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ISLAM Y KEMALISMO EN TURQUÍA
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Bekim Agai [2]
El sistema educativo religioso, basado
en las madrazas o escuelas religiosas, fue desarticulado y reemplazado
por escuelas laicas y un plan de estudios unificado a nivel nacional. Los
centros de reunión religiosos fueron clausurados. Entre 1933 y 1948 resultaba prácticamente imposible estudiar religión en Turquía. Las leyes aprobadas debían ser de corte occidental. Entre 1934 y 1947 estuvo prohibida la peregrinación a La Meca. El idioma fue reformado [4] y se creó una historia del país que reforzaba la identidad nacional turca. [5] La idea de que este “proyecto civilizador” pudiera implantarse contra la voluntad del pueblo no se basaba en una especie de “despotismo oriental”, sino más bien en el enfoque “jacobino” del poder de las élites de la época. Durante su conversión en una ideología, el primer kemalismo consideró claramente al Islam como un peligro potencial para el moderno Estado nacional. Entre las características más distintivas del kemalismo estaban el nacionalismo turco y un compromiso con la república laica. Pero la idea de que el Islam no tenía
espacio en el kemalismo es sólo cierta a primera vista. Paradójicamente,
el Islam juega un papel significativo para poder comprender el kemalismo
de la nación-estado como parte de la cultura nacional turca. De hecho,
fue el Islam el que construyó una nación a partir de los
restos de las distintas etnias del Imperio Otomano, y el que convirtió
en “turcos” a kurdos, caucásicos, albaneses, bosnios, tártaros
y otros.
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De este modo, el Islam continuó siendo importante durante el inicio de la república, a pesar de las medidas antirreligiosas que fueron adoptadas por el gobierno. Además, la introducción de la democracia en 1946 condujo a un cambio en los principios del kemalismo. Desde entonces, el laicismo ha controlado la expresión religiosa a través del Estado. Asumiendo las funciones religiosas, el Estado esperaba despolitizar la religión e integrarla en su “proyecto civilizador”. La política represiva no había tenido los efectos deseados a la hora de debilitar los vínculos del pueblo con la religión, y sin embargo condujo al nacimiento de autoridades religiosas sobre la cuales el Estado no tenía influencia y cuya educación no podía controlar. Desde entonces, los partidos laicos desarrollaron
políticas para conocer las necesidades religiosas del pueblo, pero
hasta finales de los setenta esta “reislamización” no estuvo acompañada
por ninguna idea sobre una utopía política islámica.
Los grupos islámicos podían apoyar a los partidos laicos, pero,
por su parte, rechazaban la implicación del Islam a nivel estatal. De este modo, desde los años cincuenta en adelante, el kemalismo se convirtió en un actor importante del escenario islámico. Con la declaración de la república, los asuntos religiosos y la observancia pública de la religión fueron encomendados a un Consejo para Asuntos Religiosos (Diyanet Işleri Başkanliği, Diyanet para acortar), el cual aumentó su influencia durante los años siguientes. La tarea del Diyanet, según la constitución y el deseo kemalista de homogeneizar la sociedad, era asegurar la unidad nacional. La consecuencia paradójica del laicismo turco fue un Islam sunní estatal que predicaba la política del Estado. Esta “religión estatal” se convirtió
en la base de la educación religiosa en los colegios y de la formación
de los líderes religiosos, patrocinada por el Estado. Sin embargo,
entre el 20 y 30% de la población, los alevíes, no estaba
representada por el sistema.
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Günter Seufert, experto en Turquía, llega
a la siguiente conclusión: “El laicismo turco no satisface sus
aspiraciones laicistas de separar religión y Estado y de regular
la relación entre ambos, pero permite al Estado monopolizar la
definición de la religión e institucionalizar la vida religiosa.” El Islam siempre ha formado parte del programa de los partidos de centro-derecha. A principios de los años setenta, sin embargo, Necmettin Erbakan fundó el Partido de Salvación Nacional (Milli Selamet Partisi), como resultado de un entorno específicamente religioso. Alrededor del partido se reunieron grupos islámicos que tenían como referencia a estados islamistas del exterior. No sólo deseaban una Turquía más islámica, sino un tipo de Estado completamente diferente.
