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ISLAM Y OCCIDENTE
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Murad Wilfried Hofmann [2] Al final de su vida, el Profeta del Islam envió embajadas a los soberanos vecinos, como el Negus de Abisinia, Cosroes II de Persia (590-628) y el monarca bizantino Heraclio (610-641). En ellas, Muhammad solicitaba, tan modesta como categóricamente, que debían aceptar el Islam para su propio bien y el de su pueblo. Con este episodio de la historia diplomática comienza la relación entre el Islam y Occidente; una relación que, si bien nunca se ha roto, tampoco ha sido distendida, de modo que a pesar de los fructíferos contactos en el ámbito económico y espiritual, trajo también momentos de conflicto que se han extendido a lo largo de mil cuatrocientos años. En la actualidad, a causa de los conflictos históricos entre cristianos y musulmanes, Occidente y Oriente no se ven como complementarios, sino generalmente se perciben como mundos enemigos que se enfrentan sin entendimiento y con temor mutuo. La memoria colectiva de ambas partes permanece viva. Los acontecimientos históricos
–sobre todo la rapidez y dimensión de la expansión islámica
en su primera época– aclaran muchas A la vista de estos éxitos es comprensible que en Occidente se creyera firmemente que el Islam era una religión agresiva, cuya expansión se debía a “el fuego y la espada”. Es cierto que los vecinos cristianos y los territorios iraníes no tenían nada que oponer frente a los primeros guerreros musulmanes, ardientes creyentes y valerosos hasta la muerte; aunque no es menos cierto que tan pequeño número de combatientes musulmanes no podrían haber conquistado un territorio tan amplio si la población no se hubiera unido a ellos en masa. Con la certeza de que hubo diferentes motivaciones para este proceso, podemos considerar una de importancia, la cual no es muy del agrado de Occidente: cristianos heterodoxos en el Magreb y el Mashriq [3] –entre ellos, arrianos y donatistas– aceptaron las enseñanzas de la doctrina islámica porque tampoco ellos creían en la naturaleza divina de Jesús ni en la Trinidad. Por lo demás, durante el siglo XI el Islam se extendió, sin usar “el fuego y la espada”, por Senegal, Malí, Ghana y Chad, y aún hoy se expande de manera pacífica por todo el África negra [4] . La dinámica del movimiento musulmán
en todo el mundo alcanzó también a la ciencia y la cultura
de su tiempo. Los musulmanes De nuevo Occidente tuvo motivos para el temor cuando los otomanos tomaron Constantinopla [13] en 1453 y, más tarde, llegaron a las puertas de Viena a través de los Balcanes, en 1529 y 1683. Tras estos épicos enfrentamientos parecía que poco a poco todo llegaba a su fin a partir del siglo XVIII, pero desde entonces hasta nuestros días, ambos mundos han seguido desarrollos opuestos, alejándose de una manera dramática. Desde el Renacimiento y el Siglo de las Luces, Occidente ha experimentado un fulgurante progreso científico y tecnológico que le ha concedido una impresionante superioridad científica y militar sobre el resto del mundo, lo cual por lo general se consideró como una prueba de la supremacía de la civilización cristiana. Al mismo tiempo, el mundo islámico cayó en tal estado de ignorancia, letargo y decadencia, que se hizo inevitable la colonización de los poderes occidentales instaurada en el siglo XIX. No era irreal pensar que Atatürk había dado un golpe de muerte al Islam con la abolición del Califato [14] . Desde mediados del siglo XX, parecía ser una cuestión de tiempo que la cultura occidental, como cultura mundial, se convirtiera en el “modelo obligado”, transformando todas las demás culturas (Theodore von Laue). Desde Seúl a Sao Paulo, el hombre del futuro vestiría pantalones vaqueros, comería hamburguesas, bebería Coca-Cola, fumaría Marlboro, hablaría inglés, vería la CNN, viviría en edificios de arquitectura Bauhaus, pertenecería a un Estado democrático y probablemente, aunque sólo fuera formalmente, también profesaría la confesión cristiana. Hasta el día de hoy se especula
