LOS DERECHOS DE LA MUJER
Y EL CONCEPTO DE CIUDADANÍA EN KUWAIT [1]


Mary Ann Tétreault [2]


Como un país próspero y poseedor de un activo parlamento, Kuwait se precia de ser un modelo entre las monarquías árabes del Golfo Pérsico. Con respecto a los derechos de la mujer, sin embargo, Kuwait se sitúa tan solo por encima de Arabia Saudí. Las mujeres kuwaitíes pueden conducir vehículos y ocupan distintos cargos a nivel público, desde secretarias hasta ministras de segundo orden en el gobierno, pero como sus hermanas de Arabia Saudí, no pueden votar ni presentarse como candidatas para acceder al poder político.

En 2004, las feministas kuwaitíes abrieron un nuevo periodo en su eterna campaña para que el parlamento decida sobre los derechosMapa Kuwait políticos de la mujer. El periodo actual es extrañamente tranquilo. La mayoría de las feministas kuwaitíes están convencidas de que por fin ha llegado el momento de aprobar medidas, pero pocas muestran la intención de presionar a los legisladores para que las adopten. La Asamblea Nacional elegida en 2003 incluye a pocos hombres comprometidos con la causa de los derechos de la mujer. Pero ésta no es la razón por la cual los activistas kuwaitíes por el derecho al sufragio están dirigiendo sus esfuerzos en otra dirección. Como sus conciudadanos, creen que no importa lo que piense la mayoría del parlamento sobre las cuestiones importantes. Lo importante es lo que piense el gobierno.

La pérdida de importancia del parlamento es un signo de tensión dentro del régimen, una situación que complica la política sobre derechos de la mujer. Es verdad que la mayor parte del poder dentro del sistema político kuwaití reposa en la familia real. En los últimos años, sin embargo, los gobernantes han sido interpelados en repetidas ocasiones, la mayoría de las veces mediante requerimientos y preguntas a los ministros. Algunas explicaciones solicitadas a la élite ministerial del gobierno provienen de la oposición liberal kuwaití y la mayoría de ellas tratan de conseguir un gobierno más transparente y cumplidor con las leyes. Se considera que los parlamentarios liberales están a favor de la batalla por los derechos de la mujer, pero en la actualidad son poco numerosos y el gobierno prefiere mantenerlos a distancia por razones políticas.

Emir Ahamad al Jabir Ak Saba La familia real ha coqueteado con los islamistas desde finales de los años setenta. El emir Ahmad al-Jabir Al Sabah, que accedió al poder en 1977, buscó al comienzo aliados religiosos y empleó el discurso de éstos para legitimar su mandato, durante un periodo en el que se aprobó la suspensión de la constitución y la clausura del parlamento. Se consideró que los islamistas eran más de fiar que los nacionalistas árabes laicos, quienes formaban la columna vertebral de la oposición liberal, aunque no sean un grupo monolítico ni “digno de confianza” desde un punto de vista político. Los islamistas también solicitan interpelar a los ministros como un medio para promocionar su programa político. Para el régimen es incluso más alarmante que los miembros del parlamento por lo general asociados a los valores “tradicionales” estén imponiendo su discurso en la Asamblea Nacional. ¿Cómo afectará esto a la estrategia sufragista respecto a los derechos de la mujer?

Un asunto aplazado

La posición del gobierno es clara a nivel oficial. Desde 1999, el emir y su gabinete ministerial apoyaron los derechos políticos de la mujer con hermosas palabras pero con pocos hechos. Tras la destitución del parlamento en 1996, el emir emitió un decreto otorgando derechos políticos a la mujer, junto a muchas otras medidas polémicas que el gobierno esperaba que fueran aprobadas en la legislatura de 1999. Todos los decretos se vinieron abajo en el intervalo de sesenta días entre ambas legislaturas, y todos ellos, excepto la asignación presupuestaria, fueron rechazados. Una medida idéntica a favor de los derechos de la mujer nacida en la Asamblea Nacional también fue rechazada por dos votos, gracias a dos abstenciones de supuestos partidarios de los derechos de la mujer.

