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LAS CONSECUENCIAS DE 1948 (I)
[1]
Edward W. Said [2] Capítulo I
Lo segundo que recuerdo es que, para
mi tía paterna, una viuda de mediana edad con ciertos recursos económicos
y la única persona En contraste, es necesario recordar la
declaración de Moshé Dayán
[6]
en 1969: “Llegamos a este país que ya estaba poblado por árabes y establecimos aquí un país hebreo, es decir, un Estado judío. En bastantes áreas del país tomamos las tierras de los árabes. Las aldeas judías se construyeron en el lugar de las árabes, de las que ni siquiera sé sus nombres. Pero no me culpo, pues estos libros de geografía ya no existen; y no sólo los libros, sino tampoco las aldeas árabes. Nahalal [la aldea del propio Dayan] se levantó en el lugar de Mahalul, Gevat en el lugar de Jibta, [el Kibbutz] Sarid en el lugar de Haneifs y Kefar Yehoshua en el lugar de Tel Shaman. No hay un lugar construido en este país donde no haya habido antes población árabe.” [7]
Lo que también me duele de las primeras reacciones palestinas es hasta qué punto fueron poco adecuadas. Aunque durante veinte años después de 1948 hubo algunas tentativas de infiltrarse en Israel, se intentaron algunas acciones militares, se trató de escribir algo y se llevaron a cabo algunos intentos de agitación, los palestinos se vieron inmersos en los problemas de la vida diaria, disponiendo de poco tiempo para organizarse, analizar y planificar. A excepción del trabajo desarrollado en el Ahram Strategic Institute de Mohammed Hassanein Haykal, Israel fue un cero a la izquierda para la mayoría de los árabes, incluso para los palestinos. Su lenguaje desconocido, su sociedad inexplorada, su gente y la historia de su movimiento en gran parte negadas y reducidas a eslóganes y frases de fácil uso. Vimos y experimentamos su conducta hacia nosotros pero nos llevó mucho tiempo comprender lo qué veíamos o lo que experimentábamos. La tendencia general en todo el mundo árabe fue pensar en las soluciones militares frente a ese país apenas conocido, con el resultado de una amplia y repentina militarización de todas las sociedades del mundo árabe casi sin excepción; los golpes de Estado se sucedieron uno tras otro de un modo casi constante y, peor aún, cada vez que avanzaba lo militar, disminuía de igual modo y en dirección opuesta la democracia en el ámbito social, político y económico. Recordándolo ahora, el hecho de que el nacionalismo árabe asumiera la hegemonía dejó muy poco margen de actuación a las instituciones civiles democráticas, sobre todo porque el lenguaje y las ideas de ese mismo nacionalismo prestaban poca atención al papel de la democracia en la evolución de esas sociedades. Hasta ahora, la presencia de un supuesto peligro para el mundo árabe ha provocado el constante aplazamiento de cuestiones tales como la libertad de prensa, la educación despolitizada, o la libertad para investigar, penetrar y explorar nuevos ámbitos de conocimiento. Nunca se ha hecho una inversión masiva en el terreno educativo, a pesar de los intentos en gran medida satisfactorios para disminuir el índice de analfabetismo llevados a cabo por el gobierno de Nasser en Egipto y por otros gobiernos árabes. Se creía que, dado el constante estado de emergencia provocado por Israel, tales asuntos, que sólo pueden ser el resultado de una planificación y una reflexión a largo plazo, eran lujos que no podíamos permitirnos. En lugar de eso, las armas obtenidas a gran escala sustituyeron al auténtico desarrollo humano, con unos resultados negativos que todavía sufrimos hoy en día. Los países árabes seguían comprando el treinta por ciento de las armas mundiales en 1998-99. Junto a la militarización se produjo la persecución sistemática de colectivos, principalmente judíos aunque no exclusivamente, cuya presencia entre nosotros durante generaciones se consideró peligrosa de repente [8] . Por un lado, sé que los sionistas jugaron un papel activo para estimular el malestar entre los judíos de Irak, Egipto y en otros lugares [9] , pero, por otro lado, me parece incuestionable que hubo una agitación xenófoba la cual decretó a nivel oficial que éstas y otras de las llamadas comunidades “extranjeras” debían ser arrancadas de nuestro entorno. Y eso no fue todo. En nombre de la seguridad militar, en países como Egipto se produjo una tenaz, indigna y descomunal campaña contra los disidentes, sobre todo de izquierdas, aunque también contra pensadores independientes, cuya vocación de hombres y mujeres críticos e inteligentes concluyó brutalmente en prisión, acompañada de mortíferas torturas y ejecuciones sumarísimas. Cuando se recuerdan estas cosas en el contexto de 1948, el vasto panorama de desprecio y crueldad es lo que destaca como resultado inmediato de la propia guerra.
