PAKISTÁN Y LOS TALIBANES [1]

Olivier Roy [2]



    Frontera Afganistan Pakistan El apoyo pakistaní a los talibanes desde 1994 puede explicarse a dos niveles: 1) una perspectiva geoestratégica, diseñada en la época de la invasión soviética de Afganistán, con el objetivo de imponer la influencia regional de Pakistán, estableciendo un tipo de control sobre Afganistán mediante un movimiento fundamentalista dominado por la etnia pashtún, 2) una conexión ideológica y religiosa proporcionada por las extensas redes de madrazas extraoficiales en Pakistán que, si bien suponen un desafío para las credenciales islámicas del gobierno pakistaní, también le ofrecen unos recursos no gubernamentales para influir en la región. Empleando el segundo nivel para poner en práctica el primero, los diversos gobiernos pakistaníes o, más exactamente, el estamento militar a cargo de la política regional de Pakistán, han tenido éxito a la hora de promover sus intereses sin implicarse muy directamente, tanto en términos monetarios como humanos. Pakistán siempre ha sido capaz de negar de manera convincente su papel en Afganistán, con poca o ninguna presión por parte de la comunidad internacional. Pero el fracaso talibán en obtener una decisiva victoria y el estancamiento de la situación ha provocado un efecto negativo en Pakistán: la creciente radicalización e internacionalización del “eje islámico” (encarnado en el caso de Osama bin Laden), las consecuencias económicas del contrabando transfronterizo y una hostilidad cada vez mayor por parte de la comunidad internacional. Pakistán se enfrenta ahora a una elección: continuar con su “atrevida política” o, como hizo temporalmente con Cachemira en mayo de 1999, reducir la tensión suavizando su apoyo a los talibanes.

Hasta cierto punto, la cuestión afgana es muy similar a la de Cachemira: una frontera disputada (la Línea Durand), un territorio (“Pashtunistán”) cuyo estatus ha estado en litigio desde la época de la partición en 1947, [3] el uso de movimientos islamistas radicales para evitar afiliaciones de carácter étnico y nacionalista, una participación indirecta de los militares pakistaníes en el apoyo a los movimientos islamistas y una progresiva internacionalización del conflicto. De hecho, la política pakistaní manifiesta el dilema del Estado de Pakistán desde su fundación.

Pakistán fue el primer país en establecerse como un Estado islámico, es decir, un Estado cuyo objetivo es reunir a todos los musulmanes del subcontinente indio, sin importar su etnia o idioma. Al contrario de muchos Estados ideológicos, Pakistán tuvo pocas oportunidades para desarrollarse como una simple nación-estado, basada en el territorio, las instituciones y la ciudadanía. Siempre ha estado comprometido con su reivindicación ideológica y transnacional de reunir a todos los musulmanes de la zona. Tras el fracaso de Pakistán Oriental, [4] el factor islámico en la política exterior se hizo más importante en la época de la invasión soviética de Afganistán. De hecho, la dimensión islámica en la política regional de Pakistán no es un factor ideológico más, sino que está relacionado muy de cerca con las necesidades estratégicas, como veremos en el caso de Afganistán.

1.- El gran proyecto pakistaní

Las relaciones entre Pakistán y Afganistán han sido tirantes desde la partición del imperio indio en 1947. Afganistán fue el único país que no votó a favor de la admisión de Pakistán en la ONU. El asunto espinoso era la frontera que separa a los dos países. Afganistán no consideraba (y continúa sin hacerlo) la Línea Durand, creada por los británicos a finales del siglo XIX, como una frontera internacional, sino como una línea divisoria entre las zonas de influencia de los dos grupos de tribus pashtunes. Para desgastar a Pakistán, el príncipe Daud, primer ministro de Afganistán entre 1954 y 1963, y presidente desde 1973 a 1978, dio paso a la cuestión de “Pashtunistán”, es decir, la búsqueda de la autonomía –si no de la independencia– para la provincia pakistaní de la Frontera del Noroeste, habitada por pashtunes o patanes. Desde 1947 hasta 1989, todos los gobernantes en Kabul se han puesto de parte de Nueva Delhi. Se enviaron oficiales afganos a la India para recibir entrenamiento, y la estrecha relación militar entre ambas capitales y Moscú también fue una preocupación para Islamabad.

