JUVENTUD DE ORIENTE MEDIO:
RETOS Y OPORTUNIDADES [1]

Ted Swedenburg [2]


¿Qué es la juventud? Existe la tendencia a dar por sentado que tan solo se trata de una etapa biológica en el desarrollo humano. Pero, de hecho, la “juventud” es un concepto definido social y culturalmente, una fase de transición entre la infancia y la edad adulta que, en su forma contemporánea, es un producto de la modernidad. En la época premoderna, a menudo se consideraba que los adolescentes eran conflictivos, y por eso era costumbre casarlos poco después del inicio de la pubertad, otorgándoles responsabilidades de adultos a fin de evitar posibles amenazas sociales y asegurar una producción agraria y ganadera sin interrupciones. Las fuerzas de la modernidad, y en particular las formas de educación que requiere la producción capitalista, han ampliado en gran medida el periodo de la juventud y retrasado la edad de matrimonio. Hoy en día, por regla general, la juventud se define como una fase de la vida entre los 15 y los 24 años de edad, pero en la práctica estos límites son muy difusos. La juventud de Oriente Medio puede pertenecer a esta categoría social hasta los treinta y tantos años de edad, debido a las dificultades económicas a las que muchos de estos jóvenes deben hacer frente para poder casarse.

El aplazamiento de los matrimonios es una de las varias realidades socioeconómicas –otra es el alto grado de desempleo– que forman parte del llamado “problema de la juventud” y que han tenido preocupados durante décadas a los observadores occidentales y a los gobiernos de Oriente Medio. Como bien ha argumentado Samuel Huntington, por ejemplo, el elevado número de varones desempleados de entre 15 y 30 años de edad constituye “una fuente natural de inestabilidad y violencia”. Y los países pobres no son los únicos que creen tener un problema: el antiguo Secretario de Defensa Donald Rumsfeld afirmaba en uno de sus memorandos que “demasiado a menudo, los musulmanes se muestran contrarios al trabajo físico y por eso lo delegan en coreanos y pakistaníes, mientras que sus jóvenes continúan desempleados”. [...] Una población desempleada es fácil de reclutar por el radicalismo [3] ”.  Estas cuestiones se han hecho sentir como algo urgente porque los avances de la sanidad pública a lo largo del siglo XX han creado un “abultamiento” del perfil demográfico en la franja correspondiente a la población joven de la región. En la mayoría de los países de la zona, al menos el 20% de la población está entre los 15 y los 24 años de edad (aunque estos “abultamientos” también son habituales en las poblaciones de otros países no occidentales). La otra cara de la moneda para los occidentales es ver a las nuevas generaciones, “globalizadas” por la tecnología y el atractivo del capitalismo liberal, como los agentes de un “cambio” inexorable en países a los que se creía estancados por la inactividad, o algo peor.

Niños problemáticos

Con frecuencia se afirma que el llamado “problema de la juventud” en Oriente Medio es, ante todo, de carácter demográfico: la cuestión se reduce a que hay demasiados jóvenes. Como prueba de ello se suelen citar los altos porcentajes de población joven, como por ejemplo en el caso de Irán, donde la población entre los 14 y los 25 años de edad era del 25% del total en el año 2005 [4] . Otros argumentan, sin embargo, que no es tanto un problema demográfico como de expectativas generadas por las fuerzas de la modernización. Oriente Medio ha sido testigo de un masivo y rápido incremento de la población joven con acceso a la educación y, en particular, de las mujeres. Un gran número está accediendo al mercado laboral y es incapaz de encontrar trabajos acordes con su nivel de educación. Las altas tasas de desempleo y subempleo afectan especialmente a quienes poseen un nivel más elevado de educación, y estos problemas se están agravando en los países en un proceso de “ajuste estructural”, donde las oportunidades de empleo están disminuyendo en las empresas y la administración estatales. Además, los jóvenes con esperanzas de alcanzar la independencia social y económica –lo cual significa encontrar un empleo adecuado, dejar el hogar de los padres y crear uno propio junto a su marido u esposa– suelen enfrentarse a una gran escasez de vivienda. Problemas un tanto diferentes afectan a las clases menos privilegiadas, ya sea en zonas urbanas o rurales, donde muchos jóvenes se ven obligados a trabajar desde una edad temprana. Y cuando el matrimonio es, para la mayoría, la única forma permitida de tener relaciones sexuales, la manera en que los jóvenes disponen de su tiempo libre se convierte en un asunto especialmente importante para las élites.

