ASALTO A LAS VALLAS:
MARRUECOS Y LA POLÍTICA EUROPEA CONTRA LA INMIGRACION [1]

Elie Goldschmidt [2]


“¡‘Langostas negras’ están tomando Marruecos!” Así arrancaba el titular de al-Shamal –un periódico de Tánger en lengua árabe– el 12 de septiembre de 2005. En él se describían las incursiones de montones de subsaharianos tratando de escalar las vallas de seguridad que separan Marruecos de los enclaves de Ceuta y Melilla, gobernados por España. Las autoridades marroquíes prohibieron de inmediato a al-Shamal que empleara ese lenguaje racista, pero la prensa de ambos lados del Mediterráneo continuó usando términos como “invasión masiva” y “plaga” para describir los reiterados intentos que en septiembre y comienzos de octubre llevaron a cabo los inmigrantes subsaharianos con el fin de escapar de África hacia territorio de la Unión Europea.

Si no fuera por el trágico destino de los aspirantes a inmigrante –tanto hombres como mujeres, algunos acompañados de menores de edad–, el audaz asalto a las vallas no habría atraído mucho la atención internacional. De los que intentaron entrar en el fortín europeo de Ceuta la noche del 28 de septiembre, cinco fueron asesinados y más de cien heridos. Seis más cayeron en la frontera de Melilla el 6 de octubre, y el total de muertos a causa de las incursiones se estima en quince. Según se dice, algunos de los muertos fueron abatidos por fuego marroquí y español, y otros se informa que cayeron o fueron arrojados por debajo de las vallas.

Enfurecidos por la abundante cobertura informativa de los medios de comunicación, las fuerzas de seguridad marroquíes dieron caza a los africanos indocumentados que acampaban en las montañas que rodean Ceuta y Melilla, deteniendo a varios cientos en pocos días. Inicialmente, Marruecos deportó a los detenidos hacia Argelia, a través de un puesto de control no oficial en Oujda. Aunque la frontera entre Argelia y Marruecos ha permanecido cerrada desde 1994, Oujda se ha convertido en el principal punto de entrada y de expulsión para los inmigrantes clandestinos en Marruecos. Médicos Sin Fronteras informó el 12 de octubre que algunos de los emigrantes también fueron abandonos sin comida ni agua en una zona desértica del sur. De acuerdo con el funcionario del Ministerio del Interior Khalid Zerouali, otros tres mil seiscientos africanos fueron ubicados más tarde en veintidós vuelos directos de regreso a sus países de origen –una acción sin precedentes en la lucha del Estado marroquí contra la inmigración ilegal.  [3]

    Estos hechos conmocionaron a la comunidad internacional. Las críticas por parte de los medios de comunicación –sobre todo los del sur en su conjunto– fue enorme, al igual que las protestas de las organizaciones de derechos humanos. Las fuerzas de seguridad españolas y marroquíes fueron acusadas de haber empleado munición real contra personas que buscaban refugio. España fue acusada de enviar de vuelta a suelo marroquí a algunos de los emigrantes –una práctica que se ha convertido en habitual en los enclaves de Ceuta y Melilla–, contraviniendo así las leyes de asilo de la UE. Por último, los marroquíes fueron acusados de haber arrojado al desierto en condiciones inhumanas a los africanos indocumentados, antes de expulsarlos a Argelia o enviarlos a casa por la fuerza.

La campaña de arrestos y deportaciones de subsaharianos refleja la necesidad del Estado marroquí de limitar la afluencia de inmigrantes, así como la complejidad de sus intereses regionales. Sin embargo, lo que provoca la inmigración ilegal y su posterior represión es la política de la UE, cada vez más restrictiva respecto a la inmigración a pesar de la necesidad de mano de obra y de crecimiento de la población en los países miembros de la UE. Esta política no ha dejado de endurecerse y se ha manifestado en forma de unos Estados europeos que sitúan la reducción de la inmigración y la lucha contra el contrabando y la delincuencia internacionales bajo el lema de detener el terrorismo, tras los ataques del 11 de marzo de 2004 en Madrid y del el 7 de julio de 2005 en Londres.