A nivel del liderazgo, sin embargo, pronto resultó evidente que había diferentes bandos con diferentes objetivos ideológicos. Figuras influyentes dentro del partido deseaban crear su “orden justo” dentro de un Estado islámico. Cuando, antes de que tomara posesión de su cargo, Erbakan expresó su rechazo a la integración en la Unión Europea, describiéndola como una “conspiración sionista”, sus comentarios fueron recibidos con desconfianza. Sus primeros viajes al extranjero como primer ministro fueron a Libia e Irán y se consideraron una clara ruptura con la tradicional alineación de Turquía con Occidente. Varias provocaciones de Erbakan cuidadosamente orquestadas tuvieron como consecuencia que las élites kemalistas del país cambiaran su percepción del Islam. El 28 de febrero de 1997, los militares intervinieron públicamente divulgando un documento donde se describía el islamismo como el mayor peligro para el país. El llamado “proceso del 28 de febrero” culminó con la dimisión de Erbakan como primer ministro, la prohibición del RP (y en junio, la de su partido sucesor), así como el juicio a una serie de alcaldes del Partido del Bienestar. La agresiva política de Erbakan
había ido demasiado lejos para algunos líderes del partido.
Desde principios de los años noventa los llamados “modernizadores”
(yenilikçiler) habían estado criticando la insistencia
del partido en la hegemonía cultural del Estado. De esos elementos,
centrados en el antiguo alcalde de Estambul, Recep Tayyip Erdoğan, surgió
el Partido de la Justicia y el Desarrollo (Adalet ve Kalkinma Partisi
, AKP). El AKP obtuvo una victoria arrolladora en las elecciones generales del 3 de noviembre de 2002, y el hecho de que los partidos más pequeños fracasaran a la hora de entrar en el parlamento, debido a la norma que exige que un partido obtenga el 10% de los votos para poder ocupar un escaño, dio al AKP una mayoría de casi dos terceras partes y supuso el fin de los años de coaliciones inestables entre diversos partidos igualmente poderosos. La participación creció, entre otras razones por el programa político del AKP. Los fundadores del partido, centrados en el actual ministro de Asuntos exteriores, Abdullah Gül, [8] y en el primer ministro, Erdoğan, habían elaborado su política teniendo muy en cuenta la realidad kemalista del país. El AKP se describe como de clase media,
nacionalista y conservador, y se compara con los cristianodemócratas
alemanes.
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Durante la campaña electoral, el partido
se mostró a favor de facilitar la inversión y pidió
la privatización de las empresas nacionalizadas, una mayor democratización
y más participación de la sociedad civil. La política del partido con respecto
a Europa, la cual ha tenido un efecto importante sobre su política
nacional y su filosofía política, ha Durante los primeros dieciocho meses de gobierno del AKP, el sistema político turco ha sido más europeísta que nunca. Conforme a las exigencias de la UE, se han aprobado muchas leyes que afectan a los elementos esenciales de la filosofía política kemalista. Por ejemplo, finalmente y después de muchos intentos anteriores, habrá programas en idioma kurdo en la televisión estatal. El kurdo también está ahora permitido en las instituciones educativas y la gente puede llevar nombres kurdos. [10] También ha habido cambios en el terreno de la libertad religiosa. De acuerdo con el kemalismo y el partido Refah, la identidad turca se basaba en una cultura turca sunní. Reconocer la igualdad de otras comunidades religiosas con el Islam sunní ha sido un hito. De este modo, en lo que respecta a los dos asuntos del idioma y la religión, no sólo se tolera el pluralismo, sino que la ley lo garantiza. La razón por la cual el “islamista”
