MINORÍAS MUSULMANAS
EN SOCIEDADES NO MUSULMANAS [1]

Syed Z. Abedin y Saleha M. Abedin


Alrededor de una quinta parte de los casi mil quinientos millones de musulmanes que viven hoy en el mundo son minorías religiosas y políticas en sociedades no musulmanas. Es difícil estimar con precisión el tamaño de las poblaciones musulmanas de muchos países, pues éstos carecen de estadísticas demográficas fiables. El problema se agrava por la ausencia de clasificaciones étnicas o religiosas en la mayoría de las estadísticas nacionales. Incluso en el caso de pequeñas minorías de población musulmana, las estimaciones varían mucho: por ejemplo, las estimaciones de población musulmana en Hungría varían entre los 6.000 y los 105.000 musulmanes; en Polonia, entre los 15.000 y los 333.000; y en Rumania, entre los 35.000 y los 346.000. También existe una gran controversia en países con una población numerosa de musulmanes; por ejemplo, en China, las estimaciones varían entre los 14,6 y los 144 millones de musulmanes en el país [2] . Por lo general, se conoce y se acepta el número y la proporción de musulmanes en los países donde son mayoría. Sin embargo, cuando se encuentran en situación de minoría, no sólo se cuestiona su fuerza numérica sino también su existencia misma.

Las estimaciones con respecto a las comunidades musulmanas minoritarias

Por lo general, durante la década de 1990, se aceptaba que las comunidades musulmanas minoritarias representaban aproximadamente una tercera parte de la población musulmana mundial. Por lo tanto, de los 1.200 millones de musulmanes calculados en 1994, se estimaba que cerca del 33% (400 millones) vivía en minoría dentro de sociedades no musulmanas.

grafico 1 A medida que ha ido creciendo la población total de musulmanes, el porcentaje de éstos que vive en minoría se ha reducido del 33% de la población musulmana mundial en 1994 al 20% en 2006 (véase el gráfico nº 1). Esta circunstancia es el resultado de una combinación de factores tales como la reciente independencia de algunos estados, lo cual ha convertido a algunas comunidades musulmanas que antes estaban en minoría en comunidades mayoritarias [3] . También es interesante observar que entre los musulmanas que viven en minoría, cerca de la mitad (47,5 %) está en la India [4] , seguidos de los de China, Rusia, Kenia y Kazajstán (véase el gráfico nº 2).grafico 2


Las minorías suelen definirse en términos cuantitativos, indicando que en su área de residencia representan una proporción menor que todos los demás grupos juntos, incluyendo al mayoritario. Sin embargo, las minorías musulmanas que constituyen un pequeña proporción de grandes poblaciones forman comunidades numéricamente importantes y a menudo superan en población a muchos países de mayoría musulmana.

El gráfico nº 3 presenta los diez países con más población musulmana del mundo, no sólo repartida entre las naciones en las que los musulmanes gozan de una mayoría absoluta, sino también en países donde las comunidades grafico 3 musulmanas constituyen una minoría relativamente pequeña en términos porcentuales, como en el caso de la India y de China. Estas comunidades son muy grandes en términos numéricos y representan un porcentaje considerable de la población musulmana mundial, como queda claro en el gráfico nº 4. De hecho, si revisamos las diez poblaciones musulmanas más numerosas del mundo, se aprecia que al menos dos de ellas –la India y China– están en minoría dentro de sus países. La situación minoritaria no es, por lo tanto, un simple juego de números.

Mientras que los musulmanes representan hoy en día el 20% de la población mundial, las comunidades musulmanas minoritarias constituyen el 20% del total de la población musulmana. De los 350 millones de musulmanes que actualmente viven en situación de minoría, 149 millones (el 47,5 %) están en un solo país, la India, que hoy en día tiene la mayor comunidad de musulmanes en minoría.grafico 4

Causas de la existencia de comunidades musulmanas minoritarias

Las causas de la existencia de comunidades musulmanas minoritarias son varias. Ali Kettani, en su análisis de finales de los ochenta [5] ,  las ha clasificado en tres tipos en función en su origen histórico y de las diversas situaciones que han atravesado:

    1.- Las que una vez fueron mayoritarias pero luego perdieron fuerza y se fueron deteriorando hasta llegar a ser absorbidas y convertidas en minorías, como en el caso de Palestina, Etiopía o Bosnia y Herzegovina. [6]
   2.- Las que ocuparon el poder pero su gobierno terminó, quedando como minorías religiosas, como en el caso de los conversos al Islam en la India y algunos lugares de los Balcanes.
     3.- Las que siempre han permanecido en entornos no musulmanes, como en el caso de Sri Lanka.

