¿QUIÉNES SON LOS ÁRABES?:
Breve perfil sociológico e histórico

Abdelmalik Hamza [1]



Consideraciones previas

El mundo árabe ocupa, entre sus dos extremos más alejados, cerca de 8.000 km. (unas dos veces la distancia entre Madrid y Moscú), extendiéndose, de oeste a este, desde la costa atlántica del norte de Africa hasta el Mar Arábigo y, de norte a sur, desde el Mar Mediterráneo hasta Africa Central. Domina una superficie de unos 13 millones de km2, es decir, un 30% más extenso que la superficie total de Europa. A caballo entre dos continentes –el 72% de su territorio se encuentra en Africa y el 28% en Asia–, el mundo árabe se ha convertido en una de las regiones más importantes tanto desde el punto de vista geográfico como desde el político y el económico. [2]  

Mapa Liga Arabe Esta definición en términos geográficos no refleja, sin embargo, la enorme complejidad social, cultural e histórica de este territorio. Por lo tanto, vale la pena preguntarse: ¿quiénes son los árabes? En principio, la pregunta puede contestarse, al menos, desde tres puntos de vista distintos: político, lingüístico y étnico. Desde el punto de vista político, árabe será cualquier ciudadano cuya nacionalidad sea la de alguno de los veintidós países pertenecientes a la Liga Arabe, organización fundada en 1945 que agrupa a los llamados “estados árabes”. Desde esta perspectiva, la “población árabe” sería en la actualidad de unos 340 millones de personas. No obstante, está definición plantea una serie de dificultades, pues estas naciones incluyen entre sus habitantes a numerosos grupos humanos que no comparten ni la lengua ni la cultura árabes, como es el caso de los wolof y los fulani de Mauritania, los dinka y los nuba de Sudán, los kurdos de Siria e Iraq [3] , o la mayor parte de la población de Somalia ¿Pueden considerarse como “árabes” a estos pueblos, por el simple hecho de estar sometidos a la jurisdicción de Estados que se ven a sí mismos como “árabes”? Tenemos serias dudas al respecto, y, sin embargo, desde un punto de vista estrictamente político, son definidos como tales. La Liga Arabe afirma que árabe “es una persona cuyo idioma es el árabe, vive en un país de lengua árabe y simpatiza con las aspiraciones de los araboparlantes”. Es decir, parece introducir en su definición un elemento subjetivo, como es el grado de afinidad con unas supuestas aspiraciones comunes de los hablantes de árabe. Este planteamiento ha marcado sin duda el devenir político y social del mundo árabe desde mediados del siglo XIX, con el nacimiento de los nacionalismos modernos. [4]  

Desde una perspectiva lingüística, será árabe todo individuo que hable el idioma árabe como primera lengua, en cualquiera de sus variantes dialectales. Así pues, desde este punto de vista, el número de árabes es de aproximadamente 280 millones (otros 250 millones de personas no son hablantes nativos de árabe, aunque lo emplean asiduamente en su vida diaria). Como podrá observarse, esta definición no coincide en absoluto con las fronteras nacionales de los llamados “países árabes”, de modo que existen numerosos colectivos áraboparlantes fuera de las fronteras de la Liga Arabe: sur de Irán, palestinos en Israel, minorías en Chad, Etiopía, Tanzania, etc [5] ...e incluso podríamos incluir dentro de este grupo a la numerosa diáspora árabe que vive en América –tanto del Norte como del Sur [6] –, Europa y Africa subsahariana, gran parte de la cual está formada por personas de segunda, tercena e incluso cuarta generación que hablan el árabe en su entorno familiar. La cifra de árabes en la diáspora se estima en unos 36 millones.

