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ISSN 1695-1751                                                                              Número 73 - Julio.2009 / Shaban 1430
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Estimados lectores:

           Las luchas por la independencia política de las distintas naciones del mundo islámico han sido una constante a lo largo de los últimos cien años, y en particular después de la Segunda Guerra Mundial, cuando los pueblos musulmanes gritaron al unísono contra una colonización que ya no era justificable desde ningún punto de vista. Sin embargo, aunque el colonialismo ha pasado a formar parte de la historia en casi todo el mundo islámico, todavía existen territorios de la ummah sometidos a la dominación colonial al más puro estilo decimonónico.
            En el número de Alif Nûn de este mes analizamos dos de estos casos en los que la comunidad internacional y sus instituciones no han sido capaces de afrontar este problema, debido a que, por desgracia, están en juego intereses geoestratégicos y económicos mucho más prioritarios que el derecho a la autodeterminación de los pueblos, el cual está reconocido por el derecho internacional. En el primero de nuestros artículos nos detendremos en el caso del Turquestán Oriental, territorio habitado desde tiempo inmemorial por pueblos de origen turco y que desde hace siglos se ha convertido en el objetivo del expansionismo chino. El texto repasa los antecedentes históricos de este conflicto casi olvidado y describe la situación actual y las posibles soluciones a la misma. En nuestro segundo artículo nos adentramos en el Sáhara Occidental, un territorio ocupado por el reino de Marruecos desde 1975. En este caso, el autor analiza el conflicto en el marco de la geopolítica internacional y examina el duro proceso de negociación entre las partes que se ha venido desarrollando a lo largo de las últimas décadas.
        Los otros dos artículos del número de este mes los dedicamos a un país del mundo islámico que nunca ha sido colonizado pero que, paradójicamente, permanece atrapado por su propia historia. Nos estamos refiriendo a Irán, una nación que se vio zarandeada por una occidentalización encarnada en la persona del Shah e impuesta desde arriba, y que más tarde sufrió la reacción de un pueblo hastiado y de un estamento religioso que aprovechó el descontento para hacerse con el poder. El primero de los artículos explica las razones que, en opinión del autor, han permitido sobrevivir a la Republica Islámica de Irán durante estos últimos treinta años. Para acabar, el último texto estudia en profundidad la situación creada en Irán tras las últimas elecciones y analiza la fractura producida dentro del régimen y las distintas corrientes políticas que lo representan.
          No quisiéramos terminar estas líneas sin felicitar muy cordialmente a todos los musulmanes que celebrarán el ayuno de ramadán dentro de muy poco. Nuestro próximo número de Alif Nûn será publicado, Dios mediante, el próximo mes de septiembre. Hasta entonces, nos despedimos de ustedes y les deseamos unas muy felices vacaciones estivales.

La Dirección
Frontera Invisible

        Si tuviera que informar de que un país musulmán –ligeramente más pequeño que Irán, pero aún así tres veces más grande que Francia, y afortunado por contar con unas abundantes reservas de petróleo, una rica cultura y una larga vinculación con el Islam– está sufriendo un brutal tormento, tendrían razones para mostrarse preocupados, tanto más cuanto que les resultaría difícil saber a qué país me estoy refiriendo. Esta es, de hecho, la mayor tragedia del Turquestán Oriental ocupado por los chinos, cuyo territorio limita al este con China, al sur con el Tibet y al oeste con Pakistán y los nuevos estados de Asia Central que surgieron de la dominación rusa.
        Por varias razones, entre otras por la influencia de algunos de sus más famosos defensores, oímos hablar casi todos los días sobre el trato infligido a los nativos de algunos lugares como el Tibet. Sin embargo, resulta inexcusable nuestra falta de atención hacia el Turquestán Oriental. A causa de más de medio siglo de control comunista sobre Asia Central, un tupido velo de ignorancia ha cubierto esta parte de la Ummah (comunidad islámica mundial), incluso para muchos musulmanes.

