UNA APROXIMACIÓN HISTÓRICA
A LA ESCLAVITUD EN ORIENTE MEDIO [1]

Bernard Lewis [2]



En 1842, el Cónsul General británico en Marruecos, como parte del esfuerzo a escala mundial de su gobierno para lograr la abolición de la esclavitud o, al menos, la reducción del comercio de esclavos, elevó sus quejas al sultán de ese país, preguntándole qué medidas había adoptado, si es que lo había hecho, para alcanzar este deseable objetivo. En una carta donde expresaba su asombro de manera evidente, el sultán replicó que “el comercio de esclavos es un asunto sobre el cual todos los colectivos y las naciones han estado de acuerdo desde la época de los hijos de Adán [...] hasta el día de hoy”. El sultán continuaba diciendo que “no soy consciente de que haya sido prohibida por las leyes de ningún colectivo, y no hay necesidad de plantearse esta cuestión, la cual resulta evidente tanto en la tierra como en el cielo y no requiere mayor demostración que la luz del día”.

El sultán sólo estaba ligeramente desfasado con respecto a la promulgación de leyes abolicionistas o que limitaran el comercio de esclavos [3] y, por desgracia, tenía razón en su visión general de la historia. De hecho, la institución de la esclavitud había estado vigente desde tiempo inmemorial. Existió en todas las antiguas civilizaciones de Asia, África, Europa y América precolombina. Había sido aceptada, e incluso aprobada, por el Judaísmo, el Cristianismo y el Islam, así como por otras religiones del mundo.

 En el antiguo Oriente Medio, como en otros lugares, existen pruebas de la existencia de la esclavitud desde los primeros documentos escritos entre los sumerios, los babilonios, los egipcios y otros pueblos antiguos. Al parecer, los primeros esclavos habrían sido cautivos de guerra. Su número aumentó a partir de otras fuentes de suministro. Parece ser que, antes de la antigüedad clásica, la mayoría de los esclavos eran propiedad de reyes, sacerdotes o templos, y sólo una proporción relativamente baja estaba en manos privadas. Se emplearon para cultivar los campos y cuidar de los rebaños de sus amos –los reyes y los sacerdotes–, pero, aparte de esto, no parece que jugaran un papel importante en la producción económica, que en su mayor parte se dejó en manos de pequeños agricultores, arrendatarios, aparceros, artesanos y jornaleros. También se adquirió población esclava de entre los niños pequeños que eran vendidos, abandonados o secuestrados. Personas libres podían venderse a sí mismas o, con más frecuencia, vender a su descendencia como esclavos. Podían convertirse en esclavos por razones de insolvencia y también podían ofrecer a personas en concepto de garantía. En algunos sistemas, sobre todo en el de Roma, personas libres podían también convertirse en esclavos por una serie de delitos.

Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento se reconoce y se acepta la institución de la esclavitud. De vez en cuando se insisteMercado Esclavos Yemen en que los esclavos son esencialmente humanos y que, en consecuencia, deben ser tratados con humanidad. A los judíos se les recuerda con frecuencia tanto en la Biblia como en el Talmud que ellos también fueron esclavos en Egipto y que, por lo tanto, deben tratar a sus esclavos con decencia. El Salmo 123, donde se compara la súplica de quien adora a Dios por misericordia con la suplica del esclavo a su amo, es citado para exigir a los dueños que traten a sus esclavos con compasión. Un versículo del Libro de Job ha sido interpretado como un argumento en contra de la esclavitud como tal: “El que me hizo en el seno materno, ¿no lo hizo también a él [al esclavo]? ¿No nos formó el mismo a los dos?” (Job, 31:15). Sin embargo, probablemente esto sólo significa que el esclavo es un ser humano y no una simple mercancía. Lo mismo cabe decir del muy citado pasaje del Nuevo Testamento donde se dice que “Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, varón ni mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”. La interpretación de estos versículos y otros similares no fue que las diferencias étnicas, sociales o sexuales fueran intrascendentes o que debieran ser eliminadas, sino que, sencillamente, éstas no otorgaban ningún privilegio religioso. Muchas referencias dejan claro que la esclavitud es aceptada en el Nuevo Testamento como un hecho de la vida. Algunos pasajes de las Epístolas de San Pablo incluso la aprueban. En la Carta a los Efesios: 6, el deber de un esclavo con respecto a su amo se compara con el de un hijo para con su padre, y se ordena al esclavo “obedecer a los amos según la carne, en simplicidad de corazón, con respetuoso temor, como a Cristo”. Padres y amos estaban obligados por igual a mostrar consideración hacia sus hijos y esclavos. Todos los seres humanos que profesaban la verdadera fe eran iguales a los ojos de Dios y en la otra vida, pero no necesariamente según las leyes de los hombres ni en este mundo. Los que no profesaban la verdadera fe –no importa cuál fuera– estaban en otra categoría, inferior en muchos aspectos. En este sentido, la percepción de los griegos con respecto a los bárbaros coincide con la de judíos, cristianos y musulmanes con respecto a los infieles.

En cualquier caso, parece que algunas personas se opusieron a la esclavitud; por lo general, al modo en que se practicaba, pero a veces incluso a la esclavitud como tal. En el mundo grecorromano, tanto cínicos como estoicos decían rechazar la esclavitud como contraria a la justicia, algunos basaban su oposición en la unidad de la raza humana, y los juristas romanos habrían llegado a declarar que la esclavitud era contraria a la naturaleza y que sólo se mantenía gracias a la ley “humana”. Sin embargo, no hay evidencias de que juristas o filósofos trataran de abolirla, e incluso se ha cuestionado que llegaran a oponerse a ella, ni siquiera a nivel teórico. Gran parte del debate se refería a temas morales y espirituales –la verdadera libertad del hombre bueno, incluso si está esclavizado, y la esclavitud del hombre malo a sus pasiones. Estas ideas, que se repiten en los escritos judíos y cristianos, resultaban de poca ayuda para quienes sufrían el día a día de la esclavitud. Filón, el filósofo judío de Alejandría, afirma que una secta judía sí llegó a renunciar a la esclavitud en la práctica. En un informe algo idealizado sobre los esenios, observa que practicaban una forma primitiva de comunismo, compartiendo viviendas, propiedades e ingresos. [4] Además, “no hay un solo esclavo entre ellos, pues todos son libres, intercambiando servicios entre sí; y denuncian a los propietarios de esclavos, no sólo por su injusticia al atentar contra la ley de la igualdad, sino también por su impiedad al anular la ley de la naturaleza, que, como una madre, dio a luz y crió a todos los hombres por igual, y los creó como verdaderos hermanos –no de palabra, sino en verdad–, aunque este parentesco ha sido puesto en duda por el triunfo de la maligna codicia, que ha provocado distanciamiento en lugar de afinidad y enemistad en lugar de amistad.”