A nivel extraoficial, la posición del gobierno es menos clara. El decreto sobre los derechos de la mujer agravó las divisiones entre los grupos parlamentarios, sobre todo por las circunstancias bajo las cuales fue promulgado. El decreto obligó a los candidatos al nuevo parlamento a revelar sus posiciones en un momento en el que el electorado se mostraba muy sensible en relación al tema de los derechos de la mujer, aunque el gobierno no dio ningún paso para convencer a los parlamentarios en funciones o a los candidatos para que lo apoyaran.

La política respecto a la mujer se convirtió en un importante asunto aplazado por los conflictos entre los parlamentarios y el gobierno durante la legislatura de 1992, la primera que celebró sesión desde que Kuwait fuera liberado de la ocupación iraquí. La malicia de los opositores a los derechos de la mujer produjo una conmoción en las feministas kuwaitíes, quienes, con razón, se sentían orgullosas de la contribución de las mujeres a la nación durante la ocupación. En 1990, Kuwait había sido una auténtica “ciudad de mujeres”, cuya condición femenina ofreció cierta protección frente a las fuerzas iraquíes encargadas de controlar a la población. Las mujeres organizaron la primera manifestación contra la ocupación y jugaron un activo papel en la resistencia, transportando armas y repartiendo propaganda, así como alimentos para los extranjeros cuyo paradero permanecía oculto con el fin de que no se los llevaran a Bagdad como rehenes. Las mujeres capturadas por llevar a cabo estas acciones fueron torturadas y asesinadas, y sus cuerpos arrojados frente a las viviendas de sus familias. Muchas de las mujeres a quienes entrevisté en 1992 estaban convencidas de que estas acciones heroicas bajo la ocupación les permitirían alcanzar la igualdad de derechos civiles. Pero no fue así.

Asamblea Nacional Kuwait En el parlamento, los islamistas sunníes fueron quienes se opusieron de un modo más airado a los derechos políticos de la mujer. Resulta irónico que, para imponer sus aspiraciones de hegemonía política en el Kuwait posterior a la liberación, los islamistas se hayan aprovechado con éxito del papel fundamental que jugó la mezquita durante la ocupación iraquí. La mezquita –como los “dominios” femeninos del hogar y el hiyab (velo)– es un espacio protegido en las culturas musulmanas, un lugar donde los predicadores y muchos voluntarios de los alrededores podían transmitir noticias y coordinar las actividades de la resistencia mediante códigos de difícil comprensión para los intrusos. Tras la liberación, los kuwaitíes elogiaron estos actos. Incluso los “Hermanos Musulmanes”, cuya organización internacional había apoyado a Iraq en el conflicto, descubrieron que las actividades de sus miembros en la resistencia redujeron la animadversión de los kuwaitíes hacia la organización en su conjunto.

Los “tradicionalistas”, kuwaitíes más cercanos a sus orígenes tribales que a los habitantes de las ciudades, son el otro grupo que mantiene una firme oposición a los derechos políticos de la mujer. Los representantes “tradicionalistas” en la Asamblea Nacional recibieron un impulso cuando el emir reordenó las circunscripciones electorales antes de las elecciones de 1981, creando veinticinco distritos en cada uno de los cuales se elegían a dos parlamentarios, en lugar de los antiguos diez distritos con cinco parlamentarios cada uno. El proyecto de reordenación territorial ante todo estaba dirigido a reducir la presencia y el poder de la oposición política, que en esa época era básicamente urbana y liberal. Los nuevos distritos electorales atravesaban algunas líneas de demarcación tribales, fomentando la proliferación de elecciones primarias no oficiales (y ahora ilegales) entre las tribus para reducir la dispersión del voto, y arrinconaban a los chiíes kuwaitíes, quienes tienden a apoyar los derechos de la mujer, de modo que reducían su peso dentro del parlamento. En el parlamento, los islamistas sunníes y los tradicionalistas han creado un temible bloque en relación al asunto de los derechos de la mujer, el cual incluye a la gran mayoría de los parlamentarios.

