ISLAM POLÍTICO EN ASIA CENTRAL (II) [1]

Rafis Abazov [2]



Las organizaciones políticas islámicas: su estructura y su sistema organizativo

Bajo la influencia de la política de democratización y glasnost (transparencia) de Gorvachov, varios partidos, organizaciones y grupos políticos comenzaron a crecer rápidamente en Asia Central a finales de los ochenta. Su máxima actividad se registró entre 1990 y 1992. Estos tres años vieron nacer entre 150 y 200 organizaciones políticas en las repúblicas de Asia Central [3] . Pero al mismo tiempo, debido a varias razones, la escalada de las tensiones sociales e interétnicas en la zona se manifestó a través de numerosos conflictos sangrientos en Alma-Ata (1986), Fergana (1989), Osh-Uzgen (1990), Dushanbe (1990-1991), y algunos otros lugares. Desde el mismo comienzo, los funcionarios soviéticos acusaron a estas organizaciones de ser financiadas desde el extranjero [4] . También solían considerar estos acontecimientos como parte de la actividad de los grupos extremistas islámicos. Sin embargo, observaciones y análisis más detallados de estos acontecimientos indicaron que esto no era necesariamente cierto. Entre 1990 y 1991, estos grupos islámicos formaron parte de la creciente ola de movimientos y organizaciones políticas independientes. Era poco probable que los jóvenes grupos islámicos pudieran organizar ellos solos tales disturbios masivos.

Musulmanes Fergana A comienzos de los noventa, sólo un grupo de entre estas organizaciones y movimientos políticos se diferenció del resto y declaró su devoción inquebrantable hacia los programas políticos y los principios ideológicos religiosos islámicos. Debemos tener en cuenta que estas organizaciones y movimientos tenían diferente peso e influencia, diferentes niveles de organización y de estructura ideológica, y varios niveles de actividad en las diferentes repúblicas de la zona. Incluso los mismos líderes de los grupos islámicos tenían dificultades para juzgar el tamaño de las organizaciones, la estructura organizativa y las declaraciones políticas, debido a la falta de coordinación. De hecho, estos grupos no representaban a organizaciones o partidos en el sentido moderno que se le da al término en occidente. La actividad de las organizaciones islámicas era más bien la espontánea actividad de base de las ONGs, y no la de partidos políticos bien organizados a nivel estatal. Las características de la tradición política en la zona y del sistema de partido único al estilo soviético contribuyeron en gran medida a su carácter desorganizado.

Todos los datos sobre organizaciones y movimientos islámicos fueron reunidos para este estudio durante trabajos de campo y entrevistas con los representantes de los movimientos independientes, incluidos los grupos islámicos; y clasificando la información procedente de los medios de comunicación, tanto de las fuentes oficiales como de las independientes. Una buena parte de la información fue reunida entre 1990 y 1992, y parte de 1993, y más tarde actualizada.

Los grupos y organizaciones analizados fueron seleccionados de acuerdo a los siguientes criterios: a) organización y participación en diferentes actos públicos; b) intervención en los medios de comunicación, reuniones de masas y manifestaciones, publicación y distribución de información independiente; c) creación o intento de creación de estructuras organizativas, organización de sus militantes oficiales; d) formulación clara de sus propósitos, exigencias, programas políticos y propuestas ideológicas expresados en sus estatutos, programas, declaraciones en los medios de comunicación o en sus propias publicaciones.

Según parece, veinte organizaciones y grupos islámicos se establecieron en mayor o menor medida en las repúblicas de Asia Central.Nursultan Nazarbayev Siete de ellos (35%) estaban ubicados en Uzbekistán, seis (30%) eran activos en el territorio de Kazajstán, cuatro (20%) organizaciones fueron seleccionadas en Kirguizistán, dos (10%) resultaron idóneas para el análisis en Tayikistán y sólo una (5%) organización cumplió los criterios de selección en Turkmenistán, donde también había un grupo de bahais [5] cuya activadad, sin embargo, estaba estrictamente orientada hacia los asuntos religiosos y no tenia relación con cuestiones políticas. 