Cerrando las puertas

En 1985, el mismo año en el que la UE creó el “espacio Schengen”, una zona interna de libre tráfico, la UE cerró sus puertas a quienes buscaban entrar desde el gran sur. Como consecuencia, el número de visados concedidos a quienes proceden del sur ha disminuido dramáticamente en todas las categorías –estudiantes, profesores universitarios, pequeños comerciantes y visitas de familiares. En los años siguientes aumentó el número de personas que deseaban emigrar, sobre todo entre los jóvenes de clase media, a la vez que disminuía laVallas Melilla esperanza de una transición democrática en muchos países del sur. La inmigración clandestina, mucha de ella controlada por redes internacionales, aumentó con rapidez. Para evitar los controles fronterizos europeos, quienes deseaban emigrar comenzaron a viajar hasta las fronteras de la UE para, desde allí, intentar cruzar ilegalmente con la ayuda de contrabandistas. Habiendo penetrado en el espacio Schengen, los inmigrantes solicitaban asilo político, la única posibilidad que les permitía obtener una residencia temporal y así evitar la expulsión. Marruecos, junto a otros países mediterráneos fuera de la UE, se convirtió en un punto de paso para la migración a nivel global. 

Antes de su entrada en la UE en 1986, España no era un país de tránsito para los inmigrantes, y las fronteras de Ceuta y Melilla eran relativamente porosas. No obstante, con el flujo creciente de inmigrantes ilegales durante los años noventa, España fue obligada a reforzar sus controles fronterizos en Ceuta y Melilla. Según un acuerdo de 1992, Marruecos aceptó la devolución de los inmigrantes que hubieran entrado ilegalmente en España desde su territorio. En la práctica, el acuerdo se ha aplicado sobre todo a los marroquíes. Desde 2002, sin embargo, los guardias españoles en Ceuta y Melilla han comenzado a devolver a Marruecos, sin el procedimiento adecuado, a los subsaharianos solicitantes de asilo. Aunque esta práctica no ha disuadido a los inmigrantes, sus nuevos intentos por entrar en Europa sin documentación se han vuelto más difíciles, más costosos y más peligrosos.

No sabemos si España pudo haber presionado a Marruecos para emprender la campaña de arrestos y deportaciones en octubre de 2005. Sin embargo, las organizaciones de derechos humanos están preocupadas por una forma de presión más sutil y sistemática. En efecto, Europa ha aceptado la participación de los Estados del sur y del este del Mediterráneo en el proceso de integración económica, estratégica y cultural en la UE iniciado en Barcelona, a condición de que estos países cooperen para frenar la inmigración ilegal hacia Europa [4] .

En la cumbre de enero de 1999 en Tampere, donde la UE creó el Grupo de Alto Nivel “Asilo y Migración”, se insistió en convertir Marruecos en un Estado tapón para reducir la presión migratoria en la frontera sur de la UE [5] . A raíz de la declaración hecha en marzo de 2003 por el primer ministro británico Tony Blair, según la cual era necesario un “nuevo planteamiento acerca de los refugiados”, los dirigentes europeos aprobaron en la cumbre de Florencia de octubre de 2004 la idea de construir fuera de las fronteras europeas “centros de procesamiento del tráfico” para inmigrantes potenciales. En la práctica, desatendiendo la Convención de Ginebra sobre los refugiados, las personas que entraran de manera ilegal en la UE serían devueltas en grupo a los Estados fronterizos, sin controlar de un modo personalizado su nacionalidad, su ruta migratoria ni sus razones para buscar refugio en la UE, y después de haber sido confinadas en zonas de detención especiales. Estas zonas ya existen en la UE, en las áreas de tránsito de los aeropuertos, donde el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y las organizaciones de derechos humanos tienen poco acceso, así como en los campamentos fronterizos de Ceuta, la isla italiana de Lampedusa, las Islas Canarias y algunas islas griegas. La creación de centros de internamiento en las zonas fronterizas de la UE facilitaría la deportación de personas indocumentadas.

    Poco a poco, la UE está sometiendo la cuestión migratoria a lo que Giorgio Agamben llama “estado de excepción” o “estado de emergencia” [6] . El filósofo italiano afirma que el actual modelo político de occidente está más cercano a los campos de detención –como las áreas de tránsito de la UE o la Bahía de Guantánamo– que a la ciudad-estado, y que las personas, en especial los “extraños”, son cada vez más a menudo objeto de la violencia estatal al margen del ámbito jurídico, preferiblemente en espacios fuera del propio territorio [7] . En la era de la lucha global contra el terror, el estado de excepción de Agamben es, por desgracia, un paradigma apropiado para comprender la reciente evolución de la política europea sobre inmigración.

