NAYIB MAHFUZ:
EL HIJO DE DOS CIVILIZACIONES [1]


Anders Hallengren [2]



“Soy el hijo de dos civilizaciones que en un cierto momento de la historia han formado un matrimonio feliz. La primera de ellas, de siete mil años de antigüedad, es la civilización faraónica; la segunda, de mil cuatrocientos años de antigüedad, es la civilización islámica.”

–Discurso de Nayib Mahfuz durante la entrega del Premio Nobel–


El renacimiento árabe y el auge de la novela egipcia

La literatura árabe se remonta a casi dos mil años. La poesía siempre ha sido su género más destacado, pero también existe unaNayibMahfuz antigua tradición de narrativa que se expresa mediante la riqueza de sus distintas formas orales. En Egipto, la colección de cuentos llamada Las mil y una noches [3]   –una serie de relatos de origen indio, iraní e iraquí– alcanzó su forma definitiva y más desarrollada. Esto coincidió con una antigua tradición egipcia de narrativa que ha permanecido vigente y activa hasta el día de hoy. Se trata de los cuentacuentos populares, que han sido una institución cultural durante mucho tiempo.

El nacimiento de la novela egipcia, sin embargo, podría no haber tenido lugar hasta la época moderna, cuando se cumplieron cinco condiciones previas: 1) la influencia de la literatura europea, donde la novela se convirtió en un género muy importante durante los siglos XVIII y XIX; 2) la creación de talleres de imprenta egipcios durante el siglo XIX, junto con el aumento en la producción de periódicos; 3) la educación pública y una alfabetización más generalizada; 4) una liberación gradual respecto a la opresión de las potencias extranjeras, la cual comenzó a partir del reinado de Muhammad Ali, tras la ocupación napoleónica de Egipto a comienzos del siglo XIX; y 5) el nacimiento de una clase intelectual con un amplio conocimiento sobre el extranjero.  [4]

De este modo, surgió por fin un renacimiento árabe; su doble rostro se fijo tanto en el pasado como en el futuro. El concepto de nahda en la historiografía y la crítica literaria árabes tiene el sentido de “alzar” o revitalizar, y se refiere a un periodo de neoclasicismo, un despertar de las viejas tradiciones literarias tras una época de decadencia o estancamiento desde el siglo XI. El término también se refiere a la creatividad, las nuevas síntesis, la modernización, las experiencias dinámicas y el progreso [5] . La novela egipcia maduró a través de grandes obras de escritores del siglo XX como Muhammad Husayn Haykal (1888-1956), Taha Husayn (1889-1973), Ibrahim al-Mazini (1890-1949), Mahmud Tahir Lashin (1894-1954) o Tawfiq al-Hakim (1898-1987).

Zaynab, la novela de Muhammad Husayn Haykal publicada en 1912, a menudo es considerada como la primera auténtica novela en lengua árabe, aunque tuvo muchos precursores. Sin embargo, su heredero más importante nació mas o menos en la época en que Husayn Haykal finalizó su obra. El desarrollo de la novela egipcia moderna se refleja –y alcanza su plenitud– en el medio siglo de obras de Nayib Mahfuz, laureado con el Premio Nobel de Literatura en 1988 y primer escritor en árabe que lo recibe.


La eterna búsqueda de Mahfuz

Muchos egipcios conocen los relatos de Mahfuz por el cine. Este hecho demuestra la continuidad de los principales aspectos del llamado renacimiento árabe. La introducción de nuevos géneros y nuevos medios de comunicación proporcionó otras formas de expresión, reflexión y creatividad y, por otro lado, influyó en los creadores de artes y géneros literarios, así como en el conjunto de la sociedad. Tomando parte activa en la industria del cine egipcio, ya fuese como funcionario [6] o como guionista, Mahfuz también forma parte de un proceso de modernización que afecta al principal país productor de cine en el mundo árabe. La industria egipcia del cine es, junto a la de Estados Unidos y la India, la mayor del mundo.

MahfuzAdmiradores La evolución de su obra también está conectada con la creciente importancia del periodismo, las revistas y los diarios, desde el momento en que el propio Mahfuz se convierte en colaborador y lector de periódicos como Al-Ahram (“Las Pirámides”), publicado en El Cairo y fundado en 1875.

En Layali alf layla (1982), “Las noches de las mil y una noches” [7] , Mahfuz, adoptando el estilo narrativo de Las Mil y una noches, escribe en forma de acertijos que pueden entenderse como contrarios al ambiente de la política y la sociedad contemporáneas; en particular, quizás, a la política de puertas abiertas introducida por el presidente Sadat. Usando los elementos tradicionales –el gobernante, los gobernados, el guía místico, las relaciones secretas–, sus narraciones están abiertas a varias interpretaciones. Son principalmente relatos sobre el bien y el mal, la justicia y la injusticia, la lealtad y la traición, que poseen un interés universal. Nos hablan de sueños y nos muestran conductas y comportamientos, tal y como la tradición ha hecho siempre. En última instancia, esta colección de relatos tiene –al igual que las fábulas clásicas– una dimensión moral. Sin embargo, el autor no es un fabulista en ningún otro sentido, aunque considera que tiene una misión y una gran responsabilidad como escritor. En cierto modo, Nayib Mahfuz parece haber ocupado el lugar de honor entre los antiguos escribas egipcios. Al igual que en Las enseñanzas de Cheti, probablemente de la doceava dinastía –donde los libros son elogiados como “de un valor superior” y considerados tan necesarios “como el agua”–, el escritor tiene una vocación moral. Incluso la palabra árabe para decir “literatura”, adab, en su origen hace referencia a un alto nivel de cultura, es decir, buena conducta y modales elevados. En su origen, las novelas (rumaniyat) también se aceptaron y se desarrollaron para impartir la enseñanza del adab . Los más célebres relatos de Mahfuz muestran la vida, las costumbres y el entorno de las familias de clase media baja en El Cairo [8] . En particular, nos habla de las callejuelas de la zona de El Gamaleya (al-Yamaliyya), el barrio donde transcurrió su infancia y juventud.