La juventud no siempre ha sido considerada un problema en potencia. Durante los esperanzadores años que siguieron a la independencia (como en Egipto después de 1952) o la revolución (como en Irán después de 1979), los jóvenes simbolizaban el futuro de la nación moderna que el Estado esperaba construir. Mientras la anterior generación, con poca educación, representaba el atraso, se suponía que los jóvenes eran los destinatarios de una educación moderna y progresista, y que absorberían la ideología promovida por el Estado. En Irán, los jóvenes representaron el criterio con el cual se medía la capacidad del Estado a la hora de crear una verdadera República Islámica, hasta que el éxito de las políticas estatales en favor de la natalidad obligó a un nuevo enfoque [5] . En Turquía, durante el periodo kemalista, se veía a los jóvenes educados como el principal instrumento del proyecto de civilización emprendido por el Estado nacional. 

La manera en la cual ha cambiado la imagen que se tenía de los jóvenes en Turquía puede tomarse como un ejemplo representativo. A finales de los sesenta y principios de los setenta, cuando surgió un violento conflicto entre estudiantes de izquierda y de derecha en los campus universitarios, el discurso público iba a revisar la imagen de los jóvenes hasta llegar a considerarlos una “amenaza” para los intereses nacionales [6] . Este asunto de los jóvenes “peligrosos” se ha vuelto cada vez más habitual en el discurso público de los países de Oriente Medio. Sin embargo, a diferencia de Occidente, donde a los jóvenes se los considera peligrosos porque son “delincuentes convencidos”, en Oriente Medio es más frecuente ver a los jóvenes como inocentes y vulnerables. Se dice que las fuerzas que amenazan a la juventud son variadas y cambiantes, dependiendo del contexto y de la afiliación política de quien lo afirme.

Se considera que la occidentalización es uno de los mayores peligros para los jóvenes impresionables. La cultura occidental y sus valores inmorales (entre los que algunos incluyen el sionismo y la globalización) amenazan a la juventud con los males del SIDA, las relaciones prematrimoniales, las drogas, el suicidio, el satanismo, etc. Una amenaza parecida es la de los medios de comunicación, juzgados como responsables de transmitir influencias perniciosas para los jóvenes, por lo que el cine, la música, la radio, la televisión por satélite e Internet son todos ellos fuente de gran preocupación. En Egipto, tales peligros suelen valorarse como una “invasión cultural” (ghazw thaqafi) que impone unas malas costumbres y una cultura “vulgar” –la Macarena, Madonna o Michael Jackson– sobre los jóvenes, dejando a éstos sin modelos viables a imitar a nivel nacional, salvo los extranjeros y decadentes. [7]

Papá Estado

Una prueba de este modo de percibir a los jóvenes como potencialmente peligrosos y de la necesidad de vigilarlos, guiarlos y protegerlos es que los estados se consideran a sí mismos como progenitores sustitutos (en especial en el papel de “padres”) de la juventud del país. Un aspecto de este papel de padre asumido por los estados ha sido la creación de ministerios de Juventud y Deportes, muchos los cuales se remontan a la década de 1990; por ejemplo, el de la Autoridad Palestina en 1994 y el de Egipto en 1998. (En Túnez, el organismo equivalente es conocido como Ministerio de Juventud, Deportes y Educación Física). La finalidad de estos ministerios es desarrollar una política y unos programas para la juventud a nivel nacional.

Desde luego, resulta revelador que la política y el discurso del gobierno estén tan unidos a la juventud y el deporte. El deporte se considera una forma de canalizar las energías de la juventud hacia actividades saludables, y no es coincidencia que sirva como medio para aportar gloria a la nación. Arabia Saudita creó en 1974 la Presidencia General para el Bienestar de la Juventud, en parte con el objetivo de fomentar el interés de los niños por el deporte, y en 1994 ya se informaba de que habían sido creados proyectos sólidos en 18.000 colegios de todo el reino [8] . La importancia que los estados conceden al deporte como una política destinada a la juventud puede juzgarse por el hecho de que estos cargos ministeriales no son simples puestos honoríficos para figuras sin relevancia política.

