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ISSN 1695-1751                                                             Número 80 - Marzo.2010 / Rabi Al-Akhar 1431 
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Estimados lectores:

    La situación de la población femenina en los países de mayoría musulmana y el estatus de la mujer dentro de la religión islámica es quizá uno de los asuntos más polémicos y peor entendidos en Occidente. Gran parte de las críticas contra el Islam y los musulmanes se basan en este asunto, proliferando numerosos tópicos e imágenes estereotipadas a este respecto. En demasiadas ocasiones, sin embargo, cuando desde Occidente se aborda este tema en tertulias, medios de comunicación o publicaciones de diverso signo, los protagonistas, es decir, los musulmanes, brillan por su ausencia. A menudo se tiene la impresión de que musulmanes y musulmanas son considerados menores de edad, incapaces de defender sus derechos por sí mismos. Existe la queja constante de que la mujeres musulmanas no tienen ni voz ni voto y, sin embargo, se opina en su nombre y se decide sin contar con ellas que están “explotadas y sometidas”. Por lo tanto, quizá el primer paso a dar en este complejo asunto sería escuchar sin prejuicios la voz de los propios musulmanes y musulmanas, sin duda los más interesados en aclarar la cuestión y en mejorar la situación en las sociedades en las que viven. ¿No será que hay más interés en avivar la polémica que en solucionar verdaderamente la situación que se denuncia?
     En el número de Alif Nûn de este mes, varios autores y estudiosos musulmanes, tanto hombres como mujeres, expresan sus sentimientos y manifiesten su opinión al respecto, pudiéndose apreciar la diversidad de planteamientos y de puntos de vista. En el primer artículo, el estudioso Asghar Ali Engineer razona cómo, en su opinión, no existe ninguna limitación dentro del Islam para la igualdad entre los sexos a todos los niveles, desde el religioso y espiritual al social y político, y opina que Islam y modernidad son absolutamente compatibles en lo referente al modo de entender los derechos de la mujer. En el segundo artículo, la Dra. Lois Lamya' al Faruqi comparte la idea de igualdad entre los sexos, pero opina que muchos hábitos y conductas sociales de la modernidad y ciertas pretensiones de movimiento feminista surgido en Occidente entran en conflicto con valores y costumbres muy arraigados en el mundo islámico, los cuales deberían ser respetados y protegidos. El tercer artículo enfoca la situación de la mujer en el mundo islámico desde el punto de vista espiritual, y más concretamente en el ámbito del sufismo. Para finalizar el número de este mes, nuestro cuarto artículo cambia por completo de asunto y de enfoque. Se trata de un duro alegato en contra de la política practicada por los EE.UU en Oriente Medio, analizada en al marco más amplio de los intereses capitalistas a escala mundial.
  

La Dirección.

       La cuestión de la igualdad entre los sexos es un parámetro muy importante de la modernidad, junto a la democracia y los derechos humanos. Al margen de cuál sea el estatus de la mujer en el Corán, la situación de la mujer en las sociedades musulmanas está lejos de ser satisfactoria, ya sea en la India, Pakistán, Bangla Desh o cualquier otro país musulmán de Asia Occidental o el sudeste asiático, como Malasia o Indonesia. En todos estos países, el problema de la situación de la mujer ha adquirido unas proporciones críticas. Muchas organizaciones de mujeres han surgido en estos países y están luchando por sus derechos. El problema está adquiriendo proporciones cada vez más serias a medida que la educación moderna se extiende entre las mujeres de clase media.
       Al principio, los “ortodoxos” dentro de la comunidad se oponían enérgicamente a la educación de las mujeres. Incluso hoy en día, en algunas zonas rurales y pueblos pequeños, educar a las niñas está mal visto. Sin embargo, en las grandes ciudades y entre la creciente clase media es más difícil impedir que las mujeres se eduquen, y por eso la proporción de mujeres con estudios está aumentando, lo que ha permitido que también sean más conscientes de sus derechos. Ellas exigen cada vez con más insistencia que se les reconozca un estatus igual al de los hombres. Algunas mujeres tienden a mostrarse indiferentes hacia la religión e incluso la consideran un serio obstáculo en su camino hacia la igualdad de derechos.