Gulbuddin Pakistán ha adoptado una política defensiva hacia Afganistán desde 1978. Se ha cerrado la frontera cada cierto tiempo, y después del golpe de Estado de Daud contra su primo, el rey Zaher, Pakistán ofreció asilo a una serie de grupos islamistas encabezados por jóvenes militantes como Hekmatiar y Masud, quienes se convertirían en los líderes de los movimientos islamistas de muyahidines durante los años ochenta. [5] Los principales actores de la conexión afgana-pakistaní ya ocupaban su lugar a principios de los años setenta: los líderes islamistas afganos, directamente supervisados por un movimiento político-religioso pakistaní, Yama‘at Islami (uno de cuyos líderes, Qazi Hussein Ahmed, un pashtún, se encargaba de asesorar, por no decir supervisar, al recién nacido movimiento afgano, y se convertiría en el emir del movimiento en 1987) y los oficiales de inteligencia pakistaníes, muchos de ellos pashtunes, que dieron entrenamiento a los islamistas afganos. Como veremos, existían otras conexiones entre Pakistán y Afganistán, pero carecían del apoyo del gobierno. [6]  

La invasión soviética de Afganistán ofreció una oportunidad a Pakistán para llevar a cabo una política más ofensiva. El gran éxito del general Zia iba a provocar que Washington respaldara su propia decisión de golpear con la herramienta islámica en la región, en el nombre de una política “restrictiva” contra la Unión Soviética.

La política afgana del general Zia fue muy compleja. En primer lugar, la opción islámica y la cuestión étnica siempre habían estado estrechamente vinculadas, aunque esta relación nunca fuese reconocida como tal. Islamabad apoyaba a los partidos pashtunes “islamistas”, sobre todo al Hizb-i Islami de Gulbuddin Hekmatiar (y luego a los talibanes), para agotar a los principales grupos étnicos. De ahí que la cuestión de “Pashtunistán” fuese reemplazada por la solidaridad islámica, aunque se dio una nueva importancia y un mayor margen de maniobra a los pashtunes pakistaníes. De hecho, en lugar de reprimir a sus propios “patanes”, la élite militar pakistaní (dominada por los panyabíes, peroGeenral Masud donde los pashtunes tenían una gran representación si la comparamos con su peso demográfico) decidió dar un giro a la cuestión de Pashtunistán, borrando las fronteras en disputa y echando raíces en Afganistán. De este modo, la política étnica y la religiosa estaban íntimamente relacionadas: la cuestión islámica, usada para eludir la étnica, de hecho reforzó a los grupos dominantes, tanto en Afganistán como en Pakistán. Otro efecto secundario positivo de esta política “islámica” fue el empleo de la oleada islamista, que había barrido el Oriente Medio durante los años ochenta, para dirigirla contra el comunismo en lugar de contra Occidente, y para fortalecer el componente sunní, rebajando la influencia iraní en la zona. De hecho, jugar esta carta permitió a los pakistaníes obtener el apoyo norteamericano contra todos sus vecinos (Irán y la India).

Un segundo aspecto de esta política fue la creación de un gobierno amigo en Afganistán –o, más exactamente, un “socio subalterno”–, usando las conexiones étnicas y religiosas. Durante toda la guerra, la política pakistaní fue la de mantener un tutelaje permanente sobre el movimiento muyahiddin afgano, mediante el reparto de armas, la posibilidad de expedir documentación a los refugiados y el uso de instalaciones y campamentos en Pakistán. Esta política de patronazgo fue bastante flexible y sutil: aunque algunos grupos obtuvieran la mayor parte de la ayuda, ninguno perdía todo el apoyo.

