ORIENTALISMO,
DESINFORMACIÓN E ISLAM [1]


Abû Imân 'Abd al-Rahmân Robert Squires


Cualquier persona de mente abierta que se inicie en el estudio del Islam, especialmente si usa libros escritos en idiomas europeos, debe ser consciente de lo que parece ser una profunda distorsión que recorre todos los escritos no musulmanes sobre el Islam. Al menos desde la Edad Media, el Islam se ha visto calumniado y ha sido malinterpretado por completo en Occidente. No parece que la situación haya cambiado mucho a comienzos del siglo XXI, aunque la mayoría de los musulmanes estaría de acuerdo en aceptar que se han hecho algunos progresos. Creo que las siguientes palabras del periodista y escritor suizo Roger Du Pasquier son un resumen adecuado de la ignorancia de Occidente con respecto al Islam y de las intenciones del orientalismo:

“Occidente, ya sea cristiano o no, nunca ha comprendido realmente el Islam. Desde que lo vieron surgir en el escenario mundial, los cristianos nunca han dejado de denigrarlo ni de calumniarlo para así poder encontrar una justificación que les permitiera emprender la guerra contra él. Ha sido objeto de distorsiones grotescas cuyas huellas todavía perduran en la mentalidad europea. Incluso hoy en día hay muchos occidentales para quienes el Islam puede reducirse a tres ideas: fanatismo, fatalismo y poligamia. Sin duda, también existe un público más educado cuyas ideas sobre el Islam están menos distorsionadas; por último, existen unos pocos que saben que la palabra Islam no significa otra cosa que ‘sumisión a Dios’.

Un síntoma de esta ignorancia es que, en la imaginación de la mayoría de los europeos, Allah se refiere a la divinidad de los musulmanes, no al Dios de los cristianos y de los judíos; cuando uno se toma la molestia de explicarles las cosas, todos ellos se sorprenden al oír que Allah significa ‘Dios’ y que incluso los árabes cristianos lo conocen por ese nombre.

Es indudable que el Islam ha sido objeto de diversos estudios por parte de los orientalistas occidentales que, a lo largo de los últimos dos siglos, han publicado una extensa obra académica sobre el tema. Sin embargo, por muy encomiable que haya podido ser su labor, sobre todo en el ámbito histórico y filosófico, poco han contribuido a un mejor entendimiento de la religión musulmana en el entorno cristiano o post-cristiano, simplemente porque han fracasado a la hora de despertar el interés fuera de los círculos académicos especializados. También nos vemos obligados a reconocer que los estudios orientales en Occidente no siempre se han visto inspirados por un espíritu de imparcialidad, y es difícil negar que algunos islamólogos y arabistas han actuado con la clara intención de menospreciar al Islam y a sus seguidores. Por razones obvias, esta tendencia fue particularmente acusada durante el apogeo de los imperios coloniales, pero sería exagerado afirmar que se ha desvanecido sin dejar rastro.

Estas son algunas de las razones por las que, incluso hoy en día, el Islam continúa estando tan mal visto en Occidente, donde, aunque pueda parecer extraño, religiones asiáticas como el Budismo o el Hinduismo han generado durante más de un siglo mucha más simpatía e interés, aunque el Islam esté más cerca del Judaísmo y el Cristianismo, por haber brotado de la misma fuente abrahámica. A pesar de ello, sin embargo, durante los últimos años parece que las condiciones externas, en particular el protagonismo creciente de los países árabes y musulmanes en las grandes cuestiones políticas y financieras mundiales, han servido para despertar en Occidente un mayor interés por el Islam, lo que para algunos ha traído como consecuencia el descubrimiento de nuevos horizontes hasta ahora insospechados.” (Roger Du Pasquier, Unveiling Islam, págs. 5-7).

La sensación de que en Occidente existe una ignorancia generalizada acerca del Islam también la comparte Maurice Bucaille, un doctor francés que escribe lo siguiente: 

“Cuando se menciona el Islam a los ateos materialistas, éstos sonríen con una complacencia que sólo es comparable con su ignorancia del asunto. Comparten con la mayoría de los intelectuales occidentales, sea cuál sea la creencia religiosa de éstos, una tremenda cantidad de ideas falsas sobre el Islam. No obstante, hay un par de cuestiones sobre este punto que podrían excusarlos. En primer lugar, aparte de las actitudes recientemente adoptadas que prevalecen entre la más alta jerarquía católica, el Islam siempre ha sido objeto en Occidente de una especie de ‘difamación laicista’, por así decirlo. Cualquiera que en Occidente haya adquirido un conocimiento profundo del Islam sabe hasta qué punto se ha distorsionado la historia, la creencia y los objetivos de esta religión. También debemos tener en cuenta que los documentos sobre el tema publicados en idiomas occidentales (dejando aparte los estudios muy especializados) no facilitan el trabajo a las personas deseosas de aprender más.” (Maurice Bucaille, The Bible, the Qur'an and Science, pág. 118) 