Resultaría erróneo considerar sus obras básicamente como fábulas o alegorías políticas. Se trata de la simplificación más engañosa, pues existen muchos niveles de interpretación y de lectura. Sus novelas y relatos cortos son obras maestras. Recrean el ambiente de Egipto desde los tiempos más antiguos hasta la vida cotidiana contemporánea y se ocupan de las más amplias preocupaciones humanas, planteando cuestiones filosóficas y existenciales. El autor siempre está guiado por su creencia en la continuidad y la grandeza de Egipto, cuyos cimientos se ven sacudidos de cuando en cuando por historias tumultuosas, pensamientos corruptos y desastres. En sus novelas hay una firme creencia en el derecho moral y una constante búsqueda de la identidad egipcia tras la trama de ilusión y realidad. Como un “habitante de la verdad”, aunque incapaz de definirla, Mahfuz –al igual que el investigador, Meriamun, en su novela sobre el enigmático Akhenatón [9] – está continuamente persiguiendo a su propio yo.

En el flujo narrativo de sus relatos cortos y sus novelas, el lector encuentra una gran variedad de personajes, individuos que suelen ser descritos tan pronto como aparecen frente a nosotros (aunque a veces no es así). Dejan una impresión duradera, pero también ocultan algo esencial que nos impide comprenderlos por completo. Aparecen y desaparecen dejando rastros y pistas, pero se mantienen enigmáticos y ambiguos. Son figuras de una historia mayor, o piezas de un puzzle, que es la obra de Mahfuz. Sus vidas son textos, constantemente escritos y reescritos, al igual que la historia egipcia. Su aspecto cambia al igual que se altera el contexto con el paso del tiempo y las circunstancias. Asimismo, sus intenciones y sus propósitos dependen de la perspectiva y el punto de vista, y hay muchos niveles de interpretación, desde el burdo al sutil e inefable. Una hermenéutica correcta o una comprensión adecuada es tan escurridiza como al-sarab, el espejismo del Sahara, la nada de una vasta extensión de desierto. Del mismo modo, las ilusiones humanas surgen ante nosotros, se materializan y se desvanecen, dejando vacíos preñados de significado. 


Es conveniente explorar el pasado

Nayib Mahfuz comenzó su carrera como escritor explorando la historia antigua de Egipto. No lo hizo para comprender la escena contemporánea, y menos aún para criticarla de manera encubierta. Su objetivo era buscar la identidad de su propio país tanto en su geografía y su historia como en el ámbito personal. En unos años de guerra, agitación y calamidad, obviamente también buscaba en el pasado distante una referencia digna de confianza. Siendo un autor árabe, trasciende los límites de la herencia árabe y musulmana a la que pertenece, rastreando su herencia y buscando su identidad como egipcio.

Su primer libro fue la traducción de una breve historia del antiguo Egipto (Misr Al-Qadimah, 1932) de James Baikie, publicada por el periódico Al-Mayalah Al-Yadidah (“La nueva revista”). Entre 1939 y 1945, es decir, durante los años de la Segunda Guerra Mundial, publicó tres novelas sobre el antiguo Egipto. Su primera novela publicada fue 'Abath al-Aqdar (1939), “Ironías del destino”, la cual trata sobre “la maldición de Ra”. La siguieron dos nuevas novelas históricas sobre el antiguo Egipto, dando comienzo a un gigantesco proyecto para escribir cuarenta novelas. La intención del autor era emplear el género novelesco para relatar la historia de Egipto desde los primeros tiempos hasta su época. Sin embargo, al escribir sobre el pasado, se vio a sí mismo escribiendo sobre el presente. Entonces, dirigió su atención hacia la vida de los egipcios modernos, y en primer lugar a la de los de su propio barrio de El Cairo. Más tarde iba a descubrir que al escribir sobre el presente también estaba escribiendo sobre el pasado. No es una simple coincidencia que regresara a la perspectiva del antiguo Egipto en novelas escritas durante los años ochenta, cuarenta años más tarde. En cierto sentido, la historia de Egipto desde el pasado hasta el presente es el marco de toda su obra.

La obra 'Abath al-Aqdar (1939) está basada en una antigua leyenda egipcia. Originalmente, la novela se tituló Hikmat Jufu, “La sabiduría de Keops”. Este faraón, que vivió en torno al año 2680 a.C., durante la cuarta dinastía del Imperio Antiguo, es informado por un adivino de que, después de su muerte, su hijo no heredará el reino. En lugar de ello, el trono caerá en manos de Dedef, el hijo del sumo sacerdote del templo de Ra. Keops, en consecuencia, toma todas las medidas posibles para cambiar el futuro. En este confuso drama, tan complejo como el destino del rey Edipo o la leyenda de Moisés, todos los intentos para interferir en el destino resultarán inútiles.

Es importante destacar que, cuando más tarde el autor dirige su atención a los asuntos sociales contemporáneos, conserva algo de esta primera creencia en el destino, el sino, el decreto o la providencia. Al igual que los juncos agitados por el viento, los personajes de sus novelas a menudo permanecen casi impotentes frente a las circunstancias y el azar.