Eran múltiples los beneficios estratégicos que se esperaban: romper el eje Kabul-Nueva Delhi, conseguir “profundidad estratégica” con respecto a la India, [7] aislar a Irán, reforzando la especificidad sunní de los movimientos islamistas, y abrir un corredor hacia Asia Central, en caso de un colapso de la URSS. Por supuesto, este último objetivo no fue formulado en 1979, pero parece que los militares pakistaníes, al contrario que los diplomáticos, comprendieron muy rápidamente la debilidad de la URSS –los servicios de inteligencia pakistaníes (ISI) fomentaron, por no decir que organizaron, incursiones armadas dentro del territorio de la URSS en 1987. [8] Pakistán estaba aprovechando el apoyo y la decisión norteamericanas para disponer de vía casi libre en la elaboración de una política de apoyo a los muyahiddines, mientras gozaban de protección frente a la violenta reacción soviética. Washington y Riad entregaron una gran cantidad de dinero. De hecho, aunque arriesgada, la política pakistaní fue inteligente y pareció tener éxito cuando las tropas soviéticas abandonaron Afganistán en febrero de 1989.

Sin embargo, fracasaron los intentos de situar a Hekmatiar al mando en Kabul: el régimen comunista de Nayibullah se mantuvo en el poder hasta 1992 y cayó en marzo de ese año a manos de Masud, no de Hekmatiar. Hekmatiar no consiguió expulsar a Masud de Kabul durante cuatro años de guerra civil y de bombardeos. Entretanto, el poco discreto apoyo de Hekmatiar a Saddam Husein durante la guerra del Golfo había contrariado a los saudíes.

Pakistán tenía que jugar otra carta fundamentalista pashtún en Afganistán.

2.- La conexión islámica

La conexión religiosa entre Afganistán y el subcontinente indio viene de lejos. [9] La mayor parte de la instrucción religiosa provino del subcontinente después de que Irán se convirtiera al shi’ísmo (en el siglo XVI) y Asia Central cayera bajo el dominio ruso. [10] La conexión  se produjo a dos niveles. Por un lado, los ulemas afganos solían acudir a las principales madrazas de la India (madrazas de influencia deobandi, después de 1867). [11] Debe recordarse que el persa fue el idioma oficial del imperio mongol (hasta 1857) y continuó siendo una de las principales vías de islamización, antes de que fuera lentamente reemplazado por el urdu. De este modo, hubo una comunidad lingüística (persa) y religiosa (sunní hanafi). [12] Por otro lado, la “frontera” era el lugar de un movimiento casi misionero, fundado por los mollahs reformistas de la India, quienes instigaron el yihad contra sikhs y británicos. Esta tradición de militancia en la frontera se expresó mediante la construcción de madrazas en las zonas rurales. A menudo en áreas tribales, hombres “santos” –unas veces enraizados en una tradición sufí y otras en una concepción del Islam más fundamentalista y literalista que los representantes políticos británicos ya habían apodado “wahabismo”– con frecuencia servían de instrumento para unir a las tribus contra un enemigo externo común.

Resulta bastante extraño que Afganistán nunca desarrollara su propia red de madrazas de alto nivel. “Ir a la India” era el modo habitual en que los ulemas buscaban adquirir un grado más alto de estudios. Después de la partición de 1947, los mollahs afganos dejaron de ir al Estado indio “infiel” y acudieron a Pakistán. Preocupado por esta relación con el “enemigo” y obsesionado por las frecuentes revueltas tribales lideradas por carismáticos líderes religiosos, la monarquía afgana intentó establecer un “clero estatal” mediante una Facultad de Shariat creada en 1951, cuyos primeros profesores fueron enviados a al-Azhar, en El Cairo, para recibir formación. Como era de esperar, los ulemas formados en Pakistán no fueron contratados por el gobierno afgano en la recién creada Facultad de Shariat. Pero la política del gobierno para evitar la “conexión pakistaní” no funcionó, e incluso resultó contraria a sus intereses: los ulemas enviados a El Cairo (al-Azhar) simpatizaron con el movimiento de los Hermanos Musulmanes, el cual iba a convertirse en un estrecho aliado del Yama‘at-i-islami de Pakistán. [13] Por otro lado, aumentó la separación entre el gobierno y los mollahs “privados”. El hecho de no haber sido admitidos en el reducido grupo de clérigos oficiales no era importante para ellos, pues se apoyaban en la población local o en las madrazas pakistaníes donde se habían formado.

