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DE LA USURPACIÓN A LA LIBERACIÓN:
[1]
LA ESPERANZA PALESTINA Dan Lieberman [2] Yasser Arafat creó la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) en un intento de liberar a los palestinos de lo que él consideraba una grave injusticia y una persecución. La ocupación de tierras palestinas y las tácticas opresivas por parte de Israel facilitaron que los palestinos adoptaran un lenguaje, una cultura y una historia comunes para recuperar sus derechos. La política opresiva de Israel forjó una identidad nacional palestina. Una serie de conferencias internacionales pronosticaron la aparición de un Estado palestino viable, pero varias negociaciones frustradas desbarataron ese esfuerzo, y la solución de los dos Estados no ha sido posible. Por esta razón se ha restablecido una difícil trayectoria de lucha para abrirse camino hacia la liberación nacional palestina, liderada principalmente por Hamas. [3] Esta lucha, a pesar de la confusión de la propaganda, intenta unir a los palestinos musulmanes y cristianos de Gaza, Cisjordania e Israel, y transformar el Israel actual en un nuevo Estado democrático, donde los palestinos gobiernen en pie de igualdad con los judíos israelíes, y en el que todos tengan una sola identidad nacional y los mismos derechos. Mientras tanto, la idea original de crear un hogar nacional para el pueblo judío ha perdido fuerza y se ha desviado hacia la creación de un país nacionalista y militarista que recientemente se ha convertido en hogar de quienes intentan medrar económicamente e imponer ideas religiosas extremistas. De un modo similar a los puritanos que llegaron a América buscando la libertad religiosa y personal para luego eliminar a la población de nativos americanos y dar lugar a una empresa como la Colonia de la Bahía de Massachussets, los sionistas, que también llegaron a Palestina buscando la libertad religiosa y personal, han creado una Colonia del Mar Mediterráneo que elimina a la población indígena y parece especialmente interesada en los negocios de una élite gobernante. Israel parece transitar desde el intento de liberación de un pueblo hacia una indeseable empresa colonial de varias camarillas, lo cual plantea una serie de preguntas fundamentales: ¿Ha retomado el conflicto de Oriente Medio su carácter original de guerra de liberación? En caso afirmativo, ¿puede tener éxito? y ¿cuál será el resultado?. Por último, ¿puede hoy en día calificarse a Israel como un asentamiento colonial? La historia proporciona indicios para
responder a estas preguntas. Desentrañar estos indicios indicaría
lo que puede ocurrir. Las guerras de liberación no tienen límite en el tiempo. Si una parte de la población oprimida tiene suficientes estímulos para continuar luchando, la historia demuestra que su guerra de liberación finalmente puede tener éxito. Las tribus que habitaban Estonia en el siglo XIV competían por el territorio. Los ataques de los cruzados forzaron a los paganos estonios a convertirse al Catolicismo y unieron a las tribus en una lucha común contra el invasor y su brutalidad. Los estonios combatieron contra los sucesivos invasores y gobernantes durante otros 600 años, hasta agosto de 1991, cuando se liberaron de la autoridad soviética y una vez más proclamaron ser una nación. Unos 350.000 rusos, que constituyen el 25% de la población de Estonia, permanecen en el país. La penetración francesa en el norte de África en 1830 permitió que los argelinos poco a poco tomaran conciencia de sus derechos de soberanía. A pesar de ofrecer la nacionalidad francesa a los argelinos, éstos se dispusieron a librar una exitosa guerra de independencia [4] . El 3 de julio de 1962, el presidente francés declaró que Argelia era una nación independiente. La mayoría del 1.025.000 colonos franceses (pied-noirs) abandonó Argelia. La expulsión o la colonización de una población indígena, seguida por una grave opresión, casi siempre forja una fuerte identidad nacional en personas que poseen un idioma, unas costumbres, una cultura, una perspectiva social y una historia comunes. El sometimiento conduce a la destrucción total y la idea de libertad estalla en una guerra muy intensa por la independencia.
No hay duda de que el actual gobierno israelí está oprimiendo severamente al pueblo palestino. Esta acusación está bien documentada, aceptada y más allá de cualquier debate [5] . Otra cuestión es si la experiencia sionista original, aunque pudo haber sido razonable y bien intencionada, ha degenerado en una empresa colonial que alimenta una guerra de liberación. Podrían escribirse varios libros sobre este tema, aunque un análisis breve y metódico puede proporcionar una respuesta satisfactoria a la cuestión.