Aunque muchos tradicionalistas son “independientes”, sin embargo, el gobierno a menudo asegura sus votos a cambio de beneficios para ellos mismos y sus electores. Hasta ahora, el gobierno no ha optado por emplear este arma no tan secreta en una renovada lucha para aprobar un proyecto de ley sobre los derechos de la mujer.

¿Ensayo general?

La dificultad de la posición del gobierno puede verse en la suerte que corrió el proyecto de reordenación territorial presentado al parlamento en la primavera de 2004. Se esperaba que la medida fuera aprobada. Primero, su presentación ante el parlamento significaba que el gobierno la aceptaba; segundo, el comité parlamentario trabajó duro para presentar a los diputados una amplia serie de alternativas. Además de los dos planes de división en diez distritos presentados por el gobierno, el comité presentó un tercero, más uno para seis distritos y otro para cinco.

La consolidación del nuevo plan de reordenación territorial ha sido un objetivo de la oposición liberal desde que el emir rediseñó el mapa electoral en 1981. Los distritos pequeños hacen más accesible y fácil que los grupos de presión intervengan para comprar votos o para financiar a múltiples candidatos con los que desplazar a quienes esperan derrotar. Los islamistas también apoyan la reordenación territorial. Al igual que los liberales, desean distritos más grandes para reducir la corrupción electoral –un observador liberal me dijo que hasta nueve miembros del actual parlamento habían comprado sus escaños, aunque es probable que esta estimación sea exagerada. Los liberales y los islamistas ven también la consolidación del nuevo plan de reordenación territorial como un nuevo impulso en la legalización de los partidos políticos, otra reforma largo tiempo esperada.

Pero todo status quo genera intereses particulares. El sistema de veinticinco distritos ha sido de gran ayuda para los candidatos “independientes”. Los distritos pequeños requieren campañas electorales a un nivel “vecinal” y relativamente económicas, y la solidaridad de familia y amigos aumenta las posibilidades electorales de personas sin ningún historial político o incluso sin programa. En consecuencia, un tercio o más del parlamento está formado por recién llegados. Desde la liberación, cuando comenzaron a extenderse rápidamente las gratificaciones económicas a los miembros del parlamento, ganar un escaño se ha convertido en algo muy deseable, incluso para personas no interesadas especialmente en la política, pero encantadas con el papel de intermediarios, canalizando hacia sus electores la generosidad del Estado. Así, el sistema de veinticinco distritos también ha sido de gran ayuda para el gobierno. Por lo general, se considera que la familia real representa la intromisión más sólida y constante en las elecciones kuwaitíes y el verdadero poder tras cualquier esfuerzo organizado por los independientes para adquirir un papel coherente en un asunto donde se ha tocado fondo.

De un modo inesperado, los independientes se posicionaron contra la reordenación territorial, argumentando que ninguno de los planes propuestos mantenían un reparto proporcional de la población a lo largo de las circunscripciones. El debate fue tan acalorado que el presidente de la cámara se vio obligado a aplazar una semana la sesión del 12 de junio. El gobierno mostró su apoyo a la reordenación territorial, pero –otra sorpresa– cuando la asamblea se enfrentó de nuevo a la propuesta, el gobierno votó una moción para aplazar su aprobación hasta el final de la legislatura. Este cambio de postura suscitó a nivel público un reproche poco habitual por parte de los columnistas de los periódicos. Escribiendo en el periódico al-Qabas, Abd al-Latif al-Duaij acusó a la familia real de “arruinar” al país y de actuar “contra los intereses de la nación”.

¿Toma y daca?

