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Estimados lectores:
La situación de la población femenina
en los países de mayoría musulmana y el estatus de la mujer
dentro de la religión islámica es quizá uno de los
asuntos más polémicos y peor entendidos en Occidente. Gran
parte de las críticas contra el Islam y los musulmanes se basan en
este asunto, proliferando numerosos tópicos e imágenes estereotipadas
a este respecto. En demasiadas ocasiones, sin embargo, cuando desde Occidente
se aborda este tema en tertulias, medios de comunicación o publicaciones
de diverso signo, los protagonistas, es decir, los musulmanes, brillan por
su ausencia. A menudo se tiene la impresión de que musulmanes y musulmanas
son considerados menores de edad, incapaces de defender sus derechos por
sí mismos. Existe la queja constante de que la mujeres musulmanas
no tienen ni voz ni voto y, sin embargo, se opina en su nombre y se decide
sin contar con ellas que están “explotadas y sometidas”. Por lo tanto,
quizá el primer paso a dar en este complejo asunto sería escuchar
sin prejuicios la voz de los propios musulmanes y musulmanas, sin duda los
más interesados en aclarar la cuestión y en mejorar la situación
en las sociedades en las que viven. ¿No será que hay más
interés en avivar la polémica que en solucionar verdaderamente
la situación que se denuncia?
En el número de Alif Nûn de este
mes, varios autores y estudiosos musulmanes, tanto hombres como mujeres,
expresan sus sentimientos y manifiesten su opinión al respecto,
pudiéndose apreciar la diversidad de planteamientos y de puntos
de vista. En el primer artículo, el estudioso Asghar Ali Engineer
razona cómo, en su opinión, no existe ninguna limitación
dentro del Islam para la igualdad entre los sexos a todos los niveles,
desde el religioso y espiritual al social y político, y opina que
Islam y modernidad son absolutamente compatibles en lo referente al modo
de entender los derechos de la mujer. En el segundo artículo, la
Dra. Lois Lamya' al Faruqi comparte la idea de igualdad entre los sexos,
pero opina que muchos hábitos y conductas sociales de la modernidad
y ciertas pretensiones de movimiento feminista surgido en Occidente entran
en conflicto con valores y costumbres muy arraigados en el mundo islámico,
los cuales deberían ser respetados y protegidos. El tercer artículo
enfoca la situación de la mujer en el mundo islámico desde
el punto de vista espiritual, y más concretamente en el ámbito
del sufismo. Para finalizar el número de este mes, nuestro cuarto
artículo cambia por completo de asunto y de enfoque. Se trata de un
duro alegato en contra de la política practicada por los EE.UU en
Oriente Medio, analizada en al marco más amplio de los intereses
capitalistas a escala mundial.
La Dirección.
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La cuestión
de la igualdad entre los sexos es un parámetro muy importante de la
modernidad, junto a la democracia y los derechos humanos. Al margen de cuál
sea el estatus de la mujer en el Corán, la situación de la
mujer en las sociedades musulmanas está lejos de ser satisfactoria,
ya sea en la India, Pakistán, Bangla Desh o cualquier otro país
musulmán de Asia Occidental o el sudeste asiático, como Malasia
o Indonesia. En todos estos países, el problema de la situación
de la mujer ha adquirido unas proporciones críticas. Muchas organizaciones
de mujeres han surgido en estos países y están luchando por
sus derechos. El problema está adquiriendo proporciones cada vez más
serias a medida que la educación moderna se extiende entre las mujeres
de clase media.
Al principio, los “ortodoxos” dentro de
la comunidad se oponían enérgicamente a la educación
de las mujeres. Incluso hoy en día, en algunas zonas rurales y pueblos
pequeños, educar a las niñas está mal visto. Sin embargo,
en las grandes ciudades y entre la creciente clase media es más difícil
impedir que las mujeres se eduquen, y por eso la proporción de mujeres
con estudios está aumentando, lo que ha permitido que también
sean más conscientes de sus derechos. Ellas exigen cada vez con más
insistencia que se les reconozca un estatus igual al de los hombres. Algunas
mujeres tienden a mostrarse indiferentes hacia la religión e incluso
la consideran un serio obstáculo en su camino hacia la igualdad de
derechos.