sobre las causas de la decadencia del mundo islámico. En mi opinión
hay tres motivos principales: - Desde un punto de vista militar, el Islam fue cogido en el siglo XIII entre las tenazas del mundo cristiano y de los mongoles, y fue dañado en su nervio central. Casi al mismo tiempo, los dos grandes centros de la cultura espiritual islámica fueron arrollados –Córdoba en 1236 y Bagdad en 1258–, y el mundo islámico no se ha recuperado hasta hoy de estas catástrofes. De este modo, las masas del siglo
XX también han sido finalmente apresadas. Como consecuencia de
su reiterado subjetivismo y relativismo, viven un frívolo ateísmo
de facto basado en nuevos ídolos: poder, dinero, belleza, popularidad,
sexo... No obstante, se acepta que las ciencias, al contrario de la religión
por ellas marginada, se muestran incapaces de responder a las últimas
preguntas, pudiéndose creer que, como un “producto perecedero”,
éstas se desvanecerán frente al dogma de la creencia cristiana
[16]
. Esta pérdida del sentido de la trascendencia, este vulgar materialismo en Oriente y Occidente, provoca el ávido hedonismo de un hombre libre que toma su mundo sensorial como medida de todas las cosas y espera del interminable “progreso” un paraíso de consumo en la tierra. De este modo se rige también una sociedad industrial cuyas principales máximas de naturaleza económica son: crecimiento, rentabilidad, empleo, aumento de beneficios y especialización [17] . En su libro Religión y
economía (1959), Alfred Müller-Armack ha descrito de
manera concisa este coherente proceso: “La historia de la creencia está [...] incompleta sin la historia de la increencia, pues el hombre es libre de negar a Dios a fuerza de poblar su mundo con ídolos y demonios. Dios, como máximo valor, es reemplazado por ídolos, los cuales [...] conducen a una progresiva pérdida de trascendencia. La historia de la perversión de la creencia y de las pseudo-religiones es [...] la historia de las demoledoras fuerzas causantes de catástrofes.” (Cita del siglo XV). Semejante dinámica así originada no podría resistir el poder político de la religión islámica ni de cualquier otra cultura religiosa existente. Por eso es erróneo –en lo que respecta a la tercera causa del “atraso” islámico– preguntar qué “le ha ido mal” a los musulmanes en la época moderna. ¡Lo que está en mal lugar es el mundo occidental! Durante los años sesenta y setenta, una época sin esperanzas por ambas partes, llegó una explosión de desarrollo que marcó una época. El Islam, zarandeado por las crisis, no fue enterrado sino que, por el contrario, revivió hasta el punto de que algunos creen que debe desconfiarse de este nuevo florecimiento del Islam. En contraste, la sociedad industrial occidental entraba en crisis. Esto podría resultar inesperado, pero hoy comprendemos que ambos procesos eran inevitables. Sociólogos como Daniel Bell observaron que el éxito económico del mundo capitalista socavó los valores (y, con ello, los comportamientos) de la ética protestante de Max-Weber en la cual se basaban. Este mecanismo por sí mismo destructivo puede observarse en el modo en que virtudes como la laboriosidad, el ahorro, la disciplina, la paciencia, la hermandad y el valor han sido a menudo difamadas y sustituidas por nuevos valores y modelos de comportamiento en las sociedades del bienestar y la abundancia.