La consecuencia de esta exclusión del clero estatal (y, por lo tanto, urbano) fue que Afganistán ha sido, junto a Pakistán, uno de los pocos países musulmanes donde se ha desarrollado una red de madrazas en las áreas rurales y, más en concreto, en las tribales. Más o menos relacionadas con los círculos sufíes naqshbandíes, [14] aunque desarrollando un tipo de fundamentalismo literalista, estas madrazas florecieron en el sur y en menor medida en el norte, pero no en el centro (shi’í), este y oeste. Estas madrazas sustituyeron a las relaciones tribales y unieron a gentes de diferentes clanes y tribus.

Normalmente, los directores de las madrazas estudiaban en madrazas pakistaníes, llevando así a Afganistán la rama del Islam que se enseñaba en Pakistán. Dos son los modelos que parecen estar en juego, aunque ambos están relacionados con la escuela deobandi del siglo XIX. El menos importante es el de los panypiri, nombre que proviene del lugar donde está situada la madraza “madre”, en la provincia pakistaní de la Frontera del Noroeste. Vinculados con el movimiento Ahl-i Hadith, los ulemas panypiri son conocidos como wahabíes en Afganistán, por su fuerte tendencia antisufí y, más concretamente, contra las peregrinaciones a las tumbas de los santos. Este movimiento está arraigado principalmente entre los tayikos y los uzbecos de la provincia afgana de Badajshán, y recientemente se unió al movimiento talibán. La mayoría de las madrazas del sur de Afganistán están vinculadas con el movimiento Yama‘at Ulama Islami de Pakistán, expresión política del movimiento deobandi. La mayor madraza “madre” es la Haqqaniyya, en Akora Jattak (Frontera del Noroeste), dirigida por el senador Sami-ul Haqq. Como suele ser habitual, la conexión islámica también tiene algo que ver con la étnica. Aunque en las madrazas pakistaníes se usaban diversos idiomas (urdu, pashtún, persa, árabe), y a pesar del hecho de que la mayoría de los estudiantes eran bilingües o multilingües en unas escuelas carentes de prejuicios étnicos, tuvo lugar una especie de polarización étnica, principalmente por medio del idioma. Por razones demasiado complejas para ser expuestas en este artículo, una red de madrazas se ha desarrollado en el sur de Afganistán, a lo largo del valle de Arghandab y alrededor de Kandahar, superando la división tradicional entre los pashtún durrani y los pashtún ghilzai. Aunque, como dijimos, muchos de los fundadores eran miembros de ordenes sufíes (tariqat), parece que el cambio generacional, acelerado por la guerra, ha marginado a los maestros (pir ) tradicionales. Aparentemente, éstos no han sido reemplazados por sus representantes (jalifa ), sino por una nueva generación de ulemas que poseen una doble legitimidad: religiosa, por su educación en Pakistán, y militar, por sus acciones de guerra. Resulta bastante interesante comprobar cómo esta nueva generación comparte muchos rasgos con los comunistas pashtunes: no pertenecen a la aristocracia tribal y, desde muy jóvenes, se apuntaron en escuelas (militares, en el caso de los comunistas, y religiosas, en el de los talibanes) que superaban las diferencias tribales, desarrollando así una relación  tanto a un nivel supranacional (la revolución mundial, para los comunistas, y la ummah islámica, para los talibanes) como étnico (los pashtunes, no importa cuál fuera el origen tribal). No es por casualidad que muchos antiguos funcionarios comunistas se unieran a los talibanes para combatir contra Masud.

Durante los años ochenta, estas redes se unieron en dos de los principales partidos de muyahiddines , el Harakat-i Inqilab-i Islami de Nabi Muhammedi, y el Hizb-i Islami de Yunus Jales, dos partidos pashtunes y fundamentalistas. En esa época no se mostraban como un movimiento militar y político, pero ya eran conocidos como talibanes.

3.- Pakistán y el movimiento talibán

El actual movimiento talibán toma sus características de tres elementos: una repentina transformación, dentro de Afganistán, de una amplia red local de carácter religioso en un movimiento político y militar bajo el carismático liderazgo de Mollah Omar (agosto de 1994); la decisión pakistaní de respaldar el movimiento y usarlo como su nueva herramienta al servicio del mismo “gran proyecto”; y el vínculo de los talibanes con el eje islámico internacional, establecido en Pakistán durante la época de la guerra afgana.