Por último, desde el punto de vista étnico, definir a los árabes se complica aún más, pues, en puridad, sólo podrían considerarse étnicamente árabes los nativos de la Península Arábiga, afirmación ésta que también debería ser matizada, ya que, hoy por hoy, existen poblaciones estables de pueblos étnicamente árabes nacidos fuera de la Península Arábiga, como es el caso de los descendientes de los judíos yemeníes que fueron trasladados a Israel entre 1949 y 1950 en la llamada “Operación Alfombra Mágica”. Esta definición en términos étnicos reduciría el número de árabes “racialmente puros” a apenas 70 millones. [7]   

El resto de los árabes podría definirse como “árabes arabizados” o “árabes de adopción” (al-musta‘aribah), es decir, aquellos pueblos que, tras la expansión del Islam por Asia Occidental y el norte de Africa, adoptaron la lengua árabe y experimentaron un proceso de “arabización”, al margen de su conversión o no a la religión islámica. Entre estos pueblos cabe destacar a algunos habitantes del norte de Africa como los bereberes marroquíes, hablantes de diversas variantes de las lenguas camitas, o los distintos pueblos de Asia Occidental que habitaban la región antes de la llegada del Islam y que hablaban otras lenguas semíticas emparentadas con el árabe, principalmente el arameo. En general, mientras los primeros han conservado cierta independencia cultural y lingüística [8] , los segundos han experimentado un proceso de arabización casi completo, aunque muchos miembros de ciertas minorías religiosas, como los católicos maronitas libaneses, y en menor medida los cristianos coptos egipcios [9] , no se consideren a sí mismos árabes, a pesar de hablar este idioma como lengua materna. En estos casos concretos, la falta de identificación con el colectivo árabe viene motivada por razones religiosas, históricas y sociológicas que escapan al objeto del presente artículo. [10]  

En resumen, podemos decir que la confusión terminológica surge del hecho de emplear la misma palabra “árabe” para designar realidades que no son por completo idénticas. Por poner un ejemplo, sería como si todos los hablantes de español fueran llamados “españoles”, y no existiera un término más amplio, como es el caso de “hispano”, para designar al conjunto de todos los hispanohablantes.


Algunos apuntes de carácter histórico

El primer testimonio escrito de la existencia de los árabes proviene de una inscripción asiria del año 853 a.C., donde el monarca Salmanasar III cita al rey Gindibu de mâtu arbâi (es decir, los “territorios árabes”), a quien derrotó en la batalla de Cancar. Algunos nombres citados en este texto son las primeras evidencias de la existencia de dialectos que podríamos denominar “proto-árabes”. Los propios asirios también son los primeros en nombrar a los árabes con distintos términos: arabi, arubu, aribi o urbi. El Antiguo Testamento también hace referencia en varias ocasiones (Isaías, 13:20 o Jeremías, 3:2, entre otras) a los pueblos arvi, empleando esta palabra u otras de la misma raíz [11] . Parece que estas primeras reseñas de los “árabes” hacen referencia a varias tribus semíticas que habitaban la zona desértica que hoy sería el norte y el centro de Arabia Saudita, el este de Jordania, el sur de Siria y el oeste de Iraq. 

Pero la definitiva entrada de los árabes en la historia se produjo durante la expansión musulmana de los siglos VII y VIII d.C., cuando, procedentes del corazón de la Península Arábiga, forjaron un imperio que pronto desplazó su centro de poder primero hacia Damasco, con la dinastía Omeya (661-750) y más tarde a Bagdad, con la dinastía ‘Abbasí (750-1258) [12] . En realidad, esta expansión de los árabes a lo largo y ancho del Creciente Fértil representa el último eslabón de una larga cadena de pueblos semitas que, procedentes de la Península Arábiga, han venido ocupando las antiguas tierras de Mesopotamia y Palestina a través de migraciones sucesivas. Los primeros en hacerlo fueron los acadios hace unos 4.300 años y, desde entonces, otros muchos pueblos semitas los siguieron –asirios, caldeos, hebreos, cananeos, amorreos, fenicios, etc–, hasta llegar a los árabes. Así pues, todo el Asia Occidental ha estado habitada por distintos pueblos semitas desde aproximadamente el 2.300 a.C, dando lugar a lo largo de todo este periodo a algunas de las civilizaciones más espléndidas en la historia de la humanidad. De hecho, todos los indicios históricos y arqueológicos apuntan a Mesopotamia como el lugar donde se produjeron los primeros asentamientos urbanos, es decir, donde surgió la “civilización” como tal [13] . Si bien la primera civilización del Creciente Fértil de la que se tiene constancia documental es la los sumerios, pueblo inventor de la escritura y hablante de una lengua no emparentada con ninguna otra conocida, todos los demás pueblos que han habitado la zona desde la llegada de los acadios han sido de origen semita [14] , aunque, a lo largo de los siglos, otros pueblos no semitas como los griegos, los romanos, los persas, los turcos o los cruzados –y más recientemente el poder colonial francés y británico o los inmigrantes sionistas de origen eslavo y germano–, hayan ejercido la autoridad política sobre estos territorios. [15]  