La segunda novela histórica, Radubis (1943), es una narración sobre una cortesana en el antiguo Egipto, cuyo nombre da título a la obra. Ella es la amante del faraón Mernere II, y la novela relata el romance entre ambos. No se sabe mucho sobre los monarcas llamados Merenre o Mernere, que aparecen en las más antiguas listas de reyes; apenas sabemos más sobre este rey, salvo que gobernó durante un año, al final de la sexta dinastía, y que en ese tiempo había una reina llamada Nitocris, famosa por su belleza. Estos hechos proporcionan un argumento distinto al de la primera novela, dando incluso mayor libertad a la imaginación. El amor entre el faraón y la cortesana Radubis es un amor puro y fiel. Los dioses lo aprueban, y él deja definitivamente de oponer cualquier tipo de resistencia, impulsado por fuerzas más allá de su control. Por último, el faraón emplea los bienes del país para agasajar a la maravillosa mujer que cautivó su corazón mediante el poder de los dioses.

En su libro sobre las guerras de los hicsos, el autor dirige su atención al declive y la caída del Imperio Medio durante su último período (1785-1575 a.C). Kifah Tiba (1944), “La batalla de Tebas” [10] , describe las guerras contra un poder extranjero de origen asiático que gobernó Egipto durante mucho tiempo. Es el relato sobre el final de una era. Pero cuando los hicsos fueron finalmente expulsados, Egipto recuperó la independencia y comenzó a construir un nuevo y próspero reino, el Imperio Nuevo. El marco histórico en sí mismo es una historia de carácter arquetípico. Mahfuz está escribiendo sobre un renacimiento, el despertar del nacionalismo egipcio, la lucha por la independencia y la recobrada auto-confianza, las cuales se reflejan en la época misma del autor, al igual que ocurrió antes en tantas ocasiones.


Poder y cuestiones sociales

Esta serie de libros históricos fue seguida por un relato sobre El Cairo moderno. En Jan Aljalili [11] (1945), el autor da un giroCallejonJanAljalili abrupto aunque bastante natural hacia su propia época. La novela describe la vida y la tragedia final de una familia que, durante la guerra, se ve obligada a trasladarse a una zona menos elegante de la ciudad. El narrador-buscador camina –por así decirlo– con libertad y sin trabas por los mismos lugares en momentos diferentes, percibiendo una continuidad y buscando el hilo conductor de una trama que está compuesta por la historia de la cual él mismo es una parte.

En muchas de las novelas de Mahfuz, las mujeres juegan un papel central. Los críticos occidentales han observado que a veces las novelas se construyen en torno a mujeres que pueden competir con los hombres en la narración, y existen muchos ejemplos de estas mujeres en las novelas egipcias. En las obras de Mahfuz, las prostitutas y otras mujeres perdidas son a menudo los personajes más fuertes y sabios. Las madres y otras mujeres constituyen un entramado secreto de devoción, pasión y amor que proporciona equilibrio al caótico mundo de los hombres. El autor se solidariza con los oprimidos y los miserables, con los débiles y los bondadosos. A menudo percibe a las mujeres como víctimas de las crueles circunstancias, incluso cuando las critica o ridiculiza. Y eso también es cierto en el caso de los hombres.

Después de Jan Aljalili , llamada así por un barrio de clase obrera, escribió Zuqaq al-midaqq (1947), “El callejón de Midaq” [12] , cuyo nombre, asimismo, lo recibe de una calle de El Cairo. El principal personaje es una mujer de clase baja durante la Segunda Guerra Mundial. Un peluquero está locamente enamorado de ella, pero los pródigos soldados británicos en la ciudad también tratan de seducirla. Finalmente, su amante egipcio se siente abrumado por el desamor y los celos, y ella acaba convirtiéndose en una mujer de la noche.

En la siguiente novela, perteneciente a esta serie de novelas contemporáneas realistas y socialmente comprometidas que preceden a la Trilogía de El Cairo, Mahfuz nos presenta un excepcional retrato de la maternidad. Al-Sarab (1948), “El espejismo” [13] , nos habla sobre el punto crucial donde se entrecruzan los instintos maternales, el amor de madre y la obsesión maternal. Es una novela psicológica pero, como en muchas otras ocasiones antes y después, es planteada la cuestión del destino y el libre albedrío, aunque no se ofrece una respuesta. Existe la pena, pero no hay ningún sentimiento de culpa.

La protagonista es una madre que no puede permitir que su hijo vaya tras su marido y padre del muchacho, que la ha abandonado. El es el niño de sus ojos y no le falta el amor en su juventud. Es infeliz y desdichado en el colegio y la universidad, aunque luego alcanza un puesto de poca importancia en el gobierno. Contrae matrimonio, pero no logra establecer una buena relación con su esposa, que le es infiel, tiene una aventura amorosa y muere después de abortar. Cuando por fin se atreve a revelarse contra su madre y le reprocha ciertas cosas, haciéndole frente por primera vez, ella muere de un ataque al corazón.

El poder y la decadencia es el tema de muchas novelas y relatos sobre El Cairo antiguo y moderno, incluyendo la obra maestra del realismo que le otorgó al autor fama universal y el Premio Nobel: “La trilogía de El Cairo” (al-Thulathiyya , 1956-1957), compuesta por “Entre dos palacios” [14] (Bayn al-qasrayn, 1956), “El palacio del deseo” [15] (Qasr al-shawq, 1957) y “La azucarera” [16]   (al-Sukkariya, 1957).

