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EL ISLAM MILITANTE EN MARRUECOS:
LOS PELIGROS DE LA EXCLUSIÓN Y LOS RIESGOS DE LA INTEGRACIÓN [1] Azzedine Layachi [2] Introducción
El movimiento islamista en el norte de
África se remonta a mucho antes de este siglo, cuando era en su mayor
parte de naturaleza reformista y mostraba voluntad de trabajar por sus objetivos
dentro del orden establecido. Es sólo en el siglo pasado, desde comienzos
de los años veinte en Egipto, cuando los movimientos islamistas radicales
han pretendido reemplazar los sistemas nacionales existentes por un orden
social y político gobernado por la Shari'a (principios legales
islámicos)
[3]
y basado en una interpretación estricta del Corán,
el Hadith y la Sunna (dichos y actos del profeta Muhammad).
Además, en las dos últimas décadas ha habido una proliferación
de grupos islamistas radicales queriendo usar la violencia y extender el
terror para desestabilizar a los gobiernos y poner fin a la explotación
occidental en la región. Los grupos violentos son pocos y muy pequeños
en relación al movimiento islamista en su conjunto, pero sus atrevidas
acciones han captado la atención de los medios de comunicación
y la opinión pública. Esto, a su vez, ha provocado que tanto
expertos (por ejemplo, Gilles Kepel
[4]
) como líderes políticos reexaminen el fenómeno
islamista, que previamente fue considerado como decadente y pasajero, debido
al avance de la modernización y el laicismo. El ataque contra los
Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001, atribuido a una red islamista
liderada por la al-Qa'ida de Osama Ben Laden, hace esta revisión
incluso más urgente, tanto para Occidente como para los países
que han hecho frente al desafío islamista en años recientes,
incluyendo a Marruecos, el cual tiene un importante movimiento islamista
que siempre ha sido posible mantener bajo control. Este artículo examina
la naturaleza de este movimiento en el reino de Marruecos y el modo en
que el Estado y la monarquía se han ocupado de él. También
aborda la cuestión de si el proceso de liberalización política
y económica que comenzó hace unos pocos años podrá
controlar o poner fin a las expresiones más radicales de dicho movimiento. Como ideología y movimiento político, el islamismo –al igual que movimientos similares en otras religiones– aspira a reformar la sociedad sobre una base religiosa. Se inspira en dogmas innegociables y busca activamente provocar un cambio rápido y completo. Sus militantes piensan que sus acciones les son ordenadas por una autoridad trascendente [5] . Para ellos, la religión es tanto un factor clave de identidad como una estructura del orden social.
Como una manifestación de los
serios problemas a los que se enfrentan los países musulmanes y
árabes, incluyendo Marruecos, el islamismo es sólo uno entre
los muchos protagonistas de una crisis que no puede reducirse a una simple
oposición entre regímenes laicos y grupos religiosos, o entre
fuerzas musulmanas y el mundo no musulmán. Tal reduccionismo no sólo
genera explicaciones inadecuadas y simplistas, sino que también refuerza
una confusión generalizada respecto al fenómeno islamista.
Además, conocer a un grupo islamista en un determinado país
no significa que ese conocimiento pueda extrapolarse a todos los grupos islamistas
de ese país o de otros, pues hay una amplia variedad de puntos de
vista islamistas sobre multitud de asuntos, como son los medios y las formas
de alcanzar el poder y de gobernar, o la relación entre el Islam,
por un lado, y la democracia y la modernidad, por el otro. Las principales causas de las protestas islamistas en Marruecos son, sobre todo, internas. Son numerosas y se relacionan entre sí. Las precarias condiciones socioeconómicas constituyen el trampolín más importante que impulsa el nacimiento y la actividad del islamismo en Marruecos; proporcionan al movimiento una amplia reserva de jóvenes que se sienten descontentos con sus condiciones de vida y con el régimen político. La mayoría del movimiento creció sobre todo en los barrios pobres de la ciudades, pero también alcanzó a los miembros de la clase media que vieron disminuir su nivel y su calidad de vida en las últimas una o dos décadas. Mediante un meticuloso trabajo de base, los islamistas convirtieron a miles de personas en activos militantes o en simpatizantes. Como movimiento social y político, el islamismo se convirtió principalmente en una oposición al régimen, al cual culpa del fracaso de las políticas de desarrollo, la injusticia, la desigualdad y el aumento de la influencia de la cultura occidental. El ascenso del movimiento islamista se
corresponde también con un acusado declive de la oposición laica,
el cual se ha producido principalmente por la represión y las manipulaciones
de la monarquía. Con la excusa de la integridad nacional y el desarrollo
económico, lo cuales necesitan de la unidad, la monarquía reprimió
a los disidentes políticos e impuso su hegemonía sobre la sociedad.
