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MALINTERPRETAR EL ISLAM (II)
[1]
Michael Hirsh [2] Un académico puesto a prueba
Hoy en día, aun cuando se han
derrumbado todos los argumentos del gobierno norteamericano para invadir
Irak, la imagen pública de La invasión de Irak por parte del gobierno norteamericano parece haber brindado a bin Laden una oportunidad histórica. Ha justificado su retórica, en la cual se describe a los norteamericanos como los cruzados y los mongoles modernos, atrayendo de este modo a más adeptos y provocando más ira y más actos de terror. (La administración admitió todo esto el verano pasado, cuando reconoció que su informe titulado Patterns of Global Terrorism –“modelos del terrorismo global”– estaba equivocado por completo. El informe, que apareció el pasado mes de junio, decía al principio que los ataques terroristas en todo el mundo se redujeron en 2003, indicando que se había ganado la guerra contra el terror. A raíz de las objeciones de los expertos, el Departamento de Estado revisó después el informe para mostrar que los ataques habían alcanzado su nivel más alto desde 1982). Además, el nuevo Irak resulta
cada vez menos occidental y sin duda es menos laico de lo que era bajo el
régimen de Saddam. En las calles de Bagdad –en su momento, una de
las capitales árabes más secularizadas– ahora las mujeres van
con velo y los vendedores de alcohol son golpeados. Las figuras más
populares de la nación son Sistani y su rival chií radical,
el joven agitador Moktada al-Sadr
[4]
, a quien se le permitió escapar de la sitiada Nayaf
con sus milicias intactas y ahora es visto por los irakíes de clase
baja como su defensor. Según un En cierta ocasión, Bremer prometió prohibir las restricciones islámicas respecto al derecho de familia y a los derechos de la mujer, y la Constitución provisional que en marzo hizo aprobar por el Consejo de Gobierno afirma que el Islam sólo es una de las bases del Estado. Pero Sistani ha rechazado la Constitución, calificándola como una democracia de transición, y ahora, en gran medida, el futuro político de Irak no está en manos norteamericanas (aunque los militares estadounidenses puedan seguir jugando un papel estabilizador para aplastar cualquier tendencia hacia la guerra civil). “Creo que el mejor escenario para Irak es que se celebren estas elecciones parlamentarias de manera que se obtenga cierto tipo de gobierno representativo dominado por partidos religiosos”, dice el experto de la Universidad de Michigan Juan Cole. Incluso Fouad Ayami –uno de los más antiguos intelectuales aliados con Lewis y, como él, un kemalista declarado– concluyó lo siguiente en un artículo de opinión en el New York Times la primavera pasada: “Seamos realistas: Irak no va a ser el escaparate de Estados Unidos en el mundo árabe islámico. Esperábamos una sociedad verdaderamente laica en Irak (yo mismo escribí en ese sentido en su momento). Sin embargo, resultó que las creencias radicales –tanto entre los sunníes como entre los chiíes– crecieron y ocuparon el vacío dejado por el hundimiento del viejo despotismo.” A la caza de Turquía Actualmente, según mantienen los
opositores a Lewis, la única esperanza es que una mejor y más
benigna forma de Islam pueda defender su modelo de la mano de clérigos
respetados como Sistani, derrotando al tipo de Islam aberrante impuesto
por Osama bin Laden y Abu Mousab al-Zarqawi. Sea cual sea el modelo que surja
en Irak y el mundo árabe, éste será islámico
durante mucho tiempo, y continuará siendo antiamericano, comenzando
por la posibilidad de que cualquier nuevo gobierno irakí pueda expulsar
a las tropas estadounidenses en Nadie, ni siquiera los críticos de Bush pertenecientes al partido demócrata, parece haberlo entendido plenamente. El senador por Delawere, Joseph Biden, y la senadora por Nueva York, Hillary Clinton, han presentado una legislación que plantearía alternativas laicas a las madrazas, sin darse cuenta de que esto no funcionará en el mundo árabe: todo lo que puede esperarse son unas madrazas más moderadas, pues el Islam todavía es ampliamente percibido como un poder legítimo. “¿Qué ocurre si el camino hacia lo que, en líneas generales, puede llamarse democracia, pasa por la revolución islámica?”, dice Wood, de la Universidad de Chicago. Lo mejor que puede suceder, dicen algunos de estos expertos, es que después de una generación más o menos, la etiqueta “islámica” de los partidos religiosos árabes se convierta en algo