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ISLAM Y GLOBALIZACIÓN
[1]
Mona Maisami
Dado que la mera terminología que rodea al debate ha provocado gran confusión y muchos malentendidos, necesitamos definir los términos. La globalización es el intercambio y la libre circulación de personas, bienes e ideas por todo el globo. Se suele asociar directamente con el cambio o la transformación, la modernidad y una relación cada vez más interdependiente entre las distintas regiones del mundo. “La globalización es un aspecto de la vida humana que siempre ha estado ahí, desde el comienzo de la humanidad. Se corresponde con el instinto natural del ser humano y la tendencia del hombre a ser un ‘animal social’. Es la tendencia con la que Dios ha creado al hombre para que éste viva del intercambio de sus bienes y experiencias con quienes lo rodean, a fin de alcanzar y hacer realidad unas mejores condiciones de vida”. [2] Sin embargo, la globalización se asocia frecuentemente con la teoría económica liberal clásica, y desde mediados de los setenta, con el liberalismo, el cual tiene sus raíces en la teoría económica clásica. Más concretamente, la globalización se considera un reflejo del principio de la “ventaja comparativa”, expuesto en la teoría económica clásica, el cual propone un sistema económico abierto y el libre comercio, a fin de alcanzar y hacer realidad unas mejores condiciones de vida. Aunque el proceso de globalización se ha vinculado a la idea de ventaja comparativa, al libre comercio y a una economía abierta, sus orígenes se remontan a mucho tiempo antes de que estas ideas aparecieran. Con el fin de comprender de una manera más rápida y adecuada el llamado “debate entre el Islam y la globalización”, es fundamental distinguir entre el proceso de globalización en su sentido original y otros procesos como la occidentalización, relativamente más modernos, que se hacen pasar por globalización y que, sin embargo, son básicamente diferentes. “La globalización pretende reducir
la brecha que separa a las distintas comunidades. Esto se consigue mediante
el intercambio de beneficios en todos los aspectos de la vida: económico,
social, científico y político. Es decir, intercambiar información,
comprender los valores y los códigos éticos de los demás
y construir una base común”
[3]
. Por el contrario, la occidentalización no considera
que esta comprensión y esta construcción de una base común
sean empresas que valgan la pena. La globalización es un proceso
en el que “toda la humanidad se convierte en una aldea global donde las
comunidades menos avanzadas pueden desarrollar sus capacidades” y “tiende
a ser un proceso de doble sentido, el cual permite a cada comunidad dar
y recibir a un mismo tiempo”
[4]
. La occidentalización, en cambio, tiende a desarrollarse
en una sola dirección, lo que significa que una región
intenta dominar y controlar al resto en nombre de la globalización.
Además, mientras que la globalización se produce gracias
a la libre voluntad de las distintas comunidades, la principal característica
de la occidentalización es su imposición sobre las demás
regiones. Una vez aclarada la diferencia entre globalización y occidentalización, el debate entre el Islam y la globalización puede valorarse de un modo más preciso. El Islam no se opone a la globalización (o a la modernidad, la cual se considera un derivado de la globalización) en su sentido original, pero muchos musulmanes sí se muestran contrarios a la occidentalización. “Aunque la globalización es condenada, la modernización como tal no. La ciencia y la tecnología son aceptadas, pero deben quedar subordinadas a la creencia y los valores islámicos, con el fin de evitar la occidentalización y la secularización de la sociedad musulmana” [5] . Basándonos en los precedentes históricos y las evidencias contemporáneas, podemos decir sin lugar a dudas que el Islam acepta la globalización en su forma original, la cual se basa en la libre voluntad y no en la imposición agresiva de Occidente sobre Oriente. En primer lugar, es importante señalar que el Islam invita a la gente a cooperar, a ayudar a los demás conforme a la bondad y la piedad, y no a fomentar la maldad y el rencor (Corán, 5:2). Este principio está plenamente respaldado por el Profeta Muhammad a un nivel local, sin importar si tu vecino es musulmán o no. Sin duda, esta norma puede ampliarse al nivel internacional, donde un país vecino puede definirse como cualquier nación que mantenga unas relaciones políticas y económicas normales con el mundo islámico. [6] Otros factores demuestran que el Islam siempre ha aceptado la globalización y ha jugado un papel destacado en este proceso. “Durante varios siglos, el árabe fue el idioma más importante del mundo en lo que a las ciencias se refiere. Los musulmanes lograron grandes avances en matemáticas, astronomía y medicina, un legado del que los estudiosos europeos se beneficiaron en gran medida”, y el cual condujo al Renacimiento [7] . La globalización no es sólo un fenómeno occidental, pues “los agentes de la globalización no son ni europeos ni exclusivamente occidentales, y tampoco están necesariamente vinculados a la dominación occidental. De hecho, Europa habría sido mucho más pobre desde un punto de vista económico, cultural y científico si se hubiera resistido a la globalización de las matemáticas, la ciencia y la tecnología [de Oriente]...” [8] Debemos distinguir entre los beneficios
de la globalización y las consecuencias de la occidentalización.