Las figuras de la oposición que oponían más resistencia
fueron encarceladas, enviadas al exilio o eliminadas. Asociaciones civiles
y profesionales independientes, organizaciones de estudiantes y sindicatos
fueron disueltos, asimilados o sometidos al control del Estado. Además,
la asamblea legislativa carecía de su propia parcela de poder y los
medios de comunicación estaban bajo un estricto control del Estado.
El consiguiente vacío ideológico e institucional fue ocupado
fácilmente por eslóganes y redes de contactos de carácter
religioso que ofrecían un proyecto social y político radicalmente
diferente. Combinando los llamamientos a la democratización y el resurgimiento
religioso, los islamistas se esforzaron por ampliar el escenario de la participación
política haciendo que se involucrara cada vez más gente. Miembros
de las élites gobernantes jugaron un papel favorable manipulando a
los grupos y los símbolos religiosos. A menudo usaban los sentimientos
islamistas contra la izquierda laica, y viceversa. Sin embargo, al final,
la monarquía se las ingenió para alcanzar un delicado equilibrio
entre las dos tendencias, por medio de un continuo y cambiante juego de represión
y tolerancia practicadas alternativamente, o ambas a la vez. Varios factores y acontecimientos externos también contribuyeron al aumento del islamismo en Marruecos y en otros lugares. A un nivel ideológico, la influencia doctrinal más importante procedía de los Hermanos Musulmanes egipcios y de pensadores como Hassan al-Banna y Sayyed Qutb [6] . La revolución islámica iraní [7] de 1979 también proporcionó una fuerte inspiración como un poderoso desafío frente al laicismo, el autoritarismo y el expolio occidental en tierras musulmanas. El consiguiente apoyo de Arabia Saudita, los estados del Golfo y Sudán a los grupos sunníes (para contrarrestar el creciente activismo chií inspirado en la revolución iraní) ayudó al movimiento islamista marroquí a establecer su infraestructura. La guerra contra las fuerzas soviéticas en Afganistán durante los ochenta sirvió como campo de entrenamiento para los voluntarios musulmanes, y la victoria de los muyahiddîn (guerreros santos) [8] fortaleció la fe de muchos jóvenes norteafricanos en su capacidad para derribar el orden establecido. En 1990 y 1991, la crisis del Golfo sirvió
para aumentar el potencial movilizador de los islamistas e incrementó
las tensiones entre una sociedad que apoyaba a Irak y un régimen que
contribuyó con dos mil soldados a la coalición internacional
contra Irak liderada por los norteamericanos. Durante esta crisis, los islamistas
canalizaron los sentimientos populares proirakíes, reclutaron a más
gente y sus presencia se hizo más visible, sin recibir ninguna represalia.
El 7 de febrero de 1991, los islamistas participaron por primera vez en Marruecos
en una manifestación masiva a favor de Irak, sin recibir la represalia
gubernamental. Por vez primera se mostraban como una fuerza legítima
al lado de la oposición laica. Por último, la presencia pública
y la movilización de los islamistas se vieron favorecidas por la caída
de los regímenes autoritarios en Europa oriental y la Unión
Soviética, y por los constantes llamamientos a la democratización
por parte de Occidente. El Islam militante comenzó en
Marruecos en los años setenta cuando, en medio de una crisis económica,
Abdesslam Yassine, un El desafío islamista en Marruecos
estuvo siempre controlado gracias a una serie de medidas y circunstancias,
y no ha sido capaz de alcanzar el poder movilizador de sus homólogos
en la región (Argelia, Túnez y Egipto). Varios factores han
impedido su completo desarrollo en los últimos veinte años.