Estas ideas, si en verdad se adoptaron y se pusieron en práctica, son únicas en el antiguo Oriente Medio. [5] Judíos, cristianos y paganos por igual fueron propietarios de esclavos y ejercieron los derechos y la autoridad que les conferían sus diversas leyes religiosas. En todas las comunidades hubo hombres compasivos que instaron a los propietarios a que trataran a sus esclavos con humanidad, e incluso hubo algunos intentos para garantizar esto mediante la ley. Pero la institución de la esclavitud como tal no fue seriamente cuestionada y, de hecho, a menudo fue defendida como si se tratara de una ley natural o un decreto divino. De este modo, Aristóteles defiende la institución de la esclavitud e incluso la esclavitud forzada para quienes son “esclavos por naturaleza y les resulta beneficioso ser gobernados por esta clase de autoridad”; otros filósofos griegos expresan ideas similares, sobre todo con respecto a los cautivos esclavizados que proceden de los pueblos conquistados. Para estos pueblos, la esclavitud no sólo era adecuada; también era ventajosa.

Mercader Arabe con Esclava Los antiguos israelitas no afirmaban que la esclavitud fuera beneficiosa para los esclavos, pero, como los antiguos griegos, sintieron la necesidad de explicar y justificar la esclavización de sus vecinos. En éste, como en otros asuntos, no buscaron una justificación filosófica sino religiosa, y la encontraron en el relato bíblico de la maldición de Cam. Resulta significativo que esta maldición se limitara a un único linaje de los descendientes de Cam, en concreto a los hijos de Canaán, a quienes los israelitas habían sometido cuando conquistaron la Tierra Prometida, y que no afectara al resto.

El Corán, al igual que el Antiguo y el Nuevo Testamento, asume la existencia de la esclavitud. Regula la práctica de esta institución y, de este modo, la acepta de manera implícita. El Profeta Muhammad y aquellos de sus compañeros que podían permitírselo, tenían esclavos; algunos de ellos adquiridos sobre todo mediante la conquista. Pero la legislación coránica, más tarde confirmada y elaborada en la Ley Sagrada, trajo consigo dos cambios importantes con respecto a la antigua esclavitud, los cuales iban a tener consecuencias de gran alcance. Uno de ellos fue la presunción de la libertad, el otro, la prohibición de esclavizar a personas libres, excepto en circunstancias muy concretas.

El Corán fue revelado en La Meca y Medina en el siglo séptimo, y el contexto en el que debe estudiarse la legislación coránica es el de la antigua Arabia. Los árabes practicaban una forma de esclavitud similar a la que existía en otras partes del mundo antiguo. El Corán aceptó la institución, aunque cabe señalar que la palabra ‘abd (esclavo) no se emplea casi nunca, y en su lugar suelen usarse algunas perífrasis como ma malakat aymanukum, “lo que posee vuestra mano derecha”. El Corán reconoce la desigualdad básica entre amo y esclavo, y los derechos del primero sobre el segundo (Corán, 16:71 y 30:28). [6] También reconoce el concubinato (4:3, 23:6, 33:50-52, 70:30). [7] Anima, pero no ordena, a ser amable con los esclavos (4:36, 9:60, 24:58), y recomienda, auque sin exigir, su liberación mediante compra o manumisión. Recomienda la liberación de los esclavos como expiación de los pecados (4:92, 5:92, 58:3) o bien como un acto de simple benevolencia (2:177, 24:33, 89:13). Exhorta a los amos a que permitan que sus esclavos se ganen o compren su propia libertad. Un cambio importante respecto a las costumbres paganas, aunque no a las judías o las cristianas, es que, en un sentido estrictamente religioso, el esclavo creyente es ahora hermano del hombre libre en el Islam y ante Dios, y superior al hombre libre pagano o idólatra (2:221). Este punto se subraya y se desarrolla en detalle en innumerables hadices (tradiciones), donde se indica que el Profeta recomendaba tratar a los esclavos con respeto, e incluso a veces se dice que igual que a los libres. También se dice que el Profeta denunciaba la crueldad, la dureza e incluso la descortesía para con los esclavos, recomendando su liberación y recordando a los musulmanes que su apostolado iba dirigido a libres y esclavos por igual.

Aunque la esclavitud se mantuvo, las disposiciones del Islam mejoraron enormemente la posición del esclavo en Arabia, quien ya no era una simple mercancía sino un ser humano con un cierto estatus religioso y, por lo tanto, social, y con ciertos derechos cuasi-legales. Los primeros califas que gobernaron la comunidad islámica tras la muerte del Profeta también introdujeron algunas nuevas reformas de carácter humanitario. Pronto se desaconsejó que los musulmanes libres fueran esclavizados, y finalmente se prohibió. Se consideró ilegal que un hombre libre se vendiera a sí mismo o a sus hijos como esclavos, y dejó de estar permitido que un hombre libre fuera esclavizado por deudas o crímenes, algo habitual en el mundo romano y, a pesar de los intentos de reforma, en algunas partes de la Europa cristiana hasta por lo menos el siglo XVI.

La jurisprudencia islámica adoptó como principio fundamental que la condición natural del hombre y, por lo tanto, su situación legal por defecto, es la libertad, al igual que la norma básica con respecto a los actos es la permisividad: lo que no está expresamente prohibido, está permitido; si no consta que alguien sea esclavo, entonces es libre. Esta norma no siempre se aplicó de manera estricta. Rebeldes y herejes a veces eran denunciados como infieles o, peor aún, apóstatas, y reducidos a la esclavitud, al igual que las víctimas de algunos gobernantes musulmanes en África, quienes declaraban el yihad contra sus vecinos sin prestar mucha atención a las creencias religiosas de éstos, con el fin de proporcionar una cobertura legal a su esclavización. Sin embargo, en general, y desde luego en las tierras centrales del Islam, bajo regímenes altamente civilizados, la norma fue respetada, y súbditos del Estado, ya fueran musulmanes o no, fueron protegidos de la esclavitud ilegal.