Esto nos conduce a un asunto especialmente
significativo. En concreto, la aparición de un nuevo estilo en el
discurso político a partir de Quiero decir que, en el caso árabe, la hostilidad verbal y militar hacia Israel condujo a una ignorancia mayor, y no menor, sobre este país y, en consecuencia, a los desastrosos resultados políticos y militares de los años sesenta y setenta. El culto a las armas que implica adoptar únicamente soluciones militares para los problemas políticos prevaleció hasta tal punto que eclipsó el principio por el cual las acciones militares de éxito deberían proceder de unas fuerzas armadas motivadas, conducidas con valor, y educadas y equilibradas desde el punto de vista político, lo cual sólo podría brotar de una sociedad civil. Tal modelo nunca se dio en el mundo árabe, y raramente fue planteado o puesto en práctica. Además, se consolidó una cultura nacionalista que estimuló, en vez de mitigar, el aislamiento árabe respecto al resto del mundo moderno. Israel pronto fue percibido no sólo como un Estado judío, sino como un Estado occidental, y como tal fue rechazado por completo, incluso como objeto de estudio adecuado para aquellos que estuvieran interesados en informarse sobre el enemigo. Partiendo de esta premisa, circularon
una serie de ideas tremendamente equivocadas, entre las cuales estaba la
de pensar que Israel no era una verdadera sociedad, sino un pseudo-estado
improvisado; sus ciudadanos estarían allí sólo el tiempo
suficiente para marcharse empujados por el miedo; Israel era una absoluta
quimera, una “supuesta” o “presunta” entidad, no un verdadero Estado. La
propaganda sobre este asunto era burda, infundada e ineficaz. El conflicto
cultural y dialéctico –esto sí que era real– se desplazó
de un escenario local –por decirlo así– a un escenario mundial, y
allí también fuimos derrotados, excepto a los ojos del Tercer
Mundo. Nunca dominamos el arte de plantear nuestras demandas frente a Israel
en términos humanos, no se elaboró ningún discurso,
no se usó ni se presentó ninguna estadística, no surgió
ningún portavoz cualificado y perspicaz. Nunca aprendimos a hablar
con un solo discurso, en lugar de varios discursos contradictorios. Recordemos
los días inmediatamente anteriores y posteriores a la debacle de 1948,
cuando personas como Musa al-Alami, Charles Issawi, Walid Khalidi, Albert
Hourani, y otros como ellos emprendieron una campaña para informar
sobre el caso palestino al mundo occidental, del cual Israel obtenía
su principal apoyo. Ahora comparemos esos primeros esfuerzos, que pronto se
desvanecieron debido a las luchas internas y la envidia, con el discurso oficial
de la Liga Árabe, o el de uno o varios de los países árabes.
