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ISSN 1695-1751                                                           Número 57 - Febrero.2008 / Safar 1429
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Estimados lectores:

           Frente al Islam fanático y los musulmanes retrógrados que acaparan los titulares de los medios de comunicación, existe otra dimensión del Islam que permanece oculta y desconocida para la mayoría de los occidentales, un Islam que ha prosperado a lo largo de catorce siglos y que ha dado lugar a una de las civilizaciones más brillantes de la humanidad. En el presente número de Alif-Nûn trataremos de presentar las bases teológicas y metafísicas de este Islam tradicional, así como algunos de sus logros materiales. El primer artículo de este mes ofrece un panorama general de ese Islam tradicional que ahora se muestra en franca decadencia, explicando sus diferencias con el moderno pensamiento occidental y, lo que es más importante, con los actuales movimientos fundamentalistas de corte islamista que tanto daño están haciendo al conjunto de los musulmanes. El segundo artículo profundiza en las diversas manifestaciones musicales, tanto a nivel culto como popular, que se han dado en el mundo islámico tradicional y el impacto que significó el contacto con occidente. Otro de los ámbitos de manifestación de la civilización tradicional es el sufismo, y uno de sus principales representantes ha sido sin duda el sheij Mahmud Shabestari, de cuya figura nos ocupamos en detalle en nuestro tercer artículo de este mes. Para terminar, les ofrecemos la segunda parte dedicada a los árabes cristianos, centrándonos en esta ocasión en la situación de este colectivo tras la colonización de Oriente Medio por parte de las potencias occidentales y la creación de las modernas naciones-estado.

   
La Dirección.

Islam Tradicional 1
            Si hace dos siglos un occidental –o para el caso, un confuciano chino o un hindú de la India– hubiera pretendido estudiar el Islam, no habría encontrado una única tradición islámica. Tal persona podría haber descubierto numerosas escuelas de pensamiento e interpretaciones jurídicas y teológicas, e incluso sectas que se mantenían separadas del cuerpo principal de la comunidad. Además, podría haber encontrado creencias y prácticas tanto ortodoxas como heterodoxas. Pero todo lo que pudiera haber observado –desde las palabras esotéricas de un maestro sufí a las sentencias jurídicas de un ‘âlim (sabio), desde las estrictas opiniones teológicas de un doctor hanbali  de Damasco hasta las afirmaciones poco equilibradas de algunas formas extremas de Shi‘ismo– pertenecería en mayor o menor grado a la tradición islámica, es decir, a ese único árbol de origen divino cuyas raíces son el Corán y el Hadîz, y cuyo tronco y ramas constituyen el cuerpo de la tradición que ha crecido a partir de esas raíces a lo largo de unos catorce siglos en casi una cuarta parte de todo el mundo habitado.                         
       
Musica Islam
            La música de la edad dorada del Islam ha sido elogiada y descrita con gran detalle por filósofos y escritores, pero cualquier intento de reconstruirla en la actualidad parece enfrentarse con dificultades inevitables. Se transmitía oralmente y no era anotada, por lo que dependemos por completo de la interpretación de las fuentes literarias. ¿No podríamos intentar cubrir ese hueco acudiendo a la música actual y usándola para aclarar las fuentes? Después de todo, la música del mundo islámico tiene un fuerte apego a la continuidad de la tradición. No obstante, existen dos inconvenientes principales. En primer lugar, la música de las distintas zonas ha ido adquiriendo un fuerte color local, por tanto, ¿qué variante deberíamos elegir como la más cercana al original? En segundo lugar, el contacto con otras culturas ha afectado radicalmente a la música islámica a lo largo de su historia. De hecho, los archivos sonoros recopilados desde las primeras grabaciones demuestran con claridad los cambios profundos y significativos que pueden producirse en menos de un siglo. Aunque es verdad que los cambios provocados por la presión moderna en las últimas décadas han sido especialmente llamativos, esto no significa que no se hayan producido presiones similares durante los trece siglos anteriores de tradición musical islámica. Los estilos musicales de los países musulmanes actuales deben verse, por tanto, como los diversos descendientes de la antigua tradición, pero no como su imagen exacta.
        La música islámica fue el fruto de un afortunado encuentro entre diversas culturas musicales, produciendo una “nueva música” que poseía características y conceptos de todas ellas, con el elemento árabe actuando como catalizador. Este encuentro, sin embargo, sólo tuvo lugar a nivel de la música “culta”. Los diversos estilos étnicos y regionales iban a mantenerse casi intactos, y de hecho han sobrevivido hasta hoy en día a la sombra de la música culta, conservando su carácter particular, aunque influyendo y siendo influidos por ésta de vez en cuando