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Las mujeres musulmanas tienden a ver el movimiento feminista con cierta aprensión,
no importa si viven en Oriente Medio, África, Asia Central, Pakistán,
el sudeste asiático, Europa o América. Aunque hay algunos
rasgos de la causa feminista que nosotros, como musulmanes, podríamos
compartir, otras características no las aceptamos, e incluso nos
oponemos a ellas. No hay, sin embargo, una respuesta simple o fácil
a la pregunta de si, en el futuro, el feminismo encontrará apoyo
u oposición en el entorno islámico.
Hay, no obstante, una
serie de tradiciones sociales, psicológicas y económicas que
rigen el pensamiento de gran parte de los musulmanes y que afectan en especial
a la situación y el papel de la mujer en las sociedades islámicas.
Comprender estas tradiciones puede ayudarnos a entender las cuestiones que
afectan a la situación y el papel del hombre y la mujer, y cómo
debemos reaccionar frente a los movimientos que tratan de mejorar la condición
de las mujeres en cualquiera de los países donde viven los musulmanes.
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Desde el comienzo de la conciencia,
los seres humanos, tanto hombres como mujeres, han transitado la senda del
reencuentro con la Fuente del Ser. Aunque en este mundo de dualidad podemos
adoptar distintas formas, en última instancia no existen hombres ni
mujeres, sino sólo el Ser. Dentro de la tradición sufí,
el reconocimiento de esta verdad ha estimulado la madurez espiritual de las
mujeres, de una manera que no siempre ha sido posible en Occidente.
Desde un principio, las mujeres han desempeñado un importante papel
en el desarrollo del sufismo, el cual tradicionalmente se entiende que comenzó
con el Profeta Muhammad. Muhammad transmitió un mensaje que combinaba
el espíritu y la materia, la esencia y la forma, y el reconocimiento
de lo femenino y de lo masculino. Aunque las manifestaciones culturales han
ocultado en parte la pureza original de intención, las palabras del
Corán expresan la igualdad de mujeres y hombres ante los ojos de
Dios. En un tiempo en que las tribus árabes adoradoras de diosas eran
todavía bastante brutales, llegando incluso a enterrar a las niñas
recién nacidas para favorecer a la descendencia masculina, este nuevo
portavoz de la tradición abrahámica intentó restablecer
el reconocimiento de la Unidad del Ser. Trató de corregir los desequilibrios
que habían surgido, aconsejando honrar y respetar lo femenino, así
como la gracia y la armonía de la naturaleza.
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El análisis aquí propuesto
estudia el papel de Oriente Medio en la estrategia imperialista de Estados
Unidos a nivel global, en el marco de una visión histórica
general del capitalismo que ya he desarrollado en otros trabajos. Desde
este enfoque, el capitalismo siempre ha sido, desde su creación y por
naturaleza, un sistema polarizado, es decir, imperialista. Esta polarización
–la creación de centros de dominio y de periferias dominadas, y su
reproducción cada vez más profunda en cada una de las etapas–
es inherente al proceso de acumulación de capital que opera a una escala
global.
En esta teoría
de la expansión global del capitalismo, los cambios cualitativos en
los sistemas de acumulación, de una fase de su historia a otra, moldean
las formas sucesivas de polarización asimétrica entre los
centros y las periferias, es decir, del imperialismo en cuestión.
Así pues, el sistema mundial contemporáneo seguirá siendo
imperialista (polarizado) en un futuro cercano, en la medida en que su lógica
fundamental continúe estando dominada por las relaciones de producción
capitalista. Esta teoría vincula el imperialismo con el proceso de
acumulación de capital a escala mundial, el cual considero que constituye
una sola realidad cuyas distintas dimensiones no son, de hecho, separables.
Por lo tanto, difiere tanto de la versión vulgarizada de la teoría
leninista según la cual el imperialismo es “la fase superior del capitalismo”
(como si las fases anteriores de la expansión global del capitalismo
no fueran polarizadas), como de las teorías posmodernas contemporáneas
que describen la nueva globalización como “post-imperialista”.
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Nosotros, sin copa ni vino,
estamos contentos.
Nosotros, despreciados o alabados,
estamos contentos.
A nosotros nos preguntan: “¿En qué acabaréis?”.
Nosotros, que terminamos en nada,
estamos más que contentos.
_Mawlana
Yalal al-Din Rumi
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