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Estimados
lectores:
Las sociedades árabes han
conservado en su seno desde hace siglos importantes minorías de cristianos
y judíos dotadas de una especial personalidad cultural y religiosa,
las cuales han convivido en relativa normalidad con la mayoría musulmana.
Desde occidente se pone el acento en el respeto y la protección hacia
estas minorías, olvidando a veces que muchos de estos colectivos de
cristianos y judíos en el mundo árabe son producto de la intolerancia
religiosa de las iglesias cristianas occidentales. Comunidades de cristianos
monofisitas y nestorianos sobrevivieron en territorio musulmán a
las persecuciones sufridas por parte de las iglesias occidentales, y encontraron
en tierras del Islam la posibilidad de existir más allá de
la conversión forzosa a la doctrina católica u ortodoxa. Por
su parte, los judíos que permanecieron en Dar al-Islam disfrutaron
de una situación privilegiada si la comparamos con la de sus correligionarios
en el mundo cristiano.
En el presente
número de Alif Nûn nos ocupamos de estas minorías religiosas
dentro del mundo árabe con la publicación de dos artículos
al respecto. El primero de ellos nos muestra una panorámica general
de la situación de las comunidades de árabes cristianos en
Oriente Medio, desde su formación al inicio de la era cristiana hasta
la caída del Imperio Otomano. El texto viene precedido por una reflexión
crítica sobre el futuro y las posibilidades reales de integración
social y política de estas comunidades en las sociedades árabes
actuales. El segundo artículo se centra en las relaciones entre las
tres religiones abrahámicas en Palestina durante los últimos
mil trescientos años, a partir de la llegada del Islam al Creciente
Fértil.
Para completar el número de este mes retomamos
el tema del sufismo, con la segunda parte del artículo dedicado a
Ibn ‘Arabî y su particular concepción del amor divino como motor
y esencia de la Creación. El cuarto y último artículo
presenta la segunda parte del ensayo dedicado al Islam político en
Asia Central, analizando en esta ocasión la estructura y la ideología
de las organizaciones políticas islámicas, así como
su tensa relación con la administración del Estado y los sucesivos
gobiernos de las repúblicas centroasiáticas.
La Dirección.
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De unos pocos
años a esta parte hemos visto una renovación del interés
por el estudio del Cristianismo árabe, sin duda debido a muchas razones,
relacionadas tanto con los recientes acontecimientos políticos como
con un aumento de la investigación académica especializada
en el Oriente Medio y sus problemas.
Respecto a los recientes acontecimientos,
obviamente algunos de ellos han mostrado el Cristianismo árabe bajo
un aspecto negativo. El primero de ellos es la guerra del Líbano,
un conflicto con fuertes connotaciones religiosas. Desde principios de los
años setenta, ha llamado la atención la participación
de cristianos libaneses –sobre todo maronitas , agrupados en partidos políticos
o en milicias– en una serie de enfrentamientos y actos de violencia que habrían
de marcar al país durante más de quince años. Este
país, que una vez fue la referencia del Cristianismo árabe
y un lugar donde los cristianos tradicionalmente ocuparon altos cargos políticos,
iba a enfrentarse a un destino trágico que tendría un efecto
considerable en la situación de los cristianos y en su posición
dentro de la comunidad nacional. De un modo similar, una guerra menos conocida
en el sur del Sudán es un breve recordatorio del trágico destino
sufrido en este país árabe por la población cristiana
no árabe . El resurgimiento del Islam también ha llamado la
atención respecto al nuevo clima que ha comenzado a crearse en varios
países. Más concretamente, el frecuente hostigamiento sufrido
por los coptos egipcios, sobre todo en el norte del país, subraya
la difícil situación de esta comunidad, que ha formado parte
del país durante casi dos mil años . Otros motivos de preocupación
son, entre los más importantes, la inmigración de cristianos
procedentes de países árabes hacia Europa, las Américas
o Australia, que plantea serias dudas acerca de la futura presencia de cristianos
en suelo árabe. La cuestión sobre el estatus de Jerusalén,
actualmente sometido a conversaciones entre Israel y Palestina, incluye el
problema de la presencia de cristianos palestinos en la ciudad, cuyo número
(ahora en torno a 10.000) disminuye constantemente.
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En 638, cuando
los musulmanes entraron en Palestina, resultó “una conquista fácil
”, como escribe Al Baladhuri, historiador musulmán del siglo XI.
En realidad, ni siquiera fue una conquista, una victoria militar, sino una
liberación. Ante todo, porque en 636 no son los árabes los
que llegan, sino el Islam. Los árabes estaban allí desde hacía
más de tres milenios, desde las primeras migraciones semitas, procedentes
de Arabia, en calidad de nómadas que recorrían de un extremo
a otro el Creciente Fértil: amorreos, cananeos y hebreos, que poseían
el mismo origen étnico y pertenecían al mismo grupo lingüístico
. Las inscripciones griegas descubiertas en Transjordania prueban que en
tiempos de los romanos la mayoría de los habitantes eran árabes.
Otros emigrantes llegados de Arabia –como todas las oleadas anteriores desde
hacía tres mil años– habían creado en el siglo IV d.C.
el reino de los nabateos, al sur de Palestina .
Lo que llegaba en 638 con la nueva oleada de emigrantes oriundos de Arabia,
era el Islam. Un Islam que no se consideraba una religión entre otras,
sino como el cumplimiento de los mensajes divinos ya revelados en el Creciente
Fértil. En contraste con la intolerancia de los emperadores bizantinos,
la llegada del Islam resultó una liberación para los judíos
y para los cristianos llamados heréticos, es decir, para la casi
totalidad de la población de la región, a excepción
del ocupante griego bizantino.