La sombra de un padre dominante, al-Sayyid Abd al-Yawad, se proyecta sobre tres generaciones de una familia media de El Cairo, de la que seguimos sus esfuerzos y conocemos su destino a lo largo de la primera mitad del siglo XX. En esta saga completa de la familia, dividida en tres partes –la segunda de su clase en la literatura egipcia, después de Shayarat al-bu's (1944), un libro de Taha Husain que relata las desgracias de otra saga familiar–, las diferentes tendencias del Egipto contemporáneo se reflejan en las preferencias individuales y los esfuerzos de los hermanos para liberarse. Entre estas preferencias se incluye el hedonismo, la vida intelectual, el comunismo o el fundamentalismo islámico. Partiendo de una visión local, las novelas presentan una gran variedad de puntos de vista que ofrecen una imagen global de la obra de Mahfuz. Se nos da a conocer el genuino ambiente de El Cairo y somos introducidos tanto en la vida privada de una esposa oprimida, amorosa y protectora, como en la de sus sobreprotegidas hijas. Hay tres hijos muy distintos que emprenden caminos opuestos, volviéndose cada vez más rebeldes, al igual que sucede finalmente con los nietos, aunque éstos de un modo aún más radical. La tradición y la dignidad (karâma ) del padre, junto con la iniciativa de las mujeres, en cierto modo mantienen unida tanto la narración como la familia. Esta es la base de la colaboración, así como del enfrentamiento, durante la turbulenta época de la ocupación inglesa, y la confrontación constante entre los valores occidentales y los orientales.


Hijos de nuestro barrio 

En realidad, un tema similar se observa en Awlad haratina (1959), “Hijos de nuestro barrio” [17] , obra que provocó la mayor conmoción en la vida de Mahfuz y marcó su destino de una manera violenta.

Cuando el rico y poderoso Sr. Gebelawi destierra a sus hijos, al hacerlo arroja un hechizo sobre su familia, como si se tratara de laCascoAntiguoCairo expulsión del Jardín del Edén. El poder patriarcal marca el destino en esta complejísima narración, donde el misterioso personaje principal desaparece de escena y se retira a una casa que sólo puede ser vista a distancia. Ese es el núcleo oculto de todos los acontecimientos, la fuerza invisible en una extensa red de la vida.

En su novela, Mahfuz escribe en cierto modo una historia de la humanidad hasta la década de 1950, partiendo de los albores de la creación. Al mismo tiempo, es un relato sobre los chicos de un suburbio de El Cairo y sobre sus dificultades. Se basa en –o a veces cita– el Corán y la tradicional literatura islámica del hadiz, con el fin de describir multitud de personajes y acontecimientos a los que transforma con toda libertad, insertándolos en un nuevo contexto histórico, completamente ficticio. Los principales personajes de la novela pronto fueron identificados con figuras religiosas: El propio Gebelawi (Yabalawi) ha sido identificado con Dios (Allah), el Creador Todopoderoso y el Ser Supremo. De igual modo, otros de los principales personajes como Idris, Adham, Yabal, Rifa'a, Qasim y 'Arafa han sido considerados como un símbolo o una representación de Satán, Moisés, los profetas Jesús y Muhammad, y la ciencia moderna, respectivamente. Sin embargo, el marco y el entorno se sitúan en un barrio de las afueras de El Cairo a los pies de las colinas de Moqattam, en un ambiente provinciano de querellas familiares, esperanzas e inquietudes. Algunos vecinos temen o siguen a los líderes locales (¿política?), mientras que otros se orientan hacia ideales más elevados (¿religión?).

Cuando Awlad haratina fue publicada por entregas en el periódico de El Cairo Al-Ahram en 1959, los líderes de la universidad islámica de Al-Azhar, protectora de la fe y la moral, exigieron la retirada del libro “herético” y multitud de personas marcharon por las calles en dirección a la gran sede de Al-Ahram, gritando sus protestas contra el libro blasfemo de Nayib Mahfuz. La novela nunca llegó a ser prohibida oficialmente y no se detuvo su publicación por entregas, pero su edición en forma de libro sólo se produjo en el extranjero. En su documentada disertación titulada The Limits of Freedom of Speech: Prose Literature and Prose Writers in Egypt under Nasser and Sadat (“Los límites de la libertad de expresión: literatura en prosa y prosistas en Egipto bajo Nasser y Sadat”, Universidad de Estocolmo, 1993), Marina Stagh saca a la luz las fuerzas ocultas que estuvieron detrás de este acontecimiento público, y el acuerdo final alcanzado entre el autor y el gobierno en este asunto. Hoy en día no existe ninguna prohibición oficial de este libro y, de hecho, nunca ha existido.

Sin embargo, la publicación en 1988 de Los versos satánicos [18] de Salman Rushdie, tan famosos como infames por sus consecuencias internacionales, planteo de nuevo, casi treinta años después, la supuesta blasfemia de Mahfuz y su presunto desprecio hacia la dignidad de los profetas. De repente, Nayib Mahfuz se vio asociado a un autor extranjero con quien no tenía nada en común. Siendo el propio Mahfuz un piadoso creyente musulmán, un autor con reputación y reconocimiento internacionales, y un ferviente defensor de la moral, se sentía obligado a defender públicamente a Rushdie y la libertad de expresión como un derecho sagrado de la humanidad. Esto provocó que algunos de los enemigos de Rushdie compararan Los versos satánicos con Hijos de nuestro barrio, llegando a la conclusión de que debería haberse emitido también una fatua similar contra Mahfuz.