También debería tenerse en cuenta el factor geográfico en la actividad de estos grupos. El modelo religioso estaba más asentado en las zonas sedentarias de la región (por ejemplo, en el valle de Fergana) que en los territorios nómadas (por ejemplo, en el centro y norte de Kazajstán). Este diseño de la configuración política y administrativa establecido durante siglos en la región saltó por los aires con el trazado de las nuevas fronteras en Asia Central. Las áreas fraccionadas se distribuyeron entre las diferentes repúblicas de Asia Central. El valle de Fergana se dividió entre las actuales repúblicas de Kirguizistán, Tayikistán y Uzbekistán. El oasis de Chash (Tashkent) se convirtió en parte de Uzbekistán y Kazajstán. El sureste de Turkmenistán, Uzbekistán y el este de Tayikistán se repartieron Maveranahr, con sus lugares santos musulmanes y su milenaria tradición islámica. En la actualidad, los procesos más intensos de renacimiento y reactivación política del Islam tienen lugar precisamente en estas áreas geográficas fracturadas. No es sorprendente que el 70% de las organizaciones seleccionadas fueran activas en dos zonas: el valle de Fergana y el territorio del antiguo oasis de Chash (Tashkent).

Ninguna de las organizaciones fue capaz de abarcar las cinco repúblicas de Asia Central, con la excepción, quizás, de unos pocos intentos por parte del Partido del Renacimiento Islámico (IPR, en sus siglas inglesas). El IPR intentó sin éxito coordinar acciones de los activistas islámicos en las distintas repúblicas, y fue el único en tratar de organizarse a nivel regional como un partido político independiente y estable. Sin embargo, únicamente recibió un apoyo importante en Tayikistán (en algún periodo afirmaron contar con el apoyo de entre quince y veinte mil personas).

Rahmonov Ahmadineyad A excepción del IPR de Tayikistán, las organizaciones islámicas a menudo se mostraron incapaces de ampliar su actividad a nivel nacional. El Partido Islámico de Turkestán , en Uzbekistán, y Alash, en Kazajstán, hicieron algunos intentos de organizarse, invocando la herencia común turca e islámica. Estos dos partidos formularon muy claramente sus programas políticos e intentaron crear sus propias publicaciones periódicas y sus redes de partidarios (a pesar de sus pretensiones, sólo tenían un pequeño grupo de seguidores y nunca obtuvieron un apoyo masivo). También dieron algunos pasos para organizarse como partidos estables con militancia oficial, representantes locales, etc. Sin embargo, la mayoría de las organizaciones (80%) actuaban a un nivel sub-regional –por ejemplo, en el valle de Fergana– o local. Sólo cuatro de ellas (20%) fueron capaces de lograr apoyos masivos de diferentes grupos sociales. El resto de organizaciones tuvo un apoyo bastante reducido.

Los centros culturales islámicos y las asociaciones religiosas y culturales eran otro tipo de organizaciones que invocaban los valores islámicos. Por lo general, su actividad era legal y preferían reunir a militantes y partidarios permanentes. Estas organizaciones islámicas eran muy activas políticamente, aunque no puedan ser consideradas como partidos políticos convencionales.  La actividad de los centros islámicos y las asociaciones culturales por lo general estaba regulada por los gobiernos de las repúblicas centroasiáticas y a menudo estaba relacionada con el clero oficial. En la mayoría de los casos tenían sus propias publicaciones, aparecían con frecuencia en los titulares de los medios de comunicación y participaban en diferentes actos públicos. Sus seguidores mantenían por lo general posturas políticas liberales y moderadas, y no tenían excesivas ambiciones políticas.

Entre los veinte grupos y organizaciones seleccionados para el análisis, cinco (25%) fueron muy activas a principios de los noventa. Cabe destacar que la mayoría de ellas estaba situada en Uzbekistán. Durante el periodo de transición entre 1986 y 1992, estos grupos pequeños, aunque extremadamente móviles, desarrollaron enérgicos esfuerzos para difundir sus ideas e intentaron atraer hacia sus posiciones a amplias masas de población. Otras cinco organizaciones (25%) mostraron un nivel de actividad medio, y otras cuatro (20%) manifestaron una actividad muy baja. Los grupos que llevaron a cabo unas pocas actuaciones y luego desaparecieron (30%), deben ser estudiados aparte. Muy probablemente, su desaparición está directamente relacionada con la presión política y administrativa, pues algunos gobiernos de Asia Central adoptaron severas medidas contra los líderes de los grupos políticos islámicos.

