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NÛN
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Estimados
lectores:
La imagen
del Islam que habitualmente se proyecta es la de una religión que
desprecia los valores racionales y científicos. Las fotos de multitudes
de musulmanes vociferando por las calles recorren las primeras planas de
los periódicos, reforzando así el estereotipo. Sin embargo,
la realidad histórica es muy distinta. Mientras Europa olvidaba la
herencia de la civilización clásica, una civilización
islámica pujante y activa retomaba el saber grecolatino, mesopotámico,
iranio, indio y chino. Pero los musulmanes no se limitaron a transmitir la
herencia clásica, sino que la dotaron de su propio genio y, a partir
de ahí, alcanzaron sus propios logros científicos y filosóficos.
Es importante indicar que ese desarrollo cultural y científico se
consiguió en una civilización con un profundo sentimiento religioso.
Es decir, el Islam no tuvo la necesidad de despojarse de su personalidad
religiosa para hacerse fuerte en el terreno científico. Sólo
mucho después, cuando un Occidente secularizado desarrolló
una visión científica y tecnológica desconectada de
la dimensión espiritual y trascendente de la existencia humana, se
impuso en todo el mundo la falsa polémica entre religión y
ciencia, que si bien pudo tener su importancia en el ámbito del Occidente
cristiano, resulta completamente irrelevante en el ambiente cultural de otras
civilizaciones tradicionales.
En el número de Alif Nûn
de este mes tratamos de presentar una amplia perspectiva de la ciencia y
de lo que ésta ha significado dentro de la civilización islámica.
El primer artículo nos muestra un panorama general de las ciencias
en el mundo islámico y la íntima conexión de éstas
con el enfoque religioso que anima esta civilización. El segundo artículo,
que será publicado en dos partes, es una interesante conferencia del
Dr. Nasr en la que el autor reflexiona sobre el impacto de la ciencia moderna
en el mundo islámico, y los retos filosóficos y religiosos
que ésta plantea. El tercer artículo nos acerca a una institución
de primer orden dentro del mundo islámico medieval: el bimaristán.
Está institución es un precedente de los modernos hospitales
y en este artículo se repasa su funcionamiento tanto a nivel institucional
como médico, mostrando todas las ideas pioneras que se pusieron en
práctica. Para terminar, nos aproximamos a la sorprendente figura
de al-Yahiz. Este personaje del siglo IX, prácticamente desconocido,
es, sin embargo, el autor de la primera teoría de la evolución
de la que se tiene noticia, elaborada mil años antes que la de Charles
Darwin. El articulo recoge su vida y la influencia de su obra en el pensamiento
evolucionista europeo.
La Dirección.
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“Hay gentes que piensan que no es necesario estudiar la
naturaleza. No queremos, dicen, estudiar la naturaleza, sino la teología.
Sépase que estas son palabras de gente perezosa y ociosa, pues la
teología se prueba por el estudio de la naturaleza. Dicho de otro
modo, no hay oposición entre la razón y la fe.”
Este postulado del cristiano San Juan
Damasceno (675-749), hijo del ministro de finanzas del califa Abd al-Malik,
resume a la perfección la posición generalizada en los primeros
siglos del Islam.
Los musulmanes habían ocupado rápidamente todas las áreas
que permanecieron bajo la influencia de la civilización griega (Siria,
Palestina y Egipto). Allí vivían los últimos sabios
procedentes de la escuela de Alejandría, clausurada por Justiniano
unas décadas antes de la expansión del Islam. Estos sabios
eran cristianos, pero la cultura greco-helenística sobrevivía
aún incorporada en la teología cristiana. De igual modo sucedió
en el caso de la civilización irania preislámica, que ocupaba
buena parte de lo que hoy es Iráq, Irán y Asia Central, territorios
que pronto caerían bajo la influencia del Islam. Con todos ellos –ya
fueran griegos o persas– se relacionaron los musulmanes, buscando todo lo
que de verdadero y útil pudieran transmitir, de modo que no destruyeron
el patrimonio cultural de los pueblos vencidos, sino que supieron integrarlo
con amplitud de miras, preparando así el florecimiento e irradiación
de su propia cultura, inspirada en todos sus aspectos por la visión
unitaria del Corán.
