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Estimados lectores:
En esta época en la cual
se habla tanto de multiculturalidad, alianza de civilizaciones –en el mejor
de los casos– o choque de civilizaciones –en el peor–, se impone la necesidad
de aclarar algunos conceptos. Más allá de determinadas costumbres
y hábitos culturales (formas de vestir o de saludarse, prácticas
culinarias, folclore popular, etc), nosotros pensamos que la idea de civilización
refleja toda una cosmovisión, un modo de entender la existencia y
el mundo que nos rodea. No cabe duda de que los usos y las costumbres deberían
ser una manifestación externa de un determinado modo de pensar y de
entender la vida, aunque la historia nos demuestra que muchas veces éstos
quedan reducidos a simples atracciones turísticas, precisamente cuando
se desconectan de la civilización que los vio nacer. En este sentido,
los autores más pesimistas hablan de que, en la actualidad, existen
distintos hábitos y costumbres pero un único modo de pensar
y ver el mundo.
Dicho esto, en el número
de Alif Nûn de este mes intentamos ofrecer una visión general
de cuáles serían los principios de la civilización islámica,
estudiando sus diferencias y semejanzas con otros modelos de pensamiento
anteriores y posteriores. El primero de los artículos analiza el modo
en el cual la civilización y la ciencia islámicas se han ido
forjando a lo largo de los siglos, partiendo de sus principios inmutables,
pero también siendo sensibles a las aportaciones del resto de civilizaciones
y modelos científicos con los que han ido entrando en contacto durante
su largo devenir de mil cuatrocientos años. El segundo artículo
centra su atención en una de las grandes ramas de conocimiento dentro
de la civilización islámica, la medicina, una ciencia magna
que se ocupó no sólo de la salud corporal sino, sobre todo,
de la espiritual. El tercer artículo se adentra en el espacio literario
árabo-islámico, analizando el profundo impacto que produjo
la revelación coránica sobre la lengua y la literatura árabes.
Para terminar, les ofrecemos un interesante artículo que se adentra
en la civilización islámica desde una perspectiva social.
Desde un enfoque netamente modernista, el autor intenta encontrar precedentes
políticos del socialismo actual en los movimientos revolucionarios
del mundo islámico a lo largo de la Edad Media.
La Dirección.
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En la actualidad, la historia de
la ciencia se considera a menudo como la acumulación progresiva de
técnicas y el perfeccionamiento de métodos cuantitativos para
estudiar la naturaleza. Dicho punto de vista cree que la actual concepción
de la ciencia es la única válida; por tanto, juzga las ciencias
de otras civilizaciones a la luz de la ciencia moderna y básicamente
las evalúa con respecto a su “desarrollo” con el paso del tiempo.
Sin embargo, nuestro objetivo en este trabajo no es examinar las ciencias
islámicas desde el punto de vista de la ciencia moderna y su concepción
“evolucionista” de la historia; es, por el contrario, presentar ciertos aspectos
de las ciencias islámicas vistos desde la perspectiva del Islam.
Para el musulmán,
la historia es una serie de accidentes que de ningún modo afectan
a los principios intemporales del Islam. Está más interesado
en conocer y “realizar” estos principios que en cultivar la originalidad y
el cambio como virtudes intrínsecas. El símbolo de la civilización
islámica no es un río corriendo, sino el cubo de la Kaaba,
la estabilidad que simboliza el carácter inmutable y permanente del
Islam.
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Aunque es un término
común, que está en boca de todos, la salud no es algo fácil
de definir y, de hecho, su definición entraña por lo general
toda una concepción cultural. Que esto es así lo demuestra
la existencia de distintas concepciones médicas en distintas culturas,
que van desde un conjunto de procedimientos y conocimientos prácticos
a sistemas complejos y muy desarrollados, incluso en lo filosófico,
como por ejemplo la acupultura en China. En todos los casos, “el arte de
curar” ocupó siempre un lugar relevante en toda cultura y sus cultores,
los médicos, detentaron casi invariablemente el puesto de sabios y
notables en sus sociedades.
Es un denominador común
que la ciencia médica en los pueblos antiguos fuese considerada un
conocimiento superior, de origen y raíces en lo sagrado, y que su
idea y comprensión de la enfermedad no pasara (salvo ocasionalmente)
por una mera disfunción física, sino que tenía sus semillas
en lo sutil, en el alma humana, en su relación con el mundo, con las
criaturas, con la naturaleza, y consigo mismo. La enfermedad es casi invariablemente
en esta concepción antigua de distintos pueblos una “transgresión”
de límites y leyes, sutiles muchos de ellos, que conducen finalmente
a un desequilibrio vital, físico.
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Desde la aparición
del Islam y la revelación del Corán en los primeros años
del siglo VII d.C., el Libro Sagrado de los musulmanes ha sido objeto de
análisis muy exhaustivos. La gran mayoría de estos estudios
se ha centrado en los aspectos teológicos y legislativos del Libro
Sagrado, pues el Corán proporciona a los musulmanes una guía
detallada para sus asuntos diarios. Junto con los dichos, los actos y las
recomendaciones de Muhammad, el Corán ha sido la principal fuente de
autoridad legal para los musulmanes durante los últimos catorce siglos.
Los eruditos musulmanes han examinado, analizado e interpretado concienzudamente
los distintos versículos del Libro Sagrado, detallando los requerimientos
que el Corán impone a los musulmanes para que éstos alcancen
la pureza espiritual. De este modo, además de su valor legislativo
y teológico, el Corán también ha servido como fuente
para la guía espiritual de los seguidores del Islam.
Sin embargo, hay otro aspecto
del Corán que ha recibido mucha menos atención que su dimensión
teológica y legislativa, y ese es concretamente su importancia a nivel
lingüístico, pues el Corán fue sin duda el primer libro
escrito en árabe. La aparición del Islam y la revelación
del Corán provocó un efecto transcendental en la situación,
el contenido y la estructura del idioma árabe . Este artículo
examinará la influencia lingüística del Corán y
el impacto de su revelación en el árabe. Explicaremos cómo
el idioma árabe, además de ser sumamente eficaz como medio
para la revelación del Sagrado Corán y la difusión de
la nueva fe, se benefició enormemente del nuevo papel adquirido con
la aparición del Islam.
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El primitivo Islam, probablemente más aún que el Cristianismo
primitivo, estaba impregnado de un cierto clima igualitario y comunitario,
expresión de la fraternidad ideológica que unía a los
primeros discípulos del Profeta (más que de las tradiciones
comunitarias de los beduinos del desierto, como durante mucho tiempo se creyó,
porque el movimiento se implantó antes entre las gentes humildes
de la ciudades). Mahoma lanzaba invectivas contra los ricos y la acumulación
de riquezas. Algunos autores han insistido en este aspecto, hasta el extremo
de hacer del Islam primitivo un movimiento esencialmente social, cuyo aparato
religioso no intentaba más que reforzar la presión moral contra
los ricos, con la amenaza del juicio final. H. Grimme, por ejemplo, cuya
obra La vida de Mahoma apareció en 1832, en la época de los
grandes progresos de la socialdemocracia alemana, proponía considerar
al Islam como “un intento de tipo socialista para oponerse a las excesivas
imperfecciones terrestres”; los ricos son la clase pecadora. Las mismas ideas
fueron expuestas por un marxista arabizante de Bakú, Bendeli Djawzi,
en los primeros años del régimen soviético. También
él ve en el Profeta esencialmente un reformador social.
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Cuando rezo,
hacia ella rezo,
aunque la Ka'aba esté detrás.
No es por idolatría,
es que mi amor por ella
es como una astilla atragantada sin remedio.
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