Dado que los seres humanos eran libres por naturaleza, la esclavitud sólo podía derivarse de dos circunstancias: 1) haber nacido de padres esclavos, o 2) ser capturado en una guerra. La segunda fue pronto limitada a los infieles capturados en un yihad

Estas reformas limitaron seriamente la oferta de nuevos esclavos. Niños abandonados y no reclamados ya no podían tomarse como esclavos, tal y como habitualmente se hacía en la antigüedad, y las personas libres tampoco podían ser ya esclavizadas. Bajo la ley islámica, la población esclava sólo podía adquirirse –al margen de los nacidos esclavos o quienes eran capturados– mediante importación, ya fuese a través de la compra o en forma de tributos procedentes del exterior de las fronteras islámicas. En los primeros tiempos de rápida conquista y expansión, la guerra santa proporcionó un suministro abundante de nuevos esclavos, pero cuando las fronteras se fueron estabilizando, este suministro se redujo a un simple goteo. Ahora, la mayoría de las guerras se dirigían contra ejércitos organizados, como los bizantinos o los de otros Estados cristianos, y los prisioneros de guerra solían ser rescatados o intercambiados. [8] Dentro de las fronteras islámicas, el Islam se extendió con rapidez entre las poblaciones de los territorios recién adquiridos, e incluso quienes permanecían fieles a sus antiguas religiones y vivían como personas protegidas ( dhimmi ) bajo gobierno musulmán, no podían, si eran libres, ser legalmente esclavizados, salvo que hubieran violado los términos de la dhimma , el contrato que regía su estatus, rebelándose, por ejemplo, contra el gobierno musulmán, ayudando a los enemigos del Estado musulmán o, de acuerdo a las mismas autoridades, negándose a abonar la yizia o el jaray, impuestos que los dhimmis pagaban al Estado musulmán.  [9]

En el imperio musulmán, la tendencia humanitaria del Corán y de los primeros califas fue, hasta cierto punto, contrarrestada por otras influencias. Entre éstas destacan las costumbres de varios pueblos y países conquistados por los musulmanes después de su expansión, sobre todo las costumbres de las provincias que anteriormente habían permanecido bajo la ley romana. Esta ley, incluso en su versión cristianizada, seguía siendo muy dura en su trato hacia los esclavos. Quizá fue igual de importante el enorme aumento de la población esclava debido, en primer lugar, a las propias conquistas y, más tarde, a una gran red de importación altamente organizada. Esto provocó una caída del valor monetario de los esclavos y, por lo tanto, de su valor humano, y también condujo a que se adoptaran en general una actitud más dura y unas leyes más severas. Pero incluso después de este endurecimiento de las actitudes y de las leyes, las costumbres islámicas todavía representaban una importante mejora con respecto a las heredadas de la antigüedad, desde Roma y Bizancio. 

Se excluyó a los esclavos de las funciones religiosas o de cualquier cargo que implicara ejercer la autoridad sobre otros. [10] No se admitía su testimonio en los procesos judiciales. En derecho penal, el castigo por un delito contra una persona, en forma de multa o precio de sangre, era la mitad para un esclavo que para un hombre libre. [11] Aunque el maltrato se consideraba deplorable, la shari‘a no fijaba ningún castigo. [12] En lo que podrían llamarse asuntos civiles, el esclavo era una mercancía sin ningún derecho o capacidad legal en absoluto. No podía firmar un contrato, tener propiedades o heredar. Si incurría en un delito, su propietario era el responsable. Sin embargo, en cuestión de derechos, su situación era mucho mejor que la de un esclavo griego o romano, ya que los juristas musulmanes, y no sólo los filósofos y los moralistas, tuvieron en cuenta consideraciones de carácter humanitario. Por ejemplo, establecieron que un amo debía proporcionar atención medica a su esclavo cuando la necesitase, debía mantenerlo de manera adecuada, y debía cuidarlo cuando envejeciese. Si el amo infringía estas u otras obligaciones con respecto a su esclavo, el qadi (juez) podía obligarle a cumplirlas, o bien a vender o liberar al esclavo. El amo tenía prohibido hacer trabajar demasiado al esclavo, y si lo hacía hasta el límite de la crueldad, podía ser castigado con una pena que, sin embargo, no era de obligada aplicación ni estaba establecida por la ley. Un esclavo podía firmar un contrato para ganar su libertad, en cuyo caso su amo no tenía la obligación de pagar su mantenimiento. Aunque, en teoría, un esclavo no podía tener propiedades, se le podían conceder ciertos derechos de propiedad por los cuales pagaba una cantidad fija a su amo.

Un esclavo podía casarse, pero sólo con el consentimiento de su amo. En teoría, un esclavo varón podía casarse con una mujer libre, pero era desaconsejable y estaba prohibido en la práctica. Un amo no podía casarse con su propia esclava a menos que primero la liberara. [13] La ley islámica proporciona una serie de métodos para que un esclavo pueda ser liberado. Uno es la manumisión, la cual se efectuaba mediante una declaración formal por parte del amo, que se registraba en un certificado entregado al esclavo liberado. La manumisión de un esclavo incluía a los descendientes de éste, y los juristas especifican que si hubiera alguna incertidumbre respecto al acto de manumisión, el esclavo tiene el beneficio de la duda. Otro método es un acuerdo escrito por el cual un amo otorga la libertad a cambio de una suma fija. Una vez que se ha concertado el acuerdo, el amo ya no tiene derecho a disponer de su esclavo, ya sea vendiéndolo o donándolo. El esclavo todavía es objeto de ciertas desventajas jurídicas, pero en casi todos los aspectos es virtualmente libre. Dicho acuerdo, una vez suscrito, puede ser impugnado por el esclavo, pero no por el amo. Tras entrar en vigor el contrato, los hijos del esclavo nacen libres. El amo puede decidir liberar a un esclavo en un determinado momento. También puede obligar a sus herederos a que liberen a un esclavo antes de la muerte de éste. Las escuelas de derecho difieren un poco sobre lasnormas relativas a este tipo de liberación.

Además de todos estos métodos, que dependen de la voluntad del amo, existen varias causas legales que pueden dar lugar a la liberación, al margen del deseo del amo. La más común es una sentencia legal emitida por un qadi , ordenando a un amo que emancipe a un esclavo que haya sido maltratado. Un caso especial es el de umm walad, una esclava que tiene un hijo de su amo, y por tanto adquiere ciertos derechos legales irrevocables.