El actual presidente de Argelia, Abdelaziz Bouteflika, inició su andadura en el gobierno como Ministro de Juventud y Deportes. ‘Ali al-Din Hilal Disouqi, quien hace unos años renunció a su cargo como Ministro de Juventud y Deportes de Egipto, es considerado como uno de los principales mentores de Gamal Mubarak, quien parece estar preparándose para suceder a su padre, Husni, como presidente [9] . Y luego tenemos a Uday Hussein, hijo del ex-dictador iraquí Saddam Hussein, y sus cargos vitalicios, desgraciadamente famosos, como presidente del Comité Olímpico de Irak y de la Asociación Nacional de Fútbol, así como del canal televisivo para la juventud llamado Shabab.

Asimismo, los estados hacen grandes esfuerzos para guiar a los jóvenes mediante el trabajo ideológico de instituciones dedicadas a la educación y la salud, el reclutamiento militar y la creación de sindicatos de estudiantes dirigidos por el Estado. Por lo tanto, la preocupación del Estado no se limita a proteger del peligro a su juventud, sino que reproduce a nivel social y nacional un proyecto que asegure que los jóvenes no se desvían del trascendental objetivo de mantener la unidad nacional. [10]

Nicho de mercado

Dick Hebdige ha observado que los dos temas clave en las descripciones modernas de la juventud occidental son “la juventud problemática” y “la juventud alegre.” [11] La imagen de una “juventud alegre” surgió en medio de la opulencia posterior a la Segunda Guerra Mundial, cuando se desarrolló el concepto de “adolescente”. Tales imágenes dependen de la capacidad de los jóvenes para participar como agentes independientes en la cultura consumista y del crecimiento de nuevos nichos de mercado dirigidos a la juventud. Hay pruebas que sugieren que la juventud es un objetivo cada vez más importante para los publicistas y los vendedores, sobre todo en los países más ricos del Golfo. En Oriente Medio se sitúan algunos de los lugares con un mayor crecimiento del mercado y del consumo; Dubai es el centro de la publicidad y Arabia Saudita posee el mayor mercado, mientras que el Líbano ofrece el talento creativo. [12] Incluso el Departamento de Estado se aventuró en aquellas aguas, lanzando en 2003 una impecable revista de tendencias llamada Hi , dirigida a la misma juventud árabe pudiente que es el objetivo de las agencias publicitarias de Dubai. Sin embargo, al parecer, no fue capaz de conseguir lectores ni ingresos suficientes como para autofinanciarse, y su edición fue “suspendida” en 2005. [13]  

Existen pruebas abundantes que sugieren que un número creciente de jóvenes de Oriente Medio está participando, a diversos niveles y de varias formas, en una cultura juvenil capitalista y globalizada. Aunque esto puede ser bueno para la economía, el proceso de incorporación de la juventud al mercado de consumo está lleno de contradicciones y peligros. En Turquía, por ejemplo, se considera que los jóvenes de hoy en día son superficiales, individualistas, personas dominadas por un burdo impulso consumista, apolíticos y no lo bastante nacionalistas. En el discurso político turco es habitual considerar a los jóvenes como menos capaces que las muy “heroicas” generaciones anteriores, sobre todo las de los periodos nacionalista (kemalista) y revolucionario (los sesenta). [14] Por otra parte, incluso los supuestos esfuerzos apolíticos para estimular el consumo entre los jóvenes pueden dar lugar a situaciones fuera de control, como cuando Arabia Saudita suspendió la publicación del diario juvenil Shams –lanzado en 2005 y ampliamente distribuido por los estados del Golfo– después de que éste reimprimiera las caricaturas del profeta Muhammad –aparecidas por primera vez en un artículo del diario danés Jyllands-Posten –,  como parte de una editorial crítica sobre los efectos de aquel artículo.