Ni el proyecto de ley de reordenación territorial ni el asunto de los derechos de la mujer se planteó en la legislatura que comenzó en otoño. Entretanto, el mismo parlamento parecía cada vez más inestable. En diciembre de 2004, dos parlamentarios liberales interpelaron al ministro Mahmoud al-Sharar, revelando una enorme cantidad de actuaciones fraudulentas por parte de la administración. En otra acción por sorpresa, en lugar de pedir una moción de censura contra Sharar, los dos interlocutores liberales solicitaron y recibieron el apoyo parlamentario para entregar la gran cantidad de documentos que habían reunido al Tribunal de Cuentas, quizá la institución gubernamental que goza de más confianza en Kuwait. Se encargó al Tribunal de Cuentas que realizara un informe en los tres meses siguientes, pudiendo remitir directamente el asunto a la justicia si en su evaluación descubriera evidencias de violación de la ley.

Mientras tanto, el 20 de diciembre, tres parlamentarios islamistas de la línea dura del grupo salafí plantearon una solicitud para interpelar al ministro de información, Muhammad Abu al-Hassan, a quien acusaron de violar la moral pública al permitir la celebración de conciertos de música pop, negándose a detener la emisión de programas de televisión “subversivos” e ignorando las indicaciones del emir para preparar al país para adoptar la sharia como ley. En lugar de hacer frente a la interpelación, el ministro dimitió el 2 de enero. Dado que Abu al-Hassan era el único chií entre los ministros, la amenaza de la interpelación agravó las diferencias sectarias. No obstante, se percibió como una provocación y no como una amenaza, poco más que una manera promover el programa islamista. Esa conclusión se vio reforzada por la decisión de todos los grupos sunníes de apoyar la citada interpelación. El cinco de enero, un parlamentario independiente presentó una moción para interpelar al ministro de justicia. 

En conjunto, estos acontecimientos podrían explicar por qué algunos kuwaitíes vaticinan una renovación ministerial y otros pocos temen una nueva disolución del parlamento. Ninguna de las dos medidas podría detener la lenta pero segura maquinaría del Tribunal de Cuentas, aunque cualquiera de ellas podría cambiar a los ministros problemáticos por nuevas caras, incluso si el primer ministro mantuviera en su lugar a la mayoría de los miembros del actual gabinete. No obstante, sin cambios más importantes, la situación parece condenar una vez más al fracaso las medidas en favor de los derechos de la mujer.

¿Qué opinan las mujeres?

Los activistas kuwaitíes, incluyendo a las feministas, están cansados de enfrentamientos inútiles en la Asamblea Nacional. En su lugar, muchos están centrando sus esfuerzos en la sociedad civil, donde están obteniendo notables avances para acercar posturas entre las distintas divisiones sectarias que tanto fomentan el gobierno y el parlamento. Los precursores de las reformas en la sociedad civil buscan construir el futuro concentrándose en los derechos humanos, incluidos los de la mujer. Pocos argumentan ya que las mujeres merezcan los derechos políticos por su resistencia frente a la ocupación iraquí o por ser buenas ciudadanas. Como mujeres –y otros, como chiíes– después de la liberación aprendieron que la posesión de un estatus especial es una trampa. En lugar de eso, como dijo una economista, las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres por el hecho de ser ciudadanas.   Rola Dashti