El sionismo es presentado por el pueblo
judío como un movimiento de masas. La historia contradice esta imagen.
Los primeros sionistas de finales del siglo XIX y principios del XX eran
un pequeño grupo de intelectuales europeos que apoyaba a una serie
de movimientos sionistas rivales. Sus convicciones procedían de experiencias
personales e intelectuales que cada uno pensaba sinceramente que representaban
o debían representar al mundo judío. No muchos de los 11,2
millones de judíos de aquel entonces los apoyaban, y tenían
buenas razones para ello. Los judíos se estaban emancipando, se integraban
en la atmósfera democrática del nuevo siglo y estaban siendo
rápidamente reconocidos en las ciencias, la educación, la
literatura, el arte, las leyes y la política. El mensaje sionista
impedía su avance. El sionismo ponía en cuestión la
lealtad de los ciudadanos judíos a sus respectivas naciones y reforzaba
una teoría racista según la cual los judíos participaban
en conspiraciones internacionales. “El primer Congreso Sionista (1887) tendría que haberse celebrado en Munich, Alemania. Sin embargo, debido a la considerable oposición de los líderes de la comunidad local, tanto ortodoxos como reformistas, se decidió trasladar el evento a Basilea, Suiza. Theodore Herzl actuó como presidente del Congreso, al que asistieron unos 200 participantes (sólo 69 de los cuales eran delegados).” [6]
“Los movimientos de emancipación del siglo XIX liberaron a los judíos de Europa Oriental y Central y les permitieron integrarse en la sociedad europea. Los judíos rusos, quienes tenían graves problemas, no consideraban el sionismo como un alivio a sus dificultades. Entre 1881 y 1914, dos millones y medio de judíos emigraron desde Rusia –dos millones a América y sólo treinta mil a Palestina (quince mil regresaron a Rusia). Otros quinientos mil se dirigieron a las grandes capitales de Europa Occidental.” [7]
En 1914, el experimento sionista,
debido al bajo número de emigrantes a Palestina, parecía
acabado, pero la destrucción del Imperio Otomano, la Declaración
Balfour y la creación de un Mandato británico para Palestina
resucitaron el objetivo sionista
[8]
. Sin embargo, la entrada de judíos en el Mandato
no fue del todo debida a la fe en la causa sionista. El Mandato británico
creó un vacío de poder político y socioeconómico
en Palestina. Los judíos hablantes de inglés y los colonos
de Europa oriental, no todos ellos impulsados por una convicción
sionista, llenaron ese vacío de poder. En 1920, después de
que la población judía creciera hasta las 60.000 personas
en una Palestina habitada por 585.000 árabes, un reportero señaló
que los antiguos colonos se sentían incómodos con los inmigrantes
que llegaron más tarde. Estos últimos estaban menos dispuestos
a trabajar en la agricultura y no tenían capacidad para sustentarse
con la tierra disponible: “Puede que en general no sea conocido, pero un buen número de los habitantes judíos de esta tierra no se muestra ansioso de ver una inmigración masiva hacia el país. Esto se debe en parte al temor de que el resultado de tal inmigración pudiera ser la sobresaturación del mercado industrial y agrícola; el caso es que algunos de los colonos más antiguos y respetados se han disgustado con la reciente llegada a Palestina de sus correligionarios, individuos descontentos procedentes de Rusia y Rumania que han entrado bajo los auspicios de la Comisión Sionista procedentes de las ciudades del sureste de Europa, y que no pueden ni quieren trabajar como agricultores o granjeros.
La indiferencia fue el cruel modo de llevar a los desplazados judíos que habían sufrido las brutalidades de la Segunda Guerra Mundial hacia otro ámbito de violencia y un futuro incierto. Los desplazados judíos estuvieron temporalmente a salvo en los campos de refugiados. En 1947, estos campos comenzaron a vaciarse en dirección a las naciones de América del Norte que habían revisado las leyes de inmigración para admitir a las personas desplazadas. La creación de Israel y el desplazamiento de los palestinos llevó a las naciones árabes a revisar su compromiso con sus ciudadanos judíos [10] . Las incertidumbres a las que se enfrentaban, debido al conflicto árabe-israelí, impulsó a estos ciudadanos (mizrahim) a abandonar sus hogares en Oriente Medio y el norte de África y emigrar a Israel. La libertad fue un estímulo, pero no necesariamente el principal factor. Una consecuencia de esta emigración desde territorio árabe ha sido la destrucción de una fuerte presencia y una arraigada historia judía en Bagdad, El Cairo, Kairawan, Túnez y otros lugares. Áreas que mantuvieron segmentos de población judía e hicieron posible su supervivencia durante varios siglos se convirtieron en un recuerdo.