Edward Said El fenómeno generalmente conocido como “orientalismo” no es sino un aspecto de las tergiversaciones occidentales del Islam. Hoy en día, la mayor parte de los musulmanes en Occidente probablemente estaría de acuerdo en que la mayoría de las distorsiones sobre el Islam proviene de los medios de comunicación, ya sean periódicos, revistas o televisión. En lo que respecta al número de personas a las que llega esta información, sin duda los medios de comunicación influyen más en la visión occidental del Islam que las publicaciones académicas de “orientalistas”, “arabistas” o “islamólogos”. En los últimos años, el campo académico que solía llamarse orientalismo ha cambiado su nombre por el de “estudios de áreas culturales” (Area Studies ) o “estudios regionales” (Regional Studies). Estos términos políticamente correctos han ocupado el lugar de la palabra “orientalismo” en los círculos académicos desde que este último vocablo quedó marcado por una connotación negativa e imperialista, en gran medida debido a los propios orientalistas. Sin embargo, aunque las obras de los especialistas dedicados a estos temas no llegan al público en general, a menudo caen en manos de estudiantes y de personas interesadas en aprender más acerca del Islam. Así pues, cualquier estudioso del Islam, en especial si es de Occidente, debe conocer el fenómeno histórico del orientalismo, tanto en su vertiente académica como en su vertiente de explotación cultural. Cuando la emplean los musulmanes, la palabra “orientalista” suele referirse a cualquier especialista occidental que estudia el Islam al margen de las motivaciones que lo impulsan a hacerlo y, de este modo, inevitablemente, lo distorsiona. Sin embargo, como veremos, el fenómeno del orientalismo es mucho  más que un simple ejercicio académico. Edward Said , un destacado erudito árabe cristiano autor de varios libros donde expone las deficiencias del enfoque orientalista, define “orientalismo” como sigue:

“...cuando hablo de orientalismo me refiero a bastantes cosas, todas ellas, en mi opinión, dependientes entre sí. En general, la acepción de orientalismo más admitida es la académica, y esta etiqueta sirve para designar un gran número de instituciones de este tipo. Alguien que enseñe, escriba o investigue sobre Oriente –y esto es válido para un antropólogo, un sociólogo, un historiador o un filólogo– tanto en sus aspectos específicos como generales, es un orientalista, y lo que él o ella hace es orientalismo.” ( Edward W. Said , Orientalism, pág. 2). [2]

“Hablar de orientalismo, pues, es hablar principalmente, aunque no exclusivamente, de una empresa cultural británica y francesa, un proyecto cuyas dimensiones abarcan campos tan dispares como los de la propia imaginación: todo el territorio de la India y de los países del Mediterráneo oriental, las tierras y textos bíblicos, el comercio de las especias, los ejércitos coloniales y una larga tradición de administradores coloniales, un impresionante conjunto de textos, innumerables “expertos” en todo lo referido a Oriente, un cuerpo de profesores orientalistas, un complejo aparato de ideas “orientales” (despotismo, esplendor, crueldad, sensualidad orientales), muchas sectas orientales, filosofías y sabidurías orientales adaptadas al uso local europeo...la lista podría extenderse más o menos indefinidamente.” ( Edward W. Said , Orientalism, pág. 4). [3]   

Como ocurre en muchos otros casos, ser consciente del problema es tener la mitad del camino andado. Cuando un buscador sincero de la Verdad toma conciencia de la amplia y arraigada incomprensión y hostilidad entre el Islam y Occidente, y aprende a no confiar en cualquier cosa que se publique, el conocimiento y la información verdaderos se pueden obtener con mucha mayor rapidez. Ciertamente, no todos los escritos occidentales sobre el Islam demuestran el mismo grado de parcialidad, yendo desde la distorsión deliberada a la simple ignorancia, e incluso hay unos pocos que podrían clasificarse como esfuerzos sinceros de los no musulmanes para presentar una imagen positiva del Islam. Sin embargo, debido a que el autor carece de conocimientos islámicos, incluso la mayoría de estos trabajos están plagados de errores de poca importancia que no parecen ser intencionados. Tratando de ser imparciales, debemos decir que algunos libros actuales de autores musulmanes también padecen estas mismas deficiencias que suelen ser debidas a una ausencia de conocimiento, ideas incorrectas o la dependencia de fuentes no musulmanas.