Su principal obstáculo ha sido una monarquía basada en la
legitimidad tradicional y religiosa, y controlada durante treinta y ocho
años por un monarca autocrático, el difunto rey Hassan II.
El rey Hassan, que proclamaba ser el amir al-mu'minin (comendador de
los creyentes) dificultó en gran medida que el movimiento islamista
pudiera tomar impulso. Convirtió a la monarquía en el centro
del sistema político y gobernó con una mezcla de relativo
pluralismo político y autoritarismo. A partir de los primeros setenta,
mantuvo a los islamistas bajo control a través de medidas represoras
y de un estrecho control del ámbito religioso y de sus símbolos.
Estableció un completo sistema para que el “Islam oficial” pudiera
expresarse, mediante la promoción de organizaciones religiosas de
carácter no político (tales como Da'wa , que también
se empleó contra la izquierda laica), y la reactivación y
el control del entonces inactivo Consejo de Ulama (sabios religiosos).
Además, compensó las actuaciones modernas con medidas de
carácter religioso, como la promulgación de un conservador
Código de Familia (Mudawana), la obligatoriedad de la oración
en los colegios y la creación de escuelas coránicas. Al contrario de lo esperado, el movimiento islamista se aprovechó de este vigoroso ambiente religioso y continuó desarrollándose como una fuerza con autoridad moral. Al igual que en Egipto, Argelia y Túnez, aumentó su atractivo por medio de actuaciones de carácter social y caritativo, haciendo suyas las exigencias y las quejas de los pobres y los estudiantes, y denunciando la corrupción de una parte de la élite gobernante. Asistiendo a enfermos, viudas y desempleados, consiguieron seguidores en los barrios de chabolas de Tánger, Rabat y Casabalanca. Sus organizaciones benéficas pusieron en marcha bancos de sangre y ayudaron a la gente a organizar los funerales. En el Aid al-Adha [9] ofrecen corderos o borregos a los pobres. También han estado extendiéndose a un ritmo constante dentro del sistema educativo, reclutando a profesores de instituto y estudiantes universitarios. [10] Entre los factores que contribuyeron a su atractivo como movimiento de protesta social, las dificultades económicas y sociales son de lejos el más importante. En la segunda mitad de los noventa, el país fue sacudido por una avalancha de manifestaciones de profesores universitarios, médicos, estudiantes y trabajadores de ferrocarriles, líneas aéreas y bancos. Aprovechando la crisis socioeconómica, el movimiento islamista estableció, lenta pero sistemáticamente, importantes redes de contactos en las principales ciudades, y poco a poco incrementó su presión a favor del cambio, después de la llegada de Mohamed VI al trono. En medio de las nuevas dificultades socioeconómicas, los islamistas se recuperaron y su atractivo creció. Otros factores que están detrás
de este resurgir del Islam militante son los siguientes: el fracaso permanente
de la oposición tolerada (tanto de derechas como de izquierdas)
para articular las demandas y las reivindicaciones sociales; el relativo
incremento en la protección de los derechos humanos; las recientes
reformas institucionales que aumentan la esperanza de que los partidos islamistas
puedan tener existencia legal; y la rebelión islamista en Argelia,
que obligó al gobierno de aquel país a permitir que la tendencia
islamista tuviera representación legal en el parlamento y en el gobierno. Resulta un tanto paradójico que
en las últimas dos décadas y a pesar de las serias dificultades
socioeconómicas y un escaso cambio de la posición islamista,
Marruecos haya disfrutado de estabilidad política. Aunque el país
parecía estar al borde de una inminente explosión social
durante la segunda mitad de los noventa, el poder del rey y la estabilidad