Podría añadirse una cuarta categoría: la de los inmigrantes que han hecho de los territorios no musulmanes su hogar.

Además del tamaño, las minorías también pueden definirse en función de sus afinidades ideológicas, cuando estas minorías están constituidas por personas cuyas ideas o valores son distintos, en mayor o menor grado, a los de la mayoría que las rodea. Podemos tener minorías religiosas o políticas que forman una subcultura (como los protestantes en algunos lugares de Europa, los católicos en los Estados Unidos o los musulmanes en Europa y Norteamérica) y en ocasiones una contracultura (como los católicos en Irlanda del Norte, los vascos en España o los palestinos en Israel). Las minorías también han sido identificadas en términos raciales y étnicos, como la clasificación de las nacionalidades en Europa Central y Oriental, o bajo el eufemismo de “minorías visibles”, como en Canadá. Por otra parte, las minorías también han sido definidas según su menor grado de participación política o de acceso a los recursos económicos, como en el caso de las colonias en Africa y Asia bajo los antiguos gobiernos británico, francés y holandés, o en Sudáfrica, donde una poderosa minoría política dominó sobre una mayoría desfavorecida hasta 1994.

Una minoría en particular, basándose en la cultura, la raza, la etnia o la religión, puede tener una sola de las características antes mencionadas o una combinación de éstas, con más o menos intensidad y relevancia. Las comunidades musulmanas poseen todos los aspectos antes citados, en unas proporciones y a un nivel tan significativo que no pueden ser ignoradas en la mayoría de los países del mundo. El único factor común que las une es su afiliación religiosa –ya sea proclamada por ellas mismas o atribuida por los demás, ya sea actual o histórica–, la cual les proporciona una identidad con una carga de responsabilidad.

Definición en relación con la ummah

Además de tener que lidiar con las dificultades habituales de las minorías que viven en medio de una mayoría ajena y extraña, las minorías musulmanas deben hacer frente al desafío adicional de definir su propia posición en el contexto de una ummah (comunidad) musulmana más grande. Paradójicamente para ellos, el “grupo de inclusión” es la ummah físicamente distante de la cual se consideran una parte, y el “grupo de exclusión” es considerado como la comunidad no musulmana mayoritaria dentro de la cual residen.

El concepto de ummah es crucial para comprender la situación de las minorías musulmanas, tanto en el tiempo como en el espacio. Muhammad Asad, en su famoso comentario y traducción del Corán, explica que “la palabra ummah indica principalmente un grupo de seres humanos que poseen ciertas características o circunstancias en común” [7] . Así pues, señala, el término ummah se emplea a menudo como sinónimo de comunidad, pueblo, nación, género o generación. En su breve aunque fundamental artículo sobre el concepto coránico de ummah, Abdullāh al-Ahsan identifica una serie de usos de esta palabra en el Corán y los clasifica como sigue:

    1.- El ejemplo de un grupo de personas con ideología, como en el caso de Abraham. (Corán, 16:120).
    2.- Un determinado periodo o lapso de tiempo que se aplica a una comunidad en particular. (Corán, 7:34 y 11:8)
    3.- Un grupo de personas más comprometidas dentro de una comunidad más amplia. (Corán, 7:159).
    4.- Un grupo de personas unidas por las circunstancias o la profesión. (Corán, 28.23).
    5.- Una comunidad basada en creencias, leyes y costumbres comunes. (Corán, 5:48).

Así pues, una ummah , como comunidad basada en creencias y experiencias compartidas, puede adoptar tantas variedades y formas como las diferencias existentes entre las naciones y los pueblos. 

  La ummah musulmana, sin embargo, no tiene variantes, pues se basa en un conjunto de creencias, centrándose en la Unidad de Dios, la profecía de Muh ammad, un código práctico guiado por la sharī‘ah (ley islámica) y la experiencias compartidas a lo largo de una historia común: las primeras persecuciones, las pruebas, las tribulaciones, los triunfos...todo ello iba a caracterizar la experiencia común de los musulmanes y conduciría al nacimiento de una “conciencia de la ummah”.

El Corán define la ummah musulmana como aquellas personas que se someten a Dios y siguen Su guía tal y como fue transmitida a través del Profeta Muhammad, quien fue enviado como mensajero para toda la humanidad. Los musulmanes, por tanto, son un grupo de personas que están comprometidas con una serie de creencias, poseen un sentido del deber y juegan un papel especial en la historia de la humanidad. Dios dice en el Corán: “Y de este modo hemos hecho de vosotros una comunidad moderada [ummatan wasatan , lit. “comunidad del centro”] para que deis testimonio de la verdad ante toda la humanidad” (2:143).