Dicho esto, no debería resultar sorprendente que aprender sobre el Islam en Occidente, sobre todo si dependemos de trabajos escritos en lenguas europeas, nunca haya sido una tarea fácil. Hace sólo un par de décadas, un hablante de inglés interesado en el Islam que deseara limitar sus lecturas a los trabajos de autores musulmanes, tan sólo podría haber leído una traducción del Corán, unos pocos libros de hadices y unas cuantas docenas de trabajos en forma de folletos. Sin embargo, en los últimos  años, el hecho de disponer de una amplia variedad de libros islámicos escritos por creyentes musulmanes comprometidos y la difusión de Internet han permitido acceder mucho más fácilmente a una información veraz sobre casi todos los aspectos del Islam. Hoy en día, apenas transcurre una semana sin que aparezca una nueva traducción al inglés de alguna obra del Islam clásico. [4]  

Cuando pasa a estudiar con mayor detalle la visión distorsionada de Islam por parte de Occidente en general y del orientalismo en particular, Edward Said , el autor árabe cristiano de la monumental obra Orientalismo , se refiere con precisión al esta disciplina como una “empresa cultural”. Sin duda, no se trata de una tergiversación, pues los estudios académicos orientales llevados a cabo por occidentales a menudo estaban impulsados por los objetivos imperialistas de las potencias coloniales europeas, y a menudo éstas colaboraban en ellos muy de cerca. Es indudable que el orientalismo se basa en la máxima “conoce a tu enemigo”. Cuando las naciones cristianas de Europa comenzaron su larga campaña para colonizar y conquistar el resto del mundo en su propio beneficio, pusieron en juego sus recursos académicos y misioneros como ayuda para poder llevar a cabo su tarea. Los orientalistas y los misioneros, cuyo papel a menudo coincidía, eran las más de las veces los siervos de un gobierno imperialista que hacía uso de sus servicios como una manera de someter y debilitar al enemigo, aunque fuera de una manera sutil:

“Por lo que se refiere al Islam y a los territorios islámicos, Gran Bretaña, por ejemplo, como potencia cristiana, estimaba que tenía intereses legítimos que preservar. Se desarrolló un complejo aparato destinado a atender estos intereses. Las antiguas organizaciones, como la Society for Promoting Christian Knowledge (1698) y la Society for the Propagation of the Gospel in Foreign Parts (1701) vieron cómo su obra se continuaba y más tarde era fomentada por la Baptist Missionary Society (1792), la Church Missionary Society (1799), la British and Foreign Bible Society (1804), y la London Society for Promoting Christianity Among the Jews (1808). Estas misiones se adhirieron abiertamente a la expansión de Europa.” ( Edward W. Said , Orientalism, pág. 100). [5]  

Cualquiera que haya estudiado el tema sabe que los misioneros cristianos estaban dispuestos a colaborar con el imperialismo europeo, a pesar de la pureza de intenciones o la ingenuidad de algunos de ellos. En realidad, muy pocos de entre los expertos orientalistas eran misioneros cristianos. Uno de ellos fue Sir William Muir, un activo misionero autor de varios libros sobre el Islam. Hoy en día, estos libros se consideran estudios muy parciales, aunque siguen siendo una referencia incluso en la actualidad para quienes desean atacar al Islam. Que los cristianos fueran la fuente de las peores mentiras y distorsiones sobre el Islam no debería ser una sorpresa, pues el Islam era su principal “competidor” religioso a escala mundial. Lejos de cumplir con el mandamiento de no levantar falso testimonio contra el prójimo, las tergiversaciones y las mentiras de los cristianos sobre el Islam fueron generalizadas, como se explica a continuación: 

