PERSPECTIVAS ISLÁMICAS
SOBRE LA PAZ Y LA VIOLENCIA [1]

David Smock [2]



                                             Introducción
David Smock

    Los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 aumentaron el interés de la opinión pública norteamericana hacia el Islam hasta un nivel sin precedentes. Osama bin Laden declaró que el mundo islámico estaba en guerra contra el mundo cristiano y judío. Además, afirmó que el deber religioso de los musulmanes es atacar a los Estados Unidos y a los estadounidenses. Alguien que no estuviera demasiado familiarizado con la teología islámica podría considerar esta retórica radical como una patología sintomática y muy extendida dentro del Islam, la cual convertiría a los musulmanes en sospechosos habituales de cometer odiosos actos terroristas. Incluso quienes tenían una visión más equilibrada de los musulmanes comprendieron que era necesaria una comprensión más profunda del Islam. Las preguntas planteadas son: ¿Cuál es la perspectiva islámica sobre la violencia y cuándo se justifica ésta desde el punto de vista religioso? ¿Cómo podemos entender el extremismo islámico contemporáneo? ¿Cómo pueden contribuir las instituciones islámicas para construir la paz? ¿Cuáles son los recursos más importantes del Islam para poderla alcanzar? ¿Cómo puede encontrarse un espacio común entre el Islam y Occidente en la actualidad? Estas y otras cuestiones fueron abordadas por cuatro expertos en Islam durante el taller organizado por el United States Institute of Peace el 7 de noviembre de 2001.

Islam y Occidente

De acuerdo con el Profesor Abdul Aziz Said [3] , el Islam y Occidente no son incompatibles por naturaleza, al contrario de lo que afirman los eslóganes habituales. Existe una profunda resonancia entre el Islam y la civilización occidental. Al igual que los cristianos y los judíos, los musulmanes invitan de manera frecuente a trabajar por la paz, tal y como exige el Corán. Demasiado a menudo se olvidan las raíces culturales comunes que unen el Islam y Occidente. Aunque las opiniones con respecto al “choque de civilizaciones” que se escuchan últimamente, con frecuencia poco meditadas, postulan que el Islam permanece al margen del flujo cultural judeocristiano y helénico, de hecho la realidad es la contraria. La civilización islámica clásica se construyó partiendo de las culturas árabe, bíblica y helénica, aunque extendió una red más amplia que integró elementos de Persia, Asia Central y la India en su  síntesis cultural. Históricamente, el Islam es el verdadero puente entre Oriente y Occidente. Said señala que el helenismo islámico actuó de mediador básicamente a través de los círculos intelectuales del Cristianismo oriental [4] , y que importantes corrientes del pensamiento filosófico y científico musulmán continúan representando un vínculo inexplorado entre la antigüedad clásica y el Renacimiento. De este modo, existen importantes razones para afirmar que el Islam, como fuerza civilizadora y tradición religiosa, debería ser considerado como una parte integrante de la tradición occidental.

Said indicó que lo que se percibe como un choque de civilizaciones es en realidad un enfrentamiento entre distintas simbologías. De una parte, los símbolos son el pañuelo, el turbante y otras expresiones de la religiosidad islámica que los occidentales a menudo encuentran repelentes, al igual que los fundamentalistas musulmanes ven gran parte de la cultura occidental como contraria al Islam. Además, el contacto cultural entre el Islam y Occidente ha sido empañado por relaciones de poder históricamente desiguales, “que han dejado como resultado un Occidente arrogante e insensible y un mundo islámico a la defensiva e inseguro”. La arrogancia occidental engendra desprecio y fanatismo en el lado islámico, y hay evidencias de paranoia por ambas partes. El mundo islámico se siente ofendido por el triunfalismo cultural de Occidente, apoyado en su abrumador poder militar. Algunos musulmanes interpretan esto como una nueva cruzada. Occidente y el mundo islámico no se mantienen en contacto. Antes de que Occidente pueda transmitir de manera efectiva sus intenciones, debe comprender lo que está sucediendo hoy en el mundo árabe y musulmán. Esto implica escuchar de manera activa las voces procedentes de esa región y participar con ellas en un diálogo constante.