Los cristianos
del Yemen eran monofisitas ; más tarde, después de la conquista
persa en 597, pasaron a ser nestorianos , como los cristianos de Siria.
Los ghasánidas del norte eran monofisitas , los lakhmidas, nestorianos
en su mayoría. El arrianismo se había difundido por toda Palestina.
La Iglesia calcedonia, es decir, la Iglesia oficial, la cual representaba
la ortodoxia, tal como había sido definida en los Concilios de Nicea
y Calcedonia, estaba dirigida por los obispos de Antioquia para Siria,
y de Jerusalén para Palestina. Esta Iglesia sólo se mantenía
en el poder merced al emperador bizantino, que ponía a su disposición
su fuerza represiva. Por esta razón, cuando los musulmanes llegaron
a Siria y Palestina, fueron acogidos como liberadores por la masa de la
población, árabe como ellos, y desde el punto de vista religioso,
dispuesta a reconocerse en el monoteísmo riguroso del Islam, de un
Islam que acogía a Abraham, Moisés y Jesucristo como mensajeros
de Dios, profetas precursores de Mahoma.
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El universo,
al cual Dios conoce por toda la eternidad pero el cual no se conoce a sí
mismo, es traído de la nada simplemente por el amor que Dios siente
hacia Sí mismo; este proceso que conduce el universo a la existencia
es, por tanto, un proceso de amor, tal y como Ibn ‘Arabî afirma categóricamente:
“Esto es lo que el Profeta indicó cuando transmitió las palabras
de Dios: ‘Yo era un tesoro escondido y quise ser conocido’; si no hubiera
sido por este amor, el mundo no habría aparecido en Él, su
paso desde la nada a la existencia es un proceso de amor por parte del Uno,
que le da la existencia”. El Shaij estaba tan profundamente convencido de
esto que lo repetía sin cesar en todos los pasajes donde menciona
el origen del cosmos. Por lo general, opta por describir este acto de Dios
empleando el simbolismo del Aliento Divino: el movimiento que inicia el proceso
de creación del universo es la vibración producida por el nafas
rahmânî, el “Aliento del Clemente”. Exhalando Su Aliento, debido
a la fuerza del deseo amoroso provocado por Su propia belleza, Dios libera
la “Nube” (al-'amâ'), que es la materia prima donde está contenida
en potencia toda la creación. “Esta Nube es la sustancia del cosmos
y por tanto recibe todas las formas, las almas y las estructuras naturales
del universo; es un receptáculo infinito.”
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Bajo la influencia
de la política de democratización y glasnost (transparencia)
de Gorvachov, varios partidos, organizaciones y grupos políticos
comenzaron a crecer rápidamente en Asia Central a finales de los ochenta.
Su máxima actividad se registró entre 1990 y 1992. Estos tres
años vieron nacer entre 150 y 200 organizaciones políticas en
las repúblicas de Asia Central . Pero al mismo tiempo, debido a varias
razones, la escalada de las tensiones sociales e interétnicas en la
zona se manifestó a través de numerosos conflictos sangrientos
en Alma-Ata (1986), Fergana (1989), Osh-Uzgen (1990), Dushanbe (1990-1991),
y algunos otros lugares. Desde el mismo comienzo, los funcionarios soviéticos
acusaron a estas organizaciones de ser financiadas desde el extranjero .
También solían considerar estos acontecimientos como parte de
la actividad de los grupos extremistas islámicos. Sin embargo, observaciones
y análisis más detallados de estos acontecimientos indicaron
que esto no era necesariamente cierto. Entre 1990 y 1991, estos grupos islámicos
formaron parte de la creciente ola de movimientos y organizaciones políticas
independientes. Era poco probable que los jóvenes grupos islámicos
pudieran organizar ellos solos tales disturbios masivos.
A comienzos de los noventa, sólo un grupo
de entre estas organizaciones y movimientos políticos se diferenció
del resto y declaró su devoción inquebrantable hacia los programas
políticos y los principios ideológicos religiosos islámicos.
Debemos tener en cuenta que estas organizaciones y movimientos tenían
diferente peso e influencia, diferentes niveles de organización y
de estructura ideológica, y varios niveles de actividad en las diferentes
repúblicas de la zona. Incluso los mismos líderes de los
grupos islámicos tenían dificultades para juzgar el tamaño
de las organizaciones, la estructura organizativa y las declaraciones políticas,
debido a la falta de coordinación. De hecho, estos grupos no representaban
a organizaciones o partidos en el sentido moderno que se le da al término
en occidente. La actividad de las organizaciones islámicas era más
bien la espontánea actividad de base de las ONGs, y no la de partidos
políticos bien organizados a nivel estatal. Las características
de la tradición política en la zona y del sistema de partido
único al estilo soviético contribuyeron en gran medida a
su carácter desorganizado.
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El juicio prima sobre el valor.
El pensamiento es lo primero,
el valor ocupa el segundo lugar;
pero cuando ambos se dan en la misma persona
entonces ésta alcanza las más altas cotas.
A menudo el joven hiere a sus rivales con el pensamiento
antes de entrecruzar las lanzas.
Si no fuera por la mente,
más digno de honores sería el león que el hombre,
no rivalizaría entre sí la gente
ni las manos de los bravos campeones
dirigirían las puntas de las lanzas.
_ Al-Mutanabbi (915-965)
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