Otra inmigración a gran escala de judíos ultra-ortodoxos llegó a Israel tras la guerra de 1967. Este grupo ha resultado ser problemático. Sus costumbres especiales los separan de los israelíes laicos y de gran parte del mundo judío. En lugar de integrar a los judíos
en una relación compatible entre correligionarios diversos, Israel
eliminó las culturas de los inmigrantes y creó un nuevo judío:
el judío israelí. El gobierno impuso condiciones artificiales,
incluyendo el renacimiento y la revisión de la lengua hebrea, para
establecer una identidad específica e implicar a sus ciudadanos
judíos en una nación que negaba las identidades previas.
Mantener vivo el trauma y construir toda una identidad en torno a él
está en el corazón de la corriente principal del judaísmo: “Desde que tengo memoria, en Israel se nos ha dicho que los judíos no tienen otro sitio a donde ir porque el mundo no los quiere. Hace diecisiete años, cuando mi ex-marido y yo nos disponíamos a emigrar a Australia, casi todos nuestros conocidos estaban consternados por nuestra decisión. Muchos me dijeron que estaba cometiendo un gran error. El cardiólogo de mi padre, por ejemplo, se mostró absolutamente conmocionado cuando conoció la noticia. Me llevó aparte y dijo que no comprendía cómo podía marcharme; que él nunca estaría dispuesto a vivir en ningún lugar donde pudiera haber un solo antisemita. Como muchos otros, pensaba que los judíos sólo pueden vivir a salvo en Israel.” [12]
La clase dirigente de Israel unió a los mizrahim dispersos y a otros miembros del mundo judío. Sin embargo, los mizrahim, que incluyen a los judíos sefardíes cuya herencia se remonta a la época dorada en España antes de la Reconquista católica, han visto interrumpida su trayectoria histórica y su herencia se ha convertido en un débil recuerdo [13] . Los judíos están ahora divididos entre los del oeste, o judíos ashkenazi, y los del este, o judíos israelíes. Los dos mundos judíos tienen poca relación entre sí desde un pasado reciente, no tienen ningún objetivo común en el presente y no es previsible que muestren una identidad común en el futuro. La historia demuestra que sólo una relativa minoría de los judíos que abandonaron sus hogares y emigraron a Israel eran fervientes sionistas. The Economist (11 de enero de 2007) menciona que sólo el 17% de los judíos estadounidenses se considera pro-sionista y sólo el 57% dice que “interesarse por Israel es un aspecto muy importante de ser judío”. El término “nación judía” no ha sido adecuadamente definido e Israel no ha sido aceptado como criterio para definir la moral y la cultura judías o como creador de un ambiente judío. Resulta cada vez más difícil aclarar quién es israelí. De acuerdo con el Resumen Estadístico de Israel del 2007 [14] , 1.875.000 judíos israelíes son israelíes de segunda generación (aquellos que al menos uno de sus padres nació en Israel); no muchos más del 1.400.000 árabes israelíes, la mayoría de los cuales pueden remontar su ascendencia en Israel a varias generaciones atrás. Los nativos árabes israelíes son casi los mismos que los judíos, si entendemos por nativos quienes tienen al menos dos generaciones nacidas en Israel, y también considerando que algunos de entre el 1.875.000 judíos israelíes de segunda generación viven fuera del país. La inmigración judía a Israel se ha detenido casi por completo (quizás unos 20.000 al año) y la emigración judía fuera de Israel ha aumentado considerablemente. Muchos inmigrantes de la antigua Unión Soviética han regresado a Rusia y Alemania, donde ahora hay más de 100.000 judíos. Israel proclama tener 5,4 millones de judíos, y oficialmente admite que 600.000 viven fuera del país. Esa estadística podría haber sido elaborada a la baja, y la cifra de un millón y medio de judíos israelíes fuera del país podría ser más exacta. Sin embargo, Israel se comporta como si hablara en nombre de todos los judíos, aunque no representa a una gran parte de los 15 millones de judíos que hay en el mundo. Mediante su Ley de Retorno, Israel acoge sin restricciones a todos los judíos. El