Opiniones islámicas sobre la paz y la violencia

Contrariamente a los estereotipos sobre el Islam, el profesor Mohammed Abu Nimer [5] explicó que el Islam aboga por numerosos valores no violentos y creadores de paz y espera que los musulmanes vivan de acuerdo a ellos. Estos valores están respaldados por el Corán y el Hadiz (los dichos del Profeta). Uno de estos valores es la obligación de buscar la justicia (Corán, 5:8). Otro es la necesidad de hacer el bien luchando contra la opresión y ayudando a quienes lo necesitan. Un tercer valor es que todos los seres humanos han sido creados por Dios, su vida es sagrada y, por lo tanto, son todos iguales (7:11). El Islam no otorga privilegios especiales basados en la afiliación racial, étnica o tribal. Además, todos los musulmanes deben respetar y preservar la vida humana (5:32). El Islam también hace un llamamiento a la búsqueda de la paz, que es un estado de bienestar físico, mental, espiritual y social (5:64). Otros versículos destacan la importancia del la tolerancia y la bondad hacia los demás (16:90). Respecto a la vida del Profeta, se observa que empleó métodos no violentos para resistir contra quienes lo perseguían; el Profeta nunca recurrió a la violencia o la fuerza. [6] Construir y negociar la paz se considera más efectivo que la agresión y la confrontación violenta. De hecho, el propio vocablo árabe islam se relaciona con la palabra “paz” ( salam). Otra de las virtudes islámicas es la del perdón (23:96). Se insta a los musulmanes a vivir en paz y armonía con todos los seres humanos. 

Abu Nimer señaló que a pesar de estos ideales propuestos a los musulmanes, diversas fuerzas sociales plantean obstáculos para su aplicación. Entre éstos se incluyen la influencia de los gobernantes sobre los líderes religiosos que conduce a una ausencia de confianza y credibilidad en el liderazgo de éstos últimos. Otros retos son la corrupción, las estructuras sociales patriarcales [7] , las rígidas jerarquías sociales, la dependencia económica respecto a Occidente y el sentimiento de impotencia que ésta genera, y la humillación provocada por conflictos como el enfrentamiento árabe-israelí. 

El profesor Muqtedar Khan [8] expuso que el Islam no defiende el pacifismo en cualquier circunstancia. El Islam no aprueba el uso de la fuerza, pero la teoría del yihad, palabra que significa “combatir en el camino de Dios”, permite la violencia en los siguientes casos: 1) Cuando se impide a los musulmanes practicar su fe, es decir, cuando la libertad de culto está amenazada, 2) cuando hay personas que están oprimidas y sometidas, y 3) cuando hay personas que son expulsadas por la fuerza de sus tierras. En estas situaciones, el Islam plantea una serie de alternativas, desde el perdón al opresor hasta la respuesta violenta. Hay fuentes coránicas que respaldan ambas posturas. El Corán dice: “Matadlos donde quiera que los encontréis y expulsadlos de donde os hayan expulsado, pues la opresión es peor que matar” (2:191) [9] .  Pero el Corán también afirma: “Di a los infieles que, si desisten, se les perdonará todo lo pasado” (8:38). Khan vino a decir que no hay preferencia de unos versículos del Corán sobre otros. Quienes dan prioridad al primer versículo sobre el segundo harán la guerra para combatir la injusticia, y muchos militantes musulmanes invocan este versículo para defender sus actos. Pero también hay musulmanes que dan prioridad al segundo versículo, buscando una solución diplomática a la persecución e invitando al perdón. Estos dos versículos constituyen un ejemplo de la tensión entre el realismo y el idealismo en el Islam. Aunque, en última instancia, afirmó Khan en su análisis final, el Islam es lo que hacen de él los musulmanes.