Uno de los indicios más significativos de la puesta en escena de imágenes de una juventud “alegre y consumista” es la omnipresencia de los “video-clips” (videos musicales) en las televisiones árabes por satélite y en Internet. Como demuestra Walter Armbrust, la hostilidad hacia estos video-clips por parte de expertos y comentaristas está tan extendida como los video-clips mismos. Según Armbrust, los argumentos más empleados son que los video-clips representan una forma de hegemonía cultural occidental que “hace que los jóvenes árabes deseen convertirse en lo que nunca podrán ser” (poeta palestino Tamim Barghouthi) y que atenta contra la sociedad patriarcal mediante la propaganda del sexo, la cual “hace que el matrimonio sea cada vez más difícil como opción viable” (profesor egipcio ‘Abd al-Wahhab al-Massiri).  [15]  

Por lo tanto, el consumo masivo, incluso cuando se trata de productos locales, también puede decirse que representa un peligro para la juventud o que produce una “juventud problemática”. Se afirma que uno de los peligros es que la juventud árabe se ve tentada por la oferta de una cultura globalizada, pero no puede adquirir los productos deseados ni tiene acceso a los espacios públicos en donde disfrutar de los placeres asociados a tales productos.

El descontento tiene un límite

El discurso del Estado, los medios de comunicación, los expertos y los comentaristas profesionales tiende, en general, a reflejar a los jóvenes de Oriente Medio como personas que desconfían de las instituciones, necesitan protección y requieren de la tutela de los organismos del Estado, los expertos y la intelectualidad nacionalista. Si bien este discurso es acertado al entender que los jóvenes están en una posición de dependencia con respecto a los adultos y las instituciones que éstos controlan, ¿qué pasa con las motivaciones y los deseos de la juventud? 

Jovenes Iranies Uno de los países cuyos jóvenes han recibido una mayor atención es Irán. Roxanne Varzi, en su destacado trabajo etnográfico sobre la juventud iraní, detecta un descontento generalizado con respecto a la ideología de la República Islámica entre los jóvenes de clase media del norte de Teherán. Aunque explica la manera en que estos jóvenes emplean algunos rasgos de la cultura occidental para mostrar su disconformidad, Varzi tiene cuidado en evitar la trampa en la cual caen muchos observadores occidentales, quienes ven a los jóvenes iraníes tan profundamente descontentos que los consideran a todos ellos laicos y occidentalizados. Varzy demuestra, por el contrario, que los jóvenes de clase media han sido moldeados por el proyecto religioso del Estado iraní. La religión es una parte muy importante de sus vidas y de su manera de oponer resistencia, y no se trata de un elemento ajeno a ellos. Por ejemplo, una de las formas de expresar su descontento es convertirse en lo que Varzi califica como “sufíes a la moda” (sufi cool), jóvenes iraníes bohemios con el cabello largo. El Estado ha respondido creando su propio estilo de música pop “mística” en un esfuerzo por apropiarse de las prácticas islámicas fuera de su control, y de competir con ellas [16] . Además, los jóvenes de los suburbios del norte suelen aprovechar los rituales religiosos shi‘íes como ‘Ashura para mezclase libremente con el sexo opuesto en el espacio público, convirtiendo estos eventos en fiestas callejeras. Algo parecido ocurre durante los mulids (festejos donde se celebra el nacimiento de algún santo) en El Cairo; en este caso, entre los jóvenes de clase obrera y media baja, tal y como se muestra en el documental de Yousry Nasrallah, rodado en 1995 y titulado On Boys, Girls and the Veil .