Estado israelí convoca a todos los judíos a su territorio, pero no ha fundado una patria a cuya llamada esté respondiendo actualmente un número suficiente de judíos. Por lo tanto, si Israel no se ha convertido en lo que pretendía, una patria para el pueblo judío, ¿qué es, entonces? Muchos argumentos pueden definir el estatus de Israel. Desde el punto de vista israelí, es un hogar para el pueblo judío. Desde la perspectiva palestina, es un territorio que se le niega al pueblo palestino. Para los palestinos, los franceses que se trasladaron a Argelia, los boers que se desplazaron a Sudáfrica y los ingleses que llegaron a América fueron todos ellos considerados colonos. Los israelíes en Cisjordania también son considerados colonos. Los judíos en Israel están viviendo en tierras usurpadas a los palestinos e Israel no puede acoger más inmigración judía sin apoderarse de más tierras palestinas, lo cual está haciendo a diario. Si la mayoría de los judíos llegó principalmente por razones económicas y políticas y no expresamente para formar parte de un hogar nacional judío o para expresar su libre determinación, ¿no son también ellos colonos? ¿No confirman los hechos la perspectiva palestina que considera a Israel como una empresa colonial? El sufrimiento provocado por
la ocupación y el hecho de percibir a Israel como un colonizador
impulsan a los palestinos a una guerra de liberación. La esperanza
de éxito es mayor debido a la incapacidad israelí de reunir
la suficiente cantidad de judíos de todo el mundo para trabajar por
un hogar nacional judío. La desesperación que augura el fracaso
es dictada por la cruel actuación y la violencia diaria de Israel
que machaca a los palestinos. A pesar del intento de presentar el conflicto
como una guerra contra el terrorismo, la ferocidad de la campaña
israelí confirma que Israel está combatiendo contra un movimiento
de liberación, con tácticas diseñadas para destruir
por completo la existencia de los palestinos. Israel emplea los medios más
agresivos para evitar una guerra de liberación que hiciera fracasar
el destino que ha elegido para sí mismo. Si Israel tiene éxito en destruir la vida de los palestinos, todo el mundo pierde. La esperada patria para los judíos seguiría siendo un alto económico en el camino para algunos de ellos, Israel continuaría enfrentándose a sus antagonistas en todo Oriente Medio y los palestinos que han alimentado y cultivado una tierra durante siglos serían derrotados. La continua represión contra los palestinos hasta sus últimas consecuencias aumentaría de por vida el resentimiento y los ataques contra los judíos. Si los palestinos tienen éxito y se liberan, no todo el mundo gana. Se truncarían las expectativas de un Israel más grande, pero la vida humana no se vería aplastada. Israel ya no podría reivindicar un hogar nacional para los judíos, pero ese proyecto ya ha provocado varios enfrentamientos y parece estar condenado al fracaso. Cualquier posibilidad de éxito supondría nuevas y terribles consecuencias para los palestinos y probablemente para el mundo entero. Contrariamente a las predicciones, es probable que surja un nuevo Estado democrático que permita el regreso de los palestinos a sus tierras usurpadas, facilite que todos sus ciudadanos estén representados y les ofrezca la igualdad. Las masas palestinas no son extremistas religiosos o políticos y su adhesión a Hamas se debe sobre todo a su ausencia de corrupción y a las instituciones benéficas de esta organización. Los judíos que temen perder su estatus mayoritario e imaginan que su bienestar está en peligro podrían emigrar. ¿Es esa posibilidad más dura que la situación actual de permanente conflicto y probable eliminación de los palestinos? Es posible que muchos palestinos salgan también de Tierra Santa si consiguen tener una identidad nacional y un pasaporte que les permita emigrar. Si los palestinos tienen una
causa justificada y se liberan, ¿cambiará de manera apreciable
la situación de los judíos en otras naciones, quienes todavía
representan la abrumadora mayoría de la sociedad civil judía?