El Islam y el terrorismo

El profesor Sulayman Nyang [10] afirmó que la gran tragedia del 11 de septiembre es distinta de todos los anteriores actos terroristas contra los Estados Unidos porque es una forma de “brutalidad de alta tecnología”. Se trata de una brutalidad que se hace posible gracias al sometimiento de la ciencia y la tecnología a la construcción totalitaria, fanática y escatológica de un grupo que desafía al sistema. Mucha sangre ha sido derramada por personas que creen que sus actos violentos están al servicio de una causa divina. Esta distorsión de las enseñanzas de las grandes religiones ha sido más brutal y fanática cuando se ha sacralizado el derramamiento de sangre de la comunidad de fe, la tribu o la nación “mediante afirmaciones fanáticas de individuos que han pervertido la idea de religión y de raza. Los líderes y las comunidades musulmanas deben dejar claro que tienen tolerancia cero hacia los terroristas”. Nyang continuó diciendo que cualquier musulmán familiarizado con el Islam como fuerza política a lo largo de la historia y como marco filosófico y moral para la actividad humana sabe bien que el Islam no enseña a los musulmanes a matar a personas inocentes en el nombre de unos intereses políticos. Según el Corán, matar a un inocente es como matar a toda la humanidad. A esto se añaden los otros versículos que establecen las normas que los musulmanes deben cumplir si se ven obligados por las circunstancias y la situación a combatir contra sus enemigos. [11]  

Nyang afirmó que el terrorismo se remonta histórica y filosóficamente a los inicios del pensamiento islámico, en época de los jariyíes. Los jariyíes fueron una pequeña secta islámica del siglo VII cuyos miembros en un principio apoyaron como califa a Sayyidina Ali Ibn Abu Talib, pero luego se opusieron a él y lo combatieron porque aceptó la mediación en su lucha contra Muawiyyah, el gobernador de Siria. [12]   Absolutamente comprometidos en su visión igualitaria de la justicia social [13] y poco inclinados al compromiso, incluso cuando éste estuviera al servicio de los intereses comunes de la ummah (la comunidad islámica en su conjunto), los miembros de la secta jariyí desencadenaron una serie de actos terroristas que convirtieron la vida en algo desagradable y brutal, segando la de muchos musulmanes. Esta situación se prolongó hasta que los jariyíes fueron completamente aniquilados por la dinastía Omeya. Sus actos de terrorismo ayudaron a estimular una mejor comprensión del orden y la estabilidad política dentro del Islam. El ascenso en la historia del Islam de poderosos personajes como los sultanes puede atribuirse en cierta medida a los actos de violencia política de grupos disidentes como los jariyíes. 

Además de los jariyíes, durante la Edad Media islámica también tenemos el caso de Hassan al Sabbah, el líder de los hashasin que ahora es recordado en los libros de historia como “el viejo de la montaña”. Este misterioso líder musulmán ejerció una tremenda influencia sobre sus seguidores y encontró en el terror un eficaz instrumento de intimidación política y social. Esta red terrorista –los hashasin – dio lugar en inglés [y en castellano] a la palabra “asesino”. [14]