Asimismo, el destacado trabajo etnográfico de Marc Schade-Poulsen en Orán (Argelia) a comienzos de los noventa evita los errores cometidos por muchos observadores occidentales a propósito de la música rai [17] , la cual suele considerarse como una especie de rock and roll, un movimiento cultural apoyado por la juventud y enfrentado a las prácticas puritanas y conservadoras mantenidas por un Estado autoritario y por los burócratas religiosos, atrasados e intolerantes. Schade-Poulsen demuestra que no existe ninguna contradicción básica entre escuchar música rai y ser un musulmán devoto, a pesar de la violenta hostilidad hacia los artistas de rai por parte de algunos militantes islamistas. Aunque la música rai se asocia con los jóvenes de Orán, éstos no son en absoluto los únicos en escucharla, pues personas de todas las edades también la escuchan en circunstancias muy diversas y en especial, de manera colectiva, durante las celebraciones de boda. Por otra parte, la música rai no la componen jóvenes músicos sino antiguos productores y músicos de estudio ya consagrados. Además, casi siempre la interpretan en clubes nocturnos frecuentados por adultos acomodados y no por jóvenes con poco poder adquisitivo. Para los jóvenes de Orán, la música rai no es exactamente una “música rebelde” al estilo del punk o el reggae ; en vez de eso, sus letras son una manera de superar las dificultades a las que deben enfrentarse para conocer a las chicas y relacionarse con ellas, en una época en la que las mujeres, como resultado de la educación moderna y el empleo, ejercen mayor influencia social que en el pasado.  [18]  

El análisis de Armbrust sobre la polémica que rodea a los video-clips demuestra asimismo la importancia de evitar los estereotipos simplistas cuando se trata de la cultura y el consumo juveniles. Mientras muchos observadores locales denuncian que los videos musicales corrompen a la juventud, y los observadores occidentales a menudo consideran que estos videos incomodan a los hombres porque emplean imágenes de libertad sexual, Armbrust demuestra que la realidad es mucho más compleja. Los videos no sólo emiten los famosos (y “malévolos”) contorneos de iconos sexuales como Haifa Wehbe o Elissa [19] , sino que también transmiten “valores familiares”, como en el caso de ‘Ali Gawhar o el muy popular Sami Yusuf [20] , quienes emplean los recursos de la música pop para expresar mensajes de piedad y devoción islámicas.

Todo esto sugiere la necesidad de un estudio cuidadoso sobre la vida cotidiana de los jóvenes, pero también es una advertencia para no fiarse de las apariencias ni confiar demasiado en los modelos occidentales. Una serie de artículos y libros ha sugerido que los jóvenes iraníesRaperas Marroquies son en su mayoría laicos y están deseosos de acceder a los artículos de consumo y el estilo de vida occidentales. Se dice que estos jóvenes representan la mejor opción para que Irán abandone la vía fundamentalista y se reintegre en la comunidad de naciones civilizadas. No obstante, no podremos apreciar la compleja realidad si centramos el análisis únicamente en los raperos iraníes o las jóvenes que se maquillan y dejan que sus pañuelos se deslicen para así enseñar un mechón de pelo [21] . Los jóvenes muchachos voluntarios del basij , fuerza paramilitar situada al frente de la lucha de la República Islámica contra la conducta “inmoral” –sobre todo la de los jóvenes adinerados– son una prueba del apoyo que el régimen continúa recibiendo de muchos jóvenes de clase baja y trabajadora. Por otra parte, los universitarios iraníes pueden estar desencantados, pero son esencialmente apolíticos. Casi todos ellos están ocupados en asuntos cotidianos como conseguir un trabajo o terminar sus estudios. De hecho, 150.000 profesionales iraníes abandonan el país cada año, convirtiendo a Irán en una de las naciones de Oriente Medio con mayor índice de “fuga de cerebros”. [22]  

Debido a los bajos salarios de los jóvenes, la escasez de espacios públicos para el ocio de la juventud y el miedo que las reuniones de jóvenes provocan en los estados autoritarios, es poco probable que los movimientos juveniles “de oposición” adopten las mismas formas que las subculturas de los jóvenes occidentales. Otros conceptos occidentales para analizar a la juventud, como la noción de “abismo generacional”, también pueden ser engañosos. Como muestra Varzi, por ejemplo, los jóvenes no religiosos de los barrios ricos de Teherán cuentan con el permiso de sus padres para organizar discretas fiestas privadas en sus casas, en las cuales a veces se mezclan jóvenes de ambos sexos, se interpreta música en directo y se consume alcohol [23] . También resultan igualmente dudosas las afirmaciones que aseguran que el consumismo a gran escala y el acceso a los símbolos de una cultura juvenil globalizada necesariamente harán de los jóvenes personas materialistas, individualistas, apolíticas y carentes de conciencia social. Los jóvenes palestinos que han adoptado la música rap, por ejemplo, suelen emplear esta forma de arte para expresar sus posturas políticas rabiosamente nacionalistas. Y la juventud turca, muy criticada por su consumismo egoísta, resultó estar en la vanguardia de las labores de auxilio tras el terremoto de Mármara de 1999. [24]  