    Dado que la política del cierre de puertas fracasó a la hora de detener la inmigración y el número de inmigrantes indocumentados siguió aumentando, la UE respondió, por un lado, aumentando las medidas de seguridad en las fronteras y, por el otro, con masivas campañas de “regularización” de inmigrantes indocumentados. Pero incluso esta respuesta no ha sido lo bastante enérgica para reducir radicalmente la inmigración. Beneficiándose de los menores derechos de los que disponen los inmigrantes en los países del sur del Mediterráneo, la UE ha conseguido persuadir a otros países para que impongan el “estado de excepción” en nombre del fortín europeo. La actuación del Estado marroquí en octubre de 2005 es un ejemplo al respecto.

Cruzar el desierto

Las nueve millas desde Tánger a Algeciras han llegado a ser como
las 5.000 millas desde Kinshasa a Bruselas.
Dios, Nuestro Padre Celestial, ahora es Tu problema.
    –Canción popular de los emigrantes compuesta por el emigrante congoleño El Pacha Docha–

La mayoría de los subsaharianos que llegan al Magreb lo hacen por tierra, en camiones, viajando por etapas de diversa duración, acosados por el calor y el frío del Sahara, y por la amenaza del crimen organizado o el robo en los caminos a manos de policías y soldados. Algunos mueren de deshidratación y son enterrados en la arena por sus propios compañeros de viaje, usando un simple pedrusco para indicar sus tumbas. A pesar de su fama de exóticas para los viajeros occidentales, las paradas en las ciudades de las viejas caravanas de sal, oro y esclavos –Tamanrasset, Gao, Agadez, Timbuktu– raramente inspiran ningún deseo de volver a los emigrantes en ruta hacia Europa. ¿Quién desearía desandar sus pasos a través del infierno?

Vallas Ceuta Los que llegan sanos y salvos a Marruecos encuentran otras dificultades. Dado que no tienen documentación y disponen de pocos recursos, a menudo se hacinan, en precarias condiciones, en campamentos improvisados a las afueras de las ciudades. En un Marruecos donde el desempleo hace estragos, sobreviven como buenamente pueden. Algunos viven de sus ahorros, a otros los mantienen miembros de su familia ya establecidos en Europa, quienes les envían dinero. Los que no tienen recursos ni parientes en el extranjero deben luchar vendiendo de puerta en puerta o suplicando la caridad islámica como mendigos frente a las mezquitas o en las calles. En la letra de la canción citada antes, las “nueve millas” son la distancia entre la costa marroquí y la española. Escrita en lingala [8] y cantada por muchos emigrantes en tránsito por Marruecos, la canción describe la decepción de quienes, después de haber viajado durante meses o años, pueden ver las luces de Europa en una noche clara pero descubren la dificultad de penetrar en el fortín europeo. Su compositor, El Pacha Docha, abandonó Kinshasa en 1998, cruzó África occidental y el Sahara, y se movió entre Libia, Egipto y Arabia Saudí buscando un camino hacia Europa. Finalmente probó suerte en Marruecos, pensando que el Estrecho de Gibraltar resultaría fácil de cruzar. Por desgracia, llegó demasiado tarde: la edad de oro para poder cruzar la frontera entre Marruecos y España había llegado a su fin. Hacia el año 2000, España había construido una barrera protectora en torno a sus enclaves de Ceuta y Melilla formada por una doble valla coronada con alambres de espino. Muchos emigrantes, como el propio Pacha Docha, se vieron atrapados en Marruecos. La única esperanza que les quedaba a los extranjeros indocumentados en un país rodeado por un océano de agua y un mar de arena era entrar en la UE por cualquier medio posible. Pero como consecuencia del atasco producido por el aumento de los controles fronterizos españoles, el precio del pasaje se había disparado fuera de su alcance. Los territorios fronterizos con Europa, como Marruecos, se han convertido en espacios de sufrimiento donde el control y la represión han reducido a los emigrantes a lo que Agamben describe como una “vida vacía”. [9]  

En contraste con la imagen de los medios de comunicación, la mayoría de los emigrantes no son los más pobres de entre los pobres en sus propios países. El viaje clandestino cuesta entre cinco mil y treinta y cinco mil dólares, dependiendo de la red que lo organice. Muchos emigrantes son pequeños comerciantes que venden sus negocios, o dueños de tierras que hipotecan sus propiedades para pagar el caro viaje. Algunos poseen educación superior y han recibido formación profesional.