               

Mahmud Shabestari
            El sheij Sa’d-ol Din o Naŷm-ol Din Mahmud ibn ‘Abdol Karim, conocido como sheij Mahmud Shabestari, es uno de las grandes personalidades de la gnosis mística persa (‘erfân-e Irân). Su gran renombre lo debe, en gran medida, a ser el autor de El jardín del misterio y, a pesar de ello, se sabe poco de su vida.
        Nace en la ciudad de Shabestar (Irán) , bajo el reinado de Arqun Jân (r. 683/1284 a 690/1291), situándose la fecha de su nacimiento alrededor de 687-688/1288-1289.
        Tras un tiempo dedicado a los estudios en la ciudad de Tabriz, comienza a viajar. Viaja a Egipto, Damasco, Heŷâz  y a otros centros islámicos de la época y, según parece, viaja también a Kermân (sudeste de Irán), donde se casa con una mujer de Kermân . El mismo maestro en su obra “La carta de la felicidad” (Sa‘adat nâmah), en su biografía escribe:

                        Viajando a lugares como Egipto, Damasco y Heŷâz,
                        ¡oh, amigo!, recorrí día y noche largos caminos.

        Finalmente, el maestro regresa a Tabriz y, en poco tiempo, se convierte en uno de los gnósticos más reconocidos de su tiempo. Amir Hoseini Herawi, otro conocido gnóstico de Jorâsân (noreste de Irán) del siglo VII/XIV, envía una carta desde Herat en la que formula una serie de preguntas al maestro, cuyas respuestas a dichas preguntas constituyen el contenido de El jardín del misterio.

           
                   
Arabes Cristianos
        Durante las Capitulaciones, las misiones religiosas occidentales iban a beneficiarse de una amplia protección. Fue entonces cuando las comunidades cristianas de oriente establecieron contactos duraderos con las órdenes misioneras de occidente y las Iglesias autocéfalas  orientales fueron objeto de la lenta pero constante influencia de la cultura latina.
         Al margen del paréntesis de las Cruzadas, las comunidades cristianas de ambas orillas del Mediterráneo se conocían muy poco entre sí. Aunque las Cruzadas vieron nacer las relaciones entre la Iglesia Católica Romana y los maronitas, sin embargo dejaron amargos recuerdos, sobre todo entre los cristianos orientales, después del saqueo de Constantinopla en 1204 . Aparte de la larga y constante presencia de la orden franciscana, que se mantenía allí desde las Cruzadas en “Tierra Santa”, las misiones católicas sólo regresaron a oriente a partir del siglo XVII. Los capuchinos llegaron a Alepo, en Siria, en 1625, y más tarde a la costa libanesa y a Irak. Los jesuitas se establecieron en Estambul en 1609, y después en Siria, Beirut y El Cairo. Los carmelitas llegaron a Alepo en 1626, los dominicos se establecieron en Mosul en 1750, y los lazaristas sustituyeron a los jesuitas cuando esta orden fue disuelta en 1773. La influencia latina hizo sentir su presencia y trajo consigo dos consecuencias.
            La primera fue la creación de una red muy tupida de escuelas, instituciones de caridad y núcleos de influencia latina. Las provincias del Imperio Otomano iban a verse enredadas en una maraña de instituciones misioneras de todo tipo. No todas las comunidades orientales aprobaron este hecho en la misma medida, y algunas no lo aprobaron en absoluto.
        
                           
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El que anda ocupado con el mundo,
está privado de la visión del Amado.
La gente mundanal rinde culto a sus pasiones y deseos,
bebe vinagre pero actúa como si estuviera ebria.
Vaciar el corazón del deseo del mundo
 es lo principal en la Senda,
lo secundario son las prácticas espirituales
y el recorrido interior y exterior.


                                                   _ Mahmud Shabestari
                                                            " El jardín del misterio ".

 

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