Factores subyacentes en el 11 de septiembre

Khan afirma que el apoyo norteamericano a regímenes autoritarios en el mundo islámico genera una oposición radical en esos países, además de estimular el sentimiento antiamericano. Cita a Turquía, Argelia, Arabia Saudita [15] , Bahrain y Kuwait [16] como ejemplos de regímenes no democráticos que reprimen los movimientos populares con el apoyo de los Estados Unidos. La ausencia de canales pacíficos para protestar y disentir dentro del mundo árabe ha radicalizado poco a poco a la mayoría de los grupos islámicos moderados de la oposición. Occidente legitimó el golpe militar que impidió la llegada de los islamistas al poder después de que éstos ganaran las elecciones de Argelia en 1992. [17] Los Estados Unidos dieron su apoyo tácito a Turquía cuando este país obligó a los islamistas a abandonar el poder en los noventa, incluso después de que éstos contaran con el apoyo popular. [18] “No es el rechazo a la democracia y la libertad, sino el deseo de éstas, lo que ha hecho que muchos musulmanes aborrezcan a los Estados Unidos, al que acusan de que se perpetúen las políticas antidemocráticas en sus países.” Otras razones para esta hostilidad son las tropas norteamericanas estacionadas en Arabia Saudita, la actuación de los Estados Unidos en Iraq y el apoyo incondicional de los norteamericanos a Israel. Khan dice que nada de esto justifica las atrocidades del 11 de septiembre. “Me pregunto cómo esos musulmanes responsables de la masacre de civiles norteamericanos pueden justificar sus acciones a la luz del versículo coránico: ‘Quien mate a un inocente es como si hubiera matado a la humanidad entera. Y quien salve una vida es como si hubiera salvado a toda la humanidad.’ (Corán, 5:32). [19] Lo ocurrido fue horrible, inhumano y antiislámico. Pero reflexionar sobre las reivindicaciones de los musulmanes puede ayudarnos a comprender como incluso personas devotas pueden llegar a implicarse en actos de terror. La represión sistemática arrebata a las personas su humanidad, incitándolas a cometer actos inhumanos.”

Nyang cita a John Cooley cuando éste habla sobre el efecto boomerang del apoyo norteamericano a la rebelión afgana contra la ocupación soviética. Cooley escribe: “Las consecuencias de armar, entrenar y financiar a este grupo de guerrilleros musulmanes extendido a escala mundial, muchos de los cuales odiaban a sus mecenas norteamericanos, saudíes y de otras nacionalidades tanto o más que a los ocupantes soviéticos, estaban claras incluso antes de que la guerra se recrudeciese.” [20]

Retos para Occidente y para los musulmanes

Hay tres peligros, señaló Khan, contra los que toda persona amante de la paz debe estar en guardia: 1) no se debe permitir que este conflicto se convierta en un choque de civilizaciones entre el Islam y Occidente; 2) no se debe permitir que oportunistas y extremistas se apropien y dominen el discurso tanto en el mundo occidental como en el musulmán, y 3) no se debe permitir que la búsqueda de la seguridad y de la venganza socave el entramado moral de nuestras sociedades. Khan indica que los Estados Unidos deberían “dejar de obsesionarse por bin Laden y el Islam, y examinar la historia reciente de sus acciones en el exterior para comprender hasta qué punto engendran el odio entre los extranjeros”. Además, “cuando los Estados Unidos responden al asesinato de personas inocentes con ataques masivos que matan a más gente inocente, simplemente están respondiendo al terror con el terror. Cuando estudiosos musulmanes afirman que las bombas de los suicidas contra Israel son admisibles porque el ejército israelí también mata a civiles y a niños, están permitiendo que sea el ejército israelí quien interprete la ley islámica.” Al margen de lo que haga el otro, debemos tener cuidado para que al responder permanezcamos dentro de los límites de nuestro propio sistema de valores. No debemos permitir que la inhumanidad del otro nos arrebate nuestra propia humanidad. La mejor manera de asegurar que esta guerra contra el terror no va en aumento es promocionando un nuevo discurso. A diferencia del discurso actual, cuyo tema central es el terrorismo islámico y el colonialismo occidental, necesitamos explorar nuevos temas que traten sobre la manera de salvar la brecha entre los valores islámicos y el comportamiento de algunos musulmanes, y entre los valores democráticos y la política exterior norteamericana. El nuevo discurso surgirá si los moderados de ambos mundos, el islámico y el occidental, emprenden serios esfuerzos colectivos de autorreflexión y autocrítica para salvar el abismo entre los valores y los actos, las obras y las palabras, las ideas y las realidades.