De hecho, las organizaciones políticas islámicas fueron incapaces de crear estructuras políticas estables con vínculos horizontales y verticales fuertes y duraderos. Tampoco pudieron elaborar programas políticos adecuados con indicaciones claras del lugar que ocupaban en el presente panorama político. Sin embargo, formaron a un personal eficaz y grupos interconectados que cubrieron áreas relativamente amplias en todas las repúblicas. Un caso particular es el del IPR de Tayikistán, que contaba con un amplio apoyo (sobre todo en las áreas rurales del sur de Tayikistán, aunque no exclusivamente allí) y que se convirtió en la principal referencia de casi todas las acciones políticas en la república a principios de los noventa [6] . Dos razones dieron lugar a esta particular situación. En primer lugar, los líderes el IPR fueron capaces de ganarse el apoyo de las comunidades y de los clanes, debido a la excesiva rivalidad dentro de la élite gobernante. En segundo lugar, creó una eficaz estructura política, no sólo en muchas áreas rurales de la republica sino, lo que es más importante, también en la capital [7] .

Plataformas y programas políticos

La aparición de organizaciones y movimientos en el escenario político de Asia Central a comienzos de los noventa, naturalmente planteó una duda sobre los programas y las opiniones políticas que estos movimientos tenían la intención de seguir, y sobre su capacidad de aceptar compromisos para formar parte del proceso político. 

Debido al largo periodo de aislamiento respecto al mundo musulmán y a la ruptura del tradicional discurso público de los políticos musulmanes, la postura política de los grupos islámicos representaba en mayor medida las opiniones personales de líderes carismáticos, y no los puntos de vista de grupos u organizaciones políticas cohesionados. Además, en muchos casos, esta postura era una simple recopilación de consignas y no un programa coherente de trabajo.

La actividad de una mayoría de los grupos analizados (40%) estaba basada en el trabajo religioso cultural y en el religioso educativoMezquita Ashgabar (por ejemplo, la Liga de Mujeres Musulmanas ). Sólo el 30% de los grupos analizados se interesaron vivamente por la participación directa en la vida social y política de sus países (por ejemplo, el IPR y Alash). Prácticamente todas las organizaciones islámicas arraigadas en forma de grupos clandestinos o semiclandestinos que estudiaron y difundieron la fe islámica desde los años setenta y ochenta (el llamado “Islam paralelo”). Sólo más tarde se les unieron algunos representantes del sistema islámico oficial, tales como el líder espiritual de los musulmanes de Tayikistán, Qazi-Kolon Akbar Turanzhonzoda.

Los grupos y organizaciones islámicos eran bastante diferentes respecto a su orientación política, su grado de radicalismo, etc., y podrían dividirse en tres subgrupos. Una parte muy importante de la estructura organizativa de todos ellos se basaba en el establecimiento de redes de contactos. Cada vínculo en esta red normalmente consistía en un líder y un grupo de partidarios muy cercanos (shura) formado por quince o veinte personas. Cada miembro de la shura solía tener además un estrecho grupo de seguidores. La actividad de tales organizaciones a menudo no iba más allá del ámbito local.

Había varios tipos de organizaciones activas en el escenario político de las repúblicas. En primer lugar estaban los radicales, partidarios del establecimiento inmediato de un Estado islámico y de declarar la shariah como única norma y ley de la sociedad (el IPR de Tayikistán, Hezbollah de Uzbekistán). En un entorno de crisis social y de vacío espiritual e ideológico, los actos radicales resultaban muy atractivos para algunos ultras. Los representantes de estos grupos a menudo se mostraban muy intolerantes con el sistema de gobierno y bastante críticos con el clero oficial de las repúblicas de Asia Central. Su actividad se dirigía sobre todo a la movilización popular a través de diversos actos, mítines masivos, etc. En términos de actividad organizativa, empleaban los medios de movilización tradicionales en Oriente Medio, tales como las redes de contactos, las relaciones comunitarias, etc. De hecho, su influencia se limitaba a ciertas comunidades y áreas. 