En diciembre de 2004, los activistas hicieron una espectacular campaña final entre los poderes establecidos en la sociedad kuwaití cuando los economistas eligieron a Rola Dashti como presidenta de su  organización profesional, la Economists Society (“Asociación de Economistas”). Dashti es la primera mujer en ocupar un cargo semejante dentro de una organización kuwaití no gubernamental abierta a ambos sexos. Además de sus credenciales como economista, es una feminista activa y también es chií. Tan importante como el hecho de que lidere de un modo enérgico los esfuerzos ciudadanos para alcanzar los derechos políticos de la mujer es que se reafirme en su derecho como ciudadana a poseer un negocio y a ser anfitriona en las diwaniyyas (salones) [3] de su casa, donde las mujeres acuden a discutir sobre política, negocios y otros asuntos, al igual que hacen los hombres en sus propias diwaniyyas. Rasha Al Sabah, una prima del emir, ha celebrado diwaniyyas mixtas durante años pero, como miembro de la familia real, aunque lo que ella hace pueda servir como ejemplo, no es lo “normal”. Rola Dashti, junto a un puñado de otras mujeres, ha convertido en habitual las diwaniyyas para mujeres y la existencia de  mujeres de negocios kuwaitíes. 

La Economists Society percibió la elección de Rola Dashti como un mensaje muy poderoso enviado a la sociedad kuwaití. Un miembro sunní de esta organización profesional me dijo que pensaba que era el momento para que Kuwait rompiera las barreras que impiden a la mayoría de los miembros de la comunidad chií y de otras comunidades minoritarias –excepto a unos pocos que hacen de fachada– su pleno reconocimiento en función de sus capacidades y logros. La Economists Society se ha ofrecido para llenar el vacío dejado por el Estado, el mayor empresario del país, y espera servir de ejemplo para otras instituciones sociales de carácter civil en su intento por ir más allá de un programa político de integración cara a la galería.

¿Qué opinan los kuwaitíes?

Tras las elecciones de 1996, un grupo de veinte kuwaitíes de ambos sexos se reunieron para hablar sobre cómo poder hacer política de un modo distinto. Después de esta reunión y en sucesivos encuentros se creó una nueva ONG abierta a ambos sexos, la National Democratic Rally (NDR) (“Unión Democrática Nacional”). Su principal aspiración era organizar el centrismo político, ciudadanos de dentro y fuera del parlamento que no estuvieran afiliados a ningún grupo político, pero que desearan trabajar juntos en asuntos que todos ellos considerasen importantes.

Este primer intento de tender puentes entre las distintas posturas sociopolíticas se ha ampliado recientemente con la creación de un nuevo movimiento político, una alianza que combina al centrista NRD con antiguos grupos como el Kuwait Democratic Forum (“Foro Democrático de Kuwait”), de tendencia liberal. Los organizadores están centrados en movilizar a la juventud kuwaití dentro de esta coalición y también en asociaciones profesionales como la Economists Society, la cual prepara a sus miembros para un futuro liderazgo profesional y político. Mientras que la postura de algunos de los antiguos líderes que fueron “jubilados” sin miramientos podría ser descrita como ambigua, el entusiasmo de casi todos los demás es sincero, así como su compromiso con un cambio radical.

Una nueva aparición en el escenario político kuwaití es el Justice and Development Movement (JDM) (“Movimiento por la Justicia y el Desarrollo”). Como el movimiento a favor del sufragio femenino, incluye a mujeres y hombres, islamistas y liberales y, como la alianza, pone el énfasis en el pluralismo. El 19 de diciembre, el periódico Gulf News publicaba las opiniones del miembro del JDM, Nasr Yousef al-Abdali, sobre los objetivos del grupo: “La democracia en Kuwait es una mentira. Todo el proceso político está secuestrado por la lucha entre islamistas y liberales, ninguno de los cuales se preocupa realmente por el futuro del país [...] Nosotros no nos identificamos como islamistas o como liberales. Somos un movimiento para todos los amantes de la libertad que incluye a profesionales, intelectuales, economistas y periodistas. Nuestro movimiento representa una fuerza social que trata de expresar su opinión sobre asuntos que consideramos importantes.”