Said aseguró que es tremendamente importante un nuevo enfoque por parte de los Estados Unidos. La política norteamericana hacia el mundo islámico debe dejar de obsesionarse con el fundamentalismo islámico y, en su lugar, debería abordar las causas que originan el sufrimiento de los palestinos, la mala distribución de los recursos o la ausencia en el mundo árabe de una autoridad política legítima y verdaderamente participativa. Excluir a los pueblos árabes y musulmanes de la participación activa en la vida política socava la estabilidad política en Oriente Medio y el mundo islámico, y amenaza intereses vitales de los norteamericanos. El futuro de la democracia en la región, dijo Said, depende de lo que hagan los norteamericanos en este momento crítico de la historia. Esto no quiere decir que los Estados Unidos deban sustituir las intervenciones a favor de la democracia por su tradicional apoyo a los regímenes represores. Mientras que los regímenes represores se pueden imponer mediante la subversión, la democracia no puede implantarse con éxito desde el exterior, y desde luego no por medios subversivos. Se trata de una delicada flor autóctona que sólo florece cuando está profundamente enraizada en los sueños y las esperanzas de la gran mayoría de una nación. Los Estados Unidos tienen ahora la oportunidad de formar parte de la lucha por la democracia en el mundo árabe. El éxito depende de un poderoso compromiso de los norteamericanos con una conciencia transnacional cada vez mayor que confía en la promesa universal de democracia.

Said afirma que la actual comunidad musulmana se encuentra comprometida en una profunda lucha en este momento crucial de su historia; una comunidad realmente desconectada de su pasado, enfrentándose a un presente caracterizado por la tiranía, la pobreza y la humillación, y sin perspectivas viables o estimulantes para crear su propio futuro. Los musulmanes tienen mucho que ganar si comprenden a Occidente y sus logros tan arduamente conseguidos en el ámbito de la coexistencia política. En el mundo islámico actual escasea la democracia, pero esto se debe en mayor medida a una falta de preparación para ella que a una ausencia de fundamentos religiosos y culturales. Las instituciones sociales del Islam son más dinámicas y variadas de lo que generalmente se reconoce y proporcionan las bases para una verdadera participación. Los musulmanes deben preguntarse qué clase de ciudadanos puede crear el Islam, animados por los valores y el contexto islámicos; qué puede ofrecer el Islam con respecto a la toma de decisiones participativa. El desafío actual para los musulmanes reside en expandir las ideas originales del Islam y en una actitud positiva a la hora de mostrar curiosidad por la experiencia histórica y los logros de Occidente.

Según Khan, los musulmanes moderados deben mostrarse enérgicos en sus relaciones con los extremistas de su entorno. El primer paso es reconocer que cuando los moderados permanecen en silencio, los extremistas hablan en nombre de todos. Esos musulmanes que no desean ser representados por personas como Osama bin Laden deben hablar en voz alta y clara. Lo que resulta crucial es que rechacen las interpretaciones falaces del Islam y de los principios islámicos que personas como bin Laden usan para justificar el asesinato de civiles inocentes. Los musulmanes moderados también deben recordar que las declaraciones vagas y poco precisas condenando el terrorismo no son útiles. Deben condenar los actos concretos y a los individuos y grupos relacionados con dichos actos. Khan afirmó que si estamos contra el terrorismo debemos dejar que el mundo lo sepa en términos inequívocos. Luego añadió: “muchos musulmanes se han vuelto hipócritas cuando defienden los derechos humanos en nuestra lucha por la justicia. Protestamos contra las prácticas discriminatorias en Israel, la India y otras naciones no musulmanas, pero casi siempre nos mantenemos en silencio cuando se trata de Estados musulmanes. Condenamos con razón, en todos los foros internacionales, el trato de Israel hacia los palestinos, pero nuestro silencio respecto al modo en que muchas naciones musulmanas han tratado a esos mismos palestinos cuestiona nuestro compromiso y preocupación por ellos. [21] Mientras alzamos la voz y condenamos de manera constante los malos tratos de Israel hacia los palestinos, los excesos rusos en Chechenia o las atrocidades servias en Bosnia, nos mantenemos en silencio cuando los regímenes musulmanes violan los derechos de los ciudadanos y masacran a miles de ellos. ¿Acaso ser musulmán no supone defender la justicia incluso si esto significa oponerse a nuestros seres queridos (Corán, 6:152)? Es hora de que nos enfrentemos a esas conductas hipócritas y luchemos por superarlas. Durante décadas hemos visto como los musulmanes, en el nombre del Islam, han cometido actos de violencia contra otros musulmanes, desde la guerra entre Irán e Iraq hasta las luchas en Afganistán. ¿Podemos tolerar como musulmanes este desperdicio de vidas inhumano y sin sentido, en nombre del Islam? La cultura del odio y del asesinato esta desgarrando el tejido moral de la sociedad musulmana. Estamos más centrados en “el otro” y hemos olvidado por completo nuestra obligación hacia Allah. Buscando el yihad menor hemos sacrificado el yihad mayor, que es el combate interior por la pureza”. [22]  

