ORIENTALISMO,
DESINFORMACIÓN E ISLAM
[1]
Abû Imân 'Abd al-Rahmân Robert Squires
Cualquier persona de mente abierta que
se inicie en el estudio del Islam, especialmente si usa libros escritos
en idiomas europeos, debe ser consciente de lo que parece ser una profunda
distorsión que recorre todos los escritos no musulmanes sobre
el Islam. Al menos desde la Edad Media, el Islam se ha visto calumniado
y ha sido malinterpretado por completo en Occidente. No parece que la situación
haya cambiado mucho a comienzos del siglo XXI, aunque la mayoría
de los musulmanes estaría de acuerdo en aceptar que se han hecho
algunos progresos. Creo que las siguientes palabras del periodista y escritor
suizo Roger Du Pasquier son un resumen adecuado de la ignorancia de Occidente
con respecto al Islam y de las intenciones del orientalismo:
“Occidente, ya sea cristiano o no,
nunca ha comprendido realmente el Islam. Desde que lo vieron surgir en
el escenario mundial, los cristianos nunca han dejado de denigrarlo ni
de calumniarlo para así poder encontrar una justificación
que les permitiera emprender la guerra contra él. Ha sido objeto
de distorsiones grotescas cuyas huellas todavía perduran en la mentalidad
europea. Incluso hoy en día hay muchos occidentales para quienes
el Islam puede reducirse a tres ideas: fanatismo, fatalismo y poligamia.
Sin duda, también existe un público más educado cuyas
ideas sobre el Islam están menos distorsionadas; por último,
existen unos pocos que saben que la palabra Islam no significa otra
cosa que ‘sumisión a Dios’.
Un síntoma de esta ignorancia
es que, en la imaginación de la mayoría de los europeos,
Allah se refiere a la divinidad de los musulmanes, no al
Dios de los cristianos y de los judíos; cuando uno se toma la
molestia de explicarles las cosas, todos ellos se sorprenden al oír
que Allah significa ‘Dios’ y que incluso los árabes
cristianos lo conocen por ese nombre.
Es indudable que el Islam ha sido
objeto de diversos estudios por parte de los orientalistas occidentales que,
a lo largo de los últimos dos siglos, han publicado una extensa obra
académica sobre el tema. Sin embargo, por muy encomiable que haya
podido ser su labor, sobre todo en el ámbito histórico y filosófico,
poco han contribuido a un mejor entendimiento de la religión musulmana
en el entorno cristiano o post-cristiano, simplemente porque han fracasado
a la hora de despertar el interés fuera de los círculos
académicos especializados. También nos vemos obligados a
reconocer que los estudios orientales en Occidente no siempre se han visto
inspirados por un espíritu de imparcialidad, y es difícil
negar que algunos islamólogos y arabistas han actuado con la clara
intención de menospreciar al Islam y a sus seguidores. Por razones
obvias, esta tendencia fue particularmente acusada durante el apogeo de
los imperios coloniales, pero sería exagerado afirmar que se ha desvanecido
sin dejar rastro.
Estas son algunas de las razones
por las que, incluso hoy en día, el Islam continúa estando
tan mal visto en Occidente, donde, aunque pueda parecer extraño,
religiones asiáticas como el Budismo o el Hinduismo han generado
durante más de un siglo mucha más simpatía e interés,
aunque el Islam esté más cerca del Judaísmo y el Cristianismo,
por haber brotado de la misma fuente abrahámica. A pesar de ello,
sin embargo, durante los últimos años parece que las condiciones
externas, en particular el protagonismo creciente de los países
árabes y musulmanes en las grandes cuestiones políticas
y financieras mundiales, han servido para despertar en Occidente un mayor
interés por el Islam, lo que para algunos ha traído como
consecuencia el descubrimiento de nuevos horizontes hasta ahora insospechados.”
(Roger Du Pasquier, Unveiling Islam, págs. 5-7).