“...desde las fanáticas tergiversaciones de Juan Damasceno hasta la apologética contra el Islam de escritores que decían a sus audiencias que los musulmanes adoraban a tres ídolos. Pedro el Venerable (1084-1156) “tradujo” el Corán que se usó durante toda la Edad Media, e incluyó nueve capítulos adicionales. La infame y distorsionada traducción de Sale continuó con esta tendencia y junto a Rodwell, Muir y otros muchos atacó el carácter y la personalidad de Muhammad. A menudo empleaban historias inventadas y relatos que los propios musulmanes consideraban falsos o poco sólidos, o bien distorsionaban los hechos afirmando que los musulmanes mantenían una postura que en realidad no mantenían [...]. Tal y como Norman Daniel  nos dice en su libro Islam and the West: ‘La utilización de pruebas falsas para atacar al Islam fue algo casi universal...’” (p. 267). ('Abdur-Rahîm Green, An Authoritative Exposition - Part 1)

Existen muchas pruebas que podrían usarse para demostrar que, cuando se trata de atacar al Islam, incluso la Iglesia Católica Romana aceptaría de buena gana casi cualquier falsedad. He aquí un ejemplo:

“En un determinado periodo de la historia, la hostilidad hacia el Islam, en cualquiera de sus formas e incluso procedenteMahomet de enemigos declarados de la Iglesia, fue acogida con los brazos abiertos por parte de los altos dignatarios de la Iglesia Católica. Así, el Papa Benedicto XIV, que tiene fama de haber sido el mejor pontífice del siglo XVIII, no dudó en ofrecer sus bendiciones a Voltaire, agradeciéndole que le dedicara su obra de 1741 “El fanatismo o Mahoma” (Le fanatisme, ou Mahomet le Prophete ), una burda sátira que cualquier escritorzuelo de mala fe con cierto ingenio podría haber escrito sobre cualquier tema. A pesar de ello, la obra alcanzó el prestigio suficiente como para ser incluida en el repertorio de la Comédie-Française .” (Maurice Bucaille, The Bible, the Qur'an and Science , pág. 118). 

Uno de los enemigos de la Iglesia a los que antes se ha aludido era el filósofo francés Voltaire. Como ejemplo de lo que pensaba sobre al menos una doctrina cristiana, puede leerse su panfleto “Anti-trinitarios”. Además, el pasaje anterior ofrece un dato del que debemos ser conscientes: las tergiversaciones y las mentiras acerca del Islam a lo largo del tiempo en Europa no se han limitado a unos pocos estudiosos o clérigos. Muy al contrario, han formado parte de la cultura popular: [6]  

“La imaginación europea se alimentó copiosamente de este repertorio [de imágenes orientales]; desde la Edad Media hasta el siglo XVIII grandes escritores como Ariosto, Milton, Marlowe, Tasso, Shakespeare, Cervantes [7]   y los autores de la Chanson de Roland y del Cantar del Mio Cid se inspiraron el la riqueza de Oriente para escribir su obra de tal forma que contribuyeron a perfilar con mayor nitidez los contornos de las imágenes, las ideas y las figuras que lo poblaban. Además, una gran parte de lo que se consideraba erudición orientalista en Europa utilizó estos mitos ideológicos incluso cuando el conocimiento parecía progresar auténticamente.” ( Edward W. Said , Orientalism, pág. 63). [8]  

“La invariable tendencia a despreciar lo que el Corán significaba o lo que los musulmanes pensaban o decían en determinadas circunstancias implica necesariamente que la doctrina coránica y las otras doctrinas islámicas se presentaban bajo una forma convincente para los cristianos; y que las formas más extravagantes podrían llegar a ser aceptadas si contribuían a aumentar la distancia que separaba a los escritores y su público de las fronteras del Islam. Con muchas reticencias, se aceptó que lo que los musulmanes decían que creían era lo que realmente creían. Había una imagen cristiana en la que los detalles (incluso bajo la presión de los hechos) se reducían a su mínima expresión, mientras que las líneas generales nunca se abandonaban. Había diferencias de matices, pero sólo dentro de un esquema común. Todas las correcciones realizadas para aumentar la precisión sólo servían para defender lo que acababa de constatarse como vulnerable y para sostener una estructura debilitada. La opinión cristiana era un monumento que no se podía demoler, ni siquiera reconstruir.” (Norman Daniel, Islam and the West: The Making of an Image, págs. 259-260) [9]   

Edward Said , en su obra clásica Orientalismo , se refiere al anterior pasaje de Norman Daniels diciendo:

