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PIRATAS DEL MEDITERRÁNEO
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Redacción de Middle East Report El 31 de mayo de 2010, a las 4 de la madrugada, hora del Mediterráneo oriental, comandos de élite israelíes descendieron desde helicópteros sobre la cubierta del navío con bandera turca Mavi Marmara, parte de una “flotilla de la libertad” que se había reunido en Chipre y luego había partido para entregar ayuda humanitaria a la sitiada Franja de Gaza. El Mavi Marmara, la mayor de estas embarcaciones de socorro, transportaba a unos 600 activistas, la mayoría de ellos turcos, aunque también otros de diversas nacionalidades. Los comandos dispararon fuego real sobre algunos de los pasajeros, que según Israel portaban armas ligeras como varillas de metal o cuchillos, y podrían haberse resistido al asalto. Algunos informes dicen que otros buques también fueron abordados y/o se disparó contra ellos. Según los informes más optimistas, el número de muertos es de 9 y el de heridos de 34.
Las reacciones contra el asalto, desde Turquía a la UE y la ONU, no se han hecho esperar y todas (o casi todas) han sido de condena. El Primer Ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, lo calificó como un acto de “terrorismo de Estado”. En la actualidad, Turquía ocupa una plaza en el Consejo de Seguridad de la ONU, el cual convocó una reunión de emergencia. Esta se celebró a puerta cerrada la noche del 31 de mayo. Entretanto, el Primer Ministro libanés, Saad al-Hariri, calificó el asalto como un “acto de locos”. Los países de la UE han convocado a los embajadores israelíes para exigir una explicación. “Nadie en el mundo va a creer las mentiras y las excusas que ofrezcan los portavoces del gobierno y el ejército”, dijo Uri Avnery, antiguo miembro del Knesset [Parlamento] israelí y líder en Israel del grupo pacifista Gush Shalom. El Primer Ministro israelí, Binyamin Netanyahu, canceló una visita a Washington prevista para el 1 de junio –quizá apoyando tácitamente a Avnery, aunque también es posible que el Presidente Barack Obama no deseara verse “relacionado con Israel” en esta ocasión. En cualquier caso, públicamente, la Casa Blanca sigue siendo la excepción, limitándose a decir que “lamenta la pérdida de vidas” y que “está trabajando para conocer las circunstancias de la tragedia”. Poco se conoce con certeza sobre la
operación del comando, pero, sin embargo, ésta ha arrojado
algo de luz sobre el actual drama que rodea a los 43 años de ocupación
israelí de los territorios palestinos y los 10 años de asedio
a Gaza, el cual se ha endurecido desde que el partido islamista Hamas ganara
las elecciones legislativas palestinas en 2006
[2]
. Una vez más, Israel ha puesto claramente de manifiesto
la desigualdad en el conflicto entre palestinos e israelíes. Con
este ataque en alta mar a un buque pacifista, Israel ha dejado claro como
el cristal su desprecio hacia el derecho internacional y ha demostrado no
preocuparle en absoluto la idea de tener que rendir cuentas por sus violaciones.
Israel continuará con su conducta hasta que alguien –y ese alguien
es Estados Unidos– ponga fin a su impunidad. La “flotilla de la libertad” era un convoy de seis barcos, tres con pasajeros y otros tres con cargamento, organizado por el Free Gaza Movement (“Movimiento Gaza Libre”), una coalición de activistas solidarios con Palestina procedentes de Europa, Norteamérica, Oriente Medio y otros lugares. El Free Gaza Movement surgió en agosto de 2008 como un primer esfuerzo para brindar ayuda por vía marítima, cuando, en palabras de Huwaida Arraf, “dos humildes barcos” llegaron a la franja costera con un cargamento de audífonos para los habitantes de Gaza que habían quedado sordos como consecuencia de las explosiones de las bombas arrojadas por los aviones de guerra israelíes. Comboys posteriores han repartido otros productos, a pesar de los intentos de la marina israelí para impedirlo. En el verano de 2009, Israel interceptó un barco de ayuda y lo desvió hacia Ashdod.