La sensación de que en
Occidente existe una ignorancia generalizada acerca del Islam también
la comparte Maurice Bucaille, un doctor francés que escribe lo
siguiente:
“Cuando se menciona el Islam
a los ateos materialistas, éstos sonríen con una complacencia
que sólo es comparable con su ignorancia del asunto. Comparten
con la mayoría de los intelectuales occidentales, sea cuál
sea la creencia religiosa de éstos, una tremenda cantidad de ideas
falsas sobre el Islam. No obstante, hay un par de cuestiones sobre este
punto que podrían excusarlos. En primer lugar, aparte de las actitudes
recientemente adoptadas que prevalecen entre la más alta jerarquía
católica, el Islam siempre ha sido objeto en Occidente de una especie
de ‘difamación laicista’, por así decirlo. Cualquiera que
en Occidente haya adquirido un conocimiento profundo del Islam sabe hasta
qué punto se ha distorsionado la historia, la creencia y los objetivos
de esta religión. También debemos tener en cuenta que los
documentos sobre el tema publicados en idiomas occidentales (dejando
aparte los estudios muy especializados) no facilitan el trabajo a las
personas deseosas de aprender más.” (Maurice Bucaille, The
Bible, the Qur'an and Science, pág. 118)
El fenómeno generalmente conocido como “orientalismo” no es sino
un aspecto de las tergiversaciones occidentales del Islam. Hoy en día,
la mayor parte de los musulmanes en Occidente probablemente estaría
de acuerdo en que la mayoría de las distorsiones sobre el Islam
proviene de los medios de comunicación, ya sean periódicos,
revistas o televisión. En lo que respecta al número de personas
a las que llega esta información, sin duda los medios de comunicación
influyen más en la visión occidental del Islam que las
publicaciones académicas de “orientalistas”, “arabistas” o “islamólogos”.
En los últimos años, el campo académico que solía
llamarse orientalismo ha cambiado su nombre por el de “estudios de áreas
culturales” (Area Studies ) o “estudios regionales” (Regional
Studies). Estos términos políticamente correctos han
ocupado el lugar de la palabra “orientalismo” en los círculos
académicos desde que este último vocablo quedó marcado
por una connotación negativa e imperialista, en gran medida debido
a los propios orientalistas. Sin embargo, aunque las obras de los especialistas
dedicados a estos temas no llegan al público en general, a menudo
caen en manos de estudiantes y de personas interesadas en aprender más
acerca del Islam. Así pues, cualquier estudioso del Islam, en
especial si es de Occidente, debe conocer el fenómeno histórico
del orientalismo, tanto en su vertiente académica como en su vertiente
de explotación cultural. Cuando la emplean los musulmanes, la palabra
“orientalista” suele referirse a cualquier especialista occidental que
estudia el Islam al margen de las motivaciones que lo impulsan a hacerlo
y, de este modo, inevitablemente, lo distorsiona. Sin embargo, como veremos,
el fenómeno del orientalismo es mucho más que un simple
ejercicio académico.
Edward Said
, un destacado erudito árabe cristiano autor de varios libros
donde expone las deficiencias del enfoque orientalista, define “orientalismo”
como sigue:
“...cuando hablo de orientalismo
me refiero a bastantes cosas, todas ellas, en mi opinión, dependientes
entre sí. En general, la acepción de orientalismo más
admitida es la académica, y esta etiqueta sirve para designar
un gran número de instituciones de este tipo. Alguien que enseñe,
escriba o investigue sobre Oriente –y esto es válido para un antropólogo,
un sociólogo, un historiador o un filólogo– tanto en sus
aspectos específicos como generales, es un orientalista, y lo que
él o ella hace es orientalismo.” (
Edward W. Said
, Orientalism, pág. 2).