La inquebrantable voluntad de los emigrantes por cruzar a Europa a cualquier precio, tan gráficamente ilustrada por el asalto a las vallas que rodean Ceuta y Melilla, se explica mejor por la gran inversión que hacen para alcanzar la frontera, su miedo a tener que volver a cruzar el Sahara y su desesperación por quedar atrapados en el camino. La ruta hacia la UE forma parte de un “entramado” desde el cual no es posible salir excepto por medio de la deportación forzosa [10] . Gracias a su tenacidad, muchos de los emigrantes consiguen entrar en Europa de algún modo. 

Aunque no hay estadísticas precisas sobre el flujo de emigrantes ilegales, los observadores han estimado que la población de subsaharianos es de decenas de miles en cada uno de los países del Magreb, y de cientos de miles en Libia, un país que les permite trabajar mientras están de paso. En Marruecos se estima que varía entre diez mil y cuarenta mil. Las primeras olas de migraciones hacia Marruecos en la era Schengen, después de la época de las migraciones en busca de empleo de los años setenta y ochenta, estaban compuestas por senegaleses y gambianos. Durante siglos, los senegaleses han peregrinado a los lugares santos de Fez para honrar a Ahmad al-Tiyani, fundador de una hermandad sufí que es la corriente principal del Islam en África occidental [11] . Por tanto, su presencia es tolerada y los emigrantes pueden contar con redes de apoyo entre los peregrinos y marabuts [12] senegaleses en las principales ciudades marroquíes. Los nigerianos anglófonos comenzaron a llegar a Marruecos a comienzos de los años noventa. Se organizan en torno a poderosas redes y se benefician del importante intercambio comercial entre Nigeria y Marruecos. Los siguientes en llegar fueron los ghaneses y los malienses, seguidos por emigrantes de otras partes de África. Estos últimos emigrantes ilegales, procedentes de mucho más lejos, representan una minoría en el flujo dominado por emigrantes de Senegal, Nigeria y Malí.

Hacer frente al Estrecho de Gibraltar

Hasta del año 2000, cruzar las fronteras de Ceuta y Melilla no era especialmente peligroso, aunque no era tan accesible como tomar una patera para cruzar el Estrecho de Gibraltar o bien dirigirse hacia las Islas Canarias, o atravesar las fronteras con documentos de identidad falsos. Los inmigrantes que entraban en Ceuta y Melilla todavía no habían penetrado realmente en el fortín. Una vez dentro de estos enclaves, debían solicitar asilo político y, antes de continuar, esperar una respuesta durante varias semanas o meses. Las ONGs españolas –la Cruz Roja española en Melilla y el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) en Ceuta– establecieron oficinas en estas ciudades a comienzos de los noventa para que estos inmigrantes se sintieran bien acogidos durante su espera. En este sentido, las autoridades españolas apoyaron a las ONGs, y no sólo porque éstas se hicieran cargo de los inmigrantes durante su estancia. El paso por vía marítima con documentación falsa hacía imposible determinar cuántas personas estaban entrando en la UE, y por eso las autoridades preferían atraer a los inmigrantes a espacios como los campamentos de tránsito en Ceuta y Melilla, donde podrían ser controlados antes de permitirles entrar en Europa o empujarlos de regreso a Marruecos. Las ONGs pro derechos humanos que establecieron los campamentos o los puestos de asistencia en las rutas migratorias no pueden evitar su contribución involuntaria al control de los inmigrantes ilegales y, por tanto, a la política contra la inmigración. Este hecho explica su escaso número y el alcance limitado de su actividad. Los inmigrantes son muy conscientes del ambiguo papel desempeñado por estas instituciones de beneficencia y, en general, desconfían de ellas.