Éste era (y, por desgracia, continúa siendo) rudimentario,
mal estructurado, impreciso y no lo bastante meditado. En resumen, la tragedia
palestina, desmañada hasta la vergüenza, especialmente en lo
que se refiere al contenido humano mismo, era de una magnitud enorme,
mientras que el argumento y el plan sionistas respecto a los palestinos resultaba
absolutamente escandaloso. En claro contraste, el sistema israelí de
información era eficaz y profesional en la mayoría de los casos,
y casi siempre se imponía en occidente. Se reforzaba en lugares del
mundo como África y Asia con la exportación de conocimientos
agrícolas, tecnológicos y académicos, algo en lo que
los árabes nunca se implicaron realmente. El hecho de que el discurso
de los israelíes fuera un tejido de medias verdades es menos importante
que el hecho de que fuera una creación destinada a promover una causa,
una imagen y una idea acerca de Israel que marginaba a los árabes
y que, en muchos sentidos, los deshonraba. BIBLIOGRAFÍA DE CONSULTA
· Michel Warschawski, A tumba abierta. La crisis de la sociedad israelí , Editorial Icaria, Barcelona, 2004. NOTAS.- [1] Traducido del texto inglés titulado From the War for Palestine: Rewriting the History of 1948 , 2001. (Nota de la Redacción). [2] Edward Wadie Said (Jerusalén, 1935-Nueva York, 2003), fue un activista por los derechos del pueblo palestino, crítico político y teórico literario. Fue autor y columnista de fama mundial y miembro del Consejo Nacional Palestino entre 1977 y 1991. Es autor de una gran cantidad de artículos y libros especializados, muchos de ellos traducidos al castellano, de los cuales podemos destacar los siguientes: Gaza y Jericó. Pax Americana , Editorial Txalaparta, Navarra, 1995; Palestina. Paz sin territorios , Editorial Txalaparta, Navarra, 2000; Cubriendo el Islam , Editorial Debate, Barcelona, 2005; Humanismo y crítica democrática , Editorial Debate, Barcelona, 2006; Orientalismo , Ediciones Debolsillo, Barcelona, 2007. En relación con el mismo autor, véase también Shelley Walia, Edward Said y la historiografía , Editorial Gedisa, Barcelona, 2004; Varios, El orientalismo al revés: homenaje a Edward W. Said , Editorial La Catarata, Madrid, 2007. (Nota de la Redacción). [3] Véase Out of Place: a Memoir , Londres, 1999. [4] En 1922, los británicos dividieron el Mandato británico de Palestina, al establecer el emirato semiautónomo de Transjordania en la orilla este del río Jordán, gobernado por el príncipe hachemita Abdalá I, aunque todavía bajo la administración de un alto comisionado británico. El mandato sobre Transjordania terminó el 22 de mayo de 1946; el 25 de mayo, el país se convirtió en el Reino Hachemita de Transjordania, con Abdalá I como primer Rey de Jordania. La orilla oeste del río Jordán fue la llamada Cisjordania, la cual permaneció bajo administración jordana desde 1948 hasta 1967, fecha en la que el territorio fue conquistado por Israel durante la Guerra de los Seis Días. Jordania no dejó oficialmente de reclamarlo hasta 1988. Hoy día se encuentra parcialmente bajo administración militar israelí y parcialmente bajo la Autoridad Nacional Palestina. (Nota de la Redacción). [5] Nakba es un término árabe que significa “catástrofe” o “desastre”, y utilizado para designar al éxodo palestino (Nota de la Redacción). [6] Moshé Dayán (1915-1981) fue Jefe del Estado Mayor del ejército israelí y ministro de Asuntos Exteriores. (Nota de la Redacción). [7] Discurso pronunciado en el Instituto Israelí de Tecnología (Technion) de Haifa. Citado en el periódico Ha'aretz, 4 de abril de 1969. [8] Para saber más sobre la presencia de comunidades judías en el mundo árabe y musulmán, véase Haim Zafrani, “ Los judíos del occidente musulmán ”, en revista Alif Nûn nº 44, diciembre de 2006. (Nota de la Redacción). [9] En el año 1950 comenzaron en Bagdad ciertos actos terroristas: ante las reticencias de los judíos iraquíes en inscribirse en las listas de inmigración de Israel, los servicios secretos israelíes no dudaron, para convencerlos de que estaban en peligro, en arrojar bombas contra ellos. El ataque contra la sinagoga Shem-Tou causó tres muertos y decenas de heridos. Así comenzó el éxodo bautizado como “Operación Ali Baba”. Véase Roger Garaudy, Palestina, tierra de los mensajes divinos , Editorial Fundamentos, Madrid, 1987, págs 344-345. En este texto el autor cita las propias fuentes israelíes de donde obtiene la información, entre ellas el semanario israelí Ha´olam Hazeh o el mismo Tribunal de primera instancia de Tel Aviv. (Nota de la Redacción). [10] En 1975, cuando comenzaron los enfrentamientos entre cristianos y musulmanes libaneses por el control del Estado, la OLP se unió a las fuerzas del Movimiento Nacional Libanés , un grupo de distintos sectores libaneses de izquierdas. En 1982, después de una campaña de ataques cerca de la frontera entre Israel y el Líbano, el ejército israelí invadió el Líbano y expulsó a la OLP después de una larga guerra. (Nota de la Redacción). A Portada |
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