[2]
“Hablar de orientalismo,
pues, es hablar principalmente, aunque no exclusivamente, de una empresa
cultural británica y francesa, un proyecto cuyas dimensiones abarcan
campos tan dispares como los de la propia imaginación: todo el
territorio de la India y de los países del Mediterráneo
oriental, las tierras y textos bíblicos, el comercio de las especias,
los ejércitos coloniales y una larga tradición de administradores
coloniales, un impresionante conjunto de textos, innumerables “expertos”
en todo lo referido a Oriente, un cuerpo de profesores orientalistas, un
complejo aparato de ideas “orientales” (despotismo, esplendor, crueldad,
sensualidad orientales), muchas sectas orientales, filosofías y sabidurías
orientales adaptadas al uso local europeo...la lista podría extenderse
más o menos indefinidamente.” (
Edward W. Said
, Orientalism, pág. 4).
[3]
Como ocurre en muchos otros
casos, ser consciente del problema es tener la mitad del camino andado. Cuando
un buscador sincero de la Verdad toma conciencia de la amplia y arraigada
incomprensión y hostilidad entre el Islam y Occidente, y aprende a
no confiar en cualquier cosa que se publique, el conocimiento y la información
verdaderos se pueden obtener con mucha mayor rapidez. Ciertamente, no todos
los escritos occidentales sobre el Islam demuestran el mismo grado de parcialidad,
yendo desde la distorsión deliberada a la simple ignorancia, e incluso
hay unos pocos que podrían clasificarse como esfuerzos sinceros de
los no musulmanes para presentar una imagen positiva del Islam. Sin embargo,
debido a que el autor carece de conocimientos islámicos, incluso la
mayoría de estos trabajos están plagados de errores de poca
importancia que no parecen ser intencionados. Tratando de ser imparciales,
debemos decir que algunos libros actuales de autores musulmanes también
padecen estas mismas deficiencias que suelen ser debidas a una ausencia
de conocimiento, ideas incorrectas o la dependencia de fuentes no musulmanas.
Dicho esto, no debería
resultar sorprendente que aprender sobre el Islam en Occidente, sobre
todo si dependemos de trabajos escritos en lenguas europeas, nunca haya
sido una tarea fácil. Hace sólo un par de décadas,
un hablante de inglés interesado en el Islam que deseara limitar
sus lecturas a los trabajos de autores musulmanes, tan sólo podría
haber leído una traducción del Corán, unos pocos libros
de hadices y unas cuantas docenas de trabajos en forma de folletos.
Sin embargo, en los últimos años, el hecho de disponer
de una amplia variedad de libros islámicos escritos por creyentes
musulmanes comprometidos y la difusión de Internet han permitido
acceder mucho más fácilmente a una información veraz
sobre casi todos los aspectos del Islam. Hoy en día, apenas transcurre
una semana sin que aparezca una nueva traducción al inglés
de alguna obra del Islam clásico.
[4]
Cuando pasa a estudiar
con mayor detalle la visión distorsionada de Islam por parte de
Occidente en general y del orientalismo en particular,
Edward Said
, el autor árabe cristiano de la monumental obra
Orientalismo
, se refiere con precisión al esta disciplina como una “empresa
cultural”. Sin duda, no se trata de una tergiversación, pues los
estudios académicos orientales llevados a cabo por
occidentales a menudo estaban impulsados por
los objetivos imperialistas de las potencias coloniales europeas, y a
menudo éstas colaboraban en ellos muy de cerca. Es indudable que
el orientalismo se basa en la máxima “conoce a tu enemigo”. Cuando
las naciones cristianas de Europa comenzaron su larga campaña para
colonizar y conquistar el resto del mundo en su propio beneficio, pusieron
en juego sus recursos académicos y misioneros como ayuda para poder
llevar a cabo su tarea. Los orientalistas y los misioneros, cuyo papel
a menudo coincidía, eran las más de las veces los siervos
de un gobierno imperialista que hacía uso de sus servicios como
una manera de someter y debilitar al enemigo, aunque fuera de una manera
sutil:
“Por lo que se refiere
al Islam y a los territorios islámicos, Gran Bretaña, por
ejemplo, como potencia cristiana, estimaba que tenía intereses legítimos
que preservar. Se desarrolló un complejo aparato destinado a atender
estos intereses. Las antiguas organizaciones, como la Society for Promoting
Christian Knowledge (1698) y la Society for the Propagation of the Gospel
in Foreign Parts (1701) vieron cómo su obra se continuaba y más
tarde era fomentada por la Baptist Missionary Society (1792), la Church
Missionary Society (1799), la British and Foreign Bible Society (1804),
y la London Society for Promoting Christianity Among the Jews (1808).