Dado el creciente número de inmigrantes, los agentes de policía marroquíes aumentaron las detenciones y las deportaciones a Argelia, en particular después de los ataques del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington. Una unidad especial de la policía fue la encargada de ocuparse de la inmigración, y poco después del ataque terrorista islamista de Casablanca el 16 de mayo de 2003, el parlamento marroquí introdujo nuevas leyes para el control de la inmigración y la lucha contra el terrorismo. Estas medidas no podrían detener el regreso encubierto de los inmigrantes desde Argelia a sus residencias temporales en Marruecos –a pie, escondidos en el maletero de los taxis o incluso en transporte público, cruzando las montañas del Rif. Sin embargo, empobrecen cada vez más a los inmigrantes. Sin dinero ni esperanza de encontrar “buenos papeles” para cruzar en barco, su única opción para sobrevivir fue acampar de manera ilegal en la espesura, a pocas millas de Ceuta y Melilla. Desde allí podrían “atacar” (usando la expresión de los propios inmigrantes) las vallas de seguridad por la noche, en grupos de cinco o seis, o todos a la vez. El primer asalto colectivo a la frontera de Ceuta se produjo la Nochevieja de 1999-2000. Aprovechando que las fuerzas de seguridad españolas celebraban el año nuevo, quinientos inmigrantes, soñando con entrar en Europa y en el siglo XXI al mismo tiempo, treparon por las vallas. Para 2005, miles de ellos esperaban entre la maleza para “atacar” los puestos avanzados españoles.

Buscando refugio

 Ceuta ha permanecido bajo soberanía española desde 1497 y Melilla desde 1580. España afirma que Marruecos no era entonces un Estado, y por eso rechaza las exigencias de este país para que le sean devueltos los enclaves coloniales, a los cuales Marruecos se refiere como “territorios ocupados”. Rodeados, respectivamente, por las colinas de Gourougou y Ben Younech y por las montañas del Rif, los dos puertos siempre han sido refugio para los contrabandistas, y más recientemente para los traficantes de droga. La zona montañosa del norte de Marruecos posee una larga historia de lucha por la autonomía, primero contra la ocupación de la costa marroquí por parte de España, y luego con la rebelión dirigida por Ibn ‘Abd al-Karim al-Khattabi contra españoles y franceses. Poco después de que Marruecos declarara suPueblo Rifeño independencia de Francia en 1956, la región se reveló contra la monarquía. Esa revuelta continuó hasta su sangrienta derrota a manos de las tropas lideradas por el futuro rey Hassan II y el general Mohamed Oufkir. Mientras fue rey, Hassan II abandonó el Rif a su propia suerte. La economía que se desarrolló en esta región dominada por los bereberes se centró en el cultivo y el comercio del hachís, el contrabando, la importación ilegal de gasolina desde Argelia y los envíos de dinero de aquellos que se vieron obligados por el desempleo a emigrar a Europa.

El cannabis, al parecer introducido por los árabes en el siglo VII, ha sido el cultivo más importante en el Rif desde los años noventa, y Marruecos se ha convertido en el primer productor de mundial de cannabis [13] . La mayoría de las fuentes coincide con la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) en que el aumento del cultivo de hachís en el Rif genera comercio por valor de al menos doce mil millones de dólares al año. Los funcionarios marroquíes piensan que por lo menos diez mil familias del Rif se mantienen gracias a su cultivo [14] . En una economía vinculada tan estrechamente con el contrabando, los primeros inmigrantes del África subsahariana no tuvieron dificultad en convencer a la población local para que permitiera su presencia. Podrían pagar por su pasaje, engordando los ingresos de los contrabandistas marroquíes y españoles, y cuando cruzaban la frontera en grupos servían para que los policías de frontera españoles desviaran su atención del comercio ilegal. Aunque la pobreza es endémica entre los rifeños marroquíes, muchos inmigrantes son capaces de obtener comida –por lo general de manera gratuita– o incluso un poco de dinero. El espíritu de autonomía de los rifeños marroquíes respecto al Estado, la caridad islámica y la simpatía hacia los inmigrantes compensan, junto con los beneficios del contrabando, la carga impuesta por estos huéspedes un poco molestos.

Sin embargo, como el número de inmigrantes aumentó, éstos comenzaron a ser un obstáculo en las actividades de contrabando. En épocas normales, un pequeño contrabandista podría ganar un mínimo de cincuenta dólares al día transportando contrabando a través de las vallas de seguridad que rodean Ceuta y Melilla. Con unos controles de la frontera más estrictos para luchar contra la ola de inmigrantes ilegales, los ingresos de miles de traficantes y sus familias comenzaron a derrumbarse. Los intentos recientes de la policía marroquí de reducir la producción de cannabis en el Rif probablemente aumentarán los problemas económicos en la región. [15]