A continuación, Nayib Mahfuz resume de este modo su moderado y muy comedido punto de vista:

“He condenado la fatua de Jomeini para matar a Salman Rushdie, pues se trata de una violación de las relaciones internacionales y un ataque contra el Islam tal y como lo conocemos en la era de la apostasía. Creo que el daño causado por Jomeini al Islam y los musulmanes no es inferior al provocado por el propio autor. Por lo que respecta a la libertad de expresión, ya he dicho que debe considerarse como algo sagrado y que las ideas sólo pueden ser rectificadas con otras ideas. Durante el debate, he apoyado el boicot al libro como un medio para mantener la paz social,  siempre que tal decisión no sea utilizada como pretexto para imponer las ideas.” [19]  

Sin embargo, esto finalmente no resolvió el asunto, y nunca pudieron eliminarse la mancha ni la sospecha. El gobierno egipcio ofreció protección a los intolerantes “infieles” ( kafir), aunque el autor siempre la rechazó, manteniendo la rutina diaria de su vida privada en El Cairo. Pero un día de octubre de 1994, en una de sus visitas habituales al café “Qasr Al Nil”, un seguidor de al-Yihad –el mismo grupo religioso que asesinó a Sadat– atentó contra su vida. Mahfuz fue apuñalado en el cuello con un cuchillo y resultó gravemente herido, aunque sobrevivió. 


Lo enigmático y lo absurdo

Es tentador, quizá demasiado, descubrir en la literatura de Mahfuz las huellas del caótico mundo que le ha tocado vivir. Hay muchos relatos sobre la decadencia moderna y la falta de orden y de confianza, pero también se trata simplemente de experimentos literarios en los modernos géneros de prosa.

En Tharthara fawq al-Nil (“Charlas sobre el Nilo”), de 1966, muy al contrario de los viajes de Meriamun por el Nilo en Akhenatón, nos situamos en una casa flotante sobre el Nilo, entre jugadores desilusionados y cínicos, gandules y drogadictos. El funcionario del gobierno, Anis Zaki, quien ha perdido a su esposa y a sus hijas, está en el centro de un torbellino de palabras vanas e indiferencia. El y sus amigos se ven envueltos en un incidente mortal donde un campesino es asesinado, pero hacen la vista gorda. En la novela Miramar [20] (1967), ambientada en Alejandría a comienzos de los años cincuenta, una criada, Zahra, atrae la atención de una serie de hombres del vecindario. Diversos narradores cuentan distintas historias en este pequeño drama que refleja los puntos de vista de las diversas corrientes políticas y sociales en boga durante los años revolucionarios. El autor muestra un escenario complejo, pero no nos ofrece una clave para que podamos interpretar el conjunto de relatos. Taht al-Mizalla (“Bajo la marquesina del autobús”) es una colección de relatos cortos escrita en 1969. En el relato que da título al libro, el autor nos presenta a un grupo de personas observando y esperando en una parada de autobús. Los acontecimientos más horribles y sobrecogedores tienen lugar ante sus ojos mientras ellos permanecen allí; sucesos extraños y violentos accidentes de los que son testigos pasivos. No sabemos lo que piensan ni comprendemos el significado de la escena. Es como una de las antiguas películas surrealistas de Luis Buñuel o como una obra de teatro del absurdo compuesta por Ionesco. En Hadrat al-Muhtaram , “Respetado señor” (1975), Mahfuz retrata satíricamente a un funcionario del Estado y empleado del gobierno, 'Utman Bayyumi, en quien muy probablemente el autor también se retrata a sí mismo con ironía como un ambicioso funcionario, una parte del sistema y de las categorías sociales que él satiriza.


El tribunal de Osiris

La preocupación del autor con respecto al poder resulta evidente, pero su principal pregunta es la siguiente: ¿Qué han hecho los líderes de Egipto –faraones, sultanes, jedives, reyes, presidentes, padres, invasores, ocupantes– por o para su país? En este estudio comparativo sobre política, centrado tanto en el pasado como en el presente, destacan los paralelismos y las repeticiones, y el observador parece contemplar cómo el declive y la derrota resurgen de manera constante, tanto a nivel nacional como individual. El autor no duda en permitir que el Todopoderoso y Sublime enfrente a unos líderes contra otros, y hay algunos ejemplos significativos y muy controvertidos sobre este asunto.

OsirisIsisHorus En Amam al-'arsh (“Frente al trono”), publicada en 1983, los líderes egipcios de distintas épocas son convocados y enviados a juicio ante un tribunal. El juez en este Tribunal Supremo es el dios sol Osiris, sentado en su trono. La diosa Isis y su hijo Horus, el dios con cabeza del halcón, lo ayudan y se sientan a su lado. Es como una escena del antiguo Libro de los muertos egipcio, escrito en caracteres jeroglíficos. Es éste un manual para los muertos, una guía para quienes están a punto de ser juzgados por el tribunal eterno, un “libro” del cual sólo se han encontrado fragmentos en manuscritos y pinturas en tumbas de todo el país.

Ahora, el tribunal de Osiris se dispone a juzgar a los gobernantes de Egipto, desde el padre fundador del país, Menes (el faraón Narmer, que unificó el Alto y el Bajo Egipto hace cinco mil años), pasando por los gobernantes otomanos, hasta Anwar al-Sadat, asesinado en 1981, poco antes de que la novela fuera escrita. De este modo, la historia preislámica se mezcla y entrelaza con la historia islámica y la política contemporánea. El autor percibe, o intenta establecer, una profunda continuidad. Fiel a su identidad como habitante de al-Qahirah, el casco antiguo de El Cairo, también se opuso públicamente a diversas clases de movimientos panarabistas en el mundo musulmán, subrayando que la mezquita y universidad de Al-Azhar, situada en su vecindario, es el centro de las enseñanzas de la sunnah. Siendo el hijo de dos civilizaciones, la civilización egipcia es tan importante para él como la islámica. [21]  

En el concurrido tribunal donde se escuchan las voces de poetas, jedives, mujeres sufíes, reyes, faraones, presidentes, cortesanos y otros muchos personajes, la investigación y el interrogatorio a veces se transforman en acalorados debates y acusaciones, pues los propios acusados participan en el juicio acusándose entre sí. Comparece el faraón Ramsés II, procedente de la decimonovena dinastía (1308-1186 a.C.), un periodo de campañas militares contra los hititas y otros pueblos, fuerte control y construcción de grandes templos en Abu Simbel, Karnak, Luxor y Tebas. Tras ser interrogado, Ramsés II saluda a su último sucesor, el revolucionario Gamal Abd el-Nasser.

