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Estimados
lectores:
Uno de los rasgos comunes a casi todos
los países de mayoría musulmana es la gran cantidad de población
joven. A diferencia de los países occidentales, con una población
cada vez más envejecida, el porcentaje de población entre los
15 y los 25 años de edad en el mundo islámico ronda el 20% del
total, una característica compartida con la mayoría de los
países del Tercer Mundo o en vías de desarrollo. Esta circunstancia
obliga a los diversos estados del mundo islámico a invertir una serie
de recursos para atender las necesidades específicas de este importante
colectivo. Pero los jóvenes, en muchas ocasiones, son también
un colectivo incómodo para los gobiernos, y sus demandas –en la mayor
parte de los casos, justificadas– generan una serie de conflictos sociales
que, en función de la naturaleza del Estado en cuestión, se
resuelven de manera más o menos problemática.
En el número de Alif Nûn de
este mes estudiaremos desde diversos puntos de vista la situación de
la juventud en el mundo islámico; sus necesidades, ambiciones y carencias.
El primer artículo analiza la situación actual de los jóvenes
en los distintos países de Oriente Medio y África del norte,
y su conflictiva relación, por un lado, con los nuevos paradigmas
de una modernidad uniformizadora y, por el otro, con los valores tradicionales
representados por la familia y el Estado. El segundo artículo utiliza
un enfoque socio-religioso para describir cuáles son las necesidades
y las expectativas de las nuevas generaciones de musulmanes nacidas y educadas
en Occidente que, sin embargo, no renuncian a su fe ni al derecho a practicar
su religión en paz y libertad. El tercer artículo estudia, a
través de diversas citas coránicas y tradiciones proféticas,
el papel de los padres en el proceso de socialización y de equilibrio
psicológico de los jóvenes. El cuarto y último artículo
nos traslada a Irán, un país que sigue experimentado una constante
transformación social en las últimas décadas. El texto
explica, entre otras cosas, cómo, a través de la música,
los jóvenes iraníes reivindican su espacio en la sociedad y
tratan de esquivar, en la medida de lo posible, la censura del régimen.
Para terminar, deseamos transmitir a nuestros lectores
nuestros mejores deseos para el nuevo año que comienza. Y además,
en esta ocasión la alegría es doble, pues se da la feliz coincidencia
de que, tanto el calendario cristiano como el musulmán, dan inicio
a un nuevo año.
La Dirección.
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¿Qué es la juventud?
Existe la tendencia a dar por sentado que tan solo se trata de una etapa biológica
en el desarrollo humano. Pero, de hecho, la “juventud” es un concepto definido
social y culturalmente, una fase de transición entre la infancia y
la edad adulta que, en su forma contemporánea, es un producto de la
modernidad. En la época premoderna, a menudo se consideraba que los
adolescentes eran conflictivos, y por eso era costumbre casarlos poco después
del inicio de la pubertad, otorgándoles responsabilidades de adultos
a fin de evitar posibles amenazas sociales y asegurar una producción
agraria y ganadera sin interrupciones. Las fuerzas de la modernidad, y en
particular las formas de educación que requiere la producción
capitalista, han ampliado en gran medida el periodo de la juventud y retrasado
la edad de matrimonio. Hoy en día, por regla general, la juventud
se define como una fase de la vida entre los 15 y los 24 años de edad,
pero en la práctica estos límites son muy difusos. La juventud
de Oriente Medio puede pertenecer a esta categoría social hasta los
treinta y tantos años de edad, debido a las dificultades económicas
a las que muchos de estos jóvenes deben hacer frente para poder casarse.
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Una vez finalizado el siglo XX, es
el momento de reflexionar sobre nuestros logros y fracasos a la hora de responder
al desafío de crear una sociedad sana en la tierra, tal y como lo plantea
el Corán. Durante toda su historia, la humanidad ha luchado por lograr
esta sociedad ideal. El modelo que persigue el Islam es también un
modelo válido para toda la humanidad. La misión de todos los
profetas y de todos los sabios ha sido que la humanidad, a través de
su perfección espiritual y moral, consiga establecer una sociedad justa.
Pero no ha sido una tarea fácil. Muchas personas han luchado y se
han esforzado por hacer de este mundo un lugar mejor para vivir, un lugar
donde surjan individuos con una vida espiritual equilibrada, formados sobre
la base de profundos valores morales inculcados a través de las principales
instituciones de socialización, como la familia, la comunidad, los
centros religiosos, etc. A este respecto, el Corán nos recuerda en
más de una ocasión que “el hombre sólo recibe aquello
por lo que se esfuerza, verá el resultado de su esfuerzo, y luego
será recompensado por ello generosamente” (53:39-41). En otras palabras,
la humanidad debe seguir esforzándose por obtener su recompensa final
y definitiva. ¿Cómo conservar ese ímpetu en la fe, esforzándose
por seguir siendo musulmán, es decir, una persona que ha “sometido”
todo su ser a la voluntad divina?
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Durante la infancia, cuando los niños no eran
capaces aún de asimilar intelectualmente su papel y su contribución
a la propia adaptación, la carga recaía exclusivamente en sus
padres. Sin embargo, desde el momento que los hijos adquieren la capacidad
de abstracción, son objeto de preceptos y enseñanzas que les
estimulan a una autosocialización. Puesto que dicha capacidad no se
da hasta, más o menos, los doce años, hemos escogido el título
mencionado con el fin de situar el periodo en el cual puede darse la intervención
activa de las nuevas generaciones en su mismo desarrollo. En segundo lugar,
responsabilizar a los hijos y estimularles a integrarse a través de
su interacción con los padres y hermanos no exime a los progenitores
de sus normales obligaciones. Ya veremos cómo la ideología islámica
inculca el sentimiento del “hijo-padre”, “padre-hijo” durante casi toda la
vida del individuo.
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Desde finales de los años noventa, y especialmente
a raíz de dos reportajes realizados por la corresponsal internacional
británica-iraní de la CNN, Christiane Amanpour, los occidentales
tuvieron acceso a una serie de artículos y programas dirigidos a “retirar
el velo” de Irán. El segundo reportaje de Amanpour giraba en torno
a “la juventud y la diversión”. Amanpour visitó la casa de un
guionista iraní para mostrar a un grupo de jóvenes en una fiesta
desenfrenada, brindando con bebidas alcohólicas al ritmo de música
festiva, consumiendo así dos artículos ilegales de gran trascendencia
para la República Islámica. Parece que con la juventud llegó
la alegría y la rebeldía.
Irán –a su vez, una de las naciones más
jóvenes del mundo– pronto se convirtió en uno de los principales
destinos de la prensa occidental, ansiosa por echar un vistazo en un país
que había permanecido cerrado a los extranjeros, o al menos se veía
de ese modo. Este fue un periodo en el que los iraníes acababan de
elegir a un nuevo presidente con verdaderos deseos de reforma. Pero no era
sólo el presidente Mohammad Jatami quien estaba anunciando una nueva
era de “diálogo de civilizaciones”. Internet también había
cambiado la manera de hacer periodismo. Ya no era necesario que un periodista
cruzara el mundo para conseguir un relato detallado. Podía hacer los
preparativos en su casa, online, y luego entrar y salir de Irán para
demostrar que había estado allí.
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Vuelve, por favor, vuelve,
quien quiera que seas,
religioso, infiel, hereje o pagano.
Aunque hayas hecho cien promesas
y cien veces las hayas roto,
esta puerta no es la puerta
de la desesperanza y la frustración.
Esta puerta está abierta para todos.
Ven, ven, tal como seas.
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