Los tres aspectos del problema

La crisis migratoria ha puesto al Estado marroquí entre la espada y la pared. Europa está presionando mucho para que Marruecos y otros países mediterráneos refuercen la seguridad en sus fronteras con el fin de luchar contra el terrorismo y la inmigración ilegal. Sin embargo, las remesas de dinero enviadas por los dos millones y medio de emigrantes marroquíes en todo el mundo y la capacidad de Eldorado europeo para tener distraída a la juventud marroquí desempleada sugieren que la emigración continuará siendo una vaca sagrada en este país, y el Estado no la confundirá con el terrorismo. A corto plazo, el proceso de Barcelona no tiene mucho que ofrecer para garantizar la cooperación marroquí, y en las cumbres euro-mediterráneas de octubre y noviembre, Marruecos y otros países del sur mostraron su falta de entusiasmo. Tal y como lo ven los marroquíes, las posibilidades a largo plazo para acercarse a Europa están estrechamente vinculadas con el creciente papel político de la importante comunidad norteafricana establecida ya en Europa occidental. Aun suponiendo que Europa tenga éxito en la firma de acuerdos sobre inmigración con Marruecos, su eficacia no es nada segura, pues no impedirá que los inmigrantes empujados de nuevo a Marruecos no traten de abrir brecha en las paredes del fortín europeo por otros medios. Deportar a los inmigrantes a sus países de origen, como desearía la UE, probablemente proyectaría una mala imagen de Marruecos en África.

Desde la Conferencia de Casablanca de 1961, precursora de los pactos de la Organización para la Unidad Africana (OUA), el reino de Marruecos ha tenido cuidado en preservar sus relaciones diplomáticas con los países africanos, especialmente con el Congo (antes Zaire), donde ha intervenido varias veces bajo tutela internacional para reestablecer la ley y el orden. La cooperación educativa y militar con países como Guinea y Mauritania, y las exenciones de visado para entrar en Marruecos, han fortalecido los lazos entre africanos y marroquíes. Marruecos también es miembro de la Comunidad de Estados del Sahara y del Sahel (COMESSA), establecida para fortalecer el desarrollo económico y la cooperación en materia de seguridad entre sus veintiún miembros. El intercambio económico con los países africanos ha aumentado diez veces desde la década de los noventa, y los emigrados marroquíes llevan a cabo importantes operaciones comerciales en todo el África occidental. La apertura de Marruecos a África, reforzada por el rey Mohamed VI, ha sido principalmente motivada por la necesidad de apoyo internacional en el conflicto sobre el Sahara occidental, un territorio reclamado por Marruecos. Con el transcurso del tiempo, esta política ha dado sus frutos: muchos países africanos han retirado su apoyo a la República Árabe Saharaui en favor de Marruecos.

En tercer lugar, la aplicación de los controles fronterizos de la UE por parte de las fuerzas armadas marroquíes podría tener consecuencias preocupantes para un Rif tradicionalmente rebelde. El gobierno marroquí es consciente de que esta empobrecida región tendrá que cambiar el cannabis por otros cultivos en algún momento del futuro. Pero, entretanto, un control más severo de la frontera con España podría asfixiar la economía rifeña, y el riesgo de conflicto es demasiado grande como para justificar que los servicios de seguridad marroquíes puedan encender la mecha. Comparado con la defensa de esta serie de intereses africanos y marroquíes, no parecen mucho los cincuenta y tres millones de dólares prometidos a Marruecos por la UE (algunos de los cuales ya han sido transferidos) para luchar contra la inmigración clandestina.

De “gendarme” a “víctima”

Marruecos ha adoptado el papel de víctima [16] frente a las acusaciones de laxitud por parte de la UE, aunque a su vez los medios de comunicación africanos y las ONGs califiquen a este país como el “gendarme de Europa”. La prensa marroquí insiste constantemente en que Marruecos ha absorbido la miseria de sus vecinos pobres del sur, y nunca pierde la oportunidad de mencionar que, aunque Marruecos ha mantenido oficialmente cerrada la frontera con Argelia desde 1994, la gran mayoría de los aspirantes a inmigrante llega a través de Argelia, y más recientemente a través del área de Tinduf, la cual alberga a los refugiados saharauis [17] . El Frente Polisario, que representa las aspiraciones independentistas saharauis, es acusado de facilitar este paso ilegal de la frontera [18] . La deportación de subsaharianos al desierto en octubre de 2005 y la consiguiente publicidad que le dieron los medios de comunicación, sin duda estaban dirigidas a atraer la atención internacional sobre estas afirmaciones en las cuales se acusa a Argelia y el Polisario, enemigos tradicionales de Marruecos, de estar dirigiendo a los inmigrantes hacia Marruecos. Según una recurrente teoría de la conspiración, el gobierno argelino fomentaría la migración ilegal para desestabilizar Marruecos y desacreditarlo a los ojos de Europa y África.