Arraf, una estadounidense de origen palestino, iba a bordo de un buque más pequeño de la “flotilla de la libertad”, junto a nada menos que otros 12 ciudadanos de EE.UU, entre ellos posiblemente un ex-embajador y también Ann Wright, una activista de la organización Code Pink y coronel retirada del ejército de EE.UU. Tres miembros del Parlamento alemán embarcaron en los buques, así como ciudadanos del Reino Unido, Irlanda, Grecia, España, Canadá, Bélgica, Suecia, Australia e Israel, entre otros países. La lista exacta de los pasajeros que iban a bordo de los barcos secuestrados se desconoce, debido a problemas de logística en el puerto de Chipre. Según Shapiro, la superviviente del Holocausto Hedy Epstein, quien tenía previsto viajar a Gaza, se quedó en Chipre, al igual que la Premio Nobel irlandesa Mairead Corrigan [3] . Entre los pasajeros que sí embarcaron estaba Hanan Zu‘bi, una ciudadana palestina de Israel y miembro del Knesset . Hasta ahora, el apagón informativo ha impedido conocer su paradero. A bordo del Mavi Marmara viajaban
cientos de turcos afiliados a la Fundación para los Derechos Humanos,
las Libertades y la Ayuda Humanitaria (conocida por sus siglas turcas,
IHH), una organización islamista que mantiene unas tensas relaciones
con los “islamistas moderados” del AKP, el partido gobernante en Turquía
[4]
. La IHH se identifica con los partidos precursores del
AKP, más abiertamente islamistas, los cuales fueron prohibidos por
los tribunales turcos, y por tanto considera a los miembros del AKP como
desertores que no están lo bastante comprometidos con los asuntos
“islámicos”, y en especial con Palestina. A pesar de las advertencias
de su aliado nominal Israel, el gobierno turco no hizo nada para impedir
que los miembros de la IHH partieran hacia Chipre, por temor a que sus propias
credenciales “islámicas” quedarán aún más en
entredicho. Los primeros informes ya avanzaron que la mayoría de
los muertos eran turcos, lo que significa que este incidente se hará
sentir con fuerza en la política turca. Los asesores políticos en Israel han estado trabajando de manera vertiginosa para elaborar una versión de lo ocurrido a bordo del Mavi Marmara. Los principales medios de comunicación de EE.UU se han centrado principalmente en los alegatos israelíes según los cuales algunos de los activistas portaban armas y, por lo tanto, suponían una amenaza para las vidas de los bien entrenados comandos de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF, en sus siglas inglesas). El Ministro de Exteriores israelí, Avigdor Lieberman, dijo a los diplomáticos europeos que los pasajeros del barco eran “partidarios del terrorismo que dispararon contra los soldados de la IDF en cuanto éstos abordaron el barco”. Un video distribuido por la IDF, tomado desde un helicóptero, muestra lo que parece ser una trifulca sobre cubierta y dice que los activistas intentaron “secuestrar” a un soldado. El objetivo es difundir la versión de que los comandos actuaron en defensa propia. A esto, Adam Shapiro contesta: “a nuestro entender, los soldados israelíes dispararon primero”. En Ashdod, miembros de la agencia de noticias Associated Press pudieron ver brevemente a un pasajero estadounidense quien, antes de que se lo llevaran a empujones, alcanzó a decir: “No soy violento. Lo que puedo decirles es que tengo moratones por todo el cuerpo, pero ellos no me permiten que se los muestre”. Una vez más, excepto por el testimonio de los propios activistas, sistemáticamente vetado, es difícil saber exactamente lo que originó el tiroteo. Resulta evidente que el propio asalto no fue una improvisación motivada por el pánico, sino que fue aprobado por el gabinete de seguridad israelí, con el beneplácito del Ministro de Defensa, Ehud Barak. Según la declaración oficial de la IDF, “esta operación naval...se llevó a cabo bajo las órdenes de los dirigentes políticos para impedir que la flotilla alcanzara la Franja de Gaza y violara el bloqueo naval”. Sin embargo, la polémica sobre quién inició el combate a bordo carece de sentido. Desde un punto de vista legal, la operación israelí se produjo fuera de su jurusdicción, e Israel es el agresor. El asalto tuvo lugar en aguas internacionales, lo que significa que Israel violó el derecho del convoy a la libre navegación. Richard Falk, un experto en Derecho Internacional y Relator Especial de la ONU para los Territorios Ocupados palestinos, dice lo siguiente: “es evidente que [el asalto] es un acto criminal, pues se produjo en alta mar”. Falk explica que el asalto a un barco pacífico es similar al allanamiento de morada, con la circunstancia agravante de que el espacio invadido en este caso estaba ocupado por mercancías destinadas a aliviar el sufrimiento humano. “La gente de esos barcos tenía derecho a la legítima defensa”, continúa Falk, pues fueron ellos los atacados sin que mediara ninguna provocación. El argumento de que Israel actuó en legítima defensa es absurdo, al margen de quién golpeará primero, pues era Israel mismo el que no se encontraba en el mar. Antes de que el convoy zarpara, el pasajero