AKP ha llevado a cabo estas reformas y no ha continuado con la política
de Erbakan puede entenderse mejor en el contexto de la evolución
del pensamiento islámico durante los últimos diez años. El islamismo, como ideología política de masas dirigida a cambiar por completo el sistema, ha fracasado en Turquía. Hay una serie de razones para este fracaso: en primer lugar, el gobierno de Erbakan no hizo más islámico al Estado, tan solo condujo el clima político hacia una crisis. El terrorismo islamista turco dirigido contra objetivos nacionales también tuvo su influencia. Las encuestas demuestran que el número de quienes apoyan una ley turca basada en la Sharia ha disminuido drásticamente en estos pocos últimos años. Además, la clase media turca que se sentía cercana a Erbakan se ha vuelto más pragmática. Está más interesada en Europa que en Libia. Resultó apropiado que el primer viaje al extranjero de Erdoğan como primer ministro fuera a Grecia. La esperanza de Erbakan de unos lazos más fuertes con el mundo árabe ha demostrado ser inviable. Al mismo tiempo que tenían lugar estos acontecimientos, se producían cambios en la filosofía política de influyentes intelectuales musulmanes. La idea de un Estado islámico era una utopía; consideraba que los verdaderos problemas se acababan con la llegada al poder y, a partir de ahí, confiaba en la lógica interna de su ideología. Pero la realidad en otros países musulmanes era bien distinta. El Estado islámico se convirtió en objeto de controversia. El periodista e intelectual musulmán Ali Bulaç, por ejemplo, planteaba críticas fundamentales al moderno Estado nacional, pero también objetaba que los intentos de Estado islámico hasta el momento se habían dirigido hacia una idea de Estado totalitario y culturalmente homogéneo. Muchos políticos realistas vieron que, o bien Turquía pasa a formar parte de la Europa liberal, con reformas que conduzcan hacia Occidente y una mayor libertad, o continúa siendo un Estado nacional bajo la protección de los Estados Unidos: un puesto avanzado permanente en Oriente Medio y un buen ejemplo para países como Pakistán y Afganistán, donde los derechos del pueblo también están siendo sacrificados en favor de la estabilidad. [11] Por eso, cuando en 1999 la Unión
Europea hizo una sincera oferta en Helsinki, la mayoría de los turcos
estuvo a favor de aceptarla. Debe tenerse en cuenta que los islamistas reformistas de Turquía sólo se harán valer si ofrecen al país una opción realista de unirse a la UE. Si las negociaciones fallan existe el peligro real de que elementos de la sociedad turca que se creían pertenecientes al pasado –no sólo los elementos islámicos– puedan resurgir. Los kemalistas deberían considerar
el renacimiento islámico como un éxito para la república
turca, y no como un peligro. Ya es tiempo de que el kemalismo se adapte
a la realidad política si desea dar a Turquía un espacio estable
dentro de la comunidad europea de naciones. Las condiciones para la reconciliación
entre los viejos enemigos son mejores que nunca. BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
- VV.AA, Hesperia Culturas del Mediterráneo. Especial Turquía , Fundación J.L. Pardo / Tres Culturas, Madrid, enero de 2006. NOTAS.