superficial, parecido a lo que ocurrió con los partidos cristianodemócratas en Europa. Poco a poco, esto ya puede estar ocurriendo en Turquía, donde el parlamento está dominado por la mayoría islámica del Partido de la Justicia y el Desarrollo. El líder del PJD, el primer ministro Recep Tayyip Erdogan –a quien en cierta ocasión se le prohibió participar en actos públicos después de que recitara un poema que dice: “las mezquitas son nuestros cuarteles, las cúpulas nuestros cascos, los minaretes nuestras bayonetas y los creyentes nuestros soldados”– ha mostrado un impresionante grado de pragmatismo en el gobierno. Pero, una vez más, Turquía es un caso único, diseñada así por Kemal y su golpe de estado laico y forzado por los militares allá en los años veinte. Si Erdogan todavía desea volver a islamizar Turquía en secreto, sólo podrá avanzar en la medida que se lo permita un entorno en el que el poderoso estamento militar del país arranca de raíz cualquier signo de incipiente religiosidad. Erdogan también se encuentra especialmente presionado por el laicismo, pues Turquía intenta entrar en la Unión Europea, una carta que los laicistas árabes moderados no pueden jugar para convencer a sus propias poblaciones. Resolver la tensión entre Islam y política requerirá de un proceso de cambio muy prolongado [5] . Tal y como escribe Bulliet, la Cristiandad ha tenido dificultades durante cientos de años para asumir el papel de la religión dentro de la sociedad civil. Incluso en Estados Unidos, la separación entre Iglesia y Estado “no fue en un principio un asunto central de la Constitución norteamericana” y los estadounidenses de hoy en día todavía discuten entre ellos sobre el asunto.
Pero una vez más, la experiencia de Turquía tras la disolución del Imperio Otomano ya no era especialmente aplicable a lo que estaba ocurriendo en el mundo árabe. Ataturk, de hecho, no sólo no era árabe sino que, además, su enfoque de la modernidad estaba profundamente influenciado por el fascismo de la época (Mussolini todavía era una figura muy admirada en los años veinte). Y Lewis nunca fue sensible respecto a la manera de pensar de los árabes modernos, sobre todo después de que comenzara a posicionarse claramente a favor de Israel en los años setenta. Bulliet dice que “se trata de una persona a quien no le gusta las gentes que dicen poseer su propia experiencia. No las respeta, y sólo las considera buenas y dignas en la medida en que siguen una trayectoria occidental.” Los neoconservadores transformacionalistas [7] de la administración Bush, aunque con mucha menos erudición que Lewis, parecían adoptar su misma actitud despectiva hacia las reivindicaciones propias de los árabes y la cultura islámica. Y ahora están pagando por ello. El baño de sangre y la incompetencia en las que ha degenerado la ocupación estadounidense no sólo es una cuestión de unas pocas tropas o de otros fallos de planificación, aunque éstos sean un factor importante. De hecho, la gran maquinaria americana para la transformación en realidad nunca comprendió mucho sobre la cultura árabe, ni se molestó en intentarlo. Las autoridades de ocupación, al plantear una enfoque paternalista y jerárquico, fueron completamente incapaces de comprender el papel del Islam, lo cual es una de las razones por la que Bremer y compañía tardaron tanto en reconocer el poder del fenómeno Sistani. La ocupación también fracasó debido a su incapacidad para comprender y hacer uso de los complejos lazos tribales y, según afirma Wood, para entender “cómo tener la basura recogida, y quién está aliado con quién”. Antes de la guerra, los funcionarios del Pentágono, tratando de justificar lo económico de su propuesta para la construcción nacional de Irak, gustaban de hablar sobre lo sofisticados y educados que eran los irakíes en comparación con los afganos, y lo rápido que harían resurgir su país. Es evidente que esos funcionarios no se referían a lo que en verdad decían o hacían al respecto. Al fin y al cabo, no se sentían con el valor suficiente para confiar en los irakíes, y los soldados a su mando capturaron a miles de hayyis (peregrinos a La Meca) de manera indiscriminada, tratándolos a todos y cada uno como posibles secuaces de Saddam o terroristas en potencia (como yo mismo presencié cuando, trabajando para Newsweek, acompañé a las tropas estadounidenses en sus ataques contra el “Triángulo Sunní” [8] el pasado mes de enero). Sin embargo, permanece una cuestión de fondo: ¿Condujeron