Así pues, los árabes del siglo VII y VIII difundieron a la par el Islam y la lengua árabe, de manera que muchos colectivos humanos pasaron a ser conocidos como “árabes” debido a este proceso de arabización, a pesar de no pertenecer a la etnia árabe. Sin embargo, a su vez, los árabes se nutrieron de la tradición cultural de los pueblos donde el Islam se iba asentando, dando lugar así a una síntesis original en la que los elementos persas, bizantinos, indios e incluso chinos se integraron en la nueva civilización islámica. De hecho, si la civilización islámica pretendía sobrevivir –y los árabes con ella– no podía suceder de otro modo. Al margen de la religión y el idioma, y quizás del ímpetu y la convicción que la nueva religión les proporcionaba, los árabes como tales tenían poco que ofrecer a los pueblos recién islamizados. La civilización árabe preislámica apenas poseía manifestaciones artísticas dignas de tal nombre y, hasta el nacimiento del Islam, su aportación cultural a la historia de la humanidad había sido escasa, si exceptuamos ciertas formas poéticas muy apreciadas entre los árabes, antes y después del nacimiento del Islam [16] . Con este escaso bagaje cultural, los primeros musulmanes árabes entraron en contacto con las ricas y sofisticadas civilizaciones del Asia Occidental, como la bizantina o la persa, e impulsados por el mandamiento islámico de ir a la búsqueda del conocimiento y también, por qué no decirlo, por la necesidad práctica de gestionar políticamente su nuevo imperio, adoptaron multitud de usos, costumbres y formas artísticas de los nuevos pueblos sometidos a su autoridad. Durante este periodo (siglos IX-XIII), producto de la fusión entre la religión islámica y las civilizaciones incorporadas al nuevo imperio, el mundo musulmán, encabezado políticamente por las élites árabes, conoció una época dorada durante la cual se convirtió en una importante referencia intelectual a nivel mundial [17] . Grandes urbes como Bagdad, Fustat (el antiguo El Cairo) o Córdoba rivalizaban en saber y en ellas se recopilaba todo el conocimiento de los antiguos griegos, persas o egipcios, y se traducía al árabe. 

En el aspecto lingüístico, el árabe no sólo se convirtió en el medio de expresión de quienes procedían de la Península Arábiga, sino también de personas de diversos orígenes que aceptaron el Islam como su religión o de quienes necesitaban emplear este idioma de un modo práctico en su vida diaria, como en el caso de los funcionarios persas –muchos de los cuales no eran musulmanes– que entraron al servicio de los nuevos gobernantes. De este modo, el árabe se convirtió en la lingua franca de los musulmanes y en el idioma más prestigioso dentro del Islam, y así ha continuado hasta nuestros días.