Los llamados wahabíes formaban un grupo aparte, cercano a los radicales. Apoyaban una ética puritana en el Islam. Realmente, a diferencia de la gente de Arabia Saudita, los wahabíes centroasiáticos no eran seguidores directos de la doctrina de Muhammad Abdul Wahab [8] . A veces llamados kara sakalar –debido a las barbas negras que lucen–, eran conocidos por una interpretación muy radical de la doctrina islámica y de la ética puritana. Sin llegar a formar un organización distinta, los representantes de este grupo, gente joven en su mayoría, seguían sus propios puntos de vista sobre la enseñanzas islámicas y también exigían a los demás que siguieran sus ideas.

En segundo lugar estaban los moderados . Sus esfuerzos se dirigían hacia la actividad cultural y educativa, la propaganda y la difusión del conocimiento de la enseñanza y la práctica islámicas, y la integración gradual en el proceso político. Destacan el Partido Islámico de Turkestán (Tashkent), la Liga de Mujeres Musulmanas (Kazajstán), el Centro Cultural Islámico (Kirguizistán), etc. Los representantes de la intelectualidad de orientación tradicional en las ciudades y los pueblos de la zona eran muy a menudo los fundadores de estos grupos. Por eso solían organizarlos como partidos políticos, con militancia oficial, delegaciones regionales, políticos profesionales, etc. En su movilización política recurrían a menudo a actividades como la distribución de publicaciones (periódicos, folletos, etc), el intento de organizar congresos para sus miembros, etc.

En tercer lugar estaban los conservadores . Estos grupos estaban representados por pequeños y a menudo espontáneos movimientos de base. Mantenían posturas muy moderadas y no tenían muchos deseos por convertirse en partidos u organizaciones políticas fuertes. Por lo general, estaban formados por representantes de la intelectualidad de orientación conservadora, y a menudo incluían a clérigos oficiales de rango medio. Eran bastante críticos hacia los llamados valores y estilo de vida occidentales, y se mostraban muy preocupados por mantener la moral tradicional dentro de la sociedad. Estos grupos tenían una estructura flexible y representaban toda una red de colaboradores bien asentada y organizada.

La mayoría de los líderes de estos grupos tenían una imagen poco clara acerca de las plataformas y los programas de sus acciones políticas. Carecían de una visión global y de experiencia en su actividad política, y esta es la razón de que destacadas y carismáticas personalidades predominaran entre los líderes de estas organizaciones. El liderazgo carismático a menudo cubría la ausencia de un trabajo organizativo y de un discurso político sistemático por parte de sus miembros. Lo más probable es que, después de varios actos de masas espontáneos, muchas de estas organizaciones desaparecieran de la vida política activa, no sólo debido a su estructura desorganizada y poco sistemática, sino también por la ausencia de un programa político exhaustivo o un enfoque metódico de la actividad política.

Debemos tener en cuenta dos factores que marcaron el desarrollo de estas organizaciones durante la era post-soviética, pues éstos cambiarían el ambiente intelectual en las repúblicas de Asia Central. En primer lugar, los habitantes de Asia Central se relacionaron cada vez más con el resto del mundo. Dentro de la URSS, el “telón de acero” impidió unas relaciones duraderas con el extranjero en general, y los contactos con otros países musulmanes fueron esporádicos. Sin embargo, esos lazos se hicieron más fuertes después de alcanzar la independencia. Muchos jóvenes tuvieron la oportunidad de educarse en universidades islámicas de todo el mundo musulmán, desde Irán y Pakistán hasta Turquía y Libia. En segundo lugar, durante los últimos diez años, la región se vio inundada por una enorme cantidad de obras teóricas de los modernos pensadores islámicos traducidas a las lenguas locales. Esto resultó muy importante para el desarrollo del pensamiento político islámico en Asia Central. Durante la era soviética y los primeros años de la independencia, el pensamiento político de los activistas islámicos había sido bastante ecléctico, pero es muy probable que a corto plazo se transforme y adquiera una estructura más sistemática.

La relación con el Estado: la dinámica moderna

Entre 1990 y 1992, la situación política en Asia Central y en el resto del territorio de la antigua Unión Soviética se caracterizó por una actividad política muy elevada de las masas populares. Una de las muestras de tal actividad fue la aparición de numerosos movimientos y organizaciones políticos que llevaron a cabo una serie de actos como manifestaciones, mítines, etc, y movilizaron a un número importante de personas para participar en dichos eventos. Algunas de las organizaciones políticas se convirtieron en un destacado fenómeno dentro de la vida política de las repúblicas y en una seria alternativa frente al Partido Comunista dominante y sus estructuras locales.