La constitución adoptada por el primer Estado islámico establecido por el Profeta Muh ammad en Medina declara en su primer artículo: “Los creyentes y los musulmanes del Quraish [familia a la que pertenecía el Profeta Mu hammad] y de Yathrib [antiguo nombre de Medina], y quienes los sigan, los acojan y luchen junto a ellos, forman una sola comunidad [ummatan wa h īdatan], con exclusión del resto de la humanidad [ min dūn al-nās ].” [8]  

Por tanto, en la tradición islámica, todos los musulmanes pertenecen a la ummah. Los no musulmanes, aunque vivan dentro de los mismos límites territoriales, están fuera de la ummah. Sin embargo, cuando los musulmanes son la comunidad dominante, están obligados a acatar las normas que regulan los derechos y la obligaciones de las minorías no musulmanas (los dhimmī o “protegidos”), tal y como especifica el Corán y el hadīth (tradiciones del Profeta). Así pues, los dhimmī son aquellos no creyentes que residen dentro del dominio político islámico. Viven en dār al-islām bajo la protección de los musulmanes y, en lugar de estar obligados a prestar el servicio militar, deben pagar un impuesto nominal llamado yiziah que les da derecho a ser protegidos. Sin embargo, tanto los no creyentes como los creyentes han sido creados por Dios para heredar la tierra; son jalā’if al-ard (representantes [de Dios] en la tierra) con honor y dignidad y con los mismos derechos a la rubūbīyah (sustento) de Dios. Tienen derecho a la guía (hidāyah) de Dios y, como todos los hijos de Adán, han sido dotados con el poder de elección (la capacidad para decir no), alcanzando así una condición más elevada que la de los ángeles. Murad Hoffman se refiere a esta colección de normas y preceptos como el estatuto coránico de las minorías. [9]   

Cuando los musulmanes viven formando parte de comunidades no musulmanas, el trato que reciben de la mayoría no musulmana varía según las diversas condiciones que prevalecen en ese entorno. Sin embargo, hay un debate en curso sobre qué puede esperar la ummah con respecto a las minorías musulmanas y otro debate igualmente fuerte sobre qué puede esperarse de la ummah con respecto a las aspiraciones de esos musulmanes que viven bajo jurisdicción no musulmana.

Ya que los musulmanes en situación de mayoría a menudo perciben a las comunidades musulmanas minoritarias como parte integrante de una comunidad musulmana más grande –aunque sea una parte que vive fuera de su jurisdicción–, la condición de minoría se considera a menudo como una fase transitoria, un accidente de la historia que debe remediarse. Así pues, tal y como ha sucedido muchas veces a lo largo de la historia, cuando las minorías musulmanas han estado sometidas a las dificultades de vivir en sociedades no musulmanas, se las puede animar o aconsejar para que adopten una de las dos vías siguientes: emprender la emigración (hiyrah) a un territorio musulmán o a otro más hospitalario, o responder a la represión y la amenaza a su supervivencia mediante el yihād (tomar las armas o emprender un esfuerzo extraordinario). El siguiente versículo coránico autoriza esta línea de argumentación: “Aquellos que creen, emigran y se esfuerzan por la causa de Dios con sus bienes y sus personas, tienen un rango más alto a los ojos de Dios. Estos serán los que triunfen” (9:20).

Es evidente que, en las áreas donde residen las minorías musulmanas, el Islam no es la religión ni la cultura dominante y no hay tantos incentivos positivos para que las prácticas y los valores islámicos se fomenten y crezcan. En muchas de estas áreas, las minorías musulmanas se enfrentan a una fuerte hostilidad y se quejan de los esfuerzos deliberados de la mayoría para impedir que las normas islámicas prosperen incluso a nivel individual. Como consecuencia, los musulmanes dejan de prestar lealtad al Islam o de seguir un estilo de vida islámico. Esta es la situación, a veces apacible y otras más grave, en la que vive hoy en día uno de cada cinco musulmanes. Tras los ataques del 11 de septiembre de 2001 a las Torres Gemelas en Nueva York y al Pentágono en Washington, D.C., y los atentados posteriores en Londres y Madrid, la situación de las minorías musulmanas en las sociedades occidentales se ha vuelto más difícil. Se culpó a comunidades minoritarias enteras por los actos de unos pocos y, con el pretexto de la “justicia”, se eximió de culpa a los responsables de la persecución y la discriminación contra personas posiblemente inocentes [10] . La posterior decisión de los Estados Unidos y su “coalición de voluntarios” de declarar la guerra en Afganistán y luego en Irak ha creado mucho resentimiento en el mundo musulmán y ha agravado aún más la situación de las comunidades musulmanas minoritarias en todo el mundo.