Por el contrario, la situación fue muy diferente en el ámbito político. Pronto, el gran imperio musulmán forjado por los árabes comenzó a fragmentarse. El califato omeya en Al-Andalus, los fatimíes en Egipto o los benimerines (meriníes) [18] en el Magreb son sólo unos pocos ejemplos del proceso de atomización política que se produjo dentro de la ummah islámica. El golpe de gracia lo asestaron las invasiones mongolas que desde mitad del siglo XIII acabaron con los restos de un imperio, el ‘Abbasí, que desde hacía mucho tiempo ya sólo ejercía una simple autoridad simbólica sobre los márgenes más periféricos de su territorio. Desde la conquista y el saqueo de Bagdad en 1258 a manos de las tropas mongolas de Gengis Kan, las aspiraciones imperiales de los árabes dentro del mundo musulmán se vieron completamente frustradas. No obstante, a pesar del colapso político, las fronteras geográficas y lingüísticas del mundo árabe se han mantenido casi intactas desde entonces, salvo en unos pocos lugares como la Península Ibérica o Sicilia.

Sin embargo, otros pueblos musulmanes tomaron el relevo político de los árabes. Fueron principalmente los turcos otomanos quienes administraron la mayor parte el antiguo imperio árabe-musulmán. Aunque los osmanlíes nunca dominaron ni la margen occidental (Marruecos) ni la oriental (Persia) del antiguo imperio árabe, pudieron incorporar nuevos territorios a su propio imperio, como fue el caso de Asia Menor y una gran parte de la Europa Oriental. Entretanto, La mayoría de los pueblos árabes permanecieron sometidos políticamente a la administración otomana desde finales del siglo XIII hasta, según los casos, el primer cuarto del siglo XX. Al finalizar la Primera Guerra Mundial se produjo también la descomposición del Imperio Otomano, y los territorios árabes que todavía quedaban en poder de los osmanlíes pasaron a ser administrados por Francia y Gran Bretaña. [19]   

En cualquier caso, a imagen y semejanza del nacionalismo europeo, el nacionalismo árabe había surgido ya en el siglo XIX, proclamando de manera un tanto arriesgada que todos los pueblos árabes compartían una historia, una cultura y una lengua comunes. Con esta nueva ideología nacionalista comenzó a forjarse una identidad política árabe que durante los doce siglos anteriores había permanecido aletargada debido a la adhesión de la mayoría de los árabes a la ummah islámica, un colectivo que pone el acento en la unidad dentro del Islam y supera en gran medida las fronteras lingüísticas y raciales. 

El antiguo sistema colonialista europeo entró en crisis tras la Segunda Guerra Mundial. Un nuevo orden mundial surgía tras la contienda y los pueblos sometidos a la opresión colonial, entre ellos los árabes, exigieron la plena independencia política. De manera más o menos violenta según los casos, durante las décadas de 1950 y 1960 se produjo la independencia de la práctica totalidad de los actuales estados árabes. Algunos de ellos –Egipto, Iraq, Jordania, Líbano, Arabia Saudita, Siria y Yemen del Norte– habían conseguido su independencia más o menos efectiva durante el periodo de entreguerras y fueron los fundadores de la Liga Arabe el 22 de marzo de 1945, en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial. El resto, hasta completar los 22 estados miembros actuales, se fueron incorporando a lo largo de las décadas siguientes. [20]


Conclusiones

A lo largo de este artículo se ha podido comprobar que definir al pueblo árabe resulta más complejo de lo que pudiera parecer en primera instancia, pues depende del punto de vista que adoptemos para hacerlo. Tampoco ayuda demasiado la confusión generalizada al identificar a los musulmanes como árabes y a los árabes como musulmanes, confusión fomentada muy a menudo desde los propios medios de comunicación de masas. Si bien casi el 90% de las personas que tienen el árabe como lengua materna profesa la religión del Islam, tan solo el 20% de los musulmanes puede ser definido como árabe, si adoptamos el mismo criterio lingüístico. Los demás musulmanes son principalmente subsaharianos, turcos, iraníes, pakistaníes, indios y habitantes del sudeste asiático (el país con un mayor número de musulmanes es Indonesia, seguido de Pakistán y la India, es decir, tres naciones no árabes, mientras que el primer país árabe que aparece en esta lista es Egipto, ocupando la sexta posición). Todos estos pueblos poseen culturas, lenguas y trayectorias históricas muy diversas, siendo la adhesión al Islam su principal, y quizás único, rasgo en común.

BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA


-    Francisco Vidal Castro (Ed.), De civilización arabo-islámica , Univ. de Jaén, Jaén, 1995.
-    Bernard Lewis , Los árabes en la historia , Edhasa, Barcelona, 1996.
-    Bernabé López García, El mundo arabo-islámico contemporáneo. Una historia política , Síntesis, Madrid, 2000.
-    Claire Lalouette, La sabiduría semítica , Edaf, Madrid, 2000.
-    Maxime Rodinson, Los árabes , Siglo XXI, Madrid, 2005.
-    Carmelo Pérez Beltrán, El mundo árabe e islámico ante los retos del futuro , Univ. de Granada, Granada, 2005.
-    Samir Kassir, De la desgracia de ser árabe , Almuzara, Córdoba, 2006.
-   Gema Martín Muñoz / Leire Moure, El mundo árabe e islámico: Experiencia histórica, realidad política y evolución socio-económica , Univ. del País Vasco, Bilbao, 2006.
-    Jean-Pierre Claris / Chevalier de Florian, Compendio de la historia de los árabes , Extramuros, Sevilla, 2007.
-    Pedro Rojo Pérez (ed.), El mundo visto por los árabes , Icaria, Barcelona, 2007.
-    Mónica Carrión Otero / Fátima Zohra Bouaziz (Eds.), ¿Qué piensan los árabes? , Icaria, Barcelona, 2009.
       


NOTAS.-


[1] Véase del mismo autor: “ El legado científico del mundo islámico ”, en revista Alif Nûn nº 70, abril de 2009. (Nota de la Redacción).

[2] Al contrario de lo que piensa la mayoría de la gente, relativamente pocos países árabes poseen petróleo o gas natural. Otros recursos naturales incluyen hierro, plomo, fósforo, cobalto y manganeso.

[3] Para más información sobre los kurdos, véase Jacqueline Sammali, Ser kurdo ¿es un delito? , Txalaparta, Bilbao, 1999; Nazanín Amirian, Los kurdos , Flor del Viento, Barcelona, 2005 (Nota de la Redacción).

[4] Para un análisis más detallado de esta cuestión, véase Martin Kramer, “Nacionalismo árabe. Una identidad falsa”, en revista Alif Nûn nos 64 (octubre de 2008) , 65 (noviembre de 2008) y 66 (diciembre de 2008) . (Nota de la Redacción).

[5] En países como Israel o Chad, que no pertenecen a la Liga Arabe , el árabe es, sin embargo, idioma oficial junto al hebreo y el francés, respectivamente.

[6] Para más información, véase Mª Cruz Burdiel de las Heras, La emigración libanesa en Costa Rica , Cantarabia, Madrid, 1991; Abdeluahed Akmir (coord.), Los árabes en América Latina: historia de una emigración , Biblioteca de Casa Arabe / Siglo XXI, Madrid, 2009. (Nota de la Redacción).

[7] Los árabes, definidos en términos étnicos, pertenecen a la subraza blanca / caucásica / mediterránea / semítica.

[8] Para más información, véase Carles Vela i Aulesa, “ La problemática lingüística del pequeño Magreb arabófono ”, en revista Alif Nûn nº 61, junio de 2008. (Nota de la Redacción).

[9] Los coptos egipcios hacen remontar su herencia cultural y lingüística a los primitivos habitantes de Egipto, por lo que, antes de la llegada del Islam a aquel país, también serían hablantes de una lengua camita, emparentada de lejos con la de los bereberes magrebíes. No obstante, en la actualidad, el idioma copto ha quedado reducido a los oficios religiosos.

[10] Para más información, véase Joseph Maila, “Los árabes cristianos: del ‘problema de Oriente’ a la reciente situación política de las minorías”, en revista Alif Nûn nos 56 (enero de 2008) y 57 (febrero de 2008) ; Juan Pedro Monferrer Sala, Introducción al Cristianismo árabe oriental , Universidad de Córdoba, Córdoba, 2008. (Nota de la Redacción).