La agrupación política de los “Hermanos Musulmanes”, el Islamic Constitution Movement (ICM) (“Movimiento de la Constitución Islámica”), reafirma su compromiso con el pluralismo, asumido también por sus líderes en sus reclamaciones solicitando la legalización de los partidos políticos, como un elemento en el sistema multipartidista que aseguraría su cuota de poder. Nasr al-Sane', miembro del parlamento y ayudante del secretario general del ICM, expuso este punto de vista en un artículo publicado el 12 de diciembre: “El objetivo de un sistema multipartidista es crear un gobierno equilibrado si gana las elecciones.” Resulta llamativo que el líder de un movimiento que históricamente ha presionado por un cambio de la constitución para convertir la sharia en la única base de la ley kuwaití añada esta observación: “Creo que la constitución kuwaití permanece vigente y no necesita de ninguna enmienda, excepto en lo referente a la participación del pueblo y la democracia [...] Nuestra constitución no puede y no debe permanecer estancada y podrían añadirse modificaciones que incluyeran la creación y el reconocimiento de los partidos políticos.”

A comienzos de febrero de 2005, la línea dura de los islamistas sunníes pertenecientes al movimiento salafista lanzó una apuesta incluso más fuerte, fundando lo que el grupo denominó un partido político, Hizb al-Umma (“Partido de la Comunidad Islámica”). La nueva organización nació en el marco de una situación caótica que ha lanzado a pistoleros islamistas contra las fuerzas de seguridad en varios enfrentamientos mortales desde el comienzo del año. La respuesta inicial de los kuwaitíes que no están en el gobierno ha sido diversa. Liberales y chiíes moderados han reiterado que los partidos políticos son necesarios para el desarrollo democrático, aunque la ideología de Hizb al-Umma les resulte repugnante. Dado el rechazo a los planteamientos democráticos de la constitución kuwaití en los estatutos del nuevo partido, encuentran que es difícil darles la bienvenida o animar a que sean aceptados por el gobierno y los ciudadanos.

Al mismo tiempo, las presiones para abrir vías de participación política continúan creciendo, sobre todo entre los jóvenes. Hizb al-Umma, con su llamamiento a la islamización del país, podría estar buscando electores entre los jóvenes insatisfechos, algunos de los cuales se han unido a la insurgencia islamista local. El JDM se ve a sí mismo como un espacio político para los profesionales de entre treinta y cuarenta años. Los liberales también se están preparando para una mayor apertura política en Kuwait y desean atraer a activistas cada vez más jóvenes, muchos de los cuales acaban de regresar del extranjero, donde han cursado sus licenciaturas o doctorados. Unos pocos, tanto mujeres como hombres, han mostrado su interés por participar con éxito en las elecciones a la junta de la Kuwaiti Overseas Student Association (“Asociación de Estudiantes Kuwaitíes en el Extranjero”). Los liberales están buscando candidatos atrayentes a los que apoyar en la próxima elección al parlamento. No sólo entienden esta campaña como un modo de trabajar por las personas que desean ver elegidas, sino también como una manera de aprender técnicas útiles para aplicar en el futuro con sus propios candidatos. Los activistas de esta nueva generación –Khaled Hilal al-Mutairy, Fatma Hayat y Khaled al-Fadhala– ya ocupan posiciones de liderazgo en la alianza.

El dilema del gobierno

Los derechos políticos de la mujer, la reordenación territorial y la legalización de los partidos políticos serían buenos para el gobierno a largo plazo, e incluso podría decirse que también a corto. Gestionar a pequeña escala un Estado es difícil. Los líderes de Kuwait parecen pobres marineros taponando con sus dedos una barca que hace aguas, en lugar de hombres de Estado que dirigen la nave de la nación. Como en cualquier empresa que se viene a pique, las vías de agua más grandes son las que llaman más la atención, pero quienes deberían remediarlo no hacen mucho por mantener la integridad del barco. Sirva como ejemplo la manera que tienen los islamistas de plantear sus exigencias, como una especie de “toma de rehenes” para obtener resultados que no serían capaces de alcanzar en un foro abierto.