del régimen nunca estuvieron en peligro. A comienzos de 1996 el país La estrategia de última hora del rey Hassan respecto a la integración política parece haber funcionado. Neutralizó aún más a la izquierda y la hizo compartir la culpa por las dificultades económicas del pueblo. Uno de los retos más importantes que el nuevo rey tuvo que afrontar después de alcanzar el poder fue el de los islamistas (en el futuro quizá sea el de los militares). Su actual campaña contra los males sociales y la pobreza está en parte destinada a obstaculizar la actividad islamista en este ámbito. En cuanto a los militares, sus puntos de vista y sus posiciones siguen siendo desconocidos, al menos hasta que se resuelva la cuestión del Sahara Occidental. [11] La llegada al gobierno de la antigua
oposición en 1998 y, poco después, el acceso al poder de
un nuevo monarca, aumentó la esperanza de que Marruecos estuviera
en el buen camino hacia un sistema democrático de gobierno. Sin embargo,
el cambio real ha sido lento, ya que llegó al poder una coalición
heterogénea encabezada por la Unión Popular de Fuerzas Socialistas
(USFP). Bajo el liderazgo de Abderahmane Youssoufi, el gobierno descubrió
la frustración de tener que enfrentarse a una serie de problemas
con pocos medios y poder. En cuanto al nuevo rey, después de un periodo
de luna de miel con la sociedad y el gobierno liderado por los socialistas,
parece estar resistiéndose con gran dolor a tener que volver a
la represión del pasado. Quienes se arriesgaron a poner a prueba
hasta qué punto se toleraría la disidencia se enfrentaron
a una rápida reacción por parte del sistema (por ejemplo, se
cerraron periódicos y sus directores fueron encarcelados o multados).
Sin embargo, es importante señalar que tanto la monarquía como
el Estado han evitado hasta el momento la confrontación directa con
el movimiento islamista. Los grupos tolerados (por ejemplo, los moderados),
sin dejar de estar estrechamente vigilados, han podido liderar la protesta
social y han consolidado su atractivo para la población. No obstante,
el joven monarca ha estado buscando de forma activa hacerles perder protagonismo
abordando directa y constantemente algunos de las principales preocupaciones
de los islamistas, tales como la pobreza y la justicia social. Existen hoy en Marruecos unas 150 asociaciones religiosas apolíticas que trabajan pacíficamente para islamizar la sociedad mediante la predicación (da‘wa), y hay más de dos docenas de asociaciones religiosas que están politizadas en mayor o menor grado, algunas de las cuales están afiliadas a movimientos islamistas internacionales, mientras que otras son exclusivamente nacionales. Al-Adl wal-Ihsan (“Justicia y Caridad”), que fue prohibida en 1989, es la organización política más popular y su influencia ha aumentado enormemente en los últimos años. Reivindicando la moderación y la legalidad, se ha beneficiado del colapso de otras facciones islamistas reclutando a los miembros de éstas, y continuó atrayéndose la simpatía de los jóvenes y descontentos habitantes de las ciudades. Ha penetrado en diversas partes de la sociedad, especialmente en los barrios pobres, las escuelas y las universidades de las principales ciudades (Casablanca, Fez, Meknes, Marrakesh y Rabat) y ha reclutado a cultos profesionales urbanos. Esta asociación rechaza oficialmente el uso de la violencia y no ataca al régimen de manera directa. Denuncia la injusticia social y la degradación moral, reclama el regreso, por medios legales, del “gobierno de Dios”, critica a los partidos de izquierda y exige el derecho a poder constituir un partido político que se ajuste a la constitución. Se identifica más con sus homólogos argelinos del Harakat Muytama'a al-Silm (“Movimiento de la Sociedad por la Paz”, antes conocido como Hamas [12] ) y del Harakat al-Nahda (“Movimiento por el Renacimiento”) –los cuales son considerados como “partidos islamistas moderados”. No parecen tener afinidad con el grupo argelino radical Yama'at al-Islamiyya al-Moussalaha (“Grupo Islámico Armado”, conocido como GIA, con presuntos vínculos con la organización al-Qa'ida de Osama Ben Laden), que desea conquistar el poder por medio de la violencia y es responsable de la muerte de miles de personas en Argelia desde 1992.