[11] Etimológicamente, la palabra “árabe” tiene una gran amplitud de significados en las lenguas semíticas: “occidente/ puesta de sol”, “desierto”, “mezclar”, “mercader” o “cuervo”, entre otros.

[12] Para más información, véase Redacción Alif Nûn, “ Nacimiento y expansión del Islam ”, en revista Alif Nûn nº 59, abril de 2008; Juan Vernet, Los orígenes del Islam , Editorial El Acantilado, Barcelona, 2001; M. Isabel Varela / A. Llaneza, La expansión del Islam , Anaya, Madrid, 2008. (Nota de la Redacción).

[13] La palabra “civilización” proviene del término latino civitas , es decir, “ciudad”. (Nota del autor)
Para más información, véase Guillermo Algaze, La antigua Mesopotamia en los albores de la civilización , Bellaterra, Barcelona, 2008. (Nota de la Redacción).

[14] Quizá una excepción a esta regla sean los filisteos, pueblo de origen incierto (se especula con que podría ser originario del Mar Egeo) que se estableció en la costa sur de Palestina hacia el siglo XIII a.C. No obstante, el posterior desarrollo cultural de los filisteos se produjo en un entorno cananeo, es decir, semítico.

[15] La diferencia fundamental entre los colonos sionistas y el resto de poderes políticos no semitas que han gobernado el Asia Occidental semita es que los primeros han intentado, con mayor o menor éxito, la expulsión o la eliminación de la población local, mientras que el resto se limitó a administrar políticamente el territorio. Ni siquiera los cruzados cristianos de la Edad Media plantearon una política de eliminación o deportación de la población autóctona, a pesar de que durante el proceso de conquista –como en todos los demás casos– se produjeran sangrientas guerras. (Nota del autor).
Para más información sobre la política de incautación israelí en Palestina, véase Nur Masalha, Israel: teorías de la expansión territorial , Bellaterra, Barcelona, 2002; Ghaleb Jaber Ibrahim, Palestina, crónica de una injusticia , Ir Indo, Vigo, 2002; Nur Masalha, Política de la negación: Israel y los refugiados palestinos , Bellaterra, Barcelona, 2005; Rafael Escudero Alday (ed.), Segregados y recluidos: los palestinos y las amenazas a su seguridad , La Catarata, Madrid, 2008; Arturo Vinuesa, Palestina: el holocausto ignorado , Fundamentos, Madrid, 2008. (Nota de la Redacción).

[16] Para más información, véase Redacción Alif Nûn, “ Literatura árabe preislámica ”, en revista Alif Nûn nº 29, julio de 2005; Abdelatif Oufkir, “ Sociedad y cultura de la Arabia preislámica ”, en revista Alif Nûn nº 36, marzo de 2006; F. Corriente / J.P. Montferrer, Las diez mu'allaqât. Poesía y panorama de Arabia en vísperas del Islam , Hiperión, Madrid, 2005. (Nota de la Redacción).

[17] Para más información, véase Abdelmalik Hamza, “El legado científico del mundo islámico”, ob. cit.

[18] Para más información, véase Miguel A. Manzano Rodríguez, La intervención de los benimerines en la Península Ibérica , CSIC, Madrid, 1992. (Nota de la Redacción).

[19] Algunas territorios árabes administrados por los otomanos, como Argelia o Egipto, ya habían pasado a poder de Francia y Gran Bretaña a lo largo del siglo XIX.

[20] La única nación de la Liga Arabe que todavía no disfruta de su plena independencia es Palestina, incorporada a la organización el 9 de septiembre de 1976. El último país en incorporarse como miembro de pleno derecho fue la Unión de las Comoras, el 20 de noviembre de 1993. Desde entonces, varios estados han sido admitidos en calidad de observadores: Eritrea y Brasil (2003), Venezuela (2006) e India (2007).


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