Libertadores en apuros

El asunto de la “juventud problemática” surge con toda claridad –y aquí coinciden los temores de los observadores occidentales y de los estados de Oriente Medio– en relación al islamismo militante, el “mal supremo” del que los jóvenes deben ser protegidos. En las mentes de los occidentales con tendencia a pensar en términos de “choque de civilizaciones”, la supuesta inclinación de los jóvenes de Oriente Medio hacia el Islam radical es el principal factor que pone en entredicho a quienes creen que la juventud traerá la libertad a la región. Si ni siquiera se puede confiar en que la nueva generación sea “moderada” –condición necesaria en el orden liberal capitalista auspiciado por los Estados Unidos–, entonces no hay esperanza para la convivencia. En palabras de Thomas Friedman, “los jóvenes de Israel sueñan con ser inventores y sus modelos son los creadores israelíes que alcanzaron el éxito en la Nasdaq [25] . Los jóvenes de Hizbollah sueñan con ser mártires, y sus modelos son los militantes islámicos que alcanzarán el éxito en la otra vida. [26] ” Puede que aún no se haya perdido la esperanza en los jóvenes de Oriente Medio, pero se corre un verdadero riesgo de que así sea. El éxito de los “extremistas” musulmanes se atribuye a menudo a su habilidad para aprovecharse de la juventud, y en particular de los jóvenes desfavorecidos y sexualmente frustrados por no poder costearse el matrimonio. Un ejemplo paradigmático de esta imagen en Egipto es el exitoso film de 1994 titulado al-Irhabi (“El Terrorista”), donde un joven terrorista (interpretado por el no tan joven ‘Adil Imam) es reclutado por un grupo islamista que le promete una esposa a cambio de cometer un crimen.

En términos más generales, en el discurso dominante sobre la juventud existe una tensión entre quienes consideran a los jóvenes víctimas de la violencia y quienes los consideran responsables. Véase, por ejemplo, el gran escándalo y malestar provocado en Occidente por el hecho de que los palestinos “usaran” a niños durante el primer año de la segunda intifada , lo cual culminó con unas declaraciones del portavoz palestino en las que se vio obligado a afirmar que, si las madres palestinas amaban realmente a sus hijos, no debían enviarlos a enfrentarse contra el ejército israelí para recibir un disparo [27] . Por un lado, rechazar la actuación de los niños que lanzaban piedras permitió argumentar a los occidentales y a los israelíes que los niños eran víctimas debido a un defecto de la cultura palestina, y no a la ocupación. Por el otro, los jóvenes lanzadores de piedras “más expertos”, protagonistas de miles de fotos de agencia y con una “experiencia” demostrada a fuerza de cumplir años, eran considerados como responsables, y no víctimas, de la violencia. Este episodio también sirve para recordar que los estados de Oriente Medio preocupados por el problema de la juventud siempre han gestionado el proyecto de construcción nacional dentro de un escenario internacional en el que las expectativas euro-americanas juzgan el grado de modernidad de otros países en función del trato hacia quienes se considera vulnerables. En Oriente Medio se considera vulnerables a las mujeres y a las minorías étnicas (judíos, bereberes, kurdos, etc), pero también a los jóvenes. Cuando los estados de Oriente Medio son considerados como incapaces de cuidar de su juventud, la respuesta de Occidente puede hacer valer por su propia cuenta y riesgo los derechos de los progenitores sustitutos, interviniendo directamente en Afganistán para “salvar” a los niños vinculados a las madrazas y a las niñas sin escolarizar, o animando a los universitarios iraníes a rebelarse contra sus mayores.