Nasser tomó el poder en 1956, después de que el rey Faruq fuera derrocado en 1952 y la monarquía abolida en 1953, cuando fue proclamada la República de Egipto [22] . La admiración del republicano hacia el antiguo rey Ramsés II puede haber influido parcialmente en la valoración que el autor hace de Nasser, destacando el paralelismo entre ambos personajes. El juez Osiris señala además que el presidente Nasser fue el primer gobernante en preocuparse por su pueblo. Pero Ramsés II, gobernante de un imperio, culpa a Nasser de reducir Egipto a un Estado insignificante, y el faraón Menes, fundador de Egipto, interviene para acusar a Nasser de permitir que los rasgos distintivos del majestuoso Egipto se disolvieran en el difuso contorno del arabismo.

Nasser, a su vez, acusa a su sucesor, Anwar al-Sadat, de haber destruido el país con su política de puertas abiertas, la infitah, la “apertura” de Egipto, la cual permitió la entrada del capitalismo, la influencia norteamericana y la corrupción. Sadat se defiende con mucha habilidad, pero los reproches de Nasser son claros en este punto. Es casi imposible determinar el grado de desacuerdo entre ellos; durante el diálogo, ambos se critican con dureza. Sin embargo, Sadat recibe el apoyo inesperado de uno de los más controvertidos de entre todos los famosos faraones: Amenofis IV o Akhenatón, el faraón “hereje”. 

Mientras que el rey-guerrero Ramsés II se reconoce a sí mismo en Nasser, primer presidente de Egipto, un predecesor amante de la paz y perteneciente a la decimoctava dinastía se pone de parte del sucesor y heredero de  presidente Nasser: Sadat, asesinado en 1981. Akhenatón interviene en la disputa, afirmando que Sadat tenía como objetivo la paz y que trabajó por alcanzarla, al igual que él, Akhenatón, había hecho en su día, y que ambos fueron injustamente acusados de infieles. El monoteísta Akhenatón se identifica de este modo con Sadat. No obstante, ¿quién fue Akhenatón? La pregunta parece tener una gran importancia para el autor.


¿Quién fue Akhenatón?

Akhenaton Nayib Mahfuz publicó dos años después uno de sus libros más intrigantes, y quizá más reveladores: su novela sobre Akhenatón, al-'A’ish fi-l-haqiqa (“El habitante de la verdad”) [23] . Adoptando la técnica narrativa de los narradores múltiples, el novelista aborda el conocido enigma sobre la identidad de Akhenatón, autor de los bellos himnos dedicados al sol y predecesor de Tutankamón. El rey Amenofis IV, quien gobernó aproximadamente entre 1375 y 1358 a.C., renunció al culto dinástico a Amón y otros dioses en Tebas, y abandonó la capital con la intención de construir una nueva en el lugar que ahora es conocido como Tell El-Amarna. Se consagró por completo al culto del disco solar de Atón, el dios sol, representado por rayos que terminan en unas manos que sujetan el símbolo de ankh, “la fuerza de la vida”. De manera similar, los famosos obeliscos egipcios son representaciones sagradas de los rayos solares.

Atón, una variedad del antiguo dios solar Re o Ra, fue aclamado como el dios único y todopoderoso. El rey mismo cambió su nombre por el de Akhenatón, “el servidor de Atón”, y llamó a su nueva ciudad Akhet-Atón, el “horizonte de Atón”. Durante su reinado, Egipto se vio debilitado por las revolucionarias reformas religiosas y políticas de Akhenatón, y finalmente el pacífico disidente fue derrocado. Su sucesor, Tutankamón (Tut-Ankh-Amón), abandonó todas las reformas y trasladó de nuevo la capital a Tebas. La ciudad de Akhenatón fue abandonada y cayó en la decadencia.

En ese momento de la historia comienza la novela de Mahfuz. Algunos años después de la caída de Akhenatón, el protagonista Meriamun (cuyo nombre parece recordarnos a la momia de Meriamun, en el Museo Arqueológico de El Cairo) y su padre están navegando por el Nilo en un viaje desde su hogar en Sais, durante la época de la inundación. Repentinamente, pasan frente a una extraña ciudad. Meriamun observa que las calles están vacías, los árboles no tienen hojas y todas las puertas y las ventanas están cerradas como los párpados de los muertos. Reina un absoluto silencio. Aprende de su padre que ésta es la ciudad del faraón hereje e infiel. No obstante, no está abandonada por completo. La viuda del fallecido apóstata sigue viviendo allí. La más grande belleza egipcia, la reina Nefertiti, está viviendo sola en la ciudad vacía, como en una cárcel. El nombre Nefertiti significa “la belleza ha llegado”.