Otra asociación, al-Tabligh ual-Da'awa Lillah, nacida en 1965, busca el resurgimiento de la Umma islámica y el establecimiento de la Shari'a por medios pacíficos. Posee varios miles de miembros entre los habitantes de la ciudades. Por último, Al-Rabita (“La Asociación”) es una sociedad religiosa de carácter benéfico que sólo realiza trabajos sociales y humanitarios. Sin embargo, su principal tarea es proteger los intereses de los shurafa [14] y sus descendientes, y fortalecer sus relaciones de hermandad. [15] La mayoría de las asociaciones
nacidas en los setenta “han evolucionado hacia un ‘islamismo de compromiso’
con el régimen. Muchos famosos lideres han elegido la estrategia
de la ‘presión’ en favor de la moral en la vida política y
sociocultural.”
[16]
Varias organizaciones radicales (por ejemplo, Yam'iyyat
al-Shabiba al-Islamiyya ) fueron sometidas mediante la represión
y debilitadas por las divisiones internas y su incapacidad para movilizar
a la población. Sin embargo, unos pocos grupos islamistas ultrarradicales
–algunos de los cuales son sospechosos de tener afinidad con el GIA argelino
y con al-Qa'ida – todavía pueden estar esperando el momento
adecuado para actuar. Aunque el rey Hassan II fue capaz de asimilar, someter
y dominar las manifestaciones más visibles del islamismo, la amenaza
potencial del Islam militante se mantiene como una posibilidad, aunque por
ahora sea remota
[17]
. Sin embargo, esto podría cambiar si las condiciones
económicas y sociales empeoran, si los islamistas se desplazan desde
los márgenes al centro de la vida política mediante una actuación
política organizada
[18]
, y si el sistema no es capaz de permitir o estimular
el desarrollo de una oposición laica digna de crédito cuya
ausencia puede fomentar un peligroso radicalismo. En África del norte, los islamistas marroquíes han representado la menor amenaza para el régimen gobernante, quizá porque han estado especialmente controlados y han sido castigados con dureza. Son numerosos los retos a los cuales se enfrenta actualmente la monarquía y el Estado, y los islamistas constituyen sólo uno de ellos. Si alguna vez se enfrentara a un desafío social incontrolable, la monarquía podría regresar a un reinado absolutista, a pesar de las promesas de cambios institucionales hechas durante los últimos años. Un retroceso en la apertura política debido a las amenazas planteadas por los islamistas radicales conduciría, por desgracia, al amordazamiento de toda la oposición, tal y como ha ocurrido en Argelia y Túnez durante los años noventa. Es importante que se mantenga el actual impulso reformista y que el Estado y la monarquía ofrezcan más vías para que los disidentes de todas las tendencias puedan expresarse de forma pacífica. Este podría llegar a ser un modo eficaz de inhibir las tendencias radicales de algunos movimientos sociales. El relativo y gradual aumento de la libertad política en años recientes ha ayudado a Marruecos a superar un enorme malestar político que se remontaba a las elecciones parlamentarias suspendidas en 1993. Este cambio gradual ha incluido una serie de medidas positivas como la liberación de cientos de prisioneros políticos, la mejora en la situación de los derechos humanos y el acceso al poder de la oposición socialista. El Islam político surgió para ganar terreno en periodos de privación económica, exclusión social, ausencia de representación política y una falta de oposición laica. Mientras que la relativa liberalización política por lo general marginó a los islamistas, la liberalización económica ha contribuido a mejorar su situación. En el pasado, el Estado y la monarquía reaccionaron frente a la oleada islamista con medidas coercitivas y también intentando recobrar el espacio perdido por el “Islam popular”, sobre todo invirtiendo más en las instituciones religiosas, modernizando la enseñanza religiosa e incrementado el uso de eslóganes religiosos en los medios de comunicación. Pero esta estrategia favoreció a la oposición islamista. El islamismo está