Las minorías desde el punto de vista coránico

En los comienzos del Islam, las minorías musulmanas tuvieron dos modelos a seguir. Uno es el modelo de La Meca, en el que los musulmanes perseguidos optaron por la hiyrah , y el otro es el modelo abisinio, en el que, mediante un esfuerzo extraordinario, se logró una situación de tolerancia y de coexistencia pacífica en un entorno mayoritariamente no musulmán [11] . Para las minorías musulmanas de hoy en día es inevitable adoptar uno de estos dos modelos. Ambos son factibles, aunque uno lo podría ser más que el otro. La tercera alternativa, no hacer nada, mantendrá una situación de constante beligerancia que no es necesaria ni deseable. Así pues, se supone que una minoría musulmana debe convertirse en muhāyir (emigrante) o en muyāhid (quien se esfuerza por una causa). Cuando los musulmanes están viviendo en tierras no musulmanas deben organizarse con otros musulmanes para conservar y mejorar su identidad islámica. El enfoque aislacionista para lograr subsistir está excluido, pues el musulmán tiene también la importante necesidad, e incluso el deber, de hacer da‘wah (invitar a la gente al Islam). Así pues, se debe estimular el diálogo con los no musulmanes tanto para difundir el Islam como para lograr la coexistencia pacífica con los no musulmanes en sus territorios.

Históricamente, dār al-islām no sólo se ha enfrentado contra “los otros”, el mundo todavía no musulmán (dār al-harb ), en principio hostil, sino que también se ha integrado en el ámbito del compromiso (dār al-sul h), comenzando por el famoso acuerdo de armisticio que el Profeta Muhammad  firmó con el pueblo de La Meca en 628, dos años antes de regresar a esa ciudad.  Por lo tanto, las opciones disponibles para las minorías musulmanas son variadas, islámicamente válidas y viables en la práctica. Sigue habiendo problemas en cuanto al papel del resto de la ummah musulmana en los asuntos de las minorías que viven “más allá de su jurisdicción”. ¿Debe la ummah hacer algo al respecto? ¿Debe la ummah musulmana universal preocuparse por sus miembros de la diáspora?

Muchos musulmanes argumentarían que la ummah tiene muy pocas alternativas. Si los musulmanes son fieles al espíritu de su fe, entonces tienen obligaciones hacia los demás, dondequiera que éstos residan, individual y colectivamente. Estas obligaciones derivan del concepto islámico de hermandad entre los fieles. Aunque en términos doctrinales este concepto también está presente en otras religiones, en el Islam se expresa en términos muy claros: “Y los creyentes, hombres o mujeres, se protegen unos a otros” (Corán, 9:71). En otro lugar, el Corán dice: “Todos los creyentes son hermanos” (49:10).

Una de las explicaciones coránicas más concisas, aunque también de las más extendidas, acerca de las obligaciones que la fe impone tanto a los individuos como a los colectivos se encuentra en Corán 103:3, donde se prescriben cuatro tipos de obligaciones: fe (īmān), acción (‘amāl ), invitar a la verdad (tawā sū bi al-haqq) e invitar a la paciencia (tawāsū bi al-sabr). La fe y la acción son obligaciones individuales. Ya que la fe no es algo que pueda darse por sentado una vez adquirida, necesita alimentarse de la acción. Esta relación entre fe y acción convierte al individuo en un “todo” islámico y para él o ella se vuelve obligatorio apoyar a los demás para preservar y mejorar la “totalidad” islámica.

Los dos últimos tipos de obligaciones (tawāsū bi al-haqq y tawāsū bi al-s abr) son de naturaleza social. Involucran al individuo en una comunidad musulmana más amplia y necesitan políticas, planes de acción y metodologías para ponerlos en práctica. Entre las poblaciones musulmanas actuales, ya sean comunidades mayoritarias o minoritarias, muchas organizaciones nacionales e internacionales, asociaciones oficiales, centros de enseñanza e investigación, e incluso grupos organizados dentro de la propia comunidad, han comenzado a llevar a cabo amplios y activos esfuerzos para servir al Islam y la los musulmanes en todo el mundo. Ya no es necesario enmarcar la crisis del estilo de vida de las minorías musulmanas en un contexto de desgracias; puede afrontarse con el entusiasmo del  muyāhid y el impulso del muhāyir . Sin embargo, se debe tener precaución para preservar la verdadera naturaleza de este resurgimiento de la “conciencia de la ummah” e impedir que degenere en una conciencia panislámica en la que lo particular defina lo universal y la política perturbe la dimensión religiosa y social.