Los súbditos no musulmanes del Estado islámico, es decir, los dhimmis, en la práctica podían tener sus propios esclavos, y las familias cristianas y judías que podían permitírselo poseían y empleaban a los esclavos del mismo modo que lo hacían sus homólogos musulmanes. No se les permitía tener esclavos musulmanes, y si un esclavo de un dhimmi abrazaba el Islam, su propietario estaba legalmente obligado a liberarlo o venderlo. Por supuesto, a los judíos y a los cristianos no les estaba permitido tener concubinas musulmanas, y de hecho sus propias autoridades religiosas solían prohibirles, no siempre con éxito, las relaciones sexuales con sus esclavas. Los esclavos judíos, adquiridos mediante pirateo en el Mediterráneo e incursiones en la Europa Oriental, a menudo eran rescatados y liberados por sus correligionarios de la zona. Los esclavos cristianos, mucho más numerosos, estaban en su mayoría condenados a seguir siéndolo, excepto los de Europa Occidental, cuyo rescate podía organizarse desde sus tierras de origen. A veces, los cristianos y los judíos que poseían esclavos intentaban convertir a su propia religión a sus esclavos domésticos. De hecho, la ley rabínica instaba a los judíos a que intentaran persuadir a sus esclavos para aceptar la conversión mediante la circuncisión y el ritual de inmersión. Se practicó ampliamente una forma de conversión a medias mediante la cual el esclavo aceptaba algunos mandamientos y conductas básicos, pero no todo el rigor de la ley mosaica. De acuerdo a la ley judía, un esclavo converso, o incluso converso a medias, no podía ser vendido a un gentil. De hecho, si el propietario vendía a su esclavo o esclava en estas circunstancias, el o ella debían ser puestos en libertad. Por el contrario, después de un determinado periodo de tiempo, un esclavo que rechazase incluso una conversión a medias era vendido a un gentil. Las autoridades musulmanas, tanto juristas como gobernantes, tenían distintos puntos de vista al respecto. Por supuesto, la conversión de un musulmán era un delito capital, y algunos juristas mantenían que sólo era legal la conversión al Islam. Otros, sin embargo, no ponían objeción a la conversión entre religiones no musulmanas, siempre que los esclavos conversos hubieran alcanzado la madurez mental y cambiaran de religión por voluntad propia.

Aunque un musulmán libre no podía ser esclavizado, la conversión al Islam de un esclavo no musulmán no suponía su liberación. Su condición de esclavo no se veía afectada por su Islam, ni tampoco la de un niño musulmán nacido de padres esclavos.

Hubo esporádicas rebeliones de esclavos y, teniendo en cuenta las normas y regulaciones sobre esclavos fugitivos, parece ser que las fugas no fueron infrecuentes. Los esclavos procedentes de países vecinos podían tener alguna oportunidad de regresar a sus hogares, y se conocen ejemplos de esclavos europeos en territorio otomano que huyeron a Europa, donde algunos incluso escribieron las memorias o las crónicas sobre su cautiverio. Los esclavos procedentes de las estepas o de África tenían remotas posibilidades de encontrar su camino de regreso a casa.

Como hemos visto, la población esclava se adquiría por cuatro vías principales: captura, tributo, descendencia y compra.

- Captura: En los primeros siglos del Islam, durante el periodo de conquista y expansión, ésta fue la fuente de abastecimiento más importante. Cuando se estabilizaron las fronteras, disminuyó el número de esclavos adquiridos de este modo y, finalmente, sólo cubría una proporción muy pequeña de los esclavos necesarios. Los conflictos fronterizos y las incursiones navales proporcionaban algunos cautivos, pero eran relativamente pocos y solían ser canjeados. En siglos posteriores, las guerras en África o en la India aportaron algunos esclavos mediante su captura. Con la expansión del Islam y la aceptación del estatus de dhimmi para un número cada vez mayor de no musulmanes, se redujo mucho la posibilidad de adquirir esclavos mediante captura.

- Tributo: Los esclavos a veces formaban parte del tributo exigido a los Estados vasallos situados al otro de las fronteras islámicas. El primero de estos tratados, firmado con el rey negro de Nubia el año 31 de la hégira (652 d.C.), incluía una tasa anual de esclavos que debía enviarse desde ese país. De hecho, ésta podría haber sido la razón de que Nubia no fuera conquistada durante mucho tiempo. El envío estipulado de algunos cientos de esclavos y esclavas, a los que más tarde se añadieron elefantes, jirafas y otros animales salvajes, continuó al menos hasta el siglo XII, cuando se interrumpió debido a una serie de encarnizadas guerras entre los gobernantes musulmanes de Egipto y los reyes cristianos de Nubia. Los primeros conquistadores árabes impusieron acuerdos similares, que preveían la entrega de un tributo en forma de esclavos, a los príncipes vecinos de Irán y Asia Central, pero fueron más breves.

- Descendencia: La obtención de esclavos mediante el crecimiento natural de su población parece haber sido escasa y, hasta la época moderna, insuficiente para mantener su número. Esto contrasta de un modo llamativo con la situación en el Nuevo Mundo, donde la población esclava crecía muy rápidamente. Varios factores contribuyeron a esta diferencia. Quizá el más importante es que la población de esclavos en el Oriente Medio islámico disminuía constantemente debido a la liberación de éstos –a veces como un acto de piedad y, más a menudo, cuando un hombre libre reconocía y liberaba a su propia descendencia procedente de una madre esclava. Hubo también otras razones para el bajo crecimiento natural de la población esclava en el mundo islámico. Entre éstas se incluyen:

1) La castración: Muchos esclavos varones eran importados como eunucos y, por lo tanto, no podían tener descendencia. Entre ellos hubo muchos que, en otras circunstancias, gracias a la riqueza y el poder que adquirieron, podrían haber fundado una familia.

2) Los esclavos militares, otro grupo que alcanzó puestos de gran poder, generalmente eran liberados en algún momento de su carrera y, de ese modo, sus descendientes eran libres y no esclavos.

3) En general, solo la categoría más baja de esclavos –sirvientes, empleados domésticos y trabajadores manuales– mantenía su condición de servidumbre y transmitía esa condición a sus descendientes, de los cuales no había muchos –los encuentros sexuales ocasionales estaban prohibidos y no se fomentaba el matrimonio de los esclavos.  

4) Había un alto índice de mortalidad entre todo tipo de esclavos, desde los grandes comandantes militares hasta los humildes sirvientes. La mayoría de los esclavos procedía de lugares remotos y, al carecer de defensas, moría en gran número a causa de epidemias o enfermedades endémicas. En una época tan tardía como el siglo XIX, los viajeros occidentales en el norte de África y Egipto informaron del alto índice de mortalidad entre los esclavos negros importados.