Durante algún tiempo, la capacidad de oposición política por parte de estas organizaciones parecía ser muy importante, debido a varias razones. En primer lugar, se observó un rápido crecimiento de los miembros y partidarios de estos grupos recién creados en casi todas las repúblicas de la zona. En segundo lugar, las exigencias de estas organizaciones reflejaban hasta un cierto punto las necesidades urgentes de la sociedad, y los funcionarios del gobierno no fueron capaces de oponerse a ellas.

No obstante, la dirección de los cambios políticos cambió diametralmente cuando quedó claro el colapso definitivo de la URSS y la independencia de las repúblicas centroasiáticas fue un hecho. El periodo 1992-93 supuso una importante consolidación del poder dentro de las instituciones del Estado en todas las repúblicas de Asia Central, excepto Tayikistán.

De hecho, nada más alcanzar la independencia, los líderes de las repúblicas centroasiáticas trataron de establecer políticas adecuadas hacia todos los grupos de la oposición, incluidas las organizaciones islámicas. Sin embargo, no fueron unánimes en su enfoque de este asunto. Los presidentes de Kazajstán y Kirguizistán se inclinaron por un enfoque más liberal y pluralista, permitiendo la actividad de organizaciones políticas, mientras que el presidente de Turkmenistán apoyó el viejo estilo del sistema unipartidista y se mostró intolerante hacia cualquier clase de oposición. El presidente de Uzbekistán en un principio estuvo dispuesto a permitir hasta cierto punto la libertad política entre los intelectuales. Sin embargo, cambió de opinión después de sufrir un intento de golpe parlamentario, revueltas estudiantiles en Tashkent, etc. Sólo Tayikistán supuso una excepción. El IPR de Tayikistán tomó parte en las elecciones presidenciales del país en 1991. En el otoño de 1991, la oposición liderada por el IPR propuso un candidato alternativo al presidente Dawlyat Judonazarov. De acuerdo con los datos oficiales, recibió el 31% de los votos (más del 40% según los cálculos de la oposición). Fue el único ejemplo de participación directa de los islamistas en elecciones presidenciales libres. La primera participación libre y plural del IPR dio testimonio del alto potencial electoral de la oposición [9] . Sin embargo, las relaciones entre el gobierno tayiko y la oposición islámica empeoraron muy pronto y se convirtieron en un enfrentamiento y una lucha abiertos [10] .

La evolución de las relaciones entre las autoridades oficiales del Estado y las organizaciones islámicas en otras repúblicas puede mostrase a través del ejemplo de los activistas islámicos conocidos como Adolyat (“Justicia”), en la hokimiat (oblast) [11] uzbeka de Namangan.

Desde comienzos de los noventa, grupos de “luchadores por la fe” o muyahids [12] surgieron en varios distritos de Namagan y en algunas de las áreas suburbanas. Estaban formados en su mayoría por jóvenes que mantenían el orden y se ocupaban de que las normas de la shariah se respetaran en sus mahallahs (comunidades). También organizaban patrullas en las calles para controlar el cumplimiento de las normas islámicas de conducta (ahlak) e intentaban detener el gamberrismo y el hurto. Miembros de Adolyat luchaban por la pureza moral de la gente y adoptaban medidas legales para castigar a aquellos que violaran las normas de la shariah [13] .

Los funcionarios locales se mostraron tolerantes con tales actividades, hasta que el movimiento adquirió un carácter político. La actividad de Adolyat se fue radicalizando poco a poco y finalmente organizaron un mitin masivo de miles de personas durante la visita del presidente de Uzbekistán a Namagan. Trasladaron al presidente sus exigencias, entre las que se incluía la cesión del edificio del Obkom (comité regional) del Partido Comunista de Uzbekistán (CPU, en sus siglas inglesas) para el hospital islámico (¡muy simbólico!), y del edificio del Gorkom (comité local) del CPU para el Centro Islámico. Estas exigencias fueron en parte satisfechas pero pronto algunos activistas de Adolyat fueron arrestados y la organización fue prohibida.