- [1] Traducción y adaptación del texto aparecido en: http://www.qantara.de/webcom/show_article.php/_c-301/_nr-45/_p-1/i.html (Nota de la Redacción). [2] Bekim Agai ha cursado Estudios Islámicos, Historia y Psicología en la Universidad de Bonn (Alemania). Actualmente es profesor de Estudios Islámicos en el Instituto de Estudios Orientales y Asiáticos de la Universidad de Bonn. (Nota de la Redacción). [3] Atatürk significa “padre de los turcos”. (Nota de la Redacción). [4] El idioma turco se modificó radicalmente, cambiando el alfabeto basado en caracteres árabes por otro basado en el latino y sustituyendo los numerosos préstamos del árabe y del persa por palabras de origen turco. Hasta tal punto el cambio lingüístico fue profundo que algunos filólogos hablan de dos idiomas distintos: el turco otomano y el turco moderno. (Nota de la Redacción). [5] Esta tendencia nacionalista culminó con el nacimiento de la moderna República de Turquía, pero ya se inició a finales del Imperio Otomano. Martin Kramer afirma: “Los súbditos de lengua turca del Imperio Otomano habían sido expuestos al nacionalismo estilo europeo, en gran parte por la penetración de éste en los Balcanes. Los musulmanes de lengua turca comenzaron por aquel entonces a construirse una nueva identidad como turcos, una tendencia reforzada por los filólogos y los románticos europeos, quienes buscaban consolidar la grandeza de una antigua civilización ‘turania’. Debido a los tropiezos del Imperio Otomano, las autoridades otomanas intentaron dar a este imperio políglota un mayor carácter de nación-estado a la europea, imponiendo el uso del turco a expensas de otras lenguas, incluida el árabe.” Véase Martin Kramer, “ Nacionalismo árabe: una identidad falsa (I) ”, en revista Alif Nûn nº 64. octubre de 2008. (Nota de la Redacción). [6] Al contrario de la República de Turquía, que insistió en su especificidad “turca”, el Imperio Otomano, en su época de esplendor (siglos XV-XVII) tuvo un carácter multiétnico. Para más información, véase Redacción Alif Nûn, “ Política y sociedad en el Imperio Otomano ”, en revista Alif Nûn nº 34, enero de 2006. (Nota de la Redacción). [7] Los alevíes son seguidores de una rama del Islam chií, con algunas influencias preislámicas. La orden sufí bektashi es un elemento significativo del alevismo. Para más información sobre los alevíes, véase Xavier de Planhol, Minorías en el Islam: una geografía de la pluralidad , Bellaterra, Barcelona, 2002. Para más información sobre la orden sufí Bektashi, véase A. Popovic / G. Veinstein (coord.), Las sendas de Allah. Las cofradías musulmanas desde los orígenes hasta la actualidad , Bellaterra, Barcelona, 1997. (Nota de la Redacción). [8] Abdullah Gül es presidente de la República de Turquía desde el 28 de agosto de 2007. (Nota de la Redacción). [9] De hecho, en enero de 2005, el AKP fue admitido como miembro observador del Partido Popular Europeo, el partido conservador de la UE. Michael Hirsh, comparando la situación de Turquía con la del mundo árabe, afirma lo siguiente: “Lo mejor que puede suceder, dicen algunos expertos, es que después de una generación más o menos, la etiqueta ‘islámica’ de los partidos religiosos árabes se convierta en algo superficial, parecido a lo que ocurrió con los partidos cristianodemócratas en Europa. Poco a poco, esto ya puede estar ocurriendo en Turquía, donde el parlamento está dominado por la mayoría islámica del Partido de la Justicia y el Desarrollo. El líder del PJD, el primer ministro Recep Tayyip Erdogan [...] ha mostrado un impresionante grado de pragmatismo en el gobierno.” Véase Michael Hirsh, “ Malinterpretar el Islam ”, en revista Alif Nûn nº 61, junio de 2008. (Nota de la Redacción). [10] Para más información sobre la situación del pueblo kurdo, véase Nazanín Amirian, Los kurdos. Kurdistán, el país inexistente , Flor del Viento, Barcelona, 2005; Jacqueline Sammali, Ser kurdo ¿es un delito? , Txalaparta, Bilbao, 1999. (Nota de la Redacción). [11] Para más información, véase Kamran Ali Asdar, “ Pakistán, un turbulento ‘paraíso en la tierra’ ”, en revista Alif Nûn nº 71, mayo de 2009; Olivier Roy, “ Pakistán y los talibanes ”, en revista Alif Nûn nº 71, mayo de 2009. (Nota de la Redacción). A Portada |
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