Estas misiones se adhirieron abiertamente a la expansión de Europa.”
(
Edward W. Said
, Orientalism, pág. 100).
[5]
Cualquiera que haya estudiado
el tema sabe que los misioneros cristianos estaban dispuestos a colaborar
con el imperialismo europeo, a pesar de la pureza de intenciones o la
ingenuidad de algunos de ellos. En realidad, muy pocos de entre los expertos
orientalistas eran misioneros cristianos. Uno de ellos fue Sir William
Muir, un activo misionero autor de varios libros sobre el Islam. Hoy en
día, estos libros se consideran estudios muy parciales, aunque
siguen siendo una referencia incluso en la actualidad para quienes desean
atacar al Islam. Que los cristianos fueran la fuente de las peores mentiras
y distorsiones sobre el Islam no debería ser una sorpresa, pues
el Islam era su principal “competidor” religioso a escala mundial. Lejos
de cumplir con el mandamiento de no levantar falso testimonio contra el
prójimo, las tergiversaciones y las mentiras de los cristianos sobre
el Islam fueron generalizadas, como se explica a continuación:
“...desde las fanáticas
tergiversaciones de Juan Damasceno hasta la apologética contra
el Islam de escritores que decían a sus audiencias que los musulmanes
adoraban a tres ídolos. Pedro el Venerable (1084-1156) “tradujo”
el Corán que se usó durante toda la Edad Media, e incluyó
nueve capítulos adicionales. La infame y distorsionada traducción
de Sale continuó con esta tendencia y junto a Rodwell, Muir y otros
muchos atacó el carácter y la personalidad de Muhammad. A
menudo empleaban historias inventadas y relatos que los propios musulmanes
consideraban falsos o poco sólidos, o bien distorsionaban los hechos
afirmando que los musulmanes mantenían una postura que en realidad
no mantenían [...]. Tal y como Norman Daniel nos dice en su
libro Islam and the West: ‘La utilización de pruebas falsas
para atacar al Islam fue algo casi universal...’” (p. 267). ('Abdur-Rahîm
Green, An Authoritative Exposition - Part 1)
Existen muchas pruebas
que podrían usarse para demostrar que, cuando se trata de atacar
al Islam, incluso la Iglesia Católica Romana aceptaría de
buena gana casi cualquier falsedad. He aquí un ejemplo:
“En un determinado
periodo de la historia, la hostilidad hacia el Islam, en cualquiera de
sus formas e incluso procedente
de enemigos declarados de la Iglesia, fue acogida con los brazos
abiertos por parte de los altos dignatarios de la Iglesia Católica.
Así, el Papa Benedicto XIV, que tiene fama de haber sido el mejor
pontífice del siglo XVIII, no dudó en ofrecer sus bendiciones
a Voltaire, agradeciéndole que le dedicara su obra de 1741 “El
fanatismo o Mahoma” (Le fanatisme, ou Mahomet le Prophete ), una
burda sátira que cualquier escritorzuelo de mala fe con cierto ingenio
podría haber escrito sobre cualquier tema. A pesar de ello, la obra
alcanzó el prestigio suficiente como para ser incluida en el repertorio
de la Comédie-Française .” (Maurice Bucaille,
The Bible, the Qur'an and Science , pág.
118).