israelí Dror Feiler especuló sobre la posibilidad de que
la marina israelí tratara de detener los barcos por la fuerza: “ellos
serán los nuevos piratas del Mediterráneo”. El Free Gaza
Movement se ha hecho eco de esta acusación, tal y como hizo el
Financial Times en su editorial del 31 de mayo, denunciando
“este descarado acto de piratería”. Esta acusación en particular
no prosperará, por la simple razón de que, según la
ley marítima, un Estado no puede ser acusado de cometer actos de piratería,
pero una vez más es importante no enredarse en las palabras. Israel
carece de cualquier base jurídica, pues organizó un ataque
militar contra un barco civil (al cual ninguna ley imaginable puede prohibirle
transportar cuchillos y barras de metal) en aguas que no son de su jurisdicción. Excepto el Estado israelí y quienes lo defienden de manera sistemática –como el American Israel Public Affairs Committee (AIPAC)–, todos creen que Israel se ha hecho un flaco favor a sí mismo, al menos en términos de relaciones publicas. En su artículo de la edición del 31 de mayo en Ha’aretz , el columnista Bradley Burston lamentaba que los enemigos de Israel hayan conseguido desviar el centro de atención hacia el bloqueo de Gaza. Burston continuaba diciendo: “Ya no estamos defendiendo a Israel. Ahora estamos defendiendo el bloqueo. El propio bloqueo se está convirtiendo en el Vietnam de Israel”. En la página web de Huffington Post, M. J. Rosenberg, antiguo miembro del Israel Policy Forum, de tendencia liberal, citó al blogger Moshe Yaroni diciendo que el incidente es el “Kent State de Israel” [5] . La operación tuvo lugar inmediatamente después del escándalo provocado por un extenso ensayo de Peter Beinart titulado “The Failure of the American Jewish Establishment” (“El fracaso de la clase dirigente judía en EE.UU”), aparecido en el número 10 de el New York Review of Books. Beinart es el antiguo editor de la revista pro-israelí The New Republic, y un “halcón liberal” de última hora que apoyó la invasión del Irak en 2003 (de lo cual se ha arrepentido). También es el autor de A Fighting Faith (2004), un libro que invita a recuperar la belicosidad de la Guerra Fría en los planteamientos liberales sobre política exterior. Su ensayo arremete contra la tendencia del AIPAC a apoyar la posición israelí, “ya sea justa o injusta”, en medio del ascenso de fuerzas políticas abiertamente antiliberales en Israel y de unos proyectos de colonización que no se detienen. Beinart se muestra preocupado ante la posibilidad de que Israel pueda perder el apoyo de los judíos estadounidenses, y escribe lo siguiente: “Durante varias décadas, la clase dirigente judía ha animado a los judíos estadounidenses a que vieran su liberalismo como una vía de acceso hacia el sionismo, y ahora comprueban con horror que, en vez de eso, muchos jóvenes judíos se están cuestionando su sionismo”. A los editores de Foreign Policy les impresionó tanto que encargaron ocho respuestas. La angustia y el nerviosismo de los partidarios de Israel en EE.UU aumentarán conforme la crisis se vaya agudizando. Se lanzarán consignas diciendo que Israel ha reaccionado de manera exagerada o que ha calculado mal; gran parte de la culpa le será atribuida a Netanyahu, quien es un blanco fácil por su actitud bravucona y por el desafío que ha lanzado a la Casa Blanca con la construcción de asentamientos. Se dirá que Netanyahu ha cometido un “acto de locos” y que ha puesto en peligro las importantísimas “relaciones preferentes” entre EE.UU e Israel. Es más plausible, sin embargo,
que el gobierno de Netanyahu haya calculado esta maniobra de manera precisa,
aprovechando que la ayuda humanitaria del Free Gaza Movement coincidió
con la celebración del Memorial Day
[6]
, cuando la administración Obama está
de vacaciones y por tanto es más fácil que se dé por
satisfecha con unas simples “excusas”. Durante décadas, Israel ha
puesto a prueba la paciencia de la comunidad internacional con sus aventuras
militares, pero cada vez que la paciencia se ha agotado, Washington ha
intervenido para evitar que Israel pague las consecuencias. El ejemplo
más evidente en la actualidad, al margen del asalto a la flotilla,
es el ataque sobre Gaza durante el invierno de 2008-2009, cuando Israel bombardeó
ese diminuto territorio durante un mes, matando a unos 1.300 palestinos y
usando como justificación el infructuoso lanzamiento de cohetes por
parte de los militantes de Gaza. La administración Obama bloqueó
cualquier decisión del Consejo de Seguridad de la ONU en relación
a esta ofensiva, vetando al jurista sudafricano Richard Goldstone y protegiendo
a Israel de las investigaciones por posibles crímenes de guerra.