“Esta imagen rigurosa que el Cristianismo tenía del Islam se reforzó de muchas maneras; entre ellas se encuentran –durante la Edad Media y el principio del Renacimiento– las diferentes formas de poesía, de controversias eruditas y de supersticiones populares. En esa época Oriente Próximo no estaba en absoluto integrado en la imagen corriente que del mundo se tenía en la cristiandad latina: la Chanson de Roland, por ejemplo, muestra a los sarracenos adornando a Mahoma y a Apolo. Hacia la mitad del siglo XV, como R. W. Southern ha demostrado brillantemente, los pensadores europeos serios  veían cada vez con mayor claridad ‘que había que hacer algo a propósito del Islam’, el cual había invertido la situación al haber conseguido sus tropas entrar en Europa oriental.” ( Edward W. Said , Orientalism, pág. 61). [10]  

“Para nosotros, es evidente que ninguno de estos sistemas cristianos europeos de pensamiento era capaz de dar una explicación totalmente satisfactoria del fenómeno que pretendían explicar, el Islam, y aún eran menos capaces de influir en el desarrollo de los acontecimientos de una manera decisiva. En la práctica, el curso de los acontecimientos nunca se desarrolló ni tan bien ni tan mal como los observadores inteligentes habían predicho, y quizás valga la pena señalar que nunca evolucionó de manera más favorable porque los mejores jueces esperaban en secreto un final feliz. ¿Hubo algún progreso [en el conocimiento que el cristiano tenía del Islam]? Debo expresar mi convicción de que lo hubo. Incluso si la solución del problema continuaba estando oculta, la manera de exponerlo se volvió más compleja y racional y tuvo mayor relación con la experiencia.” (R. W. Southern, Western Views of Islam in the Middle Ages, págs. 91-92). [11]   

A pesar del enfoque erróneo, parcial e incluso retorcido de muchos orientalistas, éstos también han tenido sus momentos de sinceridad, como señala Roger Du Pasquier:

“En general, aunque nos pese, debemos estar de acuerdo con el orientalista Montgomery Watt cuando escribe que ‘de todos los grandes hombres de la historia, ninguno ha tenido tantos detractores como Muhammad’. Como autor de un amplio estudio sobre la vida y la obra del Profeta [12] , el arabista británico añade que ‘es difícil entender por qué ha ocurrido así’, encontrando como única explicación plausible el hecho de que, durante siglos, el Cristianismo haya tratado al Islam como su peor enemigo. Y aunque los europeos de hoy en día miran al Islam y a su fundador desde un punto de vista algo más objetivo, ‘todavía persisten muchos antiguos prejuicios.’” (Roger Du Pasquier, Unveiling Islam , pág. 47, citando a Montgomery Watt en Muhammad at Medina , Oxford University Press).

Santiago Matamoros Para concluir, me gustaría citar la descripción del orientalismo hecha por un converso norteamericano al Islam que hoy en día es un erudito musulmán bien conocido. Resulta muy esclarecedor todo lo que dice sobre los objetivos y los métodos del orientalismo, en especial sobre sus deficiencias desde una perspectiva islámica:

“...el libro informa con precisión sobre los nombres y las fechas de los acontecimientos que analiza, pero sus explicaciones sobre los personajes musulmanes, las motivaciones de éstos y el lugar que ocupan dentro del mundo islámico las enfoca desde el punto de vista del incrédulo (kafir), ofreciendo una imagen invertida de la realidades que refleja. Así pues, quizá sea necesario explicar aquí una palabra que la literatura ha denominado ‘orientalismo’ o, en términos más modernos ‘estudios regionales’.

Es éste un punto de vista que requiere que la descripción de algo como, por ejemplo, el ‘Islam africano’ sea, primero y por encima de todo, un objetivo en sí mismo. Las premisas de esta “objetividad” se ciñen por completo, por encima de la reflexión, a la experiencia de sentir y vivir una tradición intelectual occidental que entiende la religión desde un punto de vista post-religioso; es decir, que comparar la complejidad de los sistemas culturales humanos y las sociedades a lo largo de su proceso histórico debería conducir al observador sin prejuicios al relativismo moral, pues no puede descubrirse ningún valor moral que sea en sí mismo válido para todas las culturas. Aquí, la civilizaciones humanas, con sus formas culturales, religiones, esperanzas, objetivos, creencias, profetas, escrituras sagradas y deidades, son en esencia plantas que crecen en la tierra y que brotan de distintas semillas y en diversos suelos, florecen durante un tiempo y luego se marchitan. La única preocupación de los estudiosos es tomar nota de estos elementos y proponer una relación plausible entre ellos.