Es poco probable, aunque posiblemente se reduciría el sentimiento
anti-judío y disminuirían los ataques contra instituciones
judías. La situación de los judíos en Israel cambiaría
de una posición de dominio a otra de igualdad compartida. La situación
mundial cambiaría enormemente por una simple razón: se habría
dado un gran paso para alcanzar la paz en el Oriente Medio y reducir el
terrorismo internacional. BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
NOTAS.- [1] Traducción y adaptación del inglés. Fuente: http://www.countercurrents.org/lieberman310708.htm (Nota de la Redacción). [2] Dan Lieberman es el editor de Alternative Insight, un boletín mensual publicado en internet. Desde el año 2000, Dan ha escrito numerosos artículos sobre el conflicto de Oriente Medio que se han difundido en distintas páginas web y medios de comunicación de todo el mundo. [3] Para un análisis crítico sobre la organización Hamas, véase Matthew Levitt, Hamás , Belacqva, Barcelona, 2008; Carmen López Alonso, Hamás, la marcha hacia el poder , La Catarata, Madrid, 2007. (Nota de la Redacción). [4] Para más información, véase VV.AA, La guerre d'Algérie (DVD), 2005; José Luis Gómez Puyuelo, La república pretoriana. Ejército y poder político en Argelia (1954-1978) , Ibersaf, Madrid, 2009, Franz Fanon, “ La mujer argelina: su papel como factor de resistencia anticolonial ”, revista Alif Nûn nº 43, noviembre de 2006. (Nota de la Redacción). [5] Véase, por ejemplo, los muchos informes de Amnistía Internacional sobre los territorios ocupados: ( http://www.es.amnesty.org/paises/israel-y-territorios-ocupados/ ). (Nota de la Redacción). [6] Fuente: http://www.jewishvirtuallibrary.org/jsource/Zionism/firstcong.html [7] Bernard Avishai, The Tragedy of Zionism. [8] “Parece que no existe mucha duda de que el poder impuesto por parte de los Estados europeos, el cual comenzó a sentirse en Oriente Medio a finales del siglo XIX, promovió un nuevo plan para la región: el plan sionista. No es necesario recordar que si occidente no hubiera derrotado al Imperio Otomano en 1918, el Estado de Israel nunca habría sido creado. Éste fue el resultado de una promesa hecha por Lord Balfour el 2 de noviembre de 1917 en nombre del gobierno de Su Majestad, el cual permitió finalmente la creación del Estado de Israel. En ella se afirma: ‘El Gobierno de Su Majestad contempla favorablemente el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y hará uso de sus mejores esfuerzos para facilitar la realización de este objetivo.’” Joseph Maila, “ Los árabes cristianos (II) ”, revista Alif Nûn nº 57, febrero de 2008. (Nota de la Redacción). [9] Anstruther Mackay, “Zionist Aspirations in Palestine”, en The Atlantic Monthly , julio de 1920. (Nota del autor). Véase la traducción completa de este texto al castellano: Anstruther Mackay, “ Las aspiraciones sionistas en Palestina ”, revista Alif Nûn nº 67, enero de 2009. (Nota de la Redacción). [10] En muchos casos, estas comunidades judías pagaron las consecuencias y sufrieron la represión, lo cual ha sido denunciado por muchos intelectuales árabes. Véase, por ejemplo, Edward Said, “Las consecuencias de 1948”, revista Alif Nûn nos 59 (abril de 2008) y 60 (mayo de 2008) . (Nota de la Redacción). [11] “Los judíos negros de Etiopía, los llamados falashas, tampoco tuvieron un reconocimiento rápido y completo por parte de Israel, pero la mayoría de los judíos etíopes fueron finalmente trasladados a Israel en los años ochenta, a raíz de la Operación Moisés y posteriores traslados. Unos pocos judíos etíopes emigraron a los Estados Unidos y se nacionalizaron estadounidenses.” Ali A. Mazrui, “ El factor africano en los Estados Unidos ”, revista Alif Nûn nº 45, enero de 2007. (Nota de la Redacción). [12] Avigal Arbanel, The Charter of the Israeli State. [13] Para más información, véase Haim Zafrani, “ Los judíos del occidente musulmán ”, revista Alif Nûn nº 44, diciembre de 2006. (Nota de la Redacción). [14] Véase http://www.cbs.gov.il/reader/shnaton/templ_shnaton_e.html?num_tab=st02_24x&CYear=2007 A Portada |
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