La “escena” moderna en todos los países industrializados conoce estos síntomas de una disfunción, simbolizada en los “verdes” rebeldes que buscan alternativas a un sistema al cual tienen que agradecer su bienestar y libertad. Esa gente joven manifiesta sin embargo algo fundamental por medio de sus problemas específicos y sus complejos: angustia estructural, necesidad de seguridad, malestar frente a las presiones ocultas de una tecnología hipertrófica, resistencia frente al “terror al consumo” e idolatría a la racionalidad. Con esto queda demostrado que no puede eliminarse la dimensión trascendente del ser humano sin provocar una “libertad de los malditos” sin límite ni sentido. Fijémonos en ellos, las víctimas de una sociedad industrial aparentemente imparcial. Lo tienen todo: independencia, seguridad social desde la cuna a la tumba, sexo sin tabúes, drogas casi a voluntad, mucho tiempo libre y todos los derechos humanos imaginables. Pero sienten un vacío existencial, anhelan el calor humano en la sociedad y una cierta autoridad. Detrás de esto se esconden las siempre apremiantes preguntas sobre el sentido de la existencia. Este es el motivo de la nueva irrupción de lo religioso como “psico-boom con toda clase de sectas y su forma extrema de subjetivismo egocéntrico” (Rosemarie Schein), lo cual hace reflexionar a las iglesias establecidas sobre su potencial espiritual. Esta moda de lo esotérico, entre ellas la “moda Jesús”, transita por extraños senderos. Buscando una alternativa, tarde o temprano se encuentra una religión legítima como es el fenómeno del renaciente Islam, aún cuando se inserte como tercera vía entre las utopías del oeste y el materialismo del este. El desarrollo a contracorriente en el mundo islámico comenzó en nuestro siglo, con los movimientos por la libertad y la independencia. Con Argelia, en 1962, el último Estado musulmán colonizado (a excepción de Palestina) había recobrado su soberanía. Estos jóvenes Estados y sus héroes –Muhammad Ali Jinna, Gamal Abd al-Nasser, Ahmed ben Bella, Houari Boumedienne– copiaron en primer lugar los modelos occidentales: liberalismo, nacionalismo, socialismo o comunismo. El Islam no representaba en primera instancia ningún papel destacado, de modo que el primer arabismo fue tan irreligioso como el primer sionismo. Tanto el argelino FLN como el tunecino Neo-Destour eran igualmente laicos [18] . No obstante, todos estos experimentos
fracasaron posteriormente debido a la incapacidad, el crecimiento de
la población, la debilidad Ante esta situación se presenta desde principios de los años setenta el fenómeno de la reislamización, analizado desde entonces sin descanso, con aspectos tales como el islamismo, el fundamentalismo y el integrismo, a los cuales se les dedicará en este libro un capítulo propio. Ante todo se pensó (y se esperó) que se tratara de un simple movimiento de protesta social. Este modo de ver el renacimiento islámico, únicamente en función del retraso tecnológico, demuestra a las claras la incapacidad de los analistas para comprender el factor religioso. Evidentemente, había una falta de entendimiento respecto a los hombres que se toman su religión en serio. Entretanto, a través de autores como Bassam Tibi, se ha comprendido que la idea de “reislamización” encierra una falsa imputación pues, salvo para algunos “estudiosos” occidentales, el Islam jamás perdió su propio sentido como creencia y sistema de referencia y en cambio mantuvo su importancia bajo una “fina película de modernización” (Arnold Hottinger), como en el caso de Turquía. Hoy se reconoce la necesidad de comprender el fenómeno de la nueva manifestación del Islam como reentrada de lo sagrado en el ámbito público. (Gilles Kepel lo ha apuntado en el título de su último libro, La revanche d´Allah [19] ). El mundo islámico contempla la desilusión provocada por Occidente como el resultado de una mutilación de la potencialidad humana y responde a ello con un contraproyecto, el cual pone fin al eurocentrismo. Que el renacimiento del Islam ofrezca una oportunidad a los traumatizados musulmanes del Tercer Mundo, les permita encontrar sus raíces y recuperar finalmente su dignidad, no entra en contradicción con el crecimiento de la competición con Occidente a nivel del consumo. Por el contrario, la interminable cadena de humillaciones del mundo árabe, sobre todo en Palestina, ha preparado el terreno político para la regeneración religiosa y moral.