Mollah Omar En agosto de 1994, Mollah Omar –él mismo un pashtún ghilzai, pero adscrito a la madraza de Panywai, situada en zona durrani– lanzó un ataque contra los antiguos comandantes muyahiddin convertidos en salteadores de caminos (Daro Jan). [15] Recibió el apoyo de una asociación de comerciantes pashtunes con base en Pakistán y facilitó el trabajo a los transportistas, que se veían afectados por los peajes y los sobornos impuestos por los “comandantes”. En unas semanas, tomó Kandahar. El ministro pakistaní de interior, el general Babar, decidió aprovechar la ocasión (es interesante observar que el ministro pakistaní encargado de Afganistán es el de interior). El general Babar se esforzó por “vender” los talibanes a la comunidad internacional y organizó un viaje desde Kandahar a Herat para los embajadores occidentales acreditados en Islamabad, incluyendo al embajador de los EE.UU (sin ninguna autorización del gobierno legal afgano, aunque fue reconocido por la comunidad internacional). Un grupo de miembros de alto rango del ISI fue apostado en Kandahar, mientras que agentes pakistaníes, como el coronel Iman en Herat, trabajaban de manera encubierta para convencer a los comandantes locales de que se unieran a los talibanes. De este modo, se proporcionó ayuda financiera, logística y militar a los talibanes.

En esa época, se produjo un cambio en los círculos religiosos pakistaníes. La Yama‘at Islami , un firme apoyo de Gulbuddin Hekmatiar y un puente entre Pakistán y los ambientes islamistas de Oriente Medio, comenzó a perder cierta influencian en favor de movimientos más conservadores, tradicionales y clericales, como la Yamiat Ulama Islami. En esa misma época, estos movimientos conservadores se volvieron más radicales, con brazos armados y grupos escindidos como Sepah i Saheban, cuya principal actividad es combatir a los shi’íes. El cambio desde el Islam político al neo-fundamentalismo radical se produjo a la vez en ambos países. [16]  

Miles de activistas islámicos internacionales acudían a Afganistán para recibir formación. Usaban los canales establecidos en los ochenta por el ISI, donde la Yama‘at y el Hizb Islami jugaban un papel central, con un vínculo directo con los Hermanos Musulmanes de Oriente Medio (como Abdallah Azzam, quien distribuyó ayuda en Penshawar desde 1983 hasta su asesinato en 1989). Pero después de la guerra del Golfo, estas redes se volvieron más independientes con respecto a las instituciones que las tutelaban. El papel de Osama bin Laden es una buena muestra de esta radicalización y esta autonomía. Mientras algunos activistas –Yussuf Ramzi, Amal Kansi– acusados de actos terroristas en territorio estadounidense eran entregados a los norteamericanos, las autoridades pakistaníes hacían la vista gorda con respecto a las actividades de estas redes, que ofrecían al ISI y al ejército voluntarios para combatir en Cachemira o para engrosar un ejército talibán mal dirigido. Cuando, en agosto de 1998, los misiles de crucero de EE.UU alcanzaron en Paktia a una de las llamadas “bases terroristas”, parece que los talibanes estaban al mando, aunque los activistas del campo pertenecían al movimiento Harakat ul Ansar , y habían sido adiestrados para el combate en Cachemira, donde se infiltraron durante el invierno de 1998-1999.

El apoyo pakistaní a los talibanes también había contrariado a Irán, debido a la fuerte tendencia anti-shi’í de aquellos, reforzada por la presencia de grupos militantes pakistaníes en Afganistán. Parece que el asesinato de los diplomáticos iraníes en agosto de 1998 en Mazar-i Sharif fue perpetrado por grupos de seguridad armados.

Por lo tanto, el apoyo pakistaní a los talibanes debe enmarcarse en una perspectiva más amplia: la formación y el uso de una red internacional de activistas para desarrollar una estrategia regional. Esto ha contrariado a países que no eran hostiles a Pakistán, como los EE.UU, pero también a Uzbekistán, cuyo ministro de exteriores, A. Kamalov, hizo una desacostumbrada declaración nada diplomática en febrero de 1998, acusando a Pakistán de dar refugio y entrenar a muchos militantes islamistas uzbecos.

