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ISSN 1695-1751                                                                              Número 69 - Marzo.2009 / Rabi I 1430
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Estimados lectores:

        Una de los temas más polémicos en torno a la religión es su relación con la violencia. El mundo moderno tiende a asociar ambas y acude a la historia para confirmarlo: cruzadas y guerras santas, evangelización por la espada o conquistas en nombre de Dios forman parte de la retahíla de acusaciones vertidas contra la religión y su supuesto carácter violento. Sin embargo, como afirma Seyyed Husein Nasr, “tal y como es la naturaleza humana, una vez que la religión deja de tener una importancia central dentro de un determinado colectivo humano, los hombres luchan y se matan entre ellos por cuestiones mucho menos elevadas que su fe en Dios”. El siglo XX ha sido testigo como ningún otro de esta afirmación. Los grandes conflictos armados y los genocidios de los últimos cien años –desde las dos guerras mundiales a los progroms de Stalin, desde Pol Pot hasta Ruanda– no han respondido en absoluto a motivaciones religiosas y, sin embargo, han sido sin duda los más devastadores de la historia. Esto viene a demostrar que no es la religión la que provoca la violencia, sino la propia naturaleza humana. No obstante, muchas personas de hoy en día, sobre todo en el mundo occidental, continúan relacionando religión con violencia, y  en el caso del Islam esta opinión es mucho más acusada.
      Los medios de comunicación nos bombardean con información acerca de al-Qaida, Hamás, La Yihad Islámica, Hizbullah y otros muchos grupos y organizaciones armadas y, sin embargo, ¿Quién conoce a grupos como el Ejército de Resistencia del Señor o los Tigres Tamiles? Son algunos de los grupos terroristas más sangrientos y, sin embargo, apenas aparecen en los medios de comunicación. Los partidarios de la teoría del complot podrían decir que, como no se trata de “terrorismo islámico”, no se les da la misma cobertura informativa. Nosotros tenemos una posible explicación mucho más prosaica aunque, desde luego, no menos preocupante. El Ejército de Resistencia del Señor actúa en África Central y Oriental, y los Tigres Tamiles en Sri Lanka. Es decir, las víctimas de estas organizaciones son, en su inmensa mayoría, no occidentales y, por lo tanto, el interés informativo es mucho menor. Se trata de conflictos de “segundo orden” que no merecen la atención del mundo civilizado.
      Es necesario, por tanto, aclarar al máximo el papel que juega la violencia religiosa, sobre todo en el caso del Islam, por el hecho de que esta religión se encuentre en el punto de mira de buena parte de la opinión pública. En el número de Alif Nûn de este mes le dedicamos una atención especial a este asunto a través de dos artículos. El primero enfoca el problema de la violencia en el Islam desde un punto de vista estrictamente doctrinal, acudiendo a fuentes coránicas y del Hadiz. El segundo artículo plantea el problema desde una perspectiva sociológica y lo traslada al terreno de las relaciones interreligiosas e interculturales del Islam con Occidente. Los dos siguientes artículos tienen mucho que ver con una forma particular de violencia: la esclavitud. El primero de ellos hace un repaso histórico de las diversas formas de esclavitud que se han desarrollado en Oriente Medio y el Mediterráneo, mientras que el segundo se centra en las relaciones entre el mundo árabe y el África negra, y en el papel que el Islam y la esclavitud ha jugado en estas relaciones.


La Dirección.
Boton Reflexiones Guerra

        Quisiera analizar dos temas. El primero establece la obligación de combatir, en relación con la orden del Profeta (y, a través del Profeta, de Dios). El segundo se refiere a la distribución del botín de guerra. Una vez más, el contexto deja clara la importancia de obedecer los preceptos divinos. En este sentido, entonces, los dos temas dejan clara la relación entre la obligación de combatir y la concepción islámica de la historia de la salvación.  Es decir, apuntan al combate como un medio por el cual Dios crea una comunidad de creyentes que “ordenan lo correcto y prohíben lo incorrecto”, y así dar testimonio del propósito divino de “probar” y “juzgar” a la humanidad.