- Compra: Este iba a ser el medio más importante para la adquisición legal de nuevos esclavos. Los esclavos se compraban en lasEsclavos Antiguo Egipto fronteras del mundo islámico y luego se importaban a los principales centros urbanos, donde había mercados desde los cuales se distribuían por todo el territorio. En una de las tristes paradojas de la historia humana, fueron las reformas humanitarias que estableció el Islam las que dieron lugar a un gran desarrollo del comercio de esclavos, dentro –y aún más, fuera– del mundo islámico. En el mundo romano, a veces la población esclava se obtenía del exterior, cuando se conquistaba un nuevo territorio o se repelía una invasión bárbara, pero los esclavos procedían en su mayoría del interior. Esto no fue posible en el imperio islámico, donde, auque se mantuvo la esclavitud, se prohibió esclavizar a las personas libres. El resultado fue un aumento masivo en la importación de esclavos desde el exterior. Al igual que se prohibió esclavizar a las personas libres, la ley islámica también prohibió la mutilación. Los numerosos eunucos necesarios para proteger la inviolabilidad de los palacios, los hogares y algunos lugares sagrados eran importados desde el exterior o, como ocurría a menudo, “manufacturados” en las fronteras. En época medieval u otomana, los eunucos procedían de dos fuentes principales: eslavos y etíopes (habash, un término que solía incluir a todos los pueblos del Cuerno de África). A veces también se obtenían eunucos de entre los griegos ( rum), los africanos occidentales (takrur , pl. takatina ), los indios y, en ocasiones, los europeos occidentales. [14]  

La población esclava del mundo islámico procedía de diversos territorios. Al principio, los esclavos provenían en su mayoría de los países recién conquistados: el Creciente Fértil y Egipto, Irán y el norte de África, Asia Central, la India y España. La mayoría de estos esclavos tenía un nivel cultural al menos tan alto como el de sus amos árabes, y fueron rápidamente absorbidos en el conjunto de la población mediante la conversión o la manumisión. Dado que disminuyó el suministro de esclavos obtenidos por medio de la conquista y la captura, las necesidades del mercado de esclavos fueron cubiertas cada vez más por la importación desde el exterior. Un pequeño número de esclavos procedía de la India, China, el sudeste asiático y el Imperio Bizantino, la mayoría especialistas y técnicos de uno u otro tipo. La mayor parte de los esclavos no cualificados, sin embargo, venía de los territorios vecinos, situados al norte y al sur del mundo islámico: blancos de Europa y de las estepas euroasiáticas y negros del África subsahariana. Tanto entre los blancos europeos como entre los negros africanos no faltaban comerciantes e intermediaros emprendedores, deseosos de participar en este lucrativo comercio, que estaban dispuestos a capturar y entregar a sus vecinos como esclavos, en un negocio fácil y en expansión. En Europa también existía un importante comercio de esclavos musulmanes, judíos, paganos, e incluso cristianos ortodoxos, que se capturaban y vendían principalmente para uso doméstico.

Los esclavos de Europa Central y Oriental, generalmente conocidos como saqaliba (es decir, eslavos), [15] se importaban por tres vías principales: por tierra, a través de Francia y España, desde Europa Oriental, a través de Crimea, y por mar, cruzando el Mediterráneo. Aunque no todos, en su mayoría eran eslavos. Algunos eran capturados en incursiones navales de los musulmanes en las costas europeas, sobre todo en las de Dalmacia. Casi todos eran atrapados por mercaderes de esclavos europeos, sobre todo venecianos, que repartían sus cargamentos de esclavos en los mercados musulmanes de España y el norte de África. Los saqaliba jugaron un importante papel en la España musulmana y algo menor en el norte de África, pero su papel fue secundario en el este. Con la consolidación de poderosos Estados en la Europa cristiana, se agotó el suministro de esclavos de Europa Occidental y éste sólo pudo mantenerse mediante incursiones piratas en la costa, procedentes del norte de África.

Los esclavos negros eran introducidos en el mundo islámico por varias rutas: desde África Occidental, cruzando el Sáhara, hasta Marruecos y Túnez, desde el Chad, a través del desierto de Libia, desde África Oriental, Nilo abajo, hasta Egipto, y a través del Mar Rojo y el Océano Índico, hasta Arabia y el Golfo Pérsico. Los esclavos turcos de las estepas se vendían en Samarcanda y otras ciudades musulmanas de Asia Central, y desde allí se exportaban a Irán, el Creciente Fértil y más allá. Los caucásicos, cada vez más importantes en siglos posteriores, se traían desde el istmo entre el Mar Negro y el Caspio y se vendían sobre todo en Alepo y Mosul.

Durante el periodo otomano, primera época de la que poseemos una amplia documentación, el modelo de importación cambió. Al principio, el Imperio Otomano en expansión, como antes el imperio árabe, obtenía sus esclavos mediante la conquista y la captura, y un gran número de cristianos de los Balcanes fue obligado a servir a los otomanos. La peculiar institución otomana llamada devsirme (el reclutamiento de niños procedentes de la población cristiana de las aldeas) hizo posible, a diferencia de la ley y las costumbres islámicas anteriores, la obtención de esclavos de entre los pueblos sometidos en las provincias conquistadas. Sin embargo, los esclavos procedentes del devsirme no eran sirvientes o empleados domésticos sino que, según sus capacidades, fueron preparados para servir al Estado, en su vertiente civil o militar. [16] Durante mucho tiempo, la mayoría de los grandes visires y los comandantes militares del ejército otomano se reclutaron de este modo. El devsirme desapareció a principios del siglo XVII y, a finales del mismo, el avance otomano en Europa había sido detenido y anulado por completo. Los piratas que operaban desde el norte de África seguían trayendo cautivos europeos, pero éstos no suponían un aumento significativo de la población esclava. Hermosas muchachas desaparecían de los harenes y los hombres a menudo tenían la posibilidad de ser rescatados o de unirse a sus captores, una opción de la que muchos se valieron. Los menos afortunados, como los cautivos musulmanes que caían en poder de las potencias marítimas europeas, servían en galeras.

La demanda de esclavos del Imperio Otomano se cubría ahora partiendo de nuevas fuentes. Una de ellas fue la población del Cáucaso: georgianos, circasianos y pueblos afines, famosos por disponer de bellas mujeres y valientes y hermosos hombres. Las primeras desempeñaron un importante papel en los harenes, y los segundos en la administración y el ejército de los Estados Otomano y persa. El suministro de estos esclavos se redujo, aunque no cesó, cuando los rusos conquistaron el Cáucaso en los primeros años del siglo XIX. Otra fuente de suministro fue el Janato tártaro de Crimea, cuyos jinetes se adentraban todos los años a lo largo y ancho de Europa Central y Oriental, llevándose consigo un gran número de esclavos y esclavas. Estos eran trasladados a Crimea y desde allí se enviaban a los mercados de esclavos de Estambul y de otras ciudades turcas. Este comercio llegó a su fin cuando los rusos se anexionaron Crimea en 1783 y acabaron con la independencia tártara.