Los vínculos entre este eje islámico pakistaní y el estamento militar parecen evidentes, ya sea porque este último podría manipular al primero en su beneficio, o porque algunos de los oficiales ascendidos durante el gobierno del general Zia fueran ellos mismos islamistas, como el general Hamid Gul, antiguo director del ISI a finales de la guerra afgana.

El problema para Pakistán es que su arriesgada estrategia no funcionó: los “voluntarios islámicos” tuvieron que retirarse de Cachemira , mientras que los talibanes no fueron capaces de ocupar todo Afganistán y de ser reconocidos por la comunidad internacional como el único gobierno legítimo (sólo los reconocieron Pakistán, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos). Además, los talibanes se convirtieron en objeto de crítica a nivel internacional por su trato hacia la mujer y por dar refugio a Osama bin Laden: se vieron sometidos a sanciones internacionales desde octubre de 1999.

En agosto de 1999, intentaron su última ofensiva contra Masud, pero fracasaron. [17] Los dos principales problemas de los talibanes es que eran vistos como un ejército de ocupación en el norte (excepto en las áreas pashtunes y “wahabíes” como Zardeyo, en Badajshán) y carecían de apoyo militar. Sufrieron muchas bajas debido a su inexperiencia en el campo de batalla y a sus tácticas de guerra. Los reclutamientos tribales que ayudaron a la victoria de los talibanes entre 1994 y 1996 eran demasiado escasos para crear un ejército regular y combatir en la zona norte del país. De ahí que los talibanes dependieran tanto de los voluntarios procedentes de Pakistán.

El golpe de Estado de octubre de 1999 en Pakistán no cambió la situación. Por un lado, tanto el general Musharraf como el general Mohammed Aziz estaban implicados en la agresiva política hacia Cachemira y Afganistán. El golpe fue bienvenido por las organizaciones islamistas protalibanes y antiamericanas. Por otro lado, cualquier reforma de la política interior o exterior de Pakistán supondría necesariamente al menos una disminución del apoyo a los talibanes. Sería una clara señal para Washington, pero también para Teherán, de que Islamabad deja de apoyar a los movimientos radicales. También podría fin a la “talibanización” de Pakistán, defendido por Nawaz Sharif en septiembre de 1998. [18] También restablecería hasta cierto punto la frontera entre Afganistán y Pakistán, al menos en lo que respecta al contrabando (el contrabando a través de Afganistán, una práctica muy habitual, provoca que las arcas pakistaníes pierdan grandes sumas de dinero en forma de impuestos directos e indirectos, pero también es una de las principales fuentes de ingresos para los comerciantes afganos). También permitiría explotar en menor medida la alianza entre pashtunes y punyabíes y enviaría una señal a baluchis, shindis y otros de que podría tenerse en cuenta un nuevo equilibrio étnico en Pakistán (los partidos religiosos radicales están menos arraigados entre todos estos grupos étnicos, de ahí que la “secularización” y el equilibrio étnico vayan cada vez más de la mano). En una palabra, un menor apoyo a los talibanes no sólo supondría una redefinición del papel de Pakistán en la región, sino que también podría reabrir el debate sobre la naturaleza de la nación pakistaní. Aparentemente, todavía no ha llegado el momento de que Pakistán se replanteé de manera global su política exterior, basada en gran medida en la manipulación de los grupos islamistas militantes como una herramienta de acción encubierta, influencia y control a distancia. Esta estrategia del “débil” contra el “fuerte”, empleando a delegados, demostró ser muy eficaz contra la Unión Soviética y la India, y permitió que Pakistán eludiera las fuertes críticas y presiones de Occidente. Por lo tanto, no hay razón para pensar en que se debilitará el apoyo pakistaní a los talibanes. Pero, en última instancia, la debilidad podría ser interna y no estar vinculada con el apoyo pakistaní o la falta de éste.

