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Estimados lectores:
Buena parte del discurso de la modernidad insiste
en hablar de una especie de "excepción islámica", es decir,
que la civilización y la cosmovisión islámicas jugarían
un papel de oposición y contrapunto frente al poder arrollador del
mundo moderno, cualitativamente distinto al de cualquiera de las otras
grandes civilizaciones tradicionales no occidentales. Este punto de vista
ha sido aceptado tanto por defensores como por detractores del Islam. Los
primeros, para destacar la capacidad de resistencia de los musulmanes
y del islam frente al rodillo compresor de la modernidad, y los segundos
para resaltar su incapacidad de adaptación. Unos y otros han generado
un debate de vital importancia que plantea preguntas clave acerca del respeto
y la convivencia pacífica entre los pueblos: ¿será
capaz el mundo moderno, con su pretensión universalista y totalizadora,
de permitir un Islam con personalidad propia que no se pliegue a todas y
cada una de las exigencias de la modernidad? ¿Será capaz el
Islam de adaptarse a una modernidad que parece imparable, sin renunciar a
todas sus aspiraciones espirituales y materiales? Estas y otras preguntas
relacionadas con el Islam y la modernidad se plantean y tratan de ser respondidas
en el número de Alif Nûn de este mes, adoptando enfoques
muy diversos.
En el primer artículo, que
será publicado en dos partes, el distinguido profesor Nasr plantea
un enfoque metafísico para destacar las diferencias entre el mundo
moderno y el Islam tradicional, resaltando la incompatibilidad entre ambas
cosmovisiones. El segundo artículo adopta una perspectiva política
y reflexiona sobre el concepto moderno de democracia y hasta qué punto
éste responde a las necesidades de los musulmanes en la actualidad.
Para terminar, el tercer artículo utiliza la figura de Ibn 'Arabî,
personaje clave dentro del pensamiento y la mística islámicas,
como puente de unión entre el Islam y la modernidad.
La Dirección.
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Pocos temas despiertan más
pasión y debate entre los musulmanes de hoy en día que el
encuentro entre el Islam y el pensamiento moderno. Por supuesto, el asunto
es amplio y abarca campos que van desde la política hasta el arte
sagrado, cuestiones cuyo debate a menudo provoca una explosión de
emociones y pasiones que difícilmente conduce a un análisis
objetivo de las causas y a una visión clara de los problemas planteados.
Tampoco ayuda mucho el hecho de que muchos musulmanes y estudiantes del
Islam, tan absorbidos como están por este debate, no sean capaces
de definir claramente los términos del mismo ni de comprender las
verdaderas fuerzas que están involucradas en el proceso. Toda la discusión
también se ve paralizada por un sentido de inferioridad y una sensación
de debilidad frente al mundo moderno que impiden a muchos musulmanes modernizados
valorar de un modo crítico la situación y exponer la verdad
al margen de si ésta es o no popular o si resulta o no aceptable para
la opinión pública actual. Permítannos ahora definir
lo que entendemos por pensamiento moderno.
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Abdulkarim Soroush sostiene
que, para apreciar el significado del concepto “democracia islámica”,
debemos diferenciar entre liberalismo y democracia. Es evidente que,
para Soroush, el asunto central es la discrepancia entre, por un lado,
el modo islámico de entender la naturaleza humana y, por el otro,
el liberal. Me basaré en los textos islámicos y en los liberales
para explicar con imparcialidad si existe tal discrepancia y hasta qué
punto.
Me gustaría comenzar este
artículo reflexionado sobre dos pasajes coránicos en apariencia
contradictorios que directamente relacionados con la idea de una organización
política democrática. En la azora 2 (al-Baqara), versículo
213, se dice:
“La humanidad
formaba una sola comunidad (umma), y Dios envío profetas que
portaban buenas nuevas y que advertían, revelando con ellos la Escritura
con la Verdad, para juzgar entre los hombres en todo aquello sobre lo que
discrepaban.”
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Las autoridades intelectuales
de la modernidad son numerosas y diversas. En relación con la filosofía,
la sociología y la psicología modernas, ha habido una marcada
tendencia hacia ese subconjunto de disciplinas que sirven para decidir lo
que se considera una investigación racional aceptable y lo que constituye
las reivindicaciones legítimas del saber. En la filosofía
moderna en particular, se ha intentado marcar la frontera entre el verdadero
conocimiento y la metafísica de segundo orden, de acuerdo a los esfuerzos
de Kant y Hume para restringir lo que se consideran extravagancias y excesos
del intelecto humano especulativo. En términos más generales,
la filosofía, la sociología y la psicología modernas
han estado muy influidas por la cosmovisión científica y tecnológica
de la modernidad, tanto en sus teorías como en la metodología
empleada. No cabe duda de que los resultados de este enfoque académico
y los debates que genera, tanto colectiva como individualmente, plantean
cuestiones importantes sobre la noción misma de racionalidad y sus
referencias epistemológicas, que tienen implicaciones más allá
de las propias disciplinas. Estas cuestiones hacen que sea pertinente y oportuno
preguntar cómo se ven estas epistemologías dominantes a la
luz de la metafísica de la wahdat al-wuyud. Lo que sigue
son algunas observaciones preliminares que forman la base de un estudio más
amplio titulado Ibn 'Arabī: Degrees of Knowledge
(“Ibn 'Arabī: los grados del conocimiento”) y subtitulado Modern Thought
and the History of taking Metaphysics Seriously (“El pensamiento moderno
y la importancia de la metafísica”)..
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Después de tu extinción en la Eternidad nacerás,
Sin fin en la Eternidad de la Eternidad te afirmas,
En la cima de toda Altura;
¿pues no es cuando están Cara a Cara con la Verdad
cuando nuestros caballeros desmontan?
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