        Las mujeres musulmanas tienden a ver el movimiento feminista con cierta aprensión, no importa si viven en Oriente Medio, África, Asia Central, Pakistán, el sudeste asiático, Europa o América. Aunque hay algunos rasgos de la causa feminista que nosotros, como musulmanes, podríamos compartir, otras características no las aceptamos, e incluso nos oponemos a ellas. No hay, sin embargo, una respuesta simple o fácil a la pregunta de si, en el futuro, el feminismo encontrará apoyo u oposición en el entorno islámico.
           Hay, no obstante, una serie de tradiciones sociales, psicológicas y económicas que rigen el pensamiento de gran parte de los musulmanes y que afectan en especial a la situación y el papel de la mujer en las sociedades islámicas. Comprender estas tradiciones puede ayudarnos a entender las cuestiones que afectan a la situación y el papel del hombre y la mujer, y cómo debemos reaccionar frente a los movimientos que tratan de mejorar la condición de las mujeres en cualquiera de los países donde viven los musulmanes.

               

        Desde el comienzo de la conciencia, los seres humanos, tanto hombres como mujeres, han transitado la senda del reencuentro con la Fuente del Ser. Aunque en este mundo de dualidad podemos adoptar distintas formas, en última instancia no existen hombres ni mujeres, sino sólo el Ser. Dentro de la tradición sufí, el reconocimiento de esta verdad ha estimulado la madurez espiritual de las mujeres, de una manera que no siempre ha sido posible en Occidente.

        Desde un principio, las mujeres han desempeñado un importante papel en el desarrollo del sufismo, el cual tradicionalmente se entiende que comenzó con el Profeta Muhammad. Muhammad transmitió un mensaje que combinaba el espíritu y la materia, la esencia y la forma, y el reconocimiento de lo femenino y de lo masculino. Aunque las manifestaciones culturales han ocultado en parte la pureza original de intención, las palabras del Corán expresan la igualdad de mujeres y hombres ante los ojos de Dios. En un tiempo en que las tribus árabes adoradoras de diosas eran todavía bastante brutales, llegando incluso a enterrar a las niñas recién nacidas para favorecer a la descendencia masculina, este nuevo portavoz de la tradición abrahámica intentó restablecer el reconocimiento de la Unidad del Ser. Trató de corregir los desequilibrios que habían surgido, aconsejando honrar y respetar lo femenino, así como la gracia y la armonía de la naturaleza.


        El análisis aquí propuesto estudia el papel de Oriente Medio en la estrategia imperialista de Estados Unidos a nivel global, en el marco de una visión histórica general del capitalismo que ya he desarrollado en otros trabajos.  Desde este enfoque, el capitalismo siempre ha sido, desde su creación y por naturaleza, un sistema polarizado, es decir, imperialista. Esta polarización –la creación de centros de dominio y de periferias dominadas, y su reproducción cada vez más profunda en cada una de las etapas– es inherente al proceso de acumulación de capital que opera a una escala global.
            En esta teoría de la expansión global del capitalismo, los cambios cualitativos en los sistemas de acumulación, de una fase de su historia a otra, moldean las formas sucesivas de polarización asimétrica entre los centros y las periferias, es decir, del imperialismo en cuestión. Así pues, el sistema mundial contemporáneo seguirá siendo imperialista (polarizado) en un futuro cercano, en la medida en que su lógica fundamental continúe estando dominada por las relaciones de producción capitalista. Esta teoría vincula el imperialismo con el proceso de acumulación de capital a escala mundial, el cual considero que constituye una sola realidad cuyas distintas dimensiones no son, de hecho, separables. Por lo tanto, difiere tanto de la versión vulgarizada de la teoría leninista según la cual el imperialismo es “la fase superior del capitalismo” (como si las fases anteriores de la expansión global del capitalismo no fueran polarizadas), como de las teorías posmodernas contemporáneas que describen la nueva globalización como  “post-imperialista”.

 
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Nosotros, sin copa ni vino,
estamos contentos.
Nosotros, despreciados o alabados,
estamos contentos.
A nosotros nos preguntan: “¿En qué acabaréis?”.
Nosotros, que terminamos en nada,
estamos más que contentos.



                                                   _Mawlana Yalal al-Din Rumi

                                                                                                          

 

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