Permitir que compitan abiertamente los distintos partidos islamistas con los partidos laicos sería un mejor modo de reducir al máximo el radicalismo islamista, en lugar de aplicar la consagrada estrategia de la represión. Cuando se aproximaba la interpelación al ministro de información, el primer ministro, temeroso de que se agravaran las divisiones sectarias, mantuvo una serie de frenéticos encuentros a puerta cerrada con parlamentarios independientes y con islamistas sunníes para asegurarse de que la interpelación no acabaría con una moción de censura contra el ministro. A cambio, acordó prohibir los programas de entretenimiento a los cuales se habían opuesto los islamistas. Al final, nada de esto importó tanto para empujar al ministro a dimitir antes de que la moción de censura tuviera lugar como la amenaza de escándalo por el traspaso de propiedad de un diario local. El primer ministro aceptó su decisión.

Las prisas del primer ministro por alcanzar un acuerdo privado con los islamistas provocó una respuesta previsible por parte de otra asociación profesional kuwaití, la Kuwait Graduates Society (“Asociación de Licenciados de Kuwait”), la cual se ha opuesto durante mucho tiempo a la usurpación de los derechos ciudadanos por parte de los islamistas. En una declaración publicada el 29 de diciembre, la asociación acusaba al primer ministro de usar los derechos civiles que garantiza la Constitución como moneda de cambio para apaciguar a “unos parlamentarios que no tienen respeto por los valores constitucionales ni por el sistema democrático en su conjunto [...] Los acuerdos alcanzados entre el gobierno y miembros islamistas del parlamento se producen a costa de nuestra libertad y amenazan con conducir a Kuwait hacia un régimen al estilo talibán”. La última vez que se produjo un impasse semejante fue la primavera de 1999, cuando el emir disolvió el parlamento con la esperanza de obtener uno mejor. Sin embargo, el nuevo parlamento surgido a partir de la disolución sólo fue un poco más aceptable que aquel al cual reemplazó, mientras que el siguiente ha demostrado ser al menos igual de malo, sino peor.

La reforma abre la posibilidad de cambiar el universo político kuwaití en una dirección positiva. La reordenación de las circunscripciones electorales podría traer a la Asamblea Nacional un tipo de legislador más profesional y quizá un método más sólido y transparente que regule el discurso político. Legalizar y regular la actividad de los partidos políticos podría aportar madurez a lo que ahora es un sistema muy inestable e irresponsable. La competencia sin obstáculos entre partidos obligaría a los islamistas radicales a buscar el apoyo del electorado en lugar de actuar a hurtadillas ocultándose tras una puerta cerrada y emplear amenazas para obtener lo que desean de un gobierno temeroso. Incluso aunque una mayoría de mujeres se piensa que está fuertemente influenciada por la religión y la tradición, inscribir a las mujeres en las listas de votantes y de candidatos sería otra manera de apoyar un modo responsable de hacer política, sobre todo cuando los islamistas extremistas planteen una amenaza directa contra la seguridad y el bienestar de los kuwaitíes y sus familias. No actuar no augura nada bueno: estancamiento, rencor, un creciente resentimiento y quizás la continuidad de la violencia. La advertencia de la Reina de Corazones a Alicia puede aplicarse igualmente a Kuwait: debes correr lo más rápido posible para permanecer en el mismo lugar.


NOTAS.-

[1] Traducido del inglés a partir del texto aparecido en la revista Middle East Report ( http://www.merip.org ), 10 de febrero de 2005. (Nota de la Redacción).

[2] Mary Ann Tétreault es profesora de ciencias políticas en la Trinity University de San Antonio (Texas, EE.UU).

[3] Diwaniyya hace referencia tanto al espacio físico donde se celebran este tipo de reuniones sociales, como a la reunión en sí misma. Tradicionalmente, este tipo de reuniones sociales, consideradas por algunos como una reminiscencia de los antiguos consejos de tribu, están reservadas sólo a los hombres, y en ellas puede llegarse a tomar importantes decisiones políticas o económicas. (Nota de la Redacción).

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