profundamente implantado en la sociedad marroquí como fuerza ideológica y política. Que sea o no capaz de alcanzar sus objetivos dependerá de varios factores. Cuánto más larga sea la crisis económica y social y más empeoren las condiciones de vida de la mayoría de la gente, mayor será el atractivo del movimiento islamista. La habilidad de la monarquía y del gobierno para resolver la crisis y para detener la erosión de su propia legitimidad se convertirán así en algo crucial para reducir el fervor revolucionario y el atractivo de los islamistas. Además, la oposición laica necesita ser más efectiva a la hora de recoger y transmitir las reivindicaciones populares si desea recuperar el atractivo que ha perdido para los políticamente indiferentes y para los islamistas. Por último, dado que la tendencia islamista está firmemente implantada en el panorama social e ideológico de Marruecos, debería permitirse que sus expresiones más moderadas formaran parte del proceso político. Esto podría servir de ayuda para marginar las tendencias radicales, a la vez que daría una mayor legitimidad a dicho proceso. Sin embargo, como movimiento de protesta,
es probable que el islamismo moderado se aproveche de cualquier política
de integración y puede que no permita que dicha apertura se mantenga
tan sólo como un gesto simbólico o una táctica para
la supervivencia del régimen. Una vez consolidado en las instituciones
y el proceso políticos, el Islam militante continuará trabajando
para poner en práctica su programa, pero ahora desde dentro del
sistema y con la garantías que un Estado democrático debe
ofrecer por encima de todo. BIBLIOGRAFÍA DE CONSULTA
- Víctor Morales Lezcano, Historia de Marruecos , Editorial La Esfera, Madrid, 2006. NOTAS.- [1] Traducción y adaptación del texto original en inglés. Working Paper, 2002, Azzedine Layachi. (Nota de la redacción) [2] Azzedine Layachi es profesor asociado de Ciencias Políticas en la St. John's University de Nueva York. (Nota de la Redacción). [3] Para más información sobre los principios generales de la Sharî‘a , véase Seyyed Husein Nasr, “ la Sharî‘a : ley divina-norma social y humana ”, en revista Alif Nûn nº 28, junio de 2005; Dr. Abdul Karim Zaidan, “Introducción al estudio de la Sharî‘a islámica”, en revista Alif Nûn nos 30 (septiembre de 2005) y 31 [4] Véase, por ejemplo, algunas obras de este autor como L a Yihad: expansión y declive del islamismo , Ediciones Península, Barcelona, 2002; Crónica de una guerra de oriente seguido de Breve crónica de Israel y Palestina, Ediciones Península, Barcelona, 2001; La revancha de Dios : cristianos, judíos y musulmanes a la reconquista del mundo , Alianza Editorial, Madrid, 2005; Fitna: guerra en el corazón del Islam , Ediciones Piados, Barcelona, 2004; Al oeste de Alá: la penetración del Islam en occidente , Ediciones Piados, Barcelona, 1995. (Nota de la Redacción). [5] Esta explicación se inspira en la definición genérica de los fundamentalismos dada por Ian Lustick en su libro For The Lord and the Land: Jewish Fundamentalism in Israel (“Por el Señor y la Tierra: el fundamentalismo judío en Israel”), Council on Foreign Relations, Nueva York, 1988, pág. 6. [6] Para más información, véase Sayyid Qutb, Justicia social en el Islam , Editorial Almuzara, Córdoba, 2007; Tariq Ramadan, El reformismo musulmán, desde los orígenes hasta los Hermanos Musulmanes , Edicions Bellaterra, Barcelona, 2000 y Redacción Alif Nûn, “ El reformismo musulmán. Los Hermanos Musulmanes a través del pensamiento político de Sayyid Qutb ”, en revista Alif Nûn nº 39, junio de 2006. (Nota de la Redacción). [7] Para más información sobre la República Islámica de Irán y la revolución islámica en aquel país, véase Nikki R. Keddie, El Irán moderno , Editorial Belacqva, Barcelona, 2007; Fariba Adelkhah, La revolución bajo el velo. Mujer iraní y régimen islamista , Edicions Bellaterra, Barcelona, 1996; Shirin Ebdi, El despertar de Irán , Editorial Aguilar, Madrid, 2007; VV.AA, Irán, de la revolución a la reforma , Edicions