Otra dura lección para todos los líderes de las repúblicas centroasiáticas fue el agravamiento de los llamados “sucesos tayikos”, pasando de la confrontación dentro las normas establecidas del proceso político a una horrible guerra civil a gran escala entre 1992 y 1997. Los líderes de las repúblicas centroasiáticas comprendieron que era una simplificación extrema juzgar el conflicto político en Tayikistán basándose únicamente en una lucha entre el IPR y el Partido Comunista. En realidad, aquí se combinaban una serie de complejos factores: de clan, étnicos, socio-económicos, etc. El síndrome tayiko ha aumentado la preocupación de las repúblicas centroasiáticas por la actividad de las organizaciones islámicas y de la oposición en general. Entre 1997 y 1998, los líderes centroasiáticos condenaron ampliamente el crecimiento del llamado wahabismo y exigieron un mayor control sobre la actividad de varios grupos islámicos.

Bazar Jiva Uzbekistan En general, las relaciones entre las autoridades del gobierno y la oposición islámica durante los años noventa fue una experiencia bastante decepcionante para ambas partes, y tuvo varias e importantes consecuencias políticas en las repúblicas de Asia Central.

En primer lugar, todos los líderes de las repúblicas centroasiáticas aceptaron tácitamente la idea de “estabilidad a cualquier precio”, mencionada por primera vez por Karimov, presidente de Uzbekistán [14] ; e incluso Kazajstán y Kirguizistán comenzaron a plantear posturas más duras frente a la oposición política, incluyendo la islámica. Bajo la presión directa de los organismos del gobierno, muchas organizaciones políticas activas en las repúblicas de Asia Central fueron marginadas y obligadas a abandonar el escenario político.

En segundo lugar, todas las repúblicas de Asia Central intentaron reforzar la vieja tradición de integrar a las instituciones islámicas dentro del sistema de la nación-estado. Así, cada república creó sus propias entidades religiosas, poniendo fin a casi cincuenta años de existencia de la SADUM ( Junta de Religiosos Musulmanes de Asia Central), entidad que había mantenido la unidad religiosa en la zona. Los gobiernos legalizaron todas las mezquitas mantenidas antes por las comunidades locales y mostraron todo su apoyo para la construcción de las nuevas mezquitas y madrazas. Todo esto significa, entre otras cosas, que todas las mezquitas y madrazas quedaron bajo el control del Estado.

En tercer lugar, en casi todas las repúblicas centroasiáticas finalmente se introdujo una ley que prohibió la actividad de las organizaciones políticas islámicas. En Kazajstán, Turkmenistán y Uzbekistán se prohibió mediante decreto legislativo la participación de las organizaciones religiosas en la vida política de las repúblicas. Por ejemplo, en el caso de Kirguizistán, el estatuto correspondiente está expuesto en la Ley de la República de Kirguizistán sobre Libertad de Culto y de Rituales Religiosos.

Por último, aunque no menos importante, existe un punto destacado en la moderna política de Las repúblicas de Asia Central hacia el Islam. A pesar de las numerosas referencias al modelo secular turco de desarrollo, los líderes de las repúblicas centroasiáticas no han seguido una política coherente de secularización. Al contrario, se esfuerzan por transformar el Islam en una de las instituciones del Estado, manteniendo la tradición histórica de fomentarlo a nivel político, mientras tratan de resaltar que el Islam es una importante herencia cultural que debe quedar al margen de la política. Esta actitud de los gobiernos de Asia Central determinará con seguridad el desarrollo futuro de las relaciones entre el Estado y las instituciones islámicas.

Conclusión

La experiencia de Tayikistán entre 1991 y 1997 ilustra bien a las claras que, en un determinado momento, el empeoramiento de las relaciones entre los participantes en el proceso político puede rebasar los límites de un proceso político ordinario y convertirse fácilmente en un enfrentamiento armado. En este caso, se produjo el conflicto entre los clanes locales tradicionales fortalecidos por grupos políticos islámicos, y la élite dirigente conservadora. El poder del sistema estatal permitió derrotar y eliminar a la oposición en su primera etapa. Sin embargo, la nueva táctica de la oposición convirtió la lucha política en un conflicto de baja intensidad, incluyendo acciones guerrilleras. Esta situación ha debilitado a ambas partes y ha paralizado todo el sistema social y estatal en Tayikistán. La guerra civil en esta república ha dividido la sociedad en clanes y tribus que compiten tenazmente entre sí, y es muy difícil restablecer el funcionamiento de una sociedad y un Estado colapsados después de varios años de caos. Es por eso que cada acción de las autoridades oficiales y de la oposición política será comparada por mucho tiempo a partir de entonces con el ejemplo de Tayikistán.