Las relaciones entre la ummah y las minorías musulmanas

Por definición, la “ummah del Islam” incluye a todo el que declara ser musulmán. Hoy en día, en la práctica, el “mundo musulmán” se define a menudo como un conjunto de cincuenta y seis estados miembros con mayoría de población musulmana, reunidos en Marruecos el 25 de septiembre de 1969 para fundar la Organización de la Conferencia Islámica (OCI), con sede en Yeddah, Arabia Saudita, y sedes regionales en Ginebra y Nueva York.

Sin embargo, como ya se ha visto, no todos los musulmanes del mundo viven en estados islámicos, sino que aproximadamente una quinta parte lo hace como minorías en sociedades no musulmanas. Estas son las comunidades de primera línea que pagan el precio de su identidad musulmana y a menudo son juzgadas por el mismo rasero que se aplica a sus “países de origen”. Estas minorías suelen sufrir marginación y discriminación en el país anfitrión, y a menudo sirven para saldar las “deudas” contraídas por los países de mayoría musulmana a causa de sus enredos y compromisos políticos, económicos y sociales.

Los musulmanes en los países de mayoría musulmana suelen imponerse ciertas obligaciones políticas hacia sus correligionarios residentes en estados no musulmanes. Esto los impulsa a manifestar de manera enérgica su preocupación por la difícil situación de estas comunidades minoritarias, sobre todo en tiempos de crisis. En algunos casos, los responsables de la crisis rechazan la intervención de la mayoría musulmana e invariablemente la juzgan como una injerencia externa.

Las sociedades musulmanas contemporáneas carecen de políticas claras con respecto a las comunidades musulmanas minoritarias y existe mucha confusión sobre qué tipo de relación debería prevalecer exactamente entre la ummah y las minorías musulmanas. Desde el punto de vista de las minorías mismas, el asunto tampoco está muy claro y es un problema más a añadir a su precaria situación. Así pues, la ummah musulmana dispone de dos opciones: adoptar una relación de patronazgo con respecto a las minorías musulmanas, tratándolas como colonias religiosas y culturales (e incluso económicas y políticas) del mundo musulmán en territorio extranjero, o tratar a las minorías como organismos autónomos que comparten el atributo de la soberanía con sus compatriotas no musulmanes y, a su vez, con las comunidades musulmanas mayoritarias.

La primera opción es la preferida y la más ampliamente aceptada por las comunidades musulmanas mayoritarias, las cuales ven en el versículo coránico “y los creyentes, hombres o mujeres, se protegen unos a otros” (9:71) una responsabilidad irrevocable de la ummah hacia las minorías musulmanas. Sin embargo, en la práctica, las mayorías musulmanas están limitadas por la realidad política y económica contemporánea y optan por la segunda opción.

Así pues, lo que hoy en día llamamos eufemísticamente “mundo musulmán” es una serie de entidades nacionales soberanas (miembros de la OCI), cada una de ellas con estructuras políticas y económicas independientes, y con políticas y prioridades definidas por sus intereses nacionales. Estas entidades han formado varias alianzas regionales o han firmado entre ellas acuerdos económicos y comerciales. Sin embargo, no hay nada específicamente islámico en todo ello. Estas alianzas y acuerdos tienen su precedente exacto en el mundo no musulmán. Incluso la mayor de todas, la Organización de la Conferencia Islámica, no es muy diferente a la Unión Europea (UE), la Organización de Estados Americanos (OEA) o la Organización de las Naciones Unidas (ONU), con sus diversos afiliados. Estos no tienen autoridad para actuar ni siquiera dentro de sus propios estados miembros. ¿Cómo espera entonces la OIC ser oída por las entidades soberanas que ni siquiera son miembros de la organización? No obstante, por lo general se acepta que todos los musulmanes comparten un sentimiento de pertenencia mutua. Puede que no exista en forma de ninguna institución, pero suele invocarse de manera enérgica siempre que surge la ocasión, y constituye el rasgo característico de la comunidad musulmana mundial.