Uno de los enemigos
de la Iglesia a los que antes se ha aludido era el filósofo francés
Voltaire. Como ejemplo de lo que pensaba sobre al menos una doctrina
cristiana, puede leerse su panfleto “Anti-trinitarios”. Además,
el pasaje anterior ofrece un dato del que debemos ser conscientes: las
tergiversaciones y las mentiras acerca del Islam a lo largo del tiempo en
Europa no se han limitado a unos pocos estudiosos o clérigos. Muy
al contrario, han formado parte de la cultura popular:
[6]
“La imaginación
europea se alimentó copiosamente de este repertorio [de imágenes
orientales]; desde la Edad Media hasta el siglo XVIII grandes escritores
como Ariosto, Milton, Marlowe, Tasso, Shakespeare, Cervantes
[7]
y los autores de la Chanson
de Roland y del Cantar del Mio Cid se inspiraron el la riqueza
de Oriente para escribir su obra de tal forma que contribuyeron a perfilar
con mayor nitidez los contornos de las imágenes, las ideas y las
figuras que lo poblaban. Además, una gran parte de lo que se
consideraba erudición orientalista en Europa utilizó estos
mitos ideológicos incluso cuando el conocimiento parecía
progresar auténticamente.” (
Edward W. Said
, Orientalism, pág. 63).
[8]
“La invariable
tendencia a despreciar lo que el Corán significaba o lo que los
musulmanes pensaban o decían en determinadas circunstancias implica
necesariamente que la doctrina coránica y las otras doctrinas islámicas
se presentaban bajo una forma convincente para los cristianos; y que las
formas más extravagantes podrían llegar a ser aceptadas
si contribuían a aumentar la distancia que separaba a los escritores
y su público de las fronteras del Islam. Con muchas reticencias,
se aceptó que lo que los musulmanes decían que creían
era lo que realmente creían. Había una imagen cristiana
en la que los detalles (incluso bajo la presión de los hechos) se
reducían a su mínima expresión, mientras que las
líneas generales nunca se abandonaban. Había diferencias
de matices, pero sólo dentro de un esquema común. Todas
las correcciones realizadas para aumentar la precisión sólo
servían para defender lo que acababa de constatarse como vulnerable
y para sostener una estructura debilitada. La opinión cristiana era
un monumento que no se podía demoler, ni siquiera reconstruir.” (Norman
Daniel, Islam and the West: The Making of an Image, págs.
259-260)
[9]
Edward Said
, en su obra clásica
Orientalismo
, se refiere al anterior pasaje de Norman Daniels diciendo:
“Esta imagen
rigurosa que el Cristianismo tenía del Islam se reforzó
de muchas maneras; entre ellas se encuentran –durante la Edad Media y el
principio del Renacimiento– las diferentes formas de poesía, de
controversias eruditas y de supersticiones populares. En esa época
Oriente Próximo no estaba en absoluto integrado en la imagen corriente
que del mundo se tenía en la cristiandad latina: la Chanson
de Roland, por ejemplo, muestra a los sarracenos adornando a Mahoma
y a Apolo. Hacia la mitad del siglo XV, como R. W. Southern ha demostrado
brillantemente, los pensadores europeos serios veían cada
vez con mayor claridad ‘que había que hacer algo a propósito
del Islam’, el cual había invertido la situación al haber conseguido
sus tropas entrar en Europa oriental.” (
Edward W. Said
, Orientalism, pág. 61).
[10]
“Para nosotros,
es evidente que ninguno de estos sistemas cristianos europeos de pensamiento
era capaz de dar una explicación totalmente satisfactoria del
fenómeno que pretendían explicar, el Islam, y aún
eran menos capaces de influir en el desarrollo de los acontecimientos de
una manera decisiva. En la práctica, el curso de los acontecimientos
nunca se desarrolló ni tan bien ni tan mal como los observadores
inteligentes habían predicho, y quizás valga la pena señalar
que nunca evolucionó de manera más favorable porque los mejores
jueces esperaban en secreto un final feliz. ¿Hubo algún
progreso [en el conocimiento que el cristiano tenía del Islam]?
Debo expresar mi convicción de que lo hubo. Incluso si la solución
del problema continuaba estando oculta, la manera de exponerlo se volvió
más compleja y racional y tuvo mayor relación con la experiencia.”
(R. W. Southern, Western Views of
Islam in the Middle Ages, págs. 91-92).