En este sentido, la política oficial de las repúblicas de Asia Central parece que a corto plazo será una continuación de la actual política de integración del Islam en la ideología oficial y en las instituciones del sistema burocrático estatal. Es muy probable que esta política varíe en las diferentes repúblicas de Asia Central. En la actualidad, es más moderada en Kazajstán y Kirguizistán. Sin embargo, esta política es mucho más profunda en Uzbekistán, y quizás también será la dominante en Tayikistán. Turkmenistán representa un caso complejo que se situará a caballo entre estas dos líneas principales.

Las organizaciones políticas islámicas comenzaron a formarse durante la época soviética. También fueron un fenómeno político bastante influyente durante los primeros años tras la independencia de las repúblicas centroasiáticas. Sin embargo, tras esta primera etapa posterior a la independencia, las organizaciones desaparecieron por completo del escenario político de la región como entidades políticas, aunque sus redes de partidarios han mantenido un cierto grado de influencia a nivel local en algunos lugares de la zona. Esto se debe a varias razones. Por un lado, el clero oficial que recibía el apoyo del Estado fue capaz de mantenerse como institución y absorbió a una parte del clero no oficial. Así, las organizaciones islámicas perdieron un elemento importante de su red de influencia, del cual procedían muchos de sus seguidores. Además, las autoridades del gobierno reaccionaron con rapidez frente a la islamización de la sociedad llevando a cabo las correspondientes reformas, entre las que se incluyen la legalización y construcción de un gran número de mezquitas, el apoyo del Estado al Hayy (peregrinación a La Meca), la apertura oficial de varias madrazas, etc. Por último, el llamado “síndrome tayiko” obligó a la élite gobernante a incluir parte de las demandas de la oposición en los programas de actuación del Estado y las instituciones de gobierno.

Las organizaciones islámicas también contribuyeron en el proceso de su propia decadencia. En primer lugar, fueron incapaces de crear firmes estructuras horizontales y verticales y no pudieron desarrollar una estructura organizativa cohesionada. Tampoco fueron capaces de elaborar una ideología y unos programas exhaustivos propios del periodo post-soviético. Los gobiernos de las repúblicas y otras organizaciones políticas superaron las iniciativas políticas promovidas por las organizaciones islámicas. Por último, no pudieron elaborar programas de acción viables, para dejar de ser organizaciones orientadas a acciones puntuales y convertirse en organizaciones estables. Las tácticas de confrontación que dieron sus frutos durante el primer periodo de transición entre 1990 y 1992 no surtieron efecto en el periodo de estabilidad política. Esto es debido a que las organizaciones islámicas fueron incapaces de conseguir un espacio en el sistema político de las repúblicas centroasiáticas, mientras que otros partidos, como los nacionalistas, se incorporaron a la actual jerarquía política.

Sin embargo, esto no significa que las organizaciones políticas islámicas desaparecieran por completo del escenario político de Asia Central. Todavía pueden encontrarse muchos miembros de base y algunos lideres de estas organizaciones a nivel local, los cuales están dispuestos a continuar su participación activa en el proceso político de sus repúblicas y en la región.  La política islámica atrae cada vez a más gente, pues promete crear una sociedad más igualitaria y luchar contra la corrupción y la inmoralidad. La actividad de las organizaciones islámicas supuso crear una tradición de actividad política relativamente nueva en la región. El éxito del IPR de Tayikistán se convirtió en un ejemplo político de cómo una organización islámica puede participar activamente en la vida social. Por eso, sólo es cuestión de tiempo saber cuándo y de qué modo regresarán las organizaciones islámicas al escenario político de las repúblicas de Asia Central.