Meriamun recuerda entonces haber oído hablar sobre el torbellino que devastó el imperio egipcio, la época conocida como “la Guerra de los Dioses”, y las historias acerca de un joven faraón que se reveló contra su padre, desafió a los sacerdotes y al propio destino. La curiosidad de Meriamun se convierte en un ardiente deseo de conocer la verdad sobre aquel extraño rey. Su eminente padre lo aprueba, siendo él mismo un “habitante de la verdad”. Pero, a diferencia de su padre, el muchacho tiene otro objetivo, el cual no está arraigado en la “verdad” ni en ninguna creencia, como en el caso de su padre. El inicia su propia búsqueda del conocimiento, ansioso de alcanzarlo por sí mismo. Actúa como un investigador moderno, estudioso y escéptico, un creyente en la ciencia y la investigación libre. Es tentador, quizá demasiado, considerarlo como un alter ego del autor, y a su constante búsqueda de la verdad como la línea directriz de los trabajos de Mahfuz. Sin embargo, al igual que Meriamun se muestra ansioso por saber más sobre Akhenatón, nosotros también deseamos conocer al Meriamun de la ficción.

Meriamun viaja a Tebas para ver a personas que conocieron al rey, y finalmente visita a Nefertiti en la ciudad olvidada. De este modo, se narran catorce relatos diferentes, e igualmente muchas versiones de la verdad. Entrevista al sumo sacerdote de Akhenatón, Meri-Ra, y es entonces cuando se nos informa de que el propio Meriamun recibe su nombre del rehabilitado dios Amón. Meriamun pregunta sobre su hijo a Tiye, la madre del rey; interroga a su secretario, al jefe de policía, al padre de Nefertiti, etc. Meriamun (o el lector) no llega a ninguna conclusión o, mejor dicho, la conclusión es que el lector es quien debe determinar la verdad sobre la personalidad de Akhenatón, su régimen y su época. A su vez, la verdad es representada como inalcanzable, invisible y escurridiza, al igual que el personaje llamado Akhenatón y el dios llamado Atón. Esta característica del dios y del rey es la que destaca en las distintas informaciones recibidas, aunque quizá hay una más: su aversión hacia la guerra.

Nefertiti, la última persona entrevistada, aunque no lo sabe con certeza, dice que su esposo fue asesinado. (De este modo, el faraón fallecido habría corrido la misma suerte que Anwar al-Sadat, con quien el rey se siente identificado en la novela Frente al trono). Ella espera con impaciencia ver a su amado en la próxima vida, reunirse con él para siempre y sentarse amorosamente a su lado en el Trono de la Verdad. De este modo, Akhenatón será ensalzado como Osiris, el Juez Supremo en Frente al trono . Mariamun termina por comprender que el camino hacia la verdad no tiene principio ni fin, pues quienes son atraídos hacia la verdad eterna siempre son capaces de trascender los límites de ésta. En consecuencia, la historia no tiene principio ni fin, al igual que el relato existencial de 1971, titulado Hikaya bi-la bidaya wa la nihaya (“Una historia sin principio ni fin”).

Más tarde, Meriamun habla con todos sus conocidos acerca de sus investigaciones y de lo que varias personas le han contado, pero hay dos cosas que sólo nos revela a nosotros: su creciente admiración por los himnos dedicados al Dios uno y único y su amor por la hermosa Nefertiti. En estas palabras finales de la novela, uno puede sentir una admiración conjunta hacia los valores literarios y religiosos, el respeto hacia lo sublime, lo invisible y lo inalcanzable, ya sea Allah (el Dios único), la verdad de los seres humanos o la de cualquier individuo en particular. Todo ello está oculto en el misterio de Atón y Akhenatón.

Como Osiris, Mahfuz examina y evalúa las cualidades del gobierno, la vida y las costumbres egipcias. Al igual que en el tribunal de Osiris, Isis y Horus, hay una serie de preguntas y respuestas, pero nos deja sin respuestas. La búsqueda del autor es una búsqueda sin fin.

BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA


-    Mª Dolores López Enamorado, Análisis de la temporalidad en la Trilogía de Nayib Mahfu z , Alfar-Ixbilia, Sevilla, 1998.
-    Mª Dolores López Enamorado. El Egipto contemporáneo de Nayib Mahfuz: la historia en la Trilogía , Alfar-Ixbilia, Sevilla, 1999.
-    VV.AA, Revista Hesperia culturas del Mediterráneo nº 4 (Especial Egipto), Fundación J.L. Pardo / Tres Culturas, Madrid, 2006.
-    Carlos Rusa, Egipto, otra mirada , Editorial Edilupa, Madrid, 2003.
-    Juan Jesús Vallejo, Breve historia del antiguo Egipto , Editorial Nowtilus, Madrid, 2005.
-    Manuel Hidalgo Huerta, El Egipto de los faraones , Biblioteca Nueva, Madrid, 2000.
-    Juan Carlos Moreno García, Egipto en el Imperio Antiguo , Edicions Bellaterra, Barcelona, 2004.
-    Antonio Pérez Largacha, Egipto en la época de las pirámides , Alianza Editorial, Madrid, 1998.
-    María Luz Mangado Alonso, El esplendor egipcio , Editorial T&B, Madrid, 2005.
-    Nicolás Grimal, Historia del antiguo Egipto , Editorial Akal, Madrid, 2004.
-    César Vidal Manzanares, Diccionario histórico del antiguo Egipto , Alianza Editorial, Madrid, 1993.
-    Christian Jacq, Guía del antiguo Egipto, Editorial Planeta, Barcelona, 2003.
-    Teodoro Gómez Cordero, Diccionario de los dioses y mitos del antiguo Egipto , Editorial Océano Ámbar, Barcelona, 2007.
-    F. Javier Gómez Espelosín / Antonio Pérez Largacha, Egiptomanía: El mito de Egipto de los griegos a nosotros , Alianza Editorial, Madrid, 2003.
-    Manuel Hidalgo Huerta, Akhenaton: el faraón hereje de Amarna , Biblioteca Nueva, Madrid, 2000.