Comparadas con la carnicería de Gaza, las bajas entre los miembros
del Free Gaza Movement son escasas. Una vez más, Israel cuenta
con EE.UU para desviar la indignación internacional provocada por
sus actos, consagrando así el principio según el cual Israel
puede hacer lo que le plazca –sea legal o no– a los palestinos y a quienes
tratan de ayudarlos. Sin embargo, es posible que Israel haya
calculado mal. Los miembros del Free Gaza Movement que no viajaban
en los barcos están En Israel y Palestina, el asunto candente es saber la suerte que ha corrido el Sheikh Ra’id Salah, residente en Umm al-Fahm y líder del movimiento islamista en Israel. Salah era uno de los pasajeros de la “flotilla de la libertad” y los medios de comunicación árabes han informado de que fue herido o incluso asesinado por los comandos. Muchos observadores creen que si Salah ha resultado herido habrá manifestaciones masivas de los palestinos, tanto dentro como fuera de Israel, lo cual quizá provocará enfrentamientos, ofreciendo a Israel la oportunidad de reafirmar el control sobre la crisis y la cobertura del conflicto en general. En Turquía, el gobierno no puede ignorar las protestas populares por el ataque al Mavi Marmara, la mayor de las cuales ha adquirido una dimensión religiosa. El 31 de mayo, una multitud de islamistas bloqueó en Estambul la autopista que une el continente europeo con el asiático, eclipsando así las manifestaciones de los izquierdistas, quienes se movilizaron con mayor rapidez pero atrajeron a menos gente. Tanto la participación de la IHH en el convoy como la apasionada denuncia de Erdogan han puesto al AKP contra las cuerdas. Este debe demostrar a la opinión pública turca que hará frente en el terreno diplomático a Israel y a su valedor EE.UU, y también que no abandonará a la misión de ayuda a Gaza. El gobierno del AKP canceló tres ejercicios militares conjuntos con Israel, retiró a su embajador en Tel-Aviv e hizo regresar de Israel a la selección nacional juvenil de fútbol. Erdogan ha prometido enviar una escolta naval turca junto a la siguiente flotilla, pero con las elecciones no demasiado lejos, en 2011, podría ser duramente presionado para que no cumpla su palabra. Al mismo tiempo, el AKP no puede sentirse del todo cómodo en el papel que le ha tocado jugar, un papel que le exige cada vez más hacer frente no sólo a las fuerzas laicas dentro del país, sino también a los amigos más poderosos de Turquía en Washington. La administración Obama ya ha mostrado su malestar por la negociación emprendida por Ankara, junto a Brasil, para alcanzar un acuerdo nuclear con Teherán. [7] Gaza, destino de los navíos, corre el riesgo de pasar a un segundo plano debido a los enfrentamientos mortales frente a sus costas. Es allí, sin embargo, donde la situación es más grave. La “flotilla de la libertad” transportaba, entre otras cosas, cemento para reconstruir las 6.400 viviendas de palestinos que fueron dañadas o destruidas en el invierno de 2008-2009. Más de un año después, la Organización Mundial de la Salud contabiliza 3.500 familias desplazadas por los bombardeos. El ataque israelí empeoró los efectos de un bloqueo que dura ya varios años, precipitando a la ya empobrecida Franja de Gaza hacia una situación de mayor miseria si cabe. En mayo de 2008, la OMS estimaba que el 70% de las familias de Gaza vivía con menos de 1 dólar al día, el 10,2% de sus habitantes sufría malnutrición crónica y el 60% de los jóvenes carecía de empleo. No cabe duda de que estas cifras han empeorado desde que se recogieron los datos, debido a los bombardeos y las duras medidas adoptadas más tarde por israelíes y egipcios para evitar el contrabando de mercancías a través de los túneles que discurren bajo la frontera entre Gaza y Egipto. ¿Y qué hay de la respuesta
de Barack Obama? La opción menos conflictiva, sabiendo que recibirá
el apoyo del Congreso, sería dar instrucciones a su enviado en
la ONU para evitar que Israel rinda cuentas, tal y como exigen Turquía
y otros estados. Con la ayuda de los medios de comunicación estadounidenses,
tal vez no le resulte tan difícil a la Casa Blanca conseguir que
esta cruda demostración de violencia ilegítima pase por ser
tan solo una “tragedia” que se produjo en el calor del momento. Después
de todo, los medios de comunicación no se han mostrado demasiado
preocupados por los efectos que este episodio pueda tener en el “proceso
de paz” entre israelíes y palestinos. Es probable que Obama no tenga
que hacer frente a grandes presiones internas que le exijan poner fin a
la impunidad israelí y apoyar una investigación completa e
imparcial, a pesar de que el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon,
haya pedido una. Y habiendo frustrado recientemente el acuerdo de Turquía
y Brasil con Irán, Obama parece estar dispuesto a su vez a dañar
todo lo posible los vínculos entre EE.UU y Turquía. Más
difícil será evitar un debate sobre el levantamiento del injustificable
bloqueo a Gaza; un bloqueo que el Subsecretario General de la ONU, Oscar
Fernández-Taranco, describió como “contraproducente e inaceptable”
durante su intervención del 31 de mayo en el Consejo de Seguridad.