    
Boton Paz y Violencia

            Los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 aumentaron el interés de la opinión pública norteamericana hacia el Islam hasta un nivel sin precedentes. Osama bin Laden declaró que el mundo islámico estaba en guerra contra el mundo cristiano y judío. Además, afirmó que el deber religioso de los musulmanes es atacar a los Estados Unidos y a los estadounidenses. Alguien que no estuviera demasiado familiarizado con la teología islámica podría considerar esta retórica radical como una patología sintomática y muy extendida dentro del Islam, la cual convertiría a los musulmanes en sospechosos habituales de cometer odiosos actos terroristas. Incluso quienes tenían una visión más equilibrada de los musulmanes comprendieron que era necesaria una comprensión más profunda del Islam. Las preguntas planteadas son: ¿Cuál es la perspectiva islámica sobre la violencia y cuándo se justifica ésta desde el punto de vista religioso? ¿Cómo podemos entender el extremismo islámico contemporáneo? ¿Cómo pueden contribuir las instituciones islámicas para construir la paz? ¿Cuáles son los recursos más importantes del Islam para poderla alcanzar? ¿Cómo puede encontrarse un espacio común entre el Islam y Occidente en la actualidad? Estas y otras cuestiones fueron abordadas por cuatro expertos en Islam durante el taller organizado por el United States Institute of Peace el 7 de noviembre de 2001.
           
               
Boton Esclavitud Oriente Medio

          En 1842, el Cónsul General británico en Marruecos, como parte del esfuerzo a escala mundial de su gobierno para lograr la abolición de la esclavitud o, al menos, la reducción del comercio de esclavos, elevó sus quejas al sultán de ese país, preguntándole qué medidas había adoptado, si es que lo había hecho, para alcanzar este deseable objetivo. En una carta donde expresaba su asombro de manera evidente, el sultán replicó que “el comercio de esclavos es un asunto sobre el cual todos los colectivos y las naciones han estado de acuerdo desde la época de los hijos de Adán [...] hasta el día de hoy”. El sultán continuaba diciendo que “no soy consciente de que haya sido prohibida por las leyes de ningún colectivo, y no hay necesidad de plantearse esta cuestión, la cual resulta evidente tanto en la tierra como en el cielo y no requiere mayor demostración que la luz del día”.
        El sultán sólo estaba ligeramente desfasado con respecto a la promulgación de leyes abolicionistas o que limitaran el comercio de esclavos  y, por desgracia, tenía razón en su visión general de la historia. De hecho, la institución de la esclavitud había estado vigente desde tiempo inmemorial. Existió en todas las antiguas civilizaciones de Asia, África, Europa y América precolombina. Había sido aceptada, e incluso aprobada, por el Judaísmo, el Cristianismo y el Islam, así como por otras religiones del mundo.
         

Boton Esclavitud Sociedades Arabes

        La esclavitud de los negros a manos de los árabes fue radicalmente diferente a la practicada por sus homólogos europeos. Fue más compleja y variada, en función de la época y el lugar. Así, la esclavitud de los zanj en Iraq no se parecía a la esclavitud en Zanzíbar. Tampoco los árabes son un grupo racial o religioso; algunos árabes son negros y otros blancos, algunos son musulmanes y otros son cristianos o judíos.

        Una de las mayores diferencias entre la esclavitud árabe y la europea fue que, en el primer caso, los esclavos procedían de todas las razas y casi nunca eran empleados para la producción agrícola; los esclavos no fueron el motor de la economía árabe. Por lo general, durante la esclavitud árabe no hubo grandes extensiones de plantaciones de azúcar donde los esclavos trabajaran a golpe de látigo bajo un sol abrasador. A diferencia del comercio europeo de esclavos negros, las evidencias físicas del comercio árabe son muy difíciles de rastrear. No hubo guetos, instituciones mentales o prisiones donde se retuviera a los africanos. Muchas mujeres fueron capturadas en África para servir en los infames harenes árabes; sin embargo, sus hijos de padres árabes nacían libres y, de este modo, podían heredar las posesiones y el estatus de sus padres, y todos ellos se integraban por completo en la sociedad. Así, muchos africanos ascendieron de rango gracias a sus padres árabes. Los infames eunucos eran estériles, pero el resto de esclavos iría casándose gradualmente con mujeres no africanas y así se facilitó que la cultura y la descendencia de los negros fueran absorbidas en las de los árabes. El concepto de raza en el mundo árabe, tan distinto al europeo, ayudó a que casi toda la población negra capturada en África se mezclara con la población árabe mayoritaria. Sin embargo, en Occidente no había modo de superar los “estigmas raciales”.
          
         
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Tú, corazón, no puedes vislumbrar el enigma
ni enunciarlo como hacen, perspicaces, los sabios;
construye un paraíso con el vino y la copa,
que no sabes si al otro llegarás algún día.


                                                   _Omar Jayyam
                                                            " Robaiyyat "
                                                           

 

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