[11]
A pesar del
enfoque erróneo, parcial e incluso retorcido de muchos orientalistas,
éstos también han tenido sus momentos de sinceridad, como
señala Roger Du Pasquier:
“En general,
aunque nos pese, debemos estar de acuerdo con el orientalista Montgomery
Watt cuando escribe que ‘de todos los grandes hombres de la historia,
ninguno ha tenido tantos detractores como Muhammad’. Como autor de un amplio
estudio sobre la vida y la obra del Profeta
[12]
, el arabista británico
añade que ‘es difícil entender por qué ha ocurrido
así’, encontrando como única explicación plausible
el hecho de que, durante siglos, el Cristianismo haya tratado al Islam
como su peor enemigo. Y aunque los europeos de hoy en día miran
al Islam y a su fundador desde un punto de vista algo más objetivo,
‘todavía persisten muchos antiguos prejuicios.’” (Roger Du Pasquier,
Unveiling Islam , pág. 47,
citando a Montgomery Watt en Muhammad at Medina , Oxford University
Press).
Para concluir, me gustaría citar la descripción del orientalismo
hecha por un converso norteamericano al Islam que hoy en día
es un erudito musulmán bien conocido. Resulta muy esclarecedor
todo lo que dice sobre los objetivos y los métodos del orientalismo,
en especial sobre sus deficiencias desde una perspectiva islámica:
“...el
libro informa con precisión sobre los nombres y las fechas de
los acontecimientos que analiza, pero sus explicaciones sobre los personajes
musulmanes, las motivaciones de éstos y el lugar que ocupan dentro
del mundo islámico las enfoca desde el punto de vista del incrédulo
(kafir), ofreciendo una imagen invertida de la realidades que
refleja. Así pues, quizá sea necesario explicar aquí
una palabra que la literatura ha denominado ‘orientalismo’ o, en términos
más modernos ‘estudios regionales’.
Es
éste un punto de vista que requiere que la descripción de
algo como, por ejemplo, el ‘Islam africano’ sea, primero y por encima de
todo, un objetivo en sí mismo. Las premisas de esta “objetividad”
se ciñen por completo, por encima de la reflexión, a la
experiencia de sentir y vivir una tradición intelectual occidental
que entiende la religión desde un punto de vista post-religioso;
es decir, que comparar la complejidad de los sistemas culturales humanos
y las sociedades a lo largo de su proceso histórico debería
conducir al observador sin prejuicios al relativismo moral, pues no puede
descubrirse ningún valor moral que sea en sí mismo válido
para todas las culturas. Aquí, la civilizaciones humanas, con sus
formas culturales, religiones, esperanzas, objetivos, creencias, profetas,
escrituras sagradas y deidades, son en esencia plantas que crecen en la
tierra y que brotan de distintas semillas y en diversos suelos, florecen
durante un tiempo y luego se marchitan. La única preocupación
de los estudiosos es tomar nota de estos elementos y proponer una relación
plausible entre ellos.
Un punto de partida semejante,
necesario para un trabajo académico serio [...] es, desde luego,
no islámico o antiislámico. Debido a su profunda incomprensión
del Islam, es lógico que distorsione aquello que trata de explicar,
aunque se observa cierta disparidad en el grado de distorsión
que parece corresponder en general a lo cerca que se encuentre del núcleo
del Islam el objeto que se pretende explicar. Cuando se trata de cuestiones
básicas como Allah, el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah
sean con él), el Corán o el hadiz, la distorsión
es más grave, mientras que, cuanto más se avanza hacia la
periferia, como es el caso de detalles históricos de concesiones
comerciales, nombres de tratados o de gobernantes, valor de las monedas,
etc, la distorsión es menor. En cualquier caso, es mucho mejor
para los musulmanes depender de otros musulmanes cuando se dispone de
fuentes islámicas sobre algún tema [...], aunque sólo
sea para evitar la sutiles –y a veces no tan sutiles– distorsiones sobre
el Islam de las obras no islámicas. No podemos evitar sentir que
no sucedería nada malo si abandonáramos la tendencia de
muchos escritores musulmanes contemporáneos a comentar profusamente
sus obras con citas de los padres fundadores del orientalismo, aunque
sólo sea porque ‘quien duerme con perros suele amanecer con pulgas.’”