En realidad, los países de Oriente y de Occidente están de nuevo ante un montón de esperanzas rotas, como tan a menudo ha sucedido a lo largo de su historia. Durante la guerra del Golfo surgió el miedo tanto entre los musulmanes en Europa y EE.UU como entre los europeos en el Magreb y el Próximo Oriente. Parecía como si nos encontráramos en ambos bandos ante una nueva época de cruzadas. Dejó de hablarse del diálogo islamo-cristiano, y se demonizó a los musulmanes como no sucedía desde hacía tiempo [20] . De estos más bien tristes
1400 años de historia en la relación entre Islam y Occidente
hay que sacar la lección de que ambos mundos deben mirarse con
tolerancia si desean mantener la paz mundial, sobre todo durante esta
época de armas de destrucción masiva. Esto se conseguirá
con más facilidad mientras exista una mayor comprensión entre
Islam y Occidente, rompiendo las “barreras de entendimiento condicionadas
por la cultura” (Wolfgang Slim Freud), tal y como intenta hacer este libro. NOTAS.- [1] Adaptado del alemán a partir del libro Der Islam als alternative , Eugen Diederichs Verlag, Munich, 1992, págs. 17-27. Para más información sobre la relación entre Islam y Occidente, véase también Akbar Muhammad, “ Islam y Occidente: una historia de encuentros y desencuentros ”, en revista Alif Nûn nº 28, junio de 2005; Francis Robinson y Peter Brown, “ Posturas occidentales frente al Islam ”, en revista Alif Nûn nº 48, abril de 2007. (Nota de la Redacción). [2] El Dr. Murad Wilfried Hofmann nació en 1931 en Aschaffenburg (Alemania). Estudió Derecho en la Facultad de Munich, en la Union College y en la Harvard Law School. Entre 1983 y 1987 trabajó para la OTAN en Bruselas, y de 1987 a 1994 fue embajador de Alemania en Marruecos y Argelia. Se convirtió al Islam en 1980 y desde entonces ha escrito numerosos libros y artículos sobre el Islam y los musulmanes, entre los que cabe destacar: Reise nach Mekka, Ein philosophischer Weg zum Islam, Zur Rolle der islamischen Philosophie, Tagebuch eines deutschen Muslims , el ya citado Der Islam als alternative, y un largo etcétera. (Nota de la Redacción). [3] En el original alemán aparecen estas dos expresiones en árabe (Magreb y Mashriq), que significan “occidente” y “oriente”, respectivamente. (Nota de la Redacción). [4] Véase Lamin Sanneh, La corona y el turbante. El Islam en las sociedades del África occidental , Edicions Bellaterra, Barcelona, 2001; Basil Davidson, “ ", en revista Alif Nûn nº 33, diciembre de 2005; Basil Davidson, “ Ciudades de coral ”, en revista Alif Nûn nº 45, febrero de 2007. (Nota de la Redacción) [5] Véase Redacción Alif Nûn, “ Cartógrafos, exploradores y viajeros musulmanes ”, en revista Alif Nûn nº 47, marzo de 2007. (Nota de la Redacción). [6] Para más información sobre la figura de Averroes, véase Miguel Cruz Hernández, Historia del pensamiento en el mundo islámico: el pensamiento de al-Ándalus (siglos IX-XIV) , Alianza Editorial, Madrid, 2000, págs 167-241; Ernest Renan, Averroes y el averroísmo , Ediciones Hiperión, Madrid, 1992; Miguel Cruz Hernández, Abu-l-Walid Muhammad ibn Rushd (Averroes). Vida, Obra, Pensamiento, Influencia , Caja Sur, Córdoba, 1997; Idoia Maiza Ozcoidi, La concepción de la filosofía de Averroes , Editorial Trotta, Madrid, 2001; Averroes, El libro de las generalidades de la medicina (Kitab al-Kulliyat fil-tibb) , CSIC, Madrid, 2003. (Nota de la Redacción). [7] Para más información sobre la figura de Avicena, véase Miguel Cruz Hernández, Historia del pensamiento en el mundo islámico: desde los orígenes hasta el siglo XII en Oriente , Alianza Editorial, Madrid, 2000, págs 221-274; Henry Corbin, Avicena y el relato visionario, Editorial Paidós, Barcelona, 1995. (Nota de la Redacción). [8] Véase Elías Trabulse, “ Vida, obra y pensamiento de Ibn Jaldún ”, en revista Alif Nûn nos 39 (junio de 2006) y 40 (julio de 2006). (Nota de la Redacción). [9] Véase Redacción Alif Nûn, ob. cit. (Nota de la Redacción). [10] La palabra castellana “algoritmo” proviene del nombre de este gran matemático, astrónomo y geógrafo musulmán del siglo IX. (Nota de la Redacción). [11] Veáse Amin Maalouf, Las