El movimiento talibán apenas si podría considerarse como revolucionario, aunque representa un movimiento atípico. De hecho, los talibanes son los descendientes de dos tradiciones diferentes: los carismáticos mollahs de las sociedades tribales y las redes de madrazas deobandis. El movimiento talibán, aunque no es tribal en sí mismo, es la expresión de la sociedad tribal pashtún, precisamente en la medida en que trata de evitar las divisiones tribales mediante el uso de la shariat, que es un modelo habitual de los carismáticos líderes religiosos en el medio tribal. Ellos reclutan a casi todos sus seguidores en la sociedad tribal pashtún del sur. El hecho de que miembros de otros grupos se unan a los talibanes no es un signo de rechazo a la etnicidad: a los recién llegados se le podría permitir vivir en paz en su región, pero no estar asociados con el poder (ése fue el modelo de gobierno de la monarquía pashtún en Afganistán durante el siglo XIX). A pesar de ser mayoritariamente pashtunes de un entorno tribal, es seguro que los talibanes intentan superar esto mediante la shariat y las referencias al Estado afgano, tal y como la monarquía lo construyó desde comienzos del siglo XIX hasta finales de la década de 1970. En este sentido, los talibanes están en línea con la percepción tradicional del Estado por parte de los pashtunes, aunque eso no elimina su trasfondo étnico, el cual influye mucho en su actitud, mediante el prejuicio y la discriminación.

Tampoco puede definirse a los talibanes como una expresión de los ulemas afganos. No son en absoluto una institución clerical. Hay muchos ulemas en Afganistán que no reconocen a los talibanes como ulemas, debido a la división étnica y, en segundo lugar, a que los propios talibanes se definen a sí mismos como “estudiantes” y no como ulemas. [19] Tampoco es adecuado hablar de oposición entre “intelectuales” y “clérigos”: Masud era probablemente el único “intelectual” en Pansyhir y el apoyo recibido podría explicarse en términos puramente étnicos y regionales, pero no en términos sociológicos. Sin embargo, hay sin duda un conflicto generacional entre los talibanes y la antigua aristocracia feudal o la clase dirigente de los ulemas. Los talibanes también son el resultado de la crisis en la sociedad tradicional pashtún: esto es lo que se llama “modernidad”.

El dilema de los talibanes es que usan dos maneras contradictorias de legitimarse (la shariat y los afganos / el nacionalismo pashtún) y rechazan abordar el asunto clave, el de la etnicidad, salvo de palabra. Haciendo esto están en sintonía con el modo en que los monarcas afganos construyeron el Estado, pero el problema de los talibanes, al menos bajo el liderazgo de Mollah Omar, es que no construyeron un Estado. No hubo una verdadera administración (sistema educativo, funcionarios del Estado, tribunales organizados por el Estado, ejército moderno). Emitir sellos y títulos de propiedad y el gusto por la burocracia no deben confundirse con la construcción de un Estado. Eliminaron a la mitad de los funcionarios del Estado porque, según ellos, esas personas –y no sólo las mujeres– no hacían nada. Comparar esta situación de la administración afgana con la de la época del último rey es absurdo.


NOTAS.-


[1] Fuente: http://www.ceri-sciencespo.com/archive/octo00/artor.pdf

[2] Olivier Roy (1949) es un académico francés especializado en estudios islámicos. Ha impartido clases en el Instituto de Estudios Políticos de París y en la École des Hautes Études en Sciences Sociales y ha servido como representante de la OSCE en Tayikistán. Su obra ha llamado la atención por sus reflexiones sobre el Islam político y las relaciones de las sociedades musulmanas con Occidente. Varios de sus libros han sido traducidos al castellano, entre los que destacan: Genealogía del islamismo , Bellaterra, Barcelona, 1996; Irán. De la revolución a la reforma (con Farhad Khosrokhavar), Bellaterra, Barcelona, 2000; El Islam mundializado: los musulmanes en la era de la globalización , Bellaterra, Barcelona, 2003; Después del 11 de septiembre: Islam, antiterrorismo y orden internacional , Bellaterra, Barcelona, 2003; Las ilusiones del 11 de septiembre. El debate estratégico frente al terrorismo , Fondo de Cultura Económica, México, 2003; El Islam y el caos. El mundo islámico ante los retos del siglo XXI , Bellaterra, Barcelona, 2007. (Nota de la Redacción).