Tinduf Argelia, por su parte, replica que Marruecos se deshace unilateralmente de los inmigrantes subsaharianos abandonándolos en el desierto argelino, en el sur o en cualquier otro lugar de la frontera. Los argelinos reconocen que hay inmigrantes que cruzan la frontera por el área de Tinduf, pero objetan que Maruecos los devuelve a todos ellos, al margen de su ruta de tránsito.

En cualquier caso, el gobierno marroquí también presiona con exigencias cada vez mayores, incluso a través de los medios de comunicación: una solución al problema de la lucha contra la inmigración clandestina dependería de que Marruecos recuperase los “territorios ocupados” de Ceuta, Melilla y algunas pequeñas islas [19] . Estas reivindicaciones territoriales gozan de un respaldo unánime en Marruecos y están en línea con las orientaciones políticas de la derecha nacionalista, de las tendencias islamistas (dado que España es un país cristiano) y de la izquierda, tradicionalmente “anticolonialista”. De este modo, el asunto de la inmigración es utilizado por el régimen como un instrumento de presión en sus reivindicaciones territoriales y para fomentar la unidad nacional.

A la luz de esta postura ambivalente del gobierno, asumiendo a la vez el papel de víctima y el de policía, la dificultad de las organizaciones marroquíes de derechos humanos resulta evidente. Si bien han estado circulando varias peticiones en contra de estas políticas represivas, factores políticos como el amplio consenso nacional contra la inmigración y el riesgo de hacer frente a acusaciones de conspiración contra el Estado, han impedido a estas organizaciones protestar de manera eficaz en esta cuestión. La capacidad de movilización de las asociaciones marroquíes de derechos humanos también se ve afectada por el predominio sobre el terreno de ONGs cristianas como Cáritas y Cimade, así como por la influencia indirecta de ACNUR, la principal organización financiada por las Naciones Unidas. Los intentos de unir fuerzas con organizaciones extranjeras por razones económicas se ven socavados por el riesgo a ser identificados con intereses “cristianos” u “occidentales” y, por tanto, intereses alejados de la sociedad civil marroquí, la cual a su vez produce un alto número de emigrantes.

Exportando la política antimigratoria

Con 1.254 millas de fronteras terrestres y 1.140 millas de costa, no resulta nada probable que Marruecos pueda mantener bajo control el flujo de inmigrantes sin recibir ayuda. Aún suponiendo que se hiciera realidad el sueño marroquí de recuperar Ceuta y Melilla o que las nuevas vallas fueran lo bastante altas como para no poder saltarlas, nada impedirá a los inmigrantes tomar otras rutas hacia Eldorado del norte. Europa no se opone a la importación de mano de obra, sino que la política de la UE contra la inmigración está principalmente motivada por cuestiones de política interna y de identidad, así como por la vinculación entre inmigración y terrorismo. En el caso improbable de que la UE lograra controlar todas las rutas de inmigración hasta sus puertas, este proyecto aún tardaría años. La inmigración clandestina no está en vías de desaparecer.

Sin embargo, continúa exportándose de manera eficaz la política antimigratoria de la UE a las zonas fronterizas con Europa. La presión de la UE y, en compensación, los beneficios prometidos en el proceso de Barcelona, parecen haber creado un modelo similar en todos los países del sur del Mediterráneo. Se han creado campos de internamiento en Túnez y Libia y, después de los incidentes en Marruecos, Argelia ha deportado a miles de subsaharianos a su frontera sur [20] . En enero de 2006, la policía egipcia arremetió contra una manifestación de solicitantes de asilo sudaneses, matando al menos a veintisiete, y probablemente a muchos más, según fuentes de las ONGs. [21]  

El deseo de aislar Europa detrás de muros infranqueables implica un riesgo de estrangular a las regiones periféricas. ¿Cómo reaccionará el Rif frente a una dramática reducción de su comercio familiar y del tráfico de cannabis? El descontento allí dará al fortín europeo una buena excusa para aumentar su aislamiento y ampliar aún más sus mecanismos de control fuera de sus fronteras. Mientras tanto, penalizados por su origen nacional y su extracción social, empobrecidos por su largo viaje, golpeados o violados cuando cruzan la frontera, explotados y marginados a su llegada al fortín europeo, y usados como peones en el tablero político de los regímenes de los países de tránsito,  los inmigrantes – tales como los subsaharianos refugiados en el Rif– siguen siendo un producto rentable.