Cruzadas vistas por los árabes , Alianza, Madrid, 2003; María Antonia Loste, Las Cruzadas (Monografías) , Ediciones Anaya, Madrid, 1990; Bizancio, el Islam y las Cruzadas. (Nota de la Readacción). [12] La invasión, conquista y saqueo de Constatinopla por parte de los cruzados católicos se produjo durante la Cuarta Cruzada (1202-1204). La ciudad sufrió un terrible saqueo durante días, del cual no se libraron ni siquiera los lugares de culto cristiano, entre ellos la misma Iglesia de Santa Sofía. Según relata el historiador bizantino Nicetas Choriates (1155-1215): “Destrozaron las santas imágenes y arrojaron las sagradas reliquias de los mártires a lugares que me avergüenza mencionar, esparciendo por doquier el cuerpo y la sangre del Salvador [...] En cuanto a la profanación de la Gran Iglesia, destruyeron el altar mayor y repartieron los trozos entre ellos [...] E introdujeron caballos y mulas a la iglesia para poder llevarse mejor los recipientes sagrados, el púlpito, las puertas y todo el mobiliario que encontraban; y cuando algunas de estas bestias se resbalaban y caían, las atravesaban con sus espadas, ensuciando la iglesia con su sangre y excrementos. Una vulgar ramera fue entronizada en la silla del patriarca para lanzar insultos a Jesucristo y cantaba canciones obscenas y bailaba inmodestamente en el lugar sagrado [...] tampoco mostraron misericordia con las matronas virtuosas, las doncellas inocentes e incluso las vírgenes consagradas a Dios.” (Citado en John Julius Norwich, Breve historia de Bizancio. Madrid, Cátedra, 2000) (Nota de la Redacción). [13] La ciudad sufrió un terrible asedio durante casi dos meses, tras el cual, el Sultán Mehmed II entró en Constantinopla y ordenó que la iglesia de Santa Sofía fuese consagrada como mezquita. A pesar de esto, la comunidad cristiana bizantina recibió autorización para vivir en la ciudad bajo la autoridad de un nuevo patriarca llamado Jorge Scolarios, que adoptó el nombre de Genadio II, y fue designado por el propio Sultán. Todavía hoy, la ciudad es sede de uno de los principales Patriarcados de la Iglesia Ortodoxa. Constantinopla se llamó desde entonces Estambul y pasó a ser la capital del Imperio Otomano, condición que perdió en favor de Ankara con la fundación de la moderna República de Turquía en 1924. En la actualidad, la antigua iglesia de Santa Sofía ha dejado también de cumplir las funciones de mezquita y ha sido transformada en un gran museo. Para más información, véase Islam, imperio de fe, DVD 3: Los otomanos; Thierry Zarcone, El Islam en la Turquía actual , Edicions Bellaterra, Barcelona, 2005. (Nota de la Redacción). [14] La moderna de la República de Turquía fue fundada en 1923 por Mustafa Kemal Atatürk tras el derrumbamiento del Califato, representado por el Imperio Otomano, al final de la Primera Guerra Mundial. Atatürk se convirtió así en el constructor de Turquía y lideró un proceso de transformaciones encaminadas a hacer de este país un Estado laico. (Nota de la Redacción). [15] Richard Swinburn, Die Existenz Gottes, Stuttgart, 1987. [16] Según Hans Oesterle, Frankfurter Allgemeine Zeitung , 9 de septiembre de 1987. [17] Sobre la especialización, algunos autores musulmanes como Jomeini, afirman: “El imperialismo promueve un tipo de conocimiento especializado, en el que cada individuo es poseedor de un saber atomizado e inofensivo para los intereses imperialistas.” Véase Redacción Alif Nûn, “ La doctrina política de Jomeini Alif Nûn nº 46, febrero de 2007. (Nota de la Redacción). [18] Para más información, véase Víctor Morales Lezcano, la indepe“ Marruecos y Túnez: del protectorado a independencia ”, en revista Alif Nûn nos 47 (marzo de 2007) y 48 (abril de 2007). (Nota de la Redacción). [19] Véase Gilles Kepel, La revancha de Dios, Alianza Editorial, Madrid, 2005. (Nota de la Redacción). [20] Un buen ejemplo de ese intento de diálogo entre musulmanes y cristianos que se ha mantenido a lo largo de los años. Incluso en las circunstancias más difíciles, es la revista Encuentro islamo-cristiano . (Nota de la Redacción). A Portada |
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