Una cosa es cierta: si Obama decide adoptar la antigua línea de acción
y proteger a Israel de la investigación internacional, ningún
discurso, por elocuente que sea, persuadirá al mundo de que su política
en Oriente Medio es diferente a la de su predecesor. BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
- Edward Said, Gaza y Gericó: Pax americana , Txalaparta, Navarra, 1995. NOTAS.- [1] Traducción, extracto y adaptación del artículo aparecido en: http://www.merip.org/mero/mero060110.html Versión en castellano elaborada por el equipo de traductores de Alif Nûn . Todas las notas que aparecen a lo largo de este artículo son de los traductores. [2] Para más información sobre el bloqueo israelí a Gaza, véase Darryl Li, “ Retirada y fronteras del sionismo ”, revista Alif Nûn nº 59, abril de 2008; Ángel Horacio Molina, “ Gaza y el ocaso del arabismo ”, revista Alif Nûn nº 67, enero de 2009. Para más información sobre la organización Hamas , véase Carmen López Alonso, Hamás, la marcha hacia el poder , La Catarata, Madrid, 2007; Matthew Levitt, Hamás , Belacqva, Barcelona, 2008. [3] El 5 de junio de 2010, días después de la publicación de este artículo, la marina israelí abordó el barco Rachel Corrie a unos 30 kilómetros de la costa de Gaza, en aguas internacionales, sin que los 11 activistas que lo ocupaban, entre ellos la Premio Nobel de la Paz Mairead Corrigan, y nueve tripulantes de la embarcación irlandesa, opusieran ninguna resistencia. Casi un año antes, el 30 de junio de 2009, Corrigan partió rumbo a la Franja de Gaza en el carguero Spirit of Humanity , junto a otros 21 activistas pro derechos humanos que fueron interceptados, detenidos y encarcelados en distintas prisiones del territorio israelí, en pequeñas celdas e incomunicados. [4] Para más información sobre el AKP y el Islam político en Turquía, véase Thierry Zarcone, El Islam en la Turquía actual , Bellaterra, 2005; Bekim Agai, “ Islam y kemalismo en Turquía ”, revista Alif Nûn nº 72, junio de 2009. [5] El autor se refiere a los sucesos conocidos como “matanza del 4 de mayo” o “masacre de la Kent State”, acaecidos en la Universidad de Kent, (Ohio, EE.UU), cuando el lunes 4 de mayo de 1970 se produjo un terrible enfrentamiento entre estudiantes y miembros de la Guardia Nacional en el cual cuatro estudiantes fueron asesinados y nueve heridos. Algunos de los estudiantes que recibieron disparos estaban protestando por la invasión de EE.UU a Camboya, mientras que otros eran simples transeúntes. [6] El “Día de los caídos” o Memorial Day es una fecha conmemorativa que tiene lugar en EE.UU el último lunes de mayo de cada año, con el objeto de recordar a los soldados estadounidenses que murieron en combate en todas las guerras en las cuales ha participado este país. [7] El acuerdo, firmado el 17 de mayo de 2010 entre Brasil, Turquía e Irán, consiste en que Irán entregaría a su vecina Turquía 1.200 kilos de uranio enriquecido al 3,5%, el cual permanecería bajo vigilancia iraní y turca, y después de un año recibiría 120 kilos de uranio enriquecido al 20%, procedente de Francia y Rusia, para uso de su reactor nuclear civil. El acuerdo pretendía potenciar el uso de la energía atómica con fines pacíficos en Irán, y a la vez evitar las sanciones contra este país. Sin embargo, el 9 de junio de 2010, el Consejo de Seguridad de la ONU adoptó nuevas sanciones contra el régimen de Teherán, a pesar de la oposición de Brasil y Turquía. A Portada |
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