Privados de la mayor parte de sus fuentes de abastecimiento de esclavos blancos, los otomanos se dirigieron cada vez más hacia África, que a lo largo del siglo XIX iba a proporcionar la mayoría de los esclavos empleados en los países musulmanes, desde Marruecos hasta Asia. Según un informe alemán publicado en 1860, “en esa época, los esclavos negros se obtenían sobre todo mediante incursiones y raptos en Sennaar, Kordofán, Darfur, Nubia y otros lugares del interior de África; la mayoría de los esclavos blancos eran vendidos voluntariamente por sus familiares en los territorios independientes del Cáucaso (mujeres lesghi [17] , de Daguestán o Georgia, pero casi nunca hombres). Quienes eran ofrecidos en venta ya tenían la condición servil con anterioridad o eran niños esclavos de nacimiento”.

Desde comienzos de la Edad Media en adelante, la necesidad de importar un elevado y creciente número de esclavos provocó que en todos los territorios más allá de las fronteras del mundo islámico crecieran con rapidez tanto las incursiones en busca de esclavos como el comercio de éstos –las primeras para tratar de mantener el adecuado suministro de la mano de obra necesaria, y el segundo para garantizar su eficiente distribución y reparto. En el mundo antiguo, donde la mayoría de los esclavos que no eran cautivos de guerra procedían de un entorno cercano, la trata de esclavos era casi siempre un simple asunto de carácter local, a menudo combinado con otras actividades comerciales. En el mundo islámico, donde los esclavos se transportaban largas distancias desde sus lugares de origen, la trata de esclavos era más compleja y especializada, con una red de rutas comerciales y de mercados que se extendía por todo el mundo islámico y más allá de sus fronteras, y que trajo consigo las relaciones comerciales con proveedores de la Europa cristiana, las estepas turcas y el África negra. En todas las ciudades importantes había un mercado de esclavos, generalmente llamado suq al-raqiq. Cuando llegaban nuevos suministros, los inspectores del gobierno solían tener la primera opción de compra, luego los funcionarios, y por último, los particulares. Parece ser que los esclavos no eran vendidos en mercados abiertos, sino en lugares adecuadamente cubiertos –una práctica que perduró en algunos lugares hasta el siglo XIX, y en otros incluso hasta el XX.

Existe mucha información sobre el precio de los esclavos, la mayoría de la cual es demasiado heterogénea en cuanto a fechas yEunucos Harn Sultan Otomano procedencia como para proporcionar algo más que una impresión general. La información más detallada proviene del Egipto medieval y muestra que el nivel de los precios se conservó de manera sorprendente. El precio medio de una niña esclava era de veinte dinares (monedas de oro) que, según la equivalencia entre el oro y la plata vigente en aquella época, equivalía a 266 dirhams (monedas de plata). [18] Otros documentos de la época medieval muestran precios algo más altos. Parece ser que los esclavos negros costaban entre doscientos y trescientos dirhams; los eunucos negros al menos dos o tres veces más. Las esclavas negras se vendían a unos quinientos dirhams; las muchachas que sabían cantar y otros artistas, a diez e incluso veinte mil. Los esclavos blancos, en su mayor parte para fines militares, eran más caros. Se habla de precios de trescientos dirhams para los turcos cerca de su lugar de origen, en Asia Central, y de precios mucho más altos en otros lugares. En Bagdad alcanzaban un precio de cuatrocientos o quinientos dirhams, mientras que una niña blanca podía venderse por mil dinares o más. A mediados del siglo XIX, un informe alemán sobre Turquía habla de precios de entre cuatro mil y cinco mil piastras –unos doscientos o trescientos dólares, según el precio actual– en Estambul por un “educado y fuerte esclavo negro”, mientras que “por las niñas blancas de especial belleza se pagan cincuenta mil piastras o más”. En general, los eunucos alcanzaban precios más altos que otros varones, los esclavos más jóvenes costaban más que los más ancianos, y las mujeres, ya fuera para trabajo o para placer, eran más caras que los hombres. Olufr Eigilsson, un pastor luterano islandés que fue capturado junto a su familia y muchos de sus feligreses cuando corsarios de Berbería asaltaron su pueblo en 1627 y que escribió un relato de sus aventuras, indica que su joven criada fue vendida por setecientos dólares y después revendida por mil.

Los esclavos se empleaban para una serie de funciones en el hogar y en el trabajo, en la agricultura y en la industria, en el ejército y en tareas especializadas. El mundo islámico no se regía por un sistema esclavista de producción, como se dice de la antigüedad clásica, pero la esclavitud tampoco fue completamente doméstica. Diversos tipos de obreros esclavos tuvieron cierta importancia en la época medieval, sobre todo donde se requerían actividades a gran escala, y continuaron teniéndola hasta bien entrado el siglo XIX. Sin embargo, los esclavos más importantes, de quienes tenemos más información, estaban destinados a las tareas comerciales o del hogar, y ellos fueron los típicos esclavos del mundo islámico. Parece ser que casi todos eran negros, junto a algunos indios y algunos blancos. Al parecer, en épocas posteriores, de las que tenemos información más detallada, aunque los esclavos sufrían terribles privaciones desde el momento de su captura hasta llegar a su destino definitivo, una vez que eran ubicados en una familia, recibían un trato razonablemente bueno y hasta cierto punto eran aceptados como miembros de la misma. En el comercio, los esclavos solían trabajar como aprendices de sus amos y a veces como ayudantes, llegando a convertirse en sus representantes o incluso en sus socios comerciales.

Los esclavos, al igual que los libertos, jugaban un papel importante en el ámbito doméstico. Los eunucos eran necesarios para proteger y vigilar los harenes, como sirvientes de confianza, como personal de palacio y también como custodios de las mezquitas, los cementerios y otros lugares sagrados. Las esclavas eran empleadas principalmente como concubinas y como criadas. Un propietario de esclavos musulmán tenía derecho por ley al disfrute sexual de sus esclavas. [19] Si bien las mujeres libres podían tener sus propios esclavos varones, desde luego no tenían un derecho equivalente.