Khan continuó diciendo que es hora de que los musulmanes moderados rescaten los principios del Islam y de los musulmanes de las garras de los extremistas. “A mi modo de ver, la única salida es mostrase absolutamente intolerante hacia los intolerantes. Los musulmanes moderados deben luchar contra todas las formas de prejuicio, odio e intolerancia dentro de las filas musulmanas y deben defender de manera activa la resolución pacífica de los conflictos tanto dentro como fuera de la comunidad. De hecho, los musulmanes moderados deben librar ‘la guerra contra la guerra’ y hacer realidad el mandato coránico según el cual los musulmanes deben ser una comunidad moderada y equilibrada (2:143)”.

Según Abu Nimer, “nuestro trabajo como académicos y profesionales musulmanes y no musulmanes es seguir construyendo un verdadero marco basado en la cultura de la no violencia y de la construcción de la paz que pueda aplicarse tanto a nivel político como social. El Corán, el Hadiz y otras fuentes islámicas tradicionales proporcionan evidencias suficientes para demostrar que el Islam es una religión de paz y justicia y que las conductas no violentas están bien enraizadas en la religión. Educar tanto a musulmanes como a no musulmanes en el mensaje pacífico del Islam y erradicar la ignorancia que conduce a los estereotipos negativos sobre el Islam y provoca la enemistad entre musulmanes y no musulmanes es el primer paso hacia unas relaciones pacíficas y justas entre ambas comunidades. Sin embargo, tales esfuerzos no son suficientes. Quienes construyen la paz y los agentes del cambio social en las comunidades musulmanas también deben enfrentarse a los obstáculos estructurales que existen dentro de esas comunidades. Aunque estos obstáculos sociales, culturales y políticos a menudo se mantienen debido a fuerzas externas, los individuos y las organizaciones pueden resistirse a este deterioro y a estas nocivas influencias. Todas las comunidades islámicas deben recurrir al examen de conciencia y a la autocrítica para determinar su grado de responsabilidad a la hora de perpetuar una situación de estancamiento y violencia y una sensación de impotencia.”