De hecho, tras el 11 de septiembre de 2001, se ha afirmado que el simple hecho de que haya un gran número de jóvenes en Oriente Medio representa el talón de Aquiles de los sistemas no democráticos existentes en la zona. Por ejemplo, los medios de comunicación citan de manera reiterativa que el 60% de los 70 millones de habitantes de Irán tiene menos de 30 años de edad, incluyendo a un número importante de personas nacidas mucho después de la revolución de 1979. Este dato suele emplearse para argumentar que el gobierno clerical de la línea dura no tiene futuro [28] . Como prueba de que estas esperanzas no se han desvanecido en Foggy Bottom [29] , el Departamento de Estado recientemente ha dado empleo a Jared Cohen, joven autor de Children of Jihad: A Young American’s Travels Among the Youth of the Middle East, para asesorar a los funcionarios del gobierno sobre la correcta planificación política que les permita “alejar de los actores ilícitos a los jóvenes influenciables de todo el mundo.” Cohen explicó a un reportero de New Yorker : “Yo siempre digo que el partido más numeroso de cualquier país –el mayor grupo opositor– es el de los jóvenes.” [30] Sin embargo, tras la elección de Mahmud Ahmadineyad como presidente en 2005, lo que supuso que todas las secciones del gobierno iraní quedaran bajo el control de los conservadores, el discurso occidental ha relegado en gran medida a los jóvenes iraníes al papel de víctimas. Friedman, citado anteriormente, se lamenta diciendo que “los jóvenes iraníes tienen tanto talento como los indios o los chinos, pero no tienen la oportunidad de demostrarlo. Irán ha quedado reducido al papel de vendedor de sus recursos naturales a la India y a China; por eso los jóvenes chinos e indios pueden soñar con el futuro, mientras los iraníes están atrapados en el pasado.” [31] Hay una distancia muy corta entre esta “preocupación paternal” y proponer que la juventud iraní pueda alcanzar sus objetivos ayudada con un empujón desde el exterior.

La juventud de Oriente Medio soporta la carga de los estados autoritarios, la corrupción y el nepotismo que limitan sus expectativas, así como una crisis estructural de carácter socioeconómico derivada de los fracasos en el desarrollo liderado por los estados y de las desigualdades crónicas del capitalismo global. No es menos importante, sin embargo, la carga producida por las expectativas y los reproches de las élites hacia la juventud. Al igual que la juventud de cualquier otro lugar del mundo, se puede esperar que los jóvenes de Oriente Medio tomen en consideración el paternalismo de sus gobiernos y las influencias extranjeras (inconstantes, en el mejor de los casos), mientras se esfuerzan en satisfacer sus propias aspiraciones, ya sea la emancipación, cuestiones más triviales, o una mezcla de ambas.



NOTAS.-


[1] Traducción y adaptación del artículo aparecido en: http://www.merip.org/mer/mer245/swedenburg.html (Nota de la Redacción).

[2] Ted Swedenburg es editor de la revista Middle East Report y profesor de Antropología en la Universidad de Arkansas. El autor agradece a Lori Allen, Arang Keshavarzian y  Paul Silverstein su ayuda y sus oportunos comentarios y sugerencias en la elaboración de este artículo.

[3] Washington Post, 1 de noviembre de 2007. (Nota del autor)
En este mismo artículo, refiriéndose a los citados memorandos, se afirmaba: “En una serie de reflexiones y notas internas dirigidas a su personal, el entonces Secretario de Defensa Donald H. Rumsfeld sostenía que los musulmanes evitan el ‘trabajo físico’, y escribió acerca de la necesidad de ‘seguir elevando la amenaza’, ‘vincular a Irak con Irán’ y [...] ‘conseguir apoyo público para una guerra cada vez más impopular’”. En cualquier caso, resulta sorprendente que una persona supuestamente bien informada como Donald Rumsfeld afirme que, por un lado, “los musulmanes se muestran contrarios al trabajo físico”, mientras que, por otro, “lo delegan en pakistaníes”, siendo éstos también musulmanes en su inmensa mayoría. (Nota de la Redacción).