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En esta ocasión limitaré
mi discurso al Islam y su relación con la ciencia moderna. Se trata
de un asunto muy delicado y extremadamente difícil de abordar. Podría
decirse que no es un tema plagado de peligrosos escollos en el camino, pues
no se trata de una cuestión política. No levanta pasiones como
lo hacen otros asuntos pero, sin embargo, es de gran trascendencia, pues
afectará de un modo u otro al futuro del mundo islámico en
su conjunto.
Muchas personas piensan que, de hecho,
no existe una cuestión tal como el problema de la ciencia con respecto
al Islam. Dicen que, no importa lo que sea, la ciencia es la ciencia, que
el Islam siempre ha alentado el conocimiento (al-ilm, en árabe), que,
por lo tanto, debemos fomentar la ciencia, y que no hay ningún problema
al respecto. Pero el problema está ahí, porque desde que en
muchos países islámicos los niños comenzaron a estudiar
la ley de Lavoiser, según la cual el agua está compuesta de
hidrógeno y oxígeno, al regresar a casa por la tarde dejan
de hacer sus oraciones. No hay país del mundo islámico que
no haya sido testigo de un modo u otro del impacto que de hecho ha provocado
el estudio de la ciencia occidental en los principios ideológicos
de su juventud. Todos los regímenes del mundo islámico, sea
cual sea su inclinación política, desde los gobiernos revolucionarios
a las monarquías, desde las seudo-democracias hasta los regímenes
totalitarios, gastan su dinero para enseñar a la juventud la ciencia
occidental. Esto se debe a que la ciencia está relacionada, en primer
lugar, con el prestigio, en segundo lugar, con el poder y, por último,
porque sin la ciencia es difícil solucionar ciertos problemas dentro
del mundo islámico. Hoy veo a muchos musulmanes entre el público
asistente, a muchos de los cuales sus padres, su gobierno o algunas universidades
les habrán pagado su educación precisamente para incorporar
la ciencia islámica al mundo musulmán. Es por esto que nos
encontramos ante un tema que ocupa un lugar bastante importante en las preocupaciones
del mundo islámico. En los últimos veinte años, las
diversas dimensiones de este problema han comenzado a atraer a algunas de
las mejores mentes del mundo islámico
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La palabra
bimaristán proviene de la lengua persa y significa “hospital”. Está
formada por el vocablo vīmār o vemār, que significa “enfermo”, y el sufijo
stan, que indica lugar. De este modo, bimaristán vendría a
significar literalmente “lugar de los enfermos”.
En el mundo islámico
medieval –sobre todo en el oriente musulmán– la palabra bimaristán
se empleó para designar un hospital en la acepción moderna
del término, es decir, un establecimiento donde los enfermos eran
acogidos y cuidados por personal cualificado. En este sentido, los médicos
musulmanes fueron los primeros en distinguir entre el hospital y otro tipo
de instituciones como hospicios, asilos o leproserías, que en la antigüedad
servían para aislar de la sociedad a los enfermos y a los perturbados
y deficientes mentales, en lugar de ofrecerles una verdadera cura. De este
modo, los bimaristanes medievales pueden ser considerados como los primeros
hospitales en el sentido moderno de la palabra. Los primeros hospitales públicos,
hospitales psiquiátricos y facultades de medicina también fueron
introducidos por los médicos musulmanes medievales.
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Aunque al-Nazzam dio los primeros
pasos en el terreno del pensamiento evolucionista en la historia de la ciencia,
la teoría de la evolución en su forma completa fue presentada
por primera vez por el gran zoólogo al-Yahiz, en el siglo IX. El fue
el primero en formularla. La teoría de al-Yahiz es un ejemplo de la
revolución y la innovación científicas que han tenido
las más amplias repercusiones en el pensamiento humano. Es justo decir
que muchos problemas de la filosofía de la Naturaleza se enfocaron
de otra manera tras la revolución de al-Yahiz y sus sucesores. Antes
de describir las opiniones del propio al-Yahiz y su influencia en los pensadores
musulmanes y europeos, en especial sobre Lamarck y Darwin, quisiera
ofrecer algunos datos biográficos y bibliográficos.
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"¿Pero no dice el corán
que Dios es Compasivo?"
Se preguntará desde allí arriba
sentado en el café de los poetas,
impecable de seda y cachemir,
entre Abu Nuwas y al-Yahiz
y se reirá sin duda de los necios,
pardomuertos en vida
que se atreven a juzgarte.
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