” para los judíos que lograron conservar sus características lingüísticas, étnicas y religiosas a lo largo de muchos siglos, sin llegar a ser asimilados. Esto no ha ocurrido sólo con los judíos, y podría aplicarse también en gran medida a muchas minorías étnicas: la diáspora de los armenios, los coptos, los comerciantes chinos del sudeste asiático, los musulmanes de China [3] , etc. La característica común que define a todos estos grupos es que se convirtieron en intermediarios en un mundo precapitalista, ganándose el resentimiento de ricos y pobres por igual.

     


        Dado el colapso del gobierno de Netanyahu en lo que respecta a los acuerdos de paz, es el momento de plantearse si todo el proceso iniciado en Oslo en 1993 es el instrumento adecuado para alcanzar la paz entre palestinos e israelíes. Mi opinión es que el proceso de paz ha aplazado de hecho la verdadera reconciliación que debe producirse si queremos que la guerra centenaria entre los sionistas y el pueblo palestino toque su fin. Oslo sentó las bases de la separación, pero la verdadera paz sólo podrá llegar con un único Estado binacional israelí-palestino.
        Esto no es fácil de imaginar. El discurso oficial sionista israelí y el palestino son irreconciliables. Los israelíes dicen que llevaron a cabo una guerra de liberación y de este modo alcanzaron la independencia; los palestinos dicen que su sociedad fue destruida y la mayoría de su población expulsada. Y, de hecho, esta incompatibilidad era ya bastante evidente para las primeras generaciones de lideres y pensadores sionistas y, desde luego, para todos los palestinos.

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ROMANCE DE MOHAMED BEN HASAN

Este es mi amigo Mohamed
y por más señas Ben Hasan.
Mi buen amigo agareno
en estas tierras del Africa.

Tan negros como los ojos
tiene la tez musulmana,
pero, como alguien lo dijo,
brotan jazmines de su alma.

Su fez purpúreo ilumina
las penumbras de su cara,
y lleva garbosamente
los siglos de su chilaba.

El me enseñó a conocer
el gran dolor de su raza,
sufriente, más no llorosa;
vencida, más no domada.

 

                                                                                     _Alfredo R. Bufano (1895-1950)
                                                   
 

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