[4] Farzaneh Roudi-Fahimi y Mary Mederios Kent, “Challenges and Opportunities: The Population of the Middle East and North Africa”, Population Bulletin

[5] Roxanne Varzi, Warring Souls: Youth, Media and Martyrdom in Post-Revolution Iran , Duke University Press, Durham, NC, 2006, p. 11.

[6] Leyla Neyzi, “Object or Subject? The Paradox of ‘Youth’ in Turkey”, International Journal of Middle East Studies 33/3, agosto de 2001, p. 420.

[7] Una versión más suave de este argumento aparece en Galal Amin, Whatever Happened to the Egyptians? , Dar al-Hilal, El Cairo, 1998. [En árabe].

[8] Brian Clark, “A Cupful of Pride”, Saudi Aramco World, septiembre / octubre de 1994.

[9] New York Times, 3 de octubre de 2002.

[10] Sobre este proceso en Argelia, véase Kamel Rarrbo, L’Algérie et sa jeunesse: Marginalisations sociales et désarroi culturel, Harmattan, París, 1995.

[11] Dick Hebdige, Hiding in the Light , Routledge, 1998.

[12] Tim Burrowes, “Middle Eastern Promise”, Campaign, 16 de mayo de 2006.

[13] Elliott Colla y Chris Toensing, “Never Too Soon to Say Goodbye to Hi”, Middle East Report Online, mayo de 2003.

[14] Neyzi, p. 424. (Nota del autor).
Para más información sobre este periodo de la Turquía moderna, véase Bekim Agai, “ Islam y kemalismo en Turquía ”, en revista Alif Nûn nº 72, junio de 2009. (Nota de la Redacción).

[15] Véase Walter Armbrust, “What Would Sayyid Qutb Say? Some Reflections on Video Clips”, Transnational Broadcasting Studies 14, Primavera de 2005.

[16] Varzi, pp. 21, 133, 136.

[17] Como ejemplo de este tipo de música, véase Rubén Caravaca / Yolanda Agudo, Guía de las músicas del Magreb , Fabricantes de Ideas, Madrid, 2007. También puede consultarse nuestra sección de “ música: música popular ”. (Nota de la Redacción).

[18] Marc Schade-Poulsen, Men and Popular Music in Algeria: The Social Significance of Rai , University of Texas Press, Austin, TX, 1999.

[19] Véase, por ejemplo, Elissa, A'ayshalak , Music Master, Líbano; Elissa, Ahla Dounya, EMI, Emiratos Arabes Unidos, 2004. (Nota de la Redacción).

[20] Véase, por ejemplo, Sami Yusuf, Al-Mu'allim , Awakening, Gran Bretaña, 2006; Sami Yusuf, My Ummah , Awakening, Gran Bretaña, 2006. (Nota de la Redacción).

[21] Para más información, véase Allegra Stratton, Muhayabes: chicas con velo , 451, Zaragoza, 2009. (Nota de la Redacción).

[22] Kaveh Basmenji, Tehran Blues: How Iranian Youth Rebelled Against Iran’s Founding Fathers ,  Saqi Books, Londres, 2005, p. 316.

[23] Varzi, p. 166.

[24] Neyzi, p. 426.

[25] Nasdaq, acrónimo de National Association of Securities Dealers Automated Quotation , es la bolsa de valores electrónica automatizada más grande de Estados Unidos. (Nota de la Redacción).

[26] Thomas Friedman, “Buffett and Hizballah’s Surprise War”, New York Times, August 9, 2006.

[27] Para más información, véase Roswitha von Benda, Los niños de la Intifada , Talasa, Madrid, 1991. (Nota de la Redacción).

[28] Véase, por ejemplo, Christian Science Monitor, 16 de junio de 2003.

[29] Foggy Botton es uno de los barrios más antiguos de Washington D.C. La expresión se usa como metónimo del Departamento de Estado de los Estados Unidos, cuyas oficinas centrales se encuentran en este barrio. (Nota de la Redacción).

[30] Jesse Lichtenstein, “Condi’s Party Starter”, New Yorker, 5 de noviembre de 2007.

[31] Thomas Friedman, “A Shah with a Turban”, New York Times, 23 de diciembre de 2005.


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