La explotación económica de los esclavos, aparte de algunos trabajos en la construcción, se produjo principalmente en el campo, lejos de las ciudades, y como casi todo lo relacionado con la vida rural, está escasamente documentada. El mundo islámico medieval era una civilización urbana. Tanto su ley como su literatura se ocupan casi por completo de los habitantes de las ciudades, sus vidas y sus problemas, y resulta sorprendente la escasa información que ha llegado hasta nosotros relacionada con la vida en los pueblos y en el campo. [20] A veces, un acontecimiento dramático como la revuelta de los zanj en el sur de Iraq [21] o una referencia de pasada en la literatura de viajes [22]   arroja una repentina luz sobre la vida en el campo. Por el contrario, seguimos sin saber lo que ocurría fuera de las ciudades hasta el siglo XVI, cuando, por vez primera, los archivos otomanos que se han conservado permiten seguir con cierto detalle la vida y las actividades de la población rural –y la investigación de este material apenas si ha comenzado. El punto de vista habitual respecto a la esclavitud islámica según el cual ésta era básicamente de carácter doméstico y militar puede por lo tanto estar reflejando la visión sesgada de nuestra documentación en lugar de la realidad. No obstante, hay referencias ocasionales a grandes grupos de esclavos, la mayoría negros, que trabajaban en la agricultura, en las minas y en tareas tan especializadas como el drenaje de pantanos. Algunos, los menos afortunados, eran alquilados por sus propietarios para trabajar a destajo. Estos esclavos trabajadores tenían una vida mucho más dura. Los más desafortunados eran los que se dedicaban a la agricultura y otros trabajos manuales y actividades a gran escala, como fue el caso de los esclavos zanj, usados para drenar las salinas del sur de Iraq, y los negros empleados en las minas de sal del Sáhara y en las minas de oro de Nubia. Estos esclavos eran reunidos en grandes asentamientos y trabajaban en grupos. Grandes terratenientes, o propiedades de la corona, empleaban a menudo a miles de ellos. Mientras que en el ámbito doméstico y comercial los esclavos poseían un cierto nivel de vida, estos otros vivían y morían en la miseria. De las minas de sal del Sáhara se decía que ningún esclavo podía vivir allí durante más de cinco años. El cultivo del algodón y el azúcar, que los árabes trajeron de Oriente a través del norte de África hasta España, muy probablemente trajo consigo algún tipo de sistema de plantaciones. De hecho, los primeros documentos otomanos relacionados con el tema muestran un amplio uso de la mano de obra esclava en las plantaciones de arroz estatales. Algunos de estos sistemas para el cultivo del algodón y el azúcar se extendieron a través del norte de África hasta España y quizá más allá. Si bien la mano de obra esclava explotada con fines económicos era masculina en su mayor parte, a veces las esclavas también fueron explotadas económicamente. La costumbre preislámica de emplear a mujeres esclavas como prostitutas está expresamente prohibida por la ley islámica, pero sin embargo parece haber sobrevivido. 

Soldados otomanos Los esclavos militares fueron en cierto sentido los aristócratas de la población esclava. Con mucho, los más importantes entre todos ellos fueron los turcos importados desde las estepas euroasiáticas, Asia Central y lo que ahora es el Turkestán chino. Los eslavos ocupaban una posición similar en la España musulmana y el norte de África durante la Edad Media, y más tarde los esclavos de los Balcanes y el Cáucaso en el Imperio Otomano. En ocasiones, los esclavos negros se empleaban como soldados, pero esto no fue muy habitual y, por lo general, duró poco tiempo.

Sin duda, los esclavos más privilegiados fueron los artistas. Tanto los niños como las niñas esclavas que mostraban cierto talento recibían educación musical, literaria y artística. En la época medieval, la mayoría de los cantantes, bailarines e intérpretes musicales eran, al menos en su origen, esclavos. Quizás el más famoso fue Ziryab, un esclavo persa de la corte de Bagdad que más tarde se trasladó a España, donde se convirtió en árbitro del buen gusto y de quien se dice que introdujo los espárragos en Europa. [23] No pocos esclavos y libertos han inscrito sus nombres en la poesía y la historia árabes.

En una sociedad donde los puestos militares de responsabilidad y el poder político fueron sistemáticamente ocupados por hombres de ascendencia e incluso condición esclava, y donde una parte significativa de la población libre había nacido de madre esclava, las críticas contra la esclavitud como tal, al estilo de las de Roma o América, difícilmente podían desarrollarse. Cuando surgieron tales críticas y hostilidades –las cuales a menudo se expresan en la literatura y en otros testimonios–, éstas deben atribuirse en mayor medida a las diferencias sociales que a las raciales. El desarrollo de patrones raciales de especialización en el uso de esclavos debe haber contribuido en gran medida al aumento de tales críticas.



NOTAS.-


[1] Traducción de un extracto del capítulo I del libro Race and Slavery in the Middle East: an Historical Enquiry, Oxford University Press, 1992. Fuente: http://www.fordham.edu/halsall/med/lewis1.html (Nota de la Redacción).

[2] Bernard Lewis (31 de mayo de 1916) es un historiador y orientalista nacido en Londres y posteriormente nacionalizado estadounidense. Es profesor emérito de Estudios del Próximo Oriente en la Universidad de Princeton. Su campo de estudio ha sido la historia del Islam, del Imperio Otomano, así como las relaciones entre el Islam y Occidente. Sus libros han alcanzado una amplia difusión y es considerado como uno de los principales expertos occidentales sobre Oriente Medio. Para más información sobre el autor y su obra, véase nuestra sección de autores: Bernard Lewis . (Nota de la Redacción).

[3] En 1807 se produjo la abolición de la esclavitud en Gran Bretaña, y en 1834 en las colonias británicas. La mayoría de los países europeos hicieron lo propio entre 1830 y 1860, aunque en algunos casos, como España, no se produjo hasta 1880, y en países como EEUU, en 1865. (Nota de la Redacción).

[4] Estas formas de “comunismo primitivo” han existido en casi todas las sociedades antiguas. Para más información sobre estas utopías en el mundo islámico, véase Jean Chesneaux, “ Las tradiciones igualitarias y utópicas en los países musulmanes de Oriente Medio ”, en revista Alif Nûn nº 62, julio de 2008. (Nota de la Redacción).

[5] Existe algún otro caso excepcional en el mundo antiguo donde se observa esta misma tendencia. Por ejemplo, la práctica de la esclavitud en la Persia aqueménida (558-332 a.C.) estaba en general prohibida, aunque hay evidencias de que los soldados de los ejércitos derrotados eran vendidos como esclavos. El zoroastrismo, la religión estatal del imperio, prohibía expresamente la esclavitud, y los reyes de la Persia aqueménida fueron fieles a esta prohibición en diversos grados, como evidencia la liberación de los judíos en Babilonia y la construcción de Persépolis con obreros asalariados. Para más información, véase M. Dandamayev, “Foreign Slaves on the Estates of the Achaemenid Kings and their Nobles”, en Trudy dvadtsat' pyatogo mezhdunarodnogo kongressa vostokovedov II , Moscú, 1963. (Nota de la Redacción).