[3] En 1947, el movimiento pashtún Khuda’yi Khidmatgaran , liderado por Khan Abdul Ghaffar Khan y situado en la provincia de la Frontera del Noroeste, primero se unió al partido del Congreso Indio y después optó por la independencia o, al menos, la autonomía dentro de Pakistán. (Nota del Autor).
Para más información sobre estos acontecimientos, véase Kamram Ali Asdar, “ Pakistán, un turbulento paraíso en la tierra ”, en revista Alif Nûn nº 71, mayo de 2009. (Nota de la Redacción).

[4] Pakistán Oriental fue una provincia de Pakistán que existió entre 1955 y 1971. Fue creada a partir de la provincia de Bengala, mediante un plebiscito en 1947, en lo que fue la India británica. Bengala Oriental eligió unirse a Pakistán y convertirse en una provincia de ese país. Cambió su nombre por el de Pakistán Oriental en 1955 y más tarde se convirtió en la nación independiente de Bangladesh, tras la sangrienta guerra de 1971. (Nota de la Redacción).

[5] Véase Olivier Roy, Islam and Resistance in Afghan , Cambridge U.P., 1990.

[6] Sobre las relaciones entre Pakistán y los talibanes, véase W. Maley (ed.), Fundamentalism reborn, Afganistán and the taliban , Hurst, Londres, 1998.

[7] La expresión “profundidad estratégica” (strategic depth, en inglés) es un tecnicismo militar que en este caso se refiere a la posibilidad de disponer de un territorio (Afganistán) donde el ejército pakistaní pudiera retirarse en caso de un enfrentamiento militar con la India. (Nota de la Redacción).

[8] Mohammed Yousaf y Mark Adkin, The Bear Trap, Jhang Publishers, Lahore, 1992.

[9] B. Metcalf, Islamic Revival in British India, Princeton UP, 1982. (Nota del Autor).
Para saber más sobre esa relación histórica entre Afganistán y el subcontinente indio, véase Redacción Alif Nûn, “ La India musulmana: desde la llegada del Islam hasta la caída del Sultanato de Delhi ”, en revista Alif Nûn nº 38, mayo de 2006. (Nota de la Redacción).

[10] Para más información sobre la presencia rusa en Asia Central, véase Rafis Avazov, “Islam político en Asia Central”, en revista Alif Nûn nos 55 (diciembre de 2007) y 56 (enero de 2008) . (Nota de la Redación).

[11] El movimiento deobandi recibe el nombre de su lugar de nacimiento, Deoband, en la India, desde el cual se ha difundido por todo el subcontinente, influyendo de manera indirecta en el movimiento talibán. Para más información, véase Ahmed Rashid, Los talibán , Barcelona, 2001. (Nota de la Redacción).

[12] El hanafismo es una de las cuatro escuelas de jurisprudencia ( fiqh) que han sobrevivido dentro del Islam sunní. Para más información sobre el hanafismo, véase Yusuf Fernández, “ El Islam y las escuelas jurídicas ”, en revista Alif Nûn nº 43, noviembre de 2006. (Nota de la Redacción).

[13] Para más información, véase Tariq Ramadan, El reformismo musulmán. Desde sus orígenes hasta los Hermanos Musulmanes , Bellaterra, Barcelona, 2000; Xavier Ternisien, Los Hermanos Musulmanes , Bellaterra, Barcelona, 2007. (Nota de la Redacción).

[14] Para más información sobre la orden sufí naqshbandi, véase A. Popovic / G. Veinstein (Ed.), Las sendas de Allah , Bellaterra, Barcelona, 1997. (Nota de la Redacción).

[15] Da la casualidad de que en el verano de 1984 fui huésped de Daro Jan en Panywai y así tuve la oportunidad de observar la protohistoria del movimiento talibán.

[16] Véase Olivier Roy, The Failure of Political Islam , Harvard University Press, 1994.

[17] Debemos recordar, no obstante, que Masud falleció en un atentado suicida perpetrado por Al-Qaeda en Khvajeh Ba Odin, el 9 de septiembre de 2001. (Nota de la Redacción).

[18] Nawaz Sharif fue primer ministro de Pakistán de 1990 a 1993 y de 1997 a 1999, fecha en la que fue derrocado por el golpe de Estado del general Pervez Musharraf. (Nota de la Redacción).

[19] De hecho, la palabra árabe tâlib significa “estudiante”. (Nota de la Redacción).


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