(The Reliance of the Traveller, editado y traducido por Noah Ha
Mim Keller, pág. 1042).
BIBLIOGRAFÍA
RECOMENDADA
- Roger Garaudy,
El diálogo entre Oriente y Occidente
, El Almendro, Málaga, 2005.
- Mahdi Elmandjra,
Humillación: el Islam sometido por Occidente
, Almuzara, Córdoba, 2005.
- Bruno Étienne,
¿Qué inquieta del Islam?
, Bellaterra, Barcelona, 2005.
- Fred Halliday,
El Islam y el mito del enfrentamiento
, Bellaterra, Barcelona, 2005.
- Laura Navarro,
Contra el Islam
, Almuzara, Córdoba, 2007.
- Edward Said,
Orientalismo
, DeBolsillo, Barcelona, 2007.
- José Tono Martínez (ed.),
El Orientalismo al revés
, La Catarata, Madrid, 2007.
- Tim Wallace-Murphy,
La herencia cultural del Islam en Occidente
, Blume, Barcelona, 2007.
- Benazir Bhutto,
Reconciliación: Islam, democracia y Occidente
, Belacqva, Córdoba, 2008.
- VV.AA,
El Islam y Occidente
, Univ. de Valladolid, Salamanca, 2008.
- Ziauddin Sardar,
Extraño Oriente
, Gedisa, Barcelona, 2009.
NOTAS.-
[1]
Traducción
y adaptación del artículo aparecido en:
http://www.islamic-awareness.org/Quran/orientalism.html
. Cuando
ha sido posible, las diversas citas de algunos de los libros que aparecen
a lo largo del artículo han sido tomadas directamente de su traducción
española, lo cual se indica en una nota explicativa. En los casos
en que, a pesar de existir una versión en castellano, el traductor
de este texto no ha tenido acceso a la misma, se ha procedido directamente
a traducirlas. (Nota de la Redacción).
[2]
Véase
la cita en su traducción española:
Orientalismo
, DeBolsillo,
Barcelona, 2008, pág. 20 (trad. María Luisa Fuentes).
(Nota de la Redacción).
[3]
Orientalismo
, ob. cit.,
pág. 22. (Nota de la Redacción).
[4]
La situación
descrita para el inglés puede extrapolarse en gran medida al
caso del castellano. (Nota de la Redacción).
[5]
Orientalismo
, ob. cit.,
pág. 144. (Nota de la Redacción).
[6]
En el caso
del mundo hispano podemos citar como ejemplo paradigmático la
existencia de un apellido como “Matamoros”, adjetivo que también
se aplica al mismísimo patrón de España, “Santiago
Matamoros”, a quien la iconografía suele representar a caballo,
con un montón de cuerpos de musulmanes muertos a los pies de su
montura. (Nota de la Redacción).
[7]
Véase
Antonio Medina,
Cervantes y el Islam
, Carena, Barcelona,
2005; Emilio Sola / José F. De la Peña,
Cervantes y la Berbería
, F.C.E.,
Madrid, 1996; Nuria Martínez de Castilla / Rodolfo Gil Benumeya
Grimau,
De Cervantes y el Islam
, Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, Madrid,
2006. (Nota de la Redacción).
[8]
Orientalismo
, ob. cit.,
pág. 98. (Nota de la Redacción).
[9]
Citado en
ibid, pág. 95. (Nota de la Redacción).
[10]
Ibid, pág.
95. (Nota de la Redacción).
[11]
Citado en
ibid, pág. 96. (Nota de la Redacción).
[12]
Véase
Montgomery Watt,
Mahoma: profeta y hombre de Estado
, Melusina,
Barcelona, 2004. (Nota de la Redacción).
A Portada
|