La “conciencia de la ummah ” es una parte esencial de la fe y la creencia musulmanas, y es inseparable de la doctrina islámica. Proviene de la obligación que impone el Corán a “quienes han llegado a creer y se recomiendan mutuamente la paciencia (sabr) y la misericordia (marhamah )” (Corán, 90:17). La conciencia de la ummah es, por lo tanto, la cuestión central del problema; ese sentimiento de solidaridad mutua que experimentan todos los musulmanes. La paciencia o s abr no es un argumento a favor de la pasividad. Desde la perspectiva coránica, sabr es un concepto positivo que saca a relucir lo mejor del ser humano, separando a los humildes de los altivos (Corán, 45-46). [12]  

Ejercitar la misericordia (mar hamah) como complemento de la paciencia (sabr) asegura la adhesión permanente del individuo a los valores y las acciones verdaderamente humanos, para así refrenar los impulsos más bajos. Recuerda a los musulmanes que por muy grave que sea la provocación y, por lo tanto, la crisis, no pueden emplear cualquier medio para resolver su situación. Ellos necesitan guiarse en sus decisiones por la paciencia y la misericordia, y al practicar estos principios conservarán su propia humanidad. Transformar todo ello en planes de acción concretos dentro de las sociedades actuales es el gran reto al que se enfrenta la ummah musulmana.

¿Es posible, sin embargo, llevar una vida islámica bajo el gobierno y el control de los no musulmanes? Los musulmanes raramente se han visto en esta situación a lo largo de su historia. Cuando eran una minoría en territorios no musulmanes, o eran los gobernantes (por ejemplo, en la India, donde,  a pesar de que su población nunca superó el 10%, gobernaron el país durante cerca de mil años), o gozaban de la protección de un Estado musulmán poderoso. Durante siglos, los musulmanes fueron hasta tal punto una potencia dominante a nivel mundial que los estados no musulmanes no concebían la posibilidad de maltratar a los musulmanes que vivían bajo su jurisdicción [13] . Todos los musulmanes están familiarizados con el síndrome m‘atismā en la historia islámica. Este pone de relieve las obligaciones de la ummah hacia las minorías musulmanas y se basa en el histórico alzamiento en armas de un ejército por parte del califa Mutawakkil en el siglo III d.H / IX d.C., en respuesta a la petición de ayuda de una sola mujer en Sind.

A comienzos del siglo XXI la situación es muy diferente. Los musulmanes que actualmente viven como minorías no pueden esperar ningún cambio a corto plazo en su situación ni la ayuda inmediata de sus hermanos que viven en territorios de mayoría musulmana. La pregunta más importante a considerar es cómo deben aprender a adaptarse, emocional y religiosamente, así como económica y políticamente, a su condición de minorías. Así pues, cualquier debate sobre la situación de las minorías musulmanas debería examinar con franqueza la manera en que los musulmanes que viven en estados no musulmanes pueden aprender a llevar una vida útil, productiva y agradable, sin comprometer en modo alguno su identidad islámica.

Un segundo aspecto relacionado con el tema de debate proviene del hecho de que los musulmanes, dondequiera que vivan, se consideran miembros de la ummah. En las circunstancias actuales, cuando aproximadamente una quinta parte de ellos (350 millones) vive en minoría dentro de estados soberanos no musulmanes, ¿cuál debería ser la relación adecuada entre las minorías musulmanas y los países mayoritariamente musulmanes? ¿Deberían los gobiernos o las organizaciones internacionales musulmanes apoyar enérgicamente todas las demandas de las minorías musulmanas? ¿Deberían condenar a todos los gobiernos no musulmanes cuando y donde una minoría musulmana considere que se ha violado alguno de sus derechos? ¿Beneficiaría esto a largo plazo los intereses de las propias minorías? ¿Crearía un ambiente de paz y harmonía a nivel internacional? ¿Cómo afectaría a las relaciones entre los estados musulmanes y los no musulmanes? ¿Qué sucedería con la economía, el comercio y las demás relaciones mutuas? ¿Deberían las comunidades minoritarias esperar el apoyo de la ummah en todos los contenciosos que mantengan con sus compatriotas no musulmanes? ¿Cómo afectaría esto a la relación diaria entre las minorías y las personas con las cuales están destinadas a vivir para siempre?

Es necesario un debate honesto sobre éstas y otras cuestiones afines para comprender la verdadera naturaleza del problema de las minorías musulmanas en el mundo contemporáneo.

Hay razones para afirmar que, probablemente, cualquier esfuerzo para mejorar la condición moral o material de una minoría musulmana no dará ningún fruto a menos que también afecte y enriquezca la calidad de vida del resto de la sociedad donde habita esta minoría. El problema es, en esencia, entre la minoría musulmana y la mayoría no musulmana dentro de la cual reside. Por lo tanto, es necesario que ambas partes se comprendan y se adapten la una a la otra. Si el objetivo es conservar y mejorar la calidad de vida islámica entre las comunidades musulmanas minoritarias, y si estas comunidades desean fortalecer sus creencia y su práctica del Islam, debe explorarse la manera de interactuar y coexistir de forma pacífica con las mayorías no musulmanas.