las ideas erróneas de Lewis a que la administración Bush cometiera un terrible error estratégico? A pesar de los horrores del 11-S, ¿transformaron a bin Laden en algo más grande de lo que realmente es? Si la “demostración de fuerza” en Irak fue desacertada, tal y como afirman los críticos de Lewis, entonces los estadounidenses deben considerar la terrible posibilidad de que se hayan dilapidado cientos de miles de millones de dólares y miles de muertos y heridos en una guerra equivocada. Si la opinión de Bernard Lewis respecto al problema árabe era un error, entonces Estados Unidos ha perdido una oportunidad para acorralar y destruir una amenaza –al-Qaeda – que en realidad sólo existe en los márgenes enfermos del mundo islámico. Pero todavía es demasiado pronto para arrojar todas las ideas kemalistas de Lewis en el montón de cenizas de la historia. Incluso sus rivales en el ámbito académico reconocen que muchos de sus primeros estudios son impresionantes; algunos expertos como Cole, de la Universidad de Michigan, sugieren que Lewis perdió el rumbo sólo en sus últimos años, cuando se vio arrastrado a la política actual, sobre todo a la cuestión de Israel y Palestina, y comenzó a injertar sus ideas medievales en la mentalidad árabe moderna. Sea o no la modernidad la causa principal, la sociedad del mundo árabe sufre una disfunción que requiere una reforma radical. “El Informe sobre Desarrollo Árabe” publicado en la primavera de 2002 por el Programa de la Naciones Unidas para el Desarrollo expone con dureza las deficiencias de las sociedades árabes. El informe dice que son “ricas, pero no desarrolladas” y detalla las carencias democráticas y respecto a los derechos de la mujer [9] que han sido los objetivos favoritos de los neoconservadores norteamericanos. El informe indica que el mundo árabe disfruta de un índice de conexión a internet incluso menor que el de África subsahariana, y que la educación está tan atrasada y aislada que en todo el mundo árabe sólo se traduce una quinta parte de los libros traducidos en Grecia. Algunos expertos también están de acuerdo en que, en última instancia, el argumento principal de Lewis –y de los neoconservadores– demostrará estar en lo cierto. Quizás, a la larga, no pueda islamizarse la democracia, y por eso el Islam simplemente permanece detenido en el camino. Ahora mismo, Irán es la mejor demostración de esta hipótesis en el mundo real. Un cuarto de siglo después de la revolución de Jomeini, Irán parece estar atascado en un punto medio difícil de determinar. Las fuerzas que proponen una reforma democrática y laica desde la base y los mullahs que ejercen el control desde la élite pueden estar en un punto muerto simplemente porque no existe en absoluto ningún espacio común entre ambas visiones en conflicto [10] . En una reciente comparecencia en el ministerio de Asuntos Exteriores, Fouad Ayami indicó que esa es una razón por la cual el planteamiento kemalista tuvo sus méritos: “Pienso que Ataturk comprendió que pasar por el Islam es caer en una trampa. Y, de hecho, creo que el viaje emprendido por Ataturk para salir del Islam fue brillante. Y en la medida en que el mundo musulmán ahora ha olvidado esto...pagará caro por ello.” Pero en Irak no hay ningún Ataturk,
aunque desde luego, Chalabi, y quizás Allawi, todavía estarían
encantados de jugar ese papel. Por ahora, Sistani sigue siendo la figura
más prestigiosa del país, la única y verdadera personalidad
con influencia. En la administración Bush se mantienen las sospechas
de que el objetivo a largo plazo de Sistani es sacar a los americanos y meter
el Corán –en otras palabras, crear otro Estado de mullahs
como en Irán. Pero aquellos que conocen bien a Sistani dicen
que él es mucho más sutil que todo esto. Nacido en Irán
–se trasladó a Irak a comienzo de los años cincuenta, aproximadamente
en la época en que Lewis vio la luz–, Sistani ha experimentado de
cerca los fracasos del vecino Estado chií de los mullahs. Él
y el resto de chiíes también han sufrido la punta afilada del
nacionalismo árabe sunní, y después de haber sido oprimidos
durante décadas bajo el régimen de Saddam nunca permitirán
un regreso a la anterior situación. Por eso Sistani sabe que la mejor
alternativa final puede ser un cierto tipo de democracia híbrida,
moderadamente religiosa y dominada por los chiíes, promovida y bendecida
por él y concebida como un federalismo con matices que daría
lo que les corresponde a kurdos, sunníes y todos los demás.
