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ALIF NÛN
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Estimados lectores:
El proceso de globalización que
está teniendo lugar desde hace algunos años ha puesto en
alerta a numerosos colectivos de Oriente y Occidente, preocupados por
las consecuencias sociales, económicas, políticas y culturales
que éste pueda producir. La globalización como tal no es
un fenómeno nuevo, pues se remonta a los albores de la humanidad.
Desde los inicios de la vida humana, las ideas, las culturas y los bienes
materiales de las distintas civilizaciones que comparten este planeta han
viajado de un lugar a otro y se han influido mutuamente. Lo que realmente
preocupa en la actualidad no es este proceso de intercambio tan característico
de la globalización, sino la velocidad a la cual se está
produciendo y la dificultad de los distintos colectivos humanos para asumir
las transformaciones que trae consigo a todos los niveles. Los partidarios
de esta nueva globalización argumentan que es enriquecedora y que
ayudará a los países del Tercer Mundo a mejorar sus economías
y sociedades. Sus detractores, en cambio, afirman que pone en peligro la
diversidad cultural de la humanidad y que sólo favorece a las naciones
más industrializadas, que son las que siguen imponiendo sus condiciones
económicas a nivel mundial, una tendencia que se verá incrementada
en esta nueva aldea global. Dentro del mundo islámico se ha abierto
un debate muy profundo sobre esta cuestión, pues los musulmanes
siempre se han mostrado muy sensibilizados con respecto a su religión,
cultura y tradiciones, unos valores que según muchos estarían
en serio peligro como consecuencia del actual proceso de globalización.
Por el contrario, otras voces opinan que el Islam siempre se ha mostrado
partidario de la globalización y que, en su momento, incluso ha
sido uno de sus principales agentes.
El presente número de Alif Nûn
se hace eco de este debate y se ocupa de las repercusiones que está
teniendo el proceso de globalización en el mundo árabe
e islámico. En el primer artículo, la autora explica el
papel positivo que el Islam puede jugar en este proceso y advierte de la
confusión que a veces se produce entre globalización y occidentalización.
El segundo artículo, segunda y última parte del publicado
el mes pasado, se centra en esta ocasión en las posturas favorables
a la globalización dentro del mundo árabe e islámico,
y critica ciertas características de la cultura y la sociedad árabes
que, en su opinión, dificultan una apreciación correcta y
una relación sana con el nuevo proceso de globalización, según
él inevitable. Nuestro tercer artículo, el cual será
publicado en dos partes, nos ofrece un ejemplo de cómo el intercambio
de ideas y de personas también se produjo en épocas anteriores.
El texto analiza las relaciones entre musulmanes y judíos en la España
medieval, subrayando la complejidad de la mismas y la alternancia de los
periodos de franca enemistad y enfrentamiento con los de coexistencia pacífica.
Para terminar, el último artículo de este mes nos aproxima
a la actualidad internacional, profundizando en las causas, el desarrollo
y las consecuencias del ataque israelí contra un buque de bandera
turca que transportaba ayuda humanitaria a Gaza.
La Dirección.
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La relación entre el Islam y la globalización
ha estado abierta a muchas interpretaciones y a un enconado debate. En
el centro del actual debate está la idea de que el Islam se opone
de alguna manera al proceso de globalización. En este artículo
explicaré porque deberíamos hablar con más propiedad
de un debate entre el Islam y la occidentalización. Yo sostengo que
el Islam no está contra el proceso de globalización en sí
mismo, sino que la tensión se debe más bien al proceso de
occidentalización.
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No todos los escritores y académicos
árabes y musulmanes se oponen a la globalización. De
hecho, hay una ferviente minoría que defiende con firmeza la
adhesión al siglo XXI. Son críticos con el autoritarismo
de los regímenes políticos del mundo árabe y musulmán,
y lo son aún más con el discurso islamista, que consideran
retrógrado e intolerante. Los defensores de la globalización
consideran que ésta se ha convertido en “el discurso de nuestro
tiempo”, debido a la revolución en las comunicaciones, la cual
ha transformado el mundo en “una aldea global donde ninguna nación
puede mantenerse al margen, a menos que decida vivir de espaldas a la
historia”.
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Desde que la historia judía
surgiera como una disciplina de estudio durante la haskalá
(“iluminismo judío”), el tema de las relaciones
entre judíos y musulmanes ha sido uno de los que ha acaparado
mayor interés. Sin embargo, las razones de este interés han
variado mucho. Por ejemplo, cuando los historiadores judíos alemanes
abordaron por primera vez esta cuestión (hasta mediados del siglo
XIX, la investigación de los historiadores profesionales se centraba
sobre todo en los judíos askenazíes), lo hicieron pensando
en la historia de su propio país. Frente a la tradición europea
de antisemitismo, los historiadores judíos planteaban una tradición
islámica de tolerancia. Esta comparación tenía una
motivación estratégica, incluso educativa, destinada a ayudar
a que los cristianos europeos comprendieran la injusticia de su trato hacia
los judíos. Invocaban la relativa tolerancia de los “orientales atrasados”
para criticar y combatir los prejuicios de los “europeos modernos”. A finales
del siglo XIX y comienzos del XX, bajo la presión de la maquinaria
antisemita, este contraste entre una experiencia idealizada bajo el Islam
medieval y la tragedia constante bajo la cristiandad alcanzó el
rango de verdad incuestionable. Tal y como una serie de historiadores ha
dicho recientemente, se convirtió en un mito histórico que
forma una parte importante de los relatos al uso mediante los cuales los
judíos europeos han entendido su historia .
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El 31 de mayo de 2010, a las 4 de la madrugada, hora del Mediterráneo
oriental, comandos de élite israelíes descendieron desde
helicópteros sobre la cubierta del navío con bandera turca
Mavi Marmara Mavi Marmara
, la mayor de estas embarcaciones de socorro, transportaba a unos
600 activistas, la mayoría de ellos turcos, aunque también
otros de diversas nacionalidades. Los comandos dispararon fuego real
sobre algunos de los pasajeros, que según Israel portaban armas
ligeras como varillas de metal o cuchillos, y podrían haberse resistido
al asalto. Algunos informes dicen que otros buques también fueron
abordados y/o se disparó contra ellos. Según los informes
más optimistas, el número de muertos es de 9 y el de heridos
de 34.
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Si entre los que leen
la Torá
hay villanos y hay santos,
entre los que leen la Biblia
hay villanos y hay santos,
y entre los que leen el Corán
hay villanos y hay santos,
¿qué valor tienen, entonces,
Torá, Biblia y Corán?
¡Has de saber, oh, hermano,
que más importantes que los libros sagrados
son quienes leen los libros sagrados!
Pues cada persona saca lo que lleva dentro.
_Anónimo magrebí. Siglo XIII d.C.
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