Más en concreto, el debate entre Islam y globalización
está basado en una serie de juicios erróneos que malinterpretan
el papel del Islam en el mundo globalizado, un papel que ha sido muy
fructífero en el pasado y que puede seguir siéndolo en
el futuro. La falsa suposición de que el Islam se opone a la globalización
y la modernización es peligrosa, pues podría suponer la perdida
de importantes aportaciones islámicas al resto de mundo. Ahora deberíamos analizar la reacción del mundo musulmán frente a la occidentalización y la aparición de Occidente como una fuerza transformadora del mundo. Esta última “es similar a la aparición de los musulmanes árabes como una potencia mundial de primer orden en los siglos séptimo y octavo” [9] . También es importante señalar que “la debilidad de los musulmanes a finales del siglo XVIII coincidió con el ascenso de un tipo de civilización occidental completamente diferente, y esta vez el mundo musulmán encontraría muchas más dificultades para afrontar el desafío” [10] . En el pasado, las comunidades musulmanas fueron capaces de revitalizar el papel y el poder del Islam en el mundo. Sin embargo, el impacto de la occidentalización fue una experiencia sin precedentes que supuso un importante desafío para el Islam, creando una división que separó a Occidente del resto, y en concreto del Islam. Desde una perspectiva histórica, la occidentalización minimizó el papel del Islam y lo hizo dependiente del modelo de conducta occidental. “El mundo islámico se vio convulsionado por el proceso de modernización. En lugar de ser uno de los líderes de la civilización mundial, el Islam fue reducido de manera rápida y permanente a un bloque dependiente de las potencias europeas” [11] . Como resultado, surgió el resentimiento hacia Occidente. Los musulmanes se preguntaban si tendrían que elegir entre aceptar las modernización al estilo occidental o ser considerados como enemigos de la globalización. “A partir de este momento, cada vez más musulmanes se enfrentaron a estas cuestiones, y sus intentos de retomar de nuevo el tren de la historia a veces podrían parecer patéticos e incluso desesperados. Los terroristas suicidas –un fenómeno casi sin precedentes en la historia islámica– muestran que algunos musulmanes están convencidos de que se enfrentan a una situación desesperada”. [12] El nacimiento y el auge del extremismo pueden atribuirse directamente al resentimiento hacia el estilo occidental de globalización, un fenómeno unidireccional que no se esfuerza por crear un espacio común entre Occidente y las otras regiones del globo, y de ahí el deseo y la necesidad de buscar un renacimiento religioso. Sin embargo, debemos darnos cuenta de que la violencia y el extremismo no son un fenómeno exclusivamente islámico. “Los medios de comunicación occidentales a menudo dan a entender que la forma de religiosidad conocida como fundamentalismo, encerrada en sí misma y a veces violenta, es un fenómeno puramente islámico, pero esto no es así. El fundamentalismo es una realidad mundial y ha surgido en todas las grandes religiones en respuesta a los problemas de nuestra modernidad”. [13] “Para la sociedad islámica, las
preocupaciones subyacentes con respecto a la globalización son:
cómo proteger un legado único frente a la presión
global, cómo conservar las tradiciones religiosas, cómo preservar
la pureza lingüística, cómo defender las instituciones
sociales y, en última instancia, cómo mantener una identidad
viable en medio de un entorno global en perpetua evolución”
[14]
. Según el Islam, la completa sumisión
a Dios es la mayor y más importante prioridad para todos los musulmanes.
Cualquier cosa que socave los principios islámicos se considera
una amenaza para la supervivencia y la fortaleza del Islam en el mundo.