Pero también sería un régimen que, de un modo similar
a los mullahs iraníes, usaría su carácter islámico
particular, y en consecuencia antiamericano y antioccidental, como aglutinador
ideológico. Para los estadounidenses que vieron con esperanzas la
guerra en Irak, esta opción es prácticamente lo único
que permanece sobre la mesa –algo que incluso Bernard Lewis puede que algún
día tenga que reconocer. NOTAS.- [1] Publicado en el Washington Monthly el 12 de noviembre de 2004. Segunda parte del artículo “ Malinterpretar el Islam ”, publicado en la revista Alif Nûn nº 60, mayo de 2008. (Nota de la Redacción). [2] Michael Hirsh es periodista y autor del libro At War with Ourselves: Why America is Squandering its Chance to Build a Better World?, (“En guerra contra nosotros mismos: ¿Por qué Estados Unidos está desperdiciando su oportunidad de construir un mundo mejor?”) Oxford University Press. [3] Durante el Imperio Otomano, dragomán era el título oficial que se asignaba a aquellas personas que hacían la función de intérprete, traductor y guía de los políticos, cónsules y embajadores europeos en países de lengua árabe, turca o persa. (Nota de la Redacción). [4] Moktada al-Sadr es hijo de Muhammad Baquer al-Sadr (1935-1980), un destacado clérigo chií a quien el régimen de Saddam Husein torturó y ejecutó, junto a su hermana Amina al-Sadr, debido a su cercanía ideológica al Ayatollah Jomeini. (Nota de la Redacción). [5] Para conocer más en profundidad la relación entre Islam y política, véase Rafael R. Guerrero, “ Islam y política ”, en revista Alif Nûn nº 51, julio de 2007; Lamin Sanneh, “ Religiosos islámicos y fermento político ”, en revista Alif Nûn nº 51, julio de 2007. (Nota de la Redacción). [6] Véase Bernard Lewis, El Oriente Próximo, Editorial Crítica, Barcelona, 1996. (Nota de la Redacción). [7] Los llamados transformacionalistas sostienen que el actual proceso de globalización es un fenómeno sin precedentes en la historia, de manera que los Estados y las sociedades experimentan actualmente un cambio profundo a medida que tratan de adaptarse a un mundo más interconectado, pero a la vez más incierto. (Nota de la Redacción). [8] El “Triángulo Sunní” es una expresión utilizada por las potencias de ocupación para designar una zona geográfica de Irak situada al noroeste de Bagdad, en el área central del país. Los vértices del triángulo son Bagdad, Ramadi y Tikrit (ciudad de origen de Saddam). En el interior del mismo quedan ciudades como Faluya y Samarra. (Nota de la Redacción). [9] Para más información, véase Bruce Dunne, “ Poder y sexualidad en Oriente Medio ” y AbdelQader Muhammad Ali, “ Feminismo y machismo en las sociedades musulmanas ”, ambos publicados en la revista Alif Nûn nº 58, marzo de 2008. (Nota de la Redacción). [10] Para más información sobre la República Islámica de Irán, véase Nikki R. Keddie, El Irán moderno , Editorial Belacqva, Barcelona, 2007; Fariba Adelkhah, La revolución bajo el velo. Mujer iraní y régimen islamista , Edicions Bellaterra, Barcelona, 1996; Shirin Ebdi, El despertar de Irán , Editorial Aguilar, Madrid, 2007; VV.AA, Irán, de la revolución a la reforma , Edicions Bellaterra, Barcelona, 2000; María Jesús Merinero Martín, La República Islámica de Irán , Editorial La Catarata, Madrid, 2004; Claire Tréan, Irán. entre la amenaza nuclear y el sueño occidental , Editorial Península, Barcelona, 2006; María Jesús Merinero Martín, Irán. Hacia un desorden prometedor , Editorial La Catarata, Madrid, 2001; Amrei Rahman, “ Irán: luces y sombras de una revolución ”, en revista Alif Nûn nº 32, noviembre de 2005; Roberto Marín Guzmán, “ El derrumbe del viejo orden en Irán ”, en revista Alif Nûn nº 46, febrero de 2007. (Nota de la Redacción). A Portada |
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