    
Sahara Occidental

        En los últimos años, el gobierno marroquí ha defendido la idea de una autonomía como solución a su disputa territorial con los partidarios de la independencia del Sáhara Occidental. Rabat ha dicho que estaría dispuesta a considerar un gobierno autónomo en el Sáhara Occidental elegido a nivel local, el cual actuaría de forma independiente con respecto al gobierno central, aunque sometido en última instancia a la soberanía de Marruecos. Por su parte, el movimiento para la independencia del Sáhara Occidental ha rechazado la autonomía y continúa reclamando el derecho a la autodeterminación, el cual se ejercería a través de un referéndum sobre el estatus definitivo entre los indígenas étnicamente saharauis del territorio.
            Existe un amplio consenso internacional, tanto político como jurídico, que apoya el derecho a la autodeterminación de las antiguas colonias europeas. Este consenso se aplicó muy recientemente en Timor Oriental. El Sáhara Occidental, como Timor Oriental, fue una colonia europea hasta mediados de la década de 1970. En 1975, el Tribunal Internacional de Justicia adoptó una decisión que marcaba un precedente, desestimando las reclamaciones históricas de Marruecos sobre el Sáhara Occidental y apoyando el derecho de los saharauis a la autodeterminación. Tanto el Consejo de Seguridad de la ONU como el Secretario General han reiterado su apoyo a una solución que facilite la autodeterminación. Esto supondría una votación que incluyera la opción de la independencia, aunque no quedara limitada a esta única posibilidad.

               
Sobrevivido Iran

         La defunción de la República Islámica de Irán fue pronosticada incluso antes de su nacimiento. Durante los agitados meses de 1979, antes de que se declarara oficialmente la República Islámica, muchos iraníes y extranjeros –tanto académicos como periodistas, participantes como observadores, conservadores como revolucionarios– pronosticaron con convicción su inminente desaparición. Considerando cada protesta callejera, cada huelga y cada conflicto provincial como un presagio de su inevitable caída, daban al nuevo régimen unos pocos meses de vida o, en el mejor de los casos, unos pocos años.

        Tales predicciones eran comprensibles. Después de todo, Irán –por no decir la historia del mundo– ha producido pocas teocracias completamente maduras. Regímenes que a menudo pasaban por ser teocracias, después de un examen más detallado han resultado no serlo. La Inglaterra de Cromwell estaba controlada por los generales y la aristocracia terrateniente. Eran los príncipes, y no los predicadores, quienes gobernaban los estados luteranos. Incluso la Ginebra de Calvino, uno de los primeros estados totalitarios, estaba administrada por juristas laicos, en lugar de seminaristas.  Además, pocos en 1979 podían contemplar la posibilidad de que clérigos formados en el seminario pudieran administrar un país que había experimentado medio siglo de moderno desarrollo y que era el hogar de cientos de miles de ingenieros, doctores, científicos, funcionarios, profesores y trabajadores de la industria. ¿Cómo podrían los mullahs, imbuidos por los escritos esotéricos medievales, ocuparse de los formidables problemas del siglo XX? No hacía falta ser trotskista en 1979 para pensar que la caída del Shah prepararía el terreno, de manera rápida e inevitable, para una más profunda “revolución permanente”.  
 
Tercera Revolucion

        La mañana siguiente a las elecciones presidenciales del 12 de junio en Irán, los iraníes encendieron sus ordenadores para buscar Fars News, el portavoz en Internet del aparato de seguridad de la República Islámica, anunciando el amanecer de una “tercera revolución”. Muchos iraníes de a pie y muchos expertos occidentales habían adoptado ya este lenguaje efectista para describir las crecientes manifestaciones callejeras contra la declaración del Ministro del Interior en la cual anunciaba que Mahmud Ahmadineyad, el presidente en funciones, había recibido el 64% de los votos, frente al 34% de su principal oponente, Mir Hossein Musavi. Aunque algunos de sus comentarios eran de los más amargos, los editores de Fars News no hacían referencia ni a las protestas, ni a la gente en las calles, ni a la posibilidad de que los disturbios pudieran hacer caer la República Islámica. En lugar de eso, los editores opinaban sobre la reorientación radical de la política iraní tan deseada por ellos. Esta reorientación podría completar la eliminación de la vieja guardia, como ocurrió durante la “primera revolución” de 1978-1979, y consolidar el control de los inflexibles partidarios de la línea dura, como ocurrió durante la “segunda revolución”, simbolizada en la toma de la embajada de los Estados Unidos en 1979.
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Toda fe es falsa, toda fe es cierta:
La verdad es el espejo roto
En mil pedazos y cada uno cree
Que su pedazo contiene el todo.


                                                   _Sir Richard Burton
                                                            " Casida "
                                                           

 

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