Se debe reconocer que los problemas de las minorías musulmanas son diferentes en muchos aspectos a los del mundo musulmán. Para hacer frente a su situación particular, las minorías musulmanas deben alcanzar una identidad social y política distinta a la de las comunidades musulmanas mayoritarias, para lo cual, estas últimas deberían ofrecer su asistencia y apoyo. En última instancia, esto sería beneficioso para sus propios intereses. Las reflexiones de la ummah deberían ser de carácter global y orientadas a alcanzar soluciones para el futuro, deberían presentar a examen ideas prácticas y funcionales y dar como resultado la formulación de propuestas concretas y específicas. No se debería usar a las minorías musulmanas como peones en el juego de poder entre los estados musulmanes y los no musulmanes.

Además, el mundo musulmán no sólo debe animar a que las minorías musulmanas busquen la justicia y la verdad (ta‘marūna bi al-ma‘rūf), sino que también debe advertirles y aconsejarles cuando parezca que toman el camino equivocado (tanhawnā ‘an al-munkar). El Islam, al ser un código de conducta que cubre todos los aspectos de la vida humana, ofrece normas claras sobre cómo luchar por nuestros derechos y reparar las ofensas. Por último, los esfuerzos para que las minorías consigan vivir de manera segura y en condiciones de igualdad dentro de sus sociedades, sólo pueden ser eficaces si las mayorías y las minorías musulmanas están realmente convencidas de que vivir en minoría no es ninguna aberración histórica o incluso moral.

Considerando el hecho de que más de una quinta parte de los 1.500 millones de musulmanes del mundo está viviendo como minorías y que esta situación no es previsible que cambie, no sólo se debe aspirar a un esfuerzo sincero y honesto para llevar una vida islámica plenamente gratificante bajo la égida no musulmana, sino que también se debe intentar. El Islam, tal y como lo conciben los musulmanes, es una forma de vida que abarca todas las situaciones humanas y concede una guía para infinidad de casos en el tiempo y en el espacio. Dios asegura en el Corán: “No hemos descuidado nada en la Escritura” (6:38).

BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA


-    Gilles Kepel, Al oeste de Alá. La penetración del Islam en Occident e , Paidós, Barcelona, 1995.
-    Montserrat Abumalham, Comunidades islámicas en Europa , Trotta, Madrid, 1995.
-    Joan Lacomba Vázquez, El Islam inmigrado , Ministerio de Educación y Ciencia, Madrid, 2001.
-    Tariq Ramadan, El Islam minoritario , Bellaterra, Barcelona, 2002.
-    José Luis Sánchez Nogales, El Islam entre nosotros , BAC, Madrid, 2004.
-    Michel Gilquin, Los musulmanes de Tailandia , Kálamo, Madrid, 2004.
-    VV.AA., Los musulmanes en España , Trotta, Madrid, 2004.
-    Jack Godoy, El Islam en Europa , Gedisa, Barcelona, 2005.
-    Olivier Roy, El Islam en Europa: ¿una religión más o una cultura diferente? , Univ. Complutense, Madrid, 2006.
-    Rafael Gómez Pérez, Convivir con el Islam , EUNSA, Madrid, 2007.
-    Ana I. Planet Contreras / Jordi Moreras, Islam e inmigración , Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Madrid, 2008.



NOTAS.-


[1] Extracto, traducción y adaptación del artículo aparecido en: http://www.oxfordislamicstudies.com/article/opr/t236/e0536#e0536-s0002 (Nota de la Redacción).

[2] Para más información sobre los musulmanes en China, véase Élisabeth Hallès, Musulmanes de China , Bellaterra, Barcelona, 2008; Michel Gilquin, “Musulmanes de Xinjiang, los Uyghurs ”, monográfico nº 3, revista Alif Nûn, noviembre de 2004; Redacción Alif Nun, “ El Islam en Asia Oriental ”, en revista Alif Nûn nº 32, noviembre de 2005; Eugeni Casanova, “ El Islam más prodigioso ”, en revista Alif Nûn nº 55, diciembre de 2007; Haroon Moghul, “ La frontera invisible del Islam: los musulmanes del Turquestán Oriental ”, en revista Alif Nûn nº 73, julio de 2009. (Nota de la Redacción).