Compromiso entre Occidente y el mundo islámico

Said comentó que lo más importante para las dos comunidades es un compromiso activo entre ambas, a través de un diálogo constante que les permita comprender con detalle el significado, las conexiones y las implicaciones del permanente enfrentamiento entre distintas simbologías antes mencionado. Occidente no tiene porque desconfiar de los símbolos islámicos, pues éstos no representan ningún extremismo antioccidental, antisecular o irracional. Occidente sigue siendo lo bastante equilibrado como para comprender hasta qué punto una profunda patología se ha revestido de una retórica religiosa. El compromiso activo nos permite comprender y reconocer las auténticas expresiones de la religiosidad humana y protegernos de la política manipuladora de símbolos. Mientras que las expresiones de una religiosidad sana reflejan una comprensión madura de la tradición religiosa, la psicopatología opera en el nivel de los símbolos para generar  un nuevo modelo de enfrentamiento. El enfrentamiento se alimenta de la necesidad de afrontar la desesperación a través de acciones que se basan en el miedo y pretenden extenderlo. No debería resultar difícil de comprender para los cristianos occidentales el peligro que supone la apropiación indebida de los símbolos religiosos, pues sólo tenemos que fijarnos en la experiencia de las Cruzadas de los siglos XII y XII, donde la consecución de una serie de objetivos materiales y políticos se ocultó bajo el simbolismo de la devoción religiosa. El compromiso activo permitiría a Occidente evitar caer en la trampa en este proceso de confrontación e ir más allá de la inicial reacción negativa contra el Islam, para descubrir nuestra condición común de seres humanos y las experiencias y necesidades compartidas. Said continúa diciendo que, como los musulmanes buscan armonizar el sentido islámico de lo colectivo con las condiciones cambiantes de nuestras propias sociedades, tienen una nueva oportunidad para definir la naturaleza de la ciudadanía musulmana y asumir un papel más importante a la hora de configurar su propia historia. Que cualquier grupo (ya sea musulmán, judío, cristiano, budista o hindú) se refugie en su gueto cultural, no sólo supone negar la rica diversidad de la experiencia cultural moderna, sino también rechazar la responsabilidad con respecto a las generaciones futuras. Said concluye diciendo que el Islam y Occidente tienen la capacidad para desarrollar una relación mutuamente beneficiosa. Esta relación no debería basarse en ideas de superioridad cultural, sino en el respeto mutuo y la apertura al eclecticismo cultural. Los musulmanes y los occidentales pueden aprender los unos de los otros y cooperar en la búsqueda de valores humanos. Occidente y el Islam no están destinados a enfrentarse como rivales. Occidente puede ofrecer al Islam lo mejor que tiene, a cambio de lo mejor del Islam.

BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA


-    Mahdi Elmandjra, Humillación: El Islam sometido por Occidente , Almuzara, Córdoba, 2005.
-    VV.AA, Alianza de civilizaciones, alianza por la paz , Junta Islámica, Navarra, 2008.
-    Bernard Lewis, ¿Qué ha fallado? El impacto de Occidente y la respuesta de Oriente Medio , Editorial siglo XXI, Madrid.
-    Juan José Tamayo / María José Fariñas, Culturas y religiones en diálogo , Síntesis, Madrid, 2007.
-    Roger Garaudy, El diálogo entre Oriente y Occidente: Las religiones y la fe en el siglo XXI , El Almendro, Málaga, 2005.
-    VV.AA, Alianza de civilizaciones. Seguridad internacional y democracia cosmopolit a , Editorial Complutense, Madrid, 2006.
-    José Daniel Barquero / Albert Arbós, Cómo evitar el choque de culturas y civilizaciones , Libertarias, Madrid, 2007.



NOTAS.-


[1] Fuente: http://www.usip.org/pubs/specialreports/sr82.html Las traducción al castellano de las citas coránicas está basada en El mensaje del Qur'an (6 Volúmenes), The Book Foundation, USA, 2006 y El Corán , Herder, Barcelona, 2005. (Nota de la Redacción).

[2] David Smock es vicepresidente del  Center for Mediation and Conflict Resolution. Es experto en estudios africanos y ha trabajado en distintos lugares de África durante once años. Es doctor en antropología por la Cornell. University.

[3] Abdul Aziz Said es director de la Division of International Peace and Conflict Resolution , en la American University, donde ocupa la cátedra Mohamed Said Farsi Islamic Peace . También es director del Center for Global Peace .

[4] Para más información, véase Joseph Maila, “Los árabes cristianos”, en revista Alif Nûn nos 56 (enero de 2008) y 57 (febrero de 2008) . (Nota de la Redacción).

[5] Mohammed Abu Nimer es profesor agregado en la American University. Es autor del libro Nonviolence and Peace Building in Islam: Theory and Practice.

[6] Siempre que en el Corán se hace referencia a combatir contra los enemigos del Islam, se aclara que los musulmanes nunca deben atacar primero y que si los adversarios cesan en sus hostilidades, los musulmanes deben hacer lo mismo inmediatamente. (Nota de la Redacción).