NOTAS.-

[1] “Political Islam in Central Asia: Leaving Political Scene or Gathering Momentum”, en International Journal of Central Asian Studies nº 3, 1998. Segunda parte del artículo publicado en la revista Alif Nûn nº 55 , diciembre de 2007. (Nota de la Redacción).

[2] Rafis Abazov es profesor adjunto en el Harriman Institute / School of International and Public Affairs de la Universidad de Columbia. Ha sido miembro del cuerpo docente de esta universidad desde 2003 y ha escrito cinco libros y una serie de publicaciones sobre el desarrollo económico y político en la antigua Unión Soviética. (Nota de la Redacción).

[3] Ponomaryov, V., Samodeyatelnye Obshchestvennye Kazakhstana i Kirgizii 1987-1991 (Independent Public organizations of Kazakhstan and Kirgiziya), Moscú, 1991.

[4] Ibraghimzade, Sunnatollo, “Wahabism i Islamkaya Partiya (Wahabism and Islamic Party)”, en Komsomolets Tadzhikistana, 26.12.1990.

[5] La fe bahaí (a veces denominada como bahaísmo o behaísmo), es una religión monoteísta cuyos fieles siguen las enseñanzas de Bahá'u'lláh, su profeta y fundador. Esta religión nació en Persia en la segunda mitad del siglo XIX, y sus enseñanzas son muy similares a las del Islam, con la notable excepción de que de considerar a Bahá'u'lláh como el último profeta después de Muhammad, razón por la que sus relaciones con los musulmanes han sido siempre muy tensas. (Nota de la Redacción).

[6] Para una extensa cobertura de los acontecimientos sucedidos en torno al IPR de Tayikistán, y de las razones de su fuerza, véase Grazhdanskiye Dvizheniya v Tadzhikistane. Sbornik Dokumentov i Materialov (“Los movimientos civiles en los documentos de Tayikistán”), Moscú, Akademiya Nauk, 1990.

[7] Lukin, A., A. Ganelin, “Podolnyi Obkon Deistvuyet”, en Komsomolskaya Pavda , 23 de abril de 1991.

[8] Muhammad Abdul Wahab (m. 1792), nació en la Península Arábiga en época de la dominación otomana y fue un reformador religioso que pretendía devolver al Islam lo que él consideraba su “pureza original”. Aliado con la familia Saud, combatió las prácticas tradicionales del sufismo, como la visita a las tumbas de los santos. La doctrina oficial del gobierno de Arabia Saudita se considera heredera de sus enseñanzas. Para más información, véase Abdelwahab Meddeb, La enfermedad del Islam , Editorial Gutenberg, Barcelona, 2003; Pascal Ménoret, Arabia Saudí, el reino de las ficciones , Edicions Bellaterra, Barcelona, 2004. (Nota de la Redacción).

[9] Para más detalles, véase Srednyaya Aziya: Spravochnye Materialy: Istoriya, Politika, Ekonomika (“Asia Central: material de consulta: Historia, política, economía”), Moscú, Institut Gumanitarno-Politicheskikh Issledovanii, 1992.

[10] Dushanbe, “Naviev Dismisses the Ministres” (Naviev despide a los ministros), en Megalopolis-Express International, 15 de abril de 1992.

[11] Una óblast es el nombre que recibe una entidad subnacional (región) de Bulgaria, la Federación Rusa, Ucrania y la antigua Unión Soviética. En la Unión Soviética y las repúblicas que la sucedieron, las óblast están un nivel por debajo del nacional y se subdividen en distritos llamados raiony o rayony. Hokimiat es la expresión equivalente que se viene utilizando después de la independencia en las repúblicas de Asia Central. También puede designar a la sede del gobierno de la citada entidad regional. (Nota de la Redacción).

[12] Muyahid significa literalmente “el que se esfuerza” o “el que lleva a cabo el yihad”. La expresión completa para “luchador por la fe” sería muyahiddîn . (Nota de la Redacción).

[13] “The Guards of Islam” (Los guardianes del Islam), en Megalopolis-Express International , 9 de enero de 1992.

[14]  Karimov, I. A., Uzbekistán: Svoi Put Obnovleniya i Progressa (“Uzbekistán: su propia vía de renovación y progreso”), Tashkent, Uzbekistán, 1992.


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