Más importante aún, debemos ser conscientes del hecho de
que, a pesar de la bipolarización Islam-Occidente, el Islam se está
convirtiendo rápidamente en un fenómeno global que trasciende
los límites que una vez separaron a Occidente del resto de civilizaciones. El Islam es la segunda religión del mundo por número de fieles y la de crecimiento más rápido. El Islam empezó a extenderse por Arabia alrededor del año 610 d.C., cuando el Profeta Muhammad comenzó a recibir la revelación de Dios a través del arcángel Gabriel y a compartir con los demás lo que éste le había comunicado. Hoy en día, el Islam es un fenómeno global representado por musulmanes de todo el mundo. “Quince millones de musulmanes residen en Europa, y siete u ocho millones en Estados Unidos. En la actualidad hay en torno a mil mezquitas en Alemania y otras tantas en Francia, y quinientas en el Reino Unido” [15] . Un factor que puede explicar la rápida difusión del Islam es el propio proceso de globalización. El futuro del Islam depende de su capacidad para compaginar el modernismo al estilo occidental con los principios islámicos, o, en otras palabras, de su habilidad para desarrollar un modernismo al estilo islámico. El reto consiste en participar en la modernidad sin sacrificar los valores musulmanes o menoscabar los principios islámicos. “Tal y como ya hemos visto, el Islam es realmente una religión mundial, cada vez más visible en Europa y en Estados Unidos, así como en Asia, Africa y Oriente Medio” [16] . En relación al futuro del Islam, resulta significativo que “las capitales y las principales ciudades del Islam no sólo son El Cairo, Estambul o La Meca, sino también París, Londres o Nueva York”. [17] Teniendo en cuenta que el Islam se
ha convertido en un fenómeno global, es cada vez más importante
que sus principios sean respetados y no pierdan su importancia en el
mundo moderno. “Todas las personas religiosas de cualquier época
han de conseguir que sus tradiciones se enfrenten el desafío de
su modernidad en particular...”
[18]
En lugar de provocar la bipolarización
del mundo, separando los valores islámicos de los occidentales,
el objetivo de la globalización es desarrollar una comprensión
mutua de los valores y códigos éticos para establecer una
base común, lo cual es vital para garantizar el progreso de la globalización
y para que el mundo pueda alcanzar su máximo potencial. La modernización
y la globalización deben respetar la identidad de todas las regiones
del mundo y reconocer que la religión es una necesidad natural
de la humanidad. Todas la religiones, en algún momento de la historia, han luchado por no perder su vigencia en el mundo. Mucha de la literatura que rodea el debate actual entre el Islam y la globalización ofrece una visión inadecuada y fragmentada acerca del papel de la religión en el proceso de globalización. La secularización, fomentada en las formas actuales de globalización, en un concepto nuevo. De hecho, basándonos en los precedentes históricos, podemos decir que la religión ha jugado un papel clave a la hora de contribuir a la globalización, y más en concreto, en el caso del Islam, ese papel ha sido predominante. El reto para el futuro de un mundo globalizado, y no sólo para el Islam, es ser capaz de ayudar a los demás conforme a la bondad y la piedad, y no fomentar la maldad y el rencor (Corán, 5:2).
NOTAS.- [1] Traducción, extracto y adaptación del artículo aparecido en: http://www.fountainmagazine.com/article.php?ARTICLEID=33 Versión en castellano elaborada por el equipo de traductores de Alif Nûn . Para más información sobre el tema de este artículo, véase Olivier Roy, El Islam mundializado: los musulmanes en la era de la globalización , Bellaterra, Barcelona, 2003 (Nota de la Redacción). [2] www.IslamOnline.com [3] www.IslamOnline.com [4] www.IslamOnline.com [5] John Esposito, Islam: The Straight Path, Oxford University Press, 1998, p. 165. [6] Choudhury, www.Islamic-finance.net [7] Hardy, http://news.bbc.co.uk. (Nota del autor). Para más información, véase Abdelmalik Hamza, “ El legado científico del mundo islámico ”, revista Alif Nûn nº 70, abril de 2007. [8] Sen, www.prospect.org. (Nota del autor). Para más información, véase Juan Vernet, Lo que Europa debe al Islam de España , El Acantilado, Barcelona, 2001; John M. Hobson, Los orígenes orientales de la civilización de Occidente , Crítica, Barcelona, 2006. (Nota de la Redacción). [9] Karen Armstrong, Islam: A Short History , Modern Library, 2002, p. 141. [10] Ibid ., p. 138. [11] Ibid. , p. 146. [12] Ibid. , p. 153. [13] Ibid ., p. 164. [14] Dr. Ahmed Kamal Aboulmagd, The Middle East Times. [15] Armstrong, ob. cit., p. 176. [16] Esposito, ob. cit. , xvi. [17] Ibid. , p. 203. [18] Armstrong, ob. cit. , p. 164. A Portada |
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