[7] Para más información, véase AbdelQader Muhammad Ali, “ Feminismo y machismo en las sociedades musulmanas ”, en revista Alif Nûn nº 58, marzo de 2008. (Nota de la Redacción).

[8] Muqtedar Khan es profesor agregado de ciencias políticas y director de estudios internacionales en el Adrian College. También es vicepresidente de la Association of Muslim Social Scientists y forma parte de la dirección del Center for the Study of Islam and Democracy .

[9] Debemos recordar que en el versículo anterior se afirma: “Combatid por Dios contra quienes combatan contra vosotros, pero no os excedáis. Dios no ama a los que se exceden” (2:190). (Nota de la Redacción).

[10] Sulayman Nyang es profesor de estudios africanos en la Howard University. Trabajó en la Embajada de Gambia en Arabia Saudita y es autor del libro Islam, Christianity, and African Identity.

[11] Por ejemplo, algunos hadices informan de que el Profeta prohibía matar a cualquier persona no combatiente e incluso impedía que se talaran árboles y se quemaran cosechas en el curso de una acción militar. (Nota de la Redacción).

[12] Para más información sobre estos acontecimientos, véase Yusuf Fernández, “ El Islam y las escuelas jurídicas ”, en revista Alif Nûn nº 43, noviembre de 2006. (Nota de la Redacción).

[13] Al contrario que los sunníes, que aceptaron la dinastía hereditaria de los Omeyas, o los shi’íes, que sólo aceptaban como gobernantes a los descendientes del Profeta ( ahl al-bait), los jariyíes afirmaban que cualquier musulmán, “incluso un esclavo negro”, podía acceder al poder si reunía la capacidad y la actitud adecuadas. (Nota de la Redacción).

[14] Se dice que eran llamados hashasin por ser consumidores de hachís, también palabra de origen árabe. Para más información sobre este grupo, véase W.C. Bartlett, Los asesinos , Editorial Crítica, Barcelona, 2006; Bernard Lewis, Los asesinos: una secta islámica radical , Alba Editorial, Barcelona, 2002; Vladimir Bartol, Alamut , Editorial Muchnik, Barcelona, 2001; Edward Burman, Los Asesinos. La secta de los guerreros Santos del Islam , Martínez Roca Ediciones, Madrid, 1988. (Nota de la Redacción).

[15] Para más información, véase Toby Jones, “ ¿Hacia dónde se dirige Arabia Saudí? ”, en revista Alif Nûn nº 64, octubre de 2008. (Nota de la Redacción).

[16] Para más información, véase Mary Ann Tétreault, “ Los derechos de la mujer y el concepto de ciudadanía en Kuwait ”, en revista Alif Nûn nº 58, marzo de 2008. (Nota de la Redacción).

[17] Para más información, véase R. Pérez López-Portillo, Argelia, el fin del sueño islamista , Editorial Sílex, Madrid, 1999. (Nota de la Redacción).

[18] Para más información, véase Thierry Zarcone, El Islam en la Turquía actual , Bellaterra, Barcelona, 2005. (Nota de la Redacción).

[19] La visión reduccionista que mantienen bin Laden y sus seguidores es que los civiles a los que asesinan en sus atentados son también culpables, pues los consideraran colaboradores del sistema. Así, el mero hecho de trabajar en las Torres Gemelas fue razón suficiente para justificar su asesinato. (Nota de la Redacción).

[20] “Terrorism: Continuity and Change in the New Century”, en Global Dialogue , otoño de 2000, p. 13.

[21] Para conocer en detalle el comportamiento de algunos países árabes hacia los palestinos, véase Edward Said , “Las consecuencias de 1948”, en revista Alif Nûn nos 59 (abril de 2008) y 60 (mayo de 2008) . (Nota de la Redacción).

[22] Para más información sobre las distintas dimensiones del yihad, véase Seyyed Husein Nasr, “ El significado espiritual del yihad ”, en revista Alif Nûn nº 54, noviembre de 2007. (Nota de la Redacción).


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