[3] Este es el caso, por ejemplo, de la República de Kosovo o de las repúblicas de Asia Central. Para más información sobre los musulmanes kosovares, véase M. Ali Kettani, “ El Islam en los Balcanes y el Estado yugoeslavo ”, en revista Alif Nûn nº 54, noviembre de 2007. Para más información sobre los musulmanes de Asia Central, véase Rafis Avazov, “El Islam político en Asia Central”, en revista Alif Nûn nos 55 (diciembre de 2007) y 56 (enero de 2008) (Nota de la Redacción).

[4] Para más información sobre la llegada del Islam a la India, véase Redacción Alif Nûn, “ La India musulmana: Desde la llegada del Islam hasta la caída del Sultanato de Delhi ”, en revista Alif Nûn nº 38, mayo de 2006. (Nota de la Redacción).

[5] Véase M. Ali Kettani, Muslim minorities in the world today, Mansell, Londres y Nueva York, 1986.

[6] En el caso de Bosnia y Herzegovina, los musulmanes constituyen la comunidad más numerosa (43,7 % de la población), frente a la de los ortodoxos (31,3 %) y la de los católicos (17,3%). No obstante, desde un punto de vista estrictamente cuantitativo, continúan siendo una minoría, pues representan menos de la mitad de la población. (Nota de la Redacción).

[7] The Message of the Qur’ān , Gibraltar, 1980, p. 177. (Nota del autor).
Véase la traducción al castellano de esta obra: 
El Mensaje del Qur’ān , The Book Foundation, USA, 2006. (Nota de la Redacción).

[8] Para un análisis más detallado, véase W. Montgomery Watt, Islamic Political Thought , Edimburgo, 1968, sobre todo las pp. 130-134.

[9] Murad Hoffman, Islam: The Alternative , p. 168. (Nota del autor).
Véase la traducción al castellano del prólogo de esta obra: Annemarie Schimmel, “ El Islam como alternativa ”, en revista Alif Nûn nº 30, septiembre de 2005. (Nota de la Redacción).

[10] En los Estados Unidos, por ejemplo, se dieron situaciones tan absurdas como los ataques contra miembros de la religión sij, a quienes confundían con musulmanes (los sijs llevan turbante y largas barbas que les dan un aspecto similar al de Ben Laden), o asesinatos de árabes de religión cristiana. (Nota de la Redacción).

[11] En el año 616 d.C., cuando los musulmanes eran perseguidos y duramente castigados en La Meca, el Profeta Mu hammad decidió enviar a ochenta de ellos al reino de Abisinia, para solicitar la protección de su monarca ( negus) contra las persecuciones. Después de varias deliberaciones en las que un grupo de enviados del Quraish visitó al monarca abisinio para convencerlo de que expulsase a los musulmanes del país, el negus aceptó acogerlos en su reino y éstos vivieron pacíficamente en Abisinia, practicando con libertad su fe. (Nota de la Redacción

[12] La cita coránica dice lo siguiente: “Buscad ayuda en la paciencia y en la oración. Es ciertamente difícil, excepto para los humildes, quienes están seguros de que encontrarán a su Señor y volverán con El.” (Nota de la Redacción).

[13] En el caso de la Península Ibérica, por ejemplo, la situación cambió radicalmente cuando el reino de Granada cayó en manos de los cristianos y los musulmanes dejaron de contar con el apoyo de los gobiernos musulmanes: “La caída de Granada marcó una nueva etapa en las relaciones entre musulmanes y cristianos. En la época medieval, la situación de los musulmanes bajo gobierno cristiano era muy similar a la de los cristianos bajo gobierno musulmán: pertenecían a una minoría protegida que conservaba sus propias leyes y costumbres a cambio de un tributo en forma de dinero o especie [...] Antes de que finalizara la Reconquista, tales leyes y contratos se respetaban porque les convenía a los reyes de Aragón y de Castilla. Mientras Granada existió como una ciudad-estado musulmana, los musulmanes debieron ser tratados con respeto para asegurar que los cautivos cristianos no fueran maltratados. Sin embargo, ahora España no sólo se había convertido, al menos en teoría, en una nación completamente cristiana, sino que la pureza de fe iba a ser identificada con la pureza de sangre hasta el punto de que los cristianos nuevos o conversos, ya fueran de origen judío o musulmán, eran considerados como potenciales herejes”. Véase Roger  Boase, “ La expulsión de los musulmanes de España: un antiguo ejemplo de limpieza étnica ”, en revista Alif Nûn nº 68, febrero de 2009. (Nota de la Redacción).


A Portada
© 2009 KÁLAMO LIBROS, S.L., MADRID  (España)