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ALIF NÛN
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Estimados
lectores:
Durante siete siglos, el Imperio Otomano representó
para la mayor parte de los musulmanes el símbolo del poder político.
Herederos de los grandes imperios del Mediterráneo y de Oriente Medio,
los otomanos compitieron de igual a igual con la Europa cristiana para alcanzar
la hegemonía política y económica. Musulmanes de todas
las razas, además de cristianos y judíos, fueron súbditos
de un imperio que llegó a su fin tras la Primera Guerra Mundial,
dando paso en 1923 a la moderna República de Turquía.
El número de Alif Nûn de este mes
nos presenta dos artículos que profundizan en la realidad del Imperio
Otomano y de la Turquía actual. El primero de ellos estudia de cerca
la institución del harén en el contexto del poder político
otomano. Desde el mundo occidental a menudo se ha proyectado una visión
simplista de esta institución, retratando la imagen de unas mujeres
indefensas y sin derechos que permanecían enclaustradas, sin posibilidad
de ejercer ningún tipo de influencia en la sociedad. Sin embargo,
este artículo plantea una perspectiva bien distinta, desmitificando
algunos de los estereotipos más generalizados en Occidente en lo que
respecta a la mujer musulmana y el poder político.
El moderno Estado turco ha tratado de presentar
a Occidente el rostro de un “Estado laico moderno” a la vez que monopolizaba
la educación religiosa en el país y trataba de controlar las
expresiones religiosas a nivel público, con el fin de asegurar la
unidad nacional. El segundo de los artículos de este mes analiza este
papel contradictorio y paradójico que ha jugado el Islam en la moderna
República de Turquía, desde la abierta persecución contra
los musulmanes durante los años veinte y treinta del siglo pasado
hasta el reciente ascenso de los partidos políticos de inspiración
islámica.
El siguiente artículo abandona Turquía,
aunque no el Islam. El Corán, libro sagrado de los musulmanes, constituye
un elemento central dentro de la religión islámica y, puede
decirse sin temor a exagerar, que ha dado forma a toda una civilización.
En este artículo se intentan aclarar algunos conceptos básicos
acerca del sagrado Corán y dar algunas pistas a los lectores poco
familiarizados con él, para evitar malos entendidos y falsas interpretaciones.
Para terminar, el cuarto y último artículo
de este mes nos acerca a la figura y el pensamiento de René Guénon,
uno de los grandes metafísicos del siglo XX y quizá el principal
representante de la llamada sophia perennis.
La Dirección.
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Los occidentales somos herederos de una antigua aunque
todavía poderosa tradición de obsesión con la sexualidad
de la sociedad islámica. El harén es, sin duda, el símbolo
más importante entre los mitos occidentales construidos en torno
al tema la sensualidad musulmana. Uno de los periodos más fértiles
en la producción de textos e imágenes relacionados con este
tema fue el final del siglo XVI y el comienzo del XVII, y el asunto más
recurrente fue el la corte del sultán otomano. Preocupada con sus
propias formas de monarquía absoluta, Europa elaboró el mito
de la tiranía oriental y localizó su centro en el harén
del sultán. Las orgías sexuales se convirtieron en una metáfora
del poder corrupto.
De hecho, los europeos acertaron al considerar el harén
como un importante escenario político. No fue el sexo, sin embargo,
la dinámica fundamental del harén, sino más bien la
política familiar. Esto no significa que el sexo –el deseo sexual
y el acto sexual– no fuese una fuerza activa dentro del harén imperial,
sino que sólo fue una entre varias y, durante la mayor parte del periodo
aquí examinado, una fuerza relativamente poco importante.
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El 29 de octubre de 1923 fue proclamada
en Ankara la República de Turquía. Su primer presidente fue
Mustafá Kemal, apodado más tarde Atatürk. El viejo
califato daba paso a una nación-estado laica, con nuevas estructuras
estatales y un nuevo sistema legal. Para los modernizadores revolucionarios,
el Islam era un obstáculo en el camino hacia una república.
El sistema educativo religioso, basado
en las madrazas o escuelas religiosas, fue desarticulado y reemplazado por
escuelas laicas y un plan de estudios unificado a nivel nacional. Los centros
de reunión religiosos fueron clausurados.
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El Islam es hoy en día la
religión de unos mil millones de personas. No sería correcto
pensar que todos los musulmanes están familiarizados con la historia
de cómo se fundó su religión. Dicha historia nunca
ha tenido mucho interés para la mayoría de los musulmanes.
Lo importante de los hechos históricos es simplemente que Dios actúa
a través de ellos. Los sucesos significativos del pasado son los que
tienen un impacto directo en la situación actual de las personas y
en su situación en la otra vida. Desde este punto de vista, el único
acontecimiento de una importancia abrumadora es que Dios ha revelado el Corán.
Las verdaderas circunstancias históricas y sociales en las cuales
fue revelado tienen que ver con un ámbito de conocimiento sumamente
especializado del que pocos estudiosos se han ocupado. El hecho de que los
historiadores occidentales hayan prestado una gran atención a este
asunto dice mucho sobre lo que resulta verdaderamente importante para el
punto de vista moderno, pero no dice nada sobre la manera en que los musulmanes
entienden el Corán.
La mayor parte de este libro estará dedicada
a extraer algunas de las conclusiones más obvias acerca de las enseñanzas
del Corán, incluyendo lo que el Corán tiene que decir sobre
sí mismo. En este punto, sin embargo, sería útil decir
algo sobre la forma del Corán, pues la mayoría de nuestros
lectores probablemente nunca haya visto el libro mismo, aunque algunos puedan
haber visto una traducción.
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De las tantas anécdotas y
circunstancias que rodean al legado escriturario de René Guénon,
es probable que una de las más llamativas al interés de sus
estudiosos y seguidores sea el significativo homenaje rubricado en “El simbolismo
de la Cruz” hacia el Sheikh Abder-Rahman Elish El Kebir, quien fuera su primer
iniciador al Islam dentro de la vía shâdhilita y mediante la
función de persona interpuesta delegada en su moqadam, el Sheikh Abdul
Hadi (Ivan Agueli).
Se sigue, por las cualidades del
autor y por la naturaleza de los temas tratados, que dicha “dedicatoria”,
ornada con tres títulos atributivos, comporte posibilidades
reservadas y un simbolismo implicado en tanto se asuma la necesidad inevitable
de las realidades que comportan las formulaciones tradicionales en cuanto
los diversos niveles de interpretación, sin exclusión y debidamente
jerarquizados. Luego, nos ha parecido oportuno señalar, al
menos parcialmente, algunas pautas al respecto y que puedan servir de alguna
forma a quien se interese en el punto.
Según conocedores del tema,
hay coincidencias en otorgar a Guénon, entre otras cualidades, una
notable condición de Hurufi y por lo que no sería extraño
que una dedicatoria de su autoría, tan caracterizada como la que
nos atañe, no deje de suscitar un especial interés en el marco
de la orientación señalada.
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En ti están la
mezquita y la escuela.
En vano te agitas,
cuando Él descorra de tus ojos el velo,
tierra, cielo, todo será visión.
Entonces enjugaré mi rostro,
cada momento nacerá para mí una luna.
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