BIBLIOGRAFÍA DE CONSULTA
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NOTAS.-

[1] Middle East Report nº 239, verano de 2006. ( http://www.merip.org/mer/mer239/goldschmidt.html ) (Nota de la Redacción).

[2] Elie Goldschmidt es antropólogo social y cultural por L’Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales [EHESS] de Paris. Está especializado en la emigración desde África a Europa. Agradece a Mesky Bhrane, Daniel Monterescu y Marie Cordié sus útiles comentarios sobre las primeras versiones de este texto.

[3] Le Matin du Sahara et du Maghreb , 3 de diciembre de 2005.

[4] Para más información sobre el proceso de Barcelona, véase Sheila Carapico, “Euro-Med: European Ambitions in the Mediterranean”, en Middle East Report nº 220, otoño de 2001.

[5] Para más detalles, véase Francisco Javier Moreno Fuentes, “Evolution of Spanish Immigration Policies and Their Impact on North African Migration to Spain,”, en Hagar: Studies in Culture, Polity and Identities 6/1, primavera de 2005.

[6] Véase Giorgio Agamben, State of Exception, University of Chicago Press, Chicago, 2005.

[7] Los llamados “vuelos secretos” de la CIA (ochocientos, según el informe AMR 51/198/2005 de Amnistía Internacional), con el consentimiento tácito de los países de la UE, para transportar personas a terceros países donde obtener información de las mismas mediante tortura, es un ejemplo de lo arriba afirmado. (Nota de la Redacción).

[8] El lingala es el idioma más hablado en África Central, siendo mayoritario en países como la República Democrática del Congo. (Nota de la Redacción).

[9] Véase Giorgio Agamben, Homo Sacer: Sovereign Power and Bare Life , Stanford University Press, Stanford (CA), 1998.

[10] Para mayor información sobre este concepto, véase Elie Goldschmidt, “Migrants congolais en route vers l’Europe,” en Les Temps Modernes 620–621, agosto-septiembre de 2002.

[11] Para más información, véase Lamin Sanneh, La corona y  el turbante: el Islam en las sociedades de África occidental , Edicions Bellaterra, Barcelona, 2001; A. Popovic / G. Veinstein (ed.), Las sendas de Allah , Edicions Bellaterra, Barcelona, 1997. (Nota de la Redacción).

[12] Marabut es el nombre que reciben los maestros de las órdenes sufíes en muchos países del África subsahariana musulmana. En ocasiones se les atribuye poderes taumatúrgicos. Para más información, véase Lamin Sanneh, ob. cit.; A. Popovic / G. Veinstein, ob. cit. (Nota de la Redacción).

[13] Para más detalles, véase James Ketterer, “Networks of Discontent in Northern Morocco: Drugs, Opposition and Urban Unrest,” en Middle East Report nº 218, primavera de 2001.

[14] Le Matin du Sahara et du Maghreb , 20 de julio de 2005.

[15] Para más detalles sobre la nueva ofensiva contra la droga en el Rif, véase Le Matin du Sahara et du Maghreb, 14 de marzo de 2006.

[16] Sobre el planteamiento general de la política migratoria marroquí, véase Abdelkrim Belguendouz, Le Maroc non africain gendarme de l’Europe?, Belguendouz, Rabat, 2003.

[17] Véase, por ejemplo, Le Matin du Sahara et du Maghreb, 25 de octubre de 2005.

[18] Le Matin du Sahara et du Maghreb , 15 de octubre de 2005.

[19] Estas islas son el peñón de Vélez de la Gomera, el islote de Alhucemas y las islas Chafarinas, situadas todas ellas frente a la costa marroquí. (Nota de la Redacción).

[20] Al-Mujahid , Argel, 20 de diciembre de 2005.

[21] Sobre la migración en tránsito dentro de Egipto, véase Fabienne Le Houérou, Forced Migrants and Host Societies in Egypt and Sudan , American University of Cairo Press, El Cairo, 2006.

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