Un punto de partida semejante, necesario para un trabajo académico serio [...] es, desde luego, no islámico o antiislámico. Debido a su profunda incomprensión del Islam, es lógico que distorsione aquello que trata de explicar, aunque se observa cierta disparidad en el grado de distorsión que parece corresponder en general a lo cerca que se encuentre del núcleo del Islam el objeto que se pretende explicar. Cuando se trata de cuestiones básicas como Allah, el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), el Corán o el hadiz, la distorsión es más grave, mientras que, cuanto más se avanza hacia la periferia, como es el caso de detalles históricos  de concesiones comerciales, nombres de tratados o de gobernantes, valor de las monedas, etc, la distorsión es menor. En cualquier caso, es mucho mejor para los musulmanes depender de otros musulmanes cuando se dispone de fuentes islámicas sobre algún tema [...], aunque sólo sea para evitar la sutiles –y a veces no tan sutiles– distorsiones sobre el Islam de las obras no islámicas. No podemos evitar sentir que no sucedería nada malo si abandonáramos la tendencia de muchos escritores musulmanes contemporáneos a comentar profusamente sus obras con citas de los padres fundadores del orientalismo, aunque sólo sea porque ‘quien duerme con perros suele amanecer con pulgas.’” (The Reliance of the Traveller, editado y traducido por Noah Ha Mim Keller, pág. 1042).


BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA

-    Roger Garaudy, El diálogo entre Oriente y Occidente , El Almendro, Málaga, 2005.
-    Mahdi Elmandjra, Humillación: el Islam sometido por Occidente , Almuzara, Córdoba, 2005.
-    Bruno Étienne, ¿Qué inquieta del Islam? , Bellaterra, Barcelona, 2005.
-    Fred Halliday, El Islam y el mito del enfrentamiento , Bellaterra, Barcelona, 2005.
-    Laura Navarro, Contra el Islam , Almuzara, Córdoba, 2007.
-    Edward Said, Orientalismo , DeBolsillo, Barcelona, 2007.
-    José Tono Martínez (ed.), El Orientalismo al revés , La Catarata, Madrid, 2007.
-    Tim Wallace-Murphy, La herencia cultural del Islam en Occidente , Blume, Barcelona, 2007.
-    Benazir Bhutto, Reconciliación: Islam, democracia y Occidente , Belacqva, Córdoba, 2008.
-    VV.AA, El Islam y Occidente , Univ. de Valladolid, Salamanca, 2008.
-    Ziauddin Sardar, Extraño Oriente , Gedisa, Barcelona, 2009.



NOTAS.-


[1] Traducción y adaptación del artículo aparecido en: http://www.islamic-awareness.org/Quran/orientalism.html . Cuando ha sido posible, las diversas citas de algunos de los libros que aparecen a lo largo del artículo han sido tomadas directamente de su traducción española, lo cual se indica en una nota explicativa. En los casos en que, a pesar de existir una versión en castellano, el traductor de este texto no ha tenido acceso a la misma, se ha procedido directamente a traducirlas.  (Nota de la Redacción).

[2] Véase la cita en su traducción española: Orientalismo , DeBolsillo, Barcelona, 2008, pág. 20 (trad. María Luisa Fuentes). (Nota de la Redacción).

[3] Orientalismo , ob. cit., pág. 22. (Nota de la Redacción).

[4] La situación descrita para el inglés puede extrapolarse en gran medida al caso del castellano. (Nota de la Redacción).

[5] Orientalismo , ob. cit., pág. 144. (Nota de la Redacción).

[6] En el caso del mundo hispano podemos citar como ejemplo paradigmático la existencia de un apellido como “Matamoros”, adjetivo que también se aplica al mismísimo patrón de España, “Santiago Matamoros”, a quien la iconografía suele representar a caballo, con un montón de cuerpos de musulmanes muertos a los pies de su montura. (Nota de la Redacción).

[7] Véase Antonio Medina, Cervantes y el Islam , Carena, Barcelona, 2005; Emilio Sola / José F. De la Peña, Cervantes y la Berbería , F.C.E., Madrid, 1996; Nuria Martínez de Castilla / Rodolfo Gil Benumeya Grimau, De Cervantes y el Islam , Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, Madrid, 2006. (Nota de la Redacción).

[8] Orientalismo , ob. cit., pág. 98. (Nota de la Redacción).

[9] Citado en ibid, pág. 95. (Nota de la Redacción).

[10] Ibid, pág. 95. (Nota de la Redacción).

[11] Citado en ibid, pág. 96. (Nota de la Redacción).

[12] Véase Montgomery Watt, Mahoma: profeta y hombre de Estado , Melusina, Barcelona, 2004. (Nota de la Redacción).


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