NOTAS.-



[1] Extracto, adaptación y traducción del inglés a partir del articulo aparecido en: http://nobelprize.org/nobel_prizes/literature/articles/mahfouz/index.html  el 16 de octubre de 2003. (Nota de la Redacción)

[2] Anders Hallengren  (n. 1959) es profesor asociado de Literatura Comparada y becario de investigación en el Departamento de Historia de la Literatura e Historia de las Ideas de la Universidad de Estocolmo (Suecia). El Dr. Hallengren ha sido investigador invitado en el Departamento de Historia en la Universidad de Harvard, y profesor invitado en el Departamento de Filosofía de la Universidad de Hawai. Ha pronunciado conferencias en muchos países como EE.UU, Canadá, Rusia, China, India o Sudáfrica. Durante su estancia en Egipto como periodista, desarrolló un profundo interés por la historia egipcia y la cultura árabe.

[3] Véase distintas ediciones en castellano de esta obra, como Las mil y una noches , Ediciones Obelisco, Barcelona, 2006; Las mil y una noches (infantil), Vicens Vives, Barcelona, 2006, Las mil y una noches. Antología , Alianza Editorial, Barcelona, 2008; El libro de las mil y una noches (2 vol.) , Editorial Cátedra, Navarra, 2007; Las mil y una noches ( vol. I , II y III ), Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2005. También disponible en árabe: Alf  layla wa layla , Al-Ilmiyah, Líbano. (Nota de la Redacción).

[4] Para más información sobre la situación cultural del mundo árabe durante este periodo, véase Redacción Alif Nûn, “ Al-Nahda en el mundo árabe: fenómeno sociológico y regeneración cultural ”, en revista Alif Nûn nº 53, octubre de 2007. (Nota de la Redacción).

[5] Tal y como lo describe, por ejemplo, J. Brugman en An Introduction to the History of Modern Arabic Literature in Egypt, E. J. Brill, Leiden,1984, cap. “The Nahdah”

[6] Mahfuz trabajó en el Ministerio de Cultura egipcio como funcionario responsable de la industria del cine. (Nota de la Redacción).

[7] Véase Las noches de las mil y una noches, Plaza Janés, Barcelona, 1998. (Nota de la Redacción).

[8] Como ejemplo de estas obras costumbristas véase El Cairo nuevo , Alianza Editorial, Navarra, 2006; El callejón de los milagros , Martínez Roca, Madrid, 2004; Charlas de mañana y tarde , Martínez Roca, Madrid, 2004; Jan Aljalili , Alianza Editorial, Madrid, 2006; Mañana de rosas , Martínez Roca, Barcelona, 2007; El sendero , Martínez Roca, Madrid, 2003. (Nota de la Redacción).

[9] Véase Akhenatón , Edhasa, Madrid, 1996. El título original de esta obra es al-'A’ish fi-l-haqiqa (“El habitante de la verdad”). (Nota de la Redacción).

[10] Veáse La batalla de Tebas , Madrid, Edhasa, 1995. (Nota de la Redacción).

[11] Véase Jan Aljalili , ob. cit. (Nota de la Redacción).

[12] Véase El callejón de los milagros , Martínez Roca, Madrid, 2004. Existe una versión cinematográfica de esta obra: El callejón de los milagros (Dir: Jorge Fons), 1995. (Nota de la Redacción).

[13] Véase El Espejismo , Editorial Plaza & Janés, Barcelona, 1998. (Nota del Traductor).

[14] Véase Bayna l-qasrayen , Editorial Shurûq, Egipto, 2005, y su traducción al castellano, Entre dos palacios , Martínez Roca, Barcelona, 2006. (Nota de la Redacción).

[15] Véase Qasre ash-shûq , Editorial Shurûq, Egipto, 2005, y su traducción al castellano, Palacio del deseo . Martínez Roca, Barcelona. 1990. (Nota de la Redacción).

[16] Véase As-sûkariah , Editorial Dar al-Jeel, Líbano, 2004, y su traducción al castellano, La azucarera , Martínez Roca, Barcelona, 1999. (Nota de la Redacción).

[17] Véase Awlâd hâratina , Editorial Al-Adab, Líbano, 2002, y su traducción al castellano, Hijos de nuestro barrio , Editorial Booket, Madrid, 2006. (Nota de la Redacción).

[18] Véase Los versos satánicos , Editorial Debolsillo, Barcelona, 2006. (Nota de la Redacción).

[19] Al-Ahram, 2 de marzo de 1989. Para un informe detallado, véase Samia Mehrez, “Respected Sir”, en Michael Beard and Adnan Haydar (eds.), Naguib Mahfouz: From Regional Fame to Global Recognition , Syracuse, UP, 1993.

[20] Véase Miramar , Destino, Barcelona, 2000. (Nota de la Redacción).

[21] Debemos recordar que Egipto se convirtió durante el gobierno de Nasser en el centro más importante de la ideología panarabista, y que los movimientos culturales y políticos de inspiración musulmana han sido en muchas ocasiones los principales opositores del nacionalismo árabe aunque, en muchos aspectos, participasen de los mismos objetivos. Para más información, véase Martín Kramer, “Nacionalismo árabe: una identidad falsa”, en revista Alif Nûn nos 64 (octubre de 2008) , 65 (noviembre de 2008 ) y 66 (diciembre de 2008) . (Nota de la Redacción).

[22] Para más información sobre estos acontecimientos históricos, véase Martín Kramer, ibid.; Pedro Martínez Montávez, “ Egipto: de Faruq a Nasser (I) ”, en revista Alif Nûn nº 66, diciembre de 2008. (Nota de la Redacción).

[23] Véase nota nº 8. (Nota de la Redacción).

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