Bellaterra, Barcelona, 2000; María Jesús Merinero Martín, La República Islámica de Irán , Editorial La Catarata, Madrid, 2004; Claire Tréan, Irán. entre la amenaza nuclear y el sueño occidental , Editorial Península, Barcelona, 2006; María Jesús Merinero Martín, Irán. Hacia un desorden prometedor, Editorial La Catarata, Madrid, 2001; Amrei Rahman, “Irán: luces y sombras de una revolución ”, en revista Alif Nûn nº 32, noviembre de 2005; Roberto Marín Guzmán, “ El derrumbe del viejo orden en Irán ”, en revista Alif Nûn nº 46, febrero de 2007. (Nota de la Redacción). [8] Muyahid significa literalmente “el que se esfuerza” o “el que lucha”, es decir, el que lleva a cabo el yihad. Por tanto, la expresión muyahiddîn podría traducirse como “luchador por la religión”. Para más información sobre el yihad , véase Seyyed Husein Nasr, “ El significado espiritual del yihad ” en revista Alif Nûn nº 54, noviembre de 2007. (Nota de la Redacción). [9] El Aid al-Adha (Fiesta del Sacrificio o Fiesta del Cordero) conmemora el sacrificio de un cordero por parte del Profeta Abraham en lugar de su propio hijo Isaac. Durante esta fiesta, celebrada durante la peregrinación a La Meca, los musulmanes de todo el mundo sacrifican corderos cuya carne comen en celebraciones familiares, ofreciendo parte de la misma a las familias menos pudientes. (Nota de la Redacción) [10] Marlise Simons, “Morocco Finds Fundamentalism Benign but Scary” (“Marruecos encuentra el fundamentalismo beneficioso, aunque aterrador”), en New York Times , 9 de abril de 1998. [11] Véase Azzedine Layachi, “State-Society Relations and Change in Morocco” (“Relaciones Estado-Sociedad y cambio en Marruecos”), en Azzedine Layachi (ed.), Economic Crisis and Political Change in North Africa , Praeger (“Crisis económica y cambio político en África del norte”), Praeger, Westport, 1998, págs. 89-105. [12] No confundir con la organización palestina Hamas. (Nota de la Redacción). [13] Abdelkrim Mut'i ha estado viviendo en el exilio –probablemente en Bélgica– desde diciembre de 1975, más o menos desde el asesinato de Omar Ben Jelloun, el director del periódico socialista al-Muharrir y un destacado intelectual marxista de Marruecos. El gobierno acusó a la Yam'iyat al-Shabiba al-Islamiyya de Mut'i de haber cometido el crimen. Véase Henry Munson, Religion and Power in Morocco, (“Religión y poder en Marruecos”), Yale University Press, New Haven, 1993, págs. 160-161. [14] Para una breve discusión sobre los shurafa, véase A. Agnouche, “Les Chorfas Face à l'Etat de Droit dans le Maroc Contemporain”, en Santucci, Jean-Claude (ed.), Le Maroc Actuel: Une Modernisation au Miroir de la Tradition?, CNRS, París, págs. 273-283. Los shurafa (sing. sharif) son un colectivo que dice descender del Profeta Muhammad; desempeñan una función sociopolítica y disfrutan de importantes privilegios, como no tener la obligación de responder ante los tribunales ordinarios de justicia o no pagar impuestos. En los años sesenta se organizaron en torno a una Rabita , es decir, una confederación de asociaciones destinada a defender sus intereses. [15] A. Agnouche, ob. cit. [16] Abderrahim Lamchichi, “Les incertitudes politiques et sociales: L'Islamism s'enracine au Maroc”, en Le Monde Diplomatique, mayo de 1996, págs. 10-11. [17] El ataque contra un lujoso hotel de Marrakesh en agosto de 1994 que provocó la muerte de dos turistas españoles y el posterior proceso judicial contra las personas vinculadas con el ataque son una prueba de la radicalización potencial del movimiento islamista marroquí, sobre todo en relación a otras redes radicales en el Magreb y Europa. [18] Emad Eldin Shahin, “Secularism and Nationalism: The Political Discourse of Abd al-Salam Yassin” (“Secularismo y nacionalismo: el discurso politico de Abd al-Salam Yassin”), en John Ruedy (ed.), Islamism and Secularism in North Africa (“Islamismo y secularismo en África del norte”), St. Martin Press, Nueva York, 1996, pág. 184. A Portada |
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