[6] La traducción al castellano de Corán, 16:71 sería como sigue: “Dios os ha favorecido a unos con más sustento que a otros, pero aquellos que han sido favorecidos no ceden tanto de su  sustento a quienes sus manos derechas poseen, de modo que puedan llegar a igualarse con ellos.” En cuanto a 30:28, dice así: “¿Hay entre aquellos a los que vuestra mano derecha posee quienes participen de vuestro mismo sustento de que os hemos proveído, de modo que podáis equipararos con ellos y les temáis como os teméis unos a otros?” Evidentemente, se trata de una pregunta retórica. (Nota de la Redacción).

[7] El concubinato es, en sentido estricto, una relación de pareja en la que una o varias mujeres poseen un estatus jurídico inferior a la esposa legítima. En este sentido, el Corán sólo acepta la poligamia (poliginia), es decir, el matrimonio de un hombre con hasta cuatro mujeres a la vez, todas ellas en situación de igualdad legal y de trato, ya sean éstas esclavas o libres, pues los derechos legales de la esposa esclava son los mismos que los de la libre. Otra cuestión es la evolución histórica que haya seguido la institución del matrimonio en distintos lugares y épocas del mundo islámico. Para más información, véase el comentario coránico de Muhammad Asad a Corán, 4:3, en El mensaje del Qur’an , The Book Foundation, USA, 2006; Cristina de la Puente, “Límites legales del concubinato: normas y tabúes en la esclavitud sexual según la Bidâya de Ibn Rušd”, en revista Al-Qantara  vol. XXVIII , nº 2, julio-diciembre 2007, CSIC, Madrid, págs. 409-433. (Nota de la Redacción).

[8] Para más información, véase José Antonio Martínez Torres, Prisioneros de los infieles. Vida y rescate de los cautivos cristianos en el Mediterráneo musulmán (s. XVI-XVII) , Bellaterra, Barcelona, 2004. (Nota de la Redacción).

[9] La yizia es un impuesto que debían pagar las comunidades no musulmanas bajo gobierno musulmán, a cambio de estar exentos del servicio militar y permanecer bajo la protección de las autoridades musulmanas. El jaray era un impuesto territorial que debían pagar los no musulmanes por el usufructo de sus tierras. No tiene base en el Corán sino en la iyma (consenso) de los juristas. (Nota de la Redacción).

[10] Paradójicamente, algunas de las dinastías más importantes de gobernantes en el mundo islámico, como los mamelucos en Egipto o los chihlgan en la India, estaban formadas por esclavos. Para más información sobre los chihlgan, véase Redacción Alif Nûn, “ La India musulmana ”, en revista Alif Nûn nº 38, mayo de 2006. (Nota de la Redacción).

[11] En caso de asesinato, los familiares de la víctima podían solicitar el llamado “precio de sangre”, o compensación económica que debía pagarles el asesino para así evitar ser ejecutado. Este procedimiento todavía hoy está vigente en algunos países como Arabia Saudita o Irán. (Nota de la Redacción).

[12] Sin embargo, los esclavos podían acudir a los tribunales para protestar contra ciertas formas de maltrato, e incluso tenían derecho a pedir la manumisión en esos casos. Véase John O. Hunwick y Eve Troutt Powell, The African Diaspora in the Mediterranean Lands of Islam, Princeton Series on the Middle East, Markus Wiener Press, 2002.

[13] Esto, en cierto modo, entra en conflicto con Corán, 4:3: “Pero, si teméis obrar con justicia, entonces casaros con una sola [mujer] o con vuestras esclavas. Así evitaréis mejor el obrar mal.” (Nota de la redacción).

[14] Debe hacerse notar que, a pesar de la prohibición teórica de esclavizar a los musulmanes libres, una buena parte de los habitantes del Cuerno de África y de África Occidental que fueron esclavizados eran seguidores de la fe islámica. De hecho, Takrur fue además el nombre de un Estado –mayoritariamente musulmán desde el siglo XI– situado en la frontera entre los actuales países de Senegal y Mauritania, entre los siglos IX y XIII. También ocurrió así con muchos de los esclavos procedentes de Asia Central o del Cáucaso. (Nota de la Redacción).

[15] En muchos idiomas europeos, la palabra “esclavo” deriva de “eslavo”. Los eslavos son un pueblo indoeuropeo procedente del nordeste de Europa que se asentó en buena parte de Europa Oriental. En la Edad Media, la mayoría de los esclavos de Europa Central era de origen eslavo, por lo que las dos palabras terminaron por convertirse en sinónimos.  En castellano, la palabra árabe saqaliba (sg. siqlab ) ha dado lugar al vocablo “ciclán” o “chiclán”, que significa “animal o persona que posee un único testículo”, en referencia al hecho de que muchos de los esclavos eran también eunucos. (Nota de la Redacción).

[16] Para más información, véase Jason Goodwin, Los señores del horizonte. Una historia del Imperio Otomano , Alianza, Madrid, 2006; Redacción Alif Nûn, “ Política y sociedad en el Imperio Otomano ”, en revista Alif Nûn nº 34, enero de 2006. (Nota de la Redacción).

[17] Pueblo que habita la zona oriental del Cáucaso. Casi todos son musulmanes sunníes desde el siglo VIII d.C. (Nota de la Redacción).

[18] Según Basil Davidson ( Historia de África, Ediciones Folio, Barcelona, 1992, pág. 108), este precio equivalía aproximadamente a los ingresos anuales de una familia modesta, lo cual nos hace suponer que la posesión de esclavos era un lujo que no estaba al alcance de cualquiera. (Nota de la Redacción).

[19] A este respecto, véanse las notas 7 y 13. (Nota de la Redacción).

[20] Una excepción a esta regla es la obra de Ibn Jaldún, considerado el padre de la sociología, quien dedica amplios pasajes de su Al-Muqaddimah a comparar la vida de las ciudades con la del campo. Para más información, véase Ibn Jaldún, Al-Muqaddimah. Introducción a la historia universal , Fondo de Cultura Económica, México, 1992. (Nota de la Redacción).

[21] Para más información sobre la revuelta de los zanj, véase Owen Alik Shahadah, “El Islam y la esclavitud en las sociedades árabes y africanas ”, en revista Alif Nûn nº 69, marzo de 2009. (Nota de la Redacción).

[22] Para más información sobre la literatura de viajes en el mundo musulmán medieval, véase Redacción Alif Nûn, “ Cartógrafos, exploradores y viajeros musulmanes ”, en revista Alif Nûn nº 47, marzo de 2007. (Nota de la Redacción).

[23] Para más información sobre la figura de Ziryab, véase Jesús Greus, Ziryab y el despertar de Al-Andalus , Entrelibros, Barcelona, 2006; Roger Garaudy, “ ”, en revista Alif Nûn nº 50, junio de 2007; Armand Siloah, “ La música del Islam ”, en